{"id":308,"date":"2026-09-10T17:31:15","date_gmt":"2026-09-10T15:31:15","guid":{"rendered":"https:\/\/nuestrosescritores.com\/franciscomunozmartin\/?p=308"},"modified":"2026-09-10T17:31:15","modified_gmt":"2026-09-10T15:31:15","slug":"ni-celebrar-sin-matices-ni-condenar-sin-contexto-el-12-de-octubre-y-las-guerras-de-memoria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nuestrosescritores.com\/franciscomunozmartin\/2026\/09\/10\/ni-celebrar-sin-matices-ni-condenar-sin-contexto-el-12-de-octubre-y-las-guerras-de-memoria\/","title":{"rendered":"Ni celebrar sin matices ni condenar sin contexto: el 12 de octubre y las guerras de memoria"},"content":{"rendered":"<p>Andr\u00e9s Ignacio Garc\u00eda-P\u00e9rez Tom\u00e1s<br \/>\nGrupo Editorial P\u00e9rez-Ayala \/ Editorial Poes\u00eda eres t\u00fa<br \/>\nORCID: 0009-0006-0733-8073<\/p>\n<h2>1. Introducci\u00f3n: una fecha que no pertenece al pasado<\/h2>\n<p>El Hilo Hispanoamericano: urdimbre de un telar humano, de Francisco Mu\u00f1oz-Mart\u00edn (Editorial Poes\u00eda eres t\u00fa, 2026, 306 pp.), se abre con una afirmaci\u00f3n que no es descriptiva sino program\u00e1tica: \u00abay fechas que no pertenecen al pasado. Siguen formulando preguntas\u00bb (p. 7). La frase, cuya inicial se pierde en la letra capitular de la maqueta, sit\u00faa al lector ante un objeto que el libro no tratar\u00e1 como acontecimiento clausurado. Dos l\u00edneas despu\u00e9s el objeto queda nombrado: \u00abEl 12 de octubre es una de ellas.\u00bb La operaci\u00f3n inaugural del volumen consiste, pues, en declarar que su asunto no es una efem\u00e9ride sino un litigio abierto, y en presentarse a s\u00ed mismo como una intervenci\u00f3n dentro de ese litigio.<\/p>\n<p>Lo que sigue en esa misma p\u00e1gina es una descripci\u00f3n del campo en dos polos. Por un lado, \u00abPara algunos simboliza una lengua compartida y una herencia cultural com\u00fan\u00bb; por otro, \u00abPara otros recuerda conquistas, desigualdades y heridas hist\u00f3ricas que a\u00fan proyectan su sombra\u00bb (p. 7). La formulaci\u00f3n es equilibrada, y la simetr\u00eda de la sintaxis \u2014&#8221;Para algunos\u2026&#8221;, &#8220;Para otros\u2026&#8221;\u2014 refuerza la impresi\u00f3n de que ambos polos reciben el mismo trato. Inmediatamente despu\u00e9s, sin embargo, el libro ejecuta el movimiento que da t\u00edtulo a este estudio y que constituye su verdadera apuesta: declara que la alternativa entre esos dos polos es espuria. \u00abEntre ambas miradas suele instalarse una elecci\u00f3n falsa: celebrar sin matices o condenar sin contexto\u00bb (p. 7).<\/p>\n<p>La calificaci\u00f3n es fuerte y conviene detenerse en ella. El libro no dice que ambas posiciones sean parciales, ni que puedan complementarse, ni que convenga matizarlas. Dice que la elecci\u00f3n entre ellas es falsa, esto es, que el dilema est\u00e1 mal planteado desde su origen. Quien afirma tal cosa no se limita a a\u00f1adir un tercer parecer a los dos existentes: recalifica el terreno en el que los otros dos se enfrentan y se atribuye, con ese gesto, la capacidad de ver lo que ellos no ven. Es un movimiento de metanivel, y su rendimiento ret\u00f3rico es considerable, porque permite ocupar una posici\u00f3n sin declararla como una posici\u00f3n m\u00e1s.<\/p>\n<p>El paso siguiente completa la operaci\u00f3n. Habiendo desactivado la disyuntiva, el libro necesita ofrecer algo en su lugar, y lo que ofrece no es un juicio alternativo sino la sustituci\u00f3n del juicio por otra actividad: \u00abEl Hilo Hispanoamericano no pretende dictar sentencia ni sustituir a la Historia. Aspira, simplemente, a escuchar\u00bb (p. 7). La imagen jur\u00eddica \u2014dictar sentencia\u2014 y su renuncia expl\u00edcita reaparecer\u00e1n en el pr\u00f3logo en verso con formulaci\u00f3n a\u00fan m\u00e1s n\u00edtida: \u00abNo venimos a dictar sentencia. Venimos a escuchar\u00bb (p. 13). Entre la introducci\u00f3n en prosa y el pr\u00f3logo en verso, el libro repite dos veces el mismo par de proposiciones: negaci\u00f3n del tribunal, afirmaci\u00f3n de la escucha.<\/p>\n<p>Este trabajo se ocupa de ese doble movimiento \u2014declaraci\u00f3n de falsa disyuntiva y sustituci\u00f3n del juicio por la escucha\u2014 como objeto de an\u00e1lisis. Su objeto no es, por tanto, la cuesti\u00f3n hist\u00f3rica de fondo. No se examina aqu\u00ed si la conquista de Am\u00e9rica debe ser evaluada de un modo o de otro, ni se dictamina cu\u00e1l de las posiciones en litigio se aproxima m\u00e1s a la verdad hist\u00f3rica. Lo que se examina es un gesto ret\u00f3rico \u2014el de la tercera v\u00eda\u2014 y el lugar que ese gesto ocupa en un campo de discusi\u00f3n p\u00fablica y acad\u00e9mica que est\u00e1, en el momento de publicarse el libro, particularmente activo.<\/p>\n<p>Conviene enunciar esta delimitaci\u00f3n con la mayor claridad posible, porque el asunto la exige. La pol\u00e9mica sobre el 12 de octubre, la leyenda negra y el balance de la presencia espa\u00f1ola en Am\u00e9rica es hoy, en Espa\u00f1a y en varios pa\u00edses hispanoamericanos, un terreno de confrontaci\u00f3n pol\u00edtica adem\u00e1s de historiogr\u00e1fica. Un estudio que pretendiese arbitrar entre esas posiciones estar\u00eda tomando partido, lo dijera o no. Este no lo pretende. Las posiciones que se describen a continuaci\u00f3n se exponen tal como sus autores las formulan, con el mismo cuidado y la misma extensi\u00f3n, y sin que la voz del investigador declare cu\u00e1l de ellas considera correcta. Cuando se afirme que una posici\u00f3n ha sido replicada por otra, se documentar\u00e1 la r\u00e9plica sin dictaminar qui\u00e9n tiene raz\u00f3n. Cuando se se\u00f1ale una ausencia en el aparato del libro analizado, se se\u00f1alar\u00e1 como dato de composici\u00f3n y no como falta moral.<\/p>\n<p>La aportaci\u00f3n del estudio se concentra en un hallazgo verificable y hasta ahora no descrito: la existencia, en el aparato final del volumen, de una lista bibliogr\u00e1fica que re\u00fane bajo un r\u00f3tulo de imparcialidad a los dos polos antag\u00f3nicos del debate, y cuya composici\u00f3n num\u00e9rica permite determinar con precisi\u00f3n sobre qu\u00e9 apoyo intelectual descansa de hecho la tercera v\u00eda que el libro propone. Ese apoyo, seg\u00fan se mostrar\u00e1, no est\u00e1 repartido entre los extremos sino escorado hacia un tercer lugar: el hispanismo acad\u00e9mico, mayoritariamente anglosaj\u00f3n, que desde los a\u00f1os sesenta viene practicando la correcci\u00f3n historiogr\u00e1fica de ambos relatos. Lo que el libro presenta como equidistancia entre dos polos es, cuando se cuenta, adhesi\u00f3n a una tradici\u00f3n disciplinar concreta.<\/p>\n<p>El trabajo se organiza en nueve apartados. El segundo fija el instrumento te\u00f3rico, tomado de la sociolog\u00eda de la producci\u00f3n cultural de Pierre Bourdieu, y establece una distinci\u00f3n de m\u00e9todo \u2014entre equidistancia valorativa y posici\u00f3n intermedia en un campo\u2014 sin la cual el an\u00e1lisis se deslizar\u00eda inevitablemente hacia el juicio. El tercero cartograf\u00eda el campo de la disputa en su estado actual. El cuarto examina el programa que el libro enuncia en sus umbrales. El quinto, que constituye el n\u00facleo del estudio, analiza la lista bibliogr\u00e1fica. El sexto se ocupa del ensayo terminal sobre los nombres del continente. El s\u00e9ptimo, del ep\u00edlogo, donde la escucha declarada se convierte en propuesta pol\u00edtica. El octavo expone las dos lecturas posibles del conjunto sin elegir entre ellas. El noveno recoge las conclusiones.<\/p>\n<h2>2. Campo, posici\u00f3n y la ilusi\u00f3n de la exterioridad<\/h2>\n<p>El instrumento que permite describir un gesto como el de El Hilo Hispanoamericano sin evaluarlo procede de la sociolog\u00eda de la producci\u00f3n cultural de Pierre Bourdieu, y en particular de la noci\u00f3n de campo tal como queda formulada en Les r\u00e8gles de l&#8217;art (1992) y en el art\u00edculo previo sobre el campo literario publicado en Actes de la recherche en sciences sociales (1991). Un campo es, en esa formulaci\u00f3n, un espacio estructurado de posiciones en el que los agentes compiten por un capital espec\u00edfico y en el que ninguna toma de palabra es neutra respecto de las dem\u00e1s: hablar dentro de un campo es ocupar una posici\u00f3n relativa a las posiciones ya ocupadas, se quiera o no, se declare o no.