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Vejez, identidad y poesía: construcción sociológica del sujeto lírico envejecido en A la sombra del sauce

Pérez-Ayala, Javier. «Artículo académico — vejez, identidad y poesía: construcción sociológica del sujeto lírico envejecido en A la sombra del sauce de luis de la rosa fernández». A LA SOMBRA DEL SAUCE. 1.ª ed. Spain: Zenodo, 1 de marzo de 2026. https://doi.org/10.5281/zenodo.18822799

Vejez, identidad y poesía: construcción sociológica del sujeto lírico envejecido en A la sombra del sauce

Artículo académico para revista de sociología de la literatura y estudios literarios

Luis de la Rosa Fernández, A la sombra del sauce, Ediciones Rilke, Colección Poesía, n.º 74, Madrid, 2026

Resumen

El poemario A la sombra del sauce, de Luis de la Rosa Fernández (Ediciones Rilke, 2026), construye de manera sistemática un yo lírico que se sitúa en el otoño de la vida y que negocia desde esa posición su lugar en el campo poético contemporáneo. Este artículo examina, desde el marco teórico de Pierre Bourdieu, Simone de Beauvoir y los age studies de Margaret Morganroth Gullette, cómo ese yo lírico envejecido elabora una posición de enunciación legítima, qué relación existe entre la elección de formas métricas clásicas y la posición social del autor como catedrático jubilado de Lengua y Literatura Españolas, y en qué medida la vejez poética de De la Rosa dialoga con la de otros poetas tardíos de la tradición española, especialmente Jorge Guillén y José Hierro en su última etapa.

Palabras clave: vejez, age studies, campo literario, Pierre Bourdieu, identidad, poesía española contemporánea, envejecimiento, Luis de la Rosa Fernández.

 

 

 

  1. Introducción

La pregunta por la vejez como posición de enunciación poética es una de las menos formuladas en la crítica literaria hispánica contemporánea. Mientras que los estudios sobre la juventud como condición de la escritura poética tienen una larga tradición —desde los manifiestos de las vanguardias hasta la sociología del campo poético de Bourdieu, que sitúa la novedad y la ruptura como valores dominantes en el campo de producción restringida—, la vejez como condición específica desde la que se escribe y se publica poesía ha recibido una atención crítica notablemente menor.

Esta asimetría no es inocente. Como señala Margaret Morganroth Gullette en Aged by Culture (2004), “los americanos disfrutan de vidas más largas y una mejor salud, y sin embargo nos estamos volviendo cada vez más obsesionados con intentar permanecer jóvenes”, y lo que los hombres y las mujeres de todas las edades tienen en común es que están siendo “envejecidos insidiosamente por la cultura en que viven”. Las narraciones dominantes sobre el envejecimiento, que Gullette denomina “narrativas del declive”, construyen la vejez como pérdida, disminución y obsolescencia. En el campo literario, esas narrativas se articulan de manera específica: el poeta joven es el portador de la novedad; el poeta viejo es el guardián de una tradición que el presente ha superado.

Luis de la Rosa Fernández, nacido en Galera (Granada) en 1948, publica A la sombra del sauce en enero de 2026, a los setenta y siete años. Es su segundo poemario —el primero, No quedan ruiseñores junto al río (2017, 2.ª edición 2018), se publicó cuando tenía sesenta y nueve—. Es catedrático de Lengua y Literatura Españolas jubilado, gramático y crítico literario. Su posición en el campo literario en el momento de la publicación es la de un poeta tardío que no proviene de los circuitos centrales del campo poético español contemporáneo —los grandes premios nacionales, las editoriales del polo de producción masiva, las revistas de poesía de la capital— sino de una trayectoria académica y profesional que le proporciona un capital cultural específico pero una posición periférica en el campo literario.

Este artículo examina cómo ese yo lírico envejecido construye su legitimidad en el campo poético, qué funciones cumple la elección de las formas métricas clásicas en esa construcción, y cómo el diálogo con otros poetas tardíos de la tradición española le permite inscribirse en una genealogía que da autoridad a su posición.

