{"id":9,"date":"2026-06-07T18:28:20","date_gmt":"2026-06-07T16:28:20","guid":{"rendered":"https:\/\/nuestrosescritores.com\/isabelmartingrande\/2026\/06\/07\/tiempo-ausencia-y-presencia-una-lectura-fenomenologica-de-caminantes\/"},"modified":"2026-06-07T20:42:33","modified_gmt":"2026-06-07T18:42:33","slug":"tiempo-ausencia-y-presencia-una-lectura-fenomenologica-de-caminantes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nuestrosescritores.com\/isabelmartingrande\/2026\/06\/07\/tiempo-ausencia-y-presencia-una-lectura-fenomenologica-de-caminantes\/","title":{"rendered":"Tiempo, ausencia y presencia: una lectura fenomenol\u00f3gica de \u00abCaminantes\u00bb"},"content":{"rendered":"<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>El duelo plantea una paradoja fenomenol\u00f3gica de primer orden: la de una presencia que persiste en la ausencia, la de un ser que ya no est\u00e1 y que, sin embargo, sigue determinando la experiencia de quien lo ha perdido. Esta paradoja, que la conciencia com\u00fan expresa diciendo que el muerto sigue presente en el recuerdo, exige para su an\u00e1lisis los instrumentos de la fenomenolog\u00eda, la disciplina que ha hecho de la presencia de lo ausente uno de sus problemas centrales. <em>Caminantes (Poemas del duelo y la memoria)<\/em>, primer poemario de Isabel Mart\u00edn Grande (Editorial Poes\u00eda eres t\u00fa, 2026), constituye una exploraci\u00f3n po\u00e9tica excepcionalmente l\u00facida de esta paradoja.<\/p>\n<p>Este ensayo sostiene la siguiente tesis: la dial\u00e9ctica de presencia y ausencia que estructura <em>Caminantes<\/em>, as\u00ed como la peculiar temporalidad del duelo que el poemario despliega, encuentran su iluminaci\u00f3n m\u00e1s adecuada en la fenomenolog\u00eda de la memoria de Paul Ricoeur, que permite comprender el recuerdo no como reproducci\u00f3n del pasado, sino como presencia de lo ausente, y el duelo no como olvido, sino como reconocimiento. El poemario realiza, en el plano po\u00e9tico, el an\u00e1lisis que la fenomenolog\u00eda desarrolla en el plano conceptual: la descripci\u00f3n de c\u00f3mo lo perdido sigue presente en una modalidad nueva.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis se apoya en <em>La memoria, la historia, el olvido<\/em> de Ricoeur, con referencia a la tradici\u00f3n fenomenol\u00f3gica del an\u00e1lisis del tiempo y la memoria. Sobre este marco se examinar\u00e1 la paradoja de la presencia ausente en el poemario, la temporalidad detenida del duelo, la dial\u00e9ctica del reconocimiento frente al olvido, y la concepci\u00f3n de la memoria como modalidad de presencia que estructura toda la obra.<\/p>\n<p><strong>La fenomenolog\u00eda de la memoria de Ricoeur<\/strong><\/p>\n<p>Paul Ricoeur, en <em>La memoria, la historia, el olvido<\/em>, retoma y renueva el an\u00e1lisis fenomenol\u00f3gico de la memoria iniciado por la tradici\u00f3n que va de Arist\u00f3teles a Husserl. Su punto de partida es una distinci\u00f3n fundamental: la memoria no es una simple reproducci\u00f3n del pasado, sino la presencia actual de algo ausente. Recordar es hacer presente lo que ya no est\u00e1, pero hacerlo presente en su misma condici\u00f3n de ausente, reconoci\u00e9ndolo como pasado. La memoria es, as\u00ed, la parad\u00f3jica presencia de la ausencia.