{"id":10,"date":"2026-07-18T10:18:57","date_gmt":"2026-07-18T08:18:57","guid":{"rendered":"https:\/\/nuestrosescritores.com\/ivan-martin-yanez\/?p=10"},"modified":"2026-07-18T10:18:57","modified_gmt":"2026-07-18T08:18:57","slug":"poesia-y-medicina-narrativa-el-dolor-cronico-como-objeto-lirico-en-desde-el-tartaro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nuestrosescritores.com\/ivan-martin-yanez\/2026\/07\/18\/poesia-y-medicina-narrativa-el-dolor-cronico-como-objeto-lirico-en-desde-el-tartaro\/","title":{"rendered":"Poes\u00eda y medicina narrativa: el dolor cr\u00f3nico como objeto l\u00edrico en Desde el T\u00e1rtaro"},"content":{"rendered":"<p>POES\u00cdA Y MEDICINA NARRATIVA: EL DOLOR CR\u00d3NICO COMO OBJETO L\u00cdRICO EN DESDE EL T\u00c1RTARO<\/p>\n<p>Javier P\u00e9rez-Ayala<\/p>\n<p>Editor de adquisiciones, Grupo Editorial P\u00e9rez-Ayala<\/p>\n<p>ORCID: 0009-0001-2062-1305<\/p>\n<p>1. Introducci\u00f3n<\/p>\n<p>La medicina narrativa, tal como la define Rita Charon en Narrative Medicine: Honoring the Stories of Illness (2006), es &#8220;la medicina practicada con la competencia necesaria para reconocer, absorber, interpretar y dejarse conmover por las historias de la enfermedad&#8221;. Nacida de la confluencia entre las humanidades m\u00e9dicas, la atenci\u00f3n primaria, la narratolog\u00eda y el estudio de la relaci\u00f3n m\u00e9dico-paciente, la medicina narrativa parte de una premisa que esta monograf\u00eda toma como punto de partida: que la enfermedad, y muy especialmente la enfermedad cr\u00f3nica, no es solo un conjunto de datos cl\u00ednicos objetivables, sino una experiencia que se organiza, se comprende y se comunica mediante estructuras narrativas \u2014relatos con principio, desarrollo y final, o con la ausencia deliberada de esa estructura\u2014.<\/p>\n<p>Desde el T\u00e1rtaro, de Iv\u00e1n Mart\u00edn Y\u00e1\u00f1ez (Editorial Poes\u00eda eres t\u00fa, 2026), constituye un objeto de estudio privilegiado para poner a prueba esta premisa desde un g\u00e9nero que la medicina narrativa apenas ha explorado en profundidad: no la prosa autobiogr\u00e1fica de la patograf\u00eda \u2014el relato en primera persona de la propia enfermedad, g\u00e9nero ampliamente estudiado por Anne Hunsaker Hawkins en Reconstructing Illness (1999) y por Ann Jurecic en Illness as Narrative (2012)\u2014, sino el poema l\u00edrico, forma breve, el\u00edptica, no necesariamente cronol\u00f3gica, que exige a la medicina narrativa una adaptaci\u00f3n de su propio marco te\u00f3rico, pensado originalmente para narrativas en sentido m\u00e1s convencional.<\/p>\n<p>La hip\u00f3tesis central de esta monograf\u00eda es la siguiente: Desde el T\u00e1rtaro dramatiza, poema a poema, una experiencia de enfermedad cr\u00f3nica \u2014cuya naturaleza exacta el poemario no especifica cl\u00ednicamente, y esta investigaci\u00f3n se abstiene deliberadamente de diagnosticar o presuponer, limit\u00e1ndose al an\u00e1lisis de las im\u00e1genes textuales verificables\u2014 que se resiste sistem\u00e1ticamente a la estructura narrativa que Arthur Frank, en The Wounded Storyteller (1995), denomina &#8220;narrativa de restituci\u00f3n&#8221;: aquella que anticipa la curaci\u00f3n y otorga protagonismo a la tecnolog\u00eda m\u00e9dica del remedio. En su lugar, el poemario despliega, de manera predominante, lo que Frank llama &#8220;narrativa de caos&#8221; \u2014la enfermedad que se extiende sin respiro ni consuelo\u2014 combinada, en su tramo final, con fragmentos que apuntan, sin llegar a consumarla del todo, hacia lo que Frank denomina &#8220;narrativa de b\u00fasqueda&#8221;: la transformaci\u00f3n del padecimiento en una v\u00eda, por dolorosa que sea, hacia una forma distinta de conocimiento de s\u00ed.<\/p>\n<p>El corpus de esta monograf\u00eda es el poemario completo de Mart\u00edn Y\u00e1\u00f1ez, con atenci\u00f3n privilegiada a los poemas que dramatizan de manera m\u00e1s expl\u00edcita la experiencia cl\u00ednica: &#8220;Sin servir&#8221;, &#8220;Sustancia perpetua&#8221;, &#8220;Mejor imposible&#8221;, &#8220;Al final de la escalera&#8221;, &#8220;Frecuencia de corte&#8221;, &#8220;La metamorfosis&#8221;, &#8220;Yonki de la jerarqu\u00eda&#8221;, &#8220;Instante m\u00faltiplo&#8221;, &#8220;Territorio bald\u00edo&#8221; y &#8220;Riendo&#8221;. El marco te\u00f3rico combina la medicina narrativa de Charon con la tipolog\u00eda de Frank, la fenomenolog\u00eda del dolor de Elaine Scarry y David Le Breton, la antropolog\u00eda del cuerpo ausente de Drew Leder, y las reflexiones de Arthur Kleinman sobre las &#8220;narrativas de la enfermedad&#8221; (illness narratives) como forma en que los pacientes dan sentido, comunican y en cierta medida gobiernan su padecimiento.<\/p>\n<p>2. Medicina narrativa: marco te\u00f3rico<\/p>\n<p>Rita Charon distingue, en su fundaci\u00f3n del campo, entre disease \u2014la entidad biom\u00e9dica objetivable, medible, tratable seg\u00fan protocolos\u2014 e illness \u2014la experiencia subjetiva, vivida, narrada por quien la padece\u2014. La medicina narrativa se ocupa, precisamente, de esta segunda dimensi\u00f3n, no para sustituir el conocimiento biom\u00e9dico, sino para completarlo: Charon sostiene que &#8220;situar los acontecimientos en un orden temporal, con principios, desarrollos y finales, y establecer conexiones entre las cosas mediante la met\u00e1fora y el lenguaje figurado&#8221; \u2014es decir, mediante los mismos recursos que emplea la literatura\u2014 ayuda a los m\u00e9dicos a &#8220;reconocer a los pacientes y las enfermedades, transmitir conocimiento, acompa\u00f1ar a los pacientes a trav\u00e9s de las pruebas de la enfermedad&#8221;.<\/p>\n<p>Arthur Kleinman, en The Illness Narratives: Suffering, Healing, and the Human Condition (1988), obra pionera del campo, hab\u00eda establecido ya que toda persona enferma construye, de manera m\u00e1s o menos consciente, un relato explicativo de su propio padecimiento \u2014qu\u00e9 lo caus\u00f3, qu\u00e9 significa, qu\u00e9 se puede esperar de \u00e9l\u2014 y que ese relato, lejos de ser un mero epifen\u00f3meno subjetivo, condiciona de manera decisiva la experiencia misma de la enfermedad, su curso, e incluso, en ciertos casos documentados por Kleinman, su desenlace cl\u00ednico. La narrativa, para Kleinman, no acompa\u00f1a la enfermedad desde fuera: la constituye desde dentro.<\/p>\n<p>Arthur Frank, soci\u00f3logo canadiense que \u00e9l mismo padeci\u00f3 c\u00e1ncer testicular y un infarto de miocardio, sistematiza en The Wounded Storyteller (1995) tres tipolog\u00edas narrativas fundamentales que los enfermos emplean para dar forma a su experiencia. La &#8220;narrativa de restituci\u00f3n&#8221; sigue el esquema &#8220;ayer estaba sano, hoy estoy enfermo, ma\u00f1ana volver\u00e9 a estar sano&#8221;, y otorga protagonismo absoluto a la tecnolog\u00eda del remedio; es, seg\u00fan Frank, la narrativa culturalmente dominante en la biomedicina occidental contempor\u00e1nea, la que los m\u00e9dicos esperan escuchar y la que la sociedad prefiere o\u00edr. La &#8220;narrativa de caos&#8221; es su reverso estructural: en ella, sostiene Frank, &#8220;la enfermedad grave es una p\u00e9rdida del destino y del mapa que previamente hab\u00eda guiado la vida del enfermo&#8221;, y el relato \u2014si es que puede llamarse relato\u2014 carece de la secuencia ordenada de principio, desarrollo y final que caracteriza a la restituci\u00f3n; se extiende, se estanca, no promete nada. La &#8220;narrativa de b\u00fasqueda&#8221;, finalmente, transforma la enfermedad en un viaje de conocimiento: el sujeto enfermo no busca simplemente recuperar lo perdido, sino convertirse, a trav\u00e9s del padecimiento, en alguien distinto, dotado de una comprensi\u00f3n que la salud anterior no le proporcionaba.<\/p>\n<p>Frank a\u00f1ade una precisi\u00f3n decisiva para el an\u00e1lisis que sigue: describe la enfermedad grave que transforma una vida como &#8220;la herida&#8221;, y advierte que &#8220;esa herida es tanto del cuerpo&#8221; como de &#8220;sus insultos, agon\u00edas y p\u00e9rdidas&#8221;; toda herida, sostiene, &#8220;produce una historia&#8221;, y esas historias, en sus propias palabras recogidas por la cr\u00edtica que ha comentado su obra, &#8220;salen de sus cuerpos&#8221;. Esta observaci\u00f3n \u2014que la narrativa de la enfermedad emerge del cuerpo mismo, no solo de la mente que lo interpreta\u2014 resulta particularmente pertinente para el an\u00e1lisis de un poemario como Desde el T\u00e1rtaro, cuyo l\u00e9xico corporal y cl\u00ednico es, como se mostrar\u00e1, de una precisi\u00f3n notable.<\/p>\n<p>3. Las tres narrativas de Frank y la ausencia de restituci\u00f3n en Desde el T\u00e1rtaro<\/p>\n<p>Un rasgo estructural que atraviesa la totalidad de Desde el T\u00e1rtaro, y que puede constatarse mediante un simple repaso de sus veinti\u00fan poemas, es la ausencia casi total de la &#8220;narrativa de restituci\u00f3n&#8221; tal como la define Frank. En ning\u00fan momento del libro se anticipa expl\u00edcitamente una curaci\u00f3n futura, ni se otorga protagonismo positivo a ninguna tecnolog\u00eda m\u00e9dica de remedio: al contrario, el \u00fanico poema que menciona directamente la intervenci\u00f3n terap\u00e9utica \u2014&#8221;Sin servir&#8221;\u2014 la presenta como fracaso, no como promesa de restituci\u00f3n. Esta ausencia no es un simple azar tem\u00e1tico, sino, seg\u00fan se argumentar\u00e1, una decisi\u00f3n estructural del poemario que lo sit\u00faa deliberadamente fuera del esquema narrativo culturalmente dominante que la propia Charon identifica como el que la biomedicina espera y prefiere escuchar.<\/p>\n<p>En su lugar, domina ampliamente la &#8220;narrativa de caos&#8221;: la sensaci\u00f3n de que, en palabras de Frank ya citadas, &#8220;la enfermedad grave es una p\u00e9rdida del destino y del mapa&#8221;. Esta p\u00e9rdida de mapa se manifiesta textualmente en &#8220;Latitud g\u00f3tica&#8221;, cuya estructura de &#8220;escalones&#8221; descendentes hacia las &#8220;perversas pesadillas&#8221; del hablante no ofrece, en ning\u00fan momento, la posibilidad de un ascenso equivalente; y en &#8220;Territorio bald\u00edo&#8221;, cuyo verso final \u2014\u00abnada queda. \/ Nada. \/ Ni siquiera yo\u00bb\u2014 representa, seg\u00fan se argumentar\u00e1 en el ep\u00edgrafe 13, la formulaci\u00f3n m\u00e1s radical de narrativa de caos de todo el poemario: ni siquiera queda un sujeto capaz de narrar su propio padecimiento.