García Pérez-Tomás, Andrés. «Trabajo de fin de grado (estudios literarios) — el viaje como bildung político: poemas de formación en la muerte siempre nos deja con algo por hacer de fernando barbero carrasco (ediciones rilke, 2026)». LA MUERTE SIEMPRE NOS DEJA CON ALGO POR HACER. 1.ª ed. Spain: Zenodo, 21 de febrero de 2026. https://doi.org/10.5281/zenodo.18726142
EL VIAJE COMO BILDUNG POLÍTICO: POEMAS DE FORMACIÓN EN LA MUERTE SIEMPRE NOS DEJA CON ALGO POR HACER
Trabajo de Fin de Grado
Grado en Estudios Literarios
Obra analizada: Fernando Barbero Carrasco, La muerte siempre nos deja con algo por hacer
Editorial: Ediciones Rilke, Madrid, 2026
ISBN: 978-84-18566-68-4
Resumen
El presente Trabajo de Fin de Grado analiza la función formativa del viaje en el poemario La muerte siempre nos deja con algo por hacer (Ediciones Rilke, 2026) de Fernando Barbero Carrasco. Mediante el examen de los poemas incluidos en las dos secciones viajeras del libro —”De tomar el morral y salir” y “De pillar el piolet y mirar hacia la cumbre”—, el trabajo propone que los poemas de viaje de Barbero no constituyen estampas turísticas ni crónicas descriptivas, sino relatos de transformación ético-política en los que el yo poético construye su subjetividad libertaria a través del contacto con la otredad geográfica, cultural y social. Se aplica el concepto alemán de Bildung —formación integral del sujeto a través de la experiencia— al análisis del corpus poético, conectando la obra con la tradición española del libro de viajes (Javier Reverte) y con la poesía comprometida contemporánea. El trabajo concluye que el modelo de sujeto viajero que emerge de los poemas de Barbero es el del testigo militante: un sujeto que viaja para confirmar y radicalizar una conciencia de clase ya formada, y que convierte el encuentro con la otredad en un acto de reconocimiento político y de solidaridad ética.
Palabras clave: poema de viaje, Bildung, formación política, Fernando Barbero Carrasco, Javier Reverte, otredad, poesía comprometida.
- Introducción
El viaje es, desde sus formulaciones más antiguas en la tradición literaria occidental, un dispositivo de transformación del sujeto. De la Odisea de Homero al Bildungsroman alemán del siglo XVIII, el desplazamiento geográfico ha funcionado como metáfora y como mecanismo real de formación: el protagonista parte, atraviesa un conjunto de experiencias que lo prueban y modifican, y regresa —o no regresa— convertido en alguien distinto al que partió. Esta estructura formativa ha encontrado en la tradición española una expresión poderosa tanto en la novela como en la poesía, desde los poemas machadianos del camino y el paisaje castellano hasta la más reciente poesía de la experiencia y la conciencia crítica.
El poemario La muerte siempre nos deja con algo por hacer de Fernando Barbero Carrasco, publicado en 2026 por Ediciones Rilke, ofrece un corpus de poemas de viaje de notable riqueza y coherencia interna, agrupados en dos secciones que funcionan como el corazón geográfico y experiencial del libro. La primera de estas secciones, titulada “De tomar el morral y salir”, agrupa veintiún poemas dedicados a destinos que abarcan desde Madeira y Venecia hasta los campamentos saharauis de Tindouf, pasando por Lisboa, Buenos Aires, Salta, Assilah, la sierra Norte de Guadalajara y la isla de Menorca. La segunda sección, “De pillar el piolet y mirar hacia la cumbre”, despliega una geografía de alta montaña que tiene su cima simbólica en el “Himalaya Nepalí” y su polo reflexivo en el poema “Un espacio de tiempo”. Juntas, estas dos secciones configuran un mapa de experiencias vitales en las que el viaje —la apertura al mundo— es al mismo tiempo una práctica de conocimiento, una afirmación de libertad y un acto de construcción política del sujeto.
El objetivo de este TFG es analizar la función formativa del viaje en ese corpus, a través de tres preguntas de investigación: qué modelo de sujeto viajero construyen los poemas de Barbero; cómo articula el yo poético la relación entre la experiencia de otredad cultural y la conciencia política; y qué tradición literaria de viajes reelabora Barbero desde la poesía. Para responder a estas preguntas, el trabajo aplica el concepto de Bildung como marco interpretativo, examina la poética del viaje que el propio libro articula en el poema “Líneas indefinidas” y establece un diálogo comparativo con la tradición española del libro de viajes, tomando como referencia principal a Javier Reverte, cuyo prólogo al libro de Chema Rodríguez El diente de la ballena aparece como epígrafe de la sección viajera.