  1. Marco teórico

2.1 Bourdieu y el campo literario: posición, habitus y capital simbólico

El concepto de campo literario de Pierre Bourdieu, desarrollado principalmente en Las reglas del arte (1992; trad. esp., Anagrama, 1995), define el campo como un espacio social de posiciones estructuradas que se constituyen en la tensión entre el polo de la producción restringida —la literatura que se produce para otros productores, que privilegia la autonomía y la novedad— y el polo de la producción masiva —la literatura orientada al mercado y a la demanda del gran público.

En el campo de producción restringida, que es el campo donde la poesía opera principalmente, el capital simbólico se distribuye de manera específica: el valor de una obra se determina por su posición relativa respecto a las obras anteriores, por el grado de ruptura o de renovación que representa respecto a las convenciones establecidas. En ese sistema de valores, la juventud del autor tiende a asociarse con el potencial de ruptura —el joven que viene a subvertir el orden establecido—, mientras que la vejez tiende a asociarse con la consolidación y la defensa de posiciones adquiridas.

Sin embargo, Bourdieu también muestra que el campo literario tiene sus propias narrativas de legitimación para los poetas tardíos: el poeta que continúa escribiendo en la vejez puede reclamar una autoridad basada en la experiencia acumulada, en el conocimiento profundo de las formas y las tradiciones, y en la coherencia de una trayectoria larga. Es la autoridad del maestro en sentido artesanal: no el que rompe las normas sino el que las domina de manera ejemplar.

La investigación sobre envejecimiento y campo de la edad desde la perspectiva de Bourdieu señala que “la edad es postulada aquí en cuanto campo social, pero, asimismo, constituye el capital simbólico en disputa dentro de este campo”. Esta doble condición —la edad como posición en el campo social y como capital simbólico disputado— es relevante para el análisis de la posición de De la Rosa en el campo literario: la vejez no es solo una condición biográfica sino una posición que el poeta debe negociar simbólicamente dentro del campo.

2.2 Simone de Beauvoir y la vejez como experiencia vivida

La obra de Simone de Beauvoir La vejez (1970) introduce una distinción fundamental para el análisis de la vejez como posición de enunciación: la distinción entre la vejez como realidad exterior —la vejez que los demás atribuyen al sujeto desde fuera— y la vejez como realidad interior —la conciencia que el sujeto tiene de sí mismo como ser que envejece. En el plano de la experiencia vivida, señala De Beauvoir, el sujeto que envejece raramente se identifica con la imagen que el mundo devuelve de él: “La vejez es algo que va más allá de mi vida, fuera de ella, algo de lo que no puedo tener experiencia plena”.

Esta tensión entre la vejez como dato exterior y la vejez como experiencia interior es constitutiva del yo lírico de A la sombra del sauce. El poemario registra de manera sistemática la brecha entre el sujeto que siente su vida como plena —”soy hombre que vive, que ama, y hasta sueña”— y el dato objetivo del envejecimiento que el mundo y el cuerpo le devuelven: “Inexorablemente me hago espiga, / fruto maduro que cerviz inclina”. La cerviz que se inclina —la postura física del envejecimiento— contrasta con la vitalidad del que todavía ama y sueña. Esta tensión es la que De Beauvoir identifica como el núcleo de la experiencia subjetiva del envejecimiento.

2.3 Los age studies y la narrativa del declive

Margaret Morganroth Gullette propone en Aged by Culture (2004) que el envejecimiento es en gran medida una construcción cultural: “Gullette revela que el envejecimiento no empieza en nuestros cromosomas, sino en el recorte de empleo en la madurez, la erosión de la antigüedad laboral, las amenazas a la Seguridad Social, o las representaciones mediáticas de los ‘Xers que envejecen'”. Su proyecto teórico es desmantelar la “narrativa del declive” que el sistema cultural dominante impone sobre las personas de mediana edad y mayores, y proponer en su lugar narrativas alternativas que reconozcan la riqueza y la complejidad de la experiencia de envejecer.

En el campo específico de la literatura, los age studies examinan cómo los textos literarios construyen y transmiten ideologías sobre el envejecimiento, reproducen o cuestionan las narrativas del declive, y ofrecen o niegan a los sujetos mayores posiciones de agencia y legitimidad. Un artículo de revisión de Aged by Culture señala que Gullette “demuestra cómo los estereotipos de etapa se conforman y condicionan la actuación de la edad en la vida” y que su proyecto intelectual consiste en “crear un movimiento ‘anti-declive’ que luche contra el desempoderamiento a través de las categorías de clase, género, raza y capacidad”.

