{"id":364,"date":"2026-10-21T14:42:16","date_gmt":"2026-10-21T14:42:16","guid":{"rendered":"https:\/\/nuestrosescritores.com\/enriquegracianiconstante\/?p=364"},"modified":"2026-10-22T17:55:37","modified_gmt":"2026-10-22T17:55:37","slug":"lector-sinencuentro-enrique-graciani-constante","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nuestrosescritores.com\/enriquegracianiconstante\/2026\/10\/21\/lector-sinencuentro-enrique-graciani-constante\/","title":{"rendered":"Estimada\/o lectora\/or: figuras del lector y est\u00e9tica de la recepci\u00f3n en Sinencuentro"},"content":{"rendered":"<p><em>An\u00e1lisis acad\u00e9mico<\/em><\/p>\n<p><strong>\u00c1ngela Isabel de Claudia Soneira<\/strong> \u2014 Grupo Editorial P\u00e9rez-Ayala<br \/>\nORCID: <a href=\"https:\/\/orcid.org\/0009-0000-7439-6149\" rel=\"noopener\" target=\"_blank\">0009-0000-7439-6149<\/a><\/p>\n<p>Estudio sobre <em>Sinencuentro<\/em>, de Enrique Graciani Constante y Elo\u00edsa Zapata Tinajero (Editorial Poes\u00eda eres t\u00fa, Madrid, 2026. ISBN 979-13-87806-55-2).<\/p>\n<p>T\u00edtulo del estudio en Zenodo: <em>Estimada\/o lectora\/or: figuras del lector y est\u00e9tica de la recepci\u00f3n en Sinencuentro<\/em>. Registro: <a href=\"https:\/\/zenodo.org\/records\/23536555\" rel=\"noopener\" target=\"_blank\">https:\/\/zenodo.org\/records\/23536555<\/a><\/p>\n<h2>1. Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p>Pocos libros nombran a su lector tantas veces como <em>Sinencuentro<\/em> (Editorial Poes\u00eda eres t\u00fa, 2026), de Enrique Graciani Constante y Elo\u00edsa Zapata Tinajero. La carta que lo abre comienza con un vocativo, \u00abEstima Lector\/a.\u00bb (p. 7); el poema que da t\u00edtulo al libro se cierra dirigi\u00e9ndose a la \u00abestimada\/o lectora\/or\u00bb (p. 50); una composici\u00f3n invita a la lectora o al lector a elegir un final; otra repite la invitaci\u00f3n al \u00abAmigo lector \/ lectora\u00bb (p. 57); un lector ficticio escribe al autor y el autor le responde; y el ep\u00edlogo se abre con el vocativo \u00abEstimada\/o Lectora\/or:\u00bb (p. 85) y se despide de \u00e9l con la f\u00f3rmula \u00abLector\/ra\u2026 Otra vez ser\u00e1.\u00bb (p. 85). El lector no es en este libro una instancia impl\u00edcita que el an\u00e1lisis deba reconstruir, sino un interlocutor al que el texto se dirige, al que pide indulgencia, al que ofrece opciones y al que representa.<\/p>\n<p>Este an\u00e1lisis estudia las figuras del lector en <em>Sinencuentro<\/em> desde la est\u00e9tica de la recepci\u00f3n. Su objetivo es identificar los distintos papeles que el libro asigna a quien lo lee, describir los procedimientos con que los construye y examinar qu\u00e9 tipo de lectura propone. La hip\u00f3tesis es que el libro articula una secuencia de figuras lectoras, del lector apelado al lector representado, pasando por el lector elector, y que esa secuencia culmina en una lectura doble: la que el lector hace de la primera parte y la que rehace tras leer la segunda.<\/p>\n<p>El marco te\u00f3rico procede de la est\u00e9tica de la recepci\u00f3n alemana, en particular de Hans Robert Jauss (1970; 2000) y Wolfgang Iser (1987), recogidos en la antolog\u00eda editada por Rainer Warning (1989), y de la semi\u00f3tica de la lectura de Umberto Eco (1981; 1984). Se tienen en cuenta adem\u00e1s los estudios sobre la metaficci\u00f3n de Linda Hutcheon (1980) y Patricia Waugh (1984), que han atendido al papel del lector en los textos autoconscientes.