<\/p>\n<p>La consecuencia metodol\u00f3gica es directa y es la que interesa aqu\u00ed. Cuando un texto declara situarse fuera de una pol\u00e9mica, esa declaraci\u00f3n no lo sit\u00faa fuera: constituye, ella misma, una toma de posici\u00f3n dentro del campo, y una toma de posici\u00f3n reconocible, con historia propia y con rendimientos previsibles. La posici\u00f3n de exterioridad \u2014el lugar de quien dice no participar en la disputa que describe\u2014 es una de las m\u00e1s antiguas y m\u00e1s eficaces del espacio intelectual, precisamente porque convierte la abstenci\u00f3n en autoridad. Bourdieu la analiz\u00f3 con detalle a prop\u00f3sito de la pretensi\u00f3n de desinter\u00e9s est\u00e9tico, mostrando que la renuncia declarada al inter\u00e9s funciona en el campo como una forma superior de inversi\u00f3n.<\/p>\n<p>Aplicado a nuestro objeto, el aparato de Bourdieu permite formular la pregunta correcta. No se trata de determinar si es leg\u00edtimo o no que un poemario declare no dictar sentencia; se trata de determinar qu\u00e9 hace esa declaraci\u00f3n dentro del campo donde el libro aparece, con qu\u00e9 otras posiciones se alinea y de cu\u00e1les se distancia. La declaraci\u00f3n de imparcialidad es un acto, y como todo acto tiene efectos: acredita al hablante ante un p\u00fablico que desconf\u00eda de los extremos, lo exime de la obligaci\u00f3n de argumentar contra cada uno de ellos y transfiere el desprestigio del dogmatismo a quienes s\u00ed han tomado partido. Describir esos efectos no equivale a denunciarlos. Equivale a hacer visible una operaci\u00f3n que el propio texto realiza sin tematizar.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed es imprescindible introducir una distinci\u00f3n que gobierna todo lo que sigue y sin la cual el an\u00e1lisis se convertir\u00eda en el juicio que dice evitar. Hay que separar dos cosas que el lenguaje corriente confunde. La primera es la equidistancia valorativa: la tesis, sustantiva y discutible, seg\u00fan la cual dos posiciones enfrentadas merecen igual cr\u00e9dito, o seg\u00fan la cual la verdad se encuentra necesariamente en su punto medio. Esta es una tesis sobre el mundo, y evaluarla exigir\u00eda entrar en el fondo del litigio hist\u00f3rico. Este trabajo no la eval\u00faa ni la suscribe ni la refuta.<\/p>\n<p>La segunda es la posici\u00f3n intermedia en un campo: la constataci\u00f3n, descriptiva y verificable, de que un agente se sit\u00faa en el espacio de posiciones a distancia de dos polos previamente constituidos y toma de ambos elementos que recombina. Esta segunda noci\u00f3n no dice nada sobre si el agente acierta. Dice d\u00f3nde est\u00e1. Es una descripci\u00f3n topol\u00f3gica, no una valoraci\u00f3n, y puede establecerse mediante indicios materiales: qu\u00e9 autores cita, a cu\u00e1les no cita, con qu\u00e9 vocabulario nombra a unos y a otros, qu\u00e9 le concede a cada polo y qu\u00e9 le niega.<\/p>\n<p>Todo el an\u00e1lisis que sigue opera exclusivamente en el segundo registro. Cuando se diga que El Hilo Hispanoamericano ocupa una posici\u00f3n intermedia, se estar\u00e1 diciendo que se sit\u00faa a distancia de dos polos y que toma elementos de ambos, no que su equidistancia sea acertada ni desacertada. Y cuando se muestre que ese lugar intermedio est\u00e1, de hecho, apoyado sobre una tradici\u00f3n disciplinar determinada, se estar\u00e1 describiendo la composici\u00f3n de su aparato, no impugnando su honestidad.<\/p>\n<p>Al marco de Bourdieu conviene a\u00f1adir dos precisiones tomadas de otros \u00e1mbitos. La primera procede de Michael Rothberg y de su noci\u00f3n de memoria multidireccional (2009), formulada precisamente contra el modelo competitivo de la memoria p\u00fablica, seg\u00fan el cual el reconocimiento de un pasado traum\u00e1tico se produce a costa del reconocimiento de otro. Rothberg propone concebir las memorias como productivamente interferidas antes que como rivales en una econom\u00eda de suma cero. La pertinencia para nuestro caso es evidente: un libro que se propone alojar en un mismo volumen el relato de la herencia compartida y el de las heridas hist\u00f3ricas est\u00e1 operando, sin nombrarla, en el terreno que Rothberg conceptualiza. Que lo consiga o no es una cuesti\u00f3n distinta de que lo intente, y aqu\u00ed solo interesa lo segundo.<\/p>\n<p>La segunda precisi\u00f3n procede del propio campo del hispanismo. Sebastiaan Faber ha sostenido, en un libro sobre la constituci\u00f3n del hispanismo anglonorteamericano (2008a) y en un art\u00edculo sobre la econom\u00eda de prestigio de los estudios ib\u00e9ricos en la universidad estadounidense (2008b), que esa disciplina no es un observatorio neutral desde el que contemplar las pol\u00e9micas hisp\u00e1nicas, sino un campo con intereses, jerarqu\u00edas y posiciones propias, cuya autoridad se construye en parte mediante la exhibici\u00f3n de distancia respecto de las pasiones nacionales que estudia. La observaci\u00f3n es relevante porque el apoyo bibliogr\u00e1fico que m\u00e1s adelante se documentar\u00e1 procede mayoritariamente de ese campo: mostrar que un libro se apoya en el hispanismo acad\u00e9mico anglosaj\u00f3n no equivale a mostrar que se apoya en un lugar sin posici\u00f3n, sino a identificar cu\u00e1l es la posici\u00f3n sobre la que se apoya.<\/p>\n<h2>3. Cartograf\u00eda del campo: qu\u00e9 est\u00e1 en disputa<\/h2>\n<p>Para determinar d\u00f3nde se sit\u00faa un texto hace falta antes describir el espacio en el que se sit\u00faa. Este apartado reconstruye, en sus grandes l\u00edneas y sin arbitrar entre ellas, las posiciones que ocupan hoy el campo de discusi\u00f3n sobre el 12 de octubre y sobre el balance de la presencia espa\u00f1ola en Am\u00e9rica. La reconstrucci\u00f3n es necesariamente esquem\u00e1tica; su funci\u00f3n es cartogr\u00e1fica, no historiogr\u00e1fica.<\/p>\n<p>El primer polo del que el libro se distancia es el de la condena. Su formulaci\u00f3n intelectualmente m\u00e1s elaborada procede de la cr\u00edtica decolonial, y en particular de la obra de Walter D. Mignolo, cuya Idea de Am\u00e9rica Latina (2005; trad. esp. 2007) sostiene que el continente no fue descubierto ni encontrado sino inventado como categor\u00eda dentro de un orden de saber europeo, y que esa invenci\u00f3n forma parte del mismo dispositivo que la explotaci\u00f3n colonial. La noci\u00f3n de herida colonial designa en Mignolo no un da\u00f1o pret\u00e9rito sino una estructura que persiste en el presente bajo la forma de una jerarqu\u00eda de conocimientos; de ah\u00ed su propuesta de desprendimiento epist\u00e9mico (2007), esto es, de ruptura con las categor\u00edas que organizan el propio campo del saber. An\u00edbal Quijano (2000) hab\u00eda fijado antes el concepto que sostiene toda esta l\u00ednea, el de colonialidad del poder, seg\u00fan el cual la clasificaci\u00f3n racial de la poblaci\u00f3n mundial constituye el eje sobre el que se organiz\u00f3 el poder desde el siglo XVI y que sobrevivi\u00f3 a la independencia pol\u00edtica de las rep\u00fablicas americanas.<\/p>\n<p>El segundo polo es el del revisionismo hispanista, que en la \u00faltima d\u00e9cada ha alcanzado una difusi\u00f3n p\u00fablica considerable en Espa\u00f1a. Su texto de referencia es Imperiofobia y leyenda negra, de Mar\u00eda Elvira Roca Barea (2016), que interpreta el descr\u00e9dito hist\u00f3rico de la monarqu\u00eda hisp\u00e1nica como un fen\u00f3meno de propaganda antiimperial de larga duraci\u00f3n, comparable a otros episodios de hostilidad hacia potencias hegem\u00f3nicas. Marcelo Gullo Omodeo prolong\u00f3 la l\u00ednea en Madre Patria (2021), texto que se propone desmontar la leyenda negra desde una posici\u00f3n expl\u00edcitamente reivindicativa. Ambos t\u00edtulos remiten, como a su fuente, al ensayo de Juli\u00e1n Juder\u00edas La leyenda negra y la verdad hist\u00f3rica (1914), que acu\u00f1\u00f3 la expresi\u00f3n y estableci\u00f3 el marco de la discusi\u00f3n durante todo el siglo XX.<\/p>\n<p>Este segundo polo ha recibido r\u00e9plica desde dentro del \u00e1mbito acad\u00e9mico espa\u00f1ol. Jos\u00e9 Luis Villaca\u00f1as public\u00f3 en 2019 Imperiofilia y el populismo nacional-cat\u00f3lico, respuesta punto por punto al libro de Roca Barea, en la que impugna tanto su m\u00e9todo como sus fuentes. Ricardo Garc\u00eda C\u00e1rcel, por su parte, ha desarrollado desde 1992 \u2014con La leyenda negra. Historia y opini\u00f3n\u2014 y hasta El demonio del Sur (2017) una historiograf\u00eda de la leyenda negra que la trata como objeto de estudio y no como arma, y que no coincide con las posiciones del revisionismo de intervenci\u00f3n p\u00fablica. La existencia de esta r\u00e9plica es un dato del campo y se consigna como tal; no se dictamina aqu\u00ed qui\u00e9n lleva raz\u00f3n en ella.