{"id":76,"date":"2026-09-26T17:46:28","date_gmt":"2026-09-26T15:46:28","guid":{"rendered":"https:\/\/nuestrosescritores.com\/loli-g-garcia\/?p=76"},"modified":"2026-09-26T17:46:28","modified_gmt":"2026-09-26T15:46:28","slug":"maternidad-parto-y-lactancia-como-experiencia-poetica-en-la-de-la-vida-de-con-tres-heridas-loli-g-garcia-a-la-luz-de-adrienne-rich","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nuestrosescritores.com\/loli-g-garcia\/2026\/09\/26\/maternidad-parto-y-lactancia-como-experiencia-poetica-en-la-de-la-vida-de-con-tres-heridas-loli-g-garcia-a-la-luz-de-adrienne-rich\/","title":{"rendered":"Maternidad, parto y lactancia como experiencia po\u00e9tica en LA DE LA VIDA, de Con tres heridas (Loli G. Garc\u00eda), a la luz de Adrienne Rich"},"content":{"rendered":"<p><em>Art\u00edculo acad\u00e9mico<\/em><\/p>\n<p><strong>Ana Mar\u00eda Olivares<\/strong> \u2014 Grupo Editorial P\u00e9rez-Ayala<br \/>\nORCID: <a href=\"https:\/\/orcid.org\/0009-0003-6861-3196\" rel=\"noopener\" target=\"_blank\">0009-0003-6861-3196<\/a><\/p>\n<p>Estudio sobre <em>Con tres heridas<\/em>, de Loli G. Garc\u00eda (Ediciones Rilke, Madrid, 2026. ISBN 978-84-18566-73-8).<\/p>\n<h2>1. Introducci\u00f3n: la vida como tercera herida<\/h2>\n<p><em>Con tres heridas<\/em> (Madrid, Ediciones Rilke, 2026), tercer poemario de Loli G. Garc\u00eda, toma su t\u00edtulo y su armaz\u00f3n del poema de Miguel Hern\u00e1ndez que el volumen reproduce como ep\u00edgrafe general, procedente del <em>Cancionero y romancero de ausencias<\/em>. El texto hernandiano, que en el libro empieza \u00abLleg\u00f3 con tres heridas:\u00bb, enumera en tres estrofas las mismas tres heridas \u2014la del amor, la de la muerte, la de la vida\u2014 y las permuta en cada una de ellas. El poemario adopta el orden de la primera estrofa y lo convierte en arquitectura: una secci\u00f3n titulada LA DEL AMOR (diecis\u00e9is poemas), otra titulada LA DE LA MUERTE (quince) y una tercera, LA DE LA VIDA (veinte), a las que sigue un ep\u00edlogo de tres poemas. La vida ocupa as\u00ed el \u00faltimo lugar de la serie y, al mismo tiempo, es la secci\u00f3n m\u00e1s extensa del libro. Esa doble condici\u00f3n \u2014ser la herida final y ser la m\u00e1s poblada\u2014 justifica que se la estudie por separado.<\/p>\n<p>La secci\u00f3n LA DE LA VIDA (pp. 59-79) re\u00fane veinte poemas que pueden agruparse, de manera orientativa, en dos tramos. El primero, de \u00ab5 de diciembre 1980\u00bb (p. 59) a \u00abTiempo de madres\u00bb (p. 70), recorre la gestaci\u00f3n, el parto, la lactancia, la crianza de la primera infancia y la sociabilidad entre madres. El segundo, de \u00abVulnerable\u00bb (p. 71) a \u00abSonrisa al viento\u00bb (p. 79), desplaza la atenci\u00f3n hacia el cuerpo cansado, enfermo o doliente, y hacia las formas de resistencia que ese cuerpo encuentra. La propia prologuista del volumen, \u00c1ngela Serna, advierte esta materia cuando enumera, entre los n\u00facleos del libro, &#8220;la maternidad, la crianza y la resiliencia&#8221;. La convivencia de ambos tramos en una misma secci\u00f3n no es un accidente de ordenaci\u00f3n: es una tesis impl\u00edcita sobre lo que el libro entiende por &#8220;vida&#8221;, y sobre por qu\u00e9 la vida puede ser, como el amor y la muerte, una herida.<\/p>\n<p>Este art\u00edculo propone leer ese conjunto desde los estudios de g\u00e9nero, y en particular desde la distinci\u00f3n que Adrienne Rich formul\u00f3 en <em>Of Woman Born<\/em> (1976), traducido al espa\u00f1ol como <em>Nacemos de mujer: la maternidad como experiencia e instituci\u00f3n<\/em> (Rich, 2019), entre la maternidad entendida como experiencia \u2014la relaci\u00f3n potencial de cualquier mujer con sus capacidades reproductivas y con sus hijos\u2014 y la maternidad entendida como instituci\u00f3n, es decir, el conjunto de normas, controles y expectativas con que una sociedad patriarcal organiza esa experiencia y la pone a su servicio. Las preguntas que gu\u00edan el estudio son tres. La primera: \u00bfla secci\u00f3n escribe la maternidad como experiencia o como instituci\u00f3n, y con qu\u00e9 grado de conciencia de esa diferencia? La segunda: \u00bfqu\u00e9 lenguaje del cuerpo construye la secci\u00f3n \u2014qu\u00e9 fluidos, qu\u00e9 tiempos, qu\u00e9 figuras de fusi\u00f3n y de separaci\u00f3n\u2014? La tercera: \u00bfpor qu\u00e9 un libro que celebra la vida la presenta, siguiendo a Hern\u00e1ndez, como una herida?<\/p>\n<p>La hip\u00f3tesis de partida es que LA DE LA VIDA escribe la maternidad casi exclusivamente como experiencia corporal, relacional y temporal, sin apenas rastro de la instituci\u00f3n en su interior; que la instituci\u00f3n, sin embargo, no est\u00e1 ausente del libro, sino desplazada hacia sus m\u00e1rgenes \u2014la secci\u00f3n de la muerte y, sobre todo, el ep\u00edlogo\u2014, donde aparece como herencia de las generaciones anteriores; y que la contig\u00fcidad entre los poemas del parto y los poemas de la enfermedad permite entender la maternidad como herida en un sentido preciso: como apertura del cuerpo a otro cuerpo, con todo lo que esa apertura tiene de fecundidad y de vulnerabilidad. El ep\u00edgrafe de la secci\u00f3n, tomado de <em>El hombre acecha<\/em>, fija el horizonte de esa lectura: el cuerpo que se sabe herido y que, sin embargo, vuelve a brotar.<\/p>\n<p>Conviene fijar desde el principio una cautela de m\u00e9todo. El an\u00e1lisis se refiere en todo momento al sujeto l\u00edrico, no a la persona de la autora. Los datos biogr\u00e1ficos verificados de Loli G. Garc\u00eda \u2014nacida en Vitoria-Gasteiz, licenciada en Historia del Arte y diplomada en Trabajo Social, con una trayectoria profesional en los servicios sociales y dos poemarios anteriores, <em>Como mariposas muertas<\/em> (2020) y <em>De Natura<\/em> (2022)\u2014 no incluyen informaci\u00f3n sobre su vida familiar, y este estudio no la presupone. Los t\u00edtulos y las fechas que aparecen en los poemas, como el del poema que abre la secci\u00f3n, \u00ab5 de diciembre 1980\u00bb, se tratan como elementos del texto y no como datos documentales. Del mismo modo, cuando un poema habla de un parto, de una lactancia o de una enfermedad, se analiza la construcci\u00f3n po\u00e9tica de esa experiencia, no su posible correlato vital. Sobre cualquier otro extremo biogr\u00e1fico no hay datos verificados disponibles.<\/p>\n<h2>2. Marco te\u00f3rico: experiencia e instituci\u00f3n, cuerpo gestante y tiempo de las mujeres<\/h2>\n<p>La distinci\u00f3n de Rich es el eje del marco te\u00f3rico. Rich no niega la maternidad: la separa de su administraci\u00f3n. Lo que el libro de 1976 denuncia no es el v\u00ednculo entre la madre y la criatura, sino la instituci\u00f3n que expropia ese v\u00ednculo y lo convierte en destino, en deber y en fuente de culpa. La edici\u00f3n espa\u00f1ola de Traficantes de Sue\u00f1os, traducida por Ana Becciu, conserva el subt\u00edtulo que resume el programa: la maternidad &#8220;como experiencia e instituci\u00f3n&#8221; (Rich, 2019). La consecuencia metodol\u00f3gica es clara: para leer un corpus po\u00e9tico sobre la maternidad desde Rich no basta con registrar que el tema aparece; hay que preguntar desde d\u00f3nde se enuncia, qu\u00e9 cuerpo habla y qu\u00e9 normas \u2014si las hay\u2014 regulan ese cuerpo dentro del poema. Un poema de la experiencia es aquel que dice el cuerpo materno desde dentro, con su ambivalencia; un poema de la instituci\u00f3n es aquel que lo dice desde el mandato, sea para acatarlo o para impugnarlo.<\/p>\n<p>La fenomenolog\u00eda del embarazo de Iris Marion Young aporta el vocabulario para describir ese cuerpo desde dentro. En &#8220;Pregnant Embodiment: Subjectivity and Alienation&#8221; (Young, 1984), recogido despu\u00e9s en <em>On Female Body Experience<\/em> (Young, 2005), Young sostiene que la gestante experimenta su cuerpo de un modo singular: la dicotom\u00eda entre el yo y el otro, entre el yo y el mundo, se quiebra. El sujeto gestante est\u00e1 descentrado, escindido o duplicado; siente los movimientos internos de otro ser que, sin embargo, no le resultan del todo ajenos, porque los l\u00edmites de su propio cuerpo se desplazan. Young a\u00f1ade una segunda tesis, que la acerca a Rich: la medicina contempor\u00e1nea tiende a objetivar ese proceso en datos mensurables y a desautorizar el saber que la gestante tiene de s\u00ed misma, de modo que la experiencia queda alienada por una instituci\u00f3n, en este caso la m\u00e9dica. En el mismo volumen, el ensayo &#8220;Breasted Experience: The Look and the Feeling&#8221; desplaza el an\u00e1lisis al pecho, a la tensi\u00f3n entre el pecho mirado y el pecho sentido, una tensi\u00f3n que la lactancia vuelve particularmente visible.<\/p>\n<p>Julia Kristeva ofrece dos instrumentos complementarios. En &#8220;Stabat Mater&#8221; (Kristeva, 1985), ensayo publicado originalmente en 1977 y construido en dos columnas \u2014una te\u00f3rica, sobre el culto mariano como forma hist\u00f3rica de representar lo materno, y otra l\u00edrica, en la que la autora escribe desde la experiencia del parto\u2014, lo materno aparece como el lugar donde la identidad se escinde y donde el lenguaje encuentra su l\u00edmite. La disposici\u00f3n misma del ensayo, que pone en paralelo el discurso sobre la madre y la voz de la madre, es ya una figura de la distinci\u00f3n entre instituci\u00f3n y experiencia. En &#8220;Women&#8217;s Time&#8221; (Kristeva, 1981), por su parte, Kristeva asocia la subjetividad femenina, en tanto se la ha pensado como necesariamente materna, a dos modalidades de tiempo \u2014la repetici\u00f3n c\u00edclica y la eternidad monumental\u2014 frente al tiempo lineal de la historia y del proyecto. Esta segunda aportaci\u00f3n resulta decisiva para leer una secci\u00f3n que, como se ver\u00e1, est\u00e1 obsesionada con el tiempo: fechas, aniversarios, estaciones, primeras veces y cuentas atr\u00e1s.