LUIS DE LA ROSA FERNÁNDEZLUIS DE LA ROSA FERNÁNDEZ
A LA SOMBRA DEL SAUCEA LA SOMBRA DEL SAUCE
GRUPO EDITORIAL PÉREZ-AYALAEdiciones Rilke

LUIS DE LA ROSA FERNÁNDEZ

Semblanza literaria

Hay poetas que llegan a la publicación con prisa, empujados por la urgencia de existir en la página. Luis de la Rosa Fernández llegó con calma y con tiempo. Mucho tiempo. El suficiente para saber exactamente qué quería decir y cómo quería decirlo. Nacido en 1948 en Galera, una pequeña localidad del norte de Granada enclavada en las estribaciones de la Sierra de la Sagra, creció en un paisaje de trigales, ríos escasos y cielos amplios que décadas después poblarían su poesía de valles, hojas caídas y pajarillos entre las ramas.

La vida académica llegó antes que la literaria. En 1972 se licenció en Filología Románica por la Universidad de Granada y ese mismo año comenzó a enseñar Lengua y Literatura en institutos de secundaria: primero en Loja, luego en el Instituto Séneca de Córdoba, finalmente en el Instituto Padre Manjón de Granada, donde se jubiló en 2008 tras treinta y seis años de docencia. Treinta y seis años escuchando cómo la lengua española se rompe y se recompone en la boca de los adolescentes, enseñando a leer a Garcilaso y a Quevedo, explicando qué es un endecasílabo y por qué importa. Pocas formaciones poéticas son tan sólidas como la de quien ha tenido que demostrar, cada mañana y durante décadas, que la métrica clásica no es arqueología sino herramienta viva.

Fruto de esa doble vida —gramático y lector apasionado— es su obra académica: coautor de varios libros de texto para el bachillerato y autor del ambicioso Curso de Lengua Española, que demuestra que su relación con la lengua no es solo afectiva sino científica. Es el rigor del gramático lo que explica la precisión del poeta: en De la Rosa no hay un verso descuidado ni una rima forzada porque la lengua no es para él un material moldeable a voluntad, sino una arquitectura con leyes que deben conocerse antes de transgredirse —o de respetarse con plena consciencia.

Cuando llegó la poesía, llegó tarde en el sentido cronológico y exactamente a tiempo en el sentido literario. Si acaso me leyeras algún día (Dauro, 2016) fue su primer poemario, publicado a los 68 años. No era la obra de un principiante: era la de alguien que había esperado a tener algo que decir con la forma exacta para decirlo. Al año siguiente publicó No quedan ruiseñores junto al río (Ediciones Rilke, 2017), y la Asociación de Editores de Poesía —con jurado formado por profesionales de sellos como Visor, Hiperión, Vitruvio o Rilke— lo distinguió como la Mejor Obra de Poesía de Habla Hispana del año 2017. Un galardón que anteriormente habían recibido poetas como Luis Alberto de Cuenca. La noticia llegó por teléfono a finales de diciembre, y De la Rosa reconoció entonces algo que define su carácter: “Nunca me imaginaba que pudiera conseguir un premio tan importante  muchas veces los escritores nos encontramos en nuestra soledad sin saber exactamente si lo que hacemos conecta con el público. Este reconocimiento es un acicate para seguir adelante”.

La lista de poemarios creció con la misma constancia metódica con que había impartido clases durante décadas: Cantos de amor y naturaleza (Vitruvio, 2019), Palabras de amor, palabras y Crítica a la condición humana (Siglo 21, 2020), Historia de un amor (Vitruvio, 2021) y Camino del Avellano (Colección Veleta al Alba, 2023), una antología personal que incluyó códigos QR para escuchar los poemas recitados, prueba de que la tradición no le impide explorar nuevos canales. A la sombra del sauce (Ediciones Rilke, 2026) es, hasta la fecha, el octavo libro de su trayectoria poética.

Entre poemario y poemario, los reconocimientos se acumularon con discreción. En 2022, el jurado del LXI Certamen Internacional de Poesía “Amantes de Teruel” le concedió por unanimidad el Premio al Mejor Soneto por la composición que hoy abre la primera sección de A la sombra del sauce: “Sois el ejemplo de una entrega ciega, / tanto, que ni la muerte ha sido olvido / ni el olvido fontana que alma anega”. En 2025, su poema “No quisiera morir” llegó a la final del Certamen Internacional “El mejor poema del mundo”, patrocinado por Ediciones Nobel. Dos reconocimientos que confirman lo que la lectura del libro ya revela: que estamos ante un poeta cuya técnica no necesita hacerse perdonar por sus ambiciones temáticas.

Fuera de la página, De la Rosa es también una figura activa en la vida cultural granadina. Coordina la Tertulia Poético-Literaria de ALUMA, espacio de encuentro entre escritores y lectores donde la poesía se discute y se escucha en voz alta, como él cree que debe escucharse. Esa convicción —la de que la poesía es antes que nada sonido, ritmo, cuerpo— explica su defensa pública e inequívoca de la rima, la medida y el ritmo como ingredientes irrenunciables: “No comprendo que haya que renunciar a una serie de ingredientes que siempre han sido propios de la poesía. Para mí los poemas en prosa no son poesía”. Es una posición incómoda en tiempos de verso libre hegemónico, y él la sostiene sin necesidad de polemizar: sus sonetos hablan solos.

A la sombra del sauce llega a las librerías en 2026 como el resultado natural de una trayectoria que combina la paciencia del artesano con la pasión del poeta que sabe que el tiempo no espera. El sauce del título —ese árbol que llora con sus ramas y que ofrece sombra a quien necesita descansar del “ardoroso latido”— es también el símbolo de una manera de entender la poesía: como refugio que no protege de la realidad, sino que la hace habitable. Un lugar donde detenerse a mirar cómo caen las hojas antes de seguir caminando.

 

 

 

LUIS DE LA ROSA FERNÁNDEZ. Escritor, poeta. Compartir en X