{"id":7,"date":"2026-06-07T18:28:09","date_gmt":"2026-06-07T16:28:09","guid":{"rendered":"https:\/\/nuestrosescritores.com\/isabelmartingrande\/2026\/06\/07\/voz-femenina-del-duelo-subjetividad-y-etica-del-cuidado-en-caminantes\/"},"modified":"2026-06-07T20:43:04","modified_gmt":"2026-06-07T18:43:04","slug":"voz-femenina-del-duelo-subjetividad-y-etica-del-cuidado-en-caminantes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nuestrosescritores.com\/isabelmartingrande\/2026\/06\/07\/voz-femenina-del-duelo-subjetividad-y-etica-del-cuidado-en-caminantes\/","title":{"rendered":"Voz femenina del duelo: subjetividad y \u00e9tica del cuidado en \u00abCaminantes\u00bb"},"content":{"rendered":"<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>La poes\u00eda espa\u00f1ola escrita por mujeres ha conquistado en las \u00faltimas d\u00e9cadas un espacio propio en el que la subjetividad femenina se articula sin las mediaciones que durante siglos la silenciaron o la sometieron a modelos ajenos. Dentro de ese espacio, la poes\u00eda del duelo ofrece un campo particularmente revelador, pues el dolor de la p\u00e9rdida pone a prueba el modo en que una voz se constituye en relaci\u00f3n con el otro. <em>Caminantes (Poemas del duelo y la memoria)<\/em>, primer poemario de Isabel Mart\u00edn Grande (Editorial Poes\u00eda eres t\u00fa, 2026), constituye un caso significativo de esa articulaci\u00f3n: una voz femenina que dice el duelo desde una posici\u00f3n que este estudio propone caracterizar como \u00e9tica del cuidado.<\/p>\n<p>Este art\u00edculo sostiene la siguiente tesis: la subjetividad po\u00e9tica de <em>Caminantes<\/em> se construye no como un yo aut\u00f3nomo y autosuficiente, sino como un yo relacional, definido por su v\u00ednculo con el otro y por una disposici\u00f3n al cuidado que persiste m\u00e1s all\u00e1 de la muerte; y que esa configuraci\u00f3n, lejos de ser una limitaci\u00f3n, constituye una aportaci\u00f3n espec\u00edfica de la voz femenina a la poes\u00eda del duelo. La obra articula el luto no como p\u00e9rdida de s\u00ed, sino como continuaci\u00f3n del cuidado por otros medios, en una po\u00e9tica que convierte la memoria en forma de sostener al ausente.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis se apoya en los estudios sobre la construcci\u00f3n del yo en la poes\u00eda espa\u00f1ola escrita por mujeres y en la \u00e9tica del cuidado como marco interpretativo. Sobre esta base, se examinar\u00e1 la configuraci\u00f3n relacional de la voz, las im\u00e1genes del cuidado y la sustentaci\u00f3n que recorren el poemario, la dimensi\u00f3n generativa y maternal de su imaginer\u00eda, y el modo en que el libro transforma el duelo en una forma de cuidado prolongado.<\/p>\n<p><strong>La construcci\u00f3n del yo en la poes\u00eda femenina<\/strong><\/p>\n<p>La cr\u00edtica sobre la poes\u00eda espa\u00f1ola escrita por mujeres ha mostrado que uno de sus rasgos distintivos es la construcci\u00f3n de un yo l\u00edrico que se define en relaci\u00f3n, frente al modelo del yo aut\u00f3nomo y soberano de buena parte de la tradici\u00f3n can\u00f3nica. Los estudios de Birut\u00e9 Ciplijauskait\u00e9 sobre la construcci\u00f3n del yo femenino en la literatura, as\u00ed como las antolog\u00edas y panoramas que desde los a\u00f1os ochenta han cartografiado esta producci\u00f3n, coinciden en se\u00f1alar la centralidad de la relacionalidad, del cuerpo y de la experiencia vinculada como ejes de esta poes\u00eda.