<\/p>\n<p>Frente a esta ausencia sostenida de restituci\u00f3n y a este predominio del caos, el poemario reserva, en su tramo final, ciertos indicios \u2014nunca desarrollados hasta la plenitud del esquema\u2014 de lo que Frank denomina &#8220;narrativa de b\u00fasqueda&#8221;. El poema &#8220;Riendo&#8221;, que cierra el libro, no promete curaci\u00f3n ni tecnolog\u00eda de remedio alguna, pero s\u00ed introduce, como se analizar\u00e1 en el ep\u00edgrafe 14, un elemento de transformaci\u00f3n \u2014la risa final, la disoluci\u00f3n en &#8220;los brazos del mar&#8221;\u2014 que puede leerse como un atisbo, parcial y ambiguo, de la narrativa de b\u00fasqueda que Frank describe como &#8220;un viaje espiritual en el que el individuo pasa del caos inherente a la enfermedad y aprende a contar una historia que tiene esperanza y plenitud&#8221;, aunque \u2014y esta reserva es importante\u2014 sin que el poemario llegue a formular expl\u00edcitamente ninguna &#8220;epifan\u00eda&#8221; o &#8220;sabidur\u00eda alcanzada a trav\u00e9s de la enfermedad&#8221; del tipo que la cr\u00edtica posterior a Frank \u2014Rebecca Garden, en su citado art\u00edculo de 2010\u2014 ha se\u00f1alado como potencialmente problem\u00e1tica, por idealizar en exceso el sufrimiento.<\/p>\n<p>4. El cuerpo ausente y el cuerpo doliente: Leder y Le Breton<\/p>\n<p>Drew Leder, en The Absent Body (1990), sostiene que el cuerpo sano funciona, en la experiencia cotidiana, como una &#8220;ausencia&#8221;: no lo percibimos como objeto de atenci\u00f3n mientras cumple correctamente sus funciones. La enfermedad invierte esta transparencia habitual, haciendo que el cuerpo se torne s\u00fabitamente &#8220;presente&#8221;, opaco, objeto insistente de una atenci\u00f3n que antes no requer\u00eda. David Le Breton, en Anthropologie de la douleur (1995), complementa esta descripci\u00f3n se\u00f1alando que el dolor cr\u00f3nico intensifica esa presencia hasta convertir el cuerpo en un objeto ajeno, que debe gestionarse desde fuera antes que habitarse desde dentro.<\/p>\n<p>Desde el T\u00e1rtaro dramatiza esta inversi\u00f3n lederiana de manera sistem\u00e1tica. &#8220;Mejor imposible&#8221; ofrece, quiz\u00e1s, la formulaci\u00f3n m\u00e1s precisa: el hablante experimenta su propio cuerpo como una &#8220;cartograf\u00eda de la sutura&#8221;, un territorio ajeno que debe ser mapeado, del que se hace &#8220;inventario&#8221; como si de un objeto externo se tratara. El verso \u00abCart\u00edlago atr\u00f3fico que coloniza el torso\u00bb invierte, de manera expl\u00edcita, la relaci\u00f3n esperable entre sujeto y cuerpo: no es el sujeto quien habita su cuerpo, sino el deterioro corporal quien lo &#8220;coloniza&#8221;, como un poder invasor que ocupa el espacio antes transparente que el sujeto habitaba sin advertirlo.<\/p>\n<p>Es significativo que el poema recurra, para nombrar esta colonizaci\u00f3n, a un vocabulario deshumanizado: \u00abSoy un primate con la dentadura \/ arrancada y puesta en la palma. \/ Un aut\u00f3mata biol\u00f3gico \/ que ha olvidado su simetr\u00eda\u00bb. La p\u00e9rdida de &#8220;simetr\u00eda&#8221; \u2014t\u00e9rmino que en anatom\u00eda designa la correspondencia arm\u00f3nica entre las dos mitades del cuerpo humano, y cuya alteraci\u00f3n patol\u00f3gica es, precisamente, uno de los signos cl\u00ednicos m\u00e1s elementales que un examen m\u00e9dico registra\u2014 convierte al propio cuerpo en un objeto de examen cl\u00ednico incluso en el momento en que el poema lo describe desde dentro, en primera persona: el hablante se mira a s\u00ed mismo con la misma mirada objetivadora que, seg\u00fan Leder, caracteriza la experiencia del cuerpo enfermo frente al m\u00e9dico que lo examina.<\/p>\n<p>5. Sin servir: la medicaci\u00f3n como fracaso terap\u00e9utico<\/p>\n<p>&#8220;Sin servir&#8221;, poema que abre el libro, constituye el \u00fanico momento de Desde el T\u00e1rtaro en que se menciona expl\u00edcitamente una intervenci\u00f3n m\u00e9dica: \u00abNo hay nada que le pueda agradecer, \/ a la maldita medicaci\u00f3n\u00bb. Le\u00eddo desde el marco de la medicina narrativa, este poema documenta con extraordinaria precisi\u00f3n el fracaso de lo que Frank llamar\u00eda la promesa de restituci\u00f3n: la medicaci\u00f3n, dispositivo que la narrativa biom\u00e9dica dominante presenta como garant\u00eda de retorno a la salud, no cumple esa promesa, sino que produce una forma alternativa \u2014y para el hablante, peor\u2014 de padecimiento: \u00abMis ideas aparecen aturrulladas. \/ Me he convertido en un simpl\u00f3n\u00bb [\u2026] \u00abhe perdido mi superpoder. \/ Ya no dialogo con los muertos\u00bb.<\/p>\n<p>Es crucial, desde la perspectiva de la medicina narrativa, observar que el poema no niega la eficacia cl\u00ednica objetiva de la medicaci\u00f3n \u2014no hay ning\u00fan dato en el texto que permita afirmar que el tratamiento fracasa en su funci\u00f3n biom\u00e9dica de controlar s\u00edntomas psic\u00f3ticos, presumiblemente las &#8220;voces&#8221; que &#8220;ya no me martirizan&#8221;\u2014, sino que documenta el coste narrativo y subjetivo de esa eficacia: el tratamiento cumple su funci\u00f3n cl\u00ednica (disease) al precio de anular la narrativa de sentido que el hablante hab\u00eda construido en torno a su padecimiento (illness), en la que las &#8220;voces&#8221; cumpl\u00edan una funci\u00f3n \u2014por perturbadora que fuera\u2014 de &#8220;superpoder&#8221;, de di\u00e1logo con &#8220;los muertos&#8221;, de acceso a una forma de conocimiento que la medicaci\u00f3n clausura sin sustituir por ninguna otra.<\/p>\n<p>El poema culmina con una formulaci\u00f3n que, le\u00edda con el vocabulario de Charon, representa un caso extremo de conflicto entre disease e illness: \u00absoy \u00e1spero y un sin servir. \/ Las voces ya no me martirizan \/ y sin ellas prefiero morir\u00bb. Desde el punto de vista de la biomedicina orientada exclusivamente al disease, el tratamiento ha tenido \u00e9xito: las voces \u2014s\u00edntoma objetivable\u2014 han cesado. Desde el punto de vista de la illness narrative del propio hablante, el tratamiento ha fracasado de manera radical, porque ha destruido el marco de sentido \u2014por patol\u00f3gico que ese marco pudiera parecer desde fuera\u2014 sin ofrecer ning\u00fan relato alternativo capaz de sostener una vida que ahora se experimenta como vac\u00eda de valor. Este es, precisamente, el tipo de disonancia entre ambos registros que la medicina narrativa, seg\u00fan la propuesta original de Charon, aspira a detectar y a incorporar a la pr\u00e1ctica cl\u00ednica mediante la escucha atenta del relato del paciente, en lugar de limitarse a la evaluaci\u00f3n del s\u00edntoma.<\/p>\n<p>6. Sustancia perpetua y Hormig\u00f3n crudo: la temporalidad de la enfermedad cr\u00f3nica<\/p>\n<p>Una de las aportaciones m\u00e1s espec\u00edficas de la medicina narrativa al estudio de la enfermedad cr\u00f3nica \u2014a diferencia de la aguda, que Frank sit\u00faa m\u00e1s f\u00e1cilmente dentro del esquema de restituci\u00f3n\u2014 es la atenci\u00f3n a su temporalidad particular: una enfermedad que no tiene fecha prevista de resoluci\u00f3n exige, de quien la padece, una reorganizaci\u00f3n completa de la propia relaci\u00f3n con el tiempo futuro. Kleinman documenta extensamente c\u00f3mo los pacientes cr\u00f3nicos desarrollan estrategias narrativas espec\u00edficas para convivir con una temporalidad sin horizonte de curaci\u00f3n, estrategias que van desde la negaci\u00f3n parcial hasta la aceptaci\u00f3n resignada, pasando por formas diversas de negociaci\u00f3n con el propio padecimiento.<\/p>\n<p>&#8220;Sustancia perpetua&#8221; dramatiza esta temporalidad cr\u00f3nica de manera casi did\u00e1ctica ya desde su t\u00edtulo: el poema describe una &#8220;cuenta atr\u00e1s&#8221; que, parad\u00f3jicamente, no conduce a ning\u00fan t\u00e9rmino, sino a la &#8220;eternamente permanezco&#8221; del verso final. La &#8220;resina infinita del sistema&#8221; y el &#8220;pol\u00edmero que impide la fuga&#8221; son materiales elegidos, precisamente, por su estabilidad qu\u00edmica permanente: a diferencia del hormig\u00f3n, que fragua y luego se degrada por oxidaci\u00f3n, la resina sint\u00e9tica representa la fijaci\u00f3n qu\u00edmica definitiva, sin proceso de deterioro visible a corto plazo. Esta elecci\u00f3n material no es casual: dramatiza, con extraordinaria precisi\u00f3n, la experiencia de la cronicidad como condici\u00f3n que no fragua hacia una resoluci\u00f3n ni hacia una crisis definitiva, sino que simplemente permanece, \u00abhastiada del segundero\u00bb, en un presente que se repite sin desarrollo narrativo alguno.<\/p>\n<p>&#8220;Hormig\u00f3n crudo&#8221; a\u00f1ade a esta temporalidad cr\u00f3nica la dimensi\u00f3n de la fatiga estructural: \u00abLas vigas de la columna se oxidan, \/ mientras el tiempo, esa mezcla densa, \/ se endurece hasta asfixiar el grito\u00bb. Aqu\u00ed el tiempo mismo se convierte en agente patol\u00f3gico: no es un tiempo que cura mediante el simple transcurrir \u2014como presupone impl\u00edcitamente buena parte del discurso m\u00e9dico sobre la recuperaci\u00f3n\u2014, sino un tiempo que &#8220;se endurece&#8221;, que agrava progresivamente la condici\u00f3n del sujeto mediante un proceso de endurecimiento que recuerda, precisamente, a la cronificaci\u00f3n de un padecimiento que el lenguaje cl\u00ednico describe habitualmente en t\u00e9rminos de estabilizaci\u00f3n, pero que el poema experimenta como progresivo empeoramiento silencioso.<\/p>\n<p>7. Mejor imposible: cartograf\u00eda del dolor y los l\u00edmites del lenguaje<\/p>\n<p>Elaine Scarry, en The Body in Pain (1985), formula una de las tesis m\u00e1s influyentes \u2014y m\u00e1s debatidas\u2014 de los estudios sobre el dolor: que el dolor f\u00edsico extremo resiste, por su propia naturaleza, la verbalizaci\u00f3n, y que el lenguaje humano dispone de recursos limitados, principalmente metaf\u00f3ricos, para nombrarlo con precisi\u00f3n. Esta tesis plantea un desaf\u00edo metodol\u00f3gico directo para cualquier estudio de la enfermedad cr\u00f3nica desde la medicina narrativa: si el dolor resiste el lenguaje, \u00bfc\u00f3mo puede la narrativa \u2014que depende del lenguaje\u2014 dar cuenta de \u00e9l?<\/p>\n<p>&#8220;Mejor imposible&#8221; ofrece una respuesta po\u00e9tica a este desaf\u00edo mediante el recurso sistem\u00e1tico a la &#8220;cartograf\u00eda&#8221;: el poema convierte el propio cuerpo doliente en territorio a mapear, en \u00abcartograf\u00eda de la sutura\u00bb, precisamente porque el mapa \u2014a diferencia del lenguaje verbal directo\u2014 puede representar relaciones espaciales de dolor sin necesidad de nombrarlas con precisi\u00f3n verbal exacta. Esta estrategia cartogr\u00e1fica coincide con la observaci\u00f3n de Scarry de que el dolor, al resistir la descripci\u00f3n directa, tiende a proyectarse sobre objetos externos \u2014un arma, un territorio, un mapa\u2014 que permiten hablar de \u00e9l de manera indirecta, mediante desplazamiento espacial antes que mediante nombramiento verbal literal.