{"id":27,"date":"2026-03-01T12:53:17","date_gmt":"2026-03-01T11:53:17","guid":{"rendered":"https:\/\/nuestrosescritores.com\/luisdelarosa\/?p=27"},"modified":"2026-03-01T12:53:54","modified_gmt":"2026-03-01T11:53:54","slug":"la-naturaleza-como-refugio-etico-en-a-la-sombra-del-sauce-entre-el-locus-amoenus-y-la-ecocritica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nuestrosescritores.com\/luisdelarosa\/2026\/03\/01\/la-naturaleza-como-refugio-etico-en-a-la-sombra-del-sauce-entre-el-locus-amoenus-y-la-ecocritica\/","title":{"rendered":"La naturaleza como refugio \u00e9tico en A la sombra del sauce: entre el locus amoenus y la ecocr\u00edtica"},"content":{"rendered":"<blockquote><p>Garc\u00eda P\u00e9rez-Tom\u00e1s, Andr\u00e9s. \u00abTrabajo de fin de m\u00e1ster \u2014 la naturaleza como refugio \u00e9tico en A la sombra del sauce: locus amoenus, beatus ille y ecocr\u00edtica en luis de la rosa fern\u00e1ndez\u00bb. A LA SOMBRA DEL SAUCE. 1.\u00aa ed. Spain: Zenodo, 1 de marzo de 2026. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.5281\/zenodo.18823003\">https:\/\/doi.org\/10.5281\/zenodo.18823003<\/a><\/p><\/blockquote>\n<h1><strong>La naturaleza como refugio \u00e9tico en <em>A la sombra del sauce<\/em>: entre el <em>locus amoenus<\/em> y la ecocr\u00edtica<\/strong><\/h1>\n<p>Luis de la Rosa Fern\u00e1ndez, <em>A la sombra del sauce<\/em>, Ediciones Rilke, Colecci\u00f3n Poes\u00eda, n.\u00ba 74, Madrid, 2026<\/p>\n<p><strong>Resumen<\/strong><\/p>\n<p>El poemario <em>A la sombra del sauce<\/em>, de Luis de la Rosa Fern\u00e1ndez (Ediciones Rilke, 2026), construye en su segunda secci\u00f3n \u2014y de manera transversal a lo largo del conjunto del libro\u2014 un espacio natural que trasciende la funci\u00f3n ornamental para convertirse en argumento \u00e9tico contra la violencia del mundo. Este Trabajo de Fin de M\u00e1ster examina si ese espacio corresponde a la renovaci\u00f3n del <em>locus amoenus<\/em> cl\u00e1sico o si puede leerse, adem\u00e1s, como una propuesta ecocr\u00edtica impl\u00edcita, anterior o paralela al desarrollo acad\u00e9mico del campo en el \u00e1mbito hisp\u00e1nico. El an\u00e1lisis se apoya en el marco te\u00f3rico de Lawrence Buell, Greg Garrard y Cheryl Glotfelty para la ecocr\u00edtica, en la revisi\u00f3n del <em>locus amoenus<\/em> y el <em>beatus ille<\/em> en la poes\u00eda espa\u00f1ola reciente, y en la lectura detallada del corpus de los poemas de la segunda secci\u00f3n (poemas 12-23), del poema de cierre &#8220;\u00a1Despi\u00e9rtate, alma m\u00eda!&#8221; (n\u00ba 41) y de la silva &#8220;Ve despacio&#8221; (n\u00ba 12).<\/p>\n<p>Palabras clave: <em>locus amoenus<\/em>, ecocr\u00edtica, naturaleza, poes\u00eda espa\u00f1ola contempor\u00e1nea, <em>beatus ille<\/em>, \u00e9tica ecol\u00f3gica, Luis de la Rosa Fern\u00e1ndez.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol>\n<li><strong> Introducci\u00f3n<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>La relaci\u00f3n entre la poes\u00eda espa\u00f1ola contempor\u00e1nea y la naturaleza ha sido objeto de an\u00e1lisis creciente en los \u00faltimos a\u00f1os. Un art\u00edculo publicado en la revista <em>Rilce<\/em> sobre la reinterpretaci\u00f3n del <em>locus amoenus<\/em> y el <em>beatus ille<\/em> en la poes\u00eda espa\u00f1ola reciente demuestra que &#8220;las expectativas asociadas a los <em>topoi<\/em> naturales pueden reactivarse en la sociedad actual de acuerdo con nuevas necesidades expresivas, convenciones culturales y aproximaciones ecol\u00f3gicas&#8221;. Esta reactivaci\u00f3n adopta en los distintos poetas estrategias diversas: &#8220;reubicaci\u00f3n est\u00e9tica y dislocaci\u00f3n ir\u00f3nica&#8221; en unos casos, recuperaci\u00f3n sin iron\u00eda en otros.<\/p>\n<p>La ecocr\u00edtica como campo acad\u00e9mico ha tardado en consolidarse en el \u00e1mbito hisp\u00e1nico. Un estudio sobre la ecopoes\u00eda hisp\u00e1nica contempor\u00e1nea se\u00f1ala que &#8220;la ecocr\u00edtica es a\u00fan una escuela de cr\u00edtica reciente y poco extendida entre los estudios literarios de Am\u00e9rica Latina y Espa\u00f1a&#8221;. Esta limitaci\u00f3n de la bibliograf\u00eda cr\u00edtica convierte en m\u00e1s necesaria la investigaci\u00f3n sobre poetas espa\u00f1oles contempor\u00e1neos cuya obra ofrece materiales relevantes para el an\u00e1lisis ecocr\u00edtico, con independencia de que los propios autores hayan formulado su pr\u00e1ctica po\u00e9tica en esos t\u00e9rminos.<\/p>\n<p>Luis de la Rosa Fern\u00e1ndez (Galera, Granada, 1948) es un poeta que proviene de la tradici\u00f3n cl\u00e1sica espa\u00f1ola y que no ha adoptado expl\u00edcitamente el vocabulario ecocr\u00edtico en ninguna declaraci\u00f3n de po\u00e9tica conocida. Sin embargo, el an\u00e1lisis de la segunda secci\u00f3n de <em>A la sombra del sauce<\/em> revela una representaci\u00f3n de la naturaleza que va m\u00e1s all\u00e1 de la funci\u00f3n decorativa del <em>locus amoenus<\/em> can\u00f3nico y propone una relaci\u00f3n \u00e9tica entre el ser humano y el entorno natural que las herramientas ecocr\u00edticas permiten analizar con mayor precisi\u00f3n que las de la filolog\u00eda cl\u00e1sica. Esta monograf\u00eda se propone realizar esa lectura ecocr\u00edtica como primera aproximaci\u00f3n al tema en la obra de De la Rosa.<\/p>\n<p>La pregunta que organiza el conjunto de la investigaci\u00f3n es si el espacio natural de <em>A la sombra del sauce<\/em> es un <em>locus amoenus<\/em> cl\u00e1sico renovado o si constituye una propuesta ecocr\u00edtica <em>avant la lettre<\/em>; o, con mayor precisi\u00f3n, si ambas lecturas son compatibles y complementarias, y en qu\u00e9 t\u00e9rminos. Las tres preguntas de investigaci\u00f3n espec\u00edficas abordan las diferencias entre la representaci\u00f3n de la naturaleza en De la Rosa y la tradici\u00f3n buc\u00f3lica espa\u00f1ola; la funci\u00f3n pol\u00edtica del espacio natural en relaci\u00f3n con el poema final del libro; y la posible lectura del poema &#8220;Ve despacio&#8221; como manifiesto ecol\u00f3gico impl\u00edcito.<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li><strong> Marco te\u00f3rico<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>2.1 El <em>locus amoenus<\/em>: de la Antig\u00fcedad cl\u00e1sica a la poes\u00eda espa\u00f1ola contempor\u00e1nea<\/strong><\/p>\n<p>El <em>locus amoenus<\/em> es un t\u00f3pico literario cuya formulaci\u00f3n te\u00f3rica m\u00e1s influyente en el \u00e1mbito moderno la proporciona Ernst Robert Curtius en <em>Literatura europea y Edad Media latina<\/em> (1948). Curtius lo define como el n\u00facleo de la &#8220;naturaleza amena&#8221; en la literatura occidental: un espacio de belleza natural idealizado, caracterizado por la presencia de un \u00e1rbol o \u00e1rboles que dan sombra, una pradera verde, una fuente o un arroyo y, con frecuencia, el canto de los p\u00e1jaros y la brisa suave. Estos elementos configuran un paisaje de placer y de refugio que contrasta con el mundo de la ciudad, la corte y la violencia.