Pérez-Ayala, Javier. «Monografía académica — la naturaleza como espacio político: montaña, desierto y mar en el poemario la muerte siempre nos deja con algo por hacer de fernando barbero carrasco (ediciones rilke, 2026)». LA MUERTE SIEMPRE NOS DEJA CON ALGO POR HACER. 1.ª ed. Spain: Zenodo, 21 de febrero de 2026. https://doi.org/10.5281/zenodo.18725836
LA NATURALEZA COMO ESPACIO POLÍTICO: MONTAÑA, DESIERTO Y MAR EN LA MUERTE SIEMPRE NOS DEJA CON ALGO POR HACER
Monografía académica
- Introducción
La muerte siempre nos deja con algo por hacer (Ediciones Rilke, 2026), de Fernando Barbero Carrasco (Vallecas, 1949), se articula como un poemario de aliento autobiográfico y compromiso político en el que la naturaleza no cumple una función meramente ornamental o paisajística, sino que opera como un sistema de espacios cargados de significado ideológico. Tres grandes territorios naturales vertebran el libro: la sierra madrileña y guadalajareña, el desierto saharaui de los campamentos de Tindouf y el mar Mediterráneo. Cada uno de estos espacios aparece construido en oposición implícita o explícita al espacio urbano y al orden capitalista que lo rige. El presente trabajo analiza la función ideológica de esos tres territorios, su genealogía en la tradición poética española de compromiso social y la relación que el autor establece entre la figura del montañero y la del militante libertario.
El poemario presenta una arquitectura tripartita señalada desde la cubierta: una primera sección denominada “De epidermis para adentro”, de carácter introspectivo y autobiográfico; una segunda, “De tomar el morral y salir”, de vocación viajera y política; y una tercera, “De pillar el piolet y mirar hacia la cumbre”, consagrada explícitamente al mundo de la montaña y la escalada. Esta disposición estructural no es casual, sino que traza un itinerario que va desde el interior del yo hacia el exterior del mundo y desde la introspección hacia la acción colectiva. Los espacios naturales se van desplegando a lo largo de ese itinerario como etapas de una geografía moral en la que la naturaleza es siempre también política.
- Marco teórico: espacio literario, producción del espacio y ecocrítica política
El análisis de los espacios naturales en el poemario de Barbero requiere la convergencia de tres tradiciones críticas. La primera de ellas es la fenomenología del espacio de Gaston Bachelard, quien en La poética del espacio (1957) sostiene que los grandes espacios naturales —la colina, el bosque, el mar— son habitados imaginativamente por el ser humano de una manera que precede y condiciona toda representación racional. Para Bachelard, el espacio vivido es siempre un espacio ensoñado: la montaña no es solo un accidente geográfico, sino un lugar en el que el ser humano proyecta sus aspiraciones de elevación, libertad y trascendencia. Esta dimensión imaginaria está muy presente en Barbero, donde la cumbre funciona como horizonte existencial y como metáfora de la utopía política.
La segunda tradición es la teoría social del espacio de Henri Lefebvre, desarrollada en La production de l’espace (1974). Para Lefebvre, el espacio no es un contenedor neutro de los fenómenos sociales, sino una producción activa de relaciones de poder. Todo espacio es un espacio practicado, un conjunto de representaciones y de prácticas que reproducen o impugnan el orden dominante. Desde esta perspectiva, los espacios naturales del poemario de Barbero son espacios heterotópicos: lugares que el sujeto sustrae a la lógica del mercado y del Estado para habitarlos según una ética alternativa de libertad, solidaridad y pertenencia colectiva. La montaña, el desierto y el mar son, en términos lefebvrianos, espacios de representación que se oponen a los espacios de la representación capitalista: la ciudad, el barrio-dormitorio, el espacio de consumo.
La tercera tradición es la ecocrítica política, tal y como la sintetiza Greg Garrard en Ecocriticism (2004). Garrard distingue entre una ecocrítica conservadora, que tiende a romantizar la naturaleza como refugio apolítico, y una ecocrítica política, que examina cómo las representaciones de la naturaleza están atravesadas por ideologías de clase, género y etnia. La poesía de Barbero pertenece claramente a esta segunda corriente: sus espacios naturales nunca son paraísos vírgenes ajenos a la historia, sino que están marcados por el hambre, el exilio, la represión franquista y la colonización capitalista. El desierto saharaui es a un tiempo paisaje sublime y campo de refugiados; la sierra guadalajareña es a un tiempo espacio de libertad y escenario del despoblamiento causado por el capitalismo rural.