<\/p>\n<p>Esta configuraci\u00f3n relacional no debe entenderse como dependencia ni como falta de autonom\u00eda, sino como una concepci\u00f3n alternativa del sujeto, que se reconoce constituido por sus v\u00ednculos. El yo de esta poes\u00eda no preexiste a la relaci\u00f3n, sino que se forma en ella; no se afirma contra el otro, sino con el otro. Esta concepci\u00f3n tiene consecuencias decisivas para la poes\u00eda del duelo, pues si el sujeto se constituye en la relaci\u00f3n, la p\u00e9rdida del otro amenaza la propia identidad, y el trabajo del duelo se convierte en un trabajo de reconstrucci\u00f3n del yo.<\/p>\n<p><em>Caminantes<\/em> se inscribe de lleno en esta tradici\u00f3n. Su voz no es la de un sujeto que contempla la p\u00e9rdida desde una posici\u00f3n de exterioridad, sino la de un yo que se reconoce constituido por el v\u00ednculo perdido y que debe, por ello, reconstruirse sin disolverse. La estructura dial\u00f3gica del poemario \u2014la apelaci\u00f3n constante a un t\u00fa ausente\u2014 es la forma po\u00e9tica de esta concepci\u00f3n relacional del sujeto: la voz existe en tanto se dirige al otro, y su identidad se sostiene en esa direcci\u00f3n. Analizar esta voz exige, por tanto, atender a su constituci\u00f3n relacional.<\/p>\n<p><strong>El yo relacional ante la p\u00e9rdida<\/strong><\/p>\n<p>La p\u00e9rdida pone a prueba la concepci\u00f3n relacional del sujeto. Si el yo se constituye en el v\u00ednculo, la muerte del otro lo deja, en principio, sin fundamento. <em>Caminantes<\/em> afronta esta amenaza no mediante la afirmaci\u00f3n de una autonom\u00eda recuperada, sino mediante la conservaci\u00f3n del v\u00ednculo en una forma nueva. La voz no se reconstruye contra el ausente, prescindiendo de \u00e9l, sino con \u00e9l, manteni\u00e9ndolo como interlocutor interior.<\/p>\n<p>Esta estrategia se manifiesta en la persistencia de la segunda persona a lo largo de todo el libro. La voz sigue dirigi\u00e9ndose al ausente, sigue trat\u00e1ndolo como un t\u00fa, y en esa persistencia conserva la estructura relacional que la constituye. El poema \u00abEl eco en el rostro\u00bb formula esta conservaci\u00f3n con una imagen reveladora: la voz se declara \u00absoy espejo\u00bb \u00abpara verte entero\u00bb (p. 58), asumiendo la funci\u00f3n de sostener la imagen del ausente, de reflejarlo, de mantenerlo presente. El yo se define aqu\u00ed por su capacidad de albergar al otro, de ser el lugar donde el ausente persiste.<\/p>\n<p>Esta configuraci\u00f3n tiene una dimensi\u00f3n \u00e9tica. La voz no busca liberarse del v\u00ednculo para recuperar su autonom\u00eda, sino conservarlo como responsabilidad. Ser \u00abespejo\u00bb del ausente es asumir el cuidado de su memoria, hacerse cargo de su permanencia. El duelo se convierte, as\u00ed, no en un proceso de desligamiento, sino en un proceso de relevo: la voz toma a su cargo la presencia que la muerte amenaza con borrar. Esta asunci\u00f3n del cuidado del ausente define la postura \u00e9tica del poemario y constituye su aportaci\u00f3n espec\u00edfica a la poes\u00eda del duelo.<\/p>\n<p><strong>La \u00e9tica del cuidado como marco<\/strong><\/p>\n<p>El concepto de \u00e9tica del cuidado, desarrollado en el pensamiento contempor\u00e1neo como alternativa a las \u00e9ticas de la justicia abstracta, ofrece el marco m\u00e1s adecuado para interpretar esta postura. La \u00e9tica del cuidado parte de la premisa de que el sujeto es interdependiente, de que existe en una red de relaciones de responsabilidad mutua, y de que la atenci\u00f3n al otro concreto constituye un valor moral fundamental. Frente a la \u00e9tica de los principios universales, la del cuidado privilegia el v\u00ednculo particular, la atenci\u00f3n a la necesidad del otro, la responsabilidad por su bienestar.