AGUJERO NEGRO
presencia que delimita la existencia
de un desmedido agujero negro, ausente,
que curva el espacio-tiempo
en las proximidades de la nada,
que clama aullando, en medio del abandono,
azotado por el viento abrasador
que la noche no disuelve,
que se construye, sin saberlo,
lejos de la segura orilla
donde se suicidan impenitentes las ondas gravitacionales,
donde los tronantes gritos orbitan aleatoriamente
en una inmensurable región oscura.
que explosiona, impúdico, agitándose,
Centelleantes llamaradas de radiación gamma.
Aspiración imposible
en la gravedad cuántica.
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CAOS
Largamente he orillado mis deseos
como quien huye de sí mismo,
y he arañado, largamente, con rabia,
los doloridos huesos
de mi orfandad absoluta,
tenue viento salado,
atractor extraño
en la frontera fluctuante del nosotros.
Fatigada llama sobre la cima caótica
de la razón envenenada;
cifras, números, péndulo real
sobre la luz en luto,
ruina exacta en su entrega palpitante
que penetra rauda
en las pálidas entrañas de la esperanza.
Precipitado, arrebatado,
hacia los abismos incalculables del caos universal.
Orden y desorden se columpian
en prolongados calendarios
dominados por estructuras disipativas
de relojes borrachos
que, desde la irreversibilidad,
caminan
hacia la anarquía oscilante,
territorio yermo donde el ser, vencido y penitente,
no tiene ya certidumbres a las que asirse.
Prigogine6 tensa el arco.
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EL YO POLARIZADO
Arco de pan que se tensa
en prolongados latidos de trigo.
Adentro la memoria del alba.
Mi subjetividad
postula el porvenir de noche llameante,
no el ser intrínseco de la súbita consciencia
que serpenteante e intrusa me vive.
Oigo sobre mi piel un arrullo de olas clausuradas
en la alta cima del hontanar
que un antiguo viento de lluvia propaga.
Tiempo reversible, no deseado,
levísimo ahora, sombra escarchada
derramada en inexcusable ambición de vuelo.
Persigo afanosamente, hondón inaprensible,
en una hoja cualquiera del calendario,
vértice indigente, centelleo loco,
al niño dormido que fui,
y que se ha ido perdiendo, irremediablemente,
desvalido, un poco, cada día.
Poco a poco, entre los inaccesibles puentes del nosotros.
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QUÁSARES LEJANOS
¿Por qué la contingencia nos asedia, como una plaga,
inventando la noche del nosotros, los engaños,
los falsos asideros,
desde donde el ser, se precipita desamparado?
¿Quién llama desde la raíz más honda
de nuestras conciencias,
y desde dónde se escriben alfabetos sin códigos
más allá de los nombres,
más allá, incluso, del hombre mismo,
en el que la palabra es magia no inventada?
¿Por qué el acaso nos invade como una desolación,
aferrándose espantado a la elección determinista
en la trayectoria continua del tiempo?
Avidez estéril, sed que el agua no sacia,
refulgentes cascadas de ciegas estrellas,
olvido líquido de los besos,
aliento exaltado
en el respirar intermitente del quebranto y del vértigo;
quásares lejanos en la Constelación de Virgo.
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VISIÓN CUÁNTICA
¿Sería diferente el invierno si nosotros no estuviéramos?
¿Mudaría la flor la primavera?
¿Cantaría alegre el gorrión en la alta rama del árbol?
¿Lanzaría la lluvia sus racimos de uvas
sobre la piel desnuda de nuestras manos?
¿Vendría a saludarnos, cada mañana,
la salada brisa del mar solo?
¿Resucitarían, en nuestros labios,
los perdidos besos que el amor esconde?
¿Se llenaría de verdad
el negro silencio que reina
en las tempestades de la duda?
¿Seríamos nosotros posible
extramuros de las circunstancias
que cimientan nuestra visión de sujetos influyentes,
de pequeños dioses,
en el enorme vientre del todo concebido?
En el estreno del alba, orbita ciego el electrón.
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