- Marco teórico: Bildung, viaje y poesía comprometida
2.1. El concepto de Bildung y su pertinencia poética
El término alemán Bildung designa un proceso de formación integral del sujeto que va más allá de la instrucción formal o la acumulación de conocimientos. En la tradición filosófica que arranca de Herder y Goethe, la Bildung implica el desarrollo armonioso de las facultades humanas a través del contacto con el mundo: con otras personas, con otras culturas, con el arte y con la naturaleza. Como ha señalado la crítica sobre el Bildungsroman, el elemento central de este proceso es el viaje —entendido metafórica y literalmente— como la experiencia de salir de la familiaridad y enfrentarse a lo desconocido: el personaje protagonista encarna la “historia de una educación, de un irse haciendo un hombre mediante las experiencias, sacrificios, aventuras, por las que viaja hacia la búsqueda, la conquista de su madurez”.
La aplicación de este concepto a la poesía exige algunas precisiones. A diferencia del Bildungsroman, en el que el proceso formativo tiene una dimensión cronológica y narrativa explícita, la poesía de Bildung condensa el proceso en instancias líricas: el yo poético no narra su formación sino que la muestra en acto, en el momento de la experiencia o en la reflexión que esta genera. En el caso de Barbero, la dimensión formativa del viaje no se articula como relato de aprendizaje —el poeta no es un joven iniciático que parte al mundo sin saber quién es— sino como confirmación y profundización de una conciencia de clase y una sensibilidad política que preexisten al viaje. El viaje no forma al sujeto desde cero: lo interpela, lo prueba y lo radicaliza.
Esta modulación específica del Bildung en el poemario de Barbero conecta con lo que la crítica ha llamado “aristas políticas” de la novela de formación: la recuperación del horizonte colectivo en el proceso de formación individual. El yo poético de Barbero no viaja para encontrarse a sí mismo en el sentido individualista y terapéutico que caracteriza cierta literatura contemporánea de viajes, sino para comprobar y ampliar su comprensión del mundo social, político e histórico en el que ese yo se inscribe.
2.2. El viaje y la tradición de la poesía comprometida española
La poesía española tiene una larga tradición de vincular el paisaje y el desplazamiento geográfico con la reflexión política y la conciencia histórica. La poesía de Antonio Machado constituye el referente más canónico: sus poemas de Soria transforman el paisaje castellano en “un símbolo elocuente de la decadencia material y espiritual del país”, y la mirada del poeta “no es neutral: es una contemplación crítica pero empática que revela el dolor histórico de la región”. Esta tradición —el paisaje como revelación política— se prolonga en la poesía social de posguerra, en la que el espacio geográfico se convierte en índice de la desigualdad y la explotación.
Barbero se inscribe consciente y declaradamente en esta tradición. El poema “Génesis” enumera los poetas que formaron su conciencia: “Celaya, Quevedo, Alberti, Góngora, Hernández, Blas de Otero…” La mención a Gabriel Celaya —cuya famosa formulación de la poesía como “arma cargada de futuro” constituyó el manifiesto de la poesía social española de los años cincuenta— no es casual. En Barbero, como en la tradición que él reivindica, el viaje no está disociado de la conciencia política: cada lugar visitado es también una lección sobre las relaciones de poder, la historia de la explotación y las posibilidades de la solidaridad.
La corriente contemporánea de lo que se ha denominado “poesía de la conciencia crítica” —en la que la ideología opera no como consigna sino como perspectiva que articula la forma poética— proporciona el contexto inmediato para leer el poemario de Barbero. Según esta orientación, “la principal característica de la ‘poesía de la conciencia crítica’ consiste en que estos poetas sitúan el conflicto socioeconómico y político que atraviesa la actual coyuntura histórica en el centro y en el eje (implícita y explícitamente) de su creación poética, manifestándolo de una manera crítica.”
2.3. Javier Reverte y la tradición española del libro de viajes
Javier Reverte (1944-2020) es el autor de viajes más relevante de la literatura española contemporánea. Su obra, que combina el relato de viaje con la reflexión histórica y literaria, ha definido un modelo de escritura viajera en el que “el viaje está concebido como un producto de artesanía emocional, donde cada detalle adquiere una dimensión íntima y el tiempo se dilata casi hasta detenerse.” Reverte es, en palabras de uno de sus estudiosos, “un escritor de viajes que solo quiere ser un viajero: no un historiador, no un antropólogo, no un esteta”, pero que tampoco “prescinde del dato histórico” ni “obvia la realidad política y social”.