<\/p>\n<p>El poema recurre, adem\u00e1s, a un procedimiento que merece atenci\u00f3n espec\u00edfica desde la perspectiva de la medicina narrativa: la fragmentaci\u00f3n sint\u00e1ctica extrema, con versos que se acumulan en unidades breves, casi telegr\u00e1ficas, separadas por saltos estr\u00f3ficos abruptos: \u00abLas noches son r\u00e1fagas de espantos. \/ Monocromo: gris cemento en la retina\u00bb. Esta fragmentaci\u00f3n formal puede leerse como r\u00e9plica estructural de la propia fragmentaci\u00f3n narrativa que Frank atribuye a la &#8220;narrativa de caos&#8221;: si el caos narrativo se caracteriza por la ausencia de la secuencia ordenada de principio, desarrollo y final, la fragmentaci\u00f3n sint\u00e1ctica de &#8220;Mejor imposible&#8221; traduce esa misma ausencia de orden narrativo al nivel m\u00e1s elemental de la construcci\u00f3n del verso, de manera que la forma del poema \u2014no solo su contenido tem\u00e1tico\u2014 dramatiza el caos que describe.<\/p>\n<p>8. Al final de la escalera: la urgencia m\u00e9dica en clave l\u00edrica<\/p>\n<p>&#8220;Al final de la escalera&#8221; introduce un vocabulario cl\u00ednico de urgencia que merece atenci\u00f3n particular: \u00abPresentimientos sobre \/ pavimento quebradizo, \/ se dilatan y terminan por blandir \/ la isquemia del terror\u00bb. El t\u00e9rmino &#8220;isquemia&#8221; \u2014interrupci\u00f3n del riego sangu\u00edneo a un tejido u \u00f3rgano, con las consecuencias de da\u00f1o celular que de ella se derivan\u2014 pertenece al vocabulario de la medicina de urgencias y la cardiolog\u00eda, y su aplicaci\u00f3n metaf\u00f3rica al &#8220;terror&#8221; traduce, con precisi\u00f3n cl\u00ednica exacta, la experiencia de una angustia que no fluye, que se &#8220;interrumpe&#8221; en su circulaci\u00f3n normal, produciendo un da\u00f1o acumulativo comparable al que la falta de riego sangu\u00edneo produce en el tejido org\u00e1nico.<\/p>\n<p>El poema introduce, adem\u00e1s, una precisi\u00f3n temporal que merece lectura detenida desde la medicina narrativa: \u00abCuatro horas comprimidas en un segundo\u00bb. Esta compresi\u00f3n temporal extrema \u2014cuatro horas de duraci\u00f3n objetiva experimentadas como un \u00fanico segundo subjetivo\u2014 documenta, con notable exactitud fenomenol\u00f3gica, la distorsi\u00f3n del tiempo que caracteriza las experiencias de crisis aguda dentro de un padecimiento cr\u00f3nico: el tiempo de la urgencia cl\u00ednica no se mide en las mismas unidades que el tiempo cotidiano, y el poema capta esa discontinuidad temporal mediante una imagen que ning\u00fan informe cl\u00ednico convencional podr\u00eda formular con la misma precisi\u00f3n experiencial.<\/p>\n<p>El cierre del poema introduce, finalmente, la imagen del \u00ablaberinto de geometr\u00eda perpetua\u00bb, que retoma el vocabulario de perpetuidad ya analizado en &#8220;Sustancia perpetua&#8221;: la crisis de urgencia, por aguda que sea en su manifestaci\u00f3n puntual, se inscribe dentro de una estructura m\u00e1s amplia \u2014el laberinto\u2014 que no ofrece salida definitiva, sino una repetici\u00f3n estructural de la misma amenaza. Esta combinaci\u00f3n de urgencia puntual (la isquemia, las cuatro horas comprimidas) con perpetuidad estructural (el laberinto sin salida) constituye una de las formulaciones m\u00e1s precisas de todo el poemario sobre la paradoja temporal de la enfermedad cr\u00f3nica con episodios agudos recurrentes: cada crisis se experimenta como absoluta e inmediata, pero se inscribe dentro de un patr\u00f3n que se repite sin final previsible.<\/p>\n<p>9. Frecuencia de corte: el testimonio del enfermo pedi\u00e1trico y el bearing witness<\/p>\n<p>Arthur Frank dedica una secci\u00f3n completa de The Wounded Storyteller al concepto de &#8220;testimonio&#8221; (testimony) o &#8220;dar testimonio&#8221; (bearing witness): el enfermo, sostiene Frank, no es solo un superviviente pasivo de su padecimiento, sino un testigo activo que, al narrar su experiencia, ofrece una verdad sobre la condici\u00f3n humana que trasciende su caso particular. &#8220;Frecuencia de corte&#8221;, el m\u00e1s breve de los poemas cl\u00ednicos del libro, puede leerse como un ejercicio de testimonio en este sentido preciso: \u00abEl miedo es solo un fallo en el sistema, \/ pero el ni\u00f1o, \/ el ni\u00f1o es el \u00fanico pulso real en este hospital de cables\u00bb.<\/p>\n<p>Es significativo que el poema introduzca, junto a la voz del hablante adulto que reduce el miedo a mera categor\u00eda t\u00e9cnica \u2014&#8221;fallo en el sistema&#8221;\u2014, la presencia de un &#8220;ni\u00f1o&#8221; cuyo &#8220;pulso&#8221; se declara &#8220;real&#8221; frente a la artificialidad generalizada del entorno hospitalario. Esta introducci\u00f3n de una segunda presencia \u2014ajena, vulnerable, presumiblemente un paciente pedi\u00e1trico, aunque el poema no lo precisa con exactitud, dejando abierta tambi\u00e9n la posible lectura del propio hablante infantilizado por la experiencia de la enfermedad\u2014 dramatiza precisamente el gesto de &#8220;dar testimonio&#8221; que Frank describe: el hablante no habla solo de s\u00ed mismo, sino que su testimonio se ampl\u00eda para dar cuenta de otra presencia, m\u00e1s fr\u00e1gil, cuya realidad el poema declara superior a la del sistema t\u00e9cnico que la rodea.<\/p>\n<p>El poema culmina con una imagen que documenta, con notable precisi\u00f3n, el proceso de elaboraci\u00f3n emocional del dolor mediante la iron\u00eda: \u00abRabia que muerde hasta los huesos, \/ hasta que el dolor se vuelve un chiste, \/ un eco, \/ una estridencia que, finalmente, \/ se dobla sobre s\u00ed misma\u00bb. Esta transformaci\u00f3n del dolor en &#8220;chiste&#8221; \u2014anticipo directo del procedimiento que culminar\u00e1 en &#8220;Riendo&#8221;, como se analizar\u00e1 en el ep\u00edgrafe 14\u2014 constituye, dentro del marco de la medicina narrativa, un mecanismo de afrontamiento (coping) bien documentado en la literatura cl\u00ednica sobre enfermedad cr\u00f3nica: el humor no niega el dolor, sino que le ofrece una forma alternativa de expresi\u00f3n que permite, al menos temporalmente, sostener su peso sin ser aplastado por \u00e9l.<\/p>\n<p>10. La metamorfosis: enfermedad cr\u00f3nica y transformaci\u00f3n de la identidad narrativa<\/p>\n<p>Kleinman insiste en que la enfermedad cr\u00f3nica no solo se narra, sino que transforma de manera duradera la identidad narrativa de quien la padece: el relato que el paciente construye sobre s\u00ed mismo antes de enfermar debe reorganizarse, a menudo de manera radical, para incorporar la nueva condici\u00f3n. &#8220;La metamorfosis&#8221;, cuyo t\u00edtulo evoca inevitablemente a Kafka, dramatiza esta reorganizaci\u00f3n identitaria mediante la imagen de una transformaci\u00f3n en curso, no concluida: \u00abSoy larva que se ignora en el sustrato, \/ un quiste en el tejido del tiempo ciego, \/ esperando la necrosis del miedo \/ para brotar en una forma nueva, informe\u00bb.<\/p>\n<p>Es crucial, desde la perspectiva de la medicina narrativa, que esta metamorfosis se describa mediante vocabulario expl\u00edcitamente m\u00e9dico-farmacol\u00f3gico: \u00abNo es seda lo que me envuelve en este rinc\u00f3n, \/ es una gasa impregnada de yodo y olvido, \/ un vendaje que oculta la mutaci\u00f3n qu\u00edmica\u00bb. El vendaje m\u00e9dico \u2014dispositivo cuya funci\u00f3n habitual es proteger una herida durante el proceso de cicatrizaci\u00f3n, es decir, precisamente durante el proceso de restituci\u00f3n hacia la salud anterior\u2014 se convierte aqu\u00ed en el instrumento de una transformaci\u00f3n que no restituye nada, sino que produce una &#8220;mutaci\u00f3n qu\u00edmica&#8221; hacia una forma nueva, previa a cualquier idea de curaci\u00f3n o retorno.<\/p>\n<p>El poema cierra con una imagen que documenta, de manera extraordinariamente precisa, la ambivalencia constitutiva de toda transformaci\u00f3n identitaria inducida por la enfermedad cr\u00f3nica: \u00abSaldr\u00e9 de aqu\u00ed con alas de ceniza vibrante, \/ una efigie pat\u00e9tica que boquea en el vac\u00edo, \/ dispuesto a chocar contra la luz artificial \/ de los que a\u00fan creen, ingenuos, en la cordura\u00bb. La nueva identidad que emerge de la metamorfosis no es una identidad restituida ni una identidad triunfante \u2014como exigir\u00eda una narrativa de b\u00fasqueda plenamente desarrollada\u2014, sino una identidad fr\u00e1gil (\u00abalas de ceniza\u00bb), consciente de su propia inadecuaci\u00f3n al mundo de quienes \u00aba\u00fan creen, ingenuos, en la cordura\u00bb: una formulaci\u00f3n que documenta, con precisi\u00f3n casi cl\u00ednica, el aislamiento social que con frecuencia acompa\u00f1a a la reorganizaci\u00f3n identitaria del paciente cr\u00f3nico frente a un entorno que no comparte su experiencia transformada.<\/p>\n<p>11. Yonki de la jerarqu\u00eda: dependencia, medicalizaci\u00f3n y cuerpo administrado<\/p>\n<p>&#8220;Yonki de la jerarqu\u00eda&#8221; introduce, ya desde su t\u00edtulo, el vocabulario de la dependencia farmacol\u00f3gica \u2014&#8221;yonki&#8221;, t\u00e9rmino coloquial para quien padece adicci\u00f3n a sustancias\u2014 aplicado, sin embargo, no a una sustancia recreativa, sino a la propia &#8220;jerarqu\u00eda&#8221;: una dependencia estructural, social e institucional que el poema describe con el mismo vocabulario que se emplear\u00eda para una adicci\u00f3n qu\u00edmica. El verso \u00abEstructuralmente densa, \/ alcaloide de piel r\u00edgida\u00bb funde ambos registros \u2014el institucional y el farmacol\u00f3gico\u2014 en una sola imagen que documenta c\u00f3mo la vida bajo tratamiento m\u00e9dico continuado puede experimentarse, desde dentro, con la misma l\u00f3gica de sometimiento que caracteriza la dependencia a una sustancia.<\/p>\n<p>El poema introduce, adem\u00e1s, un vocabulario que evoca directamente el proceso cl\u00ednico de administraci\u00f3n de f\u00e1rmacos y su supervisi\u00f3n: \u00abCronometra la entrop\u00eda, \/ disecciona tu mundo. \/ Absorbe el fluido antes del colapso. \/ Vomita la ciencia, falsea los n\u00fameros\u00bb. Esta \u00faltima expresi\u00f3n \u2014&#8221;falsea los n\u00fameros&#8221;\u2014 introduce una nota de desconfianza hacia el propio aparato de medici\u00f3n cl\u00ednica que resulta significativa desde la perspectiva de la medicina narrativa: el paciente cr\u00f3nico, seg\u00fan documenta ampliamente la literatura del campo, desarrolla con frecuencia una relaci\u00f3n ambivalente con los datos objetivos de su propio seguimiento m\u00e9dico \u2014an\u00e1lisis, escalas de dolor, par\u00e1metros vitales\u2014, que puede oscilar entre la fe absoluta en su objetividad y la sospecha de que esos mismos n\u00fameros no capturan, o incluso distorsionan, la experiencia subjetiva real del padecimiento.<\/p>\n<p>El cierre del poema \u2014\u00abAclamando a la jerarqu\u00eda del m\u00e1s apto \/ lograr\u00e1 soportar el hormig\u00f3n\u00bb [\u2026] \u00abImagina que no puedes imaginar\u00bb\u2014 retoma la l\u00f3gica de responsabilizaci\u00f3n individual del sufrimiento que, desde la perspectiva de la medicina narrativa, constituye uno de los riesgos documentados de cierto discurso biom\u00e9dico contempor\u00e1neo: la exigencia impl\u00edcita de que el paciente &#8220;se adapte&#8221;, &#8220;sea resiliente&#8221; o &#8220;soporte&#8221; su condici\u00f3n como prueba de aptitud personal, exigencia que Rebecca Garden (2010) se\u00f1ala como uno de los peligros del &#8220;rol del buen paciente&#8221; que ciertas narrativas de la enfermedad \u2014incluidas, en ocasiones, las narrativas de b\u00fasqueda mal entendidas\u2014 pueden terminar reforzando de manera acr\u00edtica.