de Claudia Soneira, Ángela. «Monografía académica — el alzheimer como materia poética: ética del cuidado, disability studies y lenguaje de la ternura en el soneto de luis de la rosa fernández». A LA SOMBRA DEL SAUCE. 1.ª ed. Spain: Zenodo, 1 de marzo de 2026. https://doi.org/10.5281/zenodo.18823338
El Alzheimer como materia poética: ética del cuidado y lenguaje en A la sombra del sauce y en la poesía española reciente
Monografía académica
Luis de la Rosa Fernández, A la sombra del sauce, Ediciones Rilke, Colección Poesía, n.º 74, Madrid, 2026
Resumen
El soneto “Alzhéimer” (poema 40 de A la sombra del sauce, de Luis de la Rosa Fernández, Ediciones Rilke, 2026) constituye un caso excepcional en la poesía española contemporánea: el tratamiento de la enfermedad neurodegenerativa desde la perspectiva del cuidador, con un lenguaje de la ternura que elude el patetismo sin renunciar a la emoción. La presente monografía examina las estrategias léxicas y metafóricas mediante las que el poema nombra la pérdida cognitiva, lo sitúa en el contexto de la literatura del cuidado en el ámbito hispanohablante y anglosajón, y analiza la función específica que la forma del soneto clásico cumple en la contención emocional que el tema exige. La monografía conecta la poesía métrica clásica española con los disability studies y la bioética literaria, campo escasamente desarrollado en la crítica hispánica.
Palabras clave: Alzheimer, ética del cuidado, poesía española contemporánea, soneto clásico, disability studies, bioética literaria, Luis de la Rosa Fernández.
- Introducción
La enfermedad de Alzheimer ha generado en las últimas décadas un corpus literario significativo en el ámbito hispánico. El CRE de Alzheimer del IMSERSO de Salamanca ha documentado una extensa recopilación de novelas, cuentos, biografías, poemas y ensayos en los que la enfermedad “es la protagonista principal o tiene una participación en el argumento”. Sin embargo, la mayor parte de ese corpus pertenece al género narrativo, y la presencia del Alzheimer en la poesía española contemporánea es notablemente escasa y, cuando existe, tiende a articularse desde la perspectiva de quien contempla el deterioro del familiar enfermo con una mezcla de dolor, incomprensión y duelo anticipado.
Entre los pocos precedentes significativos en la poesía española se encuentra Antonio Gamoneda, cuyo poemario Arden las pérdidas (2003) aborda la conciencia del deterioro cognitivo propio desde dentro. Juana Castro, en Los cuerpos oscuros, parte de su experiencia como cuidadora de sus padres enfermos de Alzheimer: en una entrevista citada en la investigación de la Universidad de Valladolid, la propia poeta afirma que ese libro es “el primer libro español de poesía sobre el alzhéimer, que parte de mi experiencia de cuidadora con mi madre y mi padre”. Estas coordenadas sitúan el contexto en el que el soneto “Alzhéimer” de Luis de la Rosa Fernández ocupa un lugar específico.
Lo que distingue al poema de De la Rosa de los precedentes mencionados no es solo el tratamiento formal —el soneto clásico como contenedor de una materia que otros poetas han abordado en verso libre— sino la posición ética que adopta: no es un poema sobre la experiencia del deterioro propio (como Gamoneda), ni un testimonio del duelo del cuidador (como Castro en su registro más doloroso), sino un texto de orientación ética, una enseñanza sobre cómo debe tratarse al enfermo, formulada con la economía y la autoridad que la forma del soneto proporciona. El poema no describe el Alzheimer: le dice al cuidador cómo comportarse ante él.
La monografía se organiza en torno a las tres preguntas de investigación que articulan el análisis: qué estrategias léxicas y metafóricas emplea el poema para nombrar la pérdida cognitiva sin reducirla a la tragedia; cómo se posiciona este poema respecto a la literatura del cuidado en los contextos hispanohablante y anglosajón; y qué aporta la forma del soneto clásico a la contención emocional que el tema requiere.
- El soneto “Alzhéimer”: texto completo y primera lectura
Antes de proceder al análisis, es necesario reproducir el poema en su integridad para que el lector tenga presente la totalidad del texto sobre el que se trabaja:
“¡Qué vacío en la mente llena de huidas
sin narcisos ni rosas delicadas,
donde quedan siluetas olvidadas
y ausencia en la memoria de sus vidas!
A una grisácea nube sucumbidas
remembranzas cayeron ahí quebradas
víctimas del olvido y silenciadas,
por cruel enfermedad languidecidas.