<\/p>\n<p>El tercer conjunto de posiciones \u2014el que resulta decisivo para nuestro an\u00e1lisis\u2014 no se define por su lugar en el eje celebraci\u00f3n\/condena, sino por su pertenencia a una tradici\u00f3n disciplinar. Se trata de la correcci\u00f3n historiogr\u00e1fica practicada desde el americanismo y el hispanismo acad\u00e9micos, mayoritariamente anglosajones. Su documento m\u00e1s citado es Seven Myths of the Spanish Conquest, de Matthew Restall (2003, reeditado con nuevo ep\u00edlogo en 2021), cuyo procedimiento consiste en desmontar siete relatos consolidados sobre la conquista \u2014el del pu\u00f1ado de hombres excepcionales, el de la superioridad tecnol\u00f3gica decisiva, el de la comunicaci\u00f3n imposible, el de la desaparici\u00f3n de los pueblos ind\u00edgenas\u2014 mostrando que ninguno resiste el contraste documental. Es capital advertir que estos siete mitos no pertenecen a un solo bando: la obra corrige por igual el relato heroico y el relato de la aniquilaci\u00f3n total, y su efecto en el campo consiste precisamente en desplazar la discusi\u00f3n desde el eje moral hacia el eje probatorio.<\/p>\n<p>En la misma tradici\u00f3n se inscriben John H. Elliott, cuya Empires of the Atlantic World (2006) construye una historia comparada de las presencias brit\u00e1nica y espa\u00f1ola en Am\u00e9rica que impide tratar cualquiera de las dos como caso singular, y Jorge Ca\u00f1izares-Esguerra, cuya How to Write the History of the New World (2001) analiza las disputas historiogr\u00e1ficas del siglo XVIII sobre el continente y muestra que el problema de c\u00f3mo narrar Am\u00e9rica es tan antiguo como la propia narraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Un cuarto conjunto lo forman los trabajos que estudian la pol\u00e9mica misma como objeto. Richard L. Kagan (2018) se ha preguntado en Cuadernos de Historia Moderna, desde la secci\u00f3n de debate de la revista, por qu\u00e9 la leyenda negra ha regresado al primer plano de la discusi\u00f3n p\u00fablica precisamente ahora, cuesti\u00f3n que desplaza el foco desde el contenido del relato hacia las condiciones de su reactivaci\u00f3n. Edgar Straehle ha trabajado en la misma direcci\u00f3n: su an\u00e1lisis de 2019, publicado en Nuestra Historia, es una reflexi\u00f3n detenida sobre Imperiofobia y sobre el modo en que ese libro construye su argumento, y el de 2024, aparecido en Con-Ciencia Social, examina los usos de la memoria en el nacionalismo historiogr\u00e1fico espa\u00f1ol contempor\u00e1neo. Ambos trabajos son cr\u00edticos con la obra de Roca Barea; se consignan aqu\u00ed como parte del mapa, sin que este estudio arbitre la controversia. Marcela Garc\u00eda Sebastiani, en una serie de trabajos publicados en Historia y Pol\u00edtica, Hispania y \u2014en coautor\u00eda con David Marcilhacy\u2014 Journal of Contemporary History (2016; 2021; 2017), ha reconstruido la historia conmemorativa del 12 de octubre desde el franquismo hasta la democracia, mostrando que la fecha ha significado cosas distintas en momentos distintos y que su carga actual es el resultado de una acumulaci\u00f3n hist\u00f3rica y no de una esencia.<\/p>\n<p>Finalmente, y como l\u00ednea transversal, conviene retener la historia del nombre mismo del continente, que el libro analizado tratar\u00e1 en su ensayo terminal. Arturo Ardao estableci\u00f3 en G\u00e9nesis de la idea y el nombre de Am\u00e9rica Latina (1980) la genealog\u00eda del sintagma, y M\u00f3nica Quijada la revis\u00f3 cr\u00edticamente en Revista de Indias (1998) con atenci\u00f3n a la disputa sobre su origen franc\u00e9s o hispanoamericano. Ambos trabajos ser\u00e1n pertinentes en el apartado sexto.<\/p>\n<p>Este es, esquem\u00e1ticamente, el mapa. El Hilo Hispanoamericano aparece dentro de \u00e9l, y el resto de este estudio se dedica a determinar d\u00f3nde.<\/p>\n<h2>4. El paratexto como programa: introducci\u00f3n, nota del autor y pr\u00f3logo<\/h2>\n<p>Los umbrales de El Hilo Hispanoamericano ocupan diez p\u00e1ginas \u2014de la 7 a la 16\u2014 y constituyen, en el sentido que G\u00e9rard Genette dio al t\u00e9rmino, un paratexto denso y funcional: no acompa\u00f1an al libro, lo instruyen. Tres piezas se suceden: una introducci\u00f3n en prosa (pp. 7-8), una nota del autor (p. 9) y un pr\u00f3logo en verso (pp. 13-16), separados por un texto instrumental sobre el modo de leer y escuchar el volumen (pp. 11-12). Las tres enuncian el mismo programa con tres registros distintos, y esa triple enunciaci\u00f3n es en s\u00ed misma un dato: el libro considera que su m\u00e9todo necesita ser explicado antes de ser ejercido.<\/p>\n<p>La introducci\u00f3n, ya examinada en su arranque, completa el programa con dos precisiones. La primera es la de la imagen rectora, que el volumen expone con voluntad casi did\u00e1ctica: cada naci\u00f3n es una hebra, el conjunto una trama, y ninguna hebra basta por s\u00ed sola. La segunda es la del alcance: los poemas recorren diecinueve pueblos y naciones \u2014dieciocho Estados soberanos y Puerto Rico\u2014, y lo hacen, dice el texto, \u00abNo para construir un relato \u00fanico, sino para recordar que la historia compartida de Hispanoam\u00e9rica es tambi\u00e9n una conversaci\u00f3n plural\u00bb (p. 7). La p\u00e1gina cierra con una f\u00f3rmula de apertura, \u00abEl telar est\u00e1 abierto\u00bb (p. 8), que traslada al lector la responsabilidad de completar el sentido.<\/p>\n<p>Debe subrayarse la coherencia entre esta declaraci\u00f3n y el gesto inaugural. Negar el relato \u00fanico y afirmar la conversaci\u00f3n plural es, en el terreno de la memoria, exactamente lo que la disyuntiva denunciada en la misma p\u00e1gina impide: si hay que elegir entre celebrar y condenar, hay relato \u00fanico, sea el uno o sea el otro. La tercera v\u00eda se presenta, por tanto, no como un contenido intermedio sino como una condici\u00f3n de posibilidad de la pluralidad. Esa es su forma argumentativa m\u00e1s fuerte, y conviene reconocerla como tal antes de someterla a examen.<\/p>\n<p>La nota del autor (p. 9) desplaza el programa del terreno del m\u00e9todo al de la intenci\u00f3n. Aqu\u00ed la f\u00f3rmula es de renuncia doble: \u00abNo quise escribir un manual de historia ni un ensayo pol\u00edtico. Quise escuchar.\u00bb El inter\u00e9s de la frase reside en que las dos cosas rechazadas \u2014el manual y el ensayo pol\u00edtico\u2014 corresponden con precisi\u00f3n a los dos polos del campo descrito en el apartado anterior. El manual de historia es el registro de la autoridad acad\u00e9mica; el ensayo pol\u00edtico, el de la intervenci\u00f3n p\u00fablica. Rechazar ambos no deja al texto sin g\u00e9nero: lo instala en un tercer g\u00e9nero, el del poemario-cr\u00f3nica, que la propia nota nombra y define, y que se justifica en que \u00abla poes\u00eda no sustituye al conocimiento hist\u00f3rico, sino que dialoga con \u00e9l desde otro lugar\u00bb (p. 9).<\/p>\n<p>La misma p\u00e1gina contiene una declaraci\u00f3n de l\u00edmite que merece atenci\u00f3n, porque es infrecuente y porque desactiva de antemano una parte de las objeciones posibles: \u00abToda s\u00edntesis es incompleta. Habr\u00e1 ausencias, simplificaciones inevitables y matices que podr\u00edan desarrollarse m\u00e1s ampliamente\u00bb (p. 9). El enunciado admite lo que un lector cr\u00edtico podr\u00eda reprochar y lo asume como condici\u00f3n del formato. Desde el punto de vista del an\u00e1lisis del campo, esta admisi\u00f3n cumple una funci\u00f3n precisa: reduce la superficie sobre la que el texto puede ser atacado, sin renunciar por ello a la ambici\u00f3n del proyecto. Y la nota cierra con una f\u00f3rmula que traslada la tercera v\u00eda del m\u00e9todo a la actitud del lector: \u00abOjal\u00e1 estas p\u00e1ginas sirvan para recorrer Hispanoam\u00e9rica con m\u00e1s curiosidad que prejuicios y con m\u00e1s preguntas que certezas\u00bb (p. 9). Curiosidad frente a prejuicio, preguntas frente a certezas: el par de oposiciones reproduce, en clave psicol\u00f3gica, la misma estructura que en la introducci\u00f3n se enunciaba en clave historiogr\u00e1fica.<\/p>\n<p>El texto intermedio sobre el modo de lectura (pp. 11-12) introduce el t\u00e9rmino con que el autor designa su procedimiento, el Versolumen, definido como una escritura que \u00abcombina investigaci\u00f3n documental, s\u00edntesis narrativa y lenguaje po\u00e9tico\u00bb (p. 11). La entrada final del volumen lo reformula en t\u00e9rminos casi id\u00e9nticos: \u00abEl t\u00e9rmino une las palabras verso y lumen (luz) para designar una forma de creaci\u00f3n po\u00e9tica que integra investigaci\u00f3n hist\u00f3rica, s\u00edntesis narrativa y expresi\u00f3n l\u00edrica\u00bb (p. 285). La reiteraci\u00f3n importa porque el concepto cumple, dentro de la econom\u00eda del libro, una funci\u00f3n legitimadora: nombra un procedimiento mixto y, al nombrarlo, lo constituye como categor\u00eda, de modo que las exigencias del rigor hist\u00f3rico y las de la libertad po\u00e9tica quedan ambas satisfechas por definici\u00f3n y ninguna puede invocarse contra el resultado.