<\/p>\n<p>Esta perspectiva ilumina la configuraci\u00f3n de la voz de <em>Caminantes<\/em>. El duelo del poemario no es un duelo egoc\u00e9ntrico, centrado en el dolor del yo, sino un duelo orientado al cuidado del otro, incluso del otro ausente. La voz se preocupa por el ausente, lo sostiene, lo acompa\u00f1a, asume la responsabilidad de su memoria. El poema \u00abHilos de Ariadna\u00bb atribuye al ausente una funci\u00f3n de cuidado \u2014\u00abT\u00fa, invisiblemente sanando clanes\u00bb (p. 36)\u2014 y a la voz, una funci\u00f3n de sost\u00e9n rec\u00edproco, en una imagen de cuidado mutuo que la muerte no interrumpe.<\/p>\n<p>La \u00e9tica del cuidado permite comprender por qu\u00e9 el duelo de <em>Caminantes<\/em> no concluye en la liberaci\u00f3n del v\u00ednculo, sino en su transformaci\u00f3n en responsabilidad permanente. Cuidar al ausente, mantener su memoria, hacerse cargo de su permanencia: estas son las tareas que la voz se impone, y que definen su postura \u00e9tica. El poemario propone, as\u00ed, una concepci\u00f3n del duelo como continuaci\u00f3n del cuidado, como relevo de una responsabilidad que la muerte no cancela sino que transfiere. Esta concepci\u00f3n, profundamente arraigada en la tradici\u00f3n de la poes\u00eda femenina, constituye la clave interpretativa del libro.<\/p>\n<p><strong>Im\u00e1genes de la sustentaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>La \u00e9tica del cuidado se materializa en <em>Caminantes<\/em> en una imaginer\u00eda espec\u00edfica: la de la sustentaci\u00f3n, el sost\u00e9n y el abrazo. El poemario est\u00e1 poblado de im\u00e1genes de manos que aferran, de brazos que contienen, de respaldos que sostienen. El poema \u00abLa ruta peregrina\u00bb ofrece la formulaci\u00f3n m\u00e1s expl\u00edcita de esta imaginer\u00eda al describir el v\u00ednculo como \u00ababrazo que contiene\u00bb \u00abrespaldo que empuja, besa y sostiene\u00bb (p. 33), en una acumulaci\u00f3n de verbos de cuidado que define la relaci\u00f3n como sost\u00e9n mutuo.<\/p>\n<p>La imagen de la \u00abmochila compartida\u00bb (p. 33), que aparece en el mismo poema, refuerza esta concepci\u00f3n: el v\u00ednculo se figura como una carga llevada entre dos, como una responsabilidad repartida. El amor no es aqu\u00ed fusi\u00f3n ni posesi\u00f3n, sino colaboraci\u00f3n en el sost\u00e9n de una carga com\u00fan. Esta concepci\u00f3n del v\u00ednculo como cuidado compartido es caracter\u00edstica de la \u00e9tica que el poemario encarna, y la distingue de las po\u00e9ticas amorosas centradas en el deseo o en la posesi\u00f3n.<\/p>\n<p>La persistencia de estas im\u00e1genes de sustentaci\u00f3n a lo largo del libro configura una po\u00e9tica del cuidado que estructura la relaci\u00f3n amorosa y, tras la p\u00e9rdida, el duelo. La voz que ha sido sostenida por el ausente asume, tras su muerte, la tarea de sostenerlo a \u00e9l en la memoria. El cuidado, antes rec\u00edproco, se vuelve unilateral pero no por ello menos activo: la voz sigue sosteniendo, sigue conteniendo, sigue abrazando, aunque el objeto de su cuidado sea ya solo un recuerdo. La imaginer\u00eda de la sustentaci\u00f3n traduce, as\u00ed, la continuidad del cuidado m\u00e1s all\u00e1 de la muerte.