No reproches, amor más se merece,
que las caricias sean terciopelo
para piel arrugada que te ofrece.
Tu compañía sea su consuelo,
tu entrega, el blanco día que amanece,
tu abnegación, laurel por fiel desvelo.”
Una primera lectura revela la arquitectura argumental del poema: los dos cuartetos describen el estado del enfermo desde el exterior, con un vocabulario dominado por la ausencia, el vacío y la destrucción; los dos tercetos formulan una serie de imperativos éticos dirigidos al cuidador, con un vocabulario de la ternura, la presencia y el reconocimiento. Esta división bipartita entre descripción y prescripción es uno de los usos más clásicos del soneto como forma del pensamiento poético, y su análisis ocupará una sección específica de esta monografía.
El poema se sitúa en la cuarta sección del libro, consagrada a la memoria. El epígrafe de la sección —”Aunque vivas el presente proyectado en el futuro, ¿qué serías sin los recuerdos?”— adquiere aquí una resonancia particular: el enfermo de Alzheimer es precisamente quien ha perdido la posibilidad de responder a esa pregunta, porque sus recuerdos se han disuelto. La posición del poema en la sección de la memoria convierte el Alzheimer en el caso extremo del ubi sunt: no los ausentes que se recuerdan, sino el sujeto que ya no puede recordar.
- Marco teórico: ética del cuidado, bioética literaria y disability studies
3.1 La ética del cuidado de Nel Noddings
La ética del cuidado tal como la formuló Nel Noddings en Caring: A Feminine Approach to Ethics and Moral Education (1984) parte de la premisa de que el cuidado es básico en la vida humana y que todos los seres humanos desean ser cuidados. La relación fundamental de cuidado es, para Noddings, una relación asimétrica entre el “one-caring” (el que cuida) y el “cared-for” (el que recibe el cuidado), en la que el primero realiza un “desplazamiento de motivación” que le permite estar plenamente presente ante las necesidades del segundo.
La posición ética que Noddings defiende no es la de un altruismo abstracto ni la de un principio racional (que es, en su terminología, “el enfoque del padre, del distanciado”), sino la de una receptividad, relacionalidad y responsividad que ella denomina “perspectiva femenina en sentido clásico profundo”. No pretende con ello que el cuidado sea exclusivo de las mujeres, sino que su estructura moral es diferente a la de los sistemas éticos basados en principios universales: se fundamenta en la relación concreta con una persona concreta, en la capacidad de estar presente ante su sufrimiento sin reducirlo a una categoría abstracta.
Esta ética del cuidado tiene una relevancia directa para el análisis del soneto “Alzhéimer” de De la Rosa. Los dos tercetos del poema formulan precisamente la estructura de la relación de cuidado en términos de Noddings: el cuidador debe estar presente (“tu compañía sea su consuelo”), debe entregarse (“tu entrega, el blanco día que amanece”) y debe mostrar abnegación (“tu abnegación, laurel por fiel desvelo”). Estas tres exigencias corresponden de manera notable a los tres rasgos de la relación de cuidado de Noddings: la presencia, el desplazamiento de motivación y la receptividad ante las necesidades del cuidado.
3.2 Bioética literaria y el Alzheimer en los textos literarios
La bioética literaria es un campo interdisciplinar que examina la forma en que la literatura tematiza los dilemas y las situaciones que la bioética estudia desde la perspectiva filosófica y médica. Los textos literarios sobre el Alzheimer son, desde esta perspectiva, documentos de reflexión moral sobre preguntas que la medicina no puede responder sola: ¿qué queda de la identidad de una persona cuando la memoria se pierde? ¿Cuál es el deber del cuidador ante un enfermo que ya no reconoce al que cuida? ¿Cómo se cuida a alguien sin reducir su dignidad a la suma de sus deterioros?
La investigación sobre la representación del Alzheimer en álbumes ilustrados, publicada en la revista Ocnos, señala que la mayoría de los textos literarios sobre esta enfermedad adoptan estrategias de eufemismo o evitación: “algo más de la mitad de los álbumes que componen el corpus no utilizan nunca la palabra Alzheimer ni en el texto ni en los paratextos”. El soneto de De la Rosa hace lo contrario: el término “Alzhéimer” aparece en el título del poema, expuesto sin eufemismo, como declaración de que el poema va a tratar de esa enfermedad de manera directa. Sin embargo, el texto del poema no emplea jamás el término de la enfermedad en su cuerpo: la nombra en el título y luego la rodea de metáforas que permiten hablar de ella desde una distancia que no es evasión sino elaboración poética.