<\/p>\n<p>El pr\u00f3logo en verso (pp. 13-16) traduce el programa a materia po\u00e9tica, y lo hace mediante una t\u00e9cnica de enumeraci\u00f3n que otros estudios de este mismo fondo han analizado con detalle. Interesan aqu\u00ed tres momentos. El primero es la f\u00f3rmula jur\u00eddica ya citada, \u00abNo venimos a dictar sentencia. Venimos a escuchar\u00bb, que ocupa el centro exacto de la primera p\u00e1gina del pr\u00f3logo y funciona como bisagra entre la evocaci\u00f3n de la trilog\u00eda precedente y el cat\u00e1logo de voces que sigue. El segundo es la declaraci\u00f3n de que la memoria no ser\u00e1 suprimida: \u00abNo seremos museo de fechas, pero habr\u00e1 fechas que arden\u00bb (p. 14). La f\u00f3rmula es doblemente cautelosa \u2014niega el archivo inerte y afirma la combusti\u00f3n\u2014 y anuncia un cat\u00e1logo que incluye, sin eufemismo, \u00abHabr\u00e1 espadas, claustros, virreinatos, barcos que trajeron hambre y pan\u00bb (p. 14). La conjunci\u00f3n de hambre y pan en un mismo verso condensa el programa entero: la misma traves\u00eda trajo las dos cosas, y el poema se niega a separarlas.<\/p>\n<p>El tercer momento es el que ata\u00f1e a la esclavitud, y es el pasaje donde la tercera v\u00eda alcanza su formulaci\u00f3n m\u00e1s comprometida: \u00aby el tambor que vino encadenado\u2026 y se qued\u00f3 a soltar cadenas con m\u00fasica\u00bb (p. 14). La estructura es de reversi\u00f3n: lo que lleg\u00f3 como instrumento de sometimiento permanece como agente de liberaci\u00f3n. Una lectura celebratoria del pasaje subrayar\u00eda el segundo hemistiquio; una lectura condenatoria, el primero. El verso no permite ninguna de las dos operaciones por separado, porque su sentido depende del giro entre ambos. Es, en t\u00e9rminos estrictamente formales, el lugar del libro donde la propuesta metodol\u00f3gica se realiza con mayor econom\u00eda de medios.<\/p>\n<p>El pr\u00f3logo se cierra con dos formulaciones que fijan el estatuto del conjunto. La primera define el gesto del libro como propuesta y no como imposici\u00f3n: \u00abEste pr\u00f3logo no firma un mapa: lo propone\u00bb (p. 15). La segunda establece un compromiso en forma de triple negaci\u00f3n: \u00abPrometemos s\u00f3lo esto: no borrar para decir, no poseer para nombrar, no idealizar para amar\u00bb (p. 15). Las tres negaciones responden a tres riesgos distintos: el borrado corresponde al relato celebratorio que suprime el da\u00f1o; la posesi\u00f3n, a la apropiaci\u00f3n colonial del nombre; la idealizaci\u00f3n, al indigenismo complaciente. Que el compromiso se enuncie como promesa negativa \u2014lo que no se har\u00e1\u2014 y no como programa positivo es coherente con la renuncia al juicio: el texto se obliga a no cometer tres faltas, no a sostener tres tesis.<\/p>\n<p>El pr\u00f3logo culmina en un verso que resume la operaci\u00f3n entera \u2014\u00abLos nudos son historia; la trama, sobrevivir cantando\u00bb (p. 15)\u2014 y en una f\u00f3rmula de apertura, \u00abQue cada verso aprenda a ser frontera abierta\u00bb (p. 16). El conjunto del paratexto ha enunciado, por tanto, un programa completo: hay un litigio, el litigio est\u00e1 mal planteado, el libro no lo resolver\u00e1 sino que lo escuchar\u00e1, y esa escucha ni borrar\u00e1 el da\u00f1o ni idealizar\u00e1 el resultado.<\/p>\n<p>Resta se\u00f1alar que el cuerpo del volumen ejecuta ese programa con un procedimiento formal reconocible. Cada pa\u00eds recibe una entrada en prosa \u2014rotulada &#8220;Puerta de entrada hist\u00f3rica&#8221;\u2014 y un poema. La prosa adopta un registro expositivo de manual: \u00abSobre este rico sustrato ind\u00edgena se construy\u00f3 posteriormente el Virreinato de Nueva Espa\u00f1a, uno de los principales centros pol\u00edticos, econ\u00f3micos y culturales del Imperio espa\u00f1ol\u00bb (p. 19). El verso adopta otro: \u00abLlegaron velas del oriente, no dioses: hombres de ambici\u00f3n y corona\u00bb (p. 21). La distribuci\u00f3n de funciones es n\u00edtida: la prosa aporta el marco factual y evita la valoraci\u00f3n; el verso introduce la correcci\u00f3n de perspectiva \u2014no dioses, sino hombres\u2014 y la carga afectiva. El libro, en otras palabras, no reparte los dos polos del debate entre sus poemas, sino entre sus dos registros.<\/p>\n<h2>5. La bibliograf\u00eda como toma de posici\u00f3n<\/h2>\n<p>Todo lo anterior pertenece al orden de las declaraciones. Un an\u00e1lisis que se limitara a ellas reproducir\u00eda el programa del libro con otras palabras. Existe, sin embargo, en el aparato final del volumen, un elemento que permite contrastar la declaraci\u00f3n con una pr\u00e1ctica verificable: la lista de lecturas recomendadas que ocupa las p\u00e1ginas 287 a 289. Este apartado la examina, y constituye el n\u00facleo del presente estudio.<\/p>\n<p>El r\u00f3tulo de la lista es ya significativo. Reza, en versales: &#8220;LECTURAS ORIENTATIVAS PARA AMPLIAR &#8216;ARGUMENTOS&#8217; SIN DOGMAS&#8221;, con la inicial embebida en la letra capitular de la maqueta y con la palabra central entrecomillada en el propio original. Tres decisiones se acumulan en esa l\u00ednea. La primera es el adjetivo orientativas, que rebaja la lista de bibliograf\u00eda a sugerencia y desactiva de antemano cualquier exigencia de exhaustividad. La segunda es la palabra argumentos entrecomillada en el propio original: las comillas suspenden el t\u00e9rmino, lo se\u00f1alan como ajeno o como problem\u00e1tico, y sugieren que lo que circula en la pol\u00e9mica bajo ese nombre acaso no lo merezca del todo. La tercera es el sintagma final, sin dogmas, que traslada la calificaci\u00f3n desde los textos hacia sus lectores: la lista no promete carecer de posiciones, promete carecer de dogmatismo, que es cosa distinta y menos comprobable.<\/p>\n<p>La lista contiene treinta y tres fichas correspondientes a veinte autores. La discrepancia entre ambas cifras se explica porque varios autores comparecen con dos o tres t\u00edtulos \u2014Bello, Chevalier, Fern\u00e1ndez-Armesto, Garc\u00eda C\u00e1rcel, Gruzinski, Kamen, Mann, Mignolo, Rama con dos; Elliott y Zea con tres\u2014, lo que revela que la lista se compuso por bloques de autor y no por unidades bibliogr\u00e1ficas. Un indicio material lo confirma: entre la ficha de Brading y la primera de Ca\u00f1izares-Esguerra ha quedado, en la p\u00e1gina 287, una l\u00ednea con el nombre \u00abCa\u00f1izares-Esguerra, Jorge\u00bb sin datos de obra, resto evidente de un encabezamiento de bloque que la maquetaci\u00f3n final no lleg\u00f3 a suprimir. El detalle es menor y no afecta al contenido, pero acredita el procedimiento de composici\u00f3n.<\/p>\n<p>La distribuci\u00f3n por corrientes constituye el hallazgo central. Adoptando un criterio estricto, que reserva la etiqueta de historiograf\u00eda acad\u00e9mica del mundo hisp\u00e1nico y atl\u00e1ntico para los t\u00edtulos producidos dentro de la investigaci\u00f3n universitaria internacional sobre la monarqu\u00eda hisp\u00e1nica y el mundo colonial americano, el recuento arroja quince fichas: Brading (1991), Ca\u00f1izares-Esguerra (2001), Elliott (1963, 2006 en su edici\u00f3n inglesa y 2006 en su traducci\u00f3n espa\u00f1ola), Fern\u00e1ndez-Armesto (2000, 2003), Gruzinski (2000, 2004), Kamen (2003, 2005), Mann (2005, 2011), Pagden (1995) y Restall (2003). Si al criterio estricto se a\u00f1ade la historiograf\u00eda acad\u00e9mica espa\u00f1ola sobre la leyenda negra \u2014Garc\u00eda C\u00e1rcel (1992, 2017)\u2014, el conjunto asciende a diecisiete fichas. Y si dentro de ese criterio amplio se computa como una sola ficha la doble entrada de Elliott 2006, que registra el original ingl\u00e9s y su traducci\u00f3n castellana, la cifra resultante es diecis\u00e9is.<\/p>\n<p>Frente a ese bloque, el revisionismo hispanista de intervenci\u00f3n p\u00fablica aporta exactamente dos fichas: Roca Barea (2016) y Gullo Omodeo (2021). La fuente hist\u00f3rica de la pol\u00e9mica, Juder\u00edas (1914), aporta una. La cr\u00edtica decolonial aporta dos, ambas de Mignolo y correspondientes al mismo libro en sus versiones inglesa y espa\u00f1ola. El pensamiento y la historia intelectual latinoamericanos aportan seis: Mari\u00e1tegui (1928), Zea (1957, 1971, 1976) y Rama (1982, 1984). La etnohistoria y la voz ind\u00edgena aportan una, Le\u00f3n-Portilla (1959). La filolog\u00eda americana fundacional aporta dos, ambas de Bello (1847, 1848). Y el origen franc\u00e9s del nombre del continente aporta dos, las dos de Chevalier fechadas en 1836. La suma de todas las categor\u00edas es treinta y tres, y la de autores, veinte.