<\/p>\n<p>En la poes\u00eda espa\u00f1ola, el <em>locus amoenus<\/em> entr\u00f3 de manera sistem\u00e1tica con el petrarquismo de Garcilaso de la Vega, que fue, como recuerda la cr\u00edtica, &#8220;el primer poeta castellano en introducir el <em>locus amoenus<\/em> en Espa\u00f1a mediante la escritura de sus tres \u00e9glogas&#8221;. A partir de Garcilaso, la tradici\u00f3n espa\u00f1ola del paisaje ameno incorpor\u00f3 el modelo horaciano del <em>beatus ille<\/em> \u2014el elogio de la vida retirada del campo en contraste con las ambiciones y los peligros de la vida p\u00fablica\u2014, que fray Luis de Le\u00f3n llev\u00f3 a su expresi\u00f3n m\u00e1s alta. En el siglo XX, la poes\u00eda espa\u00f1ola recuper\u00f3 esos t\u00f3picos con estrategias diversas: desde la dislocaci\u00f3n ir\u00f3nica de algunos poetas de la experiencia hasta la recuperaci\u00f3n sin reservas de autores formados en la tradici\u00f3n cl\u00e1sica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>2.2 La ecocr\u00edtica: principios, metodolog\u00eda y pertinencia<\/strong><\/p>\n<p>La ecocr\u00edtica es, en la definici\u00f3n de Cheryl Glotfelty, &#8220;el estudio de las relaciones entre la literatura y el medio ambiente f\u00edsico&#8221;. Surgida en el \u00e1mbito acad\u00e9mico anglosaj\u00f3n en la \u00faltima d\u00e9cada del siglo XX, se consolid\u00f3 como campo con la publicaci\u00f3n de <em>The Ecocriticism Reader<\/em> (1996), editado por Glotfelty y Harold Fromm, y con los trabajos de Lawrence Buell, especialmente <em>The Environmental Imagination<\/em> (1995) y <em>Writing for an Endangered World<\/em> (2001).<\/p>\n<p>Buell distingue entre la tradici\u00f3n pastoral, que presenta una visi\u00f3n idealizada y romanticizada de la naturaleza, y lo que \u00e9l denomina literatura ambiental m\u00e1s cr\u00edtica y comprometida. La primera tiende a reforzar una perspectiva antropoc\u00e9ntrica que ve la naturaleza como un recurso para el uso y el disfrute humanos; la segunda busca un enfoque m\u00e1s ecoc\u00e9ntrico que reconoce el valor intr\u00ednseco del mundo natural y la interconexi\u00f3n de todos los seres vivos. Para Buell, una literatura es &#8220;ambientalmente orientada&#8221; en la medida en que el entorno no funciona meramente como tel\u00f3n de fondo sino que implica una responsabilidad hacia \u00e9l y une el inter\u00e9s humano a la responsabilidad ecol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Greg Garrard, en <em>Ecocriticism<\/em> (2004), ampl\u00eda el campo de la ecocr\u00edtica hacia el an\u00e1lisis de tropos y representaciones: la pastoral, el desierto, el apocalipsis ecol\u00f3gico, la vivienda y la vida salvaje son los grandes &#8220;tropos del entorno&#8221; que la ecocr\u00edtica examina en los textos literarios. Para Garrard, la ecocr\u00edtica no se limita a analizar textos que toman la naturaleza como tema expl\u00edcito, sino que examina c\u00f3mo cualquier texto construye y transmite valores y actitudes hacia el entorno natural.<\/p>\n<p>La aplicaci\u00f3n de este marco te\u00f3rico a la poes\u00eda espa\u00f1ola en formas m\u00e9tricas tradicionales es un campo pr\u00e1cticamente inexplorado, como se\u00f1alan los estudios de ecopoes\u00eda hisp\u00e1nica. El poemario de De la Rosa, por su particular articulaci\u00f3n de la tradici\u00f3n cl\u00e1sica con una sensibilidad contempor\u00e1nea hacia la naturaleza, ofrece un caso de estudio privilegiado para esta tarea.<\/p>\n<p><strong>2.3 El <em>locus amoenus<\/em> y la ecocr\u00edtica: tensiones y convergencias<\/strong><\/p>\n<p>La relaci\u00f3n entre el <em>locus amoenus<\/em> y la ecocr\u00edtica es de complementariedad tensa. El <em>locus amoenus<\/em> cl\u00e1sico es, en su origen, una representaci\u00f3n antropoc\u00e9ntrica de la naturaleza: el paisaje ameno es ameno para el ser humano que en \u00e9l se refugia o deleita. La naturaleza del <em>locus amoenus<\/em> existe en funci\u00f3n del sujeto l\u00edrico que la experimenta, no tiene valor propio independiente de esa experiencia humana. Buell se\u00f1alar\u00eda que este tipo de representaci\u00f3n refuerza precisamente la perspectiva que la ecocr\u00edtica trata de cuestionar.<\/p>\n<p>Sin embargo, la investigaci\u00f3n sobre el <em>locus amoenus<\/em> y el <em>beatus ille<\/em> en la poes\u00eda espa\u00f1ola reciente muestra que &#8220;las expectativas asociadas a los <em>topoi<\/em> naturales pueden reactivarse en la sociedad actual de acuerdo con nuevas necesidades expresivas, convenciones culturales y aproximaciones ecol\u00f3gicas&#8221;. Esta reactivaci\u00f3n puede incluir la apertura del <em>locus amoenus<\/em> hacia perspectivas m\u00e1s ecoc\u00e9ntricas, en las que la naturaleza no es solo espejo del estado an\u00edmico del poeta sino entidad con valor propio que el poema se propone escuchar y respetar. Es precisamente esa apertura lo que hace posible una lectura ecocr\u00edtica de poemas que emplean el t\u00f3pico del <em>locus amoenus<\/em> sin haberse formulado expl\u00edcitamente como poes\u00eda ecol\u00f3gica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li><strong> El espacio natural en <em>A la sombra del sauce<\/em>: descripci\u00f3n del corpus<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>3.1 El t\u00edtulo y el \u00e1rbol fundacional<\/strong><\/p>\n<p>El t\u00edtulo del poemario, <em>A la sombra del sauce<\/em>, no es una met\u00e1fora abstracta sino una indicaci\u00f3n espacial concreta: el sauce es el \u00e1rbol que da sombra al conjunto del libro. El sauce (Salix), \u00e1rbol de ribera que crece junto a los cursos de agua, tiene una doble carga simb\u00f3lica en la tradici\u00f3n literaria espa\u00f1ola: por un lado, es s\u00edmbolo de la melancol\u00eda y el llanto \u2014la imagen del sauce llor\u00f3n (<em>Salix babylonica<\/em>) con sus ramas colgantes ha sido asociada desde la Biblia al duelo y al exilio\u2014; por otro, es s\u00edmbolo del refugio, de la sombra fresca junto al agua, del lugar donde el dolor puede ser sostenido y consolado.<\/p>\n<p>El poema inicial del libro, &#8220;Qu\u00e9date aqu\u00ed dormido&#8221; (n\u00ba 1), desarrolla precisamente esta segunda funci\u00f3n del sauce: el sauce como lugar de descanso, de amor y de protecci\u00f3n. Sus versos iniciales \u2014&#8221;Qu\u00e9date aqu\u00ed dormido \/ a la sombra del sauce, \/ y que sus tiernas ramas acaricien \/ con llanto delicado \/ tu ardoroso latido&#8221;\u2014 establecen desde el comienzo del libro una relaci\u00f3n entre el ser humano y el \u00e1rbol que no es la de contemplador y objeto contemplado, sino la de acogido y acogedor: las ramas del sauce &#8220;acarician&#8221; al durmiente, el \u00e1rbol tiene capacidad de contacto afectivo con el ser humano.