<\/p>\n<p>12. Instante m\u00faltiplo: el tiempo puntillista de la enfermedad cr\u00f3nica<\/p>\n<p>&#8220;Instante m\u00faltiplo&#8221; desarrolla, con mayor extensi\u00f3n que ning\u00fan otro poema del libro, una dramatizaci\u00f3n de la temporalidad fragmentada que caracteriza, seg\u00fan la literatura de la medicina narrativa, la experiencia subjetiva de la enfermedad cr\u00f3nica frente a la temporalidad lineal y orientada a metas que domina la narrativa de restituci\u00f3n. El poema se estructura en torno a la repetici\u00f3n obsesiva de una cifra \u2014\u00ab38\u00bb\u2014 que retorna siete veces, siempre en id\u00e9ntica posici\u00f3n inicial de verso, como si el tiempo del hablante estuviera atrapado en un bucle sin desarrollo narrativo posible.<\/p>\n<p>Esta estructura circular, sin avance temporal efectivo, contrasta radicalmente con el esquema temporal de la &#8220;narrativa de restituci\u00f3n&#8221; descrito por Frank, que presupone un movimiento lineal \u2014enfermedad, tratamiento, curaci\u00f3n\u2014 orientado hacia un futuro de salud recuperada. El \u00ab38\u00bb de Mart\u00edn Y\u00e1\u00f1ez no avanza hacia ninguna resoluci\u00f3n: se repite, se &#8220;pavonea&#8221;, regresa id\u00e9ntico a s\u00ed mismo, hasta culminar en la precisi\u00f3n casi administrativa de una hora exacta \u2014\u00ab38: Son las 19:19\u00bb\u2014 que documenta, con rigor casi cl\u00ednico, el instante preciso de un colapso mental que no conduce a ning\u00fan desenlace narrativo, sino que simplemente se cierra sobre s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Es pertinente se\u00f1alar que esta temporalidad puntillista, sin desarrollo narrativo, coincide estructuralmente con lo que la medicina narrativa describe como uno de los mayores desaf\u00edos terap\u00e9uticos de la enfermedad cr\u00f3nica: la dificultad de mantener, frente a la experiencia repetida de crisis que no conducen a ninguna parte, un relato biogr\u00e1fico coherente orientado hacia el futuro. Kleinman documenta que muchos pacientes cr\u00f3nicos experimentan, precisamente, esta fragmentaci\u00f3n del tiempo vivido en una sucesi\u00f3n de &#8220;episodios&#8221; desconectados entre s\u00ed, cada uno de los cuales debe afrontarse de nuevo sin que la experiencia previa ofrezca garant\u00eda alguna de comprensi\u00f3n o manejo mejorado del siguiente episodio.<\/p>\n<p>13. Territorio bald\u00edo: la narrativa de caos en su forma m\u00e1s pura<\/p>\n<p>&#8220;Territorio bald\u00edo&#8221;, que abre la quinta y \u00faltima secci\u00f3n del libro, constituye la dramatizaci\u00f3n m\u00e1s radical de lo que Frank denomina &#8220;narrativa de caos&#8221;: un relato que no solo carece de la estructura de restituci\u00f3n, sino que llega a cuestionar la propia posibilidad de que exista un sujeto capaz de narrar. El poema acumula, en sus estrofas centrales, adjetivos de exclusi\u00f3n y deterioro moral radical \u2014\u00abIndecente, maldito, \/ ap\u00e1trida y soez [\u2026] Odioso y odiado, \/ perdido y desatinado\u00bb\u2014 antes de culminar en la imagen de vaciamiento absoluto que cierra el poema: \u00abMiro por la ventana: \/ nada queda. \/ Nada. \/ Ni siquiera yo\u00bb.<\/p>\n<p>Desde la perspectiva de la medicina narrativa, este verso final \u2014la sustracci\u00f3n del propio sujeto narrador del campo de lo que &#8220;queda&#8221;\u2014 representa el l\u00edmite mismo de lo narrable: si toda narrativa presupone un narrador, por fragmentario o ca\u00f3tico que sea su relato, la desaparici\u00f3n expl\u00edcita de ese narrador \u2014\u00abni siquiera yo\u00bb\u2014 se\u00f1ala el punto en que la narrativa de caos alcanza su extremo l\u00f3gico, el momento en que la propia posibilidad de contar la propia enfermedad se declara, dentro del poema mismo, agotada. Es significativo que este vaciamiento se produzca precisamente en el poema que abre la secci\u00f3n titulada &#8220;El regreso&#8221;: el regreso a la experiencia previamente cartografiada no trae consigo ninguna forma de restituci\u00f3n, sino la constataci\u00f3n expl\u00edcita de que la narrativa de caos ha consumido, moment\u00e1neamente, incluso la instancia narradora que la sosten\u00eda.<\/p>\n<p>Esta dramatizaci\u00f3n extrema de la narrativa de caos plantea una pregunta metodol\u00f3gica relevante para la medicina narrativa como disciplina: \u00bfpuede considerarse &#8220;narrativa&#8221;, en sentido estricto, un poema que declara la imposibilidad de su propio sujeto narrador? La respuesta que propone esta monograf\u00eda es afirmativa, con una precisi\u00f3n importante: el poema, en tanto objeto textual construido y comunicado a un lector, constituye en s\u00ed mismo el acto narrativo que su contenido declara imposible; la paradoja de &#8220;Territorio bald\u00edo&#8221; \u2014un poema que narra la desaparici\u00f3n de quien narra\u2014 es, precisamente, la forma m\u00e1s precisa que la l\u00edrica puede ofrecer para dar testimonio del extremo de la narrativa de caos, all\u00ed donde la prosa autobiogr\u00e1fica de la patograf\u00eda convencional encontrar\u00eda, probablemente, mayores dificultades formales para sostener una estructura textual coherente en torno a la propia negaci\u00f3n del sujeto.<\/p>\n<p>14. Riendo: hacia una narrativa de b\u00fasqueda inconclusa<\/p>\n<p>&#8220;Riendo&#8221;, \u00faltimo poema del libro, introduce elementos que pueden leerse, con las debidas cautelas, como un atisbo de lo que Frank denomina &#8220;narrativa de b\u00fasqueda&#8221;: no la superaci\u00f3n definitiva del padecimiento, pero s\u00ed una transformaci\u00f3n en la relaci\u00f3n del hablante con su propia experiencia de sufrimiento. El poema se abre con una imagen de derretimiento \u2014\u00abel cielo se derrite \/ quemando mi dolor\u00bb\u2014 que introduce, desde el primer verso, la posibilidad de una disoluci\u00f3n del dolor distinta de su simple perpetuaci\u00f3n cr\u00f3nica.<\/p>\n<p>Es significativo que el poema formule, a continuaci\u00f3n, una pregunta sobre el regreso a un origen \u2014\u00ab\u00bfD\u00f3nde queda el camino \/ de regreso a la ra\u00edz?\u00bb\u2014 sin ofrecer respuesta afirmativa: a diferencia de la narrativa de restituci\u00f3n, que presupone un camino de regreso identificable hacia la salud anterior, el poema deja esta pregunta expl\u00edcitamente sin resolver, lo que confirma que no se trata de una restituci\u00f3n en el sentido de Frank, sino de un proceso distinto. La imagen del juego infantil del escondite \u2014\u00abNi\u00f1os que se esconden, \/ los busco, \u00bfno los ves? \/ Escapo de este mundo, \/ cuento hasta diez\u00bb\u2014 introduce un modelo de desaparici\u00f3n reversible, l\u00fadica, que contrasta radicalmente con el vaciamiento definitivo de &#8220;Territorio bald\u00edo&#8221;: aqu\u00ed desaparecer no es la p\u00e9rdida absoluta del sujeto narrador, sino una posibilidad de juego que presupone, precisamente, un reencuentro posterior.<\/p>\n<p>El poema culmina con la imagen que cierra el libro entero: \u00abSigo corriendo \/ y al final me tiendo \/ en los brazos del mar riendo\u00bb, reforzada por la coda final entre par\u00e9ntesis: \u00ab(riendo): como loco que se lleva el tiempo [\u2026] (riendo): como alma que esquiva al diablo\u00bb. Esta risa final no cura la enfermedad cr\u00f3nica que el poemario ha documentado con tanta precisi\u00f3n cl\u00ednica a lo largo de sus veinti\u00fan poemas, ni resuelve el dolor en una restituci\u00f3n completa; pero s\u00ed representa, dentro del marco de la medicina narrativa, un desplazamiento tonal significativo respecto de la narrativa de caos dominante: el hablante ya no se experimenta a s\u00ed mismo como sujeto disuelto \u2014\u00abni siquiera yo\u00bb\u2014, sino como sujeto que r\u00ede, que corre, que se tiende voluntariamente sobre el elemento l\u00edquido que lo acoge. Se trata, en el vocabulario m\u00e1s cauto que esta monograf\u00eda puede emplear sin forzar el texto m\u00e1s all\u00e1 de lo que permite, de una narrativa de b\u00fasqueda apenas esbozada, incompleta, ambivalente, pero perceptible.<\/p>\n<p>15. Patograf\u00eda y poes\u00eda: diferencias gen\u00e9ricas en la narrativa de la enfermedad<\/p>\n<p>Anne Hunsaker Hawkins, en Reconstructing Illness: Studies in Pathography (1999), estudia el g\u00e9nero de la &#8220;patograf\u00eda&#8221; \u2014el relato autobiogr\u00e1fico en prosa de la propia enfermedad\u2014 identificando en \u00e9l convenciones formales recurrentes: la cronolog\u00eda del diagn\u00f3stico, el desarrollo del tratamiento, la reflexi\u00f3n retrospectiva sobre el significado de la experiencia. Ann Jurecic, en Illness as Narrative (2012), a\u00f1ade a este an\u00e1lisis una atenci\u00f3n espec\u00edfica a los riesgos ret\u00f3ricos del g\u00e9nero: la tentaci\u00f3n de imponer sobre la experiencia vivida una coherencia narrativa que la experiencia real, en su momento, no pose\u00eda.<\/p>\n<p>Desde el T\u00e1rtaro no pertenece, evidentemente, al g\u00e9nero de la patograf\u00eda en el sentido estricto que definen Hunsaker Hawkins y Jurecic: no ofrece cronolog\u00eda de diagn\u00f3stico ni desarrollo lineal de tratamiento, y su brevedad l\u00edrica \u2014dieciocho p\u00e1ginas de verso frente a las habituales doscientas o trescientas de una patograf\u00eda en prosa\u2014 impide cualquier comparaci\u00f3n directa de extensi\u00f3n o de ambici\u00f3n testimonial expl\u00edcita. Sin embargo, precisamente esta diferencia gen\u00e9rica permite plantear una hip\u00f3tesis productiva: el poema l\u00edrico, por su brevedad, su elipsis y su renuncia a la cronolog\u00eda expl\u00edcita, puede estar mejor adaptado que la prosa patogr\u00e1fica para dar cuenta de la &#8220;narrativa de caos&#8221; en su forma m\u00e1s pura, ya que esta \u00faltima, seg\u00fan la propia definici\u00f3n de Frank, se caracteriza precisamente por la ausencia de la secuencia ordenada que la prosa narrativa tiende, casi por imperativo formal del g\u00e9nero, a imponer sobre cualquier material que organiza.<\/p>\n<p>Esta hip\u00f3tesis encuentra respaldo indirecto en la advertencia de Jurecic sobre el riesgo de que la patograf\u00eda en prosa imponga coherencia narrativa all\u00ed donde la experiencia vivida careci\u00f3 de ella: el verso libre y fragmentario de Mart\u00edn Y\u00e1\u00f1ez \u2014con sus saltos estr\u00f3ficos abruptos, sus repeticiones obsesivas, sus finales en suspensi\u00f3n (\u00abNada. \/ Ni siquiera yo\u00bb)\u2014 evita ese riesgo precisamente por no aspirar, en ning\u00fan momento, a la coherencia cronol\u00f3gica que la prosa autobiogr\u00e1fica presupone casi por convenci\u00f3n gen\u00e9rica. En este sentido, Desde el T\u00e1rtaro puede leerse como una contribuci\u00f3n espec\u00edficamente po\u00e9tica \u2014y no meramente una variante menor o incompleta\u2014 al campo m\u00e1s amplio de la narrativa de la enfermedad que la medicina narrativa se propone estudiar.