3.3 Los disability studies y la representación de la enfermedad
Los disability studies son un campo académico que examina las representaciones culturales de la discapacidad y la enfermedad, cuestionando los modelos médicos que reducen al enfermo a la suma de sus patologías y proponiendo modelos sociales y relacionales que reconocen la agencia y la dignidad del sujeto discapacitado. En el ámbito de la poesía, los disability studies se han ocupado principalmente de la poesía escrita por personas con discapacidad; más escaso es el análisis de poemas escritos sobre la experiencia de la discapacidad desde la perspectiva del cuidador.
En el caso específico del Alzheimer, los disability studies plantean una pregunta filosófica fundamental: ¿qué forma de agencia persiste en el sujeto cuando la memoria y la identidad narrativa se han disuelto? Una de las respuestas más desarrolladas en este campo es la de que la persona con demencia avanzada sigue siendo receptiva a las experiencias sensoriales —el tacto, el calor, la presencia— incluso cuando ha perdido la capacidad de nombrarlas o de integrarlas en una narración coherente de sí misma. El soneto de De la Rosa articula poéticamente esta respuesta: las caricias, la compañía, la entrega y la abnegación que los tercetos del poema exigen al cuidador son precisamente las formas de presencia que el enfermo puede recibir aunque ya no pueda responder con palabras.
- Análisis del poema: estrategias léxicas y metafóricas
4.1 Los cuartetos: el léxico de la ausencia
Los dos cuartetos del soneto construyen la imagen de la mente enferma a través de un vocabulario organizado en torno a dos campos semánticos: el campo del vacío y la ausencia, y el campo de la destrucción y el declive.
El campo del vacío y la ausencia comprende términos como “vacío”, “huidas”, “sin narcisos ni rosas delicadas”, “siluetas olvidadas”, “ausencia en la memoria”. El primer verso —”¡Qué vacío en la mente llena de huidas”— contiene una contradicción semántica que es el núcleo del drama del Alzheimer: la mente está “llena” de algo, pero ese algo son “huidas”, es decir, la presencia de la ausencia. La mente enferma no está simplemente vacía, sino habitada por el rastro de lo que se ha ido, por la huella de los recuerdos que huyen.
La imagen de los “narcisos” y las “rosas delicadas” como elementos ausentes introduce la dimensión de la belleza en el espacio cognitivo devastado. No son recuerdos genéricos lo que se ha perdido, sino recuerdos de belleza específica, recuerdos sensoriales y emocionales de flores que probablemente refieren a experiencias concretas de la vida del enfermo. La ausencia de esas flores en la “mente llena de huidas” hace del Alzheimer no solo una pérdida de información sino una pérdida de la capacidad de belleza.
El campo de la destrucción y el declive comprende términos como “sucumbidas”, “cayeron”, “quebradas”, “víctimas”, “silenciadas”, “languidecidas”, “cruel enfermedad”. La progresión de verbos y adjetivos en los dos cuartetos sigue una lógica de deterioro acumulativo: las “remembranzas” (término culto para “recuerdos”, que introduce un matiz de solemnidad en el léxico del poema) han “sucumbido” a una “grisácea nube”, han “caído quebradas”, han sido “silenciadas” y “languidecidas”. Esta secuencia verbal describe el proceso de la enfermedad como una derrota sucesiva de la memoria ante una fuerza superior.
La “grisácea nube” a la que sucumben las remembranzas es una metáfora de notable eficacia para referirse al Alzheimer sin nombrarlo: el gris es el color de la indistinción, de lo que no tiene forma precisa, de lo que borra los contornos. La nube que borra los recuerdos no es una tormenta violenta sino una niebla que va cubriendo lentamente los perfiles de la memoria hasta hacerlos irreconocibles. Esta imagen evita la espectacularidad del patetismo —el Alzheimer como catástrofe dramática— y propone en cambio la metáfora del velamiento progresivo, que es más fiel a la experiencia clínica y fenomenológica de la enfermedad.
4.2 El verso “¡Qué vacío en la mente llena de huidas!”: la paradoja como estrategia poética
La paradoja del primer verso —una mente que está “llena” de “huidas”, es decir, llena de vacíos— merece un análisis específico. La paradoja es una figura retórica que une términos aparentemente contradictorios para expresar una verdad más compleja que la que permite cualquiera de los dos términos por separado. En el caso del Alzheimer, la paradoja es fenomenológicamente precisa: el enfermo no experimenta la vacuidad de la nada, sino la presencia inquietante de fragmentos que no se articulan, de impulsos que no encuentran su objeto, de emociones que sobreviven sin la narrativa que las justificaba. La mente está, en efecto, “llena de huidas”.