<\/p>\n<p>Esta relaci\u00f3n de reciprocidad entre el yo l\u00edrico y el \u00e1rbol es uno de los rasgos que desde el inicio distinguen la representaci\u00f3n de la naturaleza en <em>A la sombra del sauce<\/em> del <em>locus amoenus<\/em> cl\u00e1sico m\u00e1s convencional. El \u00e1rbol del sauce no es el \u00e1rbol que proporciona sombra c\u00f3modamente para el placer del personaje, sino el \u00e1rbol que abraza, que llora con quien duerme bajo sus ramas, que participa de la vida emocional del ser humano que acoge.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>3.2 La segunda secci\u00f3n: ep\u00edgrafe y organizaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>La segunda secci\u00f3n del libro lleva un ep\u00edgrafe que sintetiza su propuesta tem\u00e1tica: &#8220;Si la naturaleza, generosa, ofreci\u00e9ndote est\u00e1 vistosas flores, \u00a1no le seas ingrato!&#8221;. El ep\u00edgrafe introduce ya una relaci\u00f3n \u00e9tica entre el ser humano y la naturaleza: la naturaleza ofrece, y el ser humano tiene el deber moral de no ser ingrato con esa ofrenda. Esta formulaci\u00f3n supera el <em>locus amoenus<\/em> cl\u00e1sico en un punto decisivo: en el <em>locus amoenus<\/em> can\u00f3nico, la naturaleza es un escenario que el poeta contempla; en el ep\u00edgrafe de De la Rosa, la naturaleza es un agente que da, y el ser humano tiene una obligaci\u00f3n de reciprocidad hacia ella.<\/p>\n<p>Esta formulaci\u00f3n de la relaci\u00f3n con la naturaleza como obligaci\u00f3n \u00e9tica no es la de la ecocr\u00edtica acad\u00e9mica \u2014que articula esa obligaci\u00f3n en t\u00e9rminos de sostenibilidad, valor intr\u00ednseco de los ecosistemas y justicia ambiental\u2014, pero comparte con ella el rechazo del puro instrumentalismo: la naturaleza no existe solo para el ser humano, y el ser humano tiene deberes hacia ella.<\/p>\n<p>La segunda secci\u00f3n comprende los poemas del 12 al 23: &#8220;Ve despacio&#8221; (n\u00ba 12), &#8220;\u00bfQu\u00e9 dices, pajarillo?&#8221; (n\u00ba 13), &#8220;No s\u00e9 si t\u00fa sabr\u00e1s&#8221; (n\u00ba 14), &#8220;Verde de esperanza&#8221; (n\u00ba 15), &#8220;Perm\u00edteme&#8221; (n\u00ba 16), &#8220;El valle&#8221; (n\u00ba 17), &#8220;En la tarde lluviosa&#8221; (n\u00ba 18), &#8220;Vida natural&#8221; (n\u00ba 19), &#8220;Tarde melanc\u00f3lica&#8221; (n\u00ba 20), &#8220;En brazos de Morfeo&#8221; (n\u00ba 21), &#8220;Recibir el alba&#8221; (n\u00ba 22) y &#8220;Cantar&#8221; (n\u00ba 23). El conjunto forma un ciclo de meditaciones sobre el espacio natural como lugar de refugio, aprendizaje moral y regeneraci\u00f3n del esp\u00edritu.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol start=\"4\">\n<li><strong> El <em>locus amoenus<\/em> renovado: comparaci\u00f3n con la tradici\u00f3n buc\u00f3lica espa\u00f1ola<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>4.1 Garcilaso y el paisaje como espejo emocional<\/strong><\/p>\n<p>El <em>locus amoenus<\/em> garcilasiano, tal como aparece en las tres \u00e9glogas, es ante todo un espacio que refleja el estado emocional del sujeto l\u00edrico. En la \u00c9gloga I, la naturaleza \u2014el r\u00edo Tajo, los \u00e1rboles, las aves\u2014 responde al llanto del pastor Salicio por la indiferencia de Galatea: &#8220;Con mi llorar las piedras enternecen \/ su natural dureza y la quebrantan&#8221;. La naturaleza no tiene en Garcilaso una existencia propia independiente de la experiencia humana; su funci\u00f3n es ser espejo y amplificador de los estados interiores del pastor.<\/p>\n<p>En <em>A la sombra del sauce<\/em>, la naturaleza cumple tambi\u00e9n esa funci\u00f3n especular: el oto\u00f1o de &#8220;Coraz\u00f3n de oto\u00f1o&#8221; refleja el declive del yo l\u00edrico, el \u00e1rbol podrido de &#8220;El \u00e1rbol podrido&#8221; espeja la vejez del ser humano. Pero hay en De la Rosa algo que no est\u00e1 en Garcilaso: la naturaleza tiene tambi\u00e9n una existencia propia que no depende del yo l\u00edrico para ser significativa. En &#8220;El valle&#8221; (n\u00ba 17), el yo l\u00edrico desea ir al valle &#8220;para o\u00edr el mugido de las vacas&#8221;, para experimentar &#8220;el canto de los grillos&#8221;, para &#8220;aspirar el aroma&#8221; de las gardenias, pero al mismo tiempo reconoce que esas realidades existen con independencia de su deseo de experimentarlas. Las vacas mugen aunque el yo l\u00edrico no est\u00e9 all\u00ed para escucharlas. Este reconocimiento de la existencia aut\u00f3noma de la naturaleza es un paso m\u00e1s all\u00e1 del <em>locus amoenus<\/em> garcilasiano.<\/p>\n<p><strong>4.2 Fray Luis de Le\u00f3n y la naturaleza como argumento moral<\/strong><\/p>\n<p>En la poes\u00eda de fray Luis de Le\u00f3n, la naturaleza del <em>locus amoenus<\/em> es un argumento moral: la vida retirada en el campo es mejor que la vida agitada en la corte no solo porque es m\u00e1s placentera, sino porque es m\u00e1s virtuosa, m\u00e1s conforme con el orden divino. La &#8220;quietud segura&#8221; de la &#8220;Vida retirada&#8221; no es solo un estado de bienestar psicol\u00f3gico sino una posici\u00f3n \u00e9tica. En este punto, la deuda de De la Rosa con fray Luis es m\u00e1s estrecha que con Garcilaso: en ambos poetas, la naturaleza no es solo refugio sino argumento.<\/p>\n<p>En <em>A la sombra del sauce<\/em>, la estructura del argumento natural contra el mundo hostil es recognociblemente luisiana. En &#8220;El valle&#8221; (n\u00ba 17), el yo l\u00edrico desea bajar al valle para &#8220;olvidarme del ruido de la espada&#8221;: la naturaleza es el espacio donde el poeta puede alejarse no solo del ruido urbano sino espec\u00edficamente de la violencia \u2014la espada\u2014 que la vida p\u00fablica implica. Esta identificaci\u00f3n de la naturaleza con la paz y de la ciudad con la violencia es el n\u00facleo del <em>beatus ille<\/em> horaciano-luisiano, y De la Rosa lo actualiza con una precisi\u00f3n que hace del poema un argumento contra la violencia pol\u00edtica contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>La diferencia con fray Luis reside en la dimensi\u00f3n religiosa. La naturaleza luisiana es la &#8220;obra del criador&#8221; que remite al Creador y justifica la vida contemplativa como forma de acercamiento a Dios. La naturaleza de De la Rosa, aunque no declaradamente laica, carece de esa dimensi\u00f3n teol\u00f3gica expl\u00edcita: el refugio en el valle, en el bosque o junto al r\u00edo no conduce a la contemplaci\u00f3n de lo divino sino a la recuperaci\u00f3n del equilibrio personal y al rechazo \u00e9tico de la violencia del mundo.