- La montaña serrana: libertad, comunidad y genealogía libertaria
3.1. La sierra como espacio inaugural
El poema “La Sierra Norte Guadalajareña (invierno 1974)” constituye el texto fundacional de la relación entre el sujeto poético y el espacio montañoso. La datación del título ubica la experiencia en el período de la resistencia antifranquista, lo que otorga a la sierra una dimensión política desde el primer verso. El poema se abre con una entrada en el espacio que tiene el carácter de un umbral iniciático:
Entro en un valle de altos árboles
La oscuridad de sus casas
y el resol que reflejan me deslumbran
Una emoción desconocida me sube
Una montaña nueva para mí
que ahora es mi casa, mi mundo
me mira desde su aparente inaccesibilidad
Su cumbre se adivina entre la niebla
El verbo “entrar” marca una frontera entre el espacio exterior —la ciudad, la dictadura, la cotidianidad opresiva— y el espacio interior de la montaña, que es redefinido inmediatamente como “mi casa, mi mundo”. La montaña devuelve la mirada (“me mira”), lo que convierte el encuentro en un reconocimiento mutuo: el sujeto no domina el paisaje, sino que es interpelado por él. Esta reciprocidad es esencial en la ética ecocrítica del texto, que rechaza cualquier postura extractiva o instrumental respecto a la naturaleza.
Sin embargo, la sierra no es un espacio edénico intacto. El poeta se enfrenta inmediatamente al vaciamiento demográfico causado por el hambre de la posguerra:
Los pueblos se encuentran
en el más aterrador abandono
Las iglesias están en ruinas
Una bomba más poderosa que la atómica
ha desalojado urgentemente a los pobladores,
se llama hambre y aprieta cuerpos y espíritus
La imagen de “una bomba más poderosa que la atómica” que “se llama hambre” es una de las más potentes del poemario, pues revela que la naturaleza serrana no puede pensarse sin la historia política que la ha vaciado. El abandono de los pueblos serranos no es un proceso natural, sino el resultado de un capitalismo agrario y de una dictadura que expulsó a los trabajadores del campo hacia las ciudades. La sierra muestra las cicatrices del orden que el sujeto poético resiste. La pérdida de los saberes tradicionales —”el raro conocimiento de hacer casas negras, / el heredado oficio de cuidar abejas y extraer miel”— es también una pérdida cultural irreversible que el poeta registra con un duelo específicamente político.
3.2. La sección tercera y el excursionismo libertario
La tercera sección del poemario, titulada “De pillar el piolet y mirar hacia la cumbre”, se abre con una serie de epígrafes que articulan una filosofía de la montaña: “Regresad vivos, regresad como amigos, llegad a la cumbre. Por este orden” (Roger Baxter-Jones); “No conquistamos las montañas, sino a nosotros mismos” (Edmund Hillary); “Las montañas son catedrales donde practico mi religión” (Anatoli Boukreev); “No estás en las montañas; las montañas están en ti” (John Muir). La selección de estas voces no es arbitraria: todas ellas comparten una ética de la horizontalidad —la primacía de la vida humana sobre el objetivo, la integración del sujeto en el espacio natural— que es coherente con el ideario libertario del autor. La montaña, en esta tradición, no es un adversario que conquistar —rechazo explícito de Hillary— sino un espacio que el sujeto habita y que lo habita a él.
El poema central de esta sección es “Un espacio de tiempo”, dedicado a los “vagabundos de la montaña”. El texto fusiona explícitamente la práctica de la escalada con la militancia política:
Hubo un tiempo, un corto espacio de tiempo
en el que mi única preocupación
era la calidad de la roca a escalar
No me importaba dónde dormir
o qué comer, la montaña era mi vida
La montaña y los compañeros
Con ellos hacía la revolución
Íbamos a concentraciones, manis y marchas
con el convencimiento de que esta vez, sí
La estructura del poema pone en un mismo plano ontológico “la calidad de la roca a escalar” y la participación en “concentraciones, manis y marchas”: ambas actividades son expresiones de un mismo estilo de vida alternativo al consumismo y a la sumisión política. El grupo de escaladores es a la vez una comunidad afectiva, un equipo deportivo y una célula de resistencia política. Esta superposición está en la raíz del excursionismo libertario español, una práctica de larga tradición que vinculaba el amor por la naturaleza con el asociacionismo obrero y el anticlericalismo.