El hecho de que Barbero elija el prólogo de Reverte al libro El diente de la ballena de Chema Rodríguez como uno de los epígrafes de su sección viajera es una declaración de filiación literaria. La frase elegida por Barbero —”Viajar es un arte que supone paciencia, mirar el tiempo sin agobios y una cierta discreción en el trato con las gentes del camino. Hablo ahora del viaje que uno emprende en solitario y, más en concreto, de un viaje con propósitos literarios”— define un ethos del viajero que comparte con el de Barbero: la paciencia, la mirada atenta, la discreción ante la otredad y la dimensión literaria del desplazamiento. Sin embargo, como se verá, Barbero reelabora y transforma esta herencia: donde Reverte es fundamentalmente un narrador de viajes con vocación histórica y emocional, Barbero es un poeta que hace del viaje un instrumento de radicalización política.
- Arquitectura del viaje en el poemario
3.1. Las dos secciones viajeras
El poemario de Barbero se organiza en cuatro partes claramente diferenciadas, anunciadas por sus respectivos títulos en mayúsculas: “De epidermis para adentro”, “De tomar el morral y salir”, “De pillar el piolet y mirar hacia la cumbre” y “De juntarnos en la plaza para hablar o caminar por la calle en la noche”. Esta estructura cuatripartita obedece a una lógica experiencial que va del interior al exterior y de vuelta al colectivo: la primera sección explora la subjetividad íntima; las dos centrales despliegan el viaje hacia el mundo; la última vuelve al espacio público y político.
La sección “De tomar el morral y salir” (pp. 45-77) agrupa veintiún poemas. El título, con su implicación de movimiento voluntario e improvisado —el morral es el equipaje mínimo, la anti-maleta del turista—, establece ya una diferencia con el viaje planificado y cómodo. El epígrafe de Julio Villar, “Me voy. Largo amarras. La vida es mía y la tomo por la mano / para irnos por ahí. Dejo atrás todas las cosas que no me gustan. / Las cosas absurdas”, refuerza esta dimensión: el viaje como acto de afirmación de la libertad frente a lo establecido, como ruptura voluntaria con lo absurdo cotidiano.
La sección “De pillar el piolet y mirar hacia la cumbre” (pp. 79-91) desplaza la geografía viajera hacia la montaña. Sus epígrafes —de Roger Baxter-Jones, Edmund Hillary, Anatoli Boukreev y John Muir— establecen un marco filosófico para la actividad alpinista: “No conquistamos las montañas, sino a nosotros mismos” (Hillary); “Las montañas son catedrales donde practico mi religión” (Boukreev); “No estás en las montañas; las montañas están en ti” (Muir). La montaña no es aquí un escenario deportivo ni un paisaje pintoresco: es un espacio de interioridad y de prueba que, como se verá, se articula en el poema “Un espacio de tiempo” con la memoria de la militancia política.
3.2. Los epígrafes como declaración de poética viajera
El conjunto de epígrafes que abren las secciones viajeras del libro funciona como un manifiesto de poética. Frente al turismo —la forma de viaje dominante que Barbero implícitamente rechaza—, los epígrafes definen un viaje que tiene propósitos literarios (Reverte), que representa una ruptura con las “cosas absurdas” (Villar), que exige una ética de no dejar huella (“Hay que caminar sin levantar ni una piedra del suelo”, Alfonso Rojo) y que convierte el espacio natural en territorio de autoconocimiento (Hillary, Muir, Boukreev).
Esta constelación de referencias no es homogénea: Reverte es un escritor de viajes en prosa, de vocación narrativa y periodística; Villar es un navegante solitario cuya escritura tiene un carácter de aventura personal; Alfonso Rojo es un periodista y caminante con una fuerte dimensión ética; Hillary, Boukreev y Muir son alpinistas cuyas reflexiones tienen un carácter filosófico y espiritual. La elección de estas voces diversas como pórtico de las secciones viajeras indica que el viaje que Barbero propone es una categoría amplia que no se reduce a ninguno de estos modelos, sino que los incorpora y trasciende.
- El sujeto viajero en los poemas de Barbero
4.1. ¿Turista, peregrino, militante, testigo?
Una de las preguntas centrales del trabajo es la que interroga por el modelo de sujeto viajero que construyen los poemas de Barbero. Las cuatro categorías propuestas —turista, peregrino, militante, testigo— no son mutuamente excluyentes, pero sí revelan tensiones significativas en la construcción del yo poético viajero.