<\/p>\n<p><strong>4.3 La novedad de De la Rosa en la tradici\u00f3n espa\u00f1ola<\/strong><\/p>\n<p>Las diferencias respecto a Garcilaso y fray Luis se articulan en tres dimensiones. La primera es la dimensi\u00f3n de la reciprocidad: en De la Rosa, la naturaleza no es solo espejo o argumento sino entidad que da y que merece reciprocidad, como establece el ep\u00edgrafe de la segunda secci\u00f3n. Esta dimensi\u00f3n de obligaci\u00f3n moral hacia la naturaleza no est\u00e1 en la tradici\u00f3n renacentista espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>La segunda es la dimensi\u00f3n de la especificidad local. El <em>locus amoenus<\/em> cl\u00e1sico tiende a la generalidad: el \u00e1rbol, el prado, la fuente son elementos intercambiables que constituyen el escenario gen\u00e9rico de la naturaleza amena. El espacio natural de De la Rosa es espec\u00edfico: las vacas que mugen en el valle de la Andaluc\u00eda rural, los grillos que cantan al amor, los huertos con limoneros y naranjos, la escarcha que cae sobre los hombros del paseante en invierno. Esta especificidad local sit\u00faa el <em>locus amoenus<\/em> de De la Rosa en un paisaje concreto que el autor conoce por experiencia directa, no por mediaci\u00f3n literaria.<\/p>\n<p>La tercera diferencia es la dimensi\u00f3n de la amenaza. El <em>locus amoenus<\/em> cl\u00e1sico existe en un espacio relativamente a salvo de las perturbaciones del mundo: el retiro al campo es posible porque el campo es un espacio de paz permanente. En <em>A la sombra del sauce<\/em>, el espacio natural est\u00e1 amenazado. El poema &#8220;\u00a1Despi\u00e9rtate, alma m\u00eda!&#8221; (n\u00ba 41) muestra al yo l\u00edrico acomodado en un &#8220;limbo de amapolas y trigales&#8221; que resulta ser una forma de inconsciencia ante la violencia del mundo. La naturaleza como refugio puede convertirse en trampa si se convierte en evasi\u00f3n. Esta conciencia de la fragilidad del refugio natural no est\u00e1 en la tradici\u00f3n renacentista.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol start=\"5\">\n<li><strong> &#8220;Ve despacio&#8221; (n\u00ba 12): entre el verso libre y el manifiesto ecol\u00f3gico<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>5.1 La singularidad formal del poema<\/strong><\/p>\n<p>&#8220;Ve despacio&#8221; (n\u00ba 12) es el \u00fanico poema en verso libre genuino de todo el poemario. El pr\u00f3logo editorial lo se\u00f1ala expl\u00edcitamente: &#8220;solo uno \u2014&#8217;Ve despacio&#8217;\u2014 est\u00e1 en verso libre genuino&#8221;, y a\u00f1ade que &#8220;funciona como un respiro formal entre las composiciones m\u00e9tricas&#8221;. Esta singularidad formal no es solo un detalle t\u00e9cnico: el hecho de que el \u00fanico poema en verso libre del libro sea precisamente el que articula con mayor explicitud la relaci\u00f3n \u00e9tica con el entorno natural no puede ser casual.<\/p>\n<p>El verso libre, en el contexto de un poemario dominado por formas cl\u00e1sicas, implica una relajaci\u00f3n de la autoridad de la forma humana sobre el tiempo del poema. El ritmo del verso libre no responde a un patr\u00f3n predeterminado por la tradici\u00f3n m\u00e9trica espa\u00f1ola sino al ritmo del pensamiento que se despliega. Que sea precisamente en el verso libre donde De la Rosa habla de la necesidad de &#8220;ir despacio&#8221; \u2014de renunciar a la prisa, a la imposici\u00f3n del ritmo humano sobre el tiempo natural\u2014 tiene una coherencia profunda: la forma imita el contenido.<\/p>\n<p><strong>5.2 El imperativo de la lentitud como posici\u00f3n ecocr\u00edtica<\/strong><\/p>\n<p>El t\u00edtulo y el poema completo elaboran un imperativo de la lentitud que la ecocr\u00edtica contempor\u00e1nea reconocer\u00eda como una posici\u00f3n ante el mundo natural. El imperativo \u00abve despacio\u00bb se dirige en el poema a un destinatario que se identifica impl\u00edcitamente con el lector, pero tambi\u00e9n con el yo l\u00edrico, como un recordatorio de que el modo de relacionarse con el entorno natural requiere una desaceleraci\u00f3n del ritmo habitual de la vida contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>El poema se abre con una prohibici\u00f3n que es, en realidad, una invitaci\u00f3n a la atenci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abNo pises esa hoja que hay ca\u00edda<br \/>\nen el regazo de la tarde.<br \/>\nTodav\u00eda una tenue luz la dorar\u00e1,<br \/>\naunque marchita.\u00bb<\/p>\n<p>La hoja ca\u00edda en el regazo de la tarde no es un elemento decorativo ni un s\u00edmbolo del declive humano \u2014funci\u00f3n que cumplir\u00eda en el locus amoenus cl\u00e1sico\u2014 sino una presencia concreta cuya existencia merece respeto. La orden \u00abno pises\u00bb implica que el movimiento habitual, el paso autom\u00e1tico, habr\u00eda destruido esa presencia sin que el caminante lo advirtiera. Solo quien va despacio puede ver la hoja; solo quien la ve puede elegir no pisarla. La lentitud no es aqu\u00ed pereza ni pasividad: es la condici\u00f3n de posibilidad de la atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>La segunda parte del poema desarrolla esta l\u00f3gica con una serie de invitaciones a la contemplaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abQue tu pisada sea blanda<br \/>\nsobre la tierra que pisas.<br \/>\nDeja que al amanecer<br \/>\nel sol encuentre su reflejo<br \/>\nen el agua,<br \/>\ny ve despacio, sin prisa.\u00bb<\/p>\n<p>\u00abQue tu pisada sea blanda\u00bb introduce una categor\u00eda t\u00e1ctil que supera la mera desaceleraci\u00f3n: no se trata solo de ir m\u00e1s lento sino de tocar la tierra de otra manera, con m\u00e1s cuidado, con m\u00e1s conciencia del suelo que se pisa. \u00abDeja que al amanecer \/ el sol encuentre su reflejo \/ en el agua\u00bb ampl\u00eda la atenci\u00f3n a un proceso natural que solo es visible si el caminante no interrumpe la quietud necesaria para que el reflejo se forme: la presencia humana, cuando es apresurada, impide que la naturaleza complete sus propios ritmos. La lentitud del caminante es la condici\u00f3n de que la naturaleza pueda ser ella misma.<\/p>\n<p>Desde la perspectiva de los criterios de Buell para la \u00abliteratura ambientalmente orientada\u00bb, el poema \u00abVe despacio\u00bb satisface al menos dos de ellos: el entorno natural \u2014la hoja ca\u00edda, la tierra pisada, el amanecer sobre el agua\u2014 no funciona como mero tel\u00f3n de fondo sino como presencia que merece atenci\u00f3n y cuidado; y el poema implica una responsabilidad humana hacia ese entorno: la responsabilidad de ir despacio, de pisar con blandura, de no interrumpir la quietud que el amanecer requiere para encontrar su reflejo.