<\/p>\n<p>Luce Irigaray, en <em>El cuerpo a cuerpo con la madre<\/em> (Irigaray, 1985), denuncia que la cultura patriarcal ha borrado la relaci\u00f3n entre madre e hija del orden simb\u00f3lico, dej\u00e1ndola sin palabras, sin ritos y sin genealog\u00eda; su propuesta pasa por dar forma ling\u00fc\u00edstica a ese cuerpo a cuerpo y por reconocer una genealog\u00eda femenina. H\u00e9l\u00e8ne Cixous, en los ensayos reunidos en <em>La risa de la medusa<\/em> (Cixous, 1995), reivindica una escritura en la que el cuerpo de las mujeres \u2014y el cuerpo materno en particular\u2014 no sea objeto sino fuente del texto; en &#8220;La joven nacida&#8221;, incluido en ese volumen, aparece la c\u00e9lebre imagen de una mujer que escribe con tinta blanca, con leche materna (Cixous, 1995, pp. 55-56), que la cr\u00edtica ha retomado una y otra vez para leer la poes\u00eda de la maternidad. Gema Ba\u00f1os Palacios, en su estudio sobre Olga Novo y Julieta Valero, apela precisamente a Cixous para describir po\u00e9ticas en las que la palabra se despliega en un cuerpo a cuerpo necesario y propone la noci\u00f3n de &#8220;poema gestante&#8221; (Ba\u00f1os Palacios, 2023). Judith Butler, finalmente, sit\u00faa en el centro de la \u00e9tica la vulnerabilidad compartida de los cuerpos y su dependencia mutua (Butler, 2006): un marco que permite pensar juntos, sin jerarqu\u00eda, el cuerpo que da vida y el cuerpo que enferma.<\/p>\n<p>La cr\u00edtica sobre la poes\u00eda espa\u00f1ola del siglo XXI ha empezado a ocuparse sistem\u00e1ticamente de estas cuestiones. Sergio Fern\u00e1ndez Mart\u00ednez ha trazado un panorama de las representaciones del cuerpo gestante entre 2001 y 2020 y ha identificado, frente a la figura maternal de la tradici\u00f3n espa\u00f1ola, rasgos de renovaci\u00f3n que enumera como &#8220;la inclusi\u00f3n del plano \u00edntimo, la dimensi\u00f3n autobiogr\u00e1fica, la plurivocidad enunciativa&#8221; (Fern\u00e1ndez Mart\u00ednez, 2024, p. 447). El mismo investigador ha estudiado el cuerpo enfermo en la poes\u00eda espa\u00f1ola reciente como un motivo en transformaci\u00f3n, vinculado al dolor f\u00edsico (Fern\u00e1ndez Mart\u00ednez, 2023). Ana Mar\u00eda C\u00e1novas, al analizar la poes\u00eda de Mar\u00eda S\u00e1nchez, Luna Miguel y Elvira Sastre, se detiene en los poemas de Luna Miguel sobre el calostro y la subida de la leche como ejemplo de una lactancia dicha sin pudor ni idealizaci\u00f3n (C\u00e1novas, 2018). Katiuscia Darici ha descrito una nueva narrativa autobiogr\u00e1fica de la procreaci\u00f3n en Espa\u00f1a, con obras de Silvia Nanclares, Laura Freixas, Nuria Labari y Mar Garc\u00eda Puig, que rompe el silencio de las madres (Darici, 2023). En el \u00e1mbito latinoamericano, Luciana Di Leone ha propuesto hablar de una &#8220;po\u00e9tica del cuerpo embarazado&#8221; y de una &#8220;po\u00e9tica de la lengua l\u00e1ctea&#8221; a prop\u00f3sito de Ana Cristina Cesar y Tamara Kamenszain (Di Leone, 2022). Desde el ensayo divulgativo feminista, Esther Vivas ha reclamado, en <em>Mam\u00e1 desobediente<\/em>, una reapropiaci\u00f3n de la experiencia del embarazo, el parto, la p\u00e9rdida gestacional y la lactancia frente a su gesti\u00f3n mercantil y patriarcal (Vivas, 2019).<\/p>\n<p>A estos marcos se suman tres apoyos puntuales. Para los poemas sobre el cuidado compartido entre mujeres, la noci\u00f3n de sororidad tal como la formul\u00f3 Marcela Lagarde \u2014&#8221;la amistad entre mujeres diferentes y pares&#8221;\u2014 y el concepto de pensamiento maternal de Sara Ruddick, que hace nacer una forma espec\u00edfica de razonamiento de la pr\u00e1ctica cotidiana del cuidado (Lagarde, 1992; Ruddick, 1995). Para el poema en que un espejo toma la palabra, la descripci\u00f3n lacaniana del estadio del espejo como momento en que el ni\u00f1o asume jubilosamente su imagen especular (Lacan, 2009). Y para los poemas de la enfermedad, la fenomenolog\u00eda de Havi Carel, seg\u00fan la cual la enfermedad modifica el cuerpo, los valores y el mundo de quien la padece y revela aspectos de la existencia que en la salud pasan inadvertidos (Carel, 2016). Ninguno de estos marcos se aplica como plantilla: se convocan en la medida en que iluminan un rasgo verificable del texto.<\/p>\n<h2>3. El lugar de LA DE LA VIDA en la arquitectura del libro<\/h2>\n<p>La primera decisi\u00f3n interpretativa que el libro impone es de orden. El poema de Hern\u00e1ndez permuta las heridas en cada estrofa: en la primera el orden es amor, muerte, vida; en la segunda, vida, amor, muerte; en la tercera, la del yo que habla, vida, muerte, amor. <em>Con tres heridas<\/em> adopta la primera secuencia y, por tanto, hace de la vida la herida final. Es una elecci\u00f3n significativa, porque la tercera estrofa del ep\u00edgrafe \u2014la \u00fanica en que el poeta dice \u00abCon tres heridas yo:\u00bb\u2014 coloca la vida en primer lugar. El libro, en cambio, no empieza por la vida: llega a ella despu\u00e9s de haber atravesado el deseo y el duelo. La vida, en este dise\u00f1o, no es el punto de partida inocente sino un saber adquirido, algo que solo se nombra despu\u00e9s de haber conocido la p\u00e9rdida.<\/p>\n<p>Cada secci\u00f3n se abre con un ep\u00edgrafe hernandiano propio. LA DEL AMOR y LA DE LA MUERTE toman sus ep\u00edgrafes de <em>El rayo que no cesa<\/em>; LA DE LA VIDA, en cambio, cambia de libro y acude a <em>El hombre acecha<\/em>. El ep\u00edgrafe elegido reza as\u00ed en el volumen:<\/p>\n<blockquote>\n<p>Porque soy como el \u00e1rbol talado que reto\u00f1o:<br \/>\nporque a\u00fan tengo la vida.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>Los dos versos cierran el poema &#8220;El herido&#8221;, de <em>El hombre acecha<\/em>, en el que un combatiente herido ofrece su cuerpo a los cirujanos y anuncia que de las reliquias de ese cuerpo, perdidas en cada herida, brotar\u00e1 vida nueva (Hern\u00e1ndez, 1992). El contexto de origen es b\u00e9lico, pero la operaci\u00f3n de Garc\u00eda consiste en desplazar la imagen: el \u00e1rbol talado que reto\u00f1a deja de ser el soldado y pasa a ser el cuerpo que da vida y el cuerpo que enferma. La herida, en el poema de Hern\u00e1ndez, no es lo contrario de la vida sino su condici\u00f3n; se reto\u00f1a porque se ha sido talado. Esa l\u00f3gica \u2014la fecundidad inseparable de la mutilaci\u00f3n\u2014 preside toda la secci\u00f3n y explica que en ella convivan la leche y el dolor, la cuna y el lecho del enfermo.<\/p>\n<p>El verbo reto\u00f1ar tiene, adem\u00e1s, un antecedente interno. En la secci\u00f3n del amor, el poema \u00abLa memoria de la piel\u00bb describe a una pareja envejecida cuyo deseo persiste y dice que \u00ablos cuerpos reto\u00f1an por entero\u00bb (p. 29). En LA DEL AMOR, el reto\u00f1o es er\u00f3tico; en LA DE LA VIDA, ser\u00e1 generativo y, al final, resiliente. El libro va cargando la misma imagen vegetal de sentidos sucesivos, y la secci\u00f3n de la vida recibe esa carga acumulada. Algo an\u00e1logo ocurre con el deseo de nacer. En \u00abEl Cuaderno\u00bb, de la primera secci\u00f3n, la voz amorosa escribe \u00abQuiero volver a nacer\u00bb (p. 20): el nacimiento aparece primero como met\u00e1fora del amor y solo despu\u00e9s, en la tercera secci\u00f3n, como acontecimiento literal. La maternidad, por tanto, no irrumpe en el libro como un tema nuevo; est\u00e1 preparada por el vocabulario del deseo, lo que ya sugiere que el libro la piensa como una forma de relaci\u00f3n corporal m\u00e1s que como un rol social.<\/p>\n<p>La extensi\u00f3n de la secci\u00f3n confirma su peso. Con veinte poemas, LA DE LA VIDA supera a LA DEL AMOR (diecis\u00e9is) y a LA DE LA MUERTE (quince). La proporci\u00f3n interna tambi\u00e9n es elocuente: doce poemas se ocupan de la gestaci\u00f3n, el parto, la lactancia y la primera infancia, y ocho del cuerpo vulnerable. La maternidad no ocupa toda la vida, pero s\u00ed la mayor parte de ella; y la parte restante no la contradice, sino que la contin\u00faa en otro registro. La secci\u00f3n no est\u00e1 ordenada de manera estrictamente cronol\u00f3gica. Se abre con un poema de aniversario, \u00ab5 de diciembre 1980\u00bb, que mira hacia atr\u00e1s cuarenta a\u00f1os; sigue con un nacimiento, \u00abPrisa por llegar\u00bb, y con una meditaci\u00f3n sobre los cuerpos de los ni\u00f1os a distintas edades, \u00abCuerpos infantiles\u00bb; y solo despu\u00e9s vuelve al embarazo, en \u00abYa queda menos para el verano\u00bb y \u00abHoy te siento en m\u00ed\u00bb, al parto, en \u00abErupci\u00f3n\u00bb, y a la lactancia, en \u00abPegada a la luna de sus pechos\u00bb. Parece dibujarse as\u00ed un doble ciclo: uno rememorado, desde la distancia de los a\u00f1os, y otro vivido en presente, en el que las voces se multiplican. Esa reiteraci\u00f3n del ciclo es ya, como se ver\u00e1, una forma de tiempo c\u00edclico en el sentido de Kristeva.<\/p>\n<p>Conviene, por \u00faltimo, precisar la cuesti\u00f3n de la voz. La secci\u00f3n no tiene un \u00fanico sujeto de enunciaci\u00f3n. En algunos poemas habla en primera persona quien gesta y pare (\u00abHoy te siento en m\u00ed\u00bb, \u00abErupci\u00f3n\u00bb, \u00abPrisa por llegar\u00bb); en otros, una voz que observa a una madre y a su criatura y se dirige a esta \u00faltima (\u00abPegada a la luna de sus pechos\u00bb); en otros, una voz que se dirige a una mujer embarazada (\u00abYa queda menos para el verano\u00bb) o a una madre contemplada por su hija (\u00abLos ojos de mam\u00e1\u00bb); en uno, finalmente, habla un espejo (\u00abConversaci\u00f3n\u00bb). Esta plurivocidad coincide con uno de los rasgos que Fern\u00e1ndez Mart\u00ednez (2024) identifica como propios de la renovaci\u00f3n del motivo en la poes\u00eda espa\u00f1ola reciente, y tiene una consecuencia para la lectura desde Rich: la experiencia materna no queda encerrada en una sola conciencia, sino que se reparte entre generaciones y posiciones, lo que la acerca a lo que Irigaray (1985) llamaba una genealog\u00eda de mujeres.