El turista es el viajero que consume el espacio como espectáculo, que mantiene una distancia segura con la realidad que visita y que regresa sin haberse modificado sustancialmente. Barbero rechaza explícitamente este modelo en el poema “Lisboa”, cuando diferencia entre la experiencia genuina de la ciudad —la Calçada da Bica, el Bairro Alto, el fado— y la presencia de “un grupo de turistas” ante los que el yo poético prefiere ceder el paso: “Dejamos pasar un tranvía, bello, cotidiano / y elegante para evitar a un grupo de turistas.” También en el poema “Madeira”, la presencia de “complacidos turistas” contrasta con la figura del monolito basáltico —”Humilde, discreto, casi invisible”— que el poeta convierte en símbolo de “pacífica resistencia”. La postura del turista es la del que “simula que ha visto todo, que nada nos altera” para no perturbarse, como señala el poema “Líneas indefinidas”.
El peregrino es el viajero que busca una meta sagrada, que confiere al desplazamiento un carácter ritual y transformador. Hay algo de peregrino en el viajero de Barbero —especialmente en su relación con la montaña, donde los epígrafes de Boukreev y Muir describen el espacio natural como “catedral” y como interiorización—, pero el peregrino tradicional viaja hacia un centro fijo y predeterminado. El viajero de Barbero no tiene un centro sagrado: su sacralidad es la del encuentro humano, de la historia compartida, del paisaje como revelación política. La “línea” que busca no es una meta religiosa sino el umbral de la emoción y el conocimiento que transforma al que la cruza.
El militante es el viajero que tiene una agenda política explícita, que viaja para confirmar sus convicciones o para actuar en consecuencia. Esta dimensión está claramente presente en los poemas sobre el Sáhara y en el poema “Barcelona”, pero no agota la experiencia viajera del poemario: el militante no necesita dejarse sorprender, pero el viajero de Barbero sí se deja sorprender con frecuencia —por un gondolero en tierra, por las azoteas de Assilah, por el camelódromo de un dromedario bajo la lluvia en el desierto.
El testigo es, finalmente, el viajero que observa, que da cuenta de lo que ve con la máxima fidelidad posible y que asume la responsabilidad ética de ese testimonio. Esta categoría es quizá la más adecuada para describir al yo poético de Barbero, con la precisión de que no es un testigo neutral: es un testigo comprometido, cuya mirada está orientada por una conciencia política que determina qué ve y qué no ve, qué subraya y qué silencia. El testigo militante es el modelo que mejor describe la posición del yo poético en los poemas de viaje de Barbero.
4.2. “Líneas indefinidas”: la teoría poética del viaje
El poema “Líneas indefinidas” ocupa una posición central en la sección viajera del libro y funciona como la articulación más explícita de la poética del viaje que organiza el conjunto. El poema parte de una constatación fenomenológica: cuando se viaja, llega un momento en el que se percibe “una línea: la línea física o mental / que hay que traspasar para llegar al otro lado.” Esta línea no es una frontera geográfica —aunque puede serlo— sino un umbral perceptivo y existencial: el punto en el que la experiencia del viaje alcanza una intensidad que modifica al sujeto que la atraviesa.
La enumeración de instancias en las que se produce ese umbral es reveladora de la geografía simbólica del yo poético:
Las afueras de Lukla mirando al Himalaya
La escalera que desde Piazza di Roma
hay que ascender para avistar el Gran Canal
El viejo bus de la Fifi, en Manzanares el Real
La primera vez que se observa la Yemaa El Fna nocturna
La llegada al valle de San Antonio de los Cobres
con el Nevado de Acay sobre nuestras cabezas
El arco que da entrada al lisboeta Terreiro do Paço
Tarde o temprano, si viajamos damos el salto
La barrera vigilada por gente armada polisaria
que da paso a los campamentos saharauis
La línea del horizonte marítimo en Cunit
La heterogeneidad de estos umbrales es significativa: están mezclados sin jerarquía el Himalaya y el autobús local de Manzanares el Real; la plaza Yemaa El Fna y el horizonte de Cunit; el Gran Canal de Venecia y los campamentos saharauis. Todos estos umbrales son equivalentes en cuanto a su capacidad transformadora: lo que importa no es la grandiosidad del escenario sino la disposición del viajero para dejarse afectar.
Pero el poema va más lejos al declarar que la línea puede ser también “ideológica”: “La primera vez que escuché a Paco Ibáñez / a los Beatles y a Joan Manuel Serrat / también fueron líneas mentales que trasponer.” Esta equiparación entre la línea geográfica del viaje y la línea ideológica de la iniciación musical y política es la clave del poema y del libro: el viaje y la formación política son, en Barbero, dos expresiones de un mismo proceso de apertura al mundo y de modificación del sujeto. El Bildung del viajero es simultáneamente un Bildung político.