<\/p>\n<p><strong>5.3 La posici\u00f3n del poema en la arquitectura del libro<\/strong><\/p>\n<p>La posici\u00f3n de &#8220;Ve despacio&#8221; en el libro no es aleatoria. Es el primer poema de la segunda secci\u00f3n, y lo es en un doble sentido: es el umbral de la secci\u00f3n dedicada a la naturaleza, y es tambi\u00e9n el umbral entre las formas m\u00e9tricas cerradas de la primera secci\u00f3n y las silvas de la segunda. El \u00fanico verso libre del libro aparece en el inicio de la secci\u00f3n donde la naturaleza se convierte en argumento \u00e9tico, como si la naturaleza reclamara para s\u00ed una forma que escape a las imposiciones del ritmo humano.<\/p>\n<p>Que inmediatamente despu\u00e9s de este poema en verso libre aparezca &#8220;\u00bfQu\u00e9 dices, pajarillo?&#8221; (n\u00ba 13), una silva que retoma el hilo del di\u00e1logo con el p\u00e1jaro como mensajero de la naturaleza, sugiere que el verso libre de &#8220;Ve despacio&#8221; es un par\u00e9ntesis de m\u00e1xima apertura que la silva recupera con su estructura m\u00e1s regulada pero menos r\u00edgida que el soneto. La arquitectura del libro en este punto mimetiza el argumento del poema: es posible ir despacio dentro de la forma, es posible atender a la naturaleza sin abandonar la tradici\u00f3n m\u00e9trica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol start=\"6\">\n<li><strong> La naturaleza como espacio de resistencia \u00e9tica<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>6.1 El poema \u00abEl valle\u00bb y la naturaleza contra la violencia<\/strong><\/p>\n<p>El poema \u00abEl valle\u00bb (n\u00ba 17) es la articulaci\u00f3n m\u00e1s expl\u00edcita de la naturaleza como espacio de resistencia \u00e9tica en toda la secci\u00f3n. Estructurado en cuatro estrofas de composici\u00f3n paralela \u2014cada una comenzando con el heptas\u00edlabo \u00abQuiero bajar al valle\u00bb\u2014, el poema desarrolla el anhelo del retiro natural con una claridad que los poemas m\u00e1s contemplativos de la secci\u00f3n no tienen.<\/p>\n<p>La primera estrofa establece el deseo en sus t\u00e9rminos m\u00e1s sensoriales y contemplativos:<\/p>\n<p>\u00abQuiero bajar al valle<br \/>\npara o\u00edr el mugido de las vacas,<br \/>\ncontemplar su pacer en verdes prados<br \/>\nal comp\u00e1s de la m\u00fasica del agua,<br \/>\ny con el azulado manto et\u00e9reo<br \/>\npercibir el frescor de la ma\u00f1ana.\u00bb<\/p>\n<p>El inventario de percepciones \u2014el mugido de las vacas, el pacer en los prados, el sonido del agua, el frescor de la ma\u00f1ana\u2014 sit\u00faa el espacio natural del valle en una especificidad sensorial que el locus amoenus cl\u00e1sico raramente tiene. No es la naturaleza gen\u00e9rica de la tradici\u00f3n buc\u00f3lica sino el valle concreto de la Andaluc\u00eda rural que el autor conoce por experiencia directa. Esta especificidad local es, como se\u00f1ala Buell, uno de los rasgos que distinguen la literatura \u00abambientalmente orientada\u00bb de la pastoral convencional.<\/p>\n<p>La segunda estrofa introduce la dimensi\u00f3n \u00e9tica de resistencia que convierte el poema en algo m\u00e1s que una eleg\u00eda buc\u00f3lica:<\/p>\n<p>\u00abQuiero bajar al valle<br \/>\ny olvidarme del ruido de la espada,<br \/>\naspirar la pureza del paisaje<br \/>\ny escuchar a los grillos cuando cantan,<br \/>\nal aire cuando silba entre los \u00e1rboles,<br \/>\ndel r\u00edo sus susurros y palabras.\u00bb<\/p>\n<p>El \u00fanico elemento del que el yo l\u00edrico quiere escapar es \u00abel ruido de la espada\u00bb, signo de la violencia humana, de la guerra y de la agresi\u00f3n que la vida p\u00fablica implica. La oposici\u00f3n entre ese ruido y el canto de los grillos, el silbo del aire y los susurros del r\u00edo convierte la naturaleza en argumento \u00e9tico: el espacio natural vale m\u00e1s que el mundo de la violencia, y el deseo de ir al valle es el deseo de situarse en la posici\u00f3n moral correcta. Esta identificaci\u00f3n de la naturaleza con la paz y de la ciudad con la violencia es el n\u00facleo del beatus ille horaciano-luisiano, que De la Rosa actualiza con la urgencia de un presente pol\u00edtico que el libro reconoce expl\u00edcitamente.<\/p>\n<p>La tercera estrofa desarrolla la dimensi\u00f3n sensorial del refugio con elementos que subrayan la especificidad geogr\u00e1fica del paisaje:<\/p>\n<p>\u00abQuiero bajar al valle<br \/>\ny oler aromas de gardenias blancas,<br \/>\ncambiar murmuraciones de este mundo<br \/>\npor el canto del p\u00e1jaro en sus ramas,<br \/>\ny olvidar de las gentes sus recelos<br \/>\nen paisaje que invite a la confianza.\u00bb<\/p>\n<p>El intercambio que el yo l\u00edrico propone \u2014cambiar las \u00abmurmuraciones de este mundo\u00bb por el canto del p\u00e1jaro, y los \u00abrecelos de las gentes\u00bb por la confianza del paisaje\u2014 reformula la oposici\u00f3n entre naturaleza y mundo humano en t\u00e9rminos morales: la naturaleza no es solo m\u00e1s placentera sino m\u00e1s honesta y m\u00e1s limpia. Este argumento conecta directamente con el ep\u00edgrafe de la secci\u00f3n, que establece la obligaci\u00f3n \u00e9tica de reciprocidad hacia la naturaleza que ofrece sus flores generosamente.<\/p>\n<p>La cuarta estrofa cierra el poema con la imagen del vuelo como culminaci\u00f3n del deseo de liberaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abQuiero bajar al valle<br \/>\ny dejar que la brisa me llevara,<br \/>\ncomo ligera y tenue pluma suave<br \/>\nhace que el ave al cielo se elevara,<br \/>\ny desde all\u00ed, despacio, muy despacio,<br \/>\ncaer donde mi cuerpo reposara.\u00bb<\/p>\n<p>La imagen de la pluma llevada por la brisa que el ave eleva al cielo convierte el deseo de refugio en el valle en un deseo de trascendencia. El yo l\u00edrico no quiere solo estar en el valle sino, desde all\u00ed, ser llevado hasta el cielo para caer, despacio, donde su cuerpo pueda reposar. Esta imagen cierra el poema con una ambig\u00fcedad productiva: el descanso final al que aspira es tanto el reposo contemplativo del valle como el reposo definitivo de la muerte, lo que convierte el locus amoenus de De la Rosa en un espacio que mira, sin dramatismo, hacia el final de la vida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>6.2 La naturaleza amenazada: el sauce, el \u00e1rbol podrido y el trigal<\/strong><\/p>\n<p>Si la naturaleza en los poemas contemplativos es espacio de refugio y argumento \u00e9tico, en los poemas de la tercera secci\u00f3n funciona como v\u00edctima y espejo del deterioro. &#8220;El \u00e1rbol podrido&#8221; (n\u00ba 27), &#8220;Como el trigal&#8221; (n\u00ba 24) y &#8220;Coraz\u00f3n de oto\u00f1o&#8221; (n\u00ba 25) muestran una naturaleza que no es eterna ni invulnerable sino sujeta al mismo proceso de declive que el ser humano. Esta vulnerabilidad de la naturaleza tiene un significado ecocr\u00edtico que va m\u00e1s all\u00e1 del uso cl\u00e1sico del <em>tempus fugit<\/em>: si la naturaleza tambi\u00e9n es fr\u00e1gil, si el \u00e1rbol tambi\u00e9n puede pudrirse y las hojas tambi\u00e9n pueden caer para no volver, entonces la actitud del ser humano hacia la naturaleza debe ser de cuidado, no solo de disfrute.