<\/p>\n<p>La cifra que importa es la proporci\u00f3n. Cualquiera que sea el criterio adoptado \u2014quince, diecis\u00e9is o diecisiete\u2014, la historiograf\u00eda acad\u00e9mica del mundo hisp\u00e1nico y atl\u00e1ntico representa entre el cuarenta y cinco y el cincuenta y dos por ciento del total de la lista, mientras que el polo revisionista representa el seis por ciento y el polo decolonial el seis por ciento. La raz\u00f3n entre el bloque acad\u00e9mico y cada uno de los dos polos es, en el criterio m\u00e1s conservador, de siete y medio a uno. El libro no reparte su apoyo entre los extremos: lo concentra, de manera abrumadora, en un tercer lugar.<\/p>\n<p>Este dato tiene una consecuencia anal\u00edtica precisa. La tercera v\u00eda que el volumen propone no es, seg\u00fan su propio aparato, un punto medio entre celebrar y condenar. Es la adopci\u00f3n de una posici\u00f3n disciplinar concreta \u2014la de la correcci\u00f3n historiogr\u00e1fica acad\u00e9mica\u2014 desde la cual ambos polos aparecen igualmente insuficientes. Que Restall figure en la lista es, en este sentido, m\u00e1s revelador que la presencia simult\u00e1nea de Roca Barea y Mignolo: Seven Myths of the Spanish Conquest no ocupa un lugar intermedio entre el relato heroico y el relato de la aniquilaci\u00f3n, sino un lugar exterior a ambos, desde el que se corrigen los dos. La lista del libro reproduce esa estructura: pone en el centro a quienes corrigen y en los m\u00e1rgenes a quienes disputan.<\/p>\n<p>Conviene ser expl\u00edcito sobre lo que esta constataci\u00f3n no dice. No dice que el libro enga\u00f1e al lector, puesto que la lista es p\u00fablica y su composici\u00f3n es comprobable por cualquiera que la lea. No dice que apoyarse en el hispanismo acad\u00e9mico sea preferible o reprobable; como se record\u00f3 en el apartado segundo siguiendo a Faber (2008a; 2008b), ese hispanismo es un campo con posiciones propias y no un lugar sin posici\u00f3n. Dice \u00fanicamente que el r\u00f3tulo de la lista promete una cosa \u2014argumentos sin dogmas, es decir, materiales de todos los bandos sin adhesi\u00f3n a ninguno\u2014 y su composici\u00f3n realiza otra: una adhesi\u00f3n mayoritaria y perfectamente identificable.<\/p>\n<p>Las ausencias completan el cuadro y son tan informativas como las presencias. La primera y m\u00e1s llamativa es la de Bartolom\u00e9 de las Casas. La Brev\u00edsima relaci\u00f3n de la destrucci\u00f3n de las Indias es, por consenso de todos los bandos, el documento fundacional de la discusi\u00f3n: quienes hablan de leyenda negra la sit\u00faan en su origen y quienes hablan de herida colonial la invocan como testimonio. En la lista de las p\u00e1ginas 287-289, Las Casas no comparece como autor: su nombre aparece una sola vez, y lo hace dentro del subt\u00edtulo de la ficha de Gullo Omodeo, es decir, incorporado como objeto de una impugnaci\u00f3n. Un lector que siguiera \u00fanicamente esta lista conocer\u00eda a Las Casas por la refutaci\u00f3n antes que por el texto.<\/p>\n<p>La segunda ausencia es la de la r\u00e9plica interna al revisionismo hispanista. Roca Barea figura en la lista; Villaca\u00f1as, cuya Imperiofilia y el populismo nacional-cat\u00f3lico (2019) constituye la respuesta m\u00e1s discutida a ese libro, no figura. La consecuencia es que uno de los dos polos comparece sin su contradictor espec\u00edfico, mientras que el otro comparece representado por un solo autor. N\u00f3tese que la asimetr\u00eda no favorece necesariamente al revisionismo: la presencia masiva del bloque acad\u00e9mico opera de hecho como correcci\u00f3n de sus tesis. Pero el lector que no conozca el campo no dispone, con esta lista, de los elementos para reconstruir la controversia.<\/p>\n<p>La tercera ausencia afecta al polo decolonial. Mignolo comparece con un solo t\u00edtulo en dos ediciones, y no lo acompa\u00f1an ni An\u00edbal Quijano, cuya formulaci\u00f3n de la colonialidad del poder (2000) es el fundamento conceptual sobre el que Mignolo construye, ni Enrique Dussel, ni ninguno de los autores que integran esa corriente. La representaci\u00f3n del polo cr\u00edtico es, por tanto, m\u00e1s estrecha que la del polo revisionista en n\u00famero de autores, aunque id\u00e9ntica en n\u00famero de fichas.<\/p>\n<p>Un \u00faltimo rasgo merece registro. La lista incluye a Michel Chevalier con dos t\u00edtulos de 1836, decisi\u00f3n ins\u00f3lita en una bibliograf\u00eda orientativa dirigida al lector general, y solo comprensible a la luz del ensayo terminal del volumen, que reconstruye el origen franc\u00e9s del sintagma Am\u00e9rica Latina y en el cual Chevalier desempe\u00f1a un papel central. La lista, en otras palabras, no est\u00e1 compuesta \u00fanicamente para el poemario: est\u00e1 compuesta tambi\u00e9n para el ensayo que lo cierra, y ese ensayo es el objeto del apartado siguiente.<\/p>\n<h2>6. Los nombres del continente: el ensayo terminal<\/h2>\n<p>Las p\u00e1ginas 295 a 299 del volumen albergan un texto que rompe con todo lo anterior: un ensayo en prosa expositiva, sin verso y sin voz l\u00edrica, titulado \u00abORIGEN HIST\u00d3RICO Y SEM\u00c1NTICO DE HISPANOAM\u00c9RICA Y LATINOAM\u00c9RICA\u00bb. Su presencia al final de un poemario exige explicaci\u00f3n, y la explicaci\u00f3n es que el ensayo hace expl\u00edcito lo que el resto del libro practica sin enunciar: la conciencia de que los nombres con que se designa una realidad no son neutrales respecto de esa realidad.<\/p>\n<p>El texto arranca con una distinci\u00f3n: \u00abos t\u00e9rminos Hispanoam\u00e9rica y Latinoam\u00e9rica no son sin\u00f3nimos, aunque con frecuencia se utilicen indistintamente en el lenguaje cotidiano\u00bb (p. 295) \u2014de nuevo la inicial queda absorbida por la capitular\u2014. A partir de ah\u00ed desarrolla dos genealog\u00edas paralelas. La primera atribuye el t\u00e9rmino Hispanoam\u00e9rica a la conjunci\u00f3n del lat\u00edn Hispanus con el nombre del continente, sit\u00faa su difusi\u00f3n en la primera mitad del siglo XIX y adjudica a Andr\u00e9s Bello un papel destacado en su consolidaci\u00f3n, en el marco de un esfuerzo por conciliar la emancipaci\u00f3n pol\u00edtica con la continuidad ling\u00fc\u00edstica y cultural. La segunda reconstruye el origen franc\u00e9s de la expresi\u00f3n Am\u00e9rica Latina: se\u00f1ala a Michel Chevalier como impulsor temprano, en la d\u00e9cada de 1830, de la idea de una comunidad de pueblos latinos frente al mundo anglosaj\u00f3n, y sit\u00faa la consolidaci\u00f3n geopol\u00edtica del t\u00e9rmino bajo Napole\u00f3n III. La formulaci\u00f3n es inequ\u00edvoca: Francia recurri\u00f3 a ese concepto, dice el libro, \u00abpara legitimar su intervenci\u00f3n en M\u00e9xico entre 1862 y 1867, present\u00e1ndose como protectora de una supuesta solidaridad entre los pueblos de lenguas romances frente al creciente poder de los Estados Unidos y de las potencias germ\u00e1nicas\u00bb (p. 296).<\/p>\n<p>Esta genealog\u00eda coincide con la que estableci\u00f3 Arturo Ardao en G\u00e9nesis de la idea y el nombre de Am\u00e9rica Latina (1980), aunque Ardao matiz\u00f3 decisivamente la atribuci\u00f3n francesa al documentar el uso temprano del sintagma por parte de intelectuales hispanoamericanos \u2014el colombiano Jos\u00e9 Mar\u00eda Torres Caicedo entre ellos\u2014, de modo que la expresi\u00f3n no habr\u00eda sido solo importada sino tambi\u00e9n apropiada desde el continente. M\u00f3nica Quijada (1998) revis\u00f3 despu\u00e9s el estado de la cuesti\u00f3n y mostr\u00f3 que la disputa sobre la paternidad del t\u00e9rmino est\u00e1 lejos de ser un asunto erudito: adjudicarlo a Francia lo desacredita como categor\u00eda impuesta, y adjudicarlo a los propios hispanoamericanos lo legitima como autodesignaci\u00f3n. El libro analizado se apoya en la vertiente francesa de esa genealog\u00eda, sin mencionar la matizaci\u00f3n de Ardao. La observaci\u00f3n se consigna como dato de composici\u00f3n del texto; no se dictamina aqu\u00ed cu\u00e1l de las dos atribuciones es historiogr\u00e1ficamente preferible.<\/p>\n<p>El centro del ensayo es un cuadro comparativo de cinco filas (p. 297) que enfrenta ambos t\u00e9rminos seg\u00fan cinco aspectos: criterio ling\u00fc\u00edstico, \u00e9nfasis cultural, alcance geogr\u00e1fico, origen conceptual y dimensi\u00f3n pol\u00edtica. La forma tabular merece atenci\u00f3n anal\u00edtica. Una tabla es el dispositivo textual que con m\u00e1s eficacia produce la impresi\u00f3n de simetr\u00eda, porque asigna a cada t\u00e9rmino el mismo n\u00famero de celdas y el mismo espacio visual. Bajo esa simetr\u00eda formal, sin embargo, el contenido de las celdas no es sim\u00e9trico: donde Hispanoam\u00e9rica recibe un origen conceptual descrito como \u00e1mbito hisp\u00e1nico e iberoamericano, Latinoam\u00e9rica recibe uno descrito como Francia, siglo XIX. La primera atribuci\u00f3n es difusa y colectiva; la segunda, concreta y externa. El efecto acumulado de las cinco filas es que un t\u00e9rmino aparece nacido de dentro y el otro tra\u00eddo de fuera.