El poema cierra con una declaración que condensa la filosofía espacial del libro:
La revolución quedó primero aplazada
Luego postergada y más tarde suspendida
Pero no todo fue derrota
Nos queda el ejercicio de la libertad total
La montaña y la amistad
La contraposición entre la revolución “suspendida” y el ejercicio de “la libertad total” que representan “la montaña y la amistad” no es una renuncia política, sino la afirmación de que existen espacios donde el poder capitalista y estatal no puede penetrar. La montaña es el último reducto de una libertad que no necesita de instituciones ni de papeletas electorales.
3.3. El poema “Dos días de viento” y la temporalidad de la sierra
El poema “Dos días de viento” ofrece una fenomenología detallada del espacio serrano en la que el yo poético se disuelve en la observación del paisaje. La temporalidad que rige el texto es la del ciclo natural —la lluvia, el viento norte, la primavera que retrocede hacia el invierno—, y no la temporalidad lineal y productivista del capitalismo. El poema concluye con una imagen de escucha absoluta:
Mañana nos despertará el silencio absoluto
con una sensación emparentada con la ausencia
Desde la cama desearemos el rumor del agua
o el estruendo de otros mundos del trueno
pero las aves, asombradas de tanta belleza, callarán
El silencio de las aves “asombradas de tanta belleza” es una forma de sublime que sustituye al ruido de la ciudad. La sierra es el espacio donde el tiempo no se gasta, sino que se vive. Esta temporalidad alternativa es, en sí misma, un gesto de resistencia contra la lógica de la productividad capitalista.
- El desierto saharaui: resistencia, exilio y memoria colectiva
4.1. Tindouf como espacio político
Si la sierra es el espacio de la libertad individual y colectiva recuperada, el desierto saharaui es el espacio de la resistencia ante la ocupación y el exilio forzado. El poema “Tindouf campamentos de refugiados de El Sáhara” es el más explícitamente político del poemario y funciona como el eje del compromiso geopolítico del autor. El texto comienza con la definición del espacio:
Tindouf es una ciudad argelina en El Sáhara
En sus inmediaciones miles de personas
han aplazado sus vidas y sus pensamientos
Todo está pendiente del inmediato regreso
De la vuelta al mundo que no conocen,
al sitio marítimo del que proceden
La expresión “han aplazado sus vidas y sus pensamientos” es de una precisión demoledora: el exilio no es solo un desplazamiento geográfico, sino una suspensión temporal de la existencia. Los campamentos son un tiempo congelado, una vida en pausa. El dato de que los refugiados proceden de “un sitio marítimo” —la costa atlántica saharaui— y han sido arrojados al interior del desierto más inhóspito añade una crueldad adicional al desplazamiento: se ha separado a un pueblo del mar.
El poema nombra los campamentos con sus nombres propios —”Smara, Dajla, El Aaiún, Bojador y Auserd”— y describe el espacio físico con una precisión que es a la vez geográfica y política:
Se trata de un espacio arenoso
Y suspendido en el tiempo
lleno de casas de frágil adobe
Es el desierto más inhóspito y duro
La hamada pedregosa e improductiva
Un lugar de muerte luminosa
El simún y el siroco nos traen
ecos de una palabra en hasanía:
Hurria —independencia—
La palabra “Hurria” —independencia— llegada por el viento del desierto es uno de los momentos de mayor densidad poética e ideológica del libro. El viento no trae solo arena, sino una palabra en la lengua de los oprimidos. La naturaleza se convierte en vehículo de un mensaje político que ningún muro puede detener, y ese muro aparece en los versos siguientes: “Los de enfrente han construido / un muro —otro más— de casi 3000 kilómetros / Hay miles de minas a lo largo de él”. La interjeción “otro más” resume toda una historia universal de los muros levantados por los poderosos para contener a los pueblos.
4.2. La hospitalidad del desierto y el poema “¿Un té?”
El poema “¿Un té?” ofrece una perspectiva radicalmente distinta del desierto: no el espacio de la represión política, sino el espacio de una hospitalidad que contrasta con la indiferencia del mundo occidental:
Esa es la pregunta: ¿un té?
Me sonríe y me ofrece un vaso
Como quien ofrece su vida
Me mira
y quiere conocer mis emociones
y estas me saltan a los ojos
Y ella ríe, satisfecha
El gesto mínimo de ofrecer un té se convierte aquí en un acto de reconocimiento y hospitalidad incondicional. “Como quien ofrece su vida” es una hipérbole que lleva implícita una crítica: quien no tiene nada da todo. La hospitalidad del desierto —la jaima, el té, la mirada— es una forma de resistencia simbólica ante la miseria material, y también una forma de humanidad que el capitalismo ha erosionado en las sociedades opulentas.