<\/p>\n<p>En &#8220;El \u00e1rbol podrido&#8221; (n\u00ba 27), la descripci\u00f3n del \u00e1rbol enfermo y asediado por la hiedra y las hormigas incluye una constataci\u00f3n que tiene dimensi\u00f3n ecocr\u00edtica: &#8220;Larga hilera de hormigas lo profana, \/ entre hojas, a este cuerpo envejecido &#8220;. El verbo &#8220;profana&#8221; atribuye al \u00e1rbol una dignidad que puede ser violada, una integridad que merece respeto y que la incursi\u00f3n de los insectos destruye. Este uso del l\u00e9xico de la profanaci\u00f3n aplicado a un \u00e1rbol \u2014que en la tradici\u00f3n literaria ser\u00eda simplemente una imagen de la destrucci\u00f3n del tiempo\u2014 implica una valoraci\u00f3n del \u00e1rbol en s\u00ed mismo, no solo en cuanto espejo del sujeto l\u00edrico.<\/p>\n<p><strong>6.3 El poema final y la naturaleza como trampa de la inconsciencia<\/strong><\/p>\n<p>El poema de cierre del libro, &#8220;\u00a1Despi\u00e9rtate, alma m\u00eda!&#8221; (n\u00ba 41), introduce un giro que complica la lectura del espacio natural como refugio \u00e9tico. El yo l\u00edrico se dirige a su propia alma, que se ha &#8220;dormido en limbo de amapolas y trigales&#8221;, y la exhorta a despertar ante las demandas del mundo. El &#8220;limbo de amapolas y trigales&#8221; \u2014que utiliza precisamente los elementos florales y vegetales que la segunda secci\u00f3n ha construido como espacio de refugio\u2014 se convierte aqu\u00ed en s\u00edmbolo de la inconsciencia ante la injusticia y la violencia:<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfC\u00f3mo es que se ha dormido el alma m\u00eda<br \/>\nen limbo de amapolas y trigales,<br \/>\ncon el vaiv\u00e9n del viento<br \/>\nen sedosa caricia y armon\u00eda?<br \/>\n[\u2026]\nEst\u00e1s adormecida sobre lanzas<br \/>\ny de la tierra b\u00e1rbaras heridas.<br \/>\nEl desquiciado mundo que hemos hecho<br \/>\nm\u00e1s que nunca, que nunca,<br \/>\na ti te necesita.<br \/>\n\u00a1Despi\u00e9rtate, despi\u00e9rtate alma m\u00eda!\u00bb<\/p>\n<p>Esta inversi\u00f3n del espacio natural \u2014de refugio \u00e9tico a trampa de la evasi\u00f3n\u2014 es uno de los momentos m\u00e1s sofisticados del poemario y tiene un correlato en el debate ecocr\u00edtico sobre el pastoralismo. Lawrence Buell se\u00f1ala que la tradici\u00f3n pastoral puede reforzar una perspectiva antropoc\u00e9ntrica que usa la naturaleza como recurso para el placer y el descanso humanos sin comprometerse con la responsabilidad hacia ella ni hacia el mundo que esa misma naturaleza ocupa. El poema final de <em>A la sombra del sauce<\/em> articula exactamente esa cr\u00edtica: el refugio en la naturaleza es v\u00e1lido como recuperaci\u00f3n del equilibrio, pero se convierte en irresponsabilidad cuando se usa como evasi\u00f3n permanente de las obligaciones \u00e9ticas ante el sufrimiento humano.<\/p>\n<p>Esta autocr\u00edtica del <em>locus amoenus<\/em> que el libro se hace a s\u00ed mismo en su poema final es un rasgo de madurez po\u00e9tica y \u00e9tica que distingue <em>A la sombra del sauce<\/em> de la poes\u00eda buc\u00f3lica convencional. El espacio natural del poemario no es un para\u00edso cerrado sino un espacio de recuperaci\u00f3n temporal que el poeta abandona para volver al compromiso con el mundo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol start=\"7\">\n<li><strong> Los elementos de la naturaleza: an\u00e1lisis ecocr\u00edtico del inventario<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>7.1 El agua: r\u00edos, fuentes y lluvia<\/strong><\/p>\n<p>El agua es el elemento m\u00e1s presente en el inventario natural de <em>A la sombra del sauce<\/em>, lo que es coherente con la presencia del sauce como \u00e1rbol fundacional del libro: el sauce es un \u00e1rbol de ribera que solo vive junto al agua. El r\u00edo aparece en m\u00faltiples composiciones como espacio de la contemplaci\u00f3n serena: en &#8220;Perm\u00edteme&#8221; (n\u00ba 16), el yo l\u00edrico desea cantar &#8220;en la orilla del r\u00edo&#8221; y que sus sue\u00f1os se mezan &#8220;en el vaiv\u00e9n del junco junto al agua&#8221;. En &#8220;Recibir el alba&#8221; (n\u00ba 22), el amanecer se contempla junto a las aguas que reflejan la primera luz del d\u00eda.<\/p>\n<p>La lluvia ocupa un lugar espec\u00edfico en el poema &#8220;En la tarde lluviosa&#8221; (n\u00ba 18), donde la lluvia no es el elemento hostil y deprimente que la tradici\u00f3n literaria a menudo le asigna sino un fen\u00f3meno natural que tiene su propia belleza y su propio ritmo. La lluvia de De la Rosa &#8220;tamborilea&#8221; sobre la tierra, la &#8220;humedece&#8221;, la &#8220;refresca&#8221;: es una presencia ben\u00e9fica cuya llegada anuncia el fin de la sequ\u00eda y la renovaci\u00f3n de la vida. Este tratamiento positivo de la lluvia en un contexto de paisaje semi\u00e1rido (la Andaluc\u00eda granadina) tiene una especificidad geogr\u00e1fica que el an\u00e1lisis ecocr\u00edtico puede valorar como signo de una relaci\u00f3n aut\u00e9ntica con el entorno real.<\/p>\n<p><strong>7.2 Los p\u00e1jaros: mensajeros y sujetos<\/strong><\/p>\n<p>Los p\u00e1jaros son los elementos de la naturaleza que con mayor frecuencia adoptan el estatuto de interlocutores en el poemario. &#8220;\u00bfQu\u00e9 dices, pajarillo?&#8221; (n\u00ba 13) y &#8220;Cantar&#8221; (n\u00ba 23) son los poemas donde esta interlocuci\u00f3n es m\u00e1s expl\u00edcita, pero el canto de los p\u00e1jaros aparece tambi\u00e9n en &#8220;El valle&#8221;, &#8220;Vida natural&#8221; y &#8220;Recibir el alba&#8221;. En todos estos casos, los p\u00e1jaros no son simplemente elementos decorativos del paisaje ameno sino entidades que se comunican, que &#8220;dicen&#8221; algo que el yo l\u00edrico intenta escuchar.<\/p>\n<p>El poema &#8220;\u00bfQu\u00e9 dices, pajarillo?&#8221; (n\u00ba 13) dirige una pregunta directa al p\u00e1jaro que canta sobre el aliso. La estructura interrogativa del poema \u2014que no es ret\u00f3rica sino genuinamente abierta\u2014 implica una disposici\u00f3n de escucha hacia la naturaleza que supera el modelo cl\u00e1sico del <em>locus amoenus<\/em>. El yo l\u00edrico no sabe qu\u00e9 le dice el p\u00e1jaro, pero la pregunta afirma que el p\u00e1jaro dice algo, que tiene un mensaje que transmitir. Esta atribuci\u00f3n de significado al canto del p\u00e1jaro \u2014aunque ese significado no se traduzca en t\u00e9rminos humanos\u2014 es coherente con la perspectiva ecoc\u00e9ntrica que la ecocr\u00edtica propone: la naturaleza no es muda ni vac\u00eda de sentido, sino que habla un lenguaje diferente al humano que merece atenci\u00f3n y respeto.