La aplicación de los age studies al análisis de A la sombra del sauce permite examinar si el yo lírico envejecido del poemario reproduce la narrativa del declive, la cuestiona, o la negocia de una manera más compleja que implica elementos de las dos posibilidades.

 

  1. El yo lírico envejecido en A la sombra del sauce: posiciones y estrategias

3.1 La presentación del yo lírico como sujeto envejecido

El poemario no introduce el yo lírico envejecido en la primera sección del libro, sino que lo construye gradualmente a lo largo de las cinco secciones. En la primera sección, la voz poética es la del amante: el yo lírico habla del amor, del deseo, de la entrega y del abandono. No hay en esa sección marcas explícitas de la edad. En la segunda sección, el yo lírico es el contemplador de la naturaleza: tampoco hay aquí una construcción explícita de la vejez, aunque la intensidad del deseo de refugio en el espacio natural puede leerse retrospectivamente como signo de una necesidad que la edad hace más urgente.

Es en la tercera sección, la del tiempo, donde el yo lírico envejecido emerge de manera explícita y sistemática. El primer poema de esa sección, “Como el trigal” (nº 24), es también la primera aparición del yo lírico en posición de sujeto que contempla su propia proximidad a la muerte:

“Como espera el trigal al segador
que lleva entre sus manos la guadaña,
así estoy, temeroso,
viendo pasar el tiempo que me arrastra.”

El “así estoy, temeroso” es la primera persona del singular en posición de vulnerabilidad: un yo que no habla desde la autoridad del conocimiento o del amor sino desde el miedo ante lo que viene. Este desplazamiento de la posición de enunciación —del amante al ser que teme su fin— es el movimiento que abre la sección central del poemario y que establece la vejez como condición desde la que el yo lírico habla.

3.2 La metáfora del fruto maduro como narrativa anti-declive

La metáfora más elaborada del yo lírico envejecido en el poemario es la del “fruto maduro”. Aparece en dos poemas clave: “Sazonado y maduro” (nº 30) y “Poeta de la tarde” (nº 34). En ambos casos, la metáfora convoca la tradición del tempus fugit —el fruto que madura para caer— pero la somete a una inversión semántica significativa: la madurez no es solo declive sino cumplimiento.

En “Sazonado y maduro”, el yo lírico propone explícitamente que la vejez es el resultado de una acumulación temporal necesaria: “Para que fuera fruto sazonado y maduro / que pudiera caerse al receptivo suelo, / tuvo que transitar, cual río remansado / en verdosa llanura, impertérrito, el tiempo”. El fruto “sazonado y maduro” no se lamenta de su madurez; es lo que tiene que ser después de todo el proceso de crecimiento. Esta narrativa de la madurez como cumplimiento se opone de manera directa a la narrativa del declive que los age studies identifican como dominante en la cultura contemporánea.

En “Poeta de la tarde” (nº 34), la misma metáfora se articula con mayor tensión. El adverbio “inexorablemente” que abre el poema reconoce la dimensión inevitable del proceso: “Inexorablemente me hago espiga, / fruto maduro que cerviz inclina, / rosa que, deshojada, extiende pétalos / sobre la tierra en que el final germina”. El “me hago” no es pasivo: es una acción reflexiva que implica una participación del sujeto en su propio proceso de maduración. El yo lírico no “se hace viejo” —fórmula de la narrativa del declive— sino que “se hace espiga”, que es madurez productiva. La diferencia semántica es significativa desde la perspectiva de los age studies: el mismo proceso biológico puede narrarse de maneras radicalmente diferentes, y la elección de la narración tiene consecuencias éticas y psicológicas reales.

Sin embargo, el poema no es complaciente con la narrativa de la madurez-como-cumplimiento. La imagen de la rosa que “extiende pétalos sobre la tierra en que el final germina” reconoce que la madurez contiene la semilla del fin, que el “final germina” en el mismo suelo en que el fruto maduro cae. Y el verso siguiente —”pero a pesar de todo soy poeta / que en conmover el corazón se obstina”— introduce el “a pesar de todo” que reconoce la dificultad de la posición: obstinarse en ser poeta que conmueve corazones no es lo que el mundo le pide a un poeta de setenta y siete años.

