{"id":306,"date":"2026-09-10T17:30:38","date_gmt":"2026-09-10T15:30:38","guid":{"rendered":"https:\/\/nuestrosescritores.com\/franciscomunozmartin\/?p=306"},"modified":"2026-09-10T17:30:38","modified_gmt":"2026-09-10T15:30:38","slug":"catalogo-letania-y-enumeracion-la-retorica-de-la-lista-en-el-prologo-y-el-epilogo-de-el-hilo-hispanoamericano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nuestrosescritores.com\/franciscomunozmartin\/2026\/09\/10\/catalogo-letania-y-enumeracion-la-retorica-de-la-lista-en-el-prologo-y-el-epilogo-de-el-hilo-hispanoamericano\/","title":{"rendered":"Cat\u00e1logo, letan\u00eda y enumeraci\u00f3n: la ret\u00f3rica de la lista en el pr\u00f3logo y el ep\u00edlogo de El Hilo Hispanoamericano"},"content":{"rendered":"<p>Gema Mill\u00e1n Nieto<br \/>\nGrupo Editorial P\u00e9rez-Ayala<br \/>\nORCID: 0009-0001-9586-8392<\/p>\n<h2>1. Introducci\u00f3n: el marco como programa<\/h2>\n<p>Los umbrales de un libro de poemas suelen leerse como discurso sobre el libro. El pr\u00f3logo anuncia una intenci\u00f3n, el ep\u00edlogo recoge un balance, y entre ambos se despliega la obra propiamente dicha, que es lo que de verdad importa. Esa distribuci\u00f3n de funciones \u2014marco declarativo fuera, materia po\u00e9tica dentro\u2014 es tan habitual que rara vez se somete a prueba. El Hilo Hispanoamericano: urdimbre de un telar humano, de Francisco Mu\u00f1oz-Mart\u00edn (Editorial Poes\u00eda eres t\u00fa, 2026), invita a someterla, porque en \u00e9l el marco no habla sobre el libro: lo ejecuta. El p\u00f3rtico y el cierre no explican lo que va a ocurrir ni resumen lo ocurrido; hacen, en peque\u00f1o y de una sola vez, aquello que las doscientas p\u00e1ginas intermedias hacen de diecinueve maneras sucesivas. Y lo hacen con un solo procedimiento ret\u00f3rico, sostenido de principio a fin: la enumeraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este art\u00edculo sostiene que el pr\u00f3logo y el ep\u00edlogo de El Hilo Hispanoamericano constituyen dos gram\u00e1ticas enumerativas distintas y consecutivas, y que la relaci\u00f3n entre ambas \u2014m\u00e1s exactamente, la ruptura de la segunda\u2014 es el lugar donde el libro dice, sin decirlo, cu\u00e1l es el precio de su propia ambici\u00f3n. El pr\u00f3logo enumera en clave let\u00e1nica: series anaf\u00f3ricas de l\u00edmite indefinido (&#8220;Habr\u00e1&#8221;, &#8220;Hablan&#8221;, &#8220;Oir\u00e1s&#8221;) que fundan un mundo antes de nombrar un solo pa\u00eds, y que podr\u00edan continuar indefinidamente sin cambiar de naturaleza. El ep\u00edlogo enumera en clave catalogal: un desfile en que cada naci\u00f3n entra por turno, una sola vez, con un atributo asignado, en una serie que s\u00ed tiene principio, orden y final. La primera es abierta; la segunda, cerrada. La primera invoca; la segunda inventar\u00eda.<\/p>\n<p>La tesis, sin embargo, no se agota en esa oposici\u00f3n, que ser\u00eda una simetr\u00eda demasiado c\u00f3moda. El inter\u00e9s del caso est\u00e1 en que el libro rompe deliberadamente su propia clausura. Tras el desfile ordenado de las naciones, y cuando el cat\u00e1logo parece haber cumplido su funci\u00f3n de inventario, aparece una lista final \u2014diecinueve nombres seguidos, sin atributos, sin verbos, sin sintaxis\u2014 cuyo orden no responde a ninguna l\u00f3gica externa que este trabajo haya logrado identificar: ni geogr\u00e1fica, ni alfab\u00e9tica, ni demogr\u00e1fica, ni la del propio libro, ni la del desfile que acaba de terminar. Va acompa\u00f1ada de una f\u00f3rmula reparadora, \u00abque nadie falte en la cuenta\u00bb, que declara expl\u00edcitamente su funci\u00f3n: no describir, sino asegurar la totalidad. Esa fractura no es un descuido de composici\u00f3n. Es el punto en que el cat\u00e1logo confiesa que la totalidad que promete solo se alcanza renunciando al orden que la hac\u00eda legible.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis se apoya en tres verificaciones previas realizadas sobre el ejemplar \u00edntegro y no en impresiones de lectura. La primera: las tres series mayores del pr\u00f3logo \u2014lenguas (p. 14), alimentos (p. 15) y m\u00fasicas (p. 15)\u2014 tienen exactamente seis versos cada una, mientras difieren en el n\u00famero de \u00edtems que alojan (siete, seis y ocho, respectivamente) y en su medida sil\u00e1bica. Lo que se repite, por tanto, es el molde, no la carga. La segunda: en el desfile del ep\u00edlogo (pp. 151-152) entran dieciocho naciones, no diecinueve; Puerto Rico no desfila. La tercera: el orden del desfile no coincide con el orden estructural del libro, del que se aparta en cuatro puntos localizables, y describe adem\u00e1s un movimiento de retroceso \u2014baja el continente hasta Chile y vuelve sobre sus pasos hacia el R\u00edo de la Plata\u2014 que ninguna geograf\u00eda justifica.<\/p>\n<p>Estas tres constataciones no son curiosidades de recuento. Cada una obliga a una interpretaci\u00f3n, y las tres convergen: el libro trata la lista como una forma con reglas propias, las respeta mientras le sirven y las quiebra en el punto exacto en que dejan de servirle. Leer el pr\u00f3logo y el ep\u00edlogo como paratextos habr\u00eda dejado fuera los tres hechos. Leerlos como piezas ret\u00f3ricas plenas los pone en el centro.<\/p>\n<p>El marco te\u00f3rico que sostiene el an\u00e1lisis es deliberadamente doble. De un lado, la ret\u00f3rica cl\u00e1sica en la sistematizaci\u00f3n de Lausberg (1966-1969), que ofrece el instrumental fino \u2014enumeratio, congeries, distributio, accumulatio, asyndeton, polysyndeton, anaphora, isocolon, gradatio, amplificatio\u2014 con el que distinguir operaciones que la cr\u00edtica suele agrupar bajo la etiqueta indiferenciada de &#8220;enumeraci\u00f3n&#8221;. De otro, la reflexi\u00f3n moderna sobre la lista como forma cultural: Spitzer (1945) y su enumeraci\u00f3n ca\u00f3tica, Curtius (1955) y el t\u00f3pico de lo indecible, Goody (1977) y la lista como tecnolog\u00eda gr\u00e1fica, Belknap (2004) y su distinci\u00f3n entre listas pragm\u00e1ticas y literarias, S\u00e8ve (2010) y Rabatel (2011) sobre qui\u00e9n enuncia una lista, Eco (2009) y la oposici\u00f3n entre el escudo de Aquiles y el cat\u00e1logo de las naves. La combinaci\u00f3n no es ornamental: sin la ret\u00f3rica cl\u00e1sica no se pueden nombrar con precisi\u00f3n las operaciones; sin la reflexi\u00f3n moderna no se puede explicar por qu\u00e9 esas operaciones significan lo que significan.<\/p>\n<p>El trabajo se organiza en nueve apartados. El segundo establece un deslinde terminol\u00f3gico sin el cual el resto ser\u00eda impreciso. El tercero levanta una tipolog\u00eda de las series del pr\u00f3logo. El cuarto examina el Interludio VII como umbral entre las dos gram\u00e1ticas. El quinto describe la gram\u00e1tica del desfile del ep\u00edlogo. El sexto analiza la fractura final. El s\u00e9ptimo sit\u00faa el procedimiento en sus filiaciones \u2014el cat\u00e1logo \u00e9pico y la letan\u00eda\u2014. El octavo somete el recurso a una evaluaci\u00f3n cr\u00edtica que no da por supuesta su eficacia. El noveno recoge las conclusiones.<\/p>\n<h2>2. Deslinde terminol\u00f3gico: lista, cat\u00e1logo, letan\u00eda, enumeraci\u00f3n ca\u00f3tica<\/h2>\n<p>La cr\u00edtica hisp\u00e1nica emplea &#8220;enumeraci\u00f3n&#8221; como t\u00e9rmino general y &#8220;enumeraci\u00f3n ca\u00f3tica&#8221; como su variante prestigiosa, con la consecuencia de que buena parte de los fen\u00f3menos intermedios quedan sin nombre. Antes de describir las series de El Hilo Hispanoamericano conviene fijar cuatro conceptos, porque el libro utiliza los cuatro y los utiliza para cosas distintas.<\/p>\n<p>La enumeratio, en la sistematizaci\u00f3n de Lausberg (1966-1969), es la figura de acumulaci\u00f3n por la que una noci\u00f3n se despliega en sus partes. Su rasgo definitorio no es la cantidad, sino la relaci\u00f3n entre el todo y los miembros: los t\u00e9rminos enumerados son partes de algo previamente concebido como unidad. Cuando esa relaci\u00f3n se debilita y los miembros se acumulan por adici\u00f3n sin subordinarse a un todo previo, Lausberg habla de congeries; cuando la enumeraci\u00f3n distribuye sistem\u00e1ticamente los miembros en un orden establecido, de distributio; cuando amplifica por yuxtaposici\u00f3n de sin\u00f3nimos o cuasi-sin\u00f3nimos, de accumulatio. La diferencia entre estas operaciones es funcional, no cuantitativa, y de ella depende el efecto: la enumeratio confirma una unidad; la congeries la construye desde la suma; la distributio la administra.