<\/p>\n<p>La investigaci\u00f3n ecocr\u00edtica sobre la representaci\u00f3n de los \u00e1rboles en la literatura se\u00f1ala que &#8220;atribuir cualidades espec\u00edficamente humanas como el pensamiento, el sentimiento y la comunicaci\u00f3n a los \u00e1rboles se considera no solo como una preferencia est\u00e9tica sino tambi\u00e9n como una estrategia \u00e9tica que tiene como objetivo establecer una relaci\u00f3n emp\u00e1tica hacia la naturaleza&#8221;. Un argumento an\u00e1logo puede aplicarse a los p\u00e1jaros en el poemario de De la Rosa: la atribuci\u00f3n de capacidad comunicativa al pajarillo es una estrategia de empat\u00eda que establece una relaci\u00f3n horizontal, no jer\u00e1rquica, entre el ser humano y el animal.<\/p>\n<p><strong>7.3 Las flores: belleza, fragilidad y responsabilidad<\/strong><\/p>\n<p>Las flores son el elemento vegetal m\u00e1s prominente en el inventario natural del poemario. Rosas, gardenias, amapolas, lirios, violetas, narcisos, azucenas y claveles aparecen a lo largo de los cuarenta y un poemas en contextos muy diversos. En la primera secci\u00f3n, las flores son met\u00e1foras del amor: la rosa como belleza ef\u00edmera del ser amado, el lirio como emblema de la pureza amorosa. En la segunda secci\u00f3n, las flores son elementos del espacio natural que el yo l\u00edrico desea contemplar y que la naturaleza le ofrece generosamente.<\/p>\n<p>Pero es en la transici\u00f3n entre la segunda y la tercera secci\u00f3n donde el tratamiento de las flores adquiere su dimensi\u00f3n m\u00e1s significativa para el an\u00e1lisis ecocr\u00edtico. El poema &#8220;Desasosiego&#8221; (n\u00ba 28) describe el invierno como el tiempo en que &#8220;no huele ya a rosas \/ el silencio del bosque en la ladera&#8221;. La ausencia de rosas en invierno no es aqu\u00ed solo una met\u00e1fora del declive personal \u2014aunque tambi\u00e9n lo sea\u2014 sino la constataci\u00f3n de una p\u00e9rdida real en el entorno natural. Las flores que &#8220;no huelen ya&#8221; en el bosque son elementos concretos de un ecosistema que el yo l\u00edrico conoce y cuya ausencia invernal siente como una privaci\u00f3n. Y sin embargo, el poema termina con la esperanza: &#8220;mas tengo la esperanza \/ de vivir unas nuevas primaveras&#8221;. La esperanza de la primavera es la esperanza en la regeneraci\u00f3n del ciclo natural.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol start=\"8\">\n<li><strong> Entre el <em>locus amoenus<\/em> y la ecocr\u00edtica: s\u00edntesis interpretativa<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>8.1 Lo que el <em>locus amoenus<\/em> explica y lo que no explica<\/strong><\/p>\n<p>El an\u00e1lisis de la segunda secci\u00f3n de <em>A la sombra del sauce<\/em> permite concluir que la representaci\u00f3n de la naturaleza en el poemario satisface muchos de los rasgos del <em>locus amoenus<\/em> cl\u00e1sico: la presencia de elementos naturales idealizados (el sauce, el r\u00edo, los p\u00e1jaros, las flores), la oposici\u00f3n entre el espacio natural y el mundo violento de la ciudad y la pol\u00edtica, la funci\u00f3n del retiro natural como recuperaci\u00f3n del equilibrio personal, y la cadencia contemplativa que el espacio natural induce en el yo l\u00edrico.<\/p>\n<p>Sin embargo, hay rasgos en la representaci\u00f3n de la naturaleza de De la Rosa que el <em>locus amoenus<\/em> cl\u00e1sico no puede explicar del todo: la atribuci\u00f3n de agencia y capacidad comunicativa a los elementos naturales (el p\u00e1jaro que &#8220;dice&#8221;, las ramas del sauce que &#8220;acarician&#8221;), la obligaci\u00f3n \u00e9tica de reciprocidad hacia la naturaleza que el ep\u00edgrafe de la secci\u00f3n formula expl\u00edcitamente, la especificidad local que ancla el espacio natural en un paisaje concreto y reconocible, y la autocr\u00edtica del <em>locus amoenus<\/em> que el poema final realiza al mostrar el refugio natural como posible trampa de la inconsciencia.<\/p>\n<p><strong>8.2 Lo que la ecocr\u00edtica a\u00f1ade<\/strong><\/p>\n<p>La ecocr\u00edtica, aplicada al corpus de la segunda secci\u00f3n, a\u00f1ade perspectivas de an\u00e1lisis que la filolog\u00eda cl\u00e1sica no proporciona. En primer lugar, la categor\u00eda de Buell de la &#8220;literatura ambientalmente orientada&#8221; permite distinguir los poemas donde la naturaleza es puramente espejo del yo l\u00edrico de los poemas donde la naturaleza tiene existencia propia que merece atenci\u00f3n y respeto. En el caso de De la Rosa, la frontera no siempre es n\u00edtida, pero el movimiento general del poemario va hacia el segundo tipo: el agua, los p\u00e1jaros y las flores adquieren a lo largo del libro una presencia creciente que no puede reducirse a la funci\u00f3n especular.<\/p>\n<p>En segundo lugar, la categor\u00eda de Garrard del tropo pastoral permite situar <em>A la sombra del sauce<\/em> en el debate sobre las funciones del pastoral en la cultura contempor\u00e1nea. La pastoral de De la Rosa no es la pastoral escapista que Garrard critica \u2014ese retiro id\u00edlico que ignora los problemas del mundo\u2014 porque el poema final del libro hace expl\u00edcita la cr\u00edtica de ese escapismo. Es una pastoral consciente de sus propias limitaciones, que utiliza el refugio natural como espacio de recuperaci\u00f3n temporal sin olvidar las demandas del compromiso \u00e9tico.<\/p>\n<p>En tercer lugar, el concepto de especificidad local de Buell \u2014la importancia de que la naturaleza literaria est\u00e9 anclada en un lugar concreto, conocido por experiencia directa\u2014 es aplicable con precisi\u00f3n a la naturaleza del poemario. El sauce, el valle con sus vacas, las gardenias blancas y el aroma de las canelas en la brisa de Andaluc\u00eda son elementos de un paisaje real que De la Rosa conoce desde la infancia y que su poes\u00eda reproduce con la fidelidad del observador directo.<\/p>\n<p><strong>8.3 Una propuesta ecocr\u00edtica <em>avant la lettre<\/em><\/strong><\/p>\n<p>La pregunta de si <em>A la sombra del sauce<\/em> puede leerse como una propuesta ecocr\u00edtica <em>avant la lettre<\/em> merece una respuesta matizada. El poemario no formula expl\u00edcitamente un programa de defensa del medio ambiente ni emplea el vocabulario del debate ecol\u00f3gico contempor\u00e1neo. Su preocupaci\u00f3n por la naturaleza no es la de quien contempla la crisis clim\u00e1tica desde la perspectiva de la ciencia o la pol\u00edtica, sino la de quien ha vivido en estrecha relaci\u00f3n con un paisaje natural concreto y ha aprendido a escuchar lo que ese paisaje le ense\u00f1a.