FERNANDO BARBERO CARRASCO
Hay poetas que llegan a la literatura desde las bibliotecas. Fernando Barbero Carrasco llegó desde Vallecas.
Nacido en 1949 en el barrio madrileño que es a un tiempo cicatriz y orgullo de la clase trabajadora española, Barbero construyó su formación en los márgenes de la institución académica: muy poco colegio, nada de instituto, universidad cero. Lo que la enseñanza reglada no le dio, lo buscó en otro lugar: pastores de ovejas, repartidores de cerveza, camareras de bar, barrenderos, labradores y, sobre todo, poetas. Esa educación callejera, heterodoxa y radicalmente autobiográfica es inseparable de su poética: Barbero no escribe sobre la vida obrera porque la haya estudiado, sino porque la ha vivido desde dentro.
Anarcosindicalista convencido —”trabajador, y por tanto, anarcosindicalista”, como él mismo se define —, su compromiso ideológico no es pose literaria sino estructura vital. Publica columnas sobre historia del anarquismo en tres medios simultáneos: la revista ácrata bonaerense La Chispa, el órgano de la CNT de Aranjuez AlTajo y la publicación del Ateneo Libertario de Gracia de Barcelona AGRACIA. Tres continentes del mismo mapa libertario.
Su trabajo más silencioso y quizás más consistente es el que realiza como voluntario de la ONG AMPARA en las cárceles de Alcalá-Meco, donde imparte talleres de escritura creativa tanto en Madrid 2 —prisión de hombres— como en Madrid 1 —prisión de mujeres—. No es una actividad periférica a su literatura: es el centro de ella. El poema “Un buen baranda” en La muerte siempre nos deja con algo por hacer es un homenaje directo a Carmelo Vilches Perelló, director de Madrid 2, y demuestra que la cárcel no es para Barbero un tema poético sino un espacio de vida compartida.
Actualmente reside en Alcalá de Henares y colabora regularmente en Onda Cero Alcalá. Su figura es reconocible en los circuitos de la poesía comprometida española: ha participado en múltiples ediciones del encuentro Voces del Extremo de Moguer, espacio de referencia de la poesía de la conciencia en España, apareciendo en sus antologías de 2012, 2016, 2017, 2019, 2021 y 2022.
Una obra sin prisa y sin disfraz
La bibliografía de Fernando Barbero Carrasco es la de alguien que escribe porque tiene algo que decir, no porque necesite publicar. Desde El sueño de Homero (Ed. Personal, 2005) y Diario de un caminante boquiabierto (Ed. Personal, 2007) —ambos de edición propia, en el gesto más ácrata posible— hasta sus colaboraciones con sellos como Queimada Ediciones, Amargord o Océano Atlántico, su obra suma más de una decena de títulos que abarcan la poesía, el relato, el ensayo histórico y la antología.
Entre sus trabajos en prosa destaca Breve y somera historia del anarquismo (Queimada Ediciones, 2018), que el propio editor describe como un libro que permite acercarse al anarquismo “en forma de río de ideas, quizá sea este también un modo ácrata de afrontar lo filosófico”. En relato publicó El vértigo de su mirada (Bubock Editorial, 2012), donde montaña, ciudad, muerte, jazz, ironía, amor y memoria conviven en un viaje por el interior del escritor.
En poesía, su trayectoria reciente incluye La madalena de Bukowski (Amargord Ediciones, 2020) y Bosques, montañas y gente. Haikus y tankas (Océano Atlántico Ediciones, 2021), libro que revela otra dimensión de su escritura: la contención extrema del haiku como forma de relacionarse con la naturaleza. En 2024 publicó El viento, los vientos. Poesía para entenderlos (Océano Atlántico Ediciones), y en 2026 aparece su obra más ambiciosa hasta la fecha, La muerte siempre nos deja con algo por hacer, publicada por Ediciones Rilke.
También compiló Palabras de barricada. Una recopilación de anarcoversos (Queimada Ediciones, 2015), antología en la que reunió a más de cuarenta poetas en torno al pensamiento libertario, con el propósito de demostrar que la poesía comprometida no excluye la calidad: “Hemos buscado no solo la rabia y la decepción, sino, sobre todo, la fuerza y belleza poéticas que salen de corazones ácratas”.
La montaña y la barricada
Definir a Barbero solo como poeta sería empobrecerlo. Es también montañero, viajero, sindicalista, cronista de causas olvidadas y educador en espacios donde la educación llega tarde y mal. En La muerte siempre nos deja con algo por hacer esas identidades no se separan: escala montañas en los mismos poemas en que recorre los campamentos de refugiados saharauis de Tindouf, visita Lisboa el año de los Stones y come en la Casona del Molino de Salta escuchando zambas.
La coherencia entre vida y obra en Barbero no es un mérito literario que se atribuye él mismo: es verificable. Cada geografía que aparece en sus poemas es un lugar donde estuvo. Cada causa que defiende es una causa en la que participa. En un panorama literario donde la autenticidad se ha convertido con demasiada frecuencia en estrategia de marketing, la de Fernando Barbero Carrasco es simplemente su manera de estar en el mundo: sin disfraz, sin institución que le avale y sin prisa por pertenecer a ningún canon.
Escribió de sí mismo, con la claridad que le caracteriza, que aprendió de pastores, barrenderos y camareras de bares de barrio. Esa es su universidad. Y es difícil imaginar una mejor.
FERNANDO BARBERO CARRASCO. Escritor, poeta. Compartir en X