<\/p>\n<p>Sobre este armaz\u00f3n se injerta la aportaci\u00f3n de Spitzer (1945), cuyo alcance conviene precisar porque su fortuna terminol\u00f3gica ha sido mayor que su exactitud de uso. La enumeraci\u00f3n ca\u00f3tica no es simplemente una lista larga ni una lista sin orden aparente: es una lista cuya heterogeneidad sem\u00e1ntica es constitutiva, en la que se yuxtaponen realidades de \u00f3rdenes incompatibles \u2014lo material y lo abstracto, lo \u00edntimo y lo c\u00f3smico, lo noble y lo trivial\u2014 de modo que la serie misma se convierte en una afirmaci\u00f3n sobre la naturaleza inabarcable y desjerarquizada del mundo moderno. Spitzer le atribuye, adem\u00e1s, una filiaci\u00f3n espec\u00edfica: la de la letan\u00eda, cuya vis m\u00e1gica descansa en la repetici\u00f3n y en la creencia de que nombrar convoca. La rese\u00f1a de Casalduero (1946) subray\u00f3 ya en su momento hasta qu\u00e9 punto la propuesta era una tesis hist\u00f3rica sobre la modernidad y no una simple etiqueta descriptiva. Trabajos posteriores han mostrado que el concepto rinde cuando se aplica con ese rigor y se desgasta cuando se aplica sin \u00e9l: Scari (1976) lo emplea sobre el Lunario sentimental de Lugones para explicar la poetizaci\u00f3n de lo feo, y Mosquera (2026) ha vuelto sobre \u00e9l recientemente para articularlo con la teor\u00eda de las affordances literarias, es decir, con lo que una forma permite hacer a quien la lee.<\/p>\n<p>La distinci\u00f3n es decisiva para el caso que nos ocupa, y conviene enunciarla sin ambages: las series del pr\u00f3logo de El Hilo Hispanoamericano no son enumeraciones ca\u00f3ticas. Son series homog\u00e9neas, ordenadas por campo sem\u00e1ntico. La serie de las lenguas contiene lenguas; la de los alimentos, alimentos; la de las m\u00fasicas, instrumentos y g\u00e9neros musicales. La heterogeneidad que Spitzer considera constitutiva est\u00e1 ausente. Llamarlas ca\u00f3ticas ser\u00eda aplicar la etiqueta por su prestigio y no por su definici\u00f3n. En t\u00e9rminos de Lausberg, son congeries organizadas por campo, y su efecto no es el v\u00e9rtigo de lo inabarcable, sino exactamente el contrario: la construcci\u00f3n de un mundo compartido a partir de elementos reconocibles.<\/p>\n<p>El cat\u00e1logo, tercer t\u00e9rmino, se distingue de la enumeraci\u00f3n por su funci\u00f3n y por su cierre. Un cat\u00e1logo no acumula: inventar\u00eda. Presupone un conjunto delimitado y se propone recorrerlo entero, de modo que su criterio de \u00e9xito es la exhaustividad y su fracaso caracter\u00edstico es la omisi\u00f3n. Eco (2009) formul\u00f3 la oposici\u00f3n con una imagen que se ha hecho can\u00f3nica: frente al escudo de Aquiles, forma cerrada que representa el mundo entero en un objeto acabado, el cat\u00e1logo de las naves es forma abierta que renuncia a la representaci\u00f3n y opta por la lista, precisamente porque el todo excede la capacidad de la descripci\u00f3n. Goody (1977), desde la antropolog\u00eda, hab\u00eda mostrado antes que la lista no es un modo natural del habla sino un producto de la escritura: solo la superficie gr\u00e1fica permite disponer los \u00edtems en columna, contarlos, comprobar si falta alguno. La lista es, en ese sentido, una tecnolog\u00eda de la verificaci\u00f3n, y esa herencia explica por qu\u00e9 toda lista literaria arrastra una promesa impl\u00edcita de completitud que el poema puede honrar o traicionar.<\/p>\n<p>Belknap (2004) refin\u00f3 la distinci\u00f3n al separar las listas pragm\u00e1ticas \u2014inventarios, censos, cat\u00e1logos comerciales, cuya finalidad es el uso\u2014 de las listas literarias, cuya unidad procede de un principio est\u00e9tico y no de una necesidad pr\u00e1ctica. Su an\u00e1lisis de la tradici\u00f3n norteamericana muestra que el paso de una a otra no consiste en abandonar la exhaustividad, sino en convertirla en tema. S\u00e8ve (2010) y Rabatel (2011) han desplazado despu\u00e9s la atenci\u00f3n hacia la instancia enunciativa: toda lista tiene un sujeto que la sostiene, y la pregunta pertinente no es solo qu\u00e9 se enumera, sino qui\u00e9n enumera, con qu\u00e9 autoridad y ante qui\u00e9n. La cuesti\u00f3n resultar\u00e1 central en el ep\u00edlogo de El Hilo Hispanoamericano, donde el sujeto enumerador es un nosotros y el desfile se ordena ante una mesa. El dossier cr\u00edtico coordinado en Acta fabula, con las contribuciones de Landrin (2013) y Turin (2013), documenta la consolidaci\u00f3n de este giro enunciativo en los estudios sobre la lista.<\/p>\n<p>Queda la letan\u00eda, cuarto t\u00e9rmino y el m\u00e1s dif\u00edcil de manejar porque nombra a la vez una forma lit\u00fargica y un efecto po\u00e9tico. Como forma, la letan\u00eda es una serie de invocaciones breves, sint\u00e1cticamente paralelas, encabezadas por un elemento fijo y cerradas por una respuesta coral; su funci\u00f3n no es informar, sino producir presencia mediante la repetici\u00f3n. Como efecto po\u00e9tico, la letan\u00eda es lo que ocurre cuando un texto adopta esa estructura sin su marco ritual, de modo que la repetici\u00f3n conserva su poder de convocatoria pero pierde su destinatario institucional. Rovira (2016), al estudiar la &#8220;Letan\u00eda de Nuestro Se\u00f1or Don Quijote&#8221; de Rub\u00e9n Dar\u00edo, muestra c\u00f3mo la forma lit\u00fargica puede secularizarse \u00edntegramente y seguir funcionando; Prieto de Paula (2002), al leer &#8220;Espiral&#8221; de F\u00e9lix Grande como letan\u00eda de estirpe nerudiana, documenta el modo en que la modalidad se transmite en la poes\u00eda hisp\u00e1nica del siglo XX asociada a la voz continental de Neruda.<\/p>\n<p>Con estos cuatro conceptos delimitados puede formularse ya con precisi\u00f3n lo que este trabajo va a describir. El pr\u00f3logo de El Hilo Hispanoamericano opera por congeries anaf\u00f3ricas de campo sem\u00e1ntico homog\u00e9neo, con un efecto let\u00e1nico procedente de la an\u00e1fora y del paralelismo, y sin cierre: sus series podr\u00edan continuar. El ep\u00edlogo opera por distributio catalogal, con conjunto delimitado, orden expl\u00edcito y cierre: su serie no puede continuar sin romperse. Y la lista final, la de los diecinueve nombres, es el \u00fanico lugar del libro donde aparece algo que merece con propiedad el nombre de enumeraci\u00f3n ca\u00f3tica, aunque en una variante que Spitzer no contempl\u00f3 y que conviene enunciar con exactitud: sus \u00edtems son perfectamente homog\u00e9neos \u2014todos son naciones\u2014, pero su orden es ca\u00f3tico. No es el contenido lo que se desjerarquiza, sino la secuencia.<\/p>\n<h2>3. El p\u00f3rtico: tipolog\u00eda de las series del pr\u00f3logo<\/h2>\n<p>El pr\u00f3logo de El Hilo Hispanoamericano ocupa cuatro p\u00e1ginas (pp. 13-16) y no contiene un solo enunciado descriptivo sobre el contenido del libro. No dice de qu\u00e9 pa\u00edses trata, ni en qu\u00e9 orden, ni con qu\u00e9 criterio fueron elegidos: toda esa informaci\u00f3n se encuentra en la Introducci\u00f3n (p. 7) y en la nota \u00abC\u00f3mo leer y escuchar este libro\u00bb (p. 11), es decir, en las piezas en prosa. El pr\u00f3logo hace otra cosa. Se abre con una f\u00f3rmula de acci\u00f3n \u2014\u00abAbrimos el telar.\u00bb\u2014 que instaura un presente y una primera persona del plural, y a partir de ah\u00ed procede exclusivamente por series. Cuatro tipos de serie, distinguibles por su r\u00e9gimen sint\u00e1ctico y por su funci\u00f3n, se alternan a lo largo de las cuatro p\u00e1ginas.<\/p>\n<p>El primer tipo es la serie de sujetos, en la que el verbo se antepone y los t\u00e9rminos enumerados ocupan la posici\u00f3n de sujeto m\u00faltiple. Su ocurrencia inaugural establece el patr\u00f3n:<\/p>\n<blockquote><p>\u00abEste libro es un r\u00edo atado<br \/>\na su propia corriente:<br \/>\nhablan las ceibas y los tepuyes,<br \/>\nla pampa que silba horizontes,<br \/>\nlos volcanes que hierven paciencia,<br \/>\nel desierto que escribe con luz.