3.3 La afirmación de la plenitud vital: “No quisiera morir”

El poema más relevante para la construcción de la vejez como posición de enunciación legítima es “No quisiera morir” (nº 29). El cierre del poema formula la afirmación identitaria más directa del poemario: “No quisiera morir como muere cualquiera / pues soy hombre que vive, que ama, y hasta sueña”.

Desde la perspectiva de los age studies, este cierre es una respuesta directa a la narrativa del declive: el yo lírico no acepta morir “como muere cualquiera”, es decir, no acepta la reducción de su vejez a una categoría estadística de deterioro y extinción. La triada verbal —”vive”, “ama”, “sueña”— en tiempo presente reivindica la continuidad de las capacidades vitales que la cultura del envejecimiento tiende a atribuir solo a los jóvenes. Y el adverbio “hasta” antes de “sueña” —que la monografía anterior sobre los tópicos clásicos ya analizó en detalle— coloca el sueño como la capacidad más valiosa y más improbable de las tres: este hombre no solo vive y ama sino que todavía sueña.

Gullette señala que “tanto los hombres como las mujeres de todas las edades tienen en común que están siendo envejecidos insidiosamente por la cultura en que viven”, y propone como respuesta un cambio en “nuestras actitudes, nuestro relato de la vida y nuestra sociedad”. El poema de De la Rosa realiza exactamente ese cambio en el relato de la vida: en lugar de narrar la vejez como aproximación a la nada, la narra como la posición desde la que un hombre que vive, que ama y que sueña reclama su derecho a no morir como si fuera cualquiera.

 

  1. Las formas métricas clásicas como capital simbólico en el campo literario

4.1 El capital cultural del catedrático jubilado en el campo poético

Pierre Bourdieu distingue entre el capital cultural incorporado (los saberes interiorizados a través de la formación), el capital cultural objetivado (los bienes culturales poseídos) y el capital cultural institucionalizado (los títulos académicos que certifican la posición cultural del individuo). Luis de la Rosa Fernández posee un capital cultural institucionalizado excepcional en el campo específico de la poesía métrica: es doctor, catedrático de Lengua y Literatura Españolas, gramático y crítico literario. Conoce la métrica española no solo por práctica poética sino por formación académica sistemática.

La editora del libro lo formula explícitamente: “¿Puede un hombre que durante décadas ha enseñado gramática española y ha corregido la ortografía de generaciones de estudiantes escribir poesía sin que esa competencia técnica se imponga a la emoción?”. La pregunta implícita que el prólogo se hace es si el capital cultural técnico del filólogo puede ser compatible con la autenticidad emocional que el campo poético exige. La respuesta que el libro propone —y que el análisis métrico de los sonetos confirma con el dato del 97,6% de cumplimiento del patrón rítmico— es que la competencia técnica puede ser compatible con la emoción cuando se ha interiorizado de tal manera que ya no es un obstáculo sino un instrumento.

Esta compatibilidad entre la formación técnica y la expresión emocional no se da de manera espontánea: requiere una larga elaboración que es precisamente la que la vejez —entendida como acumulación de experiencia y de práctica— puede proporcionar. El “fruto sazonado y maduro” del poema es también el fruto de un poeta que ha tardado décadas en alcanzar la madurez técnica y emocional que le permite escribir los sonetos de A la sombra del sauce con el nivel de corrección formal que el análisis demuestra.

4.2 La elección de las formas clásicas como posicionamiento en el campo

En el campo poético español de 2026, la elección de las formas métricas clásicas —el soneto, la silva asonantada, la tirada de endecasílabos— es una toma de posición que no puede ser neutral. En un campo donde el verso libre y el prosaísmo de la experiencia cotidiana dominan la producción poética reconocida por las instituciones centrales del campo —los grandes premios, las editoriales hegemónicas, las antologías canonizadoras—, la elección de las formas clásicas implica un posicionamiento en la zona de menor visibilidad del campo de producción restringida, pero también una reivindicación de valores que el campo dominante marginaliza.