<\/p>\n<h2>2. El lector apelado: la carta abierta<\/h2>\n<p>El primer lector que aparece en el libro es el destinatario de la carta inicial. La carta lo saluda con una f\u00f3rmula de cortes\u00eda epistolar y le dirige tres mensajes. El primero es una justificaci\u00f3n del t\u00edtulo, que el lector podr\u00eda considerar extravagante. El segundo es una petici\u00f3n de indulgencia basada en la edad del autor: \u00abCon edad avanzada puede uno escribir cosas no bien establecidas, pues se achaca a los trastornos propios de los muchos a\u00f1os, y no se ha de pedir por ello perd\u00f3n.\u00bb (p. 7). El tercero es un deseo: que el lector encuentre en el libro un rato de esparcimiento, \u00abencontrar en ella un rato de esparcimiento an\u00e1logo al que nosotros hemos tenido al pensarla y escribirla.\u00bb (p. 7).<\/p>\n<p>Cada uno de estos mensajes anticipa una reacci\u00f3n posible del lector y procura orientarla. Jauss (1970) llam\u00f3 horizonte de expectativas al sistema de referencias con que el p\u00fablico recibe una obra, formado por su conocimiento del g\u00e9nero, de las obras anteriores y de la diferencia entre el lenguaje po\u00e9tico y el pr\u00e1ctico. La carta inicial intenta configurar ese horizonte. Al definir la obra como novela corta, sit\u00faa al lector ante un g\u00e9nero narrativo que el libro, compuesto en buena parte de poemas breves, no cumple de forma convencional. Al pedir indulgencia, rebaja las expectativas de correcci\u00f3n formal. Al desear esparcimiento, establece el registro l\u00fadico de la lectura.<\/p>\n<p>La carta contiene adem\u00e1s un detalle que no conviene pasar por alto. El deseo de esparcimiento se formula en primera persona del plural: el rato que nosotros hemos tenido al pensarla y escribirla. La carta est\u00e1 firmada por Enrique, pero el plural incluye a la coautora. El lector es informado desde el principio de que la obra es fruto de un trabajo compartido, aunque la carta hable en nombre de uno solo. La autor\u00eda doble forma parte del horizonte que el libro construye. Philippe Lejeune (1994) mostr\u00f3 que la firma y el nombre propio determinan el tipo de pacto que el lector establece con un texto; en <em>Sinencuentro<\/em>, la firma individual de la carta y el plural de su enunciado preparan una lectura en la que el lector deber\u00e1 atender a dos firmas y a dos versiones.<\/p>\n<p>La forma del vocativo inicial, \u00abEstima Lector\/a.\u00bb (p. 7), con la barra que separa el masculino del femenino, inaugura un rasgo que se mantiene a lo largo del libro: la doble marca de g\u00e9nero en todas las apelaciones al lector. La lectora o lector, estimada\/o lectora\/or, amigo lector \/ lectora, lector\/ra: el libro se dirige de manera expl\u00edcita a lectoras y lectores. El rasgo tiene un valor que excede la correcci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica. En un libro que trata de la diferencia entre la mirada de un hombre y la de una mujer sobre una misma relaci\u00f3n, la insistencia en que el lector puede ser de uno u otro sexo anticipa que la lectura depender\u00e1, en parte, de la posici\u00f3n desde la que se lea.<\/p>\n<h2>3. El lector elector: los finales alternativos<\/h2>\n<p>La segunda figura lectora aparece en la composici\u00f3n \u00ab\u00bfC\u00f3mo terminar la Historia?\u00bb (p. 45), que ofrece al lector la posibilidad de elegir el final: \u00abLa Lectora\/Lector puede escoger entre los cinco finales expuestos el que le sea m\u00e1s agradable o vaya mejor con su posible romanticismo:\u00bb (p. 45). La elecci\u00f3n no se presenta como resultado de un an\u00e1lisis del texto, sino como cuesti\u00f3n de preferencia personal: el final m\u00e1s agradable, el que mejor se ajuste al romanticismo de cada cual. El lector se convierte en coautor del desenlace.