\u00bb<\/p><\/blockquote>\n<p>La operaci\u00f3n es doble. Por un lado, una enumeratio en sentido estricto: los cuatro miembros son partes de un todo previamente enunciado \u2014el libro-r\u00edo\u2014, de modo que la serie confirma una unidad ya establecida en lugar de construirla. Por otro, una personificaci\u00f3n sistem\u00e1tica que atribuye a los accidentes geogr\u00e1ficos verbos de conducta humana: hablar, silbar, hervir, escribir. El efecto conjunto no es descriptivo sino jur\u00eddico, si cabe el t\u00e9rmino: la serie otorga a la geograf\u00eda la condici\u00f3n de sujeto hablante, y con ello establece de antemano que el libro no hablar\u00e1 sobre Hispanoam\u00e9rica sino que la dejar\u00e1 hablar. Es exactamente lo que la Introducci\u00f3n declara en prosa \u2014\u00abCada naci\u00f3n constituye una hebra con identidad propia; el conjunto forma una trama donde conviven diferencias, afinidades y contradicciones.\u00bb\u2014, pero ejecutado en lugar de anunciado. La diferencia entre ambos procedimientos es la diferencia entre el marco que comenta y el marco que act\u00faa.<\/p>\n<p>Inmediatamente antes de esta serie, el pr\u00f3logo ha establecido su r\u00e9gimen de escucha mediante un tricolon anaf\u00f3rico de subordinadas: \u00abA o\u00edr c\u00f3mo respiran las monta\u00f1as, c\u00f3mo conversa el ma\u00edz con la lluvia, c\u00f3mo las ciudades desatan sus nudos de ne\u00f3n.\u00bb Tres miembros encabezados por \u00abc\u00f3mo\u00bb, de extensi\u00f3n creciente \u2014siete, ocho y trece s\u00edlabas en el c\u00f3mputo de la serie\u2014, que constituyen una gradatio de amplificaci\u00f3n por longitud, no por intensidad sem\u00e1ntica. El procedimiento es sobrio y su efecto, acumulativo: cada miembro dura algo m\u00e1s que el anterior, de modo que la serie parece abrirse en lugar de cerrarse. Precede a estos versos la declaraci\u00f3n program\u00e1tica m\u00e1s expl\u00edcita del libro, formulada tambi\u00e9n como par contrastivo: \u00abNo venimos a dictar sentencia.\u00bb \/ \u00abVenimos a escuchar.\u00bb La estructura es un isocolon negativo-afirmativo perfecto \u2014mismo verbo, misma persona, oposici\u00f3n de complementos\u2014, y funciona como bisagra: cierra la posibilidad del juicio y abre la de la enumeraci\u00f3n. Quien juzga, ordena y jerarquiza; quien escucha, enumera.<\/p>\n<p>El segundo tipo es la serie prof\u00e9tica, articulada por la an\u00e1fora de \u00abHabr\u00e1\u00bb y proyectada al futuro. Es aqu\u00ed donde el pr\u00f3logo se aproxima m\u00e1s al modelo let\u00e1nico:<\/p>\n<blockquote><p>\u00abHabr\u00e1 espadas, claustros, virreinatos,<br \/>\nbarcos que trajeron hambre y pan,\u00bb<br \/>\n\u00abHabr\u00e1 rep\u00fablicas reci\u00e9n nacidas<br \/>\naprendiendo a caminar entre caudillos;\u00bb<br \/>\n\u00abhabr\u00e1 manos que reparten la tierra y otras que la cercan;\u00bb<\/p><\/blockquote>\n<p>La an\u00e1fora se repite cuatro veces en la p\u00e1gina, con alternancia de may\u00fascula y min\u00fascula que indica que el hablante no distingue entre iniciar una serie y continuarla: el elemento fijo es lo \u00fanico que importa. El contenido enumerado es hist\u00f3rico \u2014conquista, orden colonial, independencia, caudillismo, reparto y cercamiento de la tierra\u2014 y presenta una particularidad sint\u00e1ctica reveladora: dentro del primer miembro, \u00abespadas, claustros, virreinatos\u00bb forma un as\u00edndeton de tres t\u00e9rminos que abrevian tres siglos de historia en tres sustantivos sin nexo. La condensaci\u00f3n es extrema y deliberada. Un verso m\u00e1s adelante, el mismo procedimiento se aplica a la independencia mediante una aposici\u00f3n bimembre \u2014\u00abel grito\u2014a veces campana, a veces volc\u00e1n\u00bb\u2014 que sustituye la explicaci\u00f3n causal por la oscilaci\u00f3n entre dos im\u00e1genes. La serie prof\u00e9tica no narra la historia: la enumera, y la enumeraci\u00f3n funciona aqu\u00ed como una declaraci\u00f3n de m\u00e9todo. Lo anuncia el propio pr\u00f3logo con una f\u00f3rmula que merece leerse como advertencia al lector: \u00abNo seremos museo de fechas, pero habr\u00e1 fechas que arden.\u00bb<\/p>\n<p>El tercer tipo es la serie en segunda persona, encabezada por futuros de percepci\u00f3n: \u00abEscuchar\u00e1s los metales: plata en la mina, cobre en la entra\u00f1a,\u00bb, \u00abVer\u00e1s banderas que se doblan y se abren, plebiscitos como panes calientes, constituciones como puentes de vidrio.\u00bb, \u00abOir\u00e1s marimbas, quenas, charangos,\u00bb. El cambio de persona es funcionalmente decisivo. Las series de sujetos y las prof\u00e9ticas se enuncian desde un nosotros que incluye al autor y a la editorial; las de segunda persona interpelan al lector y le asignan una tarea. Si se acepta el desplazamiento enunciativo que S\u00e8ve (2010) y Rabatel (2011) proponen para el an\u00e1lisis de las listas \u2014preguntar qui\u00e9n enumera antes que qu\u00e9 se enumera\u2014, el pr\u00f3logo revela aqu\u00ed su arquitectura completa: un nosotros que abre el telar, una geograf\u00eda que habla, un t\u00fa que escucha y ver\u00e1. Las tres instancias se establecen en cuatro p\u00e1ginas y no vuelven a alterarse en todo el libro.<\/p>\n<p>El cuarto tipo es la serie de cat\u00e1logo sensorial de campo, y es el que arroja el hallazgo formal m\u00e1s preciso de este an\u00e1lisis. Tres series mayores organizan el tramo central del pr\u00f3logo, cada una consagrada a un dominio: las lenguas, los alimentos y las m\u00fasicas. Las tres tienen exactamente seis versos. La primera:<\/p>\n<blockquote><p>\u00abespa\u00f1ol con heridas y milagros,<br \/>\nn\u00e1huatl que nombra la flor en la piedra,<br \/>\nquechua y aymara como cuerda de altura,<br \/>\nguaran\u00ed que dice casa con sombra l\u00edquida<br \/>\nmapudungun que late bajo la araucaria,<br \/>\nta\u00edno que recuerda islas en las conchas.\u00bb<br \/>\nLa segunda:<br \/>\n\u00abHay pan que se comparte en la plaza,<br \/>\nmate que empuja palabras,<br \/>\npupusas redondas como lunas dom\u00e9sticas,<br \/>\ncaf\u00e9 que madruga en los Andes,<br \/>\ncacao que endulza la memoria,<br \/>\ny un ceviche que cura mediod\u00edas de sal.\u00bb<br \/>\nLa tercera:<br \/>\n\u00abOir\u00e1s marimbas, quenas, charangos,<br \/>\nbandoneones que arreglan la lluvia,<br \/>\njoropos que galopan sabanas,<br \/>\ncandombes que afinan febrero,<br \/>\nsones que doblan esquinas,<br \/>\ny una bachata que enciende ventanas.\u00bb<\/p><\/blockquote>\n<p>La coincidencia en el n\u00famero de versos es exacta y no se produce en ninguna otra parte del p\u00f3rtico. Lo que hace significativo el dato es que las tres series difieren en todo lo dem\u00e1s. Difieren en el n\u00famero de \u00edtems: la de las lenguas aloja siete \u2014espa\u00f1ol, n\u00e1huatl, quechua, aymara, guaran\u00ed, mapudungun y ta\u00edno\u2014, porque el tercer verso comprime dos lenguas andinas en un solo miembro; la de los alimentos aloja seis, en correspondencia biun\u00edvoca con los versos; la de las m\u00fasicas aloja ocho, porque su primer verso acumula tres instrumentos en as\u00edndeton. Y difieren en la medida sil\u00e1bica: el c\u00f3mputo de la serie de los alimentos arroja versos de diez, ocho, trece, nueve, diez y catorce s\u00edlabas, de modo que no existe isometr\u00eda alguna. Lo que se repite, en consecuencia, no es la extensi\u00f3n de los versos ni la cantidad de materia enumerada, sino el molde: seis miembros, ni uno m\u00e1s ni uno menos, sea cual sea la carga que deban sostener.<\/p>\n<p>La interpretaci\u00f3n de este hecho debe ser prudente y, a la vez, no debe rebajarse. No estamos ante una isometr\u00eda, que ser\u00eda un hecho m\u00e9trico, sino ante un isocolon num\u00e9rico de serie, que es un hecho sint\u00e1ctico y compositivo: la igualdad se establece en el plano de los miembros, no en el de las s\u00edlabas. Lausberg (1966-1969) reserva el t\u00e9rmino isocolon para la igualdad de miembros sint\u00e1cticos, y es en ese sentido estricto \u2014no en el de la simetr\u00eda sil\u00e1bica\u2014 como resulta aplicable aqu\u00ed. Su funci\u00f3n parece clara. Las tres series son el momento en que el pr\u00f3logo pasa de la historia a la cultura, de lo que ocurri\u00f3 a lo que qued\u00f3, y el molde fijo act\u00faa como garant\u00eda de que los tres dominios reciben id\u00e9ntico tratamiento: ninguna lengua pesa m\u00e1s que un alimento, ninguna m\u00fasica menos que una lengua. La igualdad formal es una igualdad declarada. Que el libro admita cargas distintas dentro del mismo molde \u2014seis, siete y ocho \u00edtems\u2014 indica adem\u00e1s que la equivalencia se establece entre los campos, no entre los elementos: lo que se equipara es hablar, comer y cantar, no una lengua con un plato.