Francisco Muñoz MartínFrancisco Muñoz Martín
EL HILO AZUL. EUROPA EN VERSOEL HILO AZUL
GRUPO EDITORIAL PÉREZ-AYALAEditorial Poesía eres tú

FRANCISCO MUÑOZ-MARTÍN

Hay personas que pasan media vida escuchando y la otra media cantando. Francisco Muñoz-Martín pertenece a esa estirpe singular de profesionales que, tras décadas de auscultar el alma humana en el silencio del consultorio, descubren que las palabras no solo sanan en la intimidad del diván: también pueden tejer comunidades cuando se elevan en verso.

Nacido a mediados del siglo XX, Muñoz-Martín construyó su prestigio como psicólogo clínico y social, psicoanalista de reconocida trayectoria que dedicó más de cinco décadas a comprender las complejidades de la mente infantil, adolescente y adulta. Autor de más de una docena de libros especializados traducidos a seis lenguas —entre ellos Su Majestad el niño, La mente escindida y Narcisismo, fanatismo e ideales del Yo—, su nombre circuló durante años en círculos académicos y clínicos como el de un estudioso riguroso de las profundidades psíquicas.

Pero algo sucedió en el ocaso de su carrera profesional. Quizá fue el cansancio acumulado de escuchar tantos silencios elocuentes. Quizá la convicción de que España, como algunos de sus pacientes, necesitaba no tanto un diagnóstico como un canto que la ayudara a reconocerse. El caso es que Muñoz-Martín cambió el lenguaje clínico por el lírico, las teorías freudianas por las metáforas sensoriales, y emprendió una segunda vida como poeta.

Su debut poético llegó en 2025 con El Hilo Azul, publicado por la Editorial Poesía eres tú. Pero fue El Hilo Ibérico: Tapiz de Culturas, ese mismo año, el que reveló la verdadera dimensión de su proyecto: no se trataba de un psicólogo jubilado que escribía versos como pasatiempo, sino de un constructor de puentes que había encontrado en la poesía el lenguaje perfecto para tender viaductos entre identidades fragmentadas.

El libro es tan ambicioso como su autor: un recorrido lírico por las diecisiete comunidades autónomas y dos ciudades autónomas de España, con traducciones completas al catalán, euskera y gallego, y musicalizaciones de cada poema accesibles mediante códigos QR. Nada menos. Como si Muñoz-Martín hubiera decidido que, si iba a cantar, lo haría en todas las lenguas y con todas las voces posibles.

Su formación como psicólogo impregna cada verso. Cuando retrata a Aragón como región que “no se arrodilla” o a Galicia como tierra que “duda”, no está haciendo geografía descriptiva sino caracterología poética. Cada comunidad autónoma recibe el mismo tratamiento empático que un paciente en terapia: escucha profunda, reconocimiento de su singularidad, validación de su experiencia, integración en un relato más amplio que le dé sentido sin anularla.

Esta mirada clínica, lejos de enfriar el verso, lo dota de una compasión infrecuente en la poesía contemporánea. Muñoz-Martín no juzga, no jerarquiza, no impone: escucha. Y esa escucha atenta se traduce en poemas donde Andalucía huele a albahaca, Asturias murmura en niebla, La Rioja saborea a lágrima de uva fermentada, y Euskadi respira como oxígeno en el bosque.

Pero sería un error reducirlo a un poeta descriptivo. Hay en El Hilo Ibérico una tesis política nítida: España puede concebirse como federación de culturas donde la diversidad constituye fortaleza, no debilidad. Esta convicción, expresada con una transparencia que algunos considerarán refrescante y otros ingenua, sitúa al autor en el centro de debates candentes sobre el modelo territorial español.

Muñoz-Martín escribe desde una posición ideológica clara —federalismo cultural, respeto lingüístico, rechazo de uniformidades— pero sin estridencias. No hay en su poesía el tono combativo de la poesía social de posguerra ni la ironía desencantada de la posmodernidad. Hay, en cambio, algo casi anacrónico en estos tiempos cínicos: esperanza. La convicción de que las palabras bien dichas pueden contribuir a imaginar futuros compartidos.

Como músico autodidacta, compuso personalmente las melodías que acompañan cada poema, integrando guitarra española y arreglos que buscan evocar el carácter de cada región. Esta faceta de compositor añade una dimensión performativa a su proyecto: el poemario no es solo libro sino experiencia sensorial completa. Se lee, se escucha, se canta. Como si Muñoz-Martín quisiera devolver a la poesía su dimensión oral comunitaria, aquella que tuvo antes de convertirse en género para lectura silenciosa en bibliotecas.

A sus más de setenta años, Francisco Muñoz-Martín representa una figura atípica en el panorama literario español: un autor que llega a la poesía desde la madurez vital y profesional, no como refugio intimista sino como herramienta de construcción colectiva. Un científico de la mente que descubrió que el verso puede ser bisturí y aguja de coser simultáneamente: corta prejuicios y teje comunidades.

Vive en El Escorial, ese enclave histórico donde Felipe II construyó un monasterio-palacio que sintetizaba la unidad imperial española bajo una sola corona y una sola fe. Desde allí, cuatro siglos después, Muñoz-Martín propone exactamente lo contrario: una España plural bajo múltiples coronas culturales y múltiples lenguas en pie de igualdad. La ironía geográfica no se le escapa.

Quienes lo conocen destacan su capacidad de escucha —herencia del consultorio— y su optimismo militante, esa convicción de que es posible construir acuerdos donde otros solo ven trincheras. Hay en él algo de artesano paciente que sabe que los tapices no se tejen en un día, que cada hilo requiere su tiempo y su lugar preciso.

Su apuesta literaria es arriesgada: en tiempos de fragmentación posmoderna, propone totalidad; en tiempos de ironía, ofrece sinceridad; en tiempos de hermetismo vanguardista, practica claridad comunicativa. Todo esto podría condenarlo a la marginalidad crítica o, por el contrario, convertirlo en voz necesaria para audiencias hartas de oscuridades.

El Hilo Ibérico será probablemente recordado menos como obra maestra de la lírica contemporánea que como documento cultural significativo de un momento histórico preciso: aquellos años veinte del siglo XXI cuando España seguía preguntándose qué significaba ser española sin dejar de ser gallega, vasca, catalana o andaluza. Y Muñoz-Martín será recordado como el psicólogo-poeta que intentó responder con metáforas sensoriales, anáforas rítmicas y códigos QR musicalizados.

Su legado no se medirá en premios literarios sino en algo más difícil de cuantificar: cuántos lectores, tras leer su poema regional, sintieron por primera vez que su identidad local era reconocida sin exigirle renunciar a identidades más amplias. Cuántos encontraron en sus versos palabras para nombrar pertenencias múltiples que antes parecían contradictorias.

Francisco Muñoz-Martín es, en última instancia, un constructor de hospitalidad lingüística. Sus poemas son casas abiertas donde cada lector puede entrar sin dejar sus lenguas, sus memorias, sus paisajes en el umbral. Y eso, en tiempos de muros y exclusiones, constituye un acto revolucionario disfrazado de canto.

 

 

 

Francisco Muñoz-Martín. Escritor, poeta. Compartir en X