<\/p>\n<p>16. El testigo y el poema: bearing witness en clave l\u00edrica<\/p>\n<p>Frank sostiene que el enfermo que narra su padecimiento no es solo un superviviente, sino un testigo: alguien que, &#8220;formado en una pedagog\u00eda del sufrimiento&#8221;, se dirige a otros ofreciendo &#8220;una verdad sobre vivir&#8221;, verdad que se convierte en punto de partida de lo que \u00e9l denomina una &#8220;\u00e9tica narrativa&#8221;, mediante la cual las experiencias privadas se transforman en voces p\u00fablicas. Esta funci\u00f3n testimonial del relato de enfermedad adquiere, en el caso de la poes\u00eda, una configuraci\u00f3n particular que merece atenci\u00f3n espec\u00edfica.<\/p>\n<p>A diferencia de la patograf\u00eda en prosa, que suele dirigirse expl\u00edcitamente a un lector general al que se busca informar, conmover o alertar sobre una condici\u00f3n m\u00e9dica concreta, Desde el T\u00e1rtaro no formula en ning\u00fan momento una direcci\u00f3n testimonial expl\u00edcita hacia un lector no enfermo que busque comprender la experiencia del hablante desde fuera. El poemario no explica, no divulga, no informa sobre ninguna condici\u00f3n cl\u00ednica concreta: se limita a nombrar, con el m\u00e1ximo rigor formal e imaginativo disponible, la experiencia misma, dejando al lector la tarea de reconstruir, a partir de las im\u00e1genes ofrecidas, cualquier comprensi\u00f3n posible de esa experiencia.<\/p>\n<p>Esta ausencia de vocaci\u00f3n divulgativa expl\u00edcita no invalida, sin embargo, la funci\u00f3n testimonial del poemario en el sentido que Frank atribuye al concepto: el propio acto de escribir y publicar estos poemas \u2014de convertir en objeto textual compartido una experiencia que podr\u00eda haber permanecido privada\u2014 constituye, en s\u00ed mismo, el gesto de &#8220;dar testimonio&#8221; que Frank describe, incluso en ausencia de cualquier aparato explicativo o pedag\u00f3gico. El testimonio po\u00e9tico de Desde el T\u00e1rtaro es, en este sentido, un testimonio de forma antes que de contenido informativo: no ense\u00f1a al lector datos sobre una enfermedad concreta, pero le ofrece, mediante la precisi\u00f3n de sus im\u00e1genes \u2014el hormig\u00f3n, la resina, el algoritmo, la isquemia\u2014, un acceso formal y emocional a una experiencia de padecimiento cr\u00f3nico que ning\u00fan informe cl\u00ednico, por preciso que sea en su propio registro, podr\u00eda transmitir con la misma intensidad.<\/p>\n<p>17. Met\u00e1fora m\u00e9dica y cr\u00edtica de la met\u00e1fora: Sontag rele\u00edda desde Desde el T\u00e1rtaro<\/p>\n<p>Susan Sontag advirti\u00f3, en Illness as Metaphor (1978), sobre los riesgos de metaforizar la enfermedad mediante im\u00e1genes b\u00e9licas o punitivas \u2014la enfermedad como &#8220;invasi\u00f3n&#8221;, como &#8220;castigo&#8221;\u2014, se\u00f1alando que tales met\u00e1foras pueden agravar el sufrimiento del enfermo al cargarlo de connotaciones morales injustificadas. Es pertinente, en el contexto de esta monograf\u00eda sobre medicina narrativa, examinar en qu\u00e9 medida Desde el T\u00e1rtaro incurre o evita este riesgo se\u00f1alado por Sontag.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis del l\u00e9xico t\u00e9cnico del poemario, realizado en los ep\u00edgrafes precedentes, permite constatar que Mart\u00edn Y\u00e1\u00f1ez evita sistem\u00e1ticamente el registro b\u00e9lico o punitivo que Sontag identifica como problem\u00e1tico: en ning\u00fan momento del libro la enfermedad se describe como &#8220;batalla&#8221;, &#8220;lucha&#8221;, &#8220;enemigo&#8221; o &#8220;castigo&#8221; merecido. En su lugar, el poemario recurre a un vocabulario predominantemente industrial, material y sist\u00e9mico \u2014hormig\u00f3n, resina, algoritmo, sistema, mecanismo\u2014 que, aunque tampoco carece de connotaciones (la solidez agrietada, el sistema que falla), no atribuye responsabilidad moral alguna al sujeto enfermo ni presenta su padecimiento como resultado de una conducta reprobable. Esta elecci\u00f3n l\u00e9xica sit\u00faa a Desde el T\u00e1rtaro, respecto de la advertencia de Sontag, en una posici\u00f3n relativamente cautelosa: metaforiza, sin duda \u2014Sontag misma reconoce que la met\u00e1fora en la enfermedad es, en cierta medida, inevitable\u2014, pero elige un repertorio metaf\u00f3rico que evita el juicio moral impl\u00edcito que la autora denuncia.<\/p>\n<p>Esta elecci\u00f3n puede leerse, adem\u00e1s, en di\u00e1logo con la propuesta de Charon sobre la funci\u00f3n leg\u00edtima de la met\u00e1fora dentro de la medicina narrativa: para Charon, la met\u00e1fora no es un adorno peligroso a evitar, sino, cuando se emplea con responsabilidad, un instrumento cognitivo leg\u00edtimo que permite &#8220;establecer conexiones entre las cosas&#8221; y ayudar tanto al paciente como al m\u00e9dico a &#8220;reconocer&#8221; la enfermedad de una manera que el lenguaje puramente cl\u00ednico, desprovisto de recursos figurativos, no permite. El vocabulario industrial y sist\u00e9mico de Desde el T\u00e1rtaro cumple, precisamente, esta funci\u00f3n cognitiva leg\u00edtima que Charon reivindica: no estigmatiza al enfermo, pero le proporciona un marco conceptual \u2014el de la construcci\u00f3n, el sistema, el material sometido a fatiga\u2014 que hace pensable una experiencia que de otro modo permanecer\u00eda, en palabras de Scarry, resistente a cualquier verbalizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>18. Unidos pod\u00edamos: el v\u00ednculo afectivo bajo la sombra de la enfermedad<\/p>\n<p>La literatura de la medicina narrativa ha prestado atenci\u00f3n creciente, en las \u00faltimas dos d\u00e9cadas, a la experiencia de quienes rodean al paciente cr\u00f3nico: parejas, familiares y cuidadores cuya propia biograf\u00eda se ve reorganizada, a menudo de manera tan profunda como la del enfermo mismo, por la presencia sostenida del padecimiento ajeno. Aunque Desde el T\u00e1rtaro se articula predominantemente como mon\u00f3logo en primera persona, sin que aparezca en ning\u00fan momento la voz expl\u00edcita de un cuidador, el poema &#8220;Unidos pod\u00edamos&#8221; permite reconstruir, por v\u00eda indirecta, la huella que la enfermedad cr\u00f3nica deja sobre el v\u00ednculo afectivo compartido.<\/p>\n<p>El poema se estructura como una enumeraci\u00f3n anaf\u00f3rica de deseos formulados en pasado \u2014\u00abDese\u00e9 parar el tiempo\u00bb, \u00abDese\u00e9 un instante eterno\u00bb, \u00abDese\u00e9 un cuadro perfecto\u00bb, \u00abDese\u00e9 blandir el viento\u00bb\u2014 que documenta, mediante el propio tiempo verbal, la distancia que separa el presente de la enunciaci\u00f3n de un pasado idealizado en el que la relaci\u00f3n a\u00fan parec\u00eda sostenible. El verso que cierra cada aspiraci\u00f3n \u2014\u00aby al veneno que nos hizo sordos\u00bb\u2014 introduce un elemento disruptivo, nunca identificado con precisi\u00f3n cl\u00ednica ni biogr\u00e1fica, que el poema presenta como causa de la sordera mutua entre los amantes: una f\u00f3rmula que, le\u00edda desde la medicina narrativa, puede entenderse como la manera en que la enfermedad cr\u00f3nica \u2014el &#8220;veneno&#8221; que satura lentamente la relaci\u00f3n\u2014 erosiona la capacidad de escucha rec\u00edproca entre quien padece y quien acompa\u00f1a, sin que ninguno de los dos logre nombrar con precisi\u00f3n el origen exacto de esa sordera compartida.<\/p>\n<p>La estructura circular del poema \u2014que cierra repitiendo, con variaci\u00f3n m\u00ednima de pronombres, los mismos versos con que se abre: \u00abDese\u00e9 parar el tiempo. \/ Camisa a cuadros y lazos rojos. \/ Mi voz, tu sonrisa, un requiebro \/ y al veneno que nos hizo sordos\u00bb\u2014 documenta, mediante puro procedimiento formal, la imposibilidad de progreso narrativo que caracteriza buena parte de las narrativas de pareja bajo enfermedad cr\u00f3nica descritas por la literatura cl\u00ednica: el deseo se formula una y otra vez, en un bucle que no avanza, sobre un v\u00ednculo que el propio poema presenta como ya perdido desde el primer verso. Esta circularidad reproduce, a escala de la relaci\u00f3n de pareja, la misma l\u00f3gica de tiempo puntillista sin desarrollo que &#8220;Instante m\u00faltiplo&#8221; dramatiza a escala del sujeto individual, sugiriendo que la fragmentaci\u00f3n temporal inducida por la enfermedad cr\u00f3nica no afecta solo a la biograf\u00eda del paciente, sino tambi\u00e9n, por contagio estructural, a la de quien comparte su vida con \u00e9l.<\/p>\n<p>19. Planeta: la utop\u00eda de la restituci\u00f3n fantaseada a gran escala<\/p>\n<p>&#8220;Planeta&#8221;, el poema m\u00e1s extenso del libro, permite examinar, desde la medicina narrativa, un fen\u00f3meno distinto de los analizados hasta ahora: la fantas\u00eda compensatoria de restituci\u00f3n, proyectada no ya sobre el propio cuerpo del hablante, sino sobre una utop\u00eda colectiva de escala planetaria. El estribillo que el poema repite obsesivamente \u2014\u00abY cambi\u00f3 el romanticismo por una mortaja de azahar, \/ marchito y recurrente\u00bb\u2014 documenta el fracaso repetido de esa fantas\u00eda de restituci\u00f3n a gran escala, en un movimiento que resulta paralelo, aunque desplazado del cuerpo individual al cuerpo social, al fracaso de restituci\u00f3n que &#8220;Sin servir&#8221; documenta en clave estrictamente cl\u00ednica.<\/p>\n<p>Es significativo que el propio poema formule esta fantas\u00eda compensatoria mediante la pregunta expl\u00edcita \u00ab\u00bfUtop\u00eda? Puede\u00bb, que introduce, ya desde el inicio, la incertidumbre sobre la viabilidad de cualquier restituci\u00f3n imaginada. La medicina narrativa documenta, en pacientes con enfermedad cr\u00f3nica de larga duraci\u00f3n, la aparici\u00f3n frecuente de fantas\u00edas compensatorias de este tipo \u2014proyecciones hacia un futuro idealizado, hacia una comunidad reparadora, hacia una utop\u00eda colectiva\u2014 que cumplen una funci\u00f3n psicol\u00f3gica de sost\u00e9n frente a la ausencia de restituci\u00f3n individual real, sin que esas fantas\u00edas lleguen necesariamente a sustituir, en ning\u00fan momento, la constataci\u00f3n de la propia condici\u00f3n cr\u00f3nica no resuelta.<\/p>\n<p>El poema cierra, tras un largo recorrido de casi doscientos versos, sin resolver la tensi\u00f3n entre la utop\u00eda imaginada y su fracaso reiterado: la comunidad que &#8220;sentir\u00e1 el planeta en sus sienes&#8221; y &#8220;se\u00f1alar\u00e1 a quien \/ cambi\u00f3 el romanticismo por una mortaja de azahar&#8221; permanece, hasta el final, en el terreno de la profec\u00eda \u2014marcada, significativamente, por el uso de comillas angulares que distancian levemente estas frases del resto del discurso del hablante: \u00abY el futuro ser\u00e1 de ellos, porque suyos son los d\u00edas\u00bb\u2014, sin llegar a materializarse dentro del propio poema como restituci\u00f3n efectivamente lograda. Esta suspensi\u00f3n final, ni afirmaci\u00f3n plena de la utop\u00eda ni renuncia definitiva a ella, reproduce, a escala colectiva, la misma ambivalencia entre narrativa de caos y narrativa de b\u00fasqueda que se ha documentado, a escala individual, en el an\u00e1lisis de &#8220;Riendo&#8221;.