<\/p>\n<p>El p\u00f3rtico se cierra con dos operaciones que anticipan formalmente el ep\u00edlogo. La primera es un tricolon negativo de simetr\u00eda casi perfecta: \u00abPrometemos s\u00f3lo esto: no borrar para decir, no poseer para nombrar, no idealizar para amar.\u00bb Los tres miembros comparten estructura id\u00e9ntica \u2014negaci\u00f3n, infinitivo, preposici\u00f3n final, infinitivo\u2014 y medidas de ocho, nueve y nueve s\u00edlabas, de modo que aqu\u00ed s\u00ed la igualdad sint\u00e1ctica se acompa\u00f1a de una cuasi-isometr\u00eda. Es la \u00fanica promesa expl\u00edcita del libro y est\u00e1 formulada como lista de renuncias, no de compromisos: el poema se define por lo que no har\u00e1. La segunda operaci\u00f3n es la f\u00f3rmula de apertura del espect\u00e1culo: \u00abPasen.\u00bb, \u00abTomen asiento en la orilla.\u00bb, \u00abEl telar ya vibra:\u00bb, y finalmente \u00abQue empiece la costura de los pa\u00edses.\u00bb El imperativo teatral instala al lector en la posici\u00f3n de p\u00fablico y anuncia un desfile. Ciento treinta y cinco p\u00e1ginas despu\u00e9s, en el ep\u00edlogo, ese desfile tendr\u00e1 lugar.<\/p>\n<h2>4. Del vers\u00edculo a la palabra suelta: el Interludio VII como umbral<\/h2>\n<p>Entre el p\u00f3rtico let\u00e1nico y el cat\u00e1logo del ep\u00edlogo, el libro intercala una pieza breve que funciona como transici\u00f3n formal entre ambos reg\u00edmenes y que, por su posici\u00f3n y su brevedad, suele pasar inadvertida. El Interludio VII, titulado \u00abLas voces se encuentran\u00bb (p. 149), es el \u00faltimo de los siete interludios y el \u00fanico que no separa dos bloques geogr\u00e1ficos: aparece despu\u00e9s del cierre de Chile, cuando ya no queda territorio que recorrer, y precede inmediatamente al ep\u00edlogo. Su lugar en la arquitectura del volumen es, por tanto, el de un umbral.<\/p>\n<p>Su primera mitad es una serie anaf\u00f3rica que se deshace ante los ojos del lector:<br \/>\n\u00abDespu\u00e9s de los volcanes.<br \/>\nDespu\u00e9s de los desiertos.<br \/>\nDespu\u00e9s de las selvas,<br \/>\nlas islas,<br \/>\nlas cordilleras<br \/>\ny los r\u00edos.\u00bb<\/p>\n<p>El procedimiento merece atenci\u00f3n detenida. Los dos primeros miembros repiten \u00edntegra la f\u00f3rmula anaf\u00f3rica \u2014\u00abDespu\u00e9s de los\u00bb\u2014 y se cierran con punto, de modo que cada uno constituye una unidad aut\u00f3noma. El tercero repite la f\u00f3rmula, pero cambia el punto por coma; y a partir de ah\u00ed la an\u00e1fora desaparece y la serie contin\u00faa por pura yuxtaposici\u00f3n nominal \u2014\u00ablas islas, las cordilleras\u00bb\u2014 hasta cerrarse con un polis\u00edndeton m\u00ednimo, \u00aby los r\u00edos\u00bb, que es la marca convencional de fin de lista. En seis versos, el poema ha recorrido el trayecto completo desde la letan\u00eda plena, con su elemento fijo repetido, hasta la enumeraci\u00f3n desnuda, sin m\u00e1s nexo que la coma. Y el mecanismo es visible: el elemento anaf\u00f3rico se abandona en cuanto ha creado la expectativa suficiente para que la serie se sostenga sin \u00e9l.<\/p>\n<p>La segunda mitad del interludio ejecuta la contracci\u00f3n inversa y llega hasta el l\u00edmite:<br \/>\n\u00abQueda la voz.<br \/>\nNo una sola.<br \/>\nMuchas.<br \/>\nDiferentes.\u00bb<\/p>\n<p>Aqu\u00ed la enumeraci\u00f3n se ha reducido a su unidad m\u00ednima: una palabra por verso, sin sintaxis que las coordine, sin verbo que las gobierne. Es la lista en su grado cero, la que Goody (1977) describir\u00eda como el punto en que el enunciado abandona la sintaxis del habla y adopta la disposici\u00f3n gr\u00e1fica de la columna. Cada t\u00e9rmino es a la vez \u00edtem y verso; cada punto, un cierre. El poema ha desmontado la maquinaria enumerativa hasta dejar sus piezas a la vista.<\/p>\n<p>La funci\u00f3n de este movimiento en la econom\u00eda del libro es estructural, y por eso importa. El Interludio VII muestra, en veintitantos versos, que las dos gram\u00e1ticas enumerativas del volumen \u2014la let\u00e1nica del pr\u00f3logo y la catalogal del ep\u00edlogo\u2014 no son sistemas ajenos, sino dos posiciones extremas de un mismo continuo, y que se puede transitar de una a otra sin ruptura. La letan\u00eda, al perder su elemento fijo, se convierte en lista; la lista, al reducirse a nombres sueltos, se convierte en inventario. Sin este umbral, el paso del p\u00f3rtico al ep\u00edlogo parecer\u00eda un cambio de registro; con \u00e9l, se revela como el t\u00e9rmino de un proceso.<\/p>\n<p>El interludio se cierra, adem\u00e1s, con la formulaci\u00f3n conceptual m\u00e1s n\u00edtida de la tesis del libro: \u00abque la historia tambi\u00e9n puede ser una forma de parentesco.\u00bb El enunciado es importante para nuestro argumento porque define la relaci\u00f3n que el cat\u00e1logo del ep\u00edlogo va a establecer entre las naciones. Un cat\u00e1logo puede ordenar por proximidad geogr\u00e1fica, por importancia, por antig\u00fcedad o por cualquier otro criterio externo. El que sigue ordenar\u00e1 por parentesco, y el parentesco \u2014a diferencia de la geograf\u00eda\u2014 no tiene una secuencia natural. La afirmaci\u00f3n del interludio es, le\u00edda retrospectivamente, la licencia que el ep\u00edlogo necesitar\u00e1 para desordenar su lista final.<\/p>\n<h2>5. El ep\u00edlogo: el desfile de las naciones y su gram\u00e1tica<\/h2>\n<p>El ep\u00edlogo, titulado \u00abHispanoam\u00e9rica &#8211; una promesa com\u00fan\u00bb (pp. 151-154), abandona el r\u00e9gimen let\u00e1nico del p\u00f3rtico y adopta el catalogal. El cambio se anuncia en los tres primeros versos, que establecen a la vez el lugar, el sujeto y el criterio de admisi\u00f3n:<\/p>\n<blockquote><p>\u00abNos convoca una mesa larga,<br \/>\ndonde la sal es la misma s\u00edlaba,<br \/>\ny el pan se parte en castellano.\u00bb<\/p><\/blockquote>\n<p>La imagen de la mesa larga no es decorativa. Fija el marco enunciativo de todo lo que sigue: hay un espacio delimitado, un n\u00famero finito de comensales y un criterio de pertenencia expl\u00edcito \u2014la lengua compartida\u2014 que decide qui\u00e9n se sienta. A partir de aqu\u00ed el poema no puede ya enumerar indefinidamente, como hac\u00eda el pr\u00f3logo; debe recorrer un conjunto cerrado. Es el paso de la congeries a la distributio, y el poema lo ejecuta de inmediato con una f\u00f3rmula de protocolo: \u00abM\u00e9xico entra primero:\u00bb.<\/p>\n<p>La gram\u00e1tica del desfile es notablemente regular y admite una descripci\u00f3n formal. Cada naci\u00f3n ocupa entre uno y cuatro versos y se compone de tres elementos: el top\u00f3nimo en posici\u00f3n inicial de verso, un verbo de movimiento o de donaci\u00f3n, y un atributo doble en el que se combinan casi siempre un elemento material y otro inmaterial. Guatemala \u00abtrae jade y memoria\u00bb: mineral y facultad. Cuba \u00abllega con tambor y tabaco, melancol\u00eda que no se rinde\u00bb: dos objetos y un estado de \u00e1nimo. Chile \u00abtrae cobre y terremotos, un mar que reclama, un pueblo que se abraza\u00bb: metal, cat\u00e1strofe, mar y comunidad. La regla del par \u2014lo tangible y lo intangible, lo que se exporta y lo que se recuerda\u2014 gobierna pr\u00e1cticamente todas las entradas y constituye la unidad de composici\u00f3n del cat\u00e1logo.<\/p>\n<p>El repertorio verbal merece un examen aparte, porque en \u00e9l se cifra buena parte del sentido del pasaje. Los verbos del desfile son entrar, traer, mirar, ofrecer, abrir y cerrar, llegar, ense\u00f1ar, bajar, extender, marcar, subir y alzar. Trece verbos para dieciocho entradas: solo traer y llegar se repiten, y lo hacen a considerable distancia, de modo que la variaci\u00f3n l\u00e9xica es alta y sistem\u00e1tica. M\u00e1s significativo a\u00fan es que la mayor\u00eda pertenece al campo del movimiento vertical y que su distribuci\u00f3n reproduce el relieve del continente. Colombia \u00abbaja con flores amarillas, cumbia que cura y persiste;\u00bb; Per\u00fa \u00absube desde el quechua, pan reci\u00e9n hecho entre monta\u00f1as.