<\/p>\n<h2>4. La gestaci\u00f3n: deseo, miedo y cuerpo que se ahueca<\/h2>\n<p>El poema que m\u00e1s directamente enuncia la experiencia gestante desde dentro es \u00abHoy te siento en m\u00ed\u00bb (p. 63). Su primer movimiento es el del deseo: \u00abTe he deseado,\u00bb y, a continuaci\u00f3n, la invocaci\u00f3n. Pero el deseo no se presenta sin fisuras; enseguida aparece su reverso: \u00absin embargo, me atenaza\u00bb, seguido, en versos aislados, de \u00abel miedo,\u00bb y de \u00abla incertidumbre.\u00bb Lo que el poema registra en primer lugar no es la plenitud, sino la ambivalencia. Esa ambivalencia es exactamente lo que Rich reclamaba como parte leg\u00edtima de la experiencia materna frente a la imagen institucional de la madre serena y sin dudas. El sujeto l\u00edrico no oculta que la criatura deseada es tambi\u00e9n objeto de temor.<\/p>\n<p>La segunda estrofa introduce una afirmaci\u00f3n que tiene alcance te\u00f3rico. La voz declara: \u00abNo ha sido el amor inconsciente, ni el azar,\u00bb y opone a ello \u00abla tenacidad y el anhelo\u00bb. La gestaci\u00f3n se presenta como resultado de una voluntad sostenida, no como consecuencia natural de la sexualidad ni como destino. En t\u00e9rminos de Rich, esta es una maternidad elegida, sustra\u00edda a la l\u00f3gica institucional que la daba por supuesta. El poema no precisa la naturaleza de esa tenacidad, y el an\u00e1lisis no debe hacerlo por \u00e9l; basta con observar que la voz reivindica la agencia sobre su propia fecundidad. La estrofa se cierra con una mirada al mundo que recibir\u00e1 a la criatura \u2014\u00aben este mundo de locos,\u00bb\u2014 que introduce, sin \u00e9nfasis, la conciencia de que la vida nueva nace en un medio hostil.<\/p>\n<p>El cierre del poema es un d\u00edstico de presente absoluto: \u00abHoy es el primer d\u00eda de tu nueva vida,\u00bb seguido de \u00abhoy, te siento en m\u00ed.\u00bb. El adverbio repetido fija un tiempo inaugural que no pertenece a la cronolog\u00eda lineal sino a la experiencia: el d\u00eda en que el otro se hace sensible dentro del propio cuerpo. Young describe precisamente ese momento como el inicio de la escisi\u00f3n del sujeto gestante: el movimiento interior pertenece a otro y, sin embargo, se vive como propio (Young, 1984). La f\u00f3rmula \u00abte siento en m\u00ed\u00bb condensa esa duplicaci\u00f3n en cuatro palabras: hay un t\u00fa y hay un yo, pero el lugar del t\u00fa es el yo. Conviene se\u00f1alar que el mismo verso inaugural, \u00abHoy es el primer d\u00eda de tu nueva vida,\u00bb, reaparece en el poema siguiente, \u00abErupci\u00f3n\u00bb, como estribillo que enlaza gestaci\u00f3n y parto; sobre esa repetici\u00f3n se volver\u00e1 m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p>\u00abYa queda menos para el verano\u00bb (p. 62) ofrece una perspectiva diferente. La voz no habla desde el cuerpo gestante sino ante \u00e9l: se dirige a una mujer embarazada cuyo cuerpo describe con precisi\u00f3n f\u00edsica \u2014\u00abtu cuerpo crece y se ahueca.\u00bb\u2014 y a la que anuncia que su vientre alberga \u00aba una linda ni\u00f1a como t\u00fa\u00bb. La comparaci\u00f3n final inscribe a la futura hija en una semejanza con la madre y, de manera impl\u00edcita, sit\u00faa a quien habla en una posici\u00f3n anterior, la de quien ya conoci\u00f3 a esa madre cuando era ni\u00f1a. El poema construye as\u00ed, sin nombrarla, una cadena de tres generaciones de mujeres. El an\u00e1lisis no puede ni debe convertir esa cadena en dato biogr\u00e1fico; basta con constatar que el poema la dispone textualmente y que, al hacerlo, hace de la gestaci\u00f3n un acontecimiento de linaje femenino.<\/p>\n<p>La forma del poema subraya su sentido. Las cuatro estrofas terminan con un verso casi id\u00e9ntico en su estructura: \u00abS\u00f3lo una sensaci\u00f3n: Felicidad.\u00bb, \u00abSolo una emoci\u00f3n: Alegr\u00eda.\u00bb, \u00abSolo un pensamiento: Ilusi\u00f3n.\u00bb y, finalmente, \u00abSolo una palabra: Plenitud.\u00bb. La serie avanza de lo sensorial a lo emotivo, de lo emotivo a lo mental y de lo mental a lo verbal, como si la experiencia fuera buscando su nombre y solo en la \u00faltima estrofa lo encontrara. Es significativo que la palabra final, la que corona el embarazo, sea \u00abPlenitud\u00bb: el cuerpo que se ahueca es, al mismo tiempo, el cuerpo que se llena. La paradoja de la gestaci\u00f3n \u2014vaciarse por dentro para hacer sitio y, a la vez, llenarse de otro\u2014 anticipa el t\u00edtulo de uno de los poemas centrales de la secci\u00f3n, \u00abVac\u00edo, lleno, vac\u00edo\u00bb.<\/p>\n<p>El poema se sostiene, adem\u00e1s, en un calendario estacional. Aparecen la humedad de la hierba, el jacinto temprano, un febrero que se despide y el verano que se aproxima. La gestaci\u00f3n se mide con el tiempo de la naturaleza, no con el de las semanas cl\u00ednicas. Esta decisi\u00f3n merece destacarse porque contrasta con lo que Young describe como la alienaci\u00f3n m\u00e9dica del embarazo, en la que la experiencia se traduce a datos, pruebas y plazos. En los poemas de Garc\u00eda no hay ecograf\u00edas, consultas ni cifras; hay estaciones, lunas y horas. La elecci\u00f3n es po\u00e9tica, pero tiene tambi\u00e9n un alcance cr\u00edtico impl\u00edcito: el embarazo se devuelve a la experiencia y se sustrae a su administraci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abPrisa por llegar\u00bb (p. 60) completa el ciclo de la gestaci\u00f3n con una imagen l\u00edquida del nacimiento. La criatura, a la que se describe \u00abencaramada a la luna llena\u00bb, es interpelada con un verso de gran concentraci\u00f3n: \u00abte hiciste agua en m\u00ed un 9 de enero.\u00bb La expresi\u00f3n admite m\u00e1s de una lectura \u2014el agua como materia de la que est\u00e1 hecha la vida intrauterina, el agua que se rompe al comenzar el parto\u2014, y el poema no obliga a elegir. Lo que importa es que el nacimiento se diga como una transformaci\u00f3n de la materia dentro del propio cuerpo: el t\u00fa se hace agua en el yo. La segunda estrofa desplaza la imagen al interior de la madre: \u00abmi coraz\u00f3n se agrand\u00f3 para cobijarte\u00bb y se dispuso a \u00abhacer el nido donde crecer\u00edas.\u00bb. El cuerpo materno se ensancha para dar cabida, y lo hace como nido, es decir, como construcci\u00f3n activa y no como mero recipiente.<\/p>\n<h2>5. El parto: erupci\u00f3n, luna llena y el primer d\u00eda<\/h2>\n<p>\u00abErupci\u00f3n\u00bb (p. 64) es el poema del parto y, probablemente, el m\u00e1s intenso de la secci\u00f3n. Su primer verso es una imagen geol\u00f3gica y c\u00f3smica a la vez: \u00abEn erupci\u00f3n ha entrado el cielo de mis entra\u00f1as,\u00bb. El parto no se describe como dolor sino como fuerza tel\u00farica: las entra\u00f1as son un cielo y ese cielo entra en erupci\u00f3n. La met\u00e1fora esquiva dos registros tradicionales del parto, el del sufrimiento pasivo y el de la dulzura, y lo sit\u00faa en el de la potencia. En t\u00e9rminos de Cixous, el cuerpo materno no es aqu\u00ed objeto de la escritura sino su energ\u00eda; lo que habla es el cuerpo en acto.<\/p>\n<p>El poema retoma la luna llena de \u00abPrisa por llegar\u00bb: la criatura llega \u00aba lomos de la luna llena,\u00bb. La reiteraci\u00f3n de la imagen lunar en ambos poemas no es decorativa. La luna es el astro de los ciclos, de las mareas y, en la tradici\u00f3n, de los ritmos del cuerpo femenino; al asociarla al nacimiento, el libro inscribe el parto en un tiempo c\u00edclico que es el que Kristeva (1981) atribuye a la subjetividad femenina pensada como materna. El verso siguiente introduce la dimensi\u00f3n dram\u00e1tica del acontecimiento: la criatura llega \u00abtriunfando sobre la muerte,\u00bb. En una secci\u00f3n que sigue inmediatamente a LA DE LA MUERTE, el verso funciona casi como una bisagra estructural: la vida no es la ignorancia de la muerte, sino una victoria sobre ella.<\/p>\n<p>Esa victoria tiene, en el poema, un sentido m\u00e1s preciso. Hacia la mitad del texto se lee: \u00abun ni\u00f1o arco iris eres,\u00bb. La expresi\u00f3n remite a un l\u00e9xico contempor\u00e1neo surgido en las comunidades de madres que han sufrido una p\u00e9rdida perinatal, en el que se llama beb\u00e9 arco\u00edris al hijo nacido vivo despu\u00e9s de una p\u00e9rdida anterior; un estudio cualitativo con madres en duelo perinatal constat\u00f3 que era la etiqueta m\u00e1s frecuente de ese vocabulario y que se usaba sin necesidad de explicaci\u00f3n, porque la comunidad la daba por sabida (Wheeler et al., 2022). Le\u00eddo a esa luz, el verso \u00abtriunfando sobre la muerte,\u00bb deja de ser hip\u00e9rbole y se convierte en indicio: el parto que el poema celebra viene precedido, en el mundo del texto, por una p\u00e9rdida. El poema no la narra, y el an\u00e1lisis no debe inventarla; pero la expresi\u00f3n elegida la presupone. De este modo, \u00abErupci\u00f3n\u00bb se convierte en el punto exacto en que la herida de la muerte y la herida de la vida se tocan, lo que confirma la l\u00f3gica del ep\u00edgrafe hernandiano: se reto\u00f1a porque se ha sido talado.<\/p>\n<p>El mismo poema contiene otra referencia precisa al vocabulario contempor\u00e1neo del parto: \u00abha sido un parto loto,\u00bb. El llamado parto loto consiste en no cortar el cord\u00f3n umbilical tras el nacimiento y dejar que la placenta permanezca unida al reci\u00e9n nacido hasta que el cord\u00f3n se seca y se desprende por s\u00ed solo (Steer-Massaro, 2020). El verso que precede a esa menci\u00f3n \u2014\u00abEntre mis piernas t\u00fa y tu alimento,\u00bb\u2014 se aclara entonces: el alimento es la placenta, que sigue unida a la criatura despu\u00e9s de nacer. La literatura cl\u00ednica advierte sobre los riesgos de la pr\u00e1ctica, y no corresponde a un estudio literario pronunciarse sobre ella; lo que s\u00ed interesa es su valor po\u00e9tico. El parto loto es, literalmente, un parto que retrasa la separaci\u00f3n. En el poema, el nacimiento no corta el v\u00ednculo de inmediato: la criatura llega con su alimento, unida todav\u00eda al cuerpo del que procede. La imagen prepara el poema siguiente, que es precisamente un poema sobre la separaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El cierre de \u00abErupci\u00f3n\u00bb repite, con una variaci\u00f3n, el verso con que terminaba \u00abHoy te siento en m\u00ed\u00bb: de nuevo, \u00abHoy es el primer d\u00eda de tu nueva vida,\u00bb, pero ahora seguido de \u00abhoy est\u00e1s aqu\u00ed, junto a mi coraz\u00f3n,\u00bb y de la exclamaci\u00f3n \u00ab\u00a1por fin en mi regazo!