<\/p>\n<p>20. Septentri\u00f3n: el sistema sanitario como interlocutor deshumanizado<\/p>\n<p>&#8220;Septentri\u00f3n&#8221; permite examinar, desde la medicina narrativa, la representaci\u00f3n del sistema sanitario \u2014o, en una lectura alternativa que el propio texto no excluye, de cualquier instituci\u00f3n reguladora de la vida del paciente cr\u00f3nico\u2014 como interlocutor despersonalizado, reducido a mero procesamiento de se\u00f1al: \u00abEres el \u00fanico receptor que procesa, \/ y la primera secuencia que huye\u00bb. El vocabulario inform\u00e1tico \u2014&#8221;receptor&#8221;, &#8220;procesa&#8221;, &#8220;secuencia&#8221;, &#8220;registro&#8221;\u2014 convierte la relaci\u00f3n entre el hablante y su interlocutor en un intercambio de datos antes que en un di\u00e1logo humano, reproduciendo, en clave po\u00e9tica, una de las cr\u00edticas m\u00e1s extendidas a la biomedicina contempor\u00e1nea dentro de la propia literatura de la medicina narrativa: la reducci\u00f3n del paciente a un conjunto de par\u00e1metros procesables por un sistema que ha perdido, en el camino, la capacidad de &#8220;escuchar historias&#8221; que Charon reclama como competencia cl\u00ednica indispensable.<\/p>\n<p>El poema culmina con una imagen que fusiona lo tecnol\u00f3gico con lo mortuorio: \u00abConfirma el registro una vez m\u00e1s, \/ desarticula el mecanismo antes, \/ y congela mis extremidades, \/ y corre el sudario de acero tras de ti\u00bb. La exigencia de &#8220;confirmar el registro&#8221; \u2014tr\u00e1mite burocr\u00e1tico-administrativo que cualquier paciente cr\u00f3nico reconoce de sus interacciones repetidas con el sistema sanitario: la reiteraci\u00f3n de datos ya proporcionados, la insistencia en protocolos de verificaci\u00f3n que preceden a cualquier atenci\u00f3n efectiva\u2014 se formula aqu\u00ed como un ritual que antecede, no a la curaci\u00f3n, sino a la congelaci\u00f3n y al &#8220;sudario&#8221;: la burocracia sanitaria, lejos de aliviar, se presenta como parte del propio proceso de deterioro que el poema documenta.<\/p>\n<p>Esta representaci\u00f3n cr\u00edtica del sistema sanitario despersonalizado no constituye, sin embargo, un rechazo frontal de la medicina como instituci\u00f3n: el propio poemario, como se ha mostrado en el an\u00e1lisis de &#8220;Sin servir&#8221;, reconoce la eficacia cl\u00ednica objetiva del tratamiento incluso al lamentar su coste narrativo. &#8220;Septentri\u00f3n&#8221; documenta, m\u00e1s bien, un aspecto espec\u00edfico y bien estudiado por la medicina narrativa \u2014la tensi\u00f3n entre la eficiencia protocolaria del sistema y la necesidad, no siempre satisfecha, de que ese sistema reconozca al paciente como sujeto narrador y no solo como &#8220;secuencia&#8221; que debe &#8220;procesarse&#8221;\u2014, sin que ello implique una condena global de la instituci\u00f3n m\u00e9dica como tal.<\/p>\n<p>21. Discordancia rom\u00e1ntica y Romance matem\u00e1tico fallido: la enfermedad como ruptura del v\u00ednculo<\/p>\n<p>&#8220;Discordancia rom\u00e1ntica&#8221; y &#8220;Romance matem\u00e1tico fallido&#8221; permiten profundizar, desde un \u00e1ngulo distinto del ya explorado en &#8220;Unidos pod\u00edamos&#8221;, en el modo en que la enfermedad cr\u00f3nica \u2014o, m\u00e1s precisamente, la incertidumbre sobre la propia identidad que la enfermedad cr\u00f3nica induce\u2014 dificulta la construcci\u00f3n de un relato compartido de pareja. &#8220;Discordancia rom\u00e1ntica&#8221; formula esta dificultad como una pregunta ontol\u00f3gica sin respuesta: \u00ab\u00bfQu\u00e9 unidad somos?, \u00bfqui\u00e9n eres? \/ \u00bfEl alcaloide, el residuo, la mofa? \/ \u00bfUna anatom\u00eda ramplona? \/ \u00bfUn ensamblaje de despojos?\u00bb. La incapacidad de nombrar con precisi\u00f3n la &#8220;unidad&#8221; que forman los dos sujetos del poema traduce, en clave de pareja, la misma crisis de identidad narrativa que &#8220;La metamorfosis&#8221; dramatiza en clave estrictamente individual: si la enfermedad cr\u00f3nica reorganiza radicalmente la identidad de quien la padece, esa reorganizaci\u00f3n repercute inevitablemente sobre cualquier relato compartido que dependa de una identidad estable para sostenerse.<\/p>\n<p>&#8220;Romance matem\u00e1tico fallido&#8221; traduce esta misma dificultad al vocabulario geom\u00e9trico ya analizado en el ep\u00edgrafe 12: los amantes se convierten en \u00abdos figuras exc\u00e9ntricas en paradoja sibilina\u00bb que terminan por ser \u00abplanos paralelos\u00bb, figura que, por definici\u00f3n axiom\u00e1tica, jam\u00e1s puede intersecarse. Le\u00eddo desde la medicina narrativa, este cierre geom\u00e9trico documenta un fen\u00f3meno bien reconocido en la literatura cl\u00ednica sobre relaciones de pareja bajo enfermedad cr\u00f3nica: la posibilidad de que ambos miembros de la relaci\u00f3n, sometidos a la misma experiencia disruptiva pero vivi\u00e9ndola desde posiciones estructuralmente distintas \u2014el que padece y el que acompa\u00f1a\u2014, terminen por desarrollar narrativas de sentido tan divergentes entre s\u00ed que la propia relaci\u00f3n, pese a compartir el mismo origen traum\u00e1tico, se experimente como una convivencia de &#8220;planos paralelos&#8221; incapaces de encontrarse en ning\u00fan punto com\u00fan.<\/p>\n<p>Esta lectura complementa, sin contradecirla, la que otras investigaciones sobre este mismo poemario han propuesto desde el \u00e1ngulo de la identidad l\u00edquida o del l\u00e9xico algor\u00edtmico: la aportaci\u00f3n espec\u00edfica de la medicina narrativa a este an\u00e1lisis consiste en subrayar que la incomunicaci\u00f3n que ambos poemas documentan no es un simple fallo de comunicaci\u00f3n abstracto, sino una consecuencia identificable, y ampliamente documentada por la literatura cl\u00ednica, de la reorganizaci\u00f3n identitaria que la enfermedad cr\u00f3nica impone tanto a quien la padece como, de manera menos visible pero no menos real, a quien la acompa\u00f1a.<\/p>\n<p>22. Voz y silencio: lo no dicho frente al imperativo confesional de la patograf\u00eda<\/p>\n<p>Un rasgo distintivo de Desde el T\u00e1rtaro, que merece atenci\u00f3n espec\u00edfica desde la perspectiva gen\u00e9rica abierta en el ep\u00edgrafe 15, es la persistencia de un silencio diagn\u00f3stico deliberado: en ning\u00fan momento del libro se nombra con precisi\u00f3n cl\u00ednica la naturaleza exacta del padecimiento que atraviesa sus veinti\u00fan poemas. Esta ausencia contrasta de manera notable con el imperativo confesional que domina buena parte de la patograf\u00eda contempor\u00e1nea en prosa, g\u00e9nero que, seg\u00fan documentan tanto Hunsaker Hawkins como Jurecic, suele organizarse precisamente en torno a la revelaci\u00f3n expl\u00edcita del diagn\u00f3stico como momento estructurante del relato.<\/p>\n<p>Esta reticencia diagn\u00f3stica de Mart\u00edn Y\u00e1\u00f1ez puede leerse, desde la medicina narrativa, no como una carencia informativa, sino como una decisi\u00f3n formal coherente con el proyecto general del libro: al no anclar la experiencia en un diagn\u00f3stico nominal concreto, el poemario evita el riesgo, se\u00f1alado por Jurecic, de que la etiqueta cl\u00ednica termine por sustituir o simplificar en exceso la experiencia vivida, reduciendo la complejidad subjetiva del padecimiento a la categor\u00eda administrativa de un c\u00f3digo diagn\u00f3stico. El lector de Desde el T\u00e1rtaro no sabe, ni necesita saber en t\u00e9rminos cl\u00ednicos precisos, qu\u00e9 enfermedad concreta atraviesa el hablante: conoce, en cambio, con extraordinaria precisi\u00f3n, c\u00f3mo se siente vivir con ella, cu\u00e1l es su textura material, su temporalidad, su efecto sobre los v\u00ednculos afectivos y sobre la propia identidad.<\/p>\n<p>Esta elecci\u00f3n formal \u2014silencio diagn\u00f3stico, precisi\u00f3n experiencial\u2014 constituye, en definitiva, una de las aportaciones m\u00e1s espec\u00edficas que la poes\u00eda, frente a la prosa patogr\u00e1fica convencional, puede realizar al campo de la medicina narrativa: mientras que la patograf\u00eda en prosa tiende a organizar su relato en torno al nombre de la enfermedad, el poema l\u00edrico de Mart\u00edn Y\u00e1\u00f1ez demuestra que es posible \u2014y, seg\u00fan se ha argumentado a lo largo de esta monograf\u00eda, formalmente muy productivo\u2014 construir una narrativa de la enfermedad plenamente reconocible y cl\u00ednicamente veros\u00edmil sin necesidad de nombrar jam\u00e1s su origen nosol\u00f3gico preciso, centrando toda la fuerza expresiva del texto en la textura material y afectiva de la experiencia vivida.<\/p>\n<p>23. La estructura macrotextual del libro: el arco narrativo de la enfermedad cr\u00f3nica<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 del an\u00e1lisis poema a poema realizado en los ep\u00edgrafes precedentes, resulta pertinente examinar, desde la medicina narrativa, la estructura macrotextual que organiza el conjunto del libro en cinco secciones: &#8220;El fondo&#8221;, &#8220;El territorio&#8221;, &#8220;El mundo exterior&#8221;, &#8220;La pieza mayor&#8221; y &#8220;El regreso&#8221;. Esta secuencia puede leerse como un arco narrativo completo que, sin llegar a configurar una narrativa de restituci\u00f3n en el sentido pleno que describe Frank, s\u00ed organiza el material po\u00e9tico seg\u00fan una l\u00f3gica de desplazamiento reconocible: de un &#8220;fondo&#8221; inicial marcado por la p\u00e9rdida (&#8220;Sin servir&#8221;, &#8220;Sustancia perpetua&#8221;, &#8220;Hormig\u00f3n crudo&#8221;) a un &#8220;territorio&#8221; de pesadilla interior (&#8220;Latitud g\u00f3tica&#8221;, &#8220;Septentri\u00f3n&#8221;, &#8220;Al final de la escalera&#8221;), pasando por un &#8220;mundo exterior&#8221; de deambulaci\u00f3n an\u00f3nima y v\u00ednculos fallidos, para desembocar en la expansi\u00f3n fantaseada de &#8220;La pieza mayor&#8221; y, finalmente, en &#8220;El regreso&#8221;, que combina el vaciamiento de &#8220;Territorio bald\u00edo&#8221; con la disoluci\u00f3n final de &#8220;Riendo&#8221;.<\/p>\n<p>Esta organizaci\u00f3n en cinco tiempos recuerda, sin coincidir exactamente con ella, a la estructura que la propia Anne Hunsaker Hawkins identifica como recurrente en la patograf\u00eda convencional: un movimiento desde el shock inicial del diagn\u00f3stico, pasando por la fase de crisis y tratamiento, hasta una resoluci\u00f3n \u2014favorable, desfavorable o ambigua\u2014 que cierra el relato. Lo distintivo de Desde el T\u00e1rtaro, sin embargo, es que esa resoluci\u00f3n final no adopta la forma de una curaci\u00f3n ni de una muerte narrada, sino de la imagen ambigua y abierta de &#8220;Riendo&#8221;, que ni cierra el arco con una restituci\u00f3n plena ni lo abandona en el vaciamiento absoluto de &#8220;Territorio bald\u00edo&#8221;: el libro termina, precisamente, en el punto intermedio entre ambas posibilidades, lo que refuerza la lectura propuesta en el ep\u00edgrafe 14 sobre la narrativa de b\u00fasqueda incipiente y no consumada.