\u00bb; Bolivia \u00abalza su wiphala brillante, litio y altiplano, cosmovisi\u00f3n que insiste.\u00bb Bajar, subir, alzar: el cat\u00e1logo no se limita a nombrar los pa\u00edses andinos, sino que ejecuta sint\u00e1cticamente su altitud. Es el mismo procedimiento que en el pr\u00f3logo hac\u00eda hablar a las ceibas, trasladado ahora del campo de la personificaci\u00f3n al de la orograf\u00eda.<\/p>\n<p>Tres naciones quedan fuera de este patr\u00f3n y reciben en su lugar una aposici\u00f3n entre guiones. Nicaragua: \u00abNicaragua -poes\u00eda y volc\u00e1n- mira el futuro con ojos de lago.\u00bb Rep\u00fablica Dominicana: \u00abRep\u00fablica Dominicana -merengue y hurac\u00e1n- ense\u00f1a a reforzar la risa.\u00bb Uruguay: \u00abUruguay -perfil sereno- carnaval que piensa, palabra cumplida.\u00bb El inciso funciona como una divisa o mote her\u00e1ldico \u2014dos sustantivos que definen al pa\u00eds antes de que act\u00fae\u2014, y su aparici\u00f3n no es aleatoria: en los tres casos la aposici\u00f3n condensa una tensi\u00f3n interna, poes\u00eda frente a volc\u00e1n, merengue frente a hurac\u00e1n, serenidad frente a carnaval. All\u00ed donde el pa\u00eds se deja resumir por un par de opuestos, el poema prescinde del verbo y conf\u00eda en el mote. Es una variante de accumulatio insertada dentro de la distributio general, y evita que el desfile se convierta en una f\u00f3rmula \u00fanica repetida dieciocho veces.<\/p>\n<p>Corresponde ahora examinar el orden del desfile, que este trabajo ha contrastado con el orden estructural del libro. El volumen dispone sus diecinueve secciones nacionales en una secuencia geogr\u00e1fica estricta, dividida por interludios: M\u00e9xico; despu\u00e9s Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panam\u00e1; tras el Interludio I, Cuba, Puerto Rico y Rep\u00fablica Dominicana; tras el Interludio II, Venezuela, Colombia y Ecuador; tras el Interludio III, Per\u00fa y Bolivia; tras el Interludio IV, Paraguay, Uruguay y Argentina; y tras el Interludio V, Chile, que cierra el recorrido en el extremo austral. Ese mismo orden se repite, sin una sola alteraci\u00f3n, en el ciclo de canciones que ocupa las p\u00e1ginas 159 a 193 y que el libro titula \u00abHomenaje musical a las 19 naciones de Hispanoam\u00e9rica\u00bb: all\u00ed las diecinueve piezas se agrupan en seis partes y siguen exactamente la secuencia de los poemas, incluida la posici\u00f3n de Puerto Rico entre Cuba y Rep\u00fablica Dominicana. El libro dispone, por tanto, de dos enumeraciones completas y coincidentes de las diecinueve naciones.<\/p>\n<p>El desfile del ep\u00edlogo se aparta de esa secuencia en cuatro puntos precisos, y solo en cuatro. Primero, transpone Honduras y El Salvador, que en el libro aparecen en orden inverso. Segundo, omite a Puerto Rico, cuesti\u00f3n a la que se dedica el apartado siguiente. Tercero, transpone Colombia y Venezuela, alterando tambi\u00e9n aqu\u00ed la secuencia establecida. Y cuarto, el m\u00e1s importante: adelanta a Chile, que en el libro ocupa la \u00faltima posici\u00f3n, y lo sit\u00faa inmediatamente despu\u00e9s de Bolivia, de modo que el desfile alcanza el extremo sur del continente antes de tiempo y debe despu\u00e9s volver sobre sus pasos para recoger el R\u00edo de la Plata. Ese retroceso se ejecuta adem\u00e1s en orden exactamente inverso al del libro: donde el volumen dispone Paraguay, Uruguay y Argentina, el desfile enumera Argentina, Uruguay y Paraguay.<\/p>\n<p>La consecuencia formal de esta \u00faltima alteraci\u00f3n es que el cat\u00e1logo del ep\u00edlogo deja de ser un recorrido y se convierte en un movimiento de ida y vuelta. Baja por Mesoam\u00e9rica, cruza el Caribe, desciende los Andes hasta Chile \u2014\u00abun mar que reclama, un pueblo que se abraza\u00bb\u2014 y desde all\u00ed remonta hacia el interior, terminando en Paraguay, pa\u00eds sin costa y, en el orden del libro, el primero del Cono Sur. La figura que describe no es una l\u00ednea sino un lazo. Y su punto de retorno es significativo: el desfile no termina donde termina el continente, sino donde el poema decide que termina la familia. Si el Interludio VII hab\u00eda definido la historia como \u00abuna forma de parentesco\u00bb, el desfile ordena por parentesco y no por mapa, y el parentesco admite volver sobre los pasos.<\/p>\n<p>Conviene se\u00f1alar, por \u00faltimo, un fen\u00f3meno de desgaste gramatical al final de la serie que el apartado octavo retomar\u00e1 con intenci\u00f3n cr\u00edtica. Las dos \u00faltimas entradas del desfile pierden el verbo. Uruguay recibe aposici\u00f3n pero no acci\u00f3n; Paraguay ni siquiera aposici\u00f3n entre guiones, sino una simple coma seguida de tres sintagmas nominales yuxtapuestos: \u00abParaguay, dos lenguas en la misma boca, trabajo callado, r\u00edo que se demora.\u00bb La gram\u00e1tica que hab\u00eda sostenido diecis\u00e9is entradas se agota en las dos \u00faltimas y se resuelve en enumeraci\u00f3n pura. El cat\u00e1logo termina, literalmente, qued\u00e1ndose sin sintaxis. Tras \u00e9l, el poema ensancha el foco y abandona los nombres propios para enumerar lo com\u00fan \u2014\u00abTambi\u00e9n compartimos sombras: la injusticia vestida de traje, la corrupci\u00f3n pol\u00edglota, el miedo que llama a medianoche.\u00bb\u2014, en una serie que ya no distribuye entre naciones sino que acumula sobre todas ellas.<\/p>\n<h2>6. La fractura: la lista final y \u00abque nadie falte en la cuenta\u00bb<\/h2>\n<p>El desfile ha admitido a dieciocho naciones. El libro tiene diecinueve. La discrepancia no es una errata ni un descuido, y su explicaci\u00f3n est\u00e1 en la Introducci\u00f3n, ciento cuarenta p\u00e1ginas antes: \u00abLos poemas recorren diecinueve pueblos y naciones del espacio hispanoamericano: dieciocho Estados soberanos y Puerto Rico, cuya identidad hist\u00f3rica y cultural ocupa un lugar propio dentro del mundo hisp\u00e1nico.\u00bb El propio libro establece, pues, la asimetr\u00eda del conjunto y la nombra con exactitud jur\u00eddica. Dieciocho de sus miembros son Estados soberanos; el decimonoveno no lo es.<\/p>\n<p>El desfile del ep\u00edlogo respeta esa distinci\u00f3n con un rigor que solo se advierte al contarlo. La mesa larga a la que las naciones acuden y por la que entran \u00abprimero\u00bb, \u00abdespu\u00e9s\u00bb, por turno y con atributo, es un espacio de protocolo, y el protocolo internacional admite Estados. Puerto Rico, que tiene su secci\u00f3n de poemas en el cuerpo del libro (con el mismo formato que todos los dem\u00e1s: puerta de entrada hist\u00f3rica y poema) y su canci\u00f3n en el homenaje musical, no desfila. La omisi\u00f3n es coherente con el criterio, y precisamente por serlo resulta problem\u00e1tica: el libro ha construido durante doscientas p\u00e1ginas una igualdad entre las diecinueve hebras del telar \u2014\u00abNing\u00fan hilo basta por s\u00ed solo.\u00bb\u2014, y en el momento de la ceremonia final aplica un criterio que excluye a una de ellas.<\/p>\n<p>Lo decisivo, y lo que convierte este pasaje en el centro del libro desde el punto de vista de la ret\u00f3rica de la lista, es que el poema advierte el problema y lo repara. No corrige el desfile: lo deja como est\u00e1. Lo que hace es a\u00f1adir, cincuenta versos despu\u00e9s, una segunda enumeraci\u00f3n de naturaleza completamente distinta:<\/p>\n<blockquote><p>\u00ab\u2014Colombia, M\u00e9xico, Venezuela, Ecuador, Bolivia,<br \/>\nCosta Rica, Panam\u00e1, Nicaragua, El Salvador, Honduras,<br \/>\nPuerto Rico, Guatemala, Per\u00fa, Paraguay, Chile, Uruguay,<br \/>\nCuba, Dominicana, Argentina\u2014<br \/>\nque nadie falte en la cuenta<br \/>\nlevantan juntos su s\u00edlaba m\u00e1s antigua.\u00bb<\/p><\/blockquote>\n<p>Diecinueve nombres. Puerto Rico ocupa la und\u00e9cima posici\u00f3n, en el centro exacto de la serie, entre Honduras y Guatemala. No hay atributos, no hay verbos de entrada, no hay pares de lo material y lo inmaterial: solo top\u00f3nimos separados por comas y encerrados entre dos rayas que a\u00edslan tipogr\u00e1ficamente el bloque del resto del poema. Es una lista en el sentido m\u00e1s estricto y m\u00e1s antiguo del t\u00e9rmino, el que Goody (1977) vinculaba a la escritura administrativa: nombres en serie, susceptibles de ser contados.