<\/p>\n<p><strong>La dimensi\u00f3n generativa y maternal<\/strong><\/p>\n<p>Un aspecto particularmente significativo de la voz femenina de <em>Caminantes<\/em> es su dimensi\u00f3n generativa, perceptible en una imaginer\u00eda de la fecundidad y el nacimiento que culmina en la met\u00e1fora final de la semilla. La voz se concibe a s\u00ed misma como tierra f\u00e9rtil que da fruto: en &#8220;La bendici\u00f3n del aire&#8221; declara que las l\u00e1grimas de la ausencia germinan \u00aben mi tierra fecunda\u00bb (p. 43), y que de ese suelo nace una escritura \u00abde versos parida\u00bb (p. 43). La elecci\u00f3n del verbo parir, que remite a la maternidad, configura la escritura como un acto generativo, como un dar a luz.<\/p>\n<p>Esta imaginer\u00eda maternal de la creaci\u00f3n tiene una larga tradici\u00f3n en la poes\u00eda escrita por mujeres, que ha reivindicado la generaci\u00f3n \u2014biol\u00f3gica y simb\u00f3lica\u2014 como modelo de la creatividad frente al modelo masculino de la construcci\u00f3n o la conquista. En <em>Caminantes<\/em>, la escritura no se concibe como edificaci\u00f3n ni como dominio, sino como gestaci\u00f3n: los versos se paren, la memoria germina, lo perdido crece como semilla. La met\u00e1fora final del libro \u2014lo perdido que crece \u00aben semillas de versos\u00bb (p. 66)\u2014 culmina esta po\u00e9tica generativa, que convierte el duelo en un proceso de fecundaci\u00f3n de la memoria.<\/p>\n<p>La dimensi\u00f3n generativa enlaza con la \u00e9tica del cuidado, pues parir y cuidar son las dos caras de una misma disposici\u00f3n hacia la vida del otro. La voz que pare versos cuida, mediante esa generaci\u00f3n, la permanencia del ausente: lo hace renacer en la palabra. La maternidad simb\u00f3lica de la escritura es, as\u00ed, la forma \u00faltima del cuidado, la que vence a la muerte no neg\u00e1ndola, sino generando vida nueva a partir de la p\u00e9rdida. Esta concepci\u00f3n generativa del duelo constituye una de las aportaciones m\u00e1s originales de la voz femenina de <em>Caminantes<\/em>.<\/p>\n<p><strong>El cuidado de s\u00ed: la voz que se sostiene<\/strong><\/p>\n<p>La \u00e9tica del cuidado que el poemario encarna no se orienta \u00fanicamente hacia el otro: incluye tambi\u00e9n el cuidado de s\u00ed, necesario para que la voz no se disuelva en el duelo. <em>Caminantes<\/em> registra este cuidado de s\u00ed en im\u00e1genes de permanencia y resistencia que equilibran la entrega al ausente. La voz se declara \u00absoy faro luminoso\u00bb (p. 42) y \u00abpermanezco por si resucitas\u00bb (p. 42), afirmando una permanencia que es a la vez espera del otro y conservaci\u00f3n de s\u00ed.<\/p>\n<p>Este equilibrio entre el cuidado del otro y el cuidado de s\u00ed distingue la \u00e9tica del poemario de una entrega autodestructiva. La voz no se aniquila en el duelo, no se pierde en el otro: se sostiene para poder seguir sosteni\u00e9ndolo. El poema \u00abEl incendio de la rabia\u00bb registra el momento de la elaboraci\u00f3n en que la voz \u00abAprendo a llevarte conmigo\u00bb (p. 48) de otra manera, y declara que contin\u00faa hacia adelante \u00abenarbolando tu legado\u00bb (p. 48). El cuidado del ausente se vuelve compatible con la continuaci\u00f3n de la propia vida.