4.3. El desierto almeriense como espacio fronterizo
El poema “Correr y oler / Un verano en Mojácar” introduce el desierto almeriense como un tercer espacio fronterizo que conecta la sierra con el mar. El sujeto poético corre desde el Mediterráneo hacia el interior, atravesando un paisaje que mezcla aromas mediterráneos —”tomillo, cantueso y espliego”— con presencias africanas —”Las hogueras silvestres agitan / sus aromas penetrantes y africanos”— para regresar finalmente al mar:
Al girar para comenzar la bajada, el regreso
El Mediterráneo se me ofrece
como una líquida alfombra
que me lleva hasta la presentida África
El movimiento físico del corredor traza una geografía política: el desierto almeriense no es solo un paisaje local, sino un punto de conexión entre Europa y África, entre el mundo opulento y el mundo empobrecido. El adjetivo “presentida” aplicado a África subraya que el Mediterráneo no es una frontera definitiva, sino un horizonte permeable. Esta permeabilidad es moralmente necesaria en un libro que ha contemplado el exilio de los saharauis.
- El mar Mediterráneo: horizonte, movilidad y memoria revolucionaria
5.1. El mar como espacio de apertura
El mar aparece en el poemario como el espacio más abierto de los tres: mientras que la montaña es un espacio de verticalidad y la sierra un espacio de interioridad, el mar es el espacio de la horizontalidad y de la movilidad ilimitada. El verso del poema que da título al libro —”La muerte tiene prisa”— establece la montaña y el mar como los dos grandes espacios de lo inacabado:
La muerte siempre nos deja con algo por hacer
Un beso, una frase, una mirada…
todo a medias, sin llegar al final
Una montaña que ascender
Un mar que cruzar
La muerte siempre nos deja con algo por hacer
La sintaxis del poema es reveladora: “Una montaña que ascender” y “Un mar que cruzar” son dos gestos incompletos, dos proyectos que la muerte interrumpe. La montaña es el espacio de la ascensión —de la superación vertical—, y el mar es el espacio del cruce —de la conexión horizontal entre orillas, culturas y pueblos. En el imaginario del libro, ambos espacios son irreductibles a la lógica del mercado: no se puede comprar ni vender ni una montaña que ascender ni un mar que cruzar.
5.2. El poema “Barcelona” y el mar de los trabajadores
El poema “Barcelona” opera una distinción ideológica fundamental dentro del espacio marítimo:
Ateneus, barrios populares, pa amb tomaca
La vieja anarquía respira por cada edificio obrero
El mar está ahí, turístico, complaciente
No el de los estibadores y pescadores
La oposición entre el “mar turístico, complaciente” y el mar “de los estibadores y pescadores” reproduce, en clave marítima, la distinción lefebvriana entre el espacio concebido —planificado, mercantilizado, turístico— y el espacio vivido, el de las prácticas populares y la memoria obrera. El mar barcelonés ha sido colonizado por el turismo de masas, y el poeta lo registra con una sobriedad que no oculta la crítica. Sin embargo, Barcelona mantiene su potencial libertario en los “Ateneus, barrios populares”, donde “la vieja anarquía respira por cada edificio obrero”. El espacio político no ha sido completamente borrado; sobrevive en las grietas del espacio capitalista.
El poema continúa con una elegía del proyecto libertario frustrado:
Los hippies y los libertarios pensaron
que podían cambiar el mundo
Creyeron que podían parar el giro inmemorial
y empezar de nuevo, sería una nueva mirada
más limpia, más horizontal, sin jerarcas
El régimen viejo desaparecería
La expresión “más limpia, más horizontal, sin jerarcas” condensa el ideario anarquista en términos que son también espaciales: la horizontalidad es aquí una categoría política y geográfica a la vez. El fracaso de ese proyecto no invalida su vigencia moral; los barceloneses que pasean por Gràcia “saben que todo está por hacer / y lo hablan mientras toman un vermut”, lo que mantiene viva una memoria colectiva que el espacio urbano no ha podido erradicar del todo.