<\/p>\n<p>Ricoeur distingue, en este sentido, entre la memoria como evocaci\u00f3n \u2014la simple aparici\u00f3n de un recuerdo\u2014 y la memoria como reconocimiento, que implica la identificaci\u00f3n del recuerdo como representaci\u00f3n fiel de algo efectivamente sucedido. El reconocimiento es el momento en que la memoria alcanza su plenitud: cuando lo recordado se reconoce como lo que fue, en su verdad de pasado. Esta distinci\u00f3n es decisiva para el an\u00e1lisis del duelo, pues el trabajo del luto consiste precisamente en pasar de la evocaci\u00f3n dolorosa del ausente a su reconocimiento como presencia interior.<\/p>\n<p>Ricoeur articula, adem\u00e1s, la dial\u00e9ctica entre memoria y olvido como condici\u00f3n de la temporalidad humana. El olvido no es solo p\u00e9rdida: es tambi\u00e9n la condici\u00f3n que hace posible el recuerdo, el fondo sobre el que la memoria se recorta. El duelo se sit\u00faa en esta dial\u00e9ctica: no consiste en olvidar al ausente \u2014lo que ser\u00eda su segunda muerte\u2014, ni en retenerlo intacto \u2014lo que ser\u00eda la fijaci\u00f3n melanc\u00f3lica\u2014, sino en encontrar la justa relaci\u00f3n entre memoria y olvido que permite conservar al ausente transform\u00e1ndolo. <em>Caminantes<\/em> explora po\u00e9ticamente esta dial\u00e9ctica.<\/p>\n<p><strong>La paradoja de la presencia ausente<\/strong><\/p>\n<p>El n\u00facleo fenomenol\u00f3gico de <em>Caminantes<\/em> es la afirmaci\u00f3n reiterada de que el ausente sigue presente. El poema \u00abEl instante gigante\u00bb formula esta paradoja en su verso central y en su cierre: \u00abEn tu ausencia,\u00bb \u00absigues siendo presencia\u00bb (p. 64). La formulaci\u00f3n es de una precisi\u00f3n fenomenol\u00f3gica notable: no afirma que el ausente est\u00e9 presente a pesar de su ausencia, sino que sigue siendo presencia en su ausencia misma, en una modalidad de presencia que la ausencia no anula sino que constituye.<\/p>\n<p>Esta paradoja recorre todo el poemario y encuentra formulaciones cada vez m\u00e1s precisas. En \u00abLa sinfon\u00eda del agua\u00bb, la voz declara que puede \u00abPuedo verte sin mirarte\u00bb (p. 62) y \u00abPuedo vivirte sin tocarte\u00bb (p. 62), describiendo una modalidad de presencia que prescinde de la percepci\u00f3n sensorial. Ver sin mirar, vivir sin tocar: estas formulaciones describen con exactitud la presencia memorial, que no requiere la presencia f\u00edsica del objeto, sino que lo hace presente en su ausencia mediante el recuerdo. La fenomenolog\u00eda de la memoria encuentra aqu\u00ed su correlato po\u00e9tico.<\/p>\n<p>La paradoja se resuelve, fenomenol\u00f3gicamente, en la distinci\u00f3n entre modalidades de presencia. El ausente no est\u00e1 presente del modo en que lo estar\u00eda un objeto percibido, sino del modo en que lo est\u00e1 un objeto recordado: como presencia intencional, dada a la conciencia en la modalidad del recuerdo. <em>Caminantes<\/em> describe esta modalidad con una lucidez que la aproxima al an\u00e1lisis fenomenol\u00f3gico: la voz no confunde la presencia memorial con la presencia f\u00edsica, no cae en la alucinaci\u00f3n, sino que reconoce al ausente como presente en la modalidad propia de la memoria. Esta lucidez distingue el duelo elaborado de la melancol\u00eda.<\/p>\n<p><strong>El tiempo detenido del duelo<\/strong><\/p>\n<p>La temporalidad del duelo constituye el segundo gran tema fenomenol\u00f3gico del poemario. <em>Caminantes<\/em> describe reiteradamente una experiencia del tiempo que se aparta del tiempo cronol\u00f3gico ordinario: un tiempo detenido, suspendido, sustra\u00eddo al fluir de la sucesi\u00f3n. El poema \u00abLa detenci\u00f3n del tiempo\u00bb lo formula expl\u00edcitamente: en el instante del abrazo, \u00abel tiempo permaneci\u00f3\u00bb \u00abpara siempre detenido\u00bb (p. 29). La experiencia amorosa, y luego su recuerdo, instauran un tiempo distinto del tiempo del reloj.