Esta formulación paradójica establece desde el primer verso una postura ante el Alzheimer que rechaza la simplificación de la “mente vacía” con que la enfermedad suele describirse en el discurso médico y popular. La formulación de De la Rosa respeta la complejidad de la experiencia interna del enfermo incluso desde la perspectiva exterior del observador. En términos de disability studies, es una formulación que reconoce la agencia residual del sujeto con demencia: la mente no está muerta, está “llena”, aunque de una forma que ya no podemos compartir ni comprender desde fuera.
4.3 La transición: el verso central y el imperativo ético
El verso “No reproches, amor más se merece” constituye el quiebro argumental del soneto. La función de este verso de apertura del primer terceto es doble: cierra la descripción de los cuartetos con una negación del juicio (“no reproches”) y abre la prescripción de los tercetos con la justificación ética de esa negación (“amor más se merece”). La conjunción causal está implícita: no reproches porque el enfermo merece amor, no reproche.
El vocativo “amor” en este verso tiene una ambigüedad productiva: puede dirigirse al destinatario del poema —el cuidador, a quien se llama “amor” como término de afecto— o puede ser una referencia abstracta al amor como valor que el enfermo merece. En el primer caso, el poema es una comunicación directa entre el yo lírico y el cuidador íntimo (una pareja, un hijo, un familiar cercano). En el segundo caso, es una reflexión sobre el amor como respuesta adecuada al Alzheimer. La ambigüedad no es indecisión sino riqueza: el poema funciona en los dos niveles simultáneamente, lo que le da una aplicabilidad que trasciende la situación personal del yo lírico.
4.4 Los tercetos: el léxico de la ternura
Los dos tercetos del soneto articulan el léxico de la ternura con una precisión que los convierte en el núcleo ético del poema. Cuatro términos o sintagmas merecen un análisis detallado: “terciopelo”, “piel arrugada que te ofrece”, “blanco día que amanece” y “laurel por fiel desvelo”.
La metáfora de las caricias como “terciopelo” es la imagen más elaborada de los tercetos. El terciopelo es una tela de tacto suave y cálido, evocadora de lujo y de cuidado, que en este contexto no connota opulencia sino delicadeza. “Que las caricias sean terciopelo / para piel arrugada que te ofrece” establece una correspondencia entre la suavidad del contacto que el cuidador debe proporcionar y la fragilidad de la “piel arrugada” del enfermo. La piel arrugada es el signo corporal de la vejez avanzada, de una vida larga que ha dejado su huella en el cuerpo. La expresión “que te ofrece” introduce un matiz de dignidad: la piel arrugada no es un dato objetivo del cuerpo del enfermo, sino algo que ese cuerpo “ofrece” al cuidador; hay en esa formulación una agencia residual que el poema atribuye al enfermo incluso en su deterioro.
La imagen del “blanco día que amanece” asociada a la “entrega” del cuidador es una metáfora de la renovación cotidiana del cuidado. Cada amanecer es un nuevo comienzo de la entrega, un nuevo día en que el cuidador debe volver a elegir la presencia y la dedicación. La blancura del día que amanece connota tanto pureza como apertura: el día blanco es el día aún no empañado por el cansancio, la frustración o el desaliento que el cuidado sostenido inevitablemente genera. La metáfora reconoce implícitamente la dificultad del cuidado al proponer el amanecer como el momento de renovación de la entrega.
El cierre del soneto —”tu abnegación, laurel por fiel desvelo”— reformula la ética del cuidado en términos de reconocimiento simbólico. El laurel es, en la tradición occidental, el símbolo de la gloria, la victoria y el mérito reconocido. Al proponer la abnegación del cuidador como merecedora de laurel, el poema eleva moralmente la figura del cuidador a la misma categoría que la tradición reservaba para los héroes y los poetas. Esta elevación no es hiperbólica ni retórica: responde a una convicción ética que la ética del cuidado de Noddings fundamenta teóricamente: el trabajo del cuidado es uno de los más exigentes y valiosos de la vida humana, y la cultura dominante tiende a invisibilizarlo o a devaluarlo.
- El lenguaje de la ternura frente al patetismo: una elección estética y ética
5.1 El patetismo como tentación y como trampa
El Alzheimer es uno de los temas que más fácilmente incita al patetismo en la escritura literaria. Las imágenes del deterioro cognitivo —el familiar que ya no reconoce a sus hijos, el lenguaje fragmentado, la desorientación temporal, la pérdida de la identidad personal— tienen un potencial emocional tan alto que la tentación de explotarlas para producir el impacto máximo en el lector es casi inevitable. El patetismo literario sobre el Alzheimer produce llanto, produce identificación con el dolor del cuidador, pero no necesariamente produce reflexión ética sobre cómo debe tratarse al enfermo.