<\/p>\n<p>Es significativo, adem\u00e1s, que el t\u00edtulo de la propia nota del autor que abre el libro describa el T\u00e1rtaro no como territorio f\u00edsico, sino como &#8220;un lugar mental: un espacio de descenso, resistencia y transformaci\u00f3n&#8221;. Estas tres palabras \u2014descenso, resistencia, transformaci\u00f3n\u2014 podr\u00edan servir, de hecho, como resumen alternativo de las tres tipolog\u00edas narrativas de Frank aplicadas a la estructura completa del libro: el descenso inicial hacia el fondo equivale al reconocimiento inaugural de la p\u00e9rdida que toda enfermedad grave impone; la resistencia que atraviesa las secciones centrales \u2014el hormig\u00f3n, la resina, el algoritmo, el sistema que se intenta comprender y contener\u2014 equivale a la fase de negociaci\u00f3n con el padecimiento que ocupa la mayor parte de cualquier narrativa de caos prolongada; y la transformaci\u00f3n final, aunque incompleta, apunta hacia la posibilidad, nunca garantizada pero tampoco descartada, de una narrativa de b\u00fasqueda que el propio autor, en su nota preliminar, parece reconocer como horizonte deseado del libro sin comprometerse a declararlo alcanzado.<\/p>\n<p>24. Poes\u00eda, comunidad de lectores y la &#8220;sociedad de la remisi\u00f3n&#8221;<\/p>\n<p>Arthur Frank acu\u00f1a, en una obra anterior a The Wounded Storyteller, el concepto de &#8220;sociedad de la remisi\u00f3n&#8221; (remission society) para describir el colectivo, cada vez m\u00e1s numeroso en las sociedades contempor\u00e1neas de esperanza de vida prolongada, de personas que conviven de manera indefinida con alguna forma de enfermedad cr\u00f3nica o discapacidad, sin hallarse ni completamente sanas ni en fase terminal. Esta categor\u00eda social, se\u00f1ala Frank, carece con frecuencia de representaci\u00f3n narrativa propia, situada como est\u00e1 en el espacio intermedio entre la narrativa de salud plena y la narrativa de enfermedad terminal que dominan el imaginario cultural sobre la enfermedad.<\/p>\n<p>Desde el T\u00e1rtaro puede leerse, en este sentido, como una contribuci\u00f3n literaria espec\u00edfica a la narrativa de esa &#8220;sociedad de la remisi\u00f3n&#8221;: un libro que no relata ni la salud ni la muerte, sino la condici\u00f3n intermedia, prolongada e indefinida de quien convive con un padecimiento cr\u00f3nico sin fecha de resoluci\u00f3n previsible. El propio hecho de que el poemario se publique y llegue a un p\u00fablico lector cumple, desde esta perspectiva, una funci\u00f3n que la medicina narrativa reconoce como valiosa en s\u00ed misma: ofrece, a otros miembros de esa misma &#8220;sociedad de la remisi\u00f3n&#8221; que puedan reconocerse en sus im\u00e1genes, un testimonio literario de una experiencia que rara vez encuentra representaci\u00f3n p\u00fablica articulada con el mismo rigor formal.<\/p>\n<p>Esta funci\u00f3n social del poemario no requiere, para cumplirse, que el lector padezca necesariamente la misma condici\u00f3n cl\u00ednica que el hablante l\u00edrico: la medicina narrativa sostiene, precisamente, que la competencia narrativa entrenada mediante la lectura atenta de textos como este beneficia tanto al paciente cr\u00f3nico que se reconoce en ellos como al lector sano \u2014incluido el profesional sanitario en formaci\u00f3n\u2014 que, a trav\u00e9s de la lectura, desarrolla una mayor capacidad de reconocer, en su propia pr\u00e1ctica futura, las historias de enfermedad que sus pacientes le presentar\u00e1n. En este sentido, Desde el T\u00e1rtaro cumple una funci\u00f3n que trasciende su propio valor est\u00e9tico, y que lo sit\u00faa, seg\u00fan se ha argumentado a lo largo de esta monograf\u00eda, dentro del proyecto m\u00e1s amplio que Rita Charon reivindica para la medicina narrativa en su conjunto: contribuir a que las historias de la enfermedad, en cualquier forma en que se presenten, sean reconocidas, escuchadas y honradas.<\/p>\n<p>24bis. Iron\u00eda y humor como estrategia de afrontamiento: de Frecuencia de corte a Riendo<\/p>\n<p>La literatura cl\u00ednica sobre afrontamiento (coping) de la enfermedad cr\u00f3nica documenta, desde hace d\u00e9cadas, el papel que el humor y la iron\u00eda desempe\u00f1an como mecanismo de gesti\u00f3n emocional del sufrimiento prolongado, sin que ese recurso implique, necesariamente, minimizaci\u00f3n ni negaci\u00f3n de la gravedad del padecimiento. Arthur Frank dedica atenci\u00f3n espec\u00edfica a este fen\u00f3meno al se\u00f1alar que muchas narrativas de enfermedad \u2014incluida la suya propia\u2014 combinan momentos de seriedad extrema con destellos de humor negro que permiten al narrador sostener, sin colapsar, el peso de lo que relata.<\/p>\n<p>Desde el T\u00e1rtaro despliega este recurso de manera progresiva a lo largo del libro, en una trayectoria que merece trazarse de manera expl\u00edcita. &#8220;Frecuencia de corte&#8221;, como se analiz\u00f3 en el ep\u00edgrafe 9, documenta el momento en que &#8220;el dolor se vuelve un chiste&#8221;: una transformaci\u00f3n que el poema presenta como parte de un proceso de agotamiento \u2014&#8221;Rabia que muerde hasta los huesos&#8221;\u2014 antes que como estrategia deliberada de afrontamiento saludable. &#8220;Riendo&#8221;, en cambio, presenta un humor de tonalidad distinta, menos amargo, m\u00e1s cercano a la aceptaci\u00f3n l\u00fadica: la coda final del libro \u2014\u00ab(riendo): como loco que se lleva el tiempo [\u2026] (riendo): como alma que esquiva al diablo\u00bb\u2014 sugiere una relaci\u00f3n con la propia risa que ya no surge exclusivamente del agotamiento, sino de una cierta distancia ir\u00f3nica frente al propio padecimiento, distancia que la literatura cl\u00ednica reconoce como uno de los indicadores, aunque no concluyente por s\u00ed solo, de una relaci\u00f3n m\u00e1s elaborada y menos devastadora con la enfermedad cr\u00f3nica.<\/p>\n<p>Esta progresi\u00f3n desde el humor como s\u00edntoma de agotamiento hacia el humor como distancia ir\u00f3nica m\u00e1s serena no debe leerse, sin embargo, como una curva de mejor\u00eda cl\u00ednica objetivable: el poemario no ofrece ning\u00fan dato que permita afirmar tal cosa, y esta investigaci\u00f3n se abstiene deliberadamente de cualquier conclusi\u00f3n de ese tipo. Lo que s\u00ed puede afirmarse, desde el an\u00e1lisis puramente textual y con el respaldo de la literatura sobre afrontamiento y humor en la enfermedad cr\u00f3nica, es que el libro documenta, en su propia progresi\u00f3n interna desde &#8220;Frecuencia de corte&#8221; hasta &#8220;Riendo&#8221;, una transformaci\u00f3n en el uso po\u00e9tico de la iron\u00eda que resulta coherente con la transici\u00f3n, ya se\u00f1alada en los ep\u00edgrafes 3 y 14, desde la narrativa de caos dominante hacia los indicios finales, apenas esbozados, de una narrativa de b\u00fasqueda.<\/p>\n<p>25. Discusi\u00f3n: \u00bfmedicina narrativa sin narrativa? El poema l\u00edrico como forma m\u00ednima de illness narrative<\/p>\n<p>Cabe preguntarse, a modo de discusi\u00f3n final, si el concepto de &#8220;narrativa de la enfermedad&#8221;, desarrollado por Kleinman, Charon y Frank fundamentalmente a partir del an\u00e1lisis de relatos en prosa \u2014testimonios orales de pacientes, autobiograf\u00edas, patograf\u00edas\u2014, resulta aplicable sin forzamiento excesivo a un objeto tan distinto formalmente como el poema l\u00edrico breve, el\u00edptico y no cronol\u00f3gico que constituye Desde el T\u00e1rtaro. La respuesta que propone esta monograf\u00eda es que s\u00ed, con una precisi\u00f3n importante: el poema l\u00edrico no ofrece una narrativa de la enfermedad en el sentido de un relato secuencial de acontecimientos \u2014diagn\u00f3stico, tratamiento, desenlace\u2014, pero s\u00ed ofrece lo que podr\u00eda denominarse una narrativa m\u00ednima, condensada en la imagen antes que en la secuencia, cuya estructura interna \u2014el bucle temporal de &#8220;Instante m\u00faltiplo&#8221;, el vaciamiento progresivo de &#8220;Territorio bald\u00edo&#8221;, el tr\u00e1nsito final de &#8220;Riendo&#8221;\u2014 reproduce, a escala reducida, la misma l\u00f3gica de restituci\u00f3n fallida, caos y b\u00fasqueda incipiente que Frank describe para las narrativas en prosa de mayor extensi\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta hip\u00f3tesis permite, adem\u00e1s, una contribuci\u00f3n metodol\u00f3gica espec\u00edfica al propio campo de la medicina narrativa: si, como sostiene Charon, la competencia narrativa \u2014la capacidad de &#8220;reconocer, absorber, interpretar y dejarse conmover&#8221; por las historias de la enfermedad\u2014 constituye una habilidad cl\u00ednica entrenable mediante la lectura de textos literarios, entonces la poes\u00eda, y no solo la prosa autobiogr\u00e1fica o la narrativa de ficci\u00f3n, deber\u00eda ocupar un lugar reconocido dentro del corpus de &#8220;close reading&#8221; que Charon propone como herramienta pedag\u00f3gica para la formaci\u00f3n m\u00e9dica. La brevedad y la condensaci\u00f3n de la imagen po\u00e9tica permiten, precisamente, un ejercicio de lectura atenta que exige del lector \u2014m\u00e9dico en formaci\u00f3n o no\u2014 una implicaci\u00f3n interpretativa que la narrativa en prosa, por su mayor extensi\u00f3n y su cronolog\u00eda m\u00e1s expl\u00edcita, no siempre requiere con la misma intensidad.<\/p>\n<p>Conviene, finalmente, subrayar que esta lectura de Desde el T\u00e1rtaro desde la medicina narrativa no agota ni pretende agotar las posibles aproximaciones cr\u00edticas al poemario, y que coexiste, sin contradicci\u00f3n, con las lecturas paralelas que otras investigaciones dedicadas a este mismo libro desarrollan desde perspectivas distintas \u2014la sintaxis t\u00e9cnica del verso, la met\u00e1fora industrial de la enfermedad cr\u00f3nica, el di\u00e1logo con la sociolog\u00eda de la modernidad l\u00edquida, el l\u00e9xico de precisi\u00f3n comparado con otras corrientes de la poes\u00eda contempor\u00e1nea\u2014. Lo que esta monograf\u00eda aporta de manera espec\u00edfica es la demostraci\u00f3n de que el marco conceptual de la medicina narrativa \u2014las illness narratives de Kleinman, las tres tipolog\u00edas de Frank, la distinci\u00f3n entre disease e illness de Charon\u2014 no se limita a la prosa autobiogr\u00e1fica cl\u00ednica, sino que encuentra en el poema l\u00edrico breve una forma de expresi\u00f3n igualmente leg\u00edtima, y en ciertos aspectos \u2014la dramatizaci\u00f3n formal del caos, la condensaci\u00f3n testimonial\u2014 quiz\u00e1s m\u00e1s precisa que la prosa extensa para dar cuenta de la experiencia del dolor cr\u00f3nico.