<\/p>\n<p>El ensayo no se detiene ah\u00ed, y lo que sigue complica considerablemente el cuadro. Se introducen cuatro denominaciones m\u00e1s: Iberoam\u00e9rica, que incorpora a Portugal y Brasil; Indoam\u00e9rica, t\u00e9rmino que \u2014seg\u00fan el texto\u2014 \u00abdesplaza el centro de atenci\u00f3n hacia el sustrato ind\u00edgena del continente\u00bb (p. 297) y que se atribuye a Vasconcelos, Ugarte y Mari\u00e1tegui; Nuestra Am\u00e9rica, remitida al ensayo de Jos\u00e9 Mart\u00ed de 1891; y Abya Yala, expresi\u00f3n de la lengua guna que \u00abDiversos movimientos ind\u00edgenas y corrientes de pensamiento decolonial la han adoptado para designar al continente americano desde una perspectiva propia, anterior a la colonizaci\u00f3n europea\u00bb (p. 298). La incorporaci\u00f3n de Abya Yala en un volumen cuyo t\u00edtulo reivindica lo hispanoamericano no es un gesto menor, y constituye la concesi\u00f3n m\u00e1s visible del libro al polo cr\u00edtico del campo.<\/p>\n<p>El movimiento decisivo llega a continuaci\u00f3n, y es el que reproduce en el plano de la nomenclatura la misma estructura que la introducci\u00f3n hab\u00eda establecido en el plano de la memoria. El texto declara: \u00abDesde una perspectiva cr\u00edtica, ninguno de estos conceptos resulta completamente neutral\u00bb (p. 298), y a continuaci\u00f3n aplica el principio a los dos t\u00e9rminos principales sin exceptuar al que da t\u00edtulo al libro. De Hispanoam\u00e9rica reconoce que puede ser interpretado como denominaci\u00f3n excesivamente centrada en la herencia espa\u00f1ola; de Latinoam\u00e9rica, que \u00absu origen no fue latinoamericano sino franc\u00e9s, y estuvo vinculado inicialmente a una estrategia geopol\u00edtica impulsada por el Segundo Imperio franc\u00e9s\u00bb (p. 298).<\/p>\n<p>La autoinclusi\u00f3n merece subrayarse porque es lo que distingue este ensayo de una defensa de posici\u00f3n. Un texto que quisiera simplemente legitimar el t\u00e9rmino de su propio t\u00edtulo habr\u00eda documentado la impureza del t\u00e9rmino rival y callado la del propio. Este documenta las dos. Y reconoce, adem\u00e1s, la existencia de la impugnaci\u00f3n global: \u00abA partir de las d\u00e9cadas de 1960 y 1970, numerosos fil\u00f3sofos, historiadores y pensadores latinoamericanos, junto con movimientos ind\u00edgenas y corrientes decoloniales, comenzaron a cuestionar ambos t\u00e9rminos por entender que reflejan categor\u00edas construidas desde Europa\u00bb (p. 298). La frase describe con exactitud la posici\u00f3n que en el apartado tercero se atribuy\u00f3 a Mignolo y a Quijano, y la describe sin caricatura.<\/p>\n<p>El cierre reproduce por tercera vez la operaci\u00f3n inaugural del libro. Habiendo mostrado que ning\u00fan nombre es neutral, el ensayo no elige uno: declara que \u00abm\u00e1s que conceptos excluyentes\u00bb las seis denominaciones \u00abrepresentan distintas maneras de interpretar una misma realidad hist\u00f3rica\u00bb (p. 298), y concluye que \u00absu estudio conjunto permite comprender con mayor profundidad la extraordinaria complejidad hist\u00f3rica e identitaria del continente americano\u00bb (p. 299). La disyuntiva vuelve a declararse falsa; el juicio vuelve a sustituirse por una operaci\u00f3n distinta, que aqu\u00ed ya no es la escucha sino el estudio conjunto.<\/p>\n<p>Un an\u00e1lisis atento debe registrar, sin embargo, que la simetr\u00eda del cierre no es del todo sim\u00e9trica. El ensayo declara que las seis denominaciones son igualmente parciales, pero el libro entero se titula con una de ellas, se organiza seg\u00fan su per\u00edmetro geogr\u00e1fico \u2014los diecinueve territorios de lengua espa\u00f1ola\u2014 y excluye por tanto a Brasil, a Hait\u00ed y a los territorios franc\u00f3fonos que las otras denominaciones incluir\u00edan. La declaraci\u00f3n de equivalencia opera en el plano del ensayo terminal; la decisi\u00f3n de per\u00edmetro, en el plano de la arquitectura del volumen. Ambas conviven, y su convivencia es el rasgo m\u00e1s caracter\u00edstico del objeto que aqu\u00ed se estudia.<\/p>\n<h2>7. El ep\u00edlogo: d\u00f3nde la escucha se vuelve propuesta<\/h2>\n<p>Si el ensayo terminal es el lugar donde el libro se piensa a s\u00ed mismo, el ep\u00edlogo \u2014&#8221;HISPANOAM\u00c9RICA &#8211; UNA PROMESA COM\u00daN&#8221;, pp. 151-154\u2014 es el lugar donde la escucha declarada deja de ser un m\u00e9todo y se convierte en un contenido. El apartado examina ese tr\u00e1nsito, que constituye el punto de mayor tensi\u00f3n entre el programa enunciado y su realizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El ep\u00edlogo se abre con una imagen de convocatoria dom\u00e9stica \u2014una mesa larga donde la sal es la misma s\u00edlaba y el pan se parte en castellano\u2014 y despliega a continuaci\u00f3n un cat\u00e1logo en el que cada uno de los diecinueve territorios recibe uno o dos versos de caracterizaci\u00f3n. El procedimiento es el de la enumeraci\u00f3n, y su efecto es el de la equivalencia: al conceder a cada pa\u00eds una porci\u00f3n semejante de texto, el cat\u00e1logo produce formalmente la igualdad que el libro predica.<\/p>\n<p>Dentro de ese cat\u00e1logo aparece el pasaje que impide leer el ep\u00edlogo como celebraci\u00f3n sin m\u00e1s: \u00abTambi\u00e9n compartimos sombras: la injusticia vestida de traje, la corrupci\u00f3n pol\u00edglota, el miedo que llama a medianoche\u00bb (p. 152). Los tres males enumerados \u2014injusticia institucional, corrupci\u00f3n y miedo\u2014 son contempor\u00e1neos y no coloniales, y su atribuci\u00f3n es colectiva: se comparten, como se comparte la lengua. El verso cumple, dentro de la econom\u00eda del ep\u00edlogo, la misma funci\u00f3n que \u00abNo seremos museo de fechas, pero habr\u00e1 fechas que arden\u00bb cumpl\u00eda en el pr\u00f3logo: impedir que la afirmaci\u00f3n de lo com\u00fan se lea como negaci\u00f3n del da\u00f1o.<\/p>\n<p>El giro decisivo llega en la p\u00e1gina 153. Tras declarar que \u00abQue este canto sea promesa: no tel\u00f3n, sino puerta\u00bb, el texto formula una propuesta: \u00abImaginemos, con la seriedad de un pacto, unos Estados Unidos de Hispanoam\u00e9rica: no uniforme, sino tapiz de culturas\u00bb. Lo que sigue detalla el contenido de esa imaginaci\u00f3n pol\u00edtica: un parlamento, trenes sin papeles, una justicia que no confunda pobreza con culpa, una universidad de patios conectados, una salud que pronuncie cada acento, y unas fronteras concebidas como puentes y unas aduanas como saludos.<\/p>\n<p>El pasaje plantea al analista un problema de coherencia interna que no puede eludirse. Un libro que ha declarado en su p\u00e1gina 7 no pretender dictar sentencia, y que ha repetido en su p\u00e1gina 13 que no viene a dictarla, formula en su p\u00e1gina 153 una propuesta de integraci\u00f3n pol\u00edtica supranacional. Formalmente, la contradicci\u00f3n se salva mediante dos precauciones: el verbo se enuncia en primera persona del plural y en modo exhortativo \u2014imaginemos\u2014, y el texto se autocalifica de manera expl\u00edcita como pertenencia al orden del deseo y no al del programa, al declararse \u00abSer\u00e1 eleg\u00eda por lo perdido, utop\u00eda por lo que ya late\u00bb. La propuesta se presenta, pues, como utop\u00eda declarada, no como plataforma.<\/p>\n<p>Materialmente, sin embargo, la propuesta tiene contenido y ese contenido tiene una historia. La idea de una unidad pol\u00edtica hispanoamericana pertenece a una tradici\u00f3n larga y perfectamente identificable, que va del proyecto bolivariano a las formulaciones del hispanoamericanismo del siglo XX, y esa tradici\u00f3n no es equidistante: presupone que lo compartido pesa m\u00e1s que lo separado, y que la lengua com\u00fan es fundamento suficiente de una comunidad pol\u00edtica. Marcela Garc\u00eda Sebastiani (2016; 2021), en solitario y en coautor\u00eda con Marcilhacy (2017), ha documentado hasta qu\u00e9 punto la conmemoraci\u00f3n del 12 de octubre estuvo hist\u00f3ricamente ligada a proyectos de comunidad hisp\u00e1nica transatl\u00e1ntica, de modo que la ret\u00f3rica de la lengua com\u00fan no es en este terreno un material inerte. Situar el ep\u00edlogo en esa serie no es imputarle una intenci\u00f3n; es reconocer la genealog\u00eda del material con que trabaja.