El soneto de De la Rosa toma una decisión estética y ética radicalmente diferente. El poeta no describe el deterioro del familiar enfermo para producir compasión en el lector, sino que describe el deterioro de la manera más precisa posible —con las metáforas de la “grisácea nube”, las “siluetas olvidadas” y las “remembranzas quebradas”— y luego pivot hacia la prescripción: no reproches, cuida, entrégate. Este movimiento transforma el poema de elegía en ética práctica.
El prólogo editorial del libro formula esta elección en términos generales cuando señala que el poema habla del Alzheimer “desde el conocimiento doloroso de la fragilidad humana y del cuidado como acto de amor”: “no está haciendo literatura sobre la enfermedad: está hablando desde el conocimiento doloroso de la fragilidad humana y del cuidado como acto de amor”. La distinción entre “hacer literatura sobre” y “hablar desde” es precisa: el primero implica una distancia que permite la explotación emotiva; el segundo implica una implicación que exige la precisión y la responsabilidad.
5.2 El eufemismo funcional y la denominación directa
Una estrategia específica del poema para eludir el patetismo sin negar la gravedad de la enfermedad es lo que podemos llamar el “eufemismo funcional”: el empleo de metáforas que sustituyen la denominación clínica del deterioro pero que no la suavizan ni la minimizan, sino que la traducen a imágenes que transmiten su naturaleza con mayor precisión que la terminología médica.
La “grisácea nube” en la que sucumben las remembranzas es más precisa que el término clínico “déficit de memoria”, porque el color gris y la forma de la nube capturan la indistinción progresiva, la falta de contornos, la imposibilidad de recordar de manera articulada que caracteriza el Alzheimer en sus fases más avanzadas. Las “siluetas olvidadas” que “quedan” en la mente son más precisas que “recuerdos deteriorados”, porque la silueta conserva la forma sin el contenido: el enfermo puede reconocer que hubo alguien importante sin poder recordar su nombre o su relación con él.
Esta estrategia de eufemismo funcional no es exclusiva de De la Rosa. Jorge Riechmann, en sus poemas de amor ante la enfermedad grave —aunque no específicamente el Alzheimer, sino la enfermedad de médula ósea que padeció su compañera— emplea igualmente un lenguaje de la presencia y el cuidado que evita la denominación directa de los síntomas médicos y se concentra en la experiencia relacional del cuidado: “yacer despierto a tu lado / en el profundo cobijo de tu sueño”. La diferencia es que Riechmann escribe desde la posición del acompañante que cuida de alguien en una enfermedad física, mientras que De la Rosa escribe desde la posición del cuidador de alguien cuya identidad subjetiva se está disolviendo.
5.3 La ternura como posición poética y ética
La ternura es una postura ante el otro que la tradición filosófica ha caracterizado raramente con precisión, a pesar de que la experiencia cotidiana del cuidado la convoca de manera constante. Nel Noddings, en su ética del cuidado, se aproxima a ella cuando habla del “desplazamiento de motivación” que el cuidador realiza al ponerse en el lugar del cuidado: no un acto de razonamiento abstracto sino una apertura afectiva hacia la situación concreta del otro. La ternura es precisamente eso: la apertura afectiva que permite cuidar sin juzgar, sin exigir reciprocidad y sin medir el retorno de lo que se da.
En el soneto de De la Rosa, la ternura no se nombra directamente pero se articula a través del léxico: “terciopelo”, “blanco día que amanece”, “laurel”. Estos términos no pertenecen al vocabulario clínico ni al vocabulario de la denuncia social, sino al vocabulario de la belleza y del reconocimiento. La ternura en el poema no es blanda ni sentimental: es una postura ética exigente que implica la abnegación, el desvelo fiel y la entrega constante. La “ternura dura”, podríamos llamarla: la que no evita el dolor del cuidado pero lo abraza como la única respuesta moralmente adecuada.
- El soneto como forma del pensamiento ético
6.1 La estructura bipartita del soneto y la estructura argumentativa del poema
El soneto clásico, en su configuración petrarquista de dos cuartetos y dos tercetos, posee una estructura argumentativa que le es propia: los cuartetos establecen una situación o un problema, y los tercetos proponen una respuesta, una conclusión o una vuelta de tuerca. Esta estructura es la que De la Rosa utiliza en el poema “Alzhéimer”: los cuartetos describen el estado del enfermo (la situación-problema), y los tercetos formulan la respuesta ética del cuidador (la solución).