<\/p>\n<p>La culminaci\u00f3n de este cuidado de s\u00ed se encuentra en la afirmaci\u00f3n de la autonom\u00eda recuperada sin ruptura del v\u00ednculo. La voz declara que \u00abbailo mis propios pasos\u00bb (p. 48), afirmando un ritmo propio que no niega la memoria del otro, sino que la integra. El cuidado de s\u00ed no se opone aqu\u00ed al cuidado del otro: ambos se articulan en una \u00e9tica del duelo que conserva el v\u00ednculo sin sacrificar la vida. Esta articulaci\u00f3n equilibrada, que evita tanto el olvido como la autodestrucci\u00f3n melanc\u00f3lica, constituye la madurez \u00e9tica del poemario.<\/p>\n<p><strong>El duelo como continuaci\u00f3n del cuidado<\/strong><\/p>\n<p>La s\u00edntesis de estos an\u00e1lisis permite formular la concepci\u00f3n del duelo que el poemario propone: el duelo como continuaci\u00f3n del cuidado por otros medios. La voz de <em>Caminantes<\/em> no entiende el duelo como un proceso de desligamiento que culmina en el olvido, sino como una transformaci\u00f3n del cuidado que la muerte vuelve unilateral pero no cancela. Cuidar al ausente, mantener su memoria, hacerlo renacer en la palabra: estas son las formas del cuidado que sobreviven a la p\u00e9rdida.<\/p>\n<p>Esta concepci\u00f3n se opone a los modelos del duelo centrados en la superaci\u00f3n y el desapego. Para <em>Caminantes<\/em>, el duelo bien elaborado no consiste en dejar de cuidar al otro, sino en aprender a cuidarlo de otro modo, en su nueva condici\u00f3n de ausente. El poema \u00abLa encrucijada de los guerreros\u00bb registra esta transformaci\u00f3n al describir c\u00f3mo la voz, tras la separaci\u00f3n, \u00abhilando primaveras entre mis ruinas\u00bb (p. 32), contin\u00faa una labor de cuidado que reconstruye sobre la p\u00e9rdida. El cuidado no cesa: cambia de forma.<\/p>\n<p>Esta concepci\u00f3n del duelo como cuidado prolongado constituye la aportaci\u00f3n espec\u00edfica de la voz femenina de <em>Caminantes<\/em> a la poes\u00eda del g\u00e9nero. Frente a la eleg\u00eda tradicional, a menudo centrada en el dolor del yo o en la glorificaci\u00f3n del muerto, el poemario propone una eleg\u00eda del cuidado, orientada a la responsabilidad por la permanencia del otro. Esta orientaci\u00f3n, arraigada en la tradici\u00f3n de la poes\u00eda escrita por mujeres y en la \u00e9tica del cuidado, renueva el g\u00e9nero al desplazar su centro de gravedad del dolor a la responsabilidad, del lamento al sost\u00e9n.<\/p>\n<p><strong>Cuerpo, memoria y huella<\/strong><\/p>\n<p>La po\u00e9tica del cuidado de <em>Caminantes<\/em> tiene un fundamento corporal que merece an\u00e1lisis. La voz inscribe la memoria del ausente en su propio cuerpo, que se convierte en archivo y soporte de la presencia. El poema \u00abEl eco en el rostro\u00bb desarrolla esta inscripci\u00f3n corporal al describir c\u00f3mo los rasgos de la voz conservan las marcas del ausente, c\u00f3mo el cuerpo propio guarda la huella del otro. El cuerpo es aqu\u00ed el lugar del cuidado: donde la memoria se aloja y se sostiene.<\/p>\n<p>Esta corporalidad de la memoria es caracter\u00edstica de la poes\u00eda escrita por mujeres, que ha reivindicado el cuerpo como lugar del conocimiento y de la experiencia frente a su tradicional relegaci\u00f3n. En <em>Caminantes<\/em>, el cuerpo no es objeto del deseo ajeno, sino sujeto del cuidado: es el cuerpo que sostiene la memoria, que la alberga, que se hace cargo de ella. La inscripci\u00f3n de la huella del ausente en el cuerpo propio es la forma corporal del cuidado, la que hace del yo el soporte f\u00edsico de la permanencia del otro.