Bourdieu señala que en el campo literario “la consagración de los valores dominantes” tiende a producir la devaluación de los valores alternativos, pero que estos últimos pueden constituir una posición legítima si encuentran el círculo de reconocimiento adecuado. El “círculo de reconocimiento” al que la poética de De la Rosa apela no es el de los circuitos centrales del campo poético español contemporáneo sino el del lector culto de cultura media, capaz de apreciar la calidad de la versificación clásica sin sentirla como anacrónica. La editora lo formula con precisión: “un lenguaje culto pero asequible para cualquier lector de cultura media”.

Esta elección de círculo de reconocimiento tiene una lógica social que puede analizarse desde la perspectiva de Bourdieu: el poeta que ha pasado su vida como catedrático de Literatura conoce perfectamente a ese lector de cultura media, ha pasado décadas formándolo. La poesía de De la Rosa está escrita para un lector que, en el sistema de Bourdieu, ocupa la posición del gran público culto, no la de los poetas que leen a otros poetas en el polo de producción restringida. Esta elección de destinatario no es una concesión a lo fácil sino una coherencia con la posición social del autor.

4.3 La forma clásica como autoridad gerontológica

Hay una dimensión adicional en la relación entre la vejez del autor y la elección de formas clásicas que ni Bourdieu ni los age studies capturan plenamente, pero que el análisis del poemario hace visible. Las formas clásicas —el soneto petrarquista, la silva renacentista, el endecasílabo horaciano— son formas que tienen siglos de historia y que han sido practicadas por una larga genealogía de poetas a los que De la Rosa se adscribe explícitamente. Al escribir en sonetos, el poeta de setenta y siete años no está escribiendo como si fuera joven y quisiera demostrar que puede dominar las formas difíciles: está escribiendo como alguien que ha llegado a la edad en que esas formas le pertenecen con plena naturalidad, en que la dificultad ha sido superada y lo que queda es el placer de la maestría.

La investigación sobre el “estilo de vejez” de Jorge Guillén en su última etapa señala que en la sección “De Senectute” del libro Final, el poeta “trata el tema de la vejez y, subliminalmente, el de la muerte, pero para destacar el valor del esfuerzo”. En esa sección, los poemas de Guillén tienen una sencillez que no es empobrecimiento sino destilación: el poeta en la vejez escribe menos palabras con mayor precisión. En A la sombra del sauce se puede observar un movimiento análogo: los poemas más breves del libro —”Como el trigal”, con sus cuatro versos, o los haikús implícitos en algunos cierres de soneto— son los que expresan con mayor economía las verdades más difíciles.

  1. La vejez poética en diálogo con la tradición: Guillén, Hierro y la genealogía de los poetas tardíos

5.1 Jorge Guillén y el “estilo de vejez”

La obra tardía de Jorge Guillén (1893-1984), especialmente los libros Homenaje (1967), Y otros poemas (1973) y Final (1981), constituye uno de los ejemplos más elaborados de la vejez como posición de enunciación poética en la literatura española del siglo XX. A los ochenta y ocho años, cuando publicó Final, Guillén seguía escribiendo poemas de altísima calidad técnica que incorporaban la reflexión sobre la propia vejez como materia poética central.

La investigación sobre Final de Guillén señala que “el ‘estilo de vejez’ de que se ha hablado” es un rasgo específico de esta última etapa, y que en la sección “De Senectute” el poeta aborda la vejez “para destacar el valor del esfuerzo”. En los poemas de esa sección, la vejez aparece como una prueba que el yo lírico supera no mediante la negación sino mediante la afirmación de la continuidad vital: “No se ve ni se siente viejo el viejo / cuando prorrumpe de su ser un ímpetu / que dispara sus labios y sus brazos. / Prosigue el yo de vida ahora joven / no el de aquel mozo desaparecido”.

La diferencia entre este yo lírico guilleneano y el de De la Rosa es reveladora. Guillén construye la vejez como la persistencia del impulso vital por encima del cuerpo envejecido: el “yo de vida ahora joven” es la continuidad de la energía vital en el sujeto que biológicamente ha envejecido. De la Rosa construye la vejez de manera diferente: no como continuidad del impulso juvenil sino como transformación cualitativa —la madurez del fruto, la espiga que “cerviz inclina”— que tiene su propio valor específico. El yo lírico de De la Rosa no aspira a sentirse “joven” en la vejez; aspira a ser reconocido como plenamente valioso en cuanto sujeto que ha madurado.