La conclusión del poema formula la alternativa con una claridad poco usual en la escritura poética: “Una línea nos separa de la emoción absoluta / Debemos saber que si la pasamos / nada volverá a ser como antes / Pero podemos salvarnos de la vorágine // Podemos evitar las emociones, las transformaciones / solo tenemos que evitar la mirada asombrada / simular que hemos visto todo, que nada nos altera / Entonces nos sumergiremos en el marasmo / acostumbrado y cómodo.” La elección de cruzar la línea —de dejarse transformar— o de no cruzarla —de protegerse con la simulación del que ya lo ha visto todo— es la elección fundamental que define al viajero auténtico frente al turista.
- Geografías de la conciencia: los espacios del viaje
5.1. El Norte de África y el Sáhara: solidaridad anticolonial
Los poemas de temática africana —”Tindouf campamentos de refugiados de El Sáhara”, “Llueve en el desierto”, “¿Un té?”, “Azoteas de Assilah” y “Un baobab en la hamada”— constituyen el núcleo más político de la sección viajera y el que más claramente articula la relación entre el viaje y la radicalización de la conciencia política.
El poema “Tindouf campamentos de refugiados de El Sáhara” describe el espacio de los campamentos con una precisión geográfica e histórica que lo aleja del lirismo contemplativo: “Tindouf es una ciudad argelina en El Sáhara / En sus inmediaciones miles de personas / han aplazado sus vidas y sus pensamientos.” La palabra “aplazado” es políticamente cargada: el aplazamiento no es una suspensión voluntaria sino una imposición externa, la condición del refugiado que vive en espera de un regreso que no llega. Los campamentos llevan los nombres de las ciudades del Sáhara Occidental ocupado —”Smara, Dajla, El Aaiún, Bojador y Auserd”—, y esos nombres son, al mismo tiempo, una declaración de memoria y de reivindicación política.
El poema concluye con una formulación que subraya la dimensión de solidaridad internacional como alternativa a la “indiferencia de los poderosos”: “Si los refugiados saharauis comen / es porque una hermosa red de solidaridad / confluye en sus dunas, / ante la indiferencia de los poderosos.” Esta contraposición —la red horizontal de solidaridad frente a la indiferencia vertical del poder— es la estructura política básica que organiza la visión del mundo en el poemario de Barbero.
El poema “Llueve en el desierto” adopta un registro diferente: centra el foco en “nuestro vecino” —un dromedario— y construye, a través de su mirada, una historia del Sáhara que es al mismo tiempo una historia de las rutas caravaneras y de la resistencia cultural. La elección del dromedario como foco narrativo —”Desde su altura y su historia / nos mira con benevolencia”— es un recurso de distanciamiento que permite ver el presente político desde una perspectiva temporal larga y no humana. Es un procedimiento que recuerda a ciertos poemas de Antonio Machado, en los que el paisaje adopta una perspectiva histórica que trasciende la del sujeto lírico individual.
El poema “Azoteas de Assilah” desplaza el foco hacia la vida cotidiana de las mujeres marroquíes en las terrazas de la medina. La mirada del poeta es aquí la del testigo que escucha conversaciones a las que no pertenece: “se comentan qué pasó ayer en el barrio: / ‘Mohamed por fin ha viajado a España / para procurar una vida mejor a la familia’.” La dimensión política está presente en forma de sombra: la emigración económica, la contradicción de los calendarios religiosos, la vida suspendida en espera de noticias. Barbero no moraliza ni interviene; observa y transcribe, pero la elección de lo que transcribe —la vida femenina, las conversaciones domésticas, la realidad de la emigración económica— es ya una posición política.
5.2. Argentina: clase, historia y paisaje sudamericano
Los poemas de la Argentina del poemario —”Buenos Aires”, “Salta”, “San Antonio de los Cobres (Salta)” y “Delta de Tigre”— articulan una geografía de la desigualdad de clase que Barbero convierte en objeto de análisis poético y político.
El poema “Buenos Aires” es el más brevísimo del libro —”En Buenos Aires / nubes navegan altas / El río fluye”— y sin embargo funciona como un punto de anclaje que ancla toda la experiencia argentina en una imagen de fluidez y movilidad. La brevedad del poema —su carácter casi haiku— contrasta con la densidad política de los poemas que lo rodean, como si la ciudad fuera demasiado vasta para ser nombrada de otro modo que como pura presencia atmosférica.
El poema “Delta de Tigre” es, por el contrario, uno de los más largos y complejos de la sección viajera. La descripción del delta del Paraná se convierte en una metáfora de la desigualdad social argentina: “En la geografía del Delta / hay oligarcas ajamonados / que se bañan en pequeñas playas / privadas y pibes pobres / de cabello liso y sonrisa indestructible.” La yuxtaposición sin comentario —oligarcas y pibes pobres en el mismo espacio geográfico— es el procedimiento retórico de la denuncia por implicación: el poeta no juzga explícitamente, pero la selección y la disposición de los elementos configura un juicio. La conclusión del poema generaliza la metáfora: “Es una metáfora del mundo / este universo de meandros / Las casas señoriales junto / a la chacra que construyó / un abuelo lejano con sus manos.”