<\/p>\n<p>Esta concepci\u00f3n corporal del duelo enlaza con la imaginer\u00eda generativa antes analizada: el cuerpo que guarda la huella es tambi\u00e9n el cuerpo que pare versos, el cuerpo f\u00e9rtil del que nace la memoria. Cuerpo, cuidado y generaci\u00f3n se articulan, as\u00ed, en una po\u00e9tica unitaria que sit\u00faa en la corporalidad femenina el fundamento de la elaboraci\u00f3n del duelo. La voz cuida al ausente con su cuerpo, lo alberga en su carne, lo hace renacer en su escritura: el cuidado es, en \u00faltima instancia, una operaci\u00f3n corporal, y en esa corporalidad reside la especificidad de la voz femenina del poemario.<\/p>\n<p><strong>La gratitud como forma del cuidado<\/strong><\/p>\n<p>Un rasgo que distingue la \u00e9tica del cuidado de <em>Caminantes<\/em> de una eleg\u00eda meramente doliente es la presencia de la gratitud. La voz no solo lamenta la p\u00e9rdida: agradece haber tenido el v\u00ednculo. El poema &#8220;La bendici\u00f3n del aire&#8221; se construye sobre la f\u00f3rmula \u00abGracias infinitas\u00bb (p. 43), y llega a agradecer no solo la presencia, sino tambi\u00e9n la ausencia, calificada parad\u00f3jicamente como \u00abpor tu ausencia, mil veces bendita\u00bb (p. 43). La gratitud por la ausencia es una formulaci\u00f3n extrema de la \u00e9tica del cuidado: agradecer incluso el dolor, en tanto prueba del valor del v\u00ednculo.<\/p>\n<p>Esta gratitud transforma el duelo. El lamento, que mira hacia la p\u00e9rdida, se equilibra con el agradecimiento, que mira hacia el don recibido. La voz no se instala en el resentimiento contra el destino ni en la queja contra la muerte, sino que reconoce el valor de lo que tuvo y lo agradece. Esta disposici\u00f3n agradecida es una forma del cuidado, pues honra al ausente reconociendo lo que aport\u00f3, y honra tambi\u00e9n a la propia vida reconociendo su riqueza pese a la p\u00e9rdida.<\/p>\n<p>La gratitud confiere al poemario su tono distintivo, que lo aleja del lamento puro y lo aproxima a una celebraci\u00f3n doliente. <em>Caminantes<\/em> no es un libro de la desesperaci\u00f3n, sino de la elaboraci\u00f3n agradecida: un libro que llora la p\u00e9rdida sin renegar del don. Esta articulaci\u00f3n de duelo y gratitud, caracter\u00edstica de una \u00e9tica del cuidado madura, constituye uno de los logros emocionales y morales m\u00e1s notables de la obra, y confirma que la voz femenina del poemario afronta el duelo desde una posici\u00f3n de generosidad y no de carencia.<\/p>\n<p><strong>La inscripci\u00f3n en la tradici\u00f3n po\u00e9tica femenina<\/strong><\/p>\n<p>Situar <em>Caminantes<\/em> en la tradici\u00f3n de la poes\u00eda espa\u00f1ola escrita por mujeres permite valorar tanto su filiaci\u00f3n como su aportaci\u00f3n. El poemario comparte con esa tradici\u00f3n la concepci\u00f3n relacional del sujeto, la centralidad del cuerpo, la imaginer\u00eda generativa y la \u00e9tica del cuidado. Se inscribe, as\u00ed, en una genealog\u00eda que las antolog\u00edas y los estudios cr\u00edticos de las \u00faltimas d\u00e9cadas han contribuido a visibilizar, y que ha conquistado para la voz femenina un espacio propio en el canon po\u00e9tico contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>Pero <em>Caminantes<\/em> aporta a esa tradici\u00f3n una inflexi\u00f3n espec\u00edfica: la aplicaci\u00f3n de la \u00e9tica del cuidado al territorio del duelo. Si la poes\u00eda femenina ha explorado el cuidado en el \u00e1mbito del amor, la maternidad o la relaci\u00f3n, <em>Caminantes<\/em> lo extiende al \u00e1mbito de la p\u00e9rdida, mostrando que el cuidado puede sobrevivir a la muerte del otro y convertirse en el principio organizador del duelo. Esta extensi\u00f3n enriquece tanto la poes\u00eda del duelo \u2014al dotarla de una \u00e9tica del cuidado\u2014 como la poes\u00eda femenina \u2014al mostrar la productividad de su \u00e9tica en un territorio nuevo.