Esta diferencia puede articularse en los términos de los age studies de Gullette: la posición guilleneana tiende a resistir la narrativa del declive mediante la negación de la vejez (“no se siente viejo el viejo cuando prorrumpe un ímpetu”), mientras que la de De la Rosa la resiste mediante la propuesta de una narrativa alternativa del envejecimiento como cumplimiento. Ambas estrategias cuestionan la narrativa del declive, pero lo hacen desde posiciones filosóficas diferentes.

5.2 José Hierro en su última etapa: el Cuaderno de Nueva York y la vejez elegíaca

José Hierro (1922-2002) publicó Cuaderno de Nueva York en 1998, a los setenta y seis años, veinte años después de su poemario anterior. La larga pausa en la producción poética de Hierro, seguida de este libro que fue recibido como uno de los grandes eventos del campo poético español del final del siglo XX, es en sí misma un dato sociológico relevante para el análisis de la vejez como posición en el campo literario: un poeta puede desaparecer durante décadas y reaparecer con autoridad aumentada si la calidad de lo que publica justifica esa autoridad.

El perfil biográfico de Hierro traza el de “un hombre enamorado de la pintura y del mar, del vino y los amigos, genio del lenguaje y escritor de café”, lo que sitúa su posición en el campo literario en las antípodas de la del catedrático jubilado que escribe de forma sistemática en el espacio doméstico. Sin embargo, hay conexiones entre la vejez poética de Hierro y la de De la Rosa que el análisis de los epígrafes del poemario hace visibles: uno de los epígrafes del libro cita versos de Hierro — “Buscas, detrás de las nubes, / huellas que se llevó el viento” —, y la elección de ese epígrafe es una declaración de linaje: el yo lírico de De la Rosa se inscribe en la genealogía del yo lírico de Hierro.

La investigación sobre Hierro señala que en su poesía “el poeta va dinamitando las fronteras que circunscriben su yo interior, y el tiempo, el espacio, y aun la propia identidad del poeta se habrán de derretir”. Esta disolución de los límites del yo en la poesía de Hierro contrasta con la afirmación firme del yo en la poesía de De la Rosa: “soy hombre que vive, que ama, y hasta sueña”. Donde Hierro disuelve las fronteras del yo, De la Rosa las reafirma. La vejez como posición de enunciación adopta en los dos poetas estrategias opuestas: la disolución y la afirmación.

La investigación sobre “gerontología poética” en la poesía española e hispanoamericana señala que en los poetas de la segunda mitad del siglo XX que tratan la vejez como tema “predomina un tono elegíaco, un cantar lo ya perdido”, pero que los mejores ejemplos —como Estos penúltimos días de Guillén— “abordan las vivencias de quien sobrelleva mejor la vejez y la indagación en los enigmas de la vida evocando el pasado y nutriéndose de la mirada del niño que fue en época ya lejana”. A la sombra del sauce comparte con ese modelo la mirada hacia el pasado y la recuperación de la imagen de infancia, especialmente en los poemas “Como un niño” (nº 35) y “¿Por qué?” (nº 36), pero añade a la elegía retrospectiva la afirmación del presente vital que la fórmula “soy hombre que vive, que ama, y hasta sueña” condensa.

  1. La negociación con el campo literario: la posición del poeta tardío

6.1 La publicación tardía y la legitimidad diferida

Luis de la Rosa Fernández publica su primer poemario a los sesenta y nueve años y el segundo a los setenta y siete. Esta “publicación tardía” es, en los términos del campo literario de Bourdieu, una posición específica que no carece de precedentes en la tradición española —Hierro con el Cuaderno de Nueva York, Guillén con Final— pero que sitúa al poeta fuera de los circuitos habituales de consagración del campo, que tienden a privilegiar las trayectorias largas y la acumulación progresiva de reconocimiento.

Sin embargo, la publicación tardía tiene una lógica interna que los age studies permiten articular: la vejez como condición de posibilidad de ciertos tipos de escritura. La reflexión sobre el tiempo, la muerte, la memoria y el cuidado del enfermo que constituye el núcleo temático de A la sombra del sauce solo puede escribirse con la autoridad experiencial que la vida larga proporciona. El yo lírico no puede decir con plena convicción “soy hombre que vive, que ama, y hasta sueña” a los treinta años: esa afirmación gana su fuerza de la posición específica de quien la formula desde los setenta y siete.