<\/p>\n<p>Y va acompa\u00f1ada de una f\u00f3rmula que declara su funci\u00f3n sin ambages: \u00abque nadie falte en la cuenta\u00bb. El sintagma es notable por su registro. \u00abCuenta\u00bb pertenece al l\u00e9xico del recuento, no al de la poes\u00eda; la expresi\u00f3n completa es la que se emplea al pasar lista, al revisar un inventario o al comprobar que no falta nadie en un grupo antes de partir. El poema, en su momento culminante, adopta el vocabulario del censo. La observaci\u00f3n de Goody sobre la lista como tecnolog\u00eda de verificaci\u00f3n encuentra aqu\u00ed una confirmaci\u00f3n casi literal: la \u00fanica manera de asegurar que est\u00e1n todos es escribirlos y contarlos.<\/p>\n<p>El orden de esta lista final es el problema interpretativo que el pasaje plantea, y conviene exponer las comprobaciones realizadas antes de proponer una lectura. No es el orden geogr\u00e1fico del libro, que empieza por M\u00e9xico y termina por Chile. No es el orden del desfile que acaba de terminar, que empieza tambi\u00e9n por M\u00e9xico. No es el orden del ciclo de canciones, id\u00e9ntico al del libro. No es alfab\u00e9tico. No es demogr\u00e1fico: M\u00e9xico, el pa\u00eds m\u00e1s poblado, ocupa el segundo lugar, y Colombia, que abre la serie, el tercero. No responde a la contig\u00fcidad territorial: la serie salta de Bolivia a Costa Rica y de Honduras a Puerto Rico. Tampoco es una restricci\u00f3n m\u00e9trica: los cuatro versos que la contienen miden diecis\u00e9is, dieciocho, diecinueve y once s\u00edlabas, de modo que no hay isometr\u00eda que obligue a distribuir los nombres de un modo determinado. Hay agrupaciones parciales \u2014el segundo verso re\u00fane cinco pa\u00edses centroamericanos, el cuarto dos antillanos\u2014, pero ninguna se sostiene: Guatemala, centroamericana, aparece en el tercer verso, y Cuba y Dominicana comparten el cuarto con Argentina.<\/p>\n<p>La conclusi\u00f3n que se impone es que el orden de la lista final no responde a criterio externo alguno, y que esa ausencia de criterio es su rasgo pertinente. Es, en la terminolog\u00eda de este trabajo, el \u00fanico lugar de El Hilo Hispanoamericano donde se produce una enumeraci\u00f3n ca\u00f3tica en sentido pr\u00f3ximo al de Spitzer (1945), aunque en una variante que su formulaci\u00f3n original no contemplaba. En Spitzer, el caos afecta al contenido: se yuxtaponen realidades de \u00f3rdenes incompatibles y de esa heterogeneidad nace el efecto de mundo inabarcable. Aqu\u00ed el contenido es rigurosamente homog\u00e9neo \u2014diecinueve entidades de la misma clase\u2014, y lo que se desordena es la secuencia. Podr\u00eda llamarse enumeraci\u00f3n ca\u00f3tica de inventario: la lista conserva la exhaustividad del cat\u00e1logo y pierde su sintaxis ordenadora.<\/p>\n<p>El efecto de sentido de esa p\u00e9rdida es preciso y merece enunciarse con cuidado. Todo orden es una jerarqu\u00eda encubierta: quien enumera primero, privilegia. El desfile, al ordenar geogr\u00e1ficamente y por rango estatal, hab\u00eda establecido dos jerarqu\u00edas, una de recorrido y otra de soberan\u00eda, y con la segunda hab\u00eda dejado fuera a Puerto Rico. La lista final anula ambas. Al renunciar al orden, ning\u00fan nombre ocupa una posici\u00f3n significativa y todos quedan equiparados por la mera contig\u00fcidad; y al renunciar al criterio de soberan\u00eda, recupera al miembro excluido y lo coloca, adem\u00e1s, en el centro num\u00e9rico de la serie. La f\u00f3rmula \u00abque nadie falte en la cuenta\u00bb no es, en consecuencia, un adorno enf\u00e1tico: es la enunciaci\u00f3n del principio que gobierna la lista y que la distingue del desfile.<\/p>\n<p>Esta lectura permite entender por qu\u00e9 la fractura no es un defecto de composici\u00f3n sino el hallazgo formal del libro. El cat\u00e1logo ordenado y el inventario desordenado hacen cosas distintas y ninguna de las dos puede hacer la otra. El cat\u00e1logo produce reconocimiento: cada naci\u00f3n entra con su atributo y es identificable. El inventario produce totalidad: nadie falta, pero nadie es nada en particular. El poema necesita ambas y no puede tenerlas a la vez, de modo que las pone en sucesi\u00f3n y deja que la segunda corrija a la primera. La nota del autor lo hab\u00eda anticipado, en prosa y con franqueza, en la p\u00e1gina nueve: \u00abToda s\u00edntesis es incompleta. Habr\u00e1 ausencias, simplificaciones inevitables y matices que podr\u00edan desarrollarse m\u00e1s ampliamente.\u00bb Es una formulaci\u00f3n moderna del t\u00f3pico de lo indecible que Curtius (1955) document\u00f3 en la tradici\u00f3n latina medieval, con la diferencia de que aqu\u00ed la insuficiencia no se alega para excusar el silencio, sino para justificar la lista. Donde la ret\u00f3rica antigua se resolv\u00eda con la f\u00f3rmula de que no bastar\u00edan cien lenguas para nombrarlos, el ep\u00edlogo de El Hilo Hispanoamericano los nombra a todos y a\u00f1ade, por si acaso, que nadie falte en la cuenta.<\/p>\n<h2>7. Filiaciones: cat\u00e1logo \u00e9pico y letan\u00eda<\/h2>\n<p>El procedimiento que acabamos de describir no es una invenci\u00f3n de este libro, y situarlo en su tradici\u00f3n permite medir con m\u00e1s exactitud lo que tiene de propio. Dos filiaciones lo explican: la del cat\u00e1logo \u00e9pico y la de la letan\u00eda. El libro reconoce expresamente la segunda; la primera opera sin declararse.<\/p>\n<p>El cat\u00e1logo \u00e9pico tiene su modelo fundacional en el Cat\u00e1logo de las Naves del canto II de la Il\u00edada, la larga enumeraci\u00f3n de contingentes, capitanes y ciudades que suspende la acci\u00f3n durante casi trescientos versos. La cr\u00edtica ha establecido que su funci\u00f3n no es narrativa sino censal: fija la composici\u00f3n del ej\u00e9rcito aqueo y, con ella, la del mundo griego que la epopeya presupone. Bocchetti (2006) ha estudiado su relaci\u00f3n con los Himnos Hom\u00e9ricos y el modo en que el cat\u00e1logo organiza un espacio ritual; Gonz\u00e1lez Garc\u00eda (1997) lo ha le\u00eddo como estructura de mito y parentesco, mostrando que la lista de contingentes es tambi\u00e9n una lista de linajes; y Unanua Garmendia (2003) ha abordado el problema del c\u00e1lculo, es decir, la cuesti\u00f3n de si las cifras del cat\u00e1logo cuadran, que es exactamente la pregunta que una lista invita a hacerse. Los tres enfoques resultan pertinentes aqu\u00ed. El desfile del ep\u00edlogo es un cat\u00e1logo de contingentes \u2014cada naci\u00f3n con su atributo, como cada capit\u00e1n con sus naves\u2014; opera por parentesco, seg\u00fan la definici\u00f3n que el propio libro adelanta en el Interludio VII; y provoca de inmediato la pregunta del recuento, que en este caso arroja dieciocho donde deber\u00eda haber diecinueve.<\/p>\n<p>La observaci\u00f3n de Eco (2009) sobre la oposici\u00f3n entre el escudo de Aquiles y el cat\u00e1logo de las naves ilumina la elecci\u00f3n compositiva del libro. El escudo es forma cerrada: un objeto que representa el mundo entero mediante la descripci\u00f3n. El cat\u00e1logo es forma abierta: una lista que renuncia a describir porque el todo excede la capacidad de la representaci\u00f3n. El Hilo Hispanoamericano dispone de ambas posibilidades y las usa en momentos distintos. La met\u00e1fora del telar, que recorre el volumen entero y que la nota sobre el glosario formula con precisi\u00f3n \u2014\u00abcada palabra es un hilo; cada cultura, un color; y el conjunto forma el gran telar hispanoamericano.\u00bb\u2014, es un escudo de Aquiles: un objeto \u00fanico que contiene el todo. El desfile del ep\u00edlogo es un cat\u00e1logo de las naves. Que el libro se titule por el telar y termine por la lista indica cu\u00e1l de las dos formas considera finalmente practicable.