<\/p>\n<p>El cierre del ep\u00edlogo confirma la orientaci\u00f3n. A la pregunta que el propio texto formula \u2014de d\u00f3nde somos\u2014 responde: \u00abde una lengua compartida, de una promesa com\u00fan, de ser muchos \u2014y de ser uno\u2014, siempre en Hispanoam\u00e9rica\u00bb (p. 154). Lo compartido es la lengua; la unidad se afirma sin negar la pluralidad; y el t\u00e9rmino elegido para nombrar el conjunto es, de las seis que el ensayo terminal declarar\u00e1 equivalentes, el que el t\u00edtulo del libro ya hab\u00eda escogido. La escucha, que en el pr\u00f3logo se ofrec\u00eda como sustituto del juicio, desemboca aqu\u00ed en una afirmaci\u00f3n sustantiva sobre qu\u00e9 es lo que une al continente.<\/p>\n<p>Debe se\u00f1alarse, para no desequilibrar la descripci\u00f3n, que el ep\u00edlogo mantiene hasta el final los contrapesos. La enumeraci\u00f3n final de los diecinueve nombres incluye a Puerto Rico junto a los dieciocho Estados soberanos, gesto que el libro hab\u00eda justificado en la introducci\u00f3n y que no es pol\u00edticamente inocuo en ninguno de los sentidos posibles. Y el verso que precede a esa enumeraci\u00f3n \u2014\u00abque nadie falte en la cuenta\u00bb\u2014 hace de la exhaustividad un valor. El ep\u00edlogo afirma una comunidad, s\u00ed, pero se cuida de que la afirmaci\u00f3n no se construya mediante exclusi\u00f3n.<\/p>\n<h2>8. Tercera v\u00eda o posici\u00f3n intermedia: discusi\u00f3n<\/h2>\n<p>Los apartados precedentes han reunido los elementos necesarios para formular la cuesti\u00f3n que el libro plantea al analista, y que consiste en decidir c\u00f3mo describir su operaci\u00f3n. Existen dos descripciones posibles, ambas compatibles con la totalidad de los datos expuestos, y este apartado las expone con igual cuidado y sin elegir entre ellas, porque elegir exigir\u00eda entrar en el fondo del litigio hist\u00f3rico, que es precisamente lo que este estudio se ha impuesto no hacer.<\/p>\n<p>La primera descripci\u00f3n sostiene que El Hilo Hispanoamericano realiza efectivamente una tercera v\u00eda. Sus argumentos son los siguientes. El libro identifica una disyuntiva que empobrece el debate p\u00fablico y la nombra con precisi\u00f3n. Se abstiene de emitir el juicio que ambos polos reclaman, y esa abstenci\u00f3n no es evasiva sino metodol\u00f3gicamente fundada: la propia nota del autor reconoce que \u00abToda s\u00edntesis es incompleta\u00bb, de modo que la renuncia al veredicto se corresponde con una conciencia de los l\u00edmites del formato. Reparte materiales de los dos bandos en su aparato final, incluye a Roca Barea y a Mignolo en la misma lista, y en el ensayo terminal somete a cr\u00edtica el t\u00e9rmino que da t\u00edtulo al propio volumen, gesto que ning\u00fan texto de posici\u00f3n realizar\u00eda. Formalmente, distribuye la carga entre dos registros \u2014la prosa expositiva y el verso\u2014 de modo que ni la valoraci\u00f3n se disfraza de dato ni el dato se disuelve en afecto. Y el pasaje sobre el tambor encadenado demuestra que la operaci\u00f3n puede ejecutarse po\u00e9ticamente sin coste de complejidad: la esclavitud comparece como violencia y como origen de una cultura, sin que ninguna de las dos comparecencias anule a la otra. En esta lectura, el libro habr\u00eda hallado, para un asunto polarizado, una forma capaz de alojar la contradicci\u00f3n sin resolverla, que es exactamente lo que Rothberg (2009) describe cuando propone pensar la memoria como multidireccional en lugar de competitiva.<\/p>\n<p>La segunda descripci\u00f3n sostiene que el libro ocupa, sin declararla, una posici\u00f3n intermedia dentro del campo, y que esa posici\u00f3n tiene contenido. Sus argumentos son igualmente verificables. El recuento del apartado quinto muestra que el apoyo bibliogr\u00e1fico no se distribuye entre los polos sino que se concentra en la historiograf\u00eda acad\u00e9mica del mundo hisp\u00e1nico y atl\u00e1ntico, en una proporci\u00f3n de siete y medio a uno frente a cada extremo; la tercera v\u00eda descansa, por tanto, sobre una tradici\u00f3n disciplinar concreta, que como recuerda Faber (2008a) no carece de posiciones propias. Las ausencias detectadas \u2014Las Casas como autor, Villaca\u00f1as, Quijano, Dussel\u2014 configuran un campo de lectura en el que la controversia no puede reconstruirse \u00edntegramente. El ep\u00edlogo, adem\u00e1s, no se limita a escuchar: propone unos Estados Unidos de Hispanoam\u00e9rica y funda la comunidad en la lengua compartida, tesis que pertenece a una tradici\u00f3n identificable y que no es neutral respecto de las alternativas. Y el per\u00edmetro del volumen \u2014diecinueve territorios de lengua espa\u00f1ola\u2014 materializa una elecci\u00f3n entre las seis denominaciones que el ensayo terminal declara equivalentes. En esta lectura, y siguiendo el aparato de Bourdieu (1992), la declaraci\u00f3n de exterioridad ser\u00eda ella misma una toma de posici\u00f3n dentro del campo, tanto m\u00e1s eficaz cuanto menos declarada.<\/p>\n<p>Las dos descripciones no se refutan mutuamente. Pueden ser simult\u00e1neamente verdaderas, y sostener que lo son es probablemente la conclusi\u00f3n m\u00e1s defendible. Un texto puede realizar honestamente una operaci\u00f3n de mediaci\u00f3n y, al mismo tiempo, ocupar un lugar determinado en el espacio de posiciones desde el cual esa mediaci\u00f3n resulta posible; de hecho, la sociolog\u00eda del campo predice exactamente eso, porque no existe lugar de enunciaci\u00f3n sin coordenadas. Que la posici\u00f3n intermedia sea una posici\u00f3n no la invalida: la sit\u00faa.<\/p>\n<p>Lo que este trabajo no hace, y conviene declararlo una vez m\u00e1s de manera terminante, es dictaminar cu\u00e1l de las dos posiciones hist\u00f3ricas en litigio se aproxima m\u00e1s a la verdad. No se afirma aqu\u00ed que el balance de la presencia espa\u00f1ola en Am\u00e9rica deba inclinarse en un sentido o en otro, ni que la conmemoraci\u00f3n del 12 de octubre deba mantenerse, reformularse o suprimirse, ni que la cr\u00edtica decolonial acierte o yerre en su diagn\u00f3stico, ni que el revisionismo hispanista tenga o no raz\u00f3n en el suyo. Esas son cuestiones sustantivas, y su tratamiento corresponde a la historiograf\u00eda y al debate p\u00fablico, no a un an\u00e1lisis del gesto ret\u00f3rico de un poemario.<\/p>\n<p>Lo que s\u00ed puede afirmarse, y con ello se cierra la discusi\u00f3n, es que el inter\u00e9s del objeto no reside en si acierta al no elegir, sino en que su modo de no elegir es descriptible, y en que esa descripci\u00f3n arroja resultados que el propio texto no enuncia. La lista de las p\u00e1ginas 287-289 dice, cont\u00e1ndola, algo que su r\u00f3tulo no dice. Ese desajuste entre el programa declarado y el aparato efectivo es el hallazgo del presente estudio, y su valor es independiente de cualquier valoraci\u00f3n sobre el fondo de la pol\u00e9mica.<\/p>\n<p>Queda una observaci\u00f3n de alcance m\u00e1s general que merece registro. El libro pertenece a un g\u00e9nero \u2014el poemario-cr\u00f3nica, o Versolumen en la denominaci\u00f3n del autor\u2014 cuya definici\u00f3n misma consiste en no someterse ni al r\u00e9gimen probatorio de la historiograf\u00eda ni al r\u00e9gimen argumentativo del ensayo pol\u00edtico. Esa indeterminaci\u00f3n gen\u00e9rica es la condici\u00f3n de posibilidad de la tercera v\u00eda: solo un texto que no se obliga a demostrar puede permitirse no dictaminar. La cuesti\u00f3n de si tal exenci\u00f3n es una ventaja del formato o una limitaci\u00f3n excede el alcance de este trabajo, pero conviene consignarla, porque de ella depende el modo en que el volumen podr\u00e1 ser discutido. Un lector que le reproche no haber tomado partido estar\u00e1 exigi\u00e9ndole el r\u00e9gimen del ensayo pol\u00edtico que la nota del autor rechaz\u00f3 expresamente; un lector que le reproche imprecisi\u00f3n hist\u00f3rica estar\u00e1 exigi\u00e9ndole el r\u00e9gimen del manual que la misma nota rechaz\u00f3 tambi\u00e9n. El libro se ha construido de manera que ambos reproches le resulten, por definici\u00f3n, inaplicables.<\/p>\n<h2>9. Conclusiones<\/h2>\n<p>Este estudio se propuso analizar el gesto ret\u00f3rico mediante el cual El Hilo Hispanoamericano: urdimbre de un telar humano, de Francisco Mu\u00f1oz-Mart\u00edn, se sit\u00faa ante la pol\u00e9mica contempor\u00e1nea sobre el 12 de octubre y sobre el balance de la presencia espa\u00f1ola en Am\u00e9rica, y determinar el lugar que ese gesto ocupa en el campo de discusi\u00f3n correspondiente. Las conclusiones que siguen resumen los hallazgos y precisan su alcance.