\u00bb. El paso del \u00abte siento en m\u00ed\u00bb al \u00abest\u00e1s aqu\u00ed\u00bb es el paso de la interioridad a la exterioridad, del cuerpo compartido al cuerpo contiguo. El estribillo sirve para marcar dos &#8220;primeros d\u00edas&#8221;: el de la vida sentida y el de la vida nacida. La secci\u00f3n, as\u00ed, no trata el nacimiento como un \u00fanico instante, sino como una sucesi\u00f3n de umbrales, cada uno de los cuales es a la vez comienzo y separaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abVac\u00edo, lleno, vac\u00edo\u00bb (p. 65) es el poema m\u00e1s breve y m\u00e1s abstracto de este grupo, y tambi\u00e9n el m\u00e1s radical desde el punto de vista formal. Est\u00e1 compuesto por ocho versos brev\u00edsimos, sin verbos, que proceden por parejas de opuestos: calor y fr\u00edo, agua y aire, h\u00famedo y seco, dentro y fuera. Son las oposiciones que un reci\u00e9n nacido atraviesa al salir del cuerpo materno \u2014del calor al fr\u00edo, del agua al aire, de la humedad a la sequedad, de dentro a fuera\u2014, pero tambi\u00e9n las que atraviesa el cuerpo de la madre, que pasa de lleno a vac\u00edo. El t\u00edtulo lo dice en tres palabras y dibuja un ciclo que empieza y termina en el vac\u00edo, con la plenitud como estado intermedio.<\/p>\n<p>La segunda mitad del poema es una peque\u00f1a aritm\u00e9tica de la separaci\u00f3n: \u00abdos en una,\u00bb, despu\u00e9s \u00abdos,\u00bb, luego \u00abcada una,\u00bb y, al final, \u00abuna.\u00bb. La secuencia describe con una econom\u00eda extrema lo que Young llama la escisi\u00f3n del sujeto gestante y su resoluci\u00f3n en el parto: primero dos cuerpos en uno, luego dos cuerpos, luego cada cuerpo por su lado. El g\u00e9nero gramatical del poema es femenino \u2014\u00abdos en una\u00bb, \u00abcada una\u00bb\u2014, de manera que la separaci\u00f3n que se narra es, textualmente, la de dos mujeres: una madre y una hija. El \u00faltimo verso, \u00abuna.\u00bb, es ambiguo en el mejor sentido: puede leerse como la unidad recuperada de cada cuerpo despu\u00e9s de la separaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n como la soledad de la madre que vuelve a ser una sola. La maternidad, en este poema, no es fusi\u00f3n sin fin ni separaci\u00f3n sin resto; es el movimiento entre ambas. Y ese movimiento, que es a la vez p\u00e9rdida y ganancia, es la forma exacta que el libro da a la herida de la vida.<\/p>\n<h2>6. La lactancia: la luna de los pechos y el cuerpo a cuerpo<\/h2>\n<p>La lactancia aparece dos veces en la secci\u00f3n, y las dos veces con una intensidad que excede lo descriptivo. La primera est\u00e1 en \u00abPrisa por llegar\u00bb, cuya \u00faltima estrofa presenta a la criatura \u00abAgarrada a mi sol blanco\u00bb y dice de ella: \u00absuccionabas \u00e1vida\u00bb. Lo que la criatura succiona se enumera a continuaci\u00f3n en versos aislados: \u00ableche,\u00bb, \u00absangre,\u00bb, \u00abtiempo\u00bb y, en el \u00faltimo verso, \u00aby amor certero.\u00bb. La enumeraci\u00f3n empieza en el fluido literal y termina en la abstracci\u00f3n, pasando por la sangre y por el tiempo. La serie es notable por dos razones. En primer lugar, porque dice con franqueza que la lactancia no transmite solo leche: consume el cuerpo de la madre \u2014su sangre\u2014 y consume su tiempo, que es la forma m\u00e1s concreta de su vida. En segundo lugar, porque coloca el amor al final de esa cadena material, como si el amor no fuera un sentimiento a\u00f1adido a la alimentaci\u00f3n sino su resultado.<\/p>\n<p>La met\u00e1fora del pecho como \u00absol blanco\u00bb merece atenci\u00f3n. En la tradici\u00f3n, el pecho materno se ha asociado a la fuente, a la leche y, en la iconograf\u00eda cristiana, a la Virgen lactante que Kristeva analiza en &#8220;Stabat Mater&#8221; como una de las figuras con que la cultura ha domesticado lo materno (Kristeva, 1985). Garc\u00eda no recurre a esa iconograf\u00eda. Su pecho es un sol: fuente de calor y de luz, astro alrededor del cual gira la criatura. El adjetivo blanco lo vincula con la leche, pero el sustantivo lo saca de la esfera dom\u00e9stica y lo lleva a la c\u00f3smica, del mismo modo que el parto era un cielo en erupci\u00f3n. Hay aqu\u00ed una coincidencia con la imagen cixousiana de la tinta blanca (Cixous, 1995, pp. 55-56), pero invertida: no se trata de escribir con leche, sino de convertir la leche en astro.<\/p>\n<p>El segundo poema de la lactancia es \u00abPegada a la luna de sus pechos\u00bb (p. 66), que traslada la imagen astral del sol a la luna. El cambio de astro no es casual: la luna, como se ha visto, es en la secci\u00f3n el astro del nacimiento. El poema est\u00e1 enunciado desde fuera de la d\u00edada: una voz se dirige a la criatura lactante y habla de la madre en tercera persona. La primera estrofa describe el acto con una precisi\u00f3n que no teme el detalle f\u00edsico: la criatura \u00abreptas y te esfuerzas por saciarte\u00bb, \u00absuccionas tambi\u00e9n su calor\u00bb y permanece \u00abpiel con piel\u00bb, para terminar en un verso de una sola palabra: \u00abtranquila.\u00bb. El verbo reptar pertenece al vocabulario animal y devuelve a la lactancia su condici\u00f3n de conducta mam\u00edfera, sin idealizaci\u00f3n. La lactancia no es, en este poema, una escena de ternura est\u00e1tica, sino un trabajo: la criatura se esfuerza.<\/p>\n<p>La segunda estrofa se centra en la madre y lo hace con un l\u00e9xico de donaci\u00f3n: \u00abElla, tu madre,\u00bb y a continuaci\u00f3n \u00abofrenda su leche\u00bb. El verbo ofrendar tiene resonancias rituales, y podr\u00eda leerse como una reca\u00edda en la ret\u00f3rica sacrificial de la maternidad que Rich denuncia como parte de la instituci\u00f3n. Sin embargo, el poema completa la frase de una manera que desplaza el sentido: la madre \u00abentrega su cuerpo\u00bb y lo entrega \u00aba la vida.\u00bb. La entrega no se dirige a un deber, a una familia ni a una ley, sino a la vida misma. Es una donaci\u00f3n sin acreedor institucional. La diferencia es sutil, pero decisiva para la lectura desde Rich: lo que se describe es una experiencia de entrega corporal, no el cumplimiento de un mandato.<\/p>\n<p>La tercera estrofa vuelve a la criatura, a la que llama \u00abT\u00fa, promesa de a\u00f1os nuevos,\u00bb. La palabra promesa atraviesa la secci\u00f3n: el reci\u00e9n nacido de \u00ab5 de diciembre 1980\u00bb es \u00abpromesa impregnada de olor a meconio\u00bb, y los ni\u00f1os de ocho a\u00f1os de \u00abCuerpos infantiles\u00bb son \u00abpromesa de ma\u00f1ana\u00bb. El libro llama promesa a la infancia, es decir, la inscribe en el futuro. El verso que sigue muestra una rareza del texto que debe citarse tal como aparece en el volumen: la criatura se aferra para encender una chispa \u00abque te guie\u00bb. Pero el momento culminante del poema est\u00e1 en su cierre, un d\u00edstico de enorme econom\u00eda: \u00abDos mujeres, dos.\u00bb y, en verso aparte, la exclamaci\u00f3n \u00ab\u00a1Unidas!\u00bb.<\/p>\n<p>Este cierre es el n\u00facleo de la lectura de la secci\u00f3n desde el feminismo de la diferencia. La lactante es una ni\u00f1a, y el poema lo subraya al contar a madre e hija como \u00abDos mujeres\u00bb. La relaci\u00f3n de lactancia se dice, as\u00ed, como relaci\u00f3n entre mujeres, y la leche, como v\u00ednculo de genealog\u00eda femenina. Irigaray (1985) lamentaba que la cultura patriarcal hubiera dejado sin palabras el cuerpo a cuerpo entre madre e hija; el poema le da precisamente esas palabras, y lo hace sin sentimentalismo, con la precisi\u00f3n de un recuento. La repetici\u00f3n del numeral \u2014\u00abDos mujeres, dos.\u00bb\u2014 tiene una funci\u00f3n afirmativa: insiste en que son dos, no una, justo en el momento en que el cuerpo las une. Se reproduce aqu\u00ed la dial\u00e9ctica de \u00abVac\u00edo, lleno, vac\u00edo\u00bb: la uni\u00f3n no anula la dualidad. La lactancia es fusi\u00f3n y es, a la vez, reconocimiento de dos sujetos.<\/p>\n<p>La cr\u00edtica reciente ha subrayado la novedad de esta franqueza. C\u00e1novas (2018) ha mostrado c\u00f3mo Luna Miguel escribe la subida de la leche con un lenguaje sin pudor que desmonta la imagen idealizada del amamantamiento, y Di Leone (2022) ha propuesto la noci\u00f3n de una po\u00e9tica de la lengua l\u00e1ctea para describir escrituras en las que la leche y la palabra se confunden. Garc\u00eda se sit\u00faa en esa l\u00ednea, aunque con un tono distinto: donde Luna Miguel acent\u00faa lo extra\u00f1o y lo inc\u00f3modo, Garc\u00eda acent\u00faa lo c\u00f3smico y lo relacional. Su lactancia no es un esc\u00e1ndalo del cuerpo sino una astronom\u00eda del v\u00ednculo. Lo que comparte con esas po\u00e9ticas es lo esencial desde la perspectiva de Rich: la lactancia se dice desde la experiencia, con sus fluidos, su esfuerzo y su calor, y no desde las normas que la regulan. En los poemas de la secci\u00f3n no hay horarios, consejos, juicios ajenos ni prescripciones; hay un cuerpo que da y otro que toma. Vivas (2019) ha insistido en que la lactancia es hoy uno de los terrenos donde con m\u00e1s fuerza se disputan la experiencia materna y su gesti\u00f3n social; la secci\u00f3n de Garc\u00eda elige, sin polemizar, el lado de la experiencia.<\/p>\n<h2>7. Crianza, mirada y tiempo: del meconio al espejo<\/h2>\n<p>El poema que abre la secci\u00f3n, \u00ab5 de diciembre 1980\u00bb (p. 59), es un poema de aniversario y, por eso mismo, un poema sobre el tiempo. Sus dos primeros versos fijan una duraci\u00f3n y la ponen en relaci\u00f3n con la historia p\u00fablica: \u00abCuarenta a\u00f1os que llegaste a mi existencia\u00bb y, a continuaci\u00f3n, \u00ablos mismos de la muerte de John Lennon.