5.3. El poema “El río Antas y su lago” y el mar como horizonte utópico
El poema “El río Antas y su lago” ofrece una lectura alegórica del mar como horizonte utópico. El río es interpelado en segunda persona y narrado como un ser que avanza hacia su destino —el Mediterráneo— sin llegar nunca a alcanzarlo, separado de él por “una lengua de tierra”. La estructura del poema reproduce la estructura del deseo utópico: el sujeto se lanza hacia un horizonte que retrocede continuamente. Sin embargo, el poema no concluye con la derrota:
Vuelves tu mirada a las humildes y alborozadas
aves que se mecen en tu seno
y entiendes que en este lago
harás posible vida y respiras sonriendo
El río que no llega al mar no fracasa: aprende que la vida también es posible en el lago, en el espacio intermedio, en la etapa no definitiva. Esta enseñanza puede leerse como una filosofía política de largo recorrido: la utopía no se alcanza de golpe, pero cada espacio conquistado —cada lago— tiene ya valor en sí mismo. El mar sigue siendo el horizonte, pero el horizonte no es solo un límite, sino también una dirección.
5.4. El Mediterráneo como espacio de memoria y melancolía
El poema “Menorca” despliega la dimensión histórica del Mediterráneo como “Historia y prehistoria mediterráneas”, donde la naturaleza insular —”Navetas, talayots, canteras milenarias”— es portadora de una temporalidad larga que desmiente el presentismo del capitalismo. El mar mediterráneo es aquí el espacio que conecta la prehistoria con el presente, y que recuerda a los habitantes que “tratan de sobrevivir con belleza” en medio de unas condiciones históricas que no eligen. La belleza no es un lujo ni un ornamento: es una forma de dignidad y de resistencia ante la precariedad.
- El montañero y el militante: una figura dual
6.1. Genealogía del excursionismo libertario español
La relación entre el montañismo y el pensamiento anarquista tiene una larga historia en España. A finales del siglo XIX y principios del XX, el movimiento excursionista catalán y madrileño estuvo estrechamente ligado a las organizaciones obreras y al pensamiento librepensador. La práctica de la excursión a la sierra era una forma de educación popular, de fortalecimiento físico y moral, y de creación de comunidad horizontal al margen de las jerarquías de clase y religiosas. En Madrid, el Ateneo Libertario de Vallecas —barrio natal de Barbero— y las agrupaciones anarquistas organizaban salidas a la sierra como parte de su actividad cultural y política.
Barbero es, en este sentido, un heredero directo de esa tradición. El poema “Un espacio de tiempo” muestra que el grupo de montañeros no es solo un club deportivo, sino una comunidad de acción política en la que la camaradería de la escalada y la solidaridad de la militancia son indistinguibles. La dedicatoria —”A Güito, Alfonso, Zapa, Patas y Pati / Vagabundos de la montaña”— evoca esa comunidad con nombres propios, restituyendo a los individuos su singularidad frente a la abstracción del mercado.
6.2. La figura del montañero-militante en el imaginario del autor
En el imaginario de Barbero, el montañero y el militante comparten una ética común: el desprecio por las comodidades del consumismo, la solidaridad ante el peligro, la disposición a arriesgar el cuerpo por algo que trasciende el interés individual. En la escalada, como en la militancia, la vida del compañero depende de la tuya, y la tuya de la suya. Esta interdependencia es la condición misma de la comunidad libertaria: no un pacto entre individuos atomizados, sino una trama de cuerpos y voluntades que se sostienen mutuamente.
El poema “Un espacio de tiempo” explicita esta correspondencia cuando afirma que el grupo de montañeros “hacía la revolución” durante sus salidas a la sierra, yendo a “concentraciones, manis y marchas” con la misma disposición con que afrontaba las vías de escalada. Los “desniveles” de la montaña y los “grises y esbirros” de la dictadura se convierten en obstáculos de la misma naturaleza, enfrentados con los mismos recursos: la inteligencia técnica, la valentía física y la confianza absoluta en el compañero. La escalada es, así, una escuela de resistencia política.
La derrota política de la Transición es registrada por el poeta con una amargura contenida:
Bien manso y recién esquilado
con la resignación asomando por los ojos
fue conducido a la estabulación del voto
Cada poco van e introducen una papeleta
por una ranura practicada en una urna
A este acto lo llaman la fiesta de la democracia
La metáfora del pueblo “manso y recién esquilado” conducido “a la estabulación del voto” es una de las imágenes más violentas del poemario, y su violencia es precisamente la del desencanto. Frente a esa derrota, la respuesta del poeta no es el nihilismo, sino la afirmación de los espacios que el poder no ha podido colonizar: “Nos queda el ejercicio de la libertad total / La montaña y la amistad”. La montaña es aquí el último reducto de una práctica de la libertad que no pasa por las instituciones.