<\/p>\n<p>Eco (1984) distingui\u00f3 entre la apertura que caracteriza a toda obra de arte, susceptible de interpretaciones diversas, y la apertura de las obras en movimiento, que ofrecen al int\u00e9rprete la posibilidad de intervenir materialmente en su configuraci\u00f3n. Los finales alternativos de <em>Sinencuentro<\/em> pertenecen al segundo tipo, aunque en una forma modesta: el libro no permite al lector reorganizar sus partes, pero s\u00ed le ofrece un repertorio de desenlaces entre los que elegir. La elecci\u00f3n no modifica el texto impreso, pero modifica su sentido para quien la realiza.<\/p>\n<p>Las opciones ofrecidas representan actitudes lectoras distintas. La primera, el final abierto, corresponde al lector que acepta la indeterminaci\u00f3n. La segunda, la firma con seud\u00f3nimo o con el nombre propio, corresponde al lector que se identifica con la historia hasta apropi\u00e1rsela. La tercera, el final de una historia de Benavente, corresponde al lector culto, que reconoce en la tradici\u00f3n un desenlace adecuado. La cuarta, el deseo de que la tormenta acabe y la vida florezca, corresponde al lector rom\u00e1ntico. Y la quinta, no rotulada, que el texto introduce con la frase \u00abDespu\u00e9s de mucho cavilar caigo que debo comenzar por escribirla.\u00bb (p. 47), corresponde al lector que prefiere que la historia se cuente antes de terminarla.<\/p>\n<p>Iser (1987) describi\u00f3 el texto literario como una estructura que contiene lugares de indeterminaci\u00f3n, vac\u00edos que el lector debe llenar mediante la actividad de la lectura. Los finales alternativos son un caso extremo de esa estructura, porque el vac\u00edo no es impl\u00edcito sino expl\u00edcito: el texto declara que el final falta y propone al lector varias formas de llenarlo. Pero el libro no deja el vac\u00edo del todo abierto, porque ofrece opciones predefinidas. El lector elige dentro de un repertorio que el autor ha preparado. La libertad del lector es real, pero est\u00e1 guiada.<\/p>\n<h2>4. El lector disuadido: la autocr\u00edtica como estrategia<\/h2>\n<p>Junto a las invitaciones, el libro contiene una serie de disculpas dirigidas al lector que funcionan como estrategia de recepci\u00f3n. La composici\u00f3n \u00abHa pasado justamente un a\u00f1o\u00bb, tras sesenta versos de felicitaci\u00f3n, se dirige a su destinataria con una advertencia sobre la p\u00e9rdida de tiempo que supone leerla: \u00abSi bien, al leerme pierdas tu tiempo.\u00bb (p. 42); y a\u00f1ade, con un matiz de complicidad: \u00ab\u00a1Quiz\u00e1s! quieras perderlo este a\u00f1o.\u00bb (p. 42). Al final de la misma composici\u00f3n, la disculpa se hace expl\u00edcita: \u00abMil perdones por malgastar tu tiempo.\u00bb (p. 43). El poema \u00abSinencuentro\u00bb termina con una declaraci\u00f3n de incapacidad: el autor no es buen versificador y pide mil perdones por no narrar la historia. Y el ep\u00edlogo vuelve sobre la posible decepci\u00f3n del lector: \u00abDe no ser as\u00ed, lo siento, yo no tengo m\u00e1s talento.\u00bb (p. 85).<\/p>\n<p>Estas disculpas tienen una funci\u00f3n parad\u00f3jica. En apariencia, rebajan el valor de la obra y anticipan su rechazo. En la pr\u00e1ctica, desarman la cr\u00edtica, porque el autor se ha adelantado a formularla. La ret\u00f3rica cl\u00e1sica conoc\u00eda este procedimiento con el nombre de captatio benevolentiae: el orador que se declara inferior a su tarea predispone al p\u00fablico a su favor. En <em>Sinencuentro<\/em>, la captatio no se limita al pr\u00f3logo, como en la tradici\u00f3n, sino que se distribuye a lo largo del libro y reaparece en los momentos en que el lector podr\u00eda impacientarse o decepcionarse.<\/p>\n<p>El efecto de esta estrategia sobre el horizonte de expectativas es claro. El lector que recibe tantas advertencias sobre las limitaciones del autor no espera una obra de virtuosismo formal, y juzga el libro desde otros criterios: la sinceridad, el ingenio, la capacidad de entretener. Jauss (2000