<\/p>\n<p>La segunda filiaci\u00f3n es la letan\u00eda, y aqu\u00ed el libro se sit\u00faa en una tradici\u00f3n hisp\u00e1nica bien documentada. Spitzer (1945) hab\u00eda vinculado ya la enumeraci\u00f3n moderna a la vis m\u00e1gica de la letan\u00eda, esto es, a la creencia de que la repetici\u00f3n de nombres produce la presencia de lo nombrado. Rovira (2016) ha mostrado, al estudiar la &#8220;Letan\u00eda de Nuestro Se\u00f1or Don Quijote&#8221; de Rub\u00e9n Dar\u00edo, que la forma lit\u00fargica admite una secularizaci\u00f3n completa sin perder eficacia: las invocaciones siguen convocando aunque el destinatario haya cambiado de naturaleza. Prieto de Paula (2002), al analizar &#8220;Espiral&#8221; de F\u00e9lix Grande como letan\u00eda de estirpe nerudiana, documenta el momento en que esa modalidad se asocia en la poes\u00eda hisp\u00e1nica a la voz continental y al recorrido hist\u00f3rico, que son precisamente las dos coordenadas de este libro.<\/p>\n<p>La referencia a Neruda no es aqu\u00ed una conjetura del cr\u00edtico: el libro la declara. El poema dedicado a Chile lleva una dedicatoria expl\u00edcita \u2014\u00abA Pablo Neruda, que cant\u00f3 a Am\u00e9rica con voz de continente y al amor con voz de hombre.\u00bb\u2014 y la sit\u00faa adem\u00e1s en el pa\u00eds que cierra el recorrido, de modo que el homenaje ocupa una posici\u00f3n estructuralmente marcada. Rumeau (2025) ha analizado la tensi\u00f3n entre localismo e internacionalismo en la \u00e9pica americana de Neruda, y esa tensi\u00f3n es exactamente la que organiza el ep\u00edlogo de El Hilo Hispanoamericano: cada naci\u00f3n con su atributo local, todas convocadas a una mesa com\u00fan. La filiaci\u00f3n es de m\u00e9todo, no solo de tema. El Canto general procede por enumeraci\u00f3n de accidentes geogr\u00e1ficos, de pueblos, de minerales y de nombres propios, y es en esa tradici\u00f3n donde debe situarse la serie de las lenguas del pr\u00f3logo o la enumeraci\u00f3n de pueblos originarios que abre el poema de Chile.<\/p>\n<p>La tercera filiaci\u00f3n, menos evidente pero pertinente, es la whitmaniana, que llega a la poes\u00eda hisp\u00e1nica por mediaci\u00f3n de Dar\u00edo y de Neruda. Mason (1973) estableci\u00f3 la funci\u00f3n ret\u00f3rica de los cat\u00e1logos de &#8220;Song of Myself&#8221; como medio para articular dos trayectos simult\u00e1neos; Warren (1987) analiz\u00f3 la ret\u00f3rica catalogal de &#8220;The Sleepers&#8221; atendiendo al modo en que la lista produce sentido por acumulaci\u00f3n y no por selecci\u00f3n; y Brickey (2020) ha examinado el funcionamiento de la primera persona del plural en Whitman, cuesti\u00f3n directamente aplicable al ep\u00edlogo que nos ocupa, cuyo sujeto enunciador es un nosotros que convoca \u2014\u00abNos convoca una mesa larga,\u00bb\u2014 y que se disuelve en la comunidad que enumera. La conexi\u00f3n no exige postular una lectura directa: el cat\u00e1logo democr\u00e1tico, aquel en que enumerar equivale a reconocer, es un procedimiento disponible en la tradici\u00f3n desde hace siglo y medio.<\/p>\n<p>Conviene, por \u00faltimo, se\u00f1alar las filiaciones que este libro no tiene, porque delimitarlas evita atribuirle un parentesco que no le corresponde. La enumeraci\u00f3n borgiana, estudiada por Giraud (2013) en su vertiente ca\u00f3tica y por Rodr\u00edguez-Mansilla (2015) en su deuda quevediana a prop\u00f3sito de &#8220;El Aleph&#8221;, opera por v\u00e9rtigo: acumula lo incompatible hasta producir la sensaci\u00f3n de que el lenguaje ha desbordado su capacidad. Nada de eso ocurre aqu\u00ed. Las series de El Hilo Hispanoamericano son legibles, homog\u00e9neas y de longitud controlada; su ambici\u00f3n no es desbordar al lector sino incluirlo. Johnson (2012), al describir una po\u00e9tica renacentista de la enumeraci\u00f3n que denomina &#8220;n+2&#8221;, mostr\u00f3 que el aditamento de un miembro m\u00e1s all\u00e1 de lo esperado es un recurso de amplificaci\u00f3n con historia propia; el libro que estudiamos no lo emplea. Su lista final no a\u00f1ade un miembro de m\u00e1s: a\u00f1ade el que faltaba.<\/p>\n<h2>8. Cu\u00e1ndo la enumeraci\u00f3n produce totalidad y cu\u00e1ndo produce fatiga<\/h2>\n<p>Una descripci\u00f3n que no eval\u00fae el rendimiento del procedimiento quedar\u00eda incompleta, y la enumeraci\u00f3n es un recurso especialmente expuesto al desgaste. Su fuerza y su debilidad tienen el mismo origen: la serie promete que cada nuevo miembro a\u00f1adir\u00e1 algo, y esa promesa es progresivamente m\u00e1s dif\u00edcil de cumplir. Corresponde por tanto preguntarse d\u00f3nde funciona en El Hilo Hispanoamericano y d\u00f3nde no.<\/p>\n<p>Funciona, con nitidez, en las series de campo sem\u00e1ntico del pr\u00f3logo. Su eficacia procede de tres factores medibles. El primero es la brevedad: seis versos son suficientes para establecer un dominio y demasiado pocos para agotar la atenci\u00f3n. El segundo es la especificidad de los atributos: la serie de los alimentos no enumera alimentos, sino alimentos con un gesto \u2014\u00abpupusas redondas como lunas dom\u00e9sticas\u00bb\u2014 de modo que cada miembro aporta una imagen y no solo un nombre. El tercero es la variaci\u00f3n sint\u00e1ctica interna: los seis versos de la serie de las m\u00fasicas alternan el as\u00edndeton acumulativo del primero con las oraciones de relativo de los siguientes, lo que impide que la serie se perciba como repetici\u00f3n. Donde estos tres factores concurren, la enumeraci\u00f3n produce el efecto que busca: un mundo compartido, reconocible y suficientemente denso.<\/p>\n<p>Funciona tambi\u00e9n, aunque de manera distinta, en las listas de grado cero de los interludios. El Interludio VI reduce el continente a tres sustantivos aislados \u2014\u00abCordillera.\u00bb, \u00abOc\u00e9ano.\u00bb, \u00abSilencio.\u00bb\u2014 y consigue con esa desnudez un efecto que ninguna descripci\u00f3n extensa habr\u00eda obtenido. La raz\u00f3n es que la lista m\u00ednima explota la propiedad que Goody (1977) atribu\u00eda a la forma gr\u00e1fica: al aislar cada t\u00e9rmino, obliga a considerarlo por separado. Tres palabras en tres versos ocupan m\u00e1s tiempo de lectura que tres palabras en un verso, y ese tiempo es el efecto.<\/p>\n<p>Funciona peor, en cambio, en los tramos finales del desfile del ep\u00edlogo, y el diagn\u00f3stico puede formularse con precisi\u00f3n porque el propio texto lo evidencia. Dieciocho entradas construidas sobre la misma regla \u2014top\u00f3nimo, verbo, par de atributos\u2014 someten al lector a una expectativa que se cumple demasiadas veces seguidas. El libro es consciente del riesgo y lo combate con dos mecanismos: la variaci\u00f3n del repertorio verbal, que evita la repetici\u00f3n l\u00e9xica, y las tres aposiciones entre guiones, que rompen el molde en momentos separados de la serie. Ambos son eficaces hasta cierto punto. Pero las dos \u00faltimas entradas, Uruguay y Paraguay, pierden el verbo y se resuelven en yuxtaposici\u00f3n nominal, y esa p\u00e9rdida no parece un recurso deliberado de cierre sino un agotamiento del patr\u00f3n: la sintaxis que sosten\u00eda el cat\u00e1logo se disuelve justo cuando deber\u00eda culminar. El resultado es que las dos naciones finales reciben un tratamiento formalmente inferior al de las diecis\u00e9is anteriores, sin que nada en el poema justifique la diferencia.<\/p>\n<p>Un segundo punto de fatiga afecta a la regla de composici\u00f3n misma. El par formado por un elemento material y otro inmaterial \u2014jade y memoria, machete y guitarra, cobre y terremotos, bandone\u00f3n y mate\u2014 es una f\u00f3rmula excelente en sus primeras apariciones y previsible a partir de la octava. Su previsibilidad tiene adem\u00e1s una consecuencia de fondo que excede lo formal: al asignar a cada pa\u00eds exactamente dos rasgos, el cat\u00e1logo convierte la identidad nacional en una divisa, y la divisa es una forma de simplificaci\u00f3n. El libro lo sabe y lo declara en la nota del autor, donde admite \u00absimplificaciones inevitables\u00bb; el reconocimiento es honesto, pero no anula el efecto. Un lector hispanoamericano puede reconocerse en el par que le corresponde o puede no reconocerse en absoluto, y el cat\u00e1logo no ofrece margen para la segunda reacci\u00f3n.