<\/p>\n<p>La aportaci\u00f3n tiene, adem\u00e1s, un valor de g\u00e9nero en sentido amplio. Al proponer una eleg\u00eda del cuidado, <em>Caminantes<\/em> ofrece un modelo de duelo alternativo al de la tradici\u00f3n eleg\u00edaca masculina, centrada a menudo en el dolor del yo o en la glorificaci\u00f3n heroica del muerto. El modelo del cuidado, orientado a la responsabilidad por la permanencia del otro y compatible con la continuaci\u00f3n de la propia vida, propone una forma de duelo m\u00e1s sostenible y, en cierto sentido, m\u00e1s sabia. La voz femenina de <em>Caminantes<\/em> aporta, as\u00ed, no solo una sensibilidad, sino una \u00e9tica.<\/p>\n<p><strong>Conclusiones<\/strong><\/p>\n<p>El an\u00e1lisis desarrollado permite confirmar la tesis enunciada: la subjetividad po\u00e9tica de <em>Caminantes (Poemas del duelo y la memoria)<\/em> se construye como un yo relacional, definido por su v\u00ednculo con el otro y por una disposici\u00f3n al cuidado que persiste m\u00e1s all\u00e1 de la muerte, y esa configuraci\u00f3n constituye una aportaci\u00f3n espec\u00edfica de la voz femenina a la poes\u00eda del duelo. El estudio ha mostrado que el poemario se inscribe en la tradici\u00f3n de la poes\u00eda espa\u00f1ola escrita por mujeres, de la que hereda la concepci\u00f3n relacional del sujeto, la centralidad del cuerpo y la imaginer\u00eda generativa, y que aplica la \u00e9tica del cuidado al territorio del duelo de un modo que renueva el g\u00e9nero.<\/p>\n<p>El examen de la configuraci\u00f3n de la voz ha revelado que el yo de <em>Caminantes<\/em> no se reconstruye contra el ausente, prescindiendo de \u00e9l, sino con \u00e9l, conserv\u00e1ndolo como interlocutor interior y asumiendo la responsabilidad de su memoria. Las im\u00e1genes de la sustentaci\u00f3n \u2014el abrazo que contiene, el respaldo que sostiene, la mochila compartida\u2014 configuran una po\u00e9tica del cuidado que estructura la relaci\u00f3n amorosa y, tras la p\u00e9rdida, el duelo. La dimensi\u00f3n generativa de la imaginer\u00eda \u2014la tierra fecunda, los versos paridos, la semilla\u2014 convierte la escritura en un acto de gestaci\u00f3n que hace renacer al ausente en la palabra.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis ha mostrado, adem\u00e1s, que la \u00e9tica del cuidado del poemario incluye el cuidado de s\u00ed, necesario para que la voz no se disuelva en el duelo, y que se articula con la gratitud, que equilibra el lamento con el reconocimiento del don recibido. La concepci\u00f3n del duelo que resulta de esta articulaci\u00f3n \u2014el duelo como continuaci\u00f3n del cuidado por otros medios\u2014 se opone a los modelos centrados en la superaci\u00f3n y el desapego, y propone una eleg\u00eda del cuidado orientada a la responsabilidad por la permanencia del otro y compatible con la continuaci\u00f3n de la propia vida.