Esta correspondencia entre la estructura formal del soneto y la estructura argumentativa del problema ético no es trivial. El soneto, por su brevedad y su tensión formal, exige que el poeta llegue a una resolución: no puede quedarse en la descripción indefinida del problema, como podría hacer una elegía en verso libre. La necesidad de resolver el poema en los dos tercetos obliga al poeta a proponer una respuesta, a no quedarse en el dolor. De esta manera, la forma del soneto es en sí misma una postura ética: el poema no puede terminar en el lamento de los cuartetos porque la forma no lo permite. La solución, la respuesta ética, es una exigencia formal del soneto tanto como una convicción del poeta.
El análisis métrico interno de la editorial confirma que los sonetos de A la sombra del sauce presentan un nivel de corrección métrica excepcional: un 97,6% de cumplimiento del patrón rítmico a maiore en los 126 endecasílabos analizados. Este nivel de rigor técnico en la construcción del soneto no es separable de su función ética: la contención formal es también una contención emocional. El soneto no llora; razona a través de las emociones.
6.2 La contención emocional como decisión estética
Una de las preguntas de investigación de esta monografía inquiere qué aporta la forma del soneto clásico a la contención emocional que requiere el tema del Alzheimer. La respuesta tiene dos dimensiones.
La primera es la dimensión de la brevedad: el soneto tiene catorce versos, y en esos catorce versos no hay espacio para la amplificación patética ni para la acumulación de detalles escabrosos del deterioro. El poeta debe elegir las imágenes más precisas, las que hacen más con menos. Esta exigencia de precisión es en sí misma una forma de respeto hacia el enfermo: no se lo convierte en espectáculo, no se explotó su deterioro para la emoción del lector, sino que se lo presenta con la dignidad que la brevedad impone.
La segunda dimensión es la de la rima consonante. Los cuartetos del soneto “Alzhéimer” riman en ABBA ABBA (huidas/delicadas/olvidadas/vidas / sucumbidas/quebradas/silenciadas/languidecidas), y los tercetos en CDC DCD (merece/terciopelo/ofrece / consuelo/amanece/desvelo). La rima consonante, especialmente la de los tercetos, produce un efecto musical que suaviza sin negar la gravedad del contenido. El hecho de que “terciopelo” rime con “desvelo” y que ambas rimas enmarquen el verso “Tu compañía sea su consuelo” crea un campo sonoro de suavidad que es coherente con el léxico de la ternura que se analiza en la sección anterior. La forma musical del soneto es, en este caso, una extensión del contenido ético: el poema suena como suena porque habla de lo que habla.
6.3 La autoridad del imperativo en el soneto clásico
Los tercetos del poema emplean el modo subjuntivo con valor imperativo: “que las caricias sean terciopelo”, “sea su consuelo”, “sea el blanco día que amanece”. Este uso del subjuntivo exhortativo es propio de la autoridad moral que habla sin imposición pero con convicción. No es el imperativo directo (“sé tierno”, “cuídalo”), que tendría una carga de mandato externo; es el subjuntivo que formula una invitación con fuerza normativa, que dice cómo deben ser las cosas sin apropiarse de la decisión del otro.
En el contexto de la ética del cuidado de Noddings, este uso del subjuntivo exhortativo es significativo: la ética del cuidado no funciona a través de mandatos universales sino a través de la invitación a la receptividad, a la apertura hacia las necesidades concretas del cuidado. El soneto de De la Rosa adopta esa misma estructura: no impone la ternura sino que la propone como la única respuesta adecuada a quien merece amor.
- Posicionamiento del poema en el contexto de la literatura del cuidado
7.1 La literatura del cuidado en el contexto hispanohablante
El contexto hispanohablante de la literatura del cuidado sobre el Alzheimer y otras demencias está representado principalmente por la prosa narrativa. En poesía, los precedentes más cercanos al soneto de De la Rosa son los poemarios de Juana Castro y Antonio Gamoneda, ya mencionados, pero desde perspectivas diferentes. Castro escribe desde la experiencia directa del cuidado de sus padres enfermos, con un registro que oscila entre el testimonio y la elegía. Gamoneda escribe desde dentro del deterioro propio, con una conciencia de la pérdida que convierte sus poemas en documentos de la experiencia subjetiva de la demencia.