El poema “San Antonio de los Cobres (Salta)” articula una historia de la violencia colonial y capitalista sobre las poblaciones indígenas del noroeste argentino: “Los masacraron los incas / Fueron robados y asesinados por españoles / y engañados por capitalistas de Buenos Aires.” Esta enumeración histórica de formas de explotación —precolonial, colonial y capitalista— sitúa el presente del viaje en una perspectiva de larga duración que es inseparable de la conciencia política del viajero. La ironía del cierre —”En el valle, una llama se acerca y me mira / Está sola y yo soy su punto de interés / ¡Por fin sirvo para algo!”— es característica de un procedimiento que aparece con frecuencia en el libro: la introducción de una nota de humor que desdramatiza sin banalizar lo que acaba de ser dicho.
5.3. Europa: memoria política y cultura obrera
Los poemas europeos del poemario —”Venecia”, “Lisboa”, “Barcelona”, “Menorca” y “Un puente”— articulan una geografía de la memoria política europea que complementa y dialoga con los poemas africanos y sudamericanos.
El poema “Lisboa” es uno de los más elaborados de la sección y el que más claramente pone en práctica la estrategia de la “línea” que cruzar. La capital portuguesa se presenta como un espacio estratificado en el que conviven el presente turístico —el tranvía “bello, cotidiano y elegante” ante el que el yo poético cede el paso a los turistas—, la memoria política de la Revolución de los Claveles —”Lisboa aún huele a los claveles revolucionarios / y a la pólvora del arma republicana que abatió / al rey y al príncipe heredero”— y la cultura popular —el fado, los vinhos verdes, la lengua de Pessoa. La presencia de versos en portugués —”Pergunto ao vento que passa / Notícias do meu país / E o vento cala a desgraça / O vento nada me diz?”— es un guiño a la tradición del fado y una forma de integrar la lengua del lugar en la escritura del visitante, borrando parcialmente la frontera entre la voz propia y la voz del otro.
El poema “Barcelona” convierte la ciudad catalana en un palimpsesto de memorias anarquistas y contraculturales: “La vieja anarquía respira por cada edificio obrero / El mar está ahí, turístico, complaciente / No el de los estibadores y pescadores.” La contraposición entre el mar turístico y el mar obrero es significativa: Barbero no niega la realidad del primero, pero su mirada se orienta hacia el segundo, hacia la memoria de una ciudad que fue “mítica” para los que soñaron con “un mundo nuevo” más “horizontal, sin jerarcas”. El poema concluye con una formulación de esperanza irresignada: “Conocen lo que ocurrió en estos míticos lugares / y saben que todo está por hacer / y lo hablan mientras toman un vermut / Entretanto sonríen bajo ese húmedo sol.”
El poema “Un puente” —dedicado al Puente de Bizkaia o de Vizcaya, el célebre puente colgante de Portugalete— es el más histórico de los poemas europeos. El puente construido a finales del siglo XIX se convierte en un símbolo de la industrialización obrera: “Hierro sobre hierro, cables y remaches”; “Arriba, obreros asombrados de su poder / contemplaban el Cantábrico y Bilbao.” La referencia a la huelga minera que interrumpió el suministro de hierro durante la construcción —”No había hierro: los mineros estaban de huelga / y los trabajadores de toda España los miraban”— introduce la dimensión de la lucha de clases en la historia del monumento. El cierre del poema articula la síntesis entre el proyecto intelectual y el trabajo físico: “de la unión entre la mente y la fuerza física obrera / nace la armonía metálica y el milagro de la industria.”
5.4. La montaña: libertad y memoria política
La sección “De pillar el piolet y mirar hacia la cumbre” articula una geografía montañera que tiene en el poema “Un espacio de tiempo” su pieza más compleja y más reveladora de la relación entre el alpinismo y la conciencia política del autor.
El poema está dedicado “A Güito, Alfonso, Zapa, Patas y Pati. Vagabundos de la montaña.” Esta dedicatoria establece una comunidad de compañeros que comparte tanto la práctica del alpinismo como la militancia política de la Transición española. El poema articula la identificación entre las dos prácticas: “Con ellos hacía la revolución / Íbamos a concentraciones, manis y marchas / con el convencimiento de que esta vez, sí.” Las escaladas y las manifestaciones comparten el mismo horizonte utópico: el de la transformación del mundo.