<\/p>\n<p>Esta detenci\u00f3n del tiempo tiene una explicaci\u00f3n fenomenol\u00f3gica. El tiempo de la conciencia, seg\u00fan la fenomenolog\u00eda, no coincide con el tiempo objetivo de los relojes: es un tiempo vivido, en el que el presente se dilata o se contrae seg\u00fan la intensidad de la experiencia. El instante intenso \u2014el del amor, el del recuerdo\u2014 se sustrae a la sucesi\u00f3n y se vuelve, en cierto sentido, eterno: no porque dure indefinidamente, sino porque escapa a la medida cronol\u00f3gica. <em>Caminantes<\/em> describe esta dilataci\u00f3n del presente vivido, este tiempo de la conciencia que el duelo intensifica.<\/p>\n<p>La imagen de la voz como \u00abinm\u00f3vil roca\u00bb que permanece en su \u00abeterno aqu\u00ed y ahora\u00bb, ajena al fluir, que aparece en \u00abLa orilla quieta\u00bb, refuerza esta concepci\u00f3n. La voz se sit\u00faa en un presente detenido, en un aqu\u00ed y ahora que resiste el paso del tiempo cronol\u00f3gico. El gesto reiterado de \u00abmiro, miro y miro\u00bb (p. 42) figura esta suspensi\u00f3n: la mirada que no avanza, que permanece fija en el mismo punto, instaura un tiempo detenido que es el tiempo propio del duelo. La fenomenolog\u00eda del tiempo vivido encuentra en estas im\u00e1genes su realizaci\u00f3n po\u00e9tica.<\/p>\n<p><strong>La dial\u00e9ctica del reconocimiento<\/strong><\/p>\n<p>El trabajo del duelo, en t\u00e9rminos ricoeurianos, consiste en pasar de la evocaci\u00f3n dolorosa del ausente a su reconocimiento como presencia interior. <em>Caminantes<\/em> describe este tr\u00e1nsito a lo largo de sus tres secciones. La evocaci\u00f3n dolorosa domina la secci\u00f3n de la despedida, donde el recuerdo irrumpe como herida; el reconocimiento se alcanza en los poemas finales, donde el ausente se reconoce como presencia permanente. El poemario realiza, as\u00ed, el movimiento que Ricoeur describe como el paso de la memoria-evocaci\u00f3n a la memoria-reconocimiento.<\/p>\n<p>El reconocimiento implica una transformaci\u00f3n de la relaci\u00f3n con el pasado. En la evocaci\u00f3n dolorosa, el pasado irrumpe como ausencia insoportable, como falta; en el reconocimiento, el pasado se acepta como pasado, se reconoce en su verdad, y por ello deja de ser pura falta para convertirse en posesi\u00f3n interior. El poema \u00abLa sinfon\u00eda del agua\u00bb registra este tr\u00e1nsito en su estructura circular: comienza en la evocaci\u00f3n de la marcha del ausente y termina en el reconocimiento de su permanencia, \u00abAhora que te quedas conmigo\u00bb (p. 62). El mismo adverbio que abr\u00eda el poema en la ausencia lo cierra en la presencia reconocida.<\/p>\n<p>Este reconocimiento no suprime el dolor, pero lo transforma. Reconocer al ausente como presencia interior no equivale a dejar de echarlo de menos, sino a integrarlo en una relaci\u00f3n nueva, en la que la ausencia f\u00edsica coexiste con la presencia memorial. El poemario describe esta coexistencia con precisi\u00f3n: la voz reconoce simult\u00e1neamente que el ausente no est\u00e1 y que sigue estando, sin confundir ambas cosas. Esta capacidad de sostener la paradoja \u2014de reconocer la ausencia f\u00edsica y la presencia memorial a la vez\u2014 constituye el logro del trabajo del duelo y la marca de su elaboraci\u00f3n madura.