La editora del libro señala la conexión entre la trayectoria vital del autor y la materia del libro: “La vida de Luis de la Rosa Fernández ha tenido la complejidad del ser humano que conoce la poesía desde dentro, que la ha enseñado, criticado, amado y finalmente creado”. Esta formulación bourdieusiana —conocer la poesía “desde dentro” como condición de su creación— implica que la publicación tardía no es un retraso sino una consecuencia necesaria del proceso de interiorización del capital cultural.

6.2 La estrategia de los epígrafes como declaración de posición

La selección de los poetas cuyos versos encabezan los poemas del libro es una operación de posicionamiento en el campo literario que Bourdieu denominaría “declaración de linaje”. Los epígrafes de A la sombra del sauce citan a Luis García Montero, Ángel González, José Hierro, Blas de Otero y J. María Valverde: una nómina que combina la poesía social de los años cincuenta (Otero, González, Hierro), la poesía religiosa y humanista (Valverde) y la poesía de la experiencia de los años ochenta y noventa (García Montero).

Esta selección de linaje tiene una lógica sociológica precisa. Todos los poetas citados son varones de generaciones anteriores a la del autor —excepto García Montero, diez años menor que De la Rosa— y todos han construido posiciones de autoridad en el campo literario español. Al citar sus versos, el yo lírico de De la Rosa no se limita a expresar una admiración: se inscribe en una genealogía que le proporciona una legitimidad que la trayectoria individual no le puede dar. Es la estrategia del poeta tardío que compensa la relativa marginalidad de su posición en el campo contemporáneo con la solidez de su adscripción a una tradición reconocida.

6.3 El rechazo implícito de la novedad como valor

Uno de los aspectos más significativos de la posición de De la Rosa en el campo literario es su rechazo implícito —nunca formulado de manera polémicla en el poemario, pero presente en su estructura formal— de la novedad como valor supremo del campo de producción restringida. El poemario no propone nuevas formas poéticas: propone nuevas maneras de habitar formas antiguas. No aspira a la ruptura sino a la maestría. No busca sorprender con una dicción inusitada sino con la precisión de decir lo conocido de una manera más exacta.

Esta posición estética tiene una correspondencia directa con la posición de enunciación del sujeto envejecido. Como señalan los age studies, las culturas que privilegian la juventud también privilegian la novedad, el cambio y la ruptura. La vejez, en esa lógica, se asocia con la repetición, la conservación y la resistencia al cambio. De la Rosa acepta ese vínculo —sí, escribe en formas antiguas; sí, sus temas son los temas de la tradición— pero lo resignifica: la repetición no es empobrecimiento sino profundización; la conservación no es inercia sino dominio. Es la posición del maestro artesano que Bourdieu describe en los campos de producción cultural donde el valor reside en la calidad de la ejecución, no en la originalidad del concepto.

  1. El poema final como resolución de la tensión entre vejez y compromiso

7.1 “¡Despiértate, alma mía!”: la vejez como trampa y como responsabilidad

El poema de cierre del libro, “¡Despiértate, alma mía!” (nº 41), introduce una inflexión significativa en la construcción del yo lírico envejecido. Los cuarenta poemas anteriores han construido un yo lírico que negocia la vejez desde la contemplación, el amor, el refugio en la naturaleza y la meditación sobre el tiempo y los ausentes. El poema final rompe con esa contemplación y exige al yo lírico que salga de ella.

El yo lírico se dirige a su propia alma dormida en el “limbo de amapolas y trigales” —el refugio natural que la segunda sección ha construido como espacio de recuperación— y le dice: “Estás adormecida sobre lanzas / y de la tierra bárbaras heridas. / El desquiciado mundo que hemos hecho / más que nunca, que nunca, / a ti te necesita”. La vejez del yo lírico no le exime de la responsabilidad ética ante el mundo: por el contrario, le exige que la asuma con urgencia, precisamente porque la vejez es también proximidad al fin, y quien está próximo al fin tiene menos tiempo y más razones para actuar.