<\/p>\n<p>Queda abierta, como l\u00ednea de investigaci\u00f3n futura que esta monograf\u00eda no puede desarrollar dentro de sus l\u00edmites, la pregunta de si el mismo marco conceptual resultar\u00eda igualmente productivo aplicado a otros poemarios contempor\u00e1neos que aborden la enfermedad cr\u00f3nica desde procedimientos formales distintos \u2014el verso narrativo extenso, el poema en prosa, la secuencia autobiogr\u00e1fica expl\u00edcitamente fechada\u2014, lo que permitir\u00eda contrastar de manera sistem\u00e1tica si la brevedad y la elipsis que caracterizan a Desde el T\u00e1rtaro constituyen, en efecto, un rasgo formal particularmente propicio para la dramatizaci\u00f3n de la narrativa de caos, o si, por el contrario, esa propicidad depende m\u00e1s de decisiones autorales concretas \u2014el silencio diagn\u00f3stico, la heterogeneidad del l\u00e9xico t\u00e9cnico, la ausencia de aparato divulgativo\u2014 que de la forma l\u00edrica breve como tal. Esta monograf\u00eda se limita a documentar, con el rigor que permite el an\u00e1lisis textual detallado de un \u00fanico corpus, que en el caso concreto de Iv\u00e1n Mart\u00edn Y\u00e1\u00f1ez esa productividad es, cuando menos, verificable y sostenida a lo largo de la totalidad del libro.<\/p>\n<p>Conclusiones<\/p>\n<p>Esta monograf\u00eda ha examinado Desde el T\u00e1rtaro, de Iv\u00e1n Mart\u00edn Y\u00e1\u00f1ez, a trav\u00e9s del marco conceptual de la medicina narrativa desarrollado por Arthur Kleinman, Rita Charon y Arthur Frank, sosteniendo que el poemario dramatiza, a lo largo de sus veinti\u00fan poemas, una experiencia de enfermedad cr\u00f3nica que se resiste de manera sistem\u00e1tica a la &#8220;narrativa de restituci\u00f3n&#8221; \u2014el esquema culturalmente dominante que anticipa la curaci\u00f3n y otorga protagonismo a la tecnolog\u00eda del remedio\u2014, para desplegar en su lugar, de manera predominante, la &#8220;narrativa de caos&#8221; descrita por Frank, con indicios finales, parciales y ambivalentes, de una posible &#8220;narrativa de b\u00fasqueda&#8221;.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis detallado de &#8220;Sin servir&#8221; ha mostrado c\u00f3mo el \u00fanico poema del libro que menciona expl\u00edcitamente una intervenci\u00f3n m\u00e9dica documenta, con extraordinaria precisi\u00f3n, el conflicto entre disease (el \u00e9xito cl\u00ednico objetivo del tratamiento, que elimina las voces sintom\u00e1ticas) e illness (el fracaso narrativo subjetivo de un tratamiento que anula el marco de sentido del paciente sin ofrecer ninguno alternativo), conflicto que constituye, precisamente, el objeto central de estudio de la medicina narrativa tal como la fund\u00f3 Rita Charon. El an\u00e1lisis de &#8220;Sustancia perpetua&#8221; y &#8220;Hormig\u00f3n crudo&#8221; ha permitido documentar la temporalidad espec\u00edfica de la enfermedad cr\u00f3nica \u2014un tiempo que no fragua hacia la resoluci\u00f3n, sino que permanece y se endurece progresivamente\u2014, mientras que &#8220;Mejor imposible&#8221; y &#8220;Al final de la escalera&#8221; han ilustrado, respectivamente, la resistencia del dolor al lenguaje descrita por Elaine Scarry y la distorsi\u00f3n temporal de la crisis aguda dentro de la cronicidad.<\/p>\n<p>Se ha mostrado, mediante el an\u00e1lisis de &#8220;Frecuencia de corte&#8221;, c\u00f3mo el poemario incorpora el gesto de &#8220;dar testimonio&#8221; (bearing witness) que Frank atribuye al enfermo narrador, ampliando su voz para dar cuenta de una presencia ajena y vulnerable; y se ha mostrado, a trav\u00e9s de &#8220;La metamorfosis&#8221; y &#8220;Yonki de la jerarqu\u00eda&#8221;, c\u00f3mo el poemario dramatiza la reorganizaci\u00f3n identitaria y la relaci\u00f3n ambivalente con la administraci\u00f3n cl\u00ednica que caracterizan, seg\u00fan documenta extensamente Kleinman, la experiencia subjetiva de la enfermedad cr\u00f3nica prolongada. El an\u00e1lisis de &#8220;Instante m\u00faltiplo&#8221; ha permitido vincular la temporalidad puntillista, fragmentada y sin desarrollo narrativo del poema con los desaf\u00edos que la propia literatura de la medicina narrativa identifica en el mantenimiento de un relato biogr\u00e1fico coherente bajo la enfermedad cr\u00f3nica.<\/p>\n<p>&#8220;Territorio bald\u00edo&#8221; ha revelado el l\u00edmite extremo de la narrativa de caos \u2014un poema que declara la desaparici\u00f3n de su propio sujeto narrador\u2014 y &#8220;Riendo&#8221;, en su car\u00e1cter de desenlace del libro, ha permitido identificar los indicios, nunca plenamente desarrollados, de una narrativa de b\u00fasqueda incipiente, marcada por la risa y la disoluci\u00f3n voluntaria en el agua, sin que en ning\u00fan momento el poemario ofrezca la epifan\u00eda redentora que la cr\u00edtica posterior a Frank \u2014particularmente Rebecca Garden\u2014 ha se\u00f1alado como potencialmente problem\u00e1tica en ciertas narrativas de superaci\u00f3n idealizada.<\/p>\n<p>Se ha propuesto, adem\u00e1s, una hip\u00f3tesis metodol\u00f3gica de alcance m\u00e1s general para el campo de la medicina narrativa: que el poema l\u00edrico, pese a su distancia formal respecto de la patograf\u00eda en prosa estudiada por Anne Hunsaker Hawkins y Ann Jurecic, constituye una forma leg\u00edtima \u2014y en ciertos aspectos, como la dramatizaci\u00f3n de la narrativa de caos, quiz\u00e1s particularmente precisa\u2014 de illness narrative, capaz de ofrecer al lector, y potencialmente al profesional sanitario en formaci\u00f3n dentro del programa pedag\u00f3gico de &#8220;close reading&#8221; que la propia Rita Charon defiende, un acceso formal y emocional a la experiencia del padecimiento cr\u00f3nico que la prosa extensa, sujeta a las convenciones cronol\u00f3gicas del g\u00e9nero patogr\u00e1fico, no siempre puede ofrecer con la misma condensaci\u00f3n testimonial.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis de &#8220;Unidos pod\u00edamos&#8221;, &#8220;Discordancia rom\u00e1ntica&#8221; y &#8220;Romance matem\u00e1tico fallido&#8221; ha permitido extender la mirada de la medicina narrativa m\u00e1s all\u00e1 del sujeto individual, mostrando c\u00f3mo la reorganizaci\u00f3n identitaria inducida por la enfermedad cr\u00f3nica repercute tambi\u00e9n sobre el v\u00ednculo de pareja, generando esa condici\u00f3n de &#8220;planos paralelos&#8221; \u2014dos narrativas de sentido que ya no logran encontrarse\u2014 documentada por la literatura cl\u00ednica sobre relaciones bajo enfermedad cr\u00f3nica prolongada. El an\u00e1lisis de &#8220;Planeta&#8221; ha mostrado, a su vez, c\u00f3mo la fantas\u00eda de restituci\u00f3n, cuando fracasa a escala individual, puede desplazarse hacia una utop\u00eda compensatoria de escala colectiva, sin que esa utop\u00eda llegue tampoco a materializarse dentro del poema; y el an\u00e1lisis de &#8220;Septentri\u00f3n&#8221; ha documentado la representaci\u00f3n cr\u00edtica, pero no absolutamente hostil, del sistema sanitario despersonalizado que reduce al paciente a mera &#8220;secuencia&#8221; procesable.<\/p>\n<p>Se ha destacado, adem\u00e1s, el silencio diagn\u00f3stico deliberado que atraviesa todo el poemario \u2014la ausencia de cualquier nombre cl\u00ednico preciso para la condici\u00f3n del hablante\u2014, silencio que, lejos de empobrecer la narrativa de la enfermedad, permite a Desde el T\u00e1rtaro centrar toda su fuerza expresiva en la textura material y afectiva de la experiencia vivida, evitando el riesgo, se\u00f1alado por Ann Jurecic, de que la etiqueta diagn\u00f3stica termine por sustituir la complejidad subjetiva del padecimiento. El examen de la estructura macrotextual en cinco secciones \u2014&#8221;El fondo&#8221;, &#8220;El territorio&#8221;, &#8220;El mundo exterior&#8221;, &#8220;La pieza mayor&#8221; y &#8220;El regreso&#8221;\u2014 ha revelado, por su parte, un arco narrativo completo, coherente con las tres palabras que el propio autor emplea en su nota preliminar para describir el T\u00e1rtaro: descenso, resistencia y transformaci\u00f3n; y la comparaci\u00f3n entre &#8220;Frecuencia de corte&#8221; y &#8220;Riendo&#8221; ha permitido trazar una progresi\u00f3n, documentada por la literatura cl\u00ednica sobre afrontamiento, desde el humor como s\u00edntoma de agotamiento hacia la iron\u00eda como forma m\u00e1s serena de distancia frente al propio padecimiento.<\/p>\n<p>Finalmente, se ha propuesto que Desde el T\u00e1rtaro, al hacerse p\u00fablico mediante su publicaci\u00f3n, cumple una funci\u00f3n reconocida por la propia medicina narrativa: la de ofrecer, a lo que Arthur Frank denomina la &#8220;sociedad de la remisi\u00f3n&#8221; \u2014el colectivo, cada vez m\u00e1s amplio, de quienes conviven de manera indefinida con una enfermedad cr\u00f3nica sin fecha de resoluci\u00f3n previsible\u2014, un testimonio literario riguroso de una experiencia que rara vez encuentra representaci\u00f3n p\u00fablica con el mismo grado de precisi\u00f3n formal, beneficiando tanto a los lectores que puedan reconocerse en sus im\u00e1genes como a cualquier lector, incluido el profesional sanitario en formaci\u00f3n, dispuesto a ejercitar mediante su lectura la competencia narrativa que Charon reivindica como parte indispensable de una medicina m\u00e1s humana.<\/p>\n<p>La conclusi\u00f3n general de esta monograf\u00eda es que Desde el T\u00e1rtaro puede leerse, sin forzar el texto m\u00e1s all\u00e1 de lo que permite, como un ejercicio sostenido y formalmente riguroso de medicina narrativa en clave l\u00edrica: un poemario que documenta, con el vocabulario t\u00e9cnico m\u00e1s preciso disponible en la lengua espa\u00f1ola contempor\u00e1nea, tanto el fracaso de la promesa biom\u00e9dica de restituci\u00f3n como la posibilidad, apenas esbozada pero perceptible, de una transformaci\u00f3n del sufrimiento en una forma distinta \u2014no necesariamente mejor, pero s\u00ed diferente\u2014 de relaci\u00f3n con el propio cuerpo, el propio tiempo, los propios v\u00ednculos afectivos y la propia narrativa vital. Esta lectura no agota el poemario ni sustituye otras aproximaciones cr\u00edticas leg\u00edtimas al mismo corpus, pero aporta, se sostiene aqu\u00ed, una perspectiva espec\u00edfica y verificable sobre la manera en que la poes\u00eda contempor\u00e1nea puede participar, con recursos propios y en ocasiones m\u00e1s precisos que los de la prosa, en el proyecto m\u00e1s amplio que la medicina narrativa se ha propuesto desde su fundaci\u00f3n: honrar, en palabras de Charon, las historias de la enfermedad.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00eda<\/p>\n<p>Bustos Dom\u00ednguez, Reinaldo (2000). \u00abElementos para una antropolog\u00eda del dolor: el aporte de David Le Breton\u00bb. Acta Bio\u00e9tica, 6(1). DOI: 10.4067\/s1726-569&#215;2000000100008<\/p>\n<p>Charon, Rita (2006). Narrative Medicine: Honoring the Stories of Illness. Oxford\/Nueva York: Oxford University Press. 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