<\/p>\n<p><strong>El nombre y la invocaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>La fenomenolog\u00eda de la presencia ausente se concreta en <em>Caminantes<\/em> en el motivo del nombre y la invocaci\u00f3n. Nombrar al ausente, dirigirse a \u00e9l, invocarlo, son actos que lo hacen presente en la modalidad del lenguaje. El poema \u00abEl abrigo del silencio\u00bb explora la fenomenolog\u00eda de la invocaci\u00f3n con notable lucidez: la voz declara \u00abQuisiera llamarte\u00bb (p. 60), pero advierte la paradoja de que \u00abPero si te llamo ser\u00eda porque no est\u00e1s. Y est\u00e1s\u00bb (p. 60). La invocaci\u00f3n confirma la ausencia \u2014se llama a quien no est\u00e1\u2014 y a la vez instaura la presencia \u2014al llamarlo, se lo hace presente.<\/p>\n<p>Esta paradoja de la invocaci\u00f3n es fenomenol\u00f3gicamente precisa. El acto de nombrar tiene una estructura intencional: apunta hacia su objeto, lo hace presente a la conciencia como aquello a lo que se dirige. Nombrar al ausente es, por tanto, hacerlo presente intencionalmente, constituirlo como destinatario aunque no pueda responder. La voz de <em>Caminantes<\/em> comprende esta estructura: sabe que llamar al ausente confirma su ausencia, pero sabe tambi\u00e9n que en ese llamar el ausente se hace presente. La invocaci\u00f3n es el acto fenomenol\u00f3gico por excelencia del duelo.<\/p>\n<p>El poemario explora, adem\u00e1s, la dimensi\u00f3n temporal de la invocaci\u00f3n. Llamar al ausente es traerlo al presente, actualizarlo, sustraerlo moment\u00e1neamente al pasado en que la muerte lo ha inscrito. La invocaci\u00f3n instaura un presente del recuerdo en el que el ausente vuelve a estar, aunque sea en la modalidad del lenguaje. Esta capacidad del lenguaje de hacer presente lo ausente es el fundamento de la poes\u00eda del duelo, y <em>Caminantes<\/em> la ejerce con plena conciencia de su estructura. El nombre es el \u00faltimo asidero de la presencia: mientras el nombre se pronuncie, el ausente no ha desaparecido del todo.<\/p>\n<p><strong>El espejo y la interioridad<\/strong><\/p>\n<p>Un motivo fenomenol\u00f3gicamente significativo del poemario es el del espejo, que figura la interiorizaci\u00f3n del ausente. En \u00abEl eco en el rostro\u00bb, la voz se declara \u00absoy espejo\u00bb \u00abpara verte entero\u00bb (p. 58), asumiendo la funci\u00f3n de reflejar y conservar la imagen del ausente. El espejo no produce la presencia f\u00edsica del reflejado, pero la hace presente en la modalidad de la imagen: presencia mediada, interior, que depende del sujeto que refleja.<\/p>\n<p>Esta imagen del espejo describe con precisi\u00f3n la estructura de la memoria como presencia de lo ausente. El sujeto que recuerda es como un espejo que conserva la imagen del ausente, que lo hace presente en su interioridad. La presencia memorial es, en este sentido, una presencia refleja: no la del objeto mismo, sino la de su imagen conservada en la conciencia. El poema \u00abLa luz en voz baja\u00bb desarrolla esta concepci\u00f3n al describir al ausente y a la voz como \u00abdos espejos fluyendo\u00bb, y al afirmar que lo que perdura no es la sombra de lo que fueron, \u00absino lo que est\u00e1bamos siendo\u00bb (p. 23).