<\/p>\n<p>El tercer punto es de saturaci\u00f3n general. El procedimiento enumerativo no se limita al marco: gobierna tambi\u00e9n los poemas nacionales. El de Chile enumera pueblos originarios \u2014aimaras, lickanantay, diaguitas, mapuches\u2014, luego instrumentos y elementos, luego etapas hist\u00f3ricas, en una sucesi\u00f3n de series que ocupa la casi totalidad de la pieza. Cuando el mismo recurso organiza el pr\u00f3logo, los diecinueve poemas, los siete interludios y el ep\u00edlogo, deja de percibirse como elecci\u00f3n y empieza a percibirse como sistema, y un sistema no admite excepciones expresivas: no hay contraste posible cuando todo procede del mismo modo. Es probablemente el l\u00edmite estructural de la propuesta, y no tiene soluci\u00f3n interna dentro del proyecto tal como est\u00e1 concebido, porque la enumeraci\u00f3n no es aqu\u00ed un ornamento sino la forma misma en que el libro entiende su objeto.<\/p>\n<p>Frente a estos l\u00edmites debe reconocerse, en el otro platillo de la balanza, que el libro acierta en el punto donde el fracaso habr\u00eda sido m\u00e1s costoso. Un cat\u00e1logo de naciones que hubiera terminado en el desfile habr\u00eda dejado su asimetr\u00eda sin resolver y habr\u00eda entregado al lector un inventario con una ausencia. La lista final desordenada corrige esa asimetr\u00eda sin negarla y sin explicarla, que es la \u00fanica manera de corregirla en verso. La soluci\u00f3n no es un remiendo: es el argumento del libro convertido en forma.<\/p>\n<h2>9. Conclusiones<\/h2>\n<p>Este trabajo ha examinado el pr\u00f3logo y el ep\u00edlogo de El Hilo Hispanoamericano: urdimbre de un telar humano partiendo de una hip\u00f3tesis que el an\u00e1lisis ha confirmado: que ambas piezas no enmarcan el libro con un discurso sobre \u00e9l, sino que lo ensayan en miniatura mediante la enumeraci\u00f3n. Las conclusiones pueden ordenarse en cinco puntos.<\/p>\n<p>El primero es de descripci\u00f3n formal. El pr\u00f3logo y el ep\u00edlogo operan con dos gram\u00e1ticas enumerativas distintas y consecutivas. La del pr\u00f3logo es let\u00e1nica y abierta: procede por congeries anaf\u00f3ricas de campo sem\u00e1ntico homog\u00e9neo \u2014&#8221;Habr\u00e1&#8221;, &#8220;Hablan&#8221;, &#8220;Oir\u00e1s&#8221;\u2014, no presupone un conjunto delimitado y podr\u00eda continuar indefinidamente sin cambiar de naturaleza. La del ep\u00edlogo es catalogal y cerrada: procede por distributio sobre un conjunto finito, asigna a cada miembro una posici\u00f3n y un atributo, y no puede continuar sin romperse. El deslinde terminol\u00f3gico del apartado segundo permite adem\u00e1s precisar una cuesti\u00f3n que la cr\u00edtica suele resolver por inercia: las series del pr\u00f3logo no son enumeraciones ca\u00f3ticas en el sentido de Spitzer (1945), porque su contenido es homog\u00e9neo y su orden, tem\u00e1tico. Aplicarles esa etiqueta ser\u00eda adoptar un t\u00e9rmino por su prestigio y no por su definici\u00f3n.<\/p>\n<p>El segundo es un hallazgo de composici\u00f3n. Las tres series mayores del pr\u00f3logo \u2014lenguas, alimentos y m\u00fasicas\u2014 tienen exactamente seis versos cada una, y difieren en todo lo dem\u00e1s: alojan siete, seis y ocho \u00edtems respectivamente, y sus versos no son isom\u00e9tricos. Lo que se repite es el molde y no la carga, de modo que la igualdad se establece en el plano de los miembros sint\u00e1cticos \u2014isocolon en el sentido estricto de Lausberg (1966-1969)\u2014 y no en el m\u00e9trico. Su funci\u00f3n es declarativa: garantiza que los tres dominios de la cultura compartida reciben id\u00e9ntico tratamiento formal, y que lo que se equipara son los campos \u2014hablar, comer, cantar\u2014 y no los elementos individuales.<\/p>\n<p>El tercero es un hallazgo de estructura. El desfile del ep\u00edlogo admite dieciocho naciones, no diecinueve: Puerto Rico no desfila. La omisi\u00f3n es coherente con el criterio que la propia Introducci\u00f3n del libro establece \u2014\u00abdieciocho Estados soberanos y Puerto Rico\u00bb\u2014 y responde a la l\u00f3gica de protocolo que la imagen de la mesa larga instaura. El orden del desfile, adem\u00e1s, se aparta del orden estructural del libro en cuatro puntos verificables: transpone Honduras y El Salvador, omite a Puerto Rico, transpone Colombia y Venezuela, y adelanta a Chile desde la \u00faltima posici\u00f3n hasta el centro de la serie, con lo que obliga al recorrido a volver sobre sus pasos hacia el R\u00edo de la Plata, que enumera adem\u00e1s en orden exactamente inverso al del volumen. El cat\u00e1logo deja as\u00ed de ser un trayecto y se convierte en un lazo, y su punto de retorno indica que ordena por parentesco y no por mapa, seg\u00fan la definici\u00f3n que el Interludio VII hab\u00eda adelantado.<\/p>\n<p>El cuarto punto es el central y da sentido a los anteriores. Tras el desfile, el poema a\u00f1ade una lista de las diecinueve naciones cuyo orden no responde a ning\u00fan criterio identificable: ni geogr\u00e1fico, ni alfab\u00e9tico, ni demogr\u00e1fico, ni el del libro, ni el del ciclo de canciones que reproduce la secuencia del volumen, ni el del desfile que acaba de concluir, ni una restricci\u00f3n m\u00e9trica, pues sus cuatro versos miden diecis\u00e9is, dieciocho, diecinueve y once s\u00edlabas. Es el \u00fanico lugar del libro donde se produce algo que merece el nombre de enumeraci\u00f3n ca\u00f3tica, en una variante que conviene nombrar con precisi\u00f3n: sus \u00edtems son homog\u00e9neos y lo que se desordena es la secuencia. La f\u00f3rmula que la acompa\u00f1a, \u00abque nadie falte en la cuenta\u00bb, declara su funci\u00f3n con vocabulario de recuento y no de poes\u00eda, y confirma la observaci\u00f3n de Goody (1977) sobre la lista como tecnolog\u00eda de verificaci\u00f3n. El efecto es doble y solidario: al renunciar al orden, la lista anula la jerarqu\u00eda que todo orden encubre; al renunciar al criterio de soberan\u00eda, recupera al miembro excluido y lo sit\u00faa en la posici\u00f3n central de la serie. La fractura no es un descuido, sino el lugar donde el cat\u00e1logo confiesa que la totalidad que promete solo se alcanza renunciando al orden que la hac\u00eda legible.<\/p>\n<p>El quinto punto es de valoraci\u00f3n. El procedimiento rinde de manera desigual, y este trabajo ha intentado medirlo sin complacencia. Rinde en las series breves del pr\u00f3logo, donde la brevedad, la especificidad de los atributos y la variaci\u00f3n sint\u00e1ctica interna concurren; rinde en las listas de grado cero de los interludios, donde el aislamiento gr\u00e1fico de cada t\u00e9rmino produce por s\u00ed solo el efecto; y se desgasta en los tramos finales del desfile, cuyas dos \u00faltimas entradas pierden el verbo y se resuelven en yuxtaposici\u00f3n, y en la f\u00f3rmula del par de atributos, que se vuelve previsible y convierte la identidad nacional en divisa. A ello se a\u00f1ade un l\u00edmite estructural que no admite soluci\u00f3n interna: cuando la enumeraci\u00f3n organiza el marco, los diecinueve poemas, los siete interludios y el cierre, deja de percibirse como elecci\u00f3n y pasa a percibirse como sistema, y un sistema no permite el contraste del que vive cualquier recurso expresivo.<\/p>\n<p>La aportaci\u00f3n de este an\u00e1lisis puede formularse, para terminar, en t\u00e9rminos que exceden el caso particular. La cr\u00edtica tiende a leer los umbrales de un poemario como declaraciones de intenciones y a buscar en ellos la clave del libro en forma de enunciado. El Hilo Hispanoamericano muestra que un marco puede no enunciar nada y, sin embargo, decirlo todo, siempre que ejecute en su propia forma la operaci\u00f3n que el libro va a realizar. Aqu\u00ed esa operaci\u00f3n es la enumeraci\u00f3n, y las dos gram\u00e1ticas del p\u00f3rtico y del cierre \u2014la que invoca sin cerrar y la que inventar\u00eda cerrando\u2014 agotan entre ambas las posibilidades del recurso. Lo que el libro a\u00f1ade a la tradici\u00f3n del cat\u00e1logo \u00e9pico y de la letan\u00eda hisp\u00e1nica no es un procedimiento nuevo, sino una consecuencia que la tradici\u00f3n hab\u00eda dejado sin extraer: que cuando la lista debe elegir entre estar ordenada y estar completa, un poema puede optar por la segunda y dejar constancia expresa de la elecci\u00f3n. La constancia, en este caso, cabe en cinco palabras: que nadie falte en la cuenta.<\/p>\n<h2>Bibliograf\u00eda<\/h2>\n<p>Belknap, R. E. (2004). The list: The uses and pleasures of cataloguing. Yale University Press. ISBN 0-300-10383-2.<\/p>\n<p>Bocchetti, C. (2006). El Cat\u00e1logo de las Naves y los Himnos Hom\u00e9ricos. 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