La posición de De la Rosa es diferente a las dos: no es el cuidador que testimonia su experiencia (Castro), ni el enfermo que registra su deterioro (Gamoneda), sino el poeta que formula una enseñanza ética sobre cómo debe ejercerse el cuidado. Esta posición pedagógica no es ajena a la condición del autor como catedrático de Literatura: hay en el soneto una vocación docente que encuentra en el soneto clásico la forma adecuada para transmitir una lección sin convertirla en sermón.
7.2 La poesía de Jorge Riechmann ante la enfermedad: semejanzas y diferencias
La obra poética de Jorge Riechmann, que la investigación de la Universidad de Pablo de Olavide caracteriza como una “poética de la vinculación” comprometida con lo humano y con la experiencia de la enfermedad y el cuidado, ofrece un punto de comparación relevante para el soneto de De la Rosa. Los poemas de amor ante la enfermedad que Riechmann escribió durante la grave enfermedad de su compañera muestran un lenguaje de la presencia y la ternura que comparte rasgos con el del soneto “Alzhéimer”: la atención al cuerpo del otro, la afirmación del amor frente a la destrucción de la enfermedad, la negativa a reducir al enfermo a su patología.
Sin embargo, hay diferencias significativas entre los dos poetas. Riechmann escribe desde dentro de la experiencia personal del cuidado, con la urgencia emocional de quien está viviendo la situación que describe. De la Rosa escribe desde una posición más distanciada y universal, formulando una ética aplicable a cualquier situación de cuidado ante el Alzheimer. Esta diferencia de posición produce diferencias estéticas: Riechmann emplea el verso libre y una sintaxis que reproduce el flujo discontinuo de la experiencia vivida; De la Rosa emplea el soneto clásico y una sintaxis ordenada y precisa que da a sus imperativos éticos la autoridad de la forma canónica.
La segunda diferencia es temática: la enfermedad que Riechmann aborda es una enfermedad del cuerpo que no afecta primariamente a la identidad subjetiva del enfermo; el Alzheimer que De la Rosa aborda es una enfermedad que destruye precisamente la identidad, la memoria y la capacidad de reconocer al otro. Esta diferencia exige estrategias poéticas diferentes: Riechmann puede apelar a la mirada del otro, al reconocimiento mutuo; De la Rosa debe construir un poema en que el cuidador actúa incluso cuando ya no hay reconocimiento del otro lado.
7.3 La literatura anglosajona del cuidado y los disability studies
En el contexto anglosajón, la literatura del cuidado en la demencia y el Alzheimer tiene una presencia más desarrollada, en parte porque los disability studies y la bioética literaria están más consolidados como campos académicos. Autores como Rosemarie Garland-Thomson han analizado la representación de la discapacidad en la literatura y han propuesto el concepto de “misfitting” —la inadecuación entre el cuerpo o la mente discapacitados y el entorno social que los rodea— como clave para comprender la experiencia de la discapacidad.
El soneto de De la Rosa, examinado desde la perspectiva de los disability studies, ofrece una representación del enfermo de Alzheimer que resiste la reducción a la inadecuación o a la tragedia. La paradoja del primer verso —”¡Qué vacío en la mente llena de huidas”— reconoce la complejidad de la experiencia interior del enfermo incluso desde la perspectiva exterior. Los tercetos no proponen la eliminación de la inadecuación entre el enfermo y su entorno sino la adaptación del entorno al enfermo: las caricias deben ser terciopelo para la piel arrugada, no debe reprocharse al enfermo su deterioro, debe ser acompañado, consolado y cuidado. Este conjunto de prescripciones es coherente con la perspectiva del modelo social de la discapacidad, que propone que la discapacidad se produce en la inadecuación entre el individuo y el entorno, y que la respuesta debe ser la transformación del entorno, no la corrección del individuo.
- El soneto “Alzhéimer” en el contexto del poemario
8.1 Posición en la arquitectura del libro
El soneto “Alzhéimer” ocupa el poema 40 del libro, en la cuarta sección dedicada a la memoria. Es el penúltimo poema del poemario, inmediatamente anterior al poema de cierre “¡Despiértate, alma mía!” (nº 41). Esta posición estratégica convierte al soneto en el punto más bajo del arco emocional del libro antes del giro hacia el compromiso ético del poema final: si “¡Despiértate, alma mía!” es el llamado a la acción colectiva, “Alzhéimer” es el llamado a la acción individual más íntima y cotidiana que el libro formula.
La sección de la memoria, como ha mostrado el análisis de la monografía anterior sobre los tópicos clásicos, está gobernada por el ubi sunt: la pregunta por los ausentes, la recuperación de las imágenes del pasado, el duelo por el niño que uno fue. El soneto “Alzhéimer” representa el caso extremo del ubi sunt aplicado al presente: no es la pregunta por los que ya no están, sino la confrontación con alguien que está físicamente presente pero cuya identidad se ha ido. Es un ubi sunt del presente, que es aún más doloroso que el del pasado porque la persona ausente sigue estando ahí.