<\/p>\n<p>La concepci\u00f3n del sujeto como espejo del ausente tiene consecuencias fenomenol\u00f3gicas precisas. Significa que la presencia del ausente depende del sujeto que la sostiene, que la memoria es una actividad y no una pasividad, que conservar al ausente requiere un trabajo continuo de reflexi\u00f3n interior. La voz de <em>Caminantes<\/em> asume este trabajo: se hace espejo, se hace soporte de la presencia memorial, sostiene activamente la imagen del ausente. Esta concepci\u00f3n activa de la memoria, que la entiende como trabajo de conservaci\u00f3n y no como simple persistencia pasiva, coincide con el an\u00e1lisis fenomenol\u00f3gico del recuerdo como acto intencional de la conciencia.<\/p>\n<p><strong>El a\u00f1o del duelo: tiempo c\u00edclico y tiempo lineal<\/strong><\/p>\n<p>La temporalidad del duelo en <em>Caminantes<\/em> combina, fenomenol\u00f3gicamente, el tiempo c\u00edclico y el tiempo lineal. El poemario mide el duelo por el ciclo del a\u00f1o \u2014las estaciones que se suceden, el aniversario que regresa\u2014 y, a la vez, por el avance lineal de la elaboraci\u00f3n. El poema \u00abLa caja de Pandora\u00bb registra \u00abun a\u00f1o de tu ausencia\u00bb, marcando el ciclo anual como unidad de medida del duelo, mientras que el conjunto del libro traza un avance lineal desde el dolor hacia la integraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta combinaci\u00f3n de tiempo c\u00edclico y lineal es caracter\u00edstica de la experiencia del duelo. El aniversario, el regreso de las fechas significativas, reactiva el dolor c\u00edclicamente, en una temporalidad de la repetici\u00f3n; pero cada regreso encuentra al doliente en un punto distinto de su elaboraci\u00f3n, en una temporalidad del avance. El duelo se vive, as\u00ed, como una espiral: la combinaci\u00f3n de un movimiento circular \u2014el del ciclo que regresa\u2014 y un movimiento lineal \u2014el de la elaboraci\u00f3n que avanza\u2014. <em>Caminantes<\/em> describe esta temporalidad espiral con precisi\u00f3n.<\/p>\n<p>La fenomenolog\u00eda del tiempo permite comprender esta estructura. El tiempo vivido no es ni puramente lineal ni puramente c\u00edclico, sino que combina ambas dimensiones: la sucesi\u00f3n irreversible y el retorno de lo semejante. El duelo intensifica esta combinaci\u00f3n, pues somete al doliente a la vez al regreso c\u00edclico del dolor y al avance lineal de su elaboraci\u00f3n. El poemario realiza po\u00e9ticamente este an\u00e1lisis al estructurar el duelo como un a\u00f1o que se recorre y, a la vez, como un proceso que avanza hacia la germinaci\u00f3n de la memoria. La temporalidad de <em>Caminantes<\/em> es, en este sentido, fenomenol\u00f3gicamente exacta.<\/p>\n<p><strong>El olvido como amenaza y como condici\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>La dial\u00e9ctica ricoeuriana entre memoria y olvido encuentra en <em>Caminantes<\/em> una exploraci\u00f3n matizada. El olvido aparece, en primer lugar, como amenaza: la posibilidad de que el ausente desaparezca del todo, de que su presencia memorial se extinga. El poemario se constituye, en buena medida, como resistencia a esta amenaza, como esfuerzo de conservaci\u00f3n de la presencia del ausente frente al olvido que la muerte y el tiempo amenazan con imponer.