Desde la perspectiva de los age studies, este final del libro es una respuesta a la narrativa del declive que va más allá de la afirmación individual de la plenitud vital. La afirmación de “No quisiera morir” —”soy hombre que vive, que ama, y hasta sueña”— es una respuesta en el plano personal; “¡Despiértate, alma mía!” es una respuesta en el plano colectivo. El yo lírico envejecido no solo reclama su plenitud individual sino que reclama su lugar en la acción histórica colectiva: el mundo “necesita” su presencia activa, y la vejez no es excusa para la evasión.

7.2 La imagen del poeta que se obstina como figura de la vejez activa

El poeta que “en conmover el corazón se obstina” —verso de “Poeta de la tarde” (nº 34)— y el alma que debe “despertarse” ante el “desquiciado mundo” son dos versiones complementarias de la misma figura: el sujeto envejecido que no acepta la posición pasiva que la cultura del declive le asigna. La “obstinación” del poeta en “Poeta de la tarde” y el imperativo del despertar en “¡Despiértate, alma mía!” comparten la misma estructura de resistencia: el yo lírico mayor que se niega a la marginación que su edad le podría justificar.

Gullette propone como objetivo de los age studies “crear un movimiento anti-declive que luche contra el desempoderamiento a través de las categorías de clase, género, raza y capacidad”. El poemario de De la Rosa no es un texto político de reivindicación gerontológica, pero realiza literariamente algo análogo: construye un sujeto envejecido que no declina sino que madura, que no se retira sino que se obstina, y que al final del libro llama a su propia alma a despertar ante las responsabilidades que el mundo le exige.

 

  1. Conclusiones

El análisis de A la sombra del sauce desde los marcos teóricos de Bourdieu, De Beauvoir y los age studies de Gullette permite formular las siguientes conclusiones.

En primer lugar, el poemario construye el yo lírico envejecido como posición de enunciación legítima mediante una serie de estrategias textuales que cuestionan la narrativa del declive sin negarla: la metáfora del fruto sazonado que convierte la madurez en cumplimiento, la afirmación de la plenitud vital en “No quisiera morir”, y la exigencia de la responsabilidad ética en el poema final. Estas estrategias no son solo retóricas sino que tienen una coherencia filosófica que las sitúa en el marco de los age studies aunque el autor no haya tenido acceso a ese vocabulario.

En segundo lugar, la elección de las formas métricas clásicas es una decisión de posicionamiento en el campo literario que corresponde a la posición social del autor como catedrático jubilado con un capital cultural técnico excepcional en el dominio de la versificación española. La forma clásica no es en este contexto una postura nostálgica sino la expresión de un habitus literario que ha interiorizado la tradición de manera tan profunda que puede practicarla con la naturalidad que la vejez otorga al dominio acumulado.

En tercer lugar, el diálogo de De la Rosa con Guillén y Hierro en sus últimas etapas muestra que la vejez poética tiene una historia en la tradición española que el poemario continúa con plena conciencia. La diferencia específica de De la Rosa respecto a esos precedentes es la afirmación sin ironía ni disolución del yo de una plenitud vital que la vejez no cancela sino que transforma en madurez específica.

En cuarto lugar, el artículo introduce la perspectiva de los age studies en el análisis de la poesía métrica española contemporánea, campo en el que esa perspectiva apenas ha sido aplicada. Esta introducción no agota el campo de investigación sino que lo abre: los poetas tardíos de la tradición española —Guillén, Hierro, y los que vendrán— merecen un análisis sistemático desde los age studies que complemente y amplíe los análisis filológicos y biográficos que han recibido hasta ahora.

 

 

Bibliografía

Bourdieu, Pierre. Las reglas del arte: génesis y estructura del campo literario. Traducción de Thomas Kauf. Barcelona: Anagrama, 1995.

De Beauvoir, Simone. La vejez. Traducción de Aurora Bernárdez. Buenos Aires: Sudamericana, 1970.

De la Rosa Fernández, Luis. A la sombra del sauce. Madrid: Ediciones Rilke, 2026.

De la Rosa Fernández, Luis. No quedan ruiseñores junto al río. Madrid: Ediciones Rilke, 2017 (2.ª edición, 2018).

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