<\/p>\n<p>La primera conclusi\u00f3n concierne a la estructura del gesto. El libro no adopta una posici\u00f3n intermedia entre celebrar y condenar: recalifica el terreno declarando que la elecci\u00f3n entre ambas es falsa, y sustituye a continuaci\u00f3n la operaci\u00f3n del juicio por la de la escucha. Ambos movimientos est\u00e1n enunciados de manera expl\u00edcita y reiterada \u2014en la introducci\u00f3n en prosa (p. 7), en la nota del autor (p. 9) y en el pr\u00f3logo en verso (p. 13)\u2014, con lo que el programa no es una interpretaci\u00f3n del analista sino una declaraci\u00f3n del texto. Su forma argumentativa m\u00e1s fuerte consiste en presentarse no como un contenido intermedio, sino como la condici\u00f3n que hace posible la pluralidad de relatos que la disyuntiva impedir\u00eda.<\/p>\n<p>La segunda conclusi\u00f3n es el hallazgo principal y procede del aparato final. La lista de lecturas orientativas de las p\u00e1ginas 287 a 289 contiene treinta y tres fichas de veinte autores, y su composici\u00f3n no realiza lo que su r\u00f3tulo promete. Frente a las dos fichas del revisionismo hispanista \u2014Roca Barea (2016) y Gullo Omodeo (2021)\u2014 y a las dos del polo decolonial \u2014ambas de Mignolo y correspondientes al mismo libro\u2014, la historiograf\u00eda acad\u00e9mica del mundo hisp\u00e1nico y atl\u00e1ntico aporta entre quince y diecisiete fichas seg\u00fan el criterio de recuento que se adopte, esto es, entre el cuarenta y cinco y el cincuenta y dos por ciento del total, en una raz\u00f3n m\u00ednima de siete y medio a uno frente a cada uno de los polos. La tercera v\u00eda del libro no se apoya, por tanto, en la equidistancia entre extremos, sino en una tradici\u00f3n disciplinar concreta: la correcci\u00f3n historiogr\u00e1fica practicada desde el hispanismo y el americanismo acad\u00e9micos, cuyo texto emblem\u00e1tico \u2014Seven Myths of the Spanish Conquest, de Restall (2003)\u2014 ocupa, respecto de los dos relatos en disputa, un lugar exterior y no un lugar medio. La estructura de la lista reproduce esa estructura del campo: en el centro, quienes corrigen; en los m\u00e1rgenes, quienes disputan.<\/p>\n<p>La tercera conclusi\u00f3n ata\u00f1e a las ausencias, que resultan tan informativas como las presencias. Bartolom\u00e9 de las Casas, documento fundacional invocado por todos los bandos, no comparece como autor: su nombre aparece una sola vez en la lista, y lo hace incorporado al subt\u00edtulo de una obra que se propone impugnarlo. La r\u00e9plica interna al revisionismo hispanista \u2014se\u00f1aladamente la de Villaca\u00f1as (2019)\u2014 no figura, de modo que uno de los polos comparece sin su contradictor espec\u00edfico. Y el polo decolonial comparece representado por un solo autor, sin Quijano, cuya formulaci\u00f3n de la colonialidad del poder (2000) constituye su fundamento conceptual, ni Dussel. La consecuencia descriptiva es que un lector que se guiara exclusivamente por esta lista no dispondr\u00eda de los elementos necesarios para reconstruir la controversia en su forma actual.<\/p>\n<p>La cuarta conclusi\u00f3n se refiere al ensayo terminal sobre los nombres del continente (pp. 295-299), pieza que hace expl\u00edcita la conciencia nominalista que el resto del volumen practica sin enunciar. Su rasgo m\u00e1s notable es la autoinclusi\u00f3n: el texto declara que ninguna de las seis denominaciones examinadas resulta completamente neutral y aplica el principio tambi\u00e9n a Hispanoam\u00e9rica, t\u00e9rmino que da t\u00edtulo al libro. Un texto de posici\u00f3n habr\u00eda documentado la impureza del t\u00e9rmino rival y callado la del propio. Registrada esa honestidad, debe registrarse igualmente la asimetr\u00eda que persiste: la declaraci\u00f3n de equivalencia opera en el plano del ensayo, mientras que la decisi\u00f3n de per\u00edmetro \u2014diecinueve territorios de lengua espa\u00f1ola, con exclusi\u00f3n de Brasil, Hait\u00ed y los territorios franc\u00f3fonos\u2014 opera en el plano de la arquitectura del volumen. Ambos planos conviven sin que el libro tematice su convivencia.<\/p>\n<p>La quinta conclusi\u00f3n concierne al ep\u00edlogo (pp. 151-154), donde la escucha declarada deja de ser m\u00e9todo y se convierte en contenido. La propuesta de unos Estados Unidos de Hispanoam\u00e9rica se enuncia con dos precauciones formales \u2014el modo exhortativo y la autocalificaci\u00f3n como utop\u00eda\u2014 que la mantienen fuera del r\u00e9gimen del programa pol\u00edtico. Pero su contenido pertenece a una tradici\u00f3n identificable, la del hispanoamericanismo pol\u00edtico que Garc\u00eda Sebastiani (2016; 2017; 2021) ha documentado, y funda la comunidad en la lengua compartida, tesis que no es neutral respecto de las alternativas disponibles. El ep\u00edlogo mantiene, con todo, sus contrapesos: la enumeraci\u00f3n de sombras compartidas de la p\u00e1gina 152 impide leerlo como celebraci\u00f3n, y la inclusi\u00f3n de Puerto Rico en la cuenta final subordina la afirmaci\u00f3n de comunidad al principio de que nadie falte.<\/p>\n<p>La sexta conclusi\u00f3n es de orden metodol\u00f3gico y se refiere al propio estudio. La distinci\u00f3n entre equidistancia valorativa y posici\u00f3n intermedia en un campo, establecida en el apartado segundo a partir de Bourdieu (1991; 1992), ha permitido describir la operaci\u00f3n del libro sin evaluarla. Todo lo afirmado aqu\u00ed pertenece al registro descriptivo: d\u00f3nde se sit\u00faa el texto, con qu\u00e9 se alinea, de qu\u00e9 se distancia, qu\u00e9 incluye y qu\u00e9 omite. En ning\u00fan momento se ha dictaminado cu\u00e1l de las posiciones hist\u00f3ricas en litigio es correcta, ni se ha valorado si la abstenci\u00f3n del libro es acertada. Esa contenci\u00f3n no es una cautela formal sino una condici\u00f3n del m\u00e9todo: un an\u00e1lisis de posiciones que tomase posici\u00f3n dejar\u00eda de poder describir el campo, porque pasar\u00eda a formar parte de \u00e9l en el mismo plano que sus objetos.<\/p>\n<p>La s\u00e9ptima y \u00faltima conclusi\u00f3n formula la aportaci\u00f3n del trabajo. Las dos descripciones expuestas en el apartado octavo \u2014la que ve una tercera v\u00eda efectivamente realizada y la que ve una posici\u00f3n intermedia no declarada\u2014 son simult\u00e1neamente compatibles con los datos, y su compatibilidad no es un defecto del an\u00e1lisis sino un resultado. Un texto puede mediar honestamente y ocupar a la vez un lugar determinado desde el cual esa mediaci\u00f3n es posible; la sociolog\u00eda del campo predice precisamente eso, porque no hay enunciaci\u00f3n sin coordenadas. Lo que este estudio a\u00f1ade a la discusi\u00f3n no es, en consecuencia, un veredicto sobre el acierto del libro, sino un procedimiento y un dato: el procedimiento consiste en contrastar el programa declarado en los umbrales con la composici\u00f3n efectiva del aparato final, y el dato es que ese contraste, en el caso examinado, arroja un desajuste medible entre lo que el r\u00f3tulo de una lista promete y lo que la lista contiene. La tercera v\u00eda existe, est\u00e1 trabajada y produce en varios pasajes resultados po\u00e9ticos de valor; pero est\u00e1 apoyada, y el an\u00e1lisis puede decir sobre qu\u00e9. Esa es, en su modestia, la contribuci\u00f3n que aqu\u00ed se ofrece, y su condici\u00f3n de replicable \u2014cualquier lector puede repetir el recuento sobre las mismas tres p\u00e1ginas\u2014 es la garant\u00eda de que no depende de la simpat\u00eda o antipat\u00eda del investigador hacia ninguna de las posiciones descritas.<\/p>\n<h2>Bibliograf\u00eda<\/h2>\n<p>Ardao, A. (1980). G\u00e9nesis de la idea y el nombre de Am\u00e9rica Latina. Centro de Estudios Latinoamericanos R\u00f3mulo Gallegos.<\/p>\n<p>Bourdieu, P. (1991). Le champ litt\u00e9raire. Actes de la recherche en sciences sociales, 89, 3-46. https:\/\/doi.org\/10.3406\/arss.1991.2986<\/p>\n<p>Bourdieu, P. (1992). Les r\u00e8gles de l&#8217;art: Gen\u00e8se et structure du champ litt\u00e9raire. \u00c9ditions du Seuil. ISBN 978-2-02-018159-4.<\/p>\n<p>Bourdieu, P. (1995). Las reglas del arte: G\u00e9nesis y estructura del campo literario (T. Kauf, trad.). Anagrama. (Obra original publicada en 1992). ISBN 978-84-339-1397-5.<\/p>\n<p>Ca\u00f1izares-Esguerra, J. (2001). How to write the history of the New World: Histories, epistemologies, and identities in the eighteenth-century Atlantic world. Stanford University Press.<\/p>\n<p>Elliott, J. H. (2006). Empires of the Atlantic world: Britain and Spain in America, 1492-1830. Yale University Press.<\/p>\n<p>Faber, S. (2008a). Anglo-American hispanists and the Spanish Civil War: Hispanophilia, commitment, and discipline. Palgrave Macmillan. https:\/\/doi.org\/10.1057\/9780230614093<\/p>\n<p>Faber, S. (2008b). Economies of prestige: The place of Iberian studies in the American university. Hispanic Research Journal, 9(1), 7-32. https:\/\/doi.org\/10.1179\/174582008X269990<\/p>\n<p>Garc\u00eda C\u00e1rcel, R. (1992). La leyenda negra: Historia y opini\u00f3n. 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