<\/p>\n<p>Pero el olvido aparece tambi\u00e9n, en una concepci\u00f3n m\u00e1s profunda, como condici\u00f3n de la memoria. Ricoeur muestra que no hay memoria sin olvido, que el recuerdo se recorta sobre un fondo de olvido que lo hace posible. <em>Caminantes<\/em> registra esta funci\u00f3n del olvido en los poemas de la integraci\u00f3n, donde la voz acepta que no puede retenerlo todo, que algunas cosas se pierden, y que esa p\u00e9rdida parcial es la condici\u00f3n para conservar lo esencial. El poema \u00abEl presente abrillantado\u00bb figura este olvido necesario en la imagen de barrer el olvido para despejar el presente: un gesto que no suprime la memoria, sino que la depura.<\/p>\n<p>La justa relaci\u00f3n entre memoria y olvido que el poemario alcanza define el \u00e9xito del trabajo del duelo. No se trata de recordarlo todo \u2014lo que ser\u00eda la fijaci\u00f3n melanc\u00f3lica\u2014 ni de olvidarlo todo \u2014lo que ser\u00eda la segunda muerte del ausente\u2014, sino de encontrar el equilibrio en que la memoria conserva lo esencial sobre el fondo de un olvido que la hace soportable. <em>Caminantes<\/em> describe la conquista de este equilibrio, que es la conquista de la elaboraci\u00f3n madura del duelo. La dial\u00e9ctica ricoeuriana entre memoria y olvido encuentra, as\u00ed, en el poemario su ilustraci\u00f3n po\u00e9tica m\u00e1s precisa.<\/p>\n<p><strong>Las preguntas sin respuesta: los l\u00edmites del sentido<\/strong><\/p>\n<p>La fenomenolog\u00eda del duelo incluye la confrontaci\u00f3n con los l\u00edmites del sentido, con aquello que la conciencia no puede comprender ni integrar. <em>Caminantes<\/em> registra esta confrontaci\u00f3n en el motivo de las preguntas sin respuesta. El poema \u00abLa caja de Pandora\u00bb evoca \u00abmil preguntas\u00bb \u00abno contestadas\u00bb (p. 54) que la voz guarda como piedras en la boca. La muerte plantea preguntas que no tienen respuesta, que resisten toda comprensi\u00f3n, y el duelo debe aprender a convivir con esa resistencia.<\/p>\n<p>Esta confrontaci\u00f3n con lo incomprensible tiene una dimensi\u00f3n fenomenol\u00f3gica precisa. La conciencia tiende a dar sentido, a integrar la experiencia en un horizonte de comprensi\u00f3n; pero la muerte del otro introduce un exceso que resiste la integraci\u00f3n, una opacidad que el sentido no puede disipar. El duelo no consiste en responder las preguntas que la muerte plantea \u2014pues son irrespondibles\u2014, sino en aprender a sostenerlas, a convivir con su falta de respuesta. <em>Caminantes<\/em> describe este aprendizaje al figurar las preguntas como piedras que la voz guarda sin poder formularlas ni responderlas.<\/p>\n<p>La aceptaci\u00f3n de los l\u00edmites del sentido es parte del trabajo del duelo. La voz de <em>Caminantes<\/em> no pretende comprender la muerte, no busca una explicaci\u00f3n que la haga aceptable; aprende, en cambio, a habitar la pregunta sin respuesta, a sostener la opacidad de la p\u00e9rdida. Esta sabidur\u00eda \u2014la de quien renuncia a comprender lo incomprensible y aprende a convivir con ello\u2014 constituye una de las formas m\u00e1s altas de la elaboraci\u00f3n del duelo. El poemario demuestra que la integraci\u00f3n de la p\u00e9rdida no requiere su comprensi\u00f3n, sino la aceptaci\u00f3n de su car\u00e1cter en parte incomprensible.<\/p>\n<p><strong>La memoria como modalidad de presencia<\/strong><\/p>\n<p>La s\u00edntesis de estos an\u00e1lisis permite formular la concepci\u00f3n de la memoria que el poemario propone: la memoria como modalidad de presencia. <em>Caminantes<\/em> no entiende la memoria como mera conservaci\u00f3n de im\u00e1genes del pasado, sino como una forma activa de hacer presente al ausente, de sostener su presencia en una modalidad distinta de la f\u00edsica. Recordar es, para el poemario, una manera de seguir teniendo al ausente, de mantenerlo presente en la interioridad.