<\/p>\n<p>Pero la \u00e9tica de la reciprocidad hacia la naturaleza que el ep\u00edgrafe de la segunda secci\u00f3n formula, la humildad de quien en &#8220;Ve despacio&#8221; propone ralentizar el ritmo humano para no pisar la hoja ca\u00edda y dejar que el amanecer encuentre su reflejo en el agua, la indignaci\u00f3n impl\u00edcita de &#8220;\u00a1Despi\u00e9rtate, alma m\u00eda!&#8221; ante un mundo que &#8220;las b\u00e1rbaras heridas de la tierra&#8221; ha producido, y la resistencia del espacio natural frente a la violencia de &#8220;la espada&#8221; en &#8220;El valle&#8221; constituyen en conjunto una postura \u00e9tica ante la naturaleza que la ecocr\u00edtica contempor\u00e1nea reconoce como propia, aunque su formulaci\u00f3n sea la de un poeta que trabaja con las herramientas de la tradici\u00f3n cl\u00e1sica, no con las de la teor\u00eda ecol\u00f3gica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol start=\"9\">\n<li><strong> Conclusiones<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>El an\u00e1lisis de la segunda secci\u00f3n de <em>A la sombra del sauce<\/em> y de los poemas relevantes del conjunto del libro permite formular las siguientes conclusiones.<\/p>\n<p>En primer lugar, la representaci\u00f3n de la naturaleza en el poemario de De la Rosa trasciende el <em>locus amoenus<\/em> cl\u00e1sico en tres aspectos decisivos: la atribuci\u00f3n de agencia y valor propio a los elementos naturales, la formulaci\u00f3n expl\u00edcita de una obligaci\u00f3n \u00e9tica de reciprocidad hacia la naturaleza, y la autocr\u00edtica del refugio natural como posible evasi\u00f3n irresponsable ante el compromiso \u00e9tico con el mundo. Estos tres aspectos no son rasgos del <em>locus amoenus<\/em> can\u00f3nico sino de una sensibilidad m\u00e1s contempor\u00e1nea que la ecocr\u00edtica permite nombrar con precisi\u00f3n.<\/p>\n<p>En segundo lugar, el poema &#8220;Ve despacio&#8221; (n\u00ba 12) puede leerse como un manifiesto ecol\u00f3gico impl\u00edcito en la medida en que articula una \u00e9tica de la lentitud ante la naturaleza \u2014la ralentizaci\u00f3n del ritmo humano como condici\u00f3n de la atenci\u00f3n y el aprendizaje\u2014 que satisface los criterios de la literatura &#8220;ambientalmente orientada&#8221; de Buell: el entorno natural no es un tel\u00f3n de fondo sino una presencia que ense\u00f1a, y el texto implica una responsabilidad humana de atender a esa presencia.<\/p>\n<p>En tercer lugar, el espacio natural de la segunda secci\u00f3n funciona como espacio de resistencia ante la violencia pol\u00edtica mencionada en el poema final del libro. El &#8220;ruido de la espada&#8221; del que el yo l\u00edrico desea escapar en &#8220;El valle&#8221; y el &#8220;desquiciado mundo&#8221; ante el que el alma debe despertar en &#8220;\u00a1Despi\u00e9rtate, alma m\u00eda!&#8221; configuran una relaci\u00f3n de oposici\u00f3n entre la naturaleza y la violencia humana que sit\u00faa el poemario en la tradici\u00f3n del <em>beatus ille<\/em> pero la actualiza con la urgencia de un presente pol\u00edtico que el libro reconoce expl\u00edcitamente.<\/p>\n<p>En cuarto lugar, las diferencias entre la representaci\u00f3n de la naturaleza en De la Rosa y la de Garcilaso o fray Luis se concentran en la dimensi\u00f3n de la reciprocidad, la especificidad local y la vulnerabilidad del espacio natural. De la Rosa hereda de la tradici\u00f3n renacentista la funci\u00f3n del retiro natural como argumento moral, pero la reformula a\u00f1adiendo una obligaci\u00f3n \u00e9tica hacia la naturaleza misma que la tradici\u00f3n cl\u00e1sica no contemplaba.<\/p>\n<p>En quinto lugar, este TFM constituye, como se propone, la primera aproximaci\u00f3n ecocr\u00edtica a la obra de De la Rosa y contribuye a la escasa bibliograf\u00eda ecocr\u00edtica sobre la poes\u00eda espa\u00f1ola contempor\u00e1nea en formas m\u00e9tricas tradicionales. La demostraci\u00f3n de que el soneto, la silva y las tiradas de endecas\u00edlabos son formas compatibles con una sensibilidad ecocr\u00edtica abre una l\u00ednea de investigaci\u00f3n que puede extenderse a otros poetas de la tradici\u00f3n cl\u00e1sica espa\u00f1ola cuya relaci\u00f3n con la naturaleza ha sido analizada solo desde la perspectiva filol\u00f3gica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>Baehr, Rudolf. <em>Manual de versificaci\u00f3n espa\u00f1ola<\/em>. Traducci\u00f3n de K. Wagner y F. L\u00f3pez Estrada. Madrid: Gredos, 1970.<\/p>\n<p>Buell, Lawrence. <em>The Environmental Imagination: Thoreau, Nature Writing, and the Formation of American Culture<\/em>. Cambridge: Harvard University Press, 1995.<\/p>\n<p>Buell, Lawrence. <em>Writing for an Endangered World: Literature, Culture, and Environment in the U.S. and Beyond<\/em>. Cambridge: Harvard University Press, 2001.<\/p>\n<p>Curtius, Ernst Robert. <em>Literatura europea y Edad Media latina<\/em>. 2 vols. Traducci\u00f3n de Margit Frenk y Antonio Alatorre. Madrid: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 1955.<\/p>\n<p>De la Rosa Fern\u00e1ndez, Luis. <em>A la sombra del sauce<\/em>. Madrid: Ediciones Rilke, 2026.<\/p>\n<p>Garrard, Greg. <em>Ecocriticism<\/em>. Londres: Routledge, 2004.<\/p>\n<p>Glotfelty, Cheryl y Fromm, Harold (eds.). <em>The Ecocriticism Reader: Landmarks in Literary Ecology<\/em>. Athens: University of Georgia Press, 1996.<\/p>\n<p>Goodbody, Axel y Rigby, Kate (eds.). <em>Ecocritical Theory: New European Approaches<\/em>. Charlottesville: University of Virginia Press, 2011.<\/p>\n<p>Navarrete Navarrete, Mar\u00eda Teresa. &#8220;La (r)evoluci\u00f3n de los t\u00f3picos: lecturas del <em>locus amoenus<\/em> y el <em>beatus ille<\/em> en la poes\u00eda espa\u00f1ola actual&#8221;. <em>Rilce. Revista de Filolog\u00eda Hisp\u00e1nica<\/em>, 39 (2) (2023).<\/p>\n<p>Olivares Tom\u00e1s, Ana Mar\u00eda. Pr\u00f3logo a Luis de la Rosa Fern\u00e1ndez, <em>A la sombra del sauce<\/em>. Madrid: Ediciones Rilke, 2026.<\/p>\n<p>Orozco D\u00edaz, Emilio. <em>Paisaje y sentimiento de la naturaleza en la poes\u00eda espa\u00f1ola<\/em>. Madrid: Prensa Espa\u00f1ola, 1968.<\/p>\n<p>Rodiek, Christoph. &#8220;Estudios sobre la ecopoes\u00eda hisp\u00e1nica contempor\u00e1nea&#8221;. <em>Artifara<\/em>, 18 (2018).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Garc\u00eda P\u00e9rez-Tom\u00e1s, Andr\u00e9s. \u00abTrabajo de fin de m\u00e1ster \u2014 la naturaleza como refugio \u00e9tico en A la sombra del sauce: locus amoenus, beatus ille y ecocr\u00edtica en luis de la rosa fern\u00e1ndez\u00bb. A LA SOMBRA DEL SAUCE. 1.\u00aa ed. 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