La montaña en este poema no es, sin embargo, una evasión de la política: es la escuela de la acción colectiva, el espacio en el que se aprende a “dar el siguiente paso” tanto en las “vías de escalada” como “en las calles / frente a los grises y los esbirros”. El alpinismo y el activismo político se dan en paralelo como dos formas de la misma disposición vital: la voluntad de ir más allá de lo establecido, de forzar los propios límites y los del sistema.
La melancolía del poema nace de la derrota política de la Transición —”la revolución quedó primero aplazada / Luego postergada y más tarde suspendida”—, pero no concluye en la resignación. El yo poético afirma que “no todo fue derrota”: “Nos queda el ejercicio de la libertad total / La montaña y la amistad.” La montaña, en esta formulación, no es un refugio de la política sino su forma más pura: el espacio en el que la libertad se practica concretamente, sin mediaciones institucionales.
El poema “Himalaya Nepalí” cierra la sección con un giro inesperado que recusa la retórica de lo sublime alpino. Después de una enumeración de los elementos emblemáticos del Himalaya —”Las montañas, inmensas y eternas / los sherpas, venidos desde El Tíbet / montañeros himalayistas boquiabiertos / yacks, helicópteros y puentes sospechosos”—, el poema concluye con una imagen íntima y pequeña: “Pero para mí, El Himalaya es una mañana nevosa / y unas ramas de enebro ardiendo en un patio.” Esta deflación del sublime —el Himalaya reducido a una mañana de fuego y enebro— es coherente con la poética general de Barbero: lo grandioso se revela en lo concreto y cotidiano, y la experiencia más intensa del viaje no es necesariamente la más espectacular.
- La otredad cultural y la radicalización política
La relación entre el encuentro con la otredad cultural y la radicalización política es uno de los ejes centrales del TFG. Los poemas de Barbero muestran que el viaje no produce en el yo poético un relativismo cultural ni una apertura sin horizonte: el encuentro con el otro no suspende los juicios políticos del viajero, sino que los confirma y los profundiza al ponerlos en contacto con realidades concretas.
El caso más claro es el de los poemas saharauis. Barbero visita los campamentos de Tindouf con una conciencia política formada que ya incluye la reivindicación de la independencia del Sáhara Occidental. Lo que el viaje aporta no es el descubrimiento de esa causa, sino la experiencia directa de sus protagonistas: el rostro de “grupos de alucinados seres que miran con esperanza / al visitante que llega desde el mundo concreto”, el sonido del viento que trae ecos de la palabra “Hurria —independencia—”, la hospitalidad de la jaima que convierte la oferta de un té en una declaración de confianza. El viaje transforma la causa política abstracta en experiencia humana concreta, y es esa concreción la que radicaliza.
El encuentro con la Argentina funciona de manera análoga. El “Delta de Tigre” no le revela a Barbero la existencia de la desigualdad social: se la confirma en una geografía específica, con personajes concretos —los “oligarcas ajamonados” y los “pibes pobres de cabello liso y sonrisa indestructible”. La “metáfora del mundo” que el poeta extrae del Delta no es una generalización abstracta, sino una síntesis de lo que sus ojos han visto: el contraste entre las casas señoriales y la chacra construida por un abuelo con sus manos. El viaje es, en este sentido, un método empírico de conocimiento político: se viaja para ver con los propios ojos lo que la teoría ya sabía, y ese ver confirma, matiza y enriquece el saber previo.
En los poemas europeos, la otredad opera de manera diferente: no es la otredad de la pobreza y la resistencia anticolonial, sino la otredad de la memoria política de otra tradición. Barcelona y Lisboa son ciudades con historias revolucionarias que Barbero hace suyas mediante la memoria literaria y la experiencia física del espacio. El procedimiento es el que Reverte describía para su propia escritura viajera: “sus viajes intentan precisamente contrastar las lecturas previas con la propia experiencia, comprobar cómo se han impregnado los escritores del secreto de un lugar.” Pero en Barbero, las “lecturas previas” no son solo literarias sino también políticas: se llega a Lisboa no solo con Pessoa en la cabeza sino con los claveles de la revolución del 25 de abril.
- Barbero y la tradición del libro de viajes: diálogo y diferencia
El diálogo con la tradición del libro de viajes español que el poemario de Barbero establece a través de sus epígrafes merece un análisis específico. Javier Reverte, como se ha señalado, encarna el modelo del “viajero escritor” que convierte el desplazamiento en un “producto de artesanía emocional”. El estilo de Reverte combina la narración histórica, el dato antropológico y la emoción personal en una prosa fluida y accesible que ha definido el paradigma del libro de viajes en la España de los últimos cuarenta años.