<\/p>\n<p>Esta concepci\u00f3n coincide con el an\u00e1lisis ricoeuriano de la memoria como presencia de lo ausente. Para Ricoeur, recordar no es contemplar una imagen muerta del pasado, sino hacer presente lo ausente en su condici\u00f3n de pasado, reconocerlo como lo que fue y lo que sigue siendo en la memoria. <em>Caminantes<\/em> realiza po\u00e9ticamente este an\u00e1lisis al describir la memoria como una presencia viva, activa, que sostiene al ausente y lo hace germinar. La memoria del poemario no es pasiva ni inerte: es generativa, productiva, capaz de transformar lo perdido en presencia nueva.<\/p>\n<p>La culminaci\u00f3n de esta concepci\u00f3n se encuentra en la imagen final de la germinaci\u00f3n, donde la memoria se figura como semilla que da fruto. La memoria-presencia de <em>Caminantes<\/em> no se limita a conservar: crea, fecunda, hace renacer. El ausente, conservado en la memoria, no permanece como reliquia inerte, sino que se transforma en presencia activa que sigue determinando la vida de la voz. Esta concepci\u00f3n de la memoria como modalidad de presencia viva constituye la aportaci\u00f3n fenomenol\u00f3gica m\u00e1s original del poemario, y la raz\u00f3n \u00faltima de su lucidez sobre la paradoja de la presencia ausente.<\/p>\n<p><strong>Conclusiones<\/strong><\/p>\n<p>El an\u00e1lisis desarrollado permite confirmar la tesis enunciada: la dial\u00e9ctica de presencia y ausencia que estructura <em>Caminantes (Poemas del duelo y la memoria)<\/em> y la peculiar temporalidad del duelo que el poemario despliega encuentran su iluminaci\u00f3n m\u00e1s adecuada en la fenomenolog\u00eda de la memoria de Paul Ricoeur, que permite comprender el recuerdo como presencia de lo ausente y el duelo como reconocimiento. El estudio ha mostrado que el poemario realiza, en el plano po\u00e9tico, el an\u00e1lisis que la fenomenolog\u00eda desarrolla en el plano conceptual: la descripci\u00f3n de c\u00f3mo lo perdido sigue presente en una modalidad nueva.<\/p>\n<p>El examen de la paradoja de la presencia ausente ha revelado la precisi\u00f3n fenomenol\u00f3gica del poemario, capaz de distinguir la presencia memorial de la presencia f\u00edsica y de describir modalidades de presencia que prescinden de la percepci\u00f3n sensorial. El an\u00e1lisis de la temporalidad ha mostrado que <em>Caminantes<\/em> describe el tiempo detenido del duelo \u2014el tiempo vivido de la conciencia, sustra\u00eddo a la sucesi\u00f3n cronol\u00f3gica\u2014 y la combinaci\u00f3n de tiempo c\u00edclico y lineal que da al duelo su estructura espiral. El estudio de la dial\u00e9ctica del reconocimiento ha documentado el tr\u00e1nsito de la evocaci\u00f3n dolorosa al reconocimiento del ausente como presencia interior, que constituye el trabajo del duelo en t\u00e9rminos ricoeurianos.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis ha mostrado, adem\u00e1s, la lucidez del poemario sobre la fenomenolog\u00eda de la invocaci\u00f3n \u2014el nombre que confirma la ausencia y a la vez instaura la presencia\u2014, sobre la interiorizaci\u00f3n del ausente figurada en el motivo del espejo, sobre la dial\u00e9ctica entre memoria y olvido, y sobre la confrontaci\u00f3n con los l\u00edmites del sentido en el motivo de las preguntas sin respuesta. La s\u00edntesis de estos an\u00e1lisis ha permitido formular la concepci\u00f3n de la memoria que el poemario propone: la memoria como modalidad de presencia viva, generativa, que no se limita a conservar el pasado, sino que hace renacer al ausente en una presencia nueva.