- Los tres espacios en el poema-eje del libro
El poema que da título al poemario, “La muerte tiene prisa”, condensa en seis versos la ontología espacial del libro entero:
La muerte siempre nos deja con algo por hacer
Un beso, una frase, una mirada…
todo a medias, sin llegar al final
Una montaña que ascender
Un mar que cruzar
La muerte siempre nos deja con algo por hacer
Los dos espacios mencionados —la montaña y el mar— son los dos polos del sistema espacial del poemario: la verticalidad y la horizontalidad, el ascenso y el cruce, la conquista de la altura y la travesía hacia el otro. El desierto no aparece aquí, pero está implícito: es el espacio del “todavía no”, el territorio del exilio y de la espera que conecta la montaña con el mar. Los tres espacios forman así un sistema coherente en el que se articulan la libertad, la resistencia y el horizonte utópico como valores político-éticos inseparables.
- Aportación a la ecocrítica política española
El poemario de Barbero abre una vía de análisis apenas explorada en la crítica literaria española: la ecocrítica política aplicada a la poesía comprometida contemporánea. A diferencia de las corrientes ecocríticas que tienden a contemplar la naturaleza como espacio de refugio apolítico o como víctima pasiva del progreso, Barbero construye una naturaleza activa y políticamente densa, en la que el paisaje es siempre el resultado de una historia de lucha, despojo y resistencia. La sierra abandonada por el hambre, el desierto ocupado por los refugiados saharauis y el mar colonizado por el turismo de masas son todos ellos espacios en los que la naturaleza lleva inscrita la huella de las relaciones de poder.
El valor de este poemario para los estudios de ecocrítica reside precisamente en que no disocia el amor por la naturaleza de la conciencia política. Barbero hereda la tradición del excursionismo libertario español —con su vocación educativa, comunitaria y anticlerical— y la renueva con una mirada geográfica que abarca desde la sierra madrileña hasta los campamentos saharauis, desde el Mediterráneo barcelonés hasta los Andes argentinos. Esta amplitud de miras hace que el poemario funcione no solo como un documento de una sensibilidad individual, sino como un mapa político de los espacios de libertad que el capitalismo globalizado amenaza con destruir.
- Conclusión
La muerte siempre nos deja con algo por hacer construye un sistema de espacios naturales que funciona como una geografía política alternativa al orden capitalista. La montaña serrana es el espacio de la libertad conquistada en comunidad y de la tradición del excursionismo libertario español. El desierto saharaui es el espacio de la resistencia ante la ocupación colonialista y de la hospitalidad de quienes no tienen nada. El Mediterráneo es el horizonte utópico que conecta los mundos empobrecidos con los opulentos y que la mercantilización turística ha intentado —sin éxito completo— borrar de la memoria obrera. Los tres espacios se oponen al espacio urbano capitalista no por ser más “naturales”, sino por ser practicados de otra manera: con otros valores, otras temporalidades y otras formas de relación entre los seres humanos y entre estos y el mundo no humano.
La figura del montañero-militante, que sintetiza la ética de la escalada y la ética de la militancia anarquista, es la clave interpretativa que permite articular esos tres espacios en un proyecto político coherente. No es una figura de la nostalgia, sino una figura de la permanencia: lo que “la estabulación del voto” no ha podido quitarle al sujeto poético es la montaña y la amistad, que son también, en última instancia, la poesía y la solidaridad.
Bibliografía
Bachelard, Gaston. La poética del espacio. México: Fondo de Cultura Económica, 1957 .
Barbero Carrasco, Fernando. La muerte siempre nos deja con algo por hacer. Madrid: Ediciones Rilke, 2026.
Barbero Carrasco, Fernando. La madalena de Bukowski. Madrid: Amargord, 2020.
Barbero Carrasco, Fernando. Bosques, montañas y gente. Océano Atlántico, 2021.
Barbero Carrasco, Fernando. El viento, los vientos. Poesía para entenderlos. Océano Atlántico, 2024.
Garrard, Greg. Ecocriticism. Londres / Nueva York: Routledge, 2004.
Lefebvre, Henri. La production de l’espace. París: Anthropos, 1974 .
Reverte, Javier. Prólogo a Chema Rodríguez, El diente de la ballena. Citado en Barbero Carrasco, La muerte siempre nos deja con algo por hacer, p. 45.
Villar, Julio. ¡Eh! Petrel. Citado en Barbero Carrasco, La muerte siempre nos deja con algo por hacer, p. 45.