La diferencia fundamental entre Reverte y Barbero no es de objeto —ambos visitan continentes similares y se interesan por la historia y las gentes de los lugares que recorren— sino de forma y de proyecto. Reverte escribe en prosa narrativa; Barbero en verso. Esta diferencia no es trivial: el verso comprime, destila y condensa, y esa compresión tiene consecuencias sobre el tipo de conocimiento que el viaje produce. Los tres versos de “Buenos Aires” —”En Buenos Aires / nubes navegan altas / El río fluye” — no pretenden lo que pretende un capítulo de Reverte sobre la ciudad: no buscan la comprensión histórica ni la emoción prolongada, sino la captura de una vibración momentánea, de una imagen que contenga todo lo que no se puede decir.
Además, Reverte es un escritor de viajes que “no es un historiador, no un antropólogo, no un esteta”: su política es la del humanismo liberal, la del viajero que respeta y admira las culturas que visita pero que no las inscribe en un análisis de las relaciones de poder. Barbero, en cambio, inscribe sistemáticamente sus experiencias de viaje en ese análisis: el Sáhara es el producto de un colonialismo cuya responsabilidad nombra —”Los de enfrente han construido / un muro —otro más— de casi 3000 kilómetros” —; Argentina es el producto de sucesivas explotaciones históricas que enumera sin eufemismos; Barcelona guarda en sus paredes la memoria de los que “creyeron que podían cambiar el mundo” y no pudieron.
La presencia de Julio Villar como segundo epígrafe de la sección viajera apunta a otro linaje diferente: el de los navegantes y aventureros solitarios que hacen del viaje una práctica de libertad radical. La frase elegida —”Me voy. Largo amarras. La vida es mía y la tomo por la mano / para irnos por ahí. Dejo atrás todas las cosas que no me gustan. / Las cosas absurdas.” — define un ethos de desprendimiento y de ruptura que conecta con el espíritu de ciertos poemas de Barbero, especialmente “Me voy de mi casa (1983)”: “Me voy y dejo todo atrás / mi hija, mi casa y mis libros / El equipo de montaña / y la cámara fotográfica.” En ambos casos, el viaje comienza con una renuncia que es también una afirmación de libertad.
- Conclusiones
El análisis de los poemas de viaje de La muerte siempre nos deja con algo por hacer permite formular las siguientes conclusiones sobre la función formativa del viaje en el poemario de Fernando Barbero Carrasco.
La primera conclusión es que los poemas de viaje de Barbero responden a una concepción del viaje como Bildung político: el desplazamiento geográfico no es un fin en sí mismo ni una práctica de ocio o de evasión, sino un dispositivo de formación y radicalización de la conciencia. El yo poético no parte al mundo sin saber quién es —como el protagonista del Bildungsroman clásico— sino que parte ya formado, con una conciencia de clase y una sensibilidad política definidas, y el viaje las confirma, las profundiza y las enriquece mediante el contacto con realidades concretas y con otredades culturales e históricas diversas. La ecuación entre las líneas geográficas y las líneas ideológicas que el poema “Líneas indefinidas” articula es la síntesis poética de esta concepción.
La segunda conclusión es que el modelo de sujeto viajero que construyen los poemas de Barbero es el del testigo militante: un viajero que observa con la máxima atención y fidelidad posibles, pero cuya mirada está orientada por una conciencia política que no se neutraliza ante la experiencia. Este modelo rechaza tanto el turismo —la simulación de quien finge haber visto todo sin dejarse afectar— como el militantismo de consigna —que no necesita el viaje porque ya sabe lo que va a encontrar. El testigo militante de Barbero necesita ver para saber, pero sabe de antemano qué es lo que hay que buscar.
La tercera conclusión es que la relación entre la experiencia de otredad cultural y la radicalización política en el poemario de Barbero no es la de la conversión —el viaje no transforma las convicciones del viajero— sino la de la encarnación: el viaje transforma la causa política abstracta en experiencia humana concreta, y esa concreción confirma y profundiza el compromiso. Los saharauis de los campamentos de Tindouf, los oligarcas y los pibes del Delta de Tigre, las mujeres de las azoteas de Assilah, los obreros que construyeron el Puente de Bizkaia: todos estos personajes concretos pueblan el espacio de lo que antes era solo una convicción política, y al hacerlo la vuelven más verdadera y más urgente.
La cuarta y última conclusión es que el diálogo de Barbero con la tradición del libro de viajes español representada por Javier Reverte es un diálogo de filiación y distancia. El ethos del viajero —la paciencia, la atención, la discreción ante el otro, la dimensión literaria del desplazamiento— es compartido. Pero la política del viaje es diferente: Reverte busca la emoción y la comprensión histórica; Barbero busca la encarnación de la conciencia crítica en la experiencia vivida. Sus poemas de viaje no son estampas turísticas ni crónicas descriptivas: son actos de conocimiento político en verso.
Bibliografía
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