<\/p>\n<p>La aportaci\u00f3n de este estudio al campo acad\u00e9mico consiste en haber le\u00eddo una obra reciente de poes\u00eda del duelo con los instrumentos de la fenomenolog\u00eda de la memoria, mostrando la afinidad profunda entre la exploraci\u00f3n po\u00e9tica y el an\u00e1lisis filos\u00f3fico de la presencia de lo ausente. <em>Caminantes<\/em> demuestra que la poes\u00eda del duelo puede alcanzar una lucidez fenomenol\u00f3gica que la aproxima al an\u00e1lisis conceptual, y que la fenomenolog\u00eda, a su vez, puede iluminar la estructura de la experiencia que la poes\u00eda describe. En esa convergencia entre poes\u00eda y fenomenolog\u00eda \u2014entre la descripci\u00f3n po\u00e9tica y el an\u00e1lisis filos\u00f3fico de la presencia ausente\u2014 reside el logro del poemario y la raz\u00f3n de su inter\u00e9s para los estudios sobre la memoria, el tiempo y el duelo.<\/p>\n<p><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>Agust\u00edn de Hipona. <em>Confesiones<\/em>, trad. \u00c1ngel Custodio Vega, Madrid, BAC, 1986.<\/p>\n<p>Bergson, Henri. <em>Materia y memoria<\/em>, trad. Pablo Ires, Buenos Aires, Cactus, 2006.<\/p>\n<p>Casey, Edward S. <em>Remembering: A Phenomenological Study<\/em>. Bloomington, Indiana University Press, 2000.<\/p>\n<p>Husserl, Edmund. <em>Lecciones de fenomenolog\u00eda de la conciencia interna del tiempo<\/em>, trad. Agust\u00edn Serrano de Haro, Madrid, Trotta, 2002.<\/p>\n<p>Mart\u00edn Grande, Isabel. <em>Caminantes (Poemas del duelo y la memoria)<\/em>. Madrid, Editorial Poes\u00eda eres t\u00fa, 2026.<\/p>\n<p>Merleau-Ponty, Maurice. <em>Fenomenolog\u00eda de la percepci\u00f3n<\/em>, trad. Jem Cabanes, Barcelona, Pen\u00ednsula, 1975.<\/p>\n<p>Ricoeur, Paul. <em>La memoria, la historia, el olvido<\/em>, trad. Agust\u00edn Neira, Madrid, Trotta, 2003.<\/p>\n<p>Ricoeur, Paul. <em>Tiempo y narraci\u00f3n<\/em>, trad. Agust\u00edn Neira, M\u00e9xico, Siglo XXI, 1995-1996.<\/p>\n<p>Ricoeur, Paul. <em>S\u00ed mismo como otro<\/em>, trad. Agust\u00edn Neira, Madrid, Siglo XXI, 1996.<\/p>\n<p>Derrida, Jacques. <em>Memorias para Paul de Man<\/em>, trad. Carlos Gardini, Barcelona, Gedisa, 1989.<\/p>\n<p>Freud, Sigmund. <em>Duelo y melancol\u00eda<\/em> [1917], en <em>Obras completas<\/em>, vol. XIV, trad. Jos\u00e9 Luis Etcheverry, Buenos Aires, Amorrortu, 1979.<\/p>\n<p>Worden, J. William. <em>El tratamiento del duelo: asesoramiento psicol\u00f3gico y terapia<\/em>, trad. Gen\u00eds S\u00e1nchez Barber\u00e1n, Barcelona, Paid\u00f3s, 2010.<\/p>\n<p>Heidegger, Martin. <em>Ser y tiempo<\/em>, trad. Jorge Eduardo Rivera, Madrid, Trotta, 2003.<\/p>\n<p>Bachelard, Gaston. <em>La intuici\u00f3n del instante<\/em>, trad. Jorge Ferreiro, M\u00e9xico, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 1999.<\/p>\n<p><strong>Publicado en Zenodo:<\/strong> <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.5281\/zenodo.20582305\">https:\/\/doi.org\/10.5281\/zenodo.20582305<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Introducci\u00f3n El duelo plantea una paradoja fenomenol\u00f3gica de primer orden: la de una presencia que persiste en la ausencia, la de un ser que ya no est\u00e1 y que, sin embargo, sigue determinando la experiencia de quien lo ha perdido. 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