8.2 Relación con los demás sonetos del poemario
Los nueve sonetos endecasílabos de A la sombra del sauce constituyen los momentos de mayor concentración técnica y argumental del libro. El prólogo editorial menciona diez composiciones en soneto; la diferencia se debe a que el poema 29 («No quisiera morir») presenta catorce versos pero en metro alejandrino, no endecasílabo, y queda fuera del corpus métrico aquí analizado, que se circunscribe al soneto endecasílabo de tradición petrarquista. El análisis métrico confirma que el poeta dedica el soneto a los temas que requieren mayor contención y precisión: el amor que se entrega ciega («A los amantes de Teruel»), el amor que cansa («No me llames, Amor»), el tiempo que destruye («Corazón de otoño», «Cronos»), la caducidad de la belleza («Rosa condenada»), la necesidad del olvido selectivo («Necesaria desmemoria») y el cuidado ante el Alzheimer.
De estos nueve sonetos, el «Alzhéimer» es el único que tiene como destinatario principal a un tercero: todos los demás se dirigen al yo lírico mismo, a la amada, al amor personificado o a una figura abstracta. «Alzhéimer» se dirige a alguien que cuida de un familiar enfermo, y esa orientación hacia el otro le da un carácter único en el corpus sonetístico del libro. Es el más «extrovertido» de los sonetos: el que más claramente sale de la meditación personal para proponer una ética del comportamiento hacia otro.
- Conclusiones
El análisis del soneto “Alzhéimer” de A la sombra del sauce permite formular las siguientes conclusiones.
En primer lugar, el poema emplea un conjunto coherente de estrategias léxicas y metafóricas para nombrar la pérdida cognitiva sin reducirla a la tragedia. La paradoja del primer verso —”¡Qué vacío en la mente llena de huidas”— reconoce la complejidad de la experiencia interior del enfermo. La metáfora de la “grisácea nube” como imagen del deterioro es fenomenológicamente más precisa que la terminología clínica. El eufemismo funcional que rodea la denominación directa de la enfermedad —que aparece solo en el título— permite al poema hablar del Alzheimer con seriedad sin convertirlo en espectáculo patético.
En segundo lugar, el poema se posiciona de manera específica dentro de la literatura del cuidado en el contexto hispanohablante: no es el testimonio del cuidador (como Castro), ni el registro del deterioro propio (como Gamoneda), sino una ética práctica del cuidado formulada con la autoridad de la forma clásica. Esta posición le permite dialogar con la ética del cuidado de Nel Noddings sin conocerla necesariamente: el “desplazamiento de motivación” que Noddings describe como núcleo del cuidado ético es lo que el soneto prescribe al cuidador cuando dice “tu compañía sea su consuelo, / tu entrega, el blanco día que amanece, / tu abnegación, laurel por fiel desvelo”.
En tercer lugar, la forma del soneto clásico cumple una función decisiva en la contención emocional que el tema requiere. La brevedad del soneto impide la amplificación patética. La estructura bipartita de cuartetos y tercetos corresponde a la estructura argumentativa del poema (descripción del problema / respuesta ética). El uso del subjuntivo exhortativo en los tercetos formula la ética del cuidado sin imponer ni exigir, sino invitando a la receptividad. La rima consonante crea un campo sonoro coherente con el léxico de la ternura.
En cuarto lugar, el poema es una contribución significativa al debate entre los disability studies y la poesía española contemporánea. Al resistir la reducción del enfermo de Alzheimer a la suma de sus deterioros, y al proponer el cuidado como respuesta ética que reconoce la dignidad residual del enfermo, el poema adopta implícitamente el modelo social de la discapacidad frente al modelo médico. Al elevar la abnegación del cuidador al nivel del laurel, el poema realiza el reconocimiento moral que la cultura dominante tiende a negar al trabajo del cuidado.
En quinto lugar, el soneto “Alzhéimer” conecta la poesía métrica clásica española con la bioética literaria de una manera que hasta ahora no había sido explorada en la crítica hispánica. La demostración de que un soneto endecasílabo de factura petrarquista puede ser un instrumento eficaz para abordar uno de los problemas éticos más urgentes de las sociedades contemporáneas —el cuidado de los ancianos con demencia— es en sí misma una aportación al debate sobre la viabilidad de la tradición clásica en la poesía del siglo XXI.
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