<\/p>\n<p>La aportaci\u00f3n de este estudio al campo acad\u00e9mico consiste en haber documentado, mediante el an\u00e1lisis textual, la articulaci\u00f3n entre la subjetividad femenina y la \u00e9tica del cuidado en una obra reciente de poes\u00eda del duelo, y en haber mostrado la productividad de esa articulaci\u00f3n para la renovaci\u00f3n del g\u00e9nero eleg\u00edaco. <em>Caminantes<\/em> demuestra que la voz femenina aporta a la poes\u00eda del duelo no solo una sensibilidad, sino una \u00e9tica: la del cuidado que sobrevive a la muerte y convierte el luto en responsabilidad por la memoria del otro. En esa propuesta de una eleg\u00eda del cuidado, arraigada en la tradici\u00f3n de la poes\u00eda escrita por mujeres, reside el logro del poemario y la raz\u00f3n de su inter\u00e9s para los estudios de g\u00e9nero y para la teor\u00eda de la poes\u00eda contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>Benegas, Noni y Jes\u00fas Mun\u00e1rriz (eds.). <em>Ellas tienen la palabra. Dos d\u00e9cadas de poes\u00eda espa\u00f1ola<\/em>. Madrid, Hiperi\u00f3n, 1997.<\/p>\n<p>Ciplijauskait\u00e9, Birut\u00e9. <em>La construcci\u00f3n del yo femenino en la literatura<\/em>. C\u00e1diz, Universidad de C\u00e1diz, 2004.<\/p>\n<p>Gilligan, Carol. <em>La moral y la teor\u00eda: psicolog\u00eda del desarrollo femenino<\/em>, trad. Juan Jos\u00e9 Utrilla, M\u00e9xico, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 1985.<\/p>\n<p>Keefe Ugalde, Sharon. <em>Conversaciones y poemas. La nueva poes\u00eda femenina espa\u00f1ola en castellano<\/em>. Madrid, Siglo XXI, 1991.<\/p>\n<p>Mart\u00edn Grande, Isabel. <em>Caminantes (Poemas del duelo y la memoria)<\/em>. Madrid, Editorial Poes\u00eda eres t\u00fa, 2026.<\/p>\n<p>Tronto, Joan C. <em>Moral Boundaries: A Political Argument for an Ethic of Care<\/em>. Nueva York, Routledge, 1993.<\/p>\n<p>Wilcox, John C. <em>Women Poets of Spain, 1860-1990: Toward a Gynocentric Vision<\/em>. Urbana, University of Illinois Press, 1997.<\/p>\n<p>Zavala, Iris M. (coord.). <em>Breve historia feminista de la literatura espa\u00f1ola (en lengua castellana)<\/em>. Barcelona, Anthropos, 1993.<\/p>\n<p>Payeras Grau, Mar\u00eda. <em>Espejos de palabra. La voz secreta de la mujer en la poes\u00eda espa\u00f1ola de posguerra<\/em>. Madrid, UNED, 2009.<\/p>\n<p>S\u00e1nchez Garc\u00eda, Remedios (ed.). <em>El canon abierto. \u00daltima poes\u00eda en espa\u00f1ol<\/em>. Madrid, Visor, 2015.<\/p>\n<p>Ricoeur, Paul. <em>La memoria, la historia, el olvido<\/em>, trad. Agust\u00edn Neira, Madrid, Trotta, 2003.<\/p>\n<p>Worden, J. William. <em>El tratamiento del duelo: asesoramiento psicol\u00f3gico y terapia<\/em>, trad. Gen\u00eds S\u00e1nchez Barber\u00e1n, Barcelona, Paid\u00f3s, 2010.<\/p>\n<p>Cixous, H\u00e9l\u00e8ne. <em>La risa de la medusa. Ensayos sobre la escritura<\/em>, trad. Ana Mar\u00eda Moix, Barcelona, Anthropos, 1995.<\/p>\n<p>Mayoral, Marina (coord.). <em>Escritoras rom\u00e1nticas espa\u00f1olas<\/em>. Madrid, Fundaci\u00f3n Banco Exterior, 1990.<\/p>\n<p><strong>Publicado en Zenodo:<\/strong> <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.5281\/zenodo.20582301\">https:\/\/doi.org\/10.5281\/zenodo.20582301<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Introducci\u00f3n La poes\u00eda espa\u00f1ola escrita por mujeres ha conquistado en las \u00faltimas d\u00e9cadas un espacio propio en el que la subjetividad femenina se articula sin las mediaciones que durante siglos la silenciaron o la sometieron a modelos ajenos. 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