\u00bb. El nacimiento privado se mide con una efem\u00e9ride colectiva, y ambas cosas quedan unidas por la cifra de los cuarenta a\u00f1os. La operaci\u00f3n es caracter\u00edstica de lo que Kristeva (1981) describe como el cruce entre el tiempo lineal de la historia y el tiempo propio de la experiencia femenina pensada como materna: el aniversario es, a la vez, un punto en la cronolog\u00eda y un retorno c\u00edclico. Conviene insistir en la cautela de m\u00e9todo: el t\u00edtulo y la cifra son elementos del poema, y el estudio no los traslada a la biograf\u00eda de la autora.<\/p>\n<p>El resto del poema es una breve historia de la primera infancia contada por hitos corporales. El reci\u00e9n nacido es \u00abTu peque\u00f1o cuerpo\u00bb y, en el verso siguiente, una \u00abpromesa impregnada de olor a meconio\u00bb. El meconio, las primeras heces del reci\u00e9n nacido, es un t\u00e9rmino que la poes\u00eda tradicional de la maternidad dif\u00edcilmente habr\u00eda admitido. Su presencia aqu\u00ed es una declaraci\u00f3n de principios: la experiencia materna incluye lo que la instituci\u00f3n ha preferido no nombrar. A continuaci\u00f3n el poema enumera las noches en vela, los despertares, el llanto y los \u00abgritos de hambre,\u00bb, y resume esa etapa con un verso que funde lo biol\u00f3gico y lo emocional: \u00abnecesidad e instinto.\u00bb. Siguen los que el poema llama \u00abM\u00e1gicos momentos:\u00bb \u2014la primera sonrisa, sostener la cabeza, erguirse, re\u00edr \u00abdesdentado\u00bb\u2014 hasta llegar a los primeros pasos, que el texto describe como \u00abLa gran haza\u00f1a,\u00bb de unos pasos tambaleantes que avanzan hacia el mundo.<\/p>\n<p>Dos rasgos de este poema interesan especialmente. El primero es la forma en que describe la sincron\u00eda de los cuerpos en los primeros meses: \u00abNoches en vela\u00bb y, en el verso siguiente, \u00abritmos al un\u00edsono.\u00bb. La crianza temprana aparece como un acompasamiento de dos ritmos biol\u00f3gicos, una continuaci\u00f3n fuera del \u00fatero de la fusi\u00f3n que la gestaci\u00f3n hab\u00eda instaurado. El segundo rasgo es el destino del movimiento final: los pasos del ni\u00f1o van \u00abhacia el mundo\u00bb y el poema termina con la expresi\u00f3n \u00abpara hacerlo tuyo.\u00bb. La crianza, por tanto, no se cierra en la d\u00edada; su culminaci\u00f3n es la salida del ni\u00f1o hacia fuera. La l\u00f3gica de \u00abVac\u00edo, lleno, vac\u00edo\u00bb se extiende as\u00ed a toda la infancia: criar es preparar la separaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abCuerpos infantiles\u00bb (p. 61) desarrolla la misma idea mediante una an\u00e1fora que recorre edades: los cuerpos de tres a\u00f1os, \u00abtodav\u00eda redondos,\u00bb, los de ocho, \u00abespigados ya,\u00bb, y finalmente los que el poema llama \u00abCuerpos de mi cuerpo, continuaci\u00f3n amorosa,\u00bb. El sintagma \u00abCuerpos de mi cuerpo\u00bb expresa con exactitud la continuidad material entre madre e hijos que la gestaci\u00f3n ha establecido. El poema, sin embargo, no se detiene en la apropiaci\u00f3n. Su \u00faltima estrofa dice de esos cuerpos que son un \u00abespejismo\u00bb y cierra con un verso que introduce la duda: \u00aben el que me reflejo.\u00bb. La madre se ve en los hijos, pero lo que ve es un espejismo. La continuidad corporal no garantiza la identidad; el reflejo es, al mismo tiempo, semejanza e ilusi\u00f3n. Esa conciencia de la distancia es lo que separa este poema de la ret\u00f3rica de la madre que se prolonga en su descendencia, caracter\u00edstica de la instituci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abLos ojos de mam\u00e1\u00bb (p. 67) desplaza la mirada: ahora es la ni\u00f1a quien mira a la madre. El poema se dirige a la madre en segunda persona y describe la funci\u00f3n de sus ojos para la hija: la ni\u00f1a los escruta, espera su permiso y encuentra en ellos su gu\u00eda; los ojos maternos son \u00absu amarra\u00bb para no perderse en las encrucijadas. La madre, en este poema, es la que sostiene con la mirada. El cierre lleva esa funci\u00f3n hacia el futuro: los ojos maternos, \u00abcuajados de sue\u00f1os\u00bb, labran el porvenir de la hija \u00abpara un ma\u00f1ana que ya es hoy.\u00bb. La paradoja temporal del \u00faltimo verso \u2014un ma\u00f1ana que ya es hoy\u2014 vuelve a situar la experiencia materna en un tiempo que no es lineal, sino plegado sobre s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>\u00abL\u00edquida serenata\u00bb (p. 68) es el poema del juego. Una criatura chapotea en el agua de una alberca, sin descanso, y la voz registra la alegr\u00eda contagiosa de ese juego, hasta el punto de envidiarlo. La onomatopeya del chapoteo \u2014\u00abplisti plasta, plisti plas.\u00bb\u2014 introduce el lenguaje infantil en el poema, y la exclamaci\u00f3n \u00ab\u00a1Qu\u00e9 delirio tu inocencia!\u00bb sit\u00faa a la voz adulta en posici\u00f3n de testigo fascinado. Pero lo m\u00e1s significativo est\u00e1 en el cierre: cuando cesa el ruido, el silencio crea la necesidad de \u00abvolver a o\u00edr tu l\u00edquida serenata.\u00bb. La crianza se define por la presencia sonora del otro, y su ausencia \u2014aunque sea moment\u00e1nea\u2014 se vive como falta. El agua, que en \u00abPrisa por llegar\u00bb era la materia del nacimiento, se convierte aqu\u00ed en la materia del juego: el libro mantiene la continuidad de sus im\u00e1genes l\u00edquidas.<\/p>\n<p>\u00abConversaci\u00f3n\u00bb (p. 69) es el poema m\u00e1s singular de la secci\u00f3n y uno de los m\u00e1s inventivos del libro. En \u00e9l habla un espejo, y habla ante una ni\u00f1a peque\u00f1a que descubre su imagen. El espejo se define a s\u00ed mismo con un verso inequ\u00edvoco: \u00ab\u2014Yo no tengo entra\u00f1as, solo soy tu reflejo.\u00bb. La negaci\u00f3n de las entra\u00f1as es significativa en una secci\u00f3n donde las entra\u00f1as han sido el lugar de la gestaci\u00f3n y el cielo del parto. El espejo es lo contrario de la madre: devuelve una imagen, pero no engendra. La ni\u00f1a, en cambio, se relaciona con \u00e9l como con otro ser: le pregunta, le pide jugar, lo besa. El poema dramatiza as\u00ed, con extraordinaria precisi\u00f3n, lo que Lacan (2009) describi\u00f3 como el estadio del espejo: el momento en que la criatura, todav\u00eda torpe en su motricidad, asume con j\u00fabilo la imagen especular de s\u00ed misma. El texto lo registra casi literalmente: la ni\u00f1a est\u00e1 \u00abenamorada de su imagen en el espejo\u00bb y se aleja con sus \u00abpasos inseguros de beb\u00e9 tambaleante.\u00bb.<\/p>\n<p>El verso final da al poema un giro humor\u00edstico y conmovedor a la vez: el espejo, conmovido, confiesa: \u00abyo, emocionado, pierdo el azogue.\u00bb. Perder el azogue es perder la capa que hace del cristal un espejo; es, por tanto, dejar de reflejar. El espejo se emociona hasta el punto de abandonar su funci\u00f3n. La lectura desde la secci\u00f3n es clara: la ni\u00f1a se forma en la relaci\u00f3n con la imagen, pero la imagen no basta; lo que el poema pide, impl\u00edcitamente, es una mirada que no sea solo reflejo. Esa mirada es la de los ojos de la madre del poema anterior. \u00abLos ojos de mam\u00e1\u00bb y \u00abConversaci\u00f3n\u00bb forman un d\u00edptico: en uno, la ni\u00f1a se orienta en los ojos maternos; en el otro, se enamora de su propio reflejo. Entre ambos, la secci\u00f3n dibuja la constituci\u00f3n del sujeto infantil entre la mirada del otro y la imagen de s\u00ed.<\/p>\n<h2>8. Tiempo de madres: sororidad y comunidad del cuidado<\/h2>\n<p>\u00abTiempo de madres\u00bb (p. 70) cierra el primer tramo de la secci\u00f3n y lo hace ampliando el marco: de la d\u00edada madre-criatura se pasa a la comunidad de madres. El poema describe un tiempo compartido, \u00abTiempo de voces,\u00bb, en el que se re\u00fanen, seg\u00fan el verso central, \u00abtiempo de madres con sus cr\u00edas de leche\u00bb, con una precisi\u00f3n humor\u00edstica inmediata: \u00ab\u2014que no de caf\u00e9\u2014,\u00bb. El guion introduce un juego de palabras que desactiva cualquier solemnidad: las madres se re\u00fanen con sus cr\u00edas lactantes, no alrededor de un caf\u00e9. La escena es cotidiana y concreta, alejada de toda idealizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El poema contiene una palabra que ning\u00fan otro del libro emplea y que resulta decisiva para su lectura: las j\u00f3venes \u00ab\u00e1vidas por sostenerse\u00bb que el poema re\u00fane son las que \u00abbuscan paz y sororidad.\u00bb. El t\u00e9rmino sororidad, que Lagarde (1992) teoriz\u00f3 como la amistad entre mujeres diferentes y pares, c\u00f3mplices en un proyecto com\u00fan, aparece aqu\u00ed aplicado al tiempo compartido de la crianza. El poema convierte la maternidad, que la instituci\u00f3n ha tendido a aislar en el espacio dom\u00e9stico, en ocasi\u00f3n de encuentro entre mujeres. Esta es, quiz\u00e1, la respuesta m\u00e1s clara de la secci\u00f3n a la cr\u00edtica de Rich: frente a la maternidad institucional, solitaria y vigilada, el poema propone una maternidad comunitaria y elegida. La tercera estrofa lo explicita: ese tiempo es \u00abde descanso y recarga,\u00bb y es un tiempo que \u00abcrea comunidad y espacios.\u00bb.<\/p>\n<p>La noci\u00f3n de pensamiento maternal de Ruddick (1995) ayuda a precisar el alcance de esta escena. Para Ruddick, el trabajo de cuidar genera formas espec\u00edficas de atenci\u00f3n y de razonamiento que no son exclusivas de las madres biol\u00f3gicas y que pueden tener un alcance \u00e9tico y pol\u00edtico. El poema de Garc\u00eda no teoriza, pero su escena responde a esa idea: el cuidado compartido entre madres no es un momento de ocio sino un espacio de pensamiento, como indica el verso que menciona el tiempo \u00abde hablar pensar y so\u00f1ar,\u00bb. El cierre del poema resume la propuesta en una f\u00f3rmula ontol\u00f3gica: \u00abHermoso y necesario tiempo para estar y ser.\u00bb. La maternidad no se presenta como p\u00e9rdida del yo en la funci\u00f3n, sino como ocasi\u00f3n de ser.<\/p>\n<p>Con \u00abTiempo de madres\u00bb termina el primer tramo de la secci\u00f3n. El recorrido ha ido del cuerpo individual \u2014gestante, parturienta, lactante\u2014 a la d\u00edada, de la d\u00edada a la mirada infantil y de la mirada a la comunidad. En ninguno de estos poemas la maternidad aparece como deber impuesto, como destino natural o como fuente de culpa; en todos aparece como experiencia vivida, con sus miedos, sus fluidos y su placer. La pregunta por la instituci\u00f3n, sin embargo, no queda resuelta por esta ausencia. Para responderla hay que mirar a los dos lugares del libro donde la maternidad se muestra en su reverso: el tramo final de la propia secci\u00f3n, dedicado al cuerpo vulnerable, y los poemas de las otras secciones que hablan de madres.<\/p>\n<h2>9. El reverso del cuerpo gestante: vulnerabilidad, enfermedad y resistencia<\/h2>\n<p>El segundo tramo de LA DE LA VIDA, de \u00abVulnerable\u00bb (p. 71) a \u00abSonrisa al viento\u00bb (p. 79), cambia de tema pero no de lenguaje. Lo que en el primer tramo era un cuerpo que se abre para dar vida es ahora un cuerpo que se abre al dolor. La continuidad l\u00e9xica entre ambos tramos es la clave de su convivencia en una misma secci\u00f3n, y tambi\u00e9n la clave de la pregunta por la maternidad como herida. Fern\u00e1ndez Mart\u00ednez (2023) ha mostrado que el cuerpo enfermo se ha convertido en la poes\u00eda espa\u00f1ola del siglo XXI en un motivo renovado, ligado al dolor f\u00edsico y a la experiencia en primera persona; la secci\u00f3n de Garc\u00eda participa de esa renovaci\u00f3n, pero con un rasgo propio: escribe la enfermedad con el vocabulario de la maternidad.<\/p>\n<p>\u00abVulnerable\u00bb abre el tramo con un retrato del cuerpo propio: \u00abEse cuerpo que amo y me reconforta\u00bb. El cuerpo es objeto de amor, como lo eran los cuerpos infantiles, pero ahora es el cuerpo de quien habla, y es un cuerpo que falla. Hay momentos, dice el poema, en que ese cuerpo no puede m\u00e1s y se vuelve, en una f\u00f3rmula parad\u00f3jica, \u00abvulnerable en todo su esplendor:\u00bb. La vulnerabilidad no se opone al esplendor: lo acompa\u00f1a. El poema enumera a continuaci\u00f3n las carencias en paralelismos negativos \u2014no poder sostenerlo, no poder alimentarlo\u2014 que invierten t\u00e9rmino por t\u00e9rmino los verbos de la crianza. Sostener y alimentar eran, en el primer tramo, lo que la madre hac\u00eda con la criatura; aqu\u00ed son lo que el sujeto ya no puede hacer con su propio cuerpo. La inversi\u00f3n es exacta: el cuerpo enfermo se convierte en una criatura a la que no se puede criar.<\/p>\n<p>El mismo poema registra un cambio en la valoraci\u00f3n de lo cotidiano que la fenomenolog\u00eda de la enfermedad ha descrito con precisi\u00f3n. \u00abEl sue\u00f1o reparador, antes banal,\u00bb dice la voz, es ahora clave para la supervivencia. Carel (2016) sostiene que la enfermedad distancia a quien la padece de rutinas y h\u00e1bitos que se daban por supuestos y revela aspectos de la existencia que en la salud pasan inadvertidos; el verso de Garc\u00eda es una ilustraci\u00f3n literal de esa tesis. El cierre del poema introduce una lucidez que el libro no abandonar\u00e1: la voz espera ver su cuerpo regenerado y dispuesto para la batalla, aunque sabe que la \u00faltima batalla est\u00e1 perdida. La resistencia no niega la finitud; la presupone.<\/p>\n<p>\u00abFormas de amanecer\u00bb (p. 73) es el poema formalmente m\u00e1s audaz de la secci\u00f3n. Sus versos se disponen en la p\u00e1gina con sangr\u00edas escalonadas y cada estrofa se abre con un participio femenino aislado \u2014\u00abEnroscada,\u00bb, \u00abEncrespada,\u00bb, \u00abEngarzada,\u00bb y \u00abEnsortijada\u00bb\u2014 que describe una postura del cuerpo al despertar. La imagen dominante es la de una serpiente, con referencias a los s\u00edstoles y di\u00e1stoles de un coraz\u00f3n ag\u00f3nico y al cansancio acumulado. El \u00faltimo verso, separado del resto, nombra la causa: \u00abFormas de amanecer con el mal que me habita.\u00bb. La expresi\u00f3n \u00abel mal que me habita\u00bb es decisiva para la lectura de conjunto. El verbo habitar describe una presencia interior, instalada en el cuerpo, que remite de manera inevitable al lenguaje de la gestaci\u00f3n: tambi\u00e9n la criatura habitaba el cuerpo de la madre. La enfermedad es aqu\u00ed un habitante, y el cuerpo, su morada. La \u00faltima estrofa del poema lleva la analog\u00eda m\u00e1s lejos, al hablar de un cuerpo que est\u00e1 \u00abincubando nuevos aconteceres de horizontes cristalinos.\u00bb: incluso la convalecencia se dice como incubaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abYacente\u00bb (p. 74) desplaza de nuevo la voz: ahora alguien se dirige a otro cuerpo, el de la persona amada, postrado en el lecho del dolor. El poema describe ese cuerpo con una an\u00e1fora \u2014\u00abTu cuerpo,\u00bb\u2014 que recuerda la de \u00abCuerpos infantiles\u00bb, y lo presenta como un cuerpo que se hunde y, al mismo tiempo, como un cuerpo que conserva su potencia. La estrofa final lo resume en una f\u00f3rmula de equilibrio: el cuerpo es \u00abfr\u00e1gil y poderoso a partes iguales,\u00bb y es \u00abcapaz de romperse,\u00bb. El \u00faltimo verso reza: \u00ablucha por renacer de nuevo.\u00bb. El verbo renacer, con su pleonasmo enf\u00e1tico, conecta el poema con el campo sem\u00e1ntico del nacimiento. Es, adem\u00e1s, la cita que la prologuista eligi\u00f3 para ilustrar la resiliencia como n\u00facleo del libro. La enfermedad, en la l\u00f3gica de la secci\u00f3n, no es lo contrario del nacimiento sino una ocasi\u00f3n de volver a nacer.<\/p>\n<p>\u00abRecreada\u00bb (p. 75) y \u00abNo duele\u00bb (p. 76) completan el registro. En \u00abRecreada\u00bb, una mujer a la que la inmovilidad atrapa en una cuna gigante se va quedando en silencio, y el poema termina en un verso que remite a los or\u00edgenes: la mujer se diluye y se recrea \u00aben el magma primigenio de la vida.\u00bb. La cuna y el magma primigenio vuelven a asociar la experiencia del cuerpo detenido con la del origen, como si la inmovilidad fuese una regresi\u00f3n fecunda. \u00abNo duele\u00bb, en cambio, es el poema del dolor sin met\u00e1fora. Construido sobre la repetici\u00f3n de su t\u00edtulo, describe un cuerpo que resiste hasta que el m\u00fasculo se enfurece, se agarrota y estalla, y termina con dos versos secos: \u00abEntonces, s\u00ed.\u00bb y \u00abY solo acaba de empezar.\u00bb. Aqu\u00ed no hay reto\u00f1o ni cuna: hay el dolor desnudo, que el libro no se permite embellecer.<\/p>\n<p>El poema decisivo de este tramo, y probablemente de toda la secci\u00f3n para la tesis de este estudio, es \u00abTe llevo dentro\u00bb (p. 77), que lleva una dedicatoria impresa en el volumen. El poema describe un crecimiento interior: algo naci\u00f3 \u00abentre mis pliegues suaves\u00bb sin que la voz lo supiera, y esos pliegues \u00abfueron tu cuna.\u00bb. La segunda estrofa prolonga la imagen de la gestaci\u00f3n: \u00abCon cada movimiento te mec\u00eda\u00bb y lo alimentaba, mientras el otro crec\u00eda. Hasta aqu\u00ed, el poema podr\u00eda leerse como un poema de embarazo. La tercera estrofa, sin embargo, cambia el signo: ese ser que crece dentro \u00abrobas mi palabra,\u00bb y le roba tambi\u00e9n la sonrisa y los pasos seguros. La cuarta estrofa lo nombra con una exclamaci\u00f3n que es la clave del poema: \u00ab\u00a1Ingrato hijo de mis c\u00e9lulas!\u00bb.<\/p>\n<p>El poema, por tanto, describe una enfermedad \u2014algo que nace de las propias c\u00e9lulas y crece a costa del cuerpo\u2014 con el lenguaje exacto del embarazo: cuna, mecer, alimentar, crecer, hijo. No es necesario, ni leg\u00edtimo, precisar de qu\u00e9 enfermedad se trata; el texto no lo dice y la dedicatoria no autoriza a inferirlo. Lo que el texto s\u00ed dice es que la enfermedad se experimenta como una gestaci\u00f3n invertida. La inversi\u00f3n ilumina retrospectivamente toda la secci\u00f3n: si una enfermedad puede decirse como un hijo, es porque el embarazo ya conten\u00eda, en su estructura, la posibilidad de un otro que vive del propio cuerpo. Young (1984) hab\u00eda descrito la gestaci\u00f3n como la experiencia de un cuerpo que es propio y no lo es; \u00abTe llevo dentro\u00bb muestra la cara oscura de esa misma estructura. El cierre del poema, adem\u00e1s, reproduce la ambivalencia que \u00abHoy te siento en m\u00ed\u00bb atribu\u00eda a la gestaci\u00f3n deseada: la voz no puede maldecir a ese hijo ingrato, lo lleva dentro y dice que no le importar\u00e1 hacerlo \u00abmientras me dejes seguir siendo yo.\u00bb. La condici\u00f3n que impone es la misma que la maternidad experiencial reclama frente a la institucional: seguir siendo sujeto.<\/p>\n<p>Butler (2006) ha propuesto pensar la vulnerabilidad no como una desgracia que afecta a algunos cuerpos, sino como la condici\u00f3n com\u00fan de todos, expuestos unos a otros y dependientes unos de otros. La secci\u00f3n de Garc\u00eda escribe esa tesis en clave corporal y femenina. El cuerpo que gesta y el cuerpo que enferma son el mismo cuerpo expuesto: abierto a otro, habitado por otro, alimentando a otro. Los dos \u00faltimos poemas de la secci\u00f3n lo confirman desde fuera del yo. \u00abComo si nada\u00bb (p. 78) presenta a una mujer que se asoma al abismo, escribe versos en un cuaderno y despu\u00e9s sigue llenando la vida \u00abde cuidados,\u00bb y \u00abde consuelo,\u00bb. El t\u00edtulo coincide, adem\u00e1s, con la expresi\u00f3n con que la prologuista introduce, al final de su texto, una cita de Guadalupe Grande. \u00abSonrisa al viento\u00bb (p. 79), finalmente, retrata a una mujer que atraviesa la ciudad en su silla motorizada y de la que el poema dice que no hay fuerza que la frene y que lleva la felicidad por bandera. La secci\u00f3n termina, as\u00ed, no en el dolor sino en una figura de autonom\u00eda: una mujer que, con la ayuda de una silla motorizada, se mueve por la ciudad con alegr\u00eda. La vida, en su \u00faltimo poema, es la de un cuerpo vulnerable que no renuncia a su movimiento.<\/p>\n<h2>10. La instituci\u00f3n en los m\u00e1rgenes: madres en la muerte y en el ep\u00edlogo<\/h2>\n<p>Si la maternidad de LA DE LA VIDA es, como se ha argumentado, casi exclusivamente experiencia, cabe preguntar d\u00f3nde est\u00e1 la instituci\u00f3n que Rich denunciaba. La respuesta de este estudio es que el libro la sit\u00faa fuera de la secci\u00f3n, en sus m\u00e1rgenes, y la asocia al pasado. El primer lugar es LA DE LA MUERTE. En \u00abBlancas carnes al desnudo\u00bb (p. 47), la voz contempla unas carnes que fueron fuente de vida y de placer y que ahora yacen doloridas, y dice de ese cuerpo: \u00abEl vientre pleno\u00bb y, en el verso siguiente, \u00abes violeta marchita.\u00bb. Le sigue una imagen m\u00e1s precisa: \u00abLa cicatriz rosa y c\u00e1lida\u00bb es ahora gris y aterida. El vientre que fue pleno y la cicatriz que fue c\u00e1lida pertenecen al cuerpo materno envejecido, y el poema muestra esas carnes tendidas sobre las s\u00e1banas, \u00abdesprovistas de intimidad,\u00bb. Es la maternidad vista desde el final: el cuerpo que dio vida, expuesto e ignorado.<\/p>\n<p>En la misma secci\u00f3n, \u00abEl polvo que seremos\u00bb (p. 41) cierra su meditaci\u00f3n sobre la descomposici\u00f3n del cuerpo con un retorno al origen: el ciclo que se cierra empez\u00f3 con nuestra llegada, envueltos en una piel de terciopelo y \u00abcon ese olor a vida nueva,\u00bb. El nacimiento aparece ya en la secci\u00f3n de la muerte, como el punto de partida de un ciclo cuyo final es la ceniza. Y en \u00abLeyendo Canci\u00f3n err\u00f3nea de Antonio Gamoneda\u00bb (p. 45), la lectura del poeta leon\u00e9s trae consigo la imagen de las madres muertas: \u00abCuando las madres\u00bb \u2014dice el poema\u2014 y \u00absus abrazos difuntos\u00bb se hacen presentes con sus manos abrasadas por la lej\u00eda y el llanto. Las madres de la tradici\u00f3n son, en este poema, figuras del trabajo y del dolor, no de la experiencia elegida. Finalmente, \u00abEl Fort\u00edn\u00bb (p. 50) evoca a una mujer que ha convertido su casa en museo y en refugio, espacio de homenaje a los antepasados \u00aby al hijo prematuramente muerto.\u00bb. La p\u00e9rdida del hijo, que en \u00abErupci\u00f3n\u00bb solo se dejaba adivinar, aparece aqu\u00ed nombrada, aunque desplazada a otra figura femenina.<\/p>\n<p>El segundo lugar es el ep\u00edlogo, y en particular \u00abCuando echo la vista atr\u00e1s\u00bb (p. 87). Es el \u00fanico poema del libro en que la instituci\u00f3n aparece con nombre casi expl\u00edcito. La voz mira hacia sus antepasados y distingue entre los hombres, encorvados bajo el peso del trabajo, de la patria y de la guerra, y las mujeres, a las que describe como \u00abMujeres sufrientes, abnegadas,\u00bb y, en los versos siguientes, \u00abdoloridas y mudas\u00bb bajo el peso de los hombres, de la prole y de la religi\u00f3n. Estos versos son una definici\u00f3n po\u00e9tica de la maternidad como instituci\u00f3n en el sentido de Rich: la prole aparece junto a los hombres y la religi\u00f3n como una de las cargas que han silenciado a las mujeres. El poema no culpa a las madres ni idealiza su sacrificio; lo describe como imposici\u00f3n hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>El poema da, adem\u00e1s, la palabra a esas mujeres. Desde su silencio, dice la voz, llegan susurros que le piden resistencia, y el mensaje culmina en un verso que resume el programa de todo el feminismo de la segunda ola: \u00abconquista todo lo que nos fue arrebatado\u00bb. La genealog\u00eda femenina que Irigaray (1985) echaba de menos aparece aqu\u00ed como una cadena de voces que transmite un mandato de emancipaci\u00f3n. Le\u00eddo desde este cierre, el libro entero se ordena: las madres del pasado cargaron con la instituci\u00f3n; la secci\u00f3n de la vida escribe, frente a ellas, la experiencia materna liberada de esa carga. La maternidad de LA DE LA VIDA ser\u00eda, en esta lectura, una de las cosas conquistadas de las que habla el ep\u00edlogo.<\/p>\n<p>Un \u00faltimo indicio lo aporta el segundo poema del ep\u00edlogo, \u00abLa vida quiso\u00bb (p. 85), en el que una refugiada evoca la casa perdida. Entre los recuerdos que enumera aparece el mar: \u00abLa tibieza amni\u00f3tica del mar\u00bb. El adjetivo amni\u00f3tico traslada el vocabulario de la gestaci\u00f3n a la nostalgia de la patria. La tierra de origen es, para la voz desplazada, un \u00fatero perdido, del mismo modo que en \u00abDigo piel\u00bb, de la secci\u00f3n del amor, la piel se identifica con una \u00abpatria\u00bb donde nacer y morir. El libro construye as\u00ed una red de equivalencias entre cuerpo materno, piel, casa y patria que confirma lo que la secci\u00f3n de la vida ya suger\u00eda: la maternidad no es en <em>Con tres heridas<\/em> un tema aislado, sino una matriz de im\u00e1genes que organiza su visi\u00f3n del mundo.<\/p>\n<h2>11. \u00bfPor qu\u00e9 la maternidad es una herida?<\/h2>\n<p>La tercera pregunta del estudio puede responderse ya con los elementos reunidos. La maternidad es una herida, en primer lugar, porque el libro la inscribe en la l\u00f3gica del ep\u00edgrafe de Hern\u00e1ndez: el \u00e1rbol reto\u00f1a porque ha sido talado. La vida nueva no es ajena al da\u00f1o, sino su consecuencia y su respuesta. En \u00abErupci\u00f3n\u00bb, la criatura llega triunfando sobre la muerte; en \u00abYacente\u00bb, el cuerpo enfermo lucha por renacer. Nacer y renacer son, en la secci\u00f3n, operaciones que presuponen una herida previa.<\/p>\n<p>La maternidad es una herida, en segundo lugar, porque es apertura del cuerpo. El embarazo ahueca el cuerpo, el parto lo abre, la lactancia lo vac\u00eda de leche, de sangre y de tiempo. Nada de esto se dice como sacrificio, pero todo se dice como p\u00e9rdida de l\u00edmites. El cuerpo materno de Garc\u00eda es un cuerpo que se deja atravesar, y esa permeabilidad es, a la vez, su potencia y su exposici\u00f3n. En este punto la lectura desde Young (1984) y la lectura desde Butler (2006) convergen: el cuerpo gestante es el caso extremo de un cuerpo que no se pertenece del todo, y por eso mismo es el caso extremo de la vulnerabilidad com\u00fan.<\/p>\n<p>La maternidad es una herida, en tercer lugar, porque es separaci\u00f3n. \u00abVac\u00edo, lleno, vac\u00edo\u00bb lo formula con la mayor econom\u00eda: dos en una, dos, cada una, una. Criar, seg\u00fan \u00ab5 de diciembre 1980\u00bb, es preparar los pasos del hijo hacia el mundo. La madre de la secci\u00f3n no retiene; acompa\u00f1a hasta la separaci\u00f3n. Esa separaci\u00f3n es la condici\u00f3n de la vida del otro y, al mismo tiempo, una p\u00e9rdida para quien la acompa\u00f1a. El t\u00edtulo del poema dice que se empieza y se termina en el vac\u00edo. Aqu\u00ed la experiencia materna, tal como la entiende Rich, se distingue con nitidez de la instituci\u00f3n: la instituci\u00f3n exige de la madre una fusi\u00f3n permanente con su funci\u00f3n; la experiencia, en cambio, incluye el duelo por la separaci\u00f3n y la acepta.<\/p>\n<p>La maternidad es una herida, por \u00faltimo, porque comparte su estructura con la enfermedad. \u00abTe llevo dentro\u00bb lo muestra con una claridad casi did\u00e1ctica: el mismo lenguaje sirve para decir la gestaci\u00f3n de un hijo y el crecimiento de un mal. Esta equivalencia no degrada la maternidad; la despoja de su aura institucional y la devuelve a su condici\u00f3n corporal. La madre no es una figura sagrada, sino un cuerpo que alberga a otro, con todo lo que eso comporta de generosidad y de riesgo. Es la misma operaci\u00f3n que Kristeva (1985) realizaba en &#8220;Stabat Mater&#8221; al poner la experiencia del parto frente al culto mariano: sustituir la imagen por el cuerpo. Y es tambi\u00e9n la raz\u00f3n por la que el libro puede colocar la vida despu\u00e9s del amor y de la muerte sin contradicci\u00f3n: la vida es la \u00faltima herida porque las contiene a las dos. En ella hay deseo, como en el amor, y hay p\u00e9rdida, como en la muerte.<\/p>\n<h2>12. Conclusiones<\/h2>\n<p>El estudio se propuso leer la secci\u00f3n LA DE LA VIDA de <em>Con tres heridas<\/em>, de Loli G. Garc\u00eda, a la luz de la distinci\u00f3n de Adrienne Rich entre la maternidad como experiencia y la maternidad como instituci\u00f3n, y responder a tres preguntas: si la secci\u00f3n escribe la maternidad como experiencia o como instituci\u00f3n; qu\u00e9 lenguaje del cuerpo construye; y por qu\u00e9 el libro, siguiendo a Miguel Hern\u00e1ndez, presenta la vida como una herida. El recorrido por los veinte poemas de la secci\u00f3n, y por los poemas de las otras secciones que dialogan con ellos, permite formular respuestas precisas a las tres.<\/p>\n<p>Respecto a la primera pregunta, el an\u00e1lisis confirma la hip\u00f3tesis de partida con un matiz importante. Dentro de LA DE LA VIDA, la maternidad aparece casi exclusivamente como experiencia. Ning\u00fan poema de la secci\u00f3n la presenta como deber, destino natural o fuente de culpa; ninguno reproduce la figura de la madre abnegada que la instituci\u00f3n ha consagrado. La gestaci\u00f3n se dice desde el deseo y el miedo, y se reivindica como fruto de la tenacidad y no del azar (\u00abHoy te siento en m\u00ed\u00bb); el parto se dice como potencia tel\u00farica y no como sufrimiento pasivo (\u00abErupci\u00f3n\u00bb); la lactancia se dice con sus fluidos, su esfuerzo y su consumo del cuerpo materno (\u00abPrisa por llegar\u00bb, \u00abPegada a la luna de sus pechos\u00bb); la crianza, como acompasamiento de ritmos y preparaci\u00f3n de la separaci\u00f3n (\u00ab5 de diciembre 1980\u00bb, \u00abCuerpos infantiles\u00bb); y la sociabilidad entre madres, como espacio de sororidad y de pensamiento (\u00abTiempo de madres\u00bb). En todos los casos, el tiempo que mide la experiencia es el de las estaciones, las lunas y los aniversarios, no el de la administraci\u00f3n cl\u00ednica, lo que sustrae el embarazo a lo que Young describi\u00f3 como su alienaci\u00f3n m\u00e9dica. El matiz consiste en que la instituci\u00f3n no est\u00e1 ausente del libro: est\u00e1 desplazada hacia sus m\u00e1rgenes y asociada al pasado. Aparece en las madres de manos abrasadas y abrazos difuntos que la lectura de Gamoneda convoca en LA DE LA MUERTE, en el cuerpo que fue fuente de vida y yace ignorado en \u00abBlancas carnes al desnudo\u00bb y, sobre todo, en las mujeres sufrientes, abnegadas y mudas bajo el peso de los hombres, de la prole y de la religi\u00f3n que evoca el ep\u00edlogo en \u00abCuando echo la vista atr\u00e1s\u00bb. El libro construye as\u00ed una oposici\u00f3n hist\u00f3rica: la instituci\u00f3n pertenece a las generaciones anteriores; la experiencia es lo que la voz de la secci\u00f3n ha conquistado, en el sentido exacto del mandato que esas mismas antepasadas le transmiten en el ep\u00edlogo.<\/p>\n<p>Respecto a la segunda pregunta, el estudio ha identificado un lenguaje del cuerpo articulado en tres ejes. El primero es el de los fluidos: agua (\u00abte hiciste agua en m\u00ed\u00bb), leche, sangre, meconio, placenta, el agua del juego infantil y, en el ep\u00edlogo, la tibieza amni\u00f3tica del mar. Esa materia l\u00edquida conecta la gestaci\u00f3n, el parto, la lactancia y la crianza, y se extiende m\u00e1s all\u00e1 de la secci\u00f3n hacia la imagen de la patria perdida. El segundo eje es el del tiempo: fechas y aniversarios, estaciones, lunas llenas, primeros d\u00edas repetidos como estribillo, un ma\u00f1ana que ya es hoy. Es un tiempo c\u00edclico y plegado que corresponde a lo que Kristeva describi\u00f3 como la temporalidad asociada a la subjetividad femenina pensada como materna, y que la secci\u00f3n no presenta como encierro sino como forma propia de medir la vida. El tercer eje, el m\u00e1s importante, es el de la fusi\u00f3n y la separaci\u00f3n. Desde el \u00abte siento en m\u00ed\u00bb de la gestaci\u00f3n hasta el \u00abest\u00e1s aqu\u00ed\u00bb del parto, desde la aritm\u00e9tica de \u00abVac\u00edo, lleno, vac\u00edo\u00bb \u2014dos en una, dos, cada una, una\u2014 hasta el \u00abDos mujeres, dos.\u00bb de la lactancia, la secci\u00f3n escribe una y otra vez el movimiento entre la unidad y la dualidad. Ninguno de sus poemas se queda en la fusi\u00f3n; todos acaban afirmando la existencia de dos sujetos. En ese punto el poemario coincide con la fenomenolog\u00eda de Young, para quien el cuerpo gestante es un cuerpo escindido o duplicado, y con la reivindicaci\u00f3n de Irigaray de una genealog\u00eda y una palabra propias para la relaci\u00f3n entre madre e hija, que la secci\u00f3n hace expl\u00edcita al contar a madre e hija como dos mujeres.<\/p>\n<p>Respecto a la tercera pregunta, la maternidad es herida en el libro en cuatro sentidos convergentes. Es herida porque el libro la inscribe en la l\u00f3gica del ep\u00edgrafe de Hern\u00e1ndez, tomado de &#8220;El herido&#8221;: se reto\u00f1a porque se ha sido talado, y el nacimiento celebrado en \u00abErupci\u00f3n\u00bb viene marcado, a trav\u00e9s de la expresi\u00f3n del ni\u00f1o arco iris y del triunfo sobre la muerte, por una p\u00e9rdida anterior que el poema presupone sin narrarla. Es herida porque es apertura del cuerpo: el embarazo lo ahueca, el parto lo abre, la lactancia lo vac\u00eda de leche, de sangre y de tiempo. Es herida porque es separaci\u00f3n: criar es preparar la marcha del hijo hacia el mundo, y la secci\u00f3n acepta ese duelo como parte de la experiencia. Y es herida, finalmente, porque comparte su estructura con la enfermedad. \u00abTe llevo dentro\u00bb describe un mal que nace de las propias c\u00e9lulas con el vocabulario exacto de la gestaci\u00f3n \u2014cuna, mecer, alimentar, crecer, hijo\u2014, y esa gestaci\u00f3n invertida ilumina retrospectivamente toda la secci\u00f3n: si la enfermedad puede decirse como un hijo, es porque el embarazo ya conten\u00eda la estructura de un otro que vive del propio cuerpo.<\/p>\n<p>De ah\u00ed se sigue la principal aportaci\u00f3n interpretativa del estudio: la convivencia, en una misma secci\u00f3n, de los poemas de la maternidad y los poemas de la enfermedad no es una yuxtaposici\u00f3n tem\u00e1tica, sino la tesis del libro sobre la vida. El cuerpo que gesta y el cuerpo que enferma son el mismo cuerpo expuesto, abierto a otro y habitado por otro. La secci\u00f3n escribe en clave corporal la idea de Butler seg\u00fan la cual la vulnerabilidad es la condici\u00f3n com\u00fan de los cuerpos y no una desgracia excepcional, y la escribe sin patetismo: \u00abVulnerable\u00bb habla de un cuerpo vulnerable en todo su esplendor, \u00abYacente\u00bb de un cuerpo fr\u00e1gil y poderoso a partes iguales que lucha por renacer, y el poema final, \u00abSonrisa al viento\u00bb, de una mujer que atraviesa la ciudad en su silla motorizada llevando la felicidad por bandera. La vida, como \u00faltima herida, contiene a las otras dos: hay en ella deseo, como en el amor, y p\u00e9rdida, como en la muerte. Por eso el libro puede cerrarse en la vida sin contradecir la permutaci\u00f3n hernandiana: no la sit\u00faa al final porque sea la m\u00e1s leve, sino porque es la que re\u00fane a las dem\u00e1s.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con la cr\u00edtica sobre la poes\u00eda espa\u00f1ola del siglo XXI, el estudio permite situar la secci\u00f3n en la l\u00ednea de renovaci\u00f3n del motivo maternal que Fern\u00e1ndez Mart\u00ednez ha descrito \u2014inclusi\u00f3n del plano \u00edntimo, dimensi\u00f3n experiencial, plurivocidad enunciativa\u2014 y en la de las po\u00e9ticas que, seg\u00fan Ba\u00f1os Palacios, se levantan contra la instituci\u00f3n de la maternidad. Sin embargo, la secci\u00f3n de Garc\u00eda tiene un perfil propio dentro de ese panorama. Frente a la franqueza inc\u00f3moda de otras escrituras recientes de la lactancia, como la de Luna Miguel estudiada por C\u00e1novas, Garc\u00eda opta por una imaginer\u00eda c\u00f3smica \u2014el pecho como sol blanco y como luna, el parto como erupci\u00f3n del cielo de las entra\u00f1as\u2014 que no idealiza, pero tampoco escandaliza; y frente a las po\u00e9ticas que impugnan la maternidad desde dentro, prefiere desplazar la impugnaci\u00f3n al pasado y escribir, en presente, una experiencia ya conquistada. Su aportaci\u00f3n m\u00e1s singular es la continuidad entre maternidad y enfermedad, que convierte el lenguaje de la gestaci\u00f3n en herramienta para decir el cuerpo doliente, y la plurivocidad generacional de la secci\u00f3n, en la que hablan quien gesta, quien mira gestar, quien es mirada por su hija e incluso un espejo.<\/p>\n<p>El estudio tiene l\u00edmites que conviene declarar. Se ha trabajado sobre el texto impreso del volumen sin acceso a versiones previas del poemario, que la prologuista menciona. Tampoco se ha abordado la dimensi\u00f3n m\u00e9trica de los poemas, que otros estudios sobre el mismo libro atienden. Por \u00faltimo, y de manera deliberada, el an\u00e1lisis se ha ce\u00f1ido al sujeto l\u00edrico y no ha atribuido a la autora ninguna de las experiencias descritas: los datos biogr\u00e1ficos verificados de Loli G. Garc\u00eda no incluyen informaci\u00f3n sobre su vida familiar, y sobre ese extremo no hay datos verificados disponibles. Quedan abiertas l\u00edneas de investigaci\u00f3n que este trabajo solo ha podido se\u00f1alar: la relaci\u00f3n entre la imaginer\u00eda l\u00edquida del libro y la noci\u00f3n de escritura l\u00e1ctea en la cr\u00edtica latinoamericana; la comparaci\u00f3n con otras poetas espa\u00f1olas contempor\u00e1neas que han escrito la enfermedad con el lenguaje de la maternidad; y el estudio de la red de equivalencias entre cuerpo materno, piel, casa y patria que el ep\u00edlogo abre hacia la memoria colectiva.<\/p>\n<p>En s\u00edntesis, LA DE LA VIDA es la secci\u00f3n en la que <em>Con tres heridas<\/em> formula de manera m\u00e1s completa su idea de la herida. La maternidad que escribe es experiencia y no instituci\u00f3n; su lenguaje es el de los fluidos, el del tiempo c\u00edclico y el de la dial\u00e9ctica entre fusi\u00f3n y separaci\u00f3n; y su condici\u00f3n de herida procede de que, como el \u00e1rbol talado del ep\u00edgrafe hernandiano, el cuerpo que da vida y el cuerpo que enferma reto\u00f1an precisamente all\u00ed donde han sido cortados.<\/p>\n<h2>Bibliograf\u00eda<\/h2>\n<p>Ba\u00f1os Palacios, G. (2023). Po\u00e9ticas desestabilizadoras en Olga Novo y Julieta Valero: contra la instituci\u00f3n de la maternidad. <em>Tropel\u00edas. Revista de Teor\u00eda de la Literatura y Literatura Comparada<\/em>, 40, 237-256. https:\/\/doi.org\/10.26754\/ojs_tropelias\/tropelias.2023408801<\/p>\n<p>Butler, J. (2006). <em>Vida precaria: el poder del duelo y la violencia<\/em> (F. Rodr\u00edguez, Trad.). Paid\u00f3s. ISBN 950-12-6557-9.<\/p>\n<p>C\u00e1novas, A. M. (2018). 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Oxford University Press. https:\/\/doi.org\/10.1093\/0195161920.001.0001<\/p>\n<hr \/>\n<p><strong>DOI:<\/strong> <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.5281\/zenodo.22937811\" rel=\"noopener\" target=\"_blank\">10.5281\/zenodo.22937811<\/a><br \/>\nRegistro en Zenodo: <a href=\"https:\/\/zenodo.org\/records\/22937811\" rel=\"noopener\" target=\"_blank\">https:\/\/zenodo.org\/records\/22937811<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Art\u00edculo sobre la maternidad como experiencia po\u00e9tica en LA DE LA VIDA, tercera secci\u00f3n de Con tres heridas: gestaci\u00f3n, parto, lactancia y crianza le\u00eddos a la luz de Adrienne Rich.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":44,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[31,4,11,5,30,10],"class_list":["post-76","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-con-tres-heridas-estudios-academicos","tag-adrienne-rich","tag-con-tres-heridas","tag-cuerpo","tag-loli-g-garcia","tag-maternidad","tag-zenodo"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v26.5 (Yoast SEO v28.7) - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-premium-wordpress\/ -->\n<title>Maternidad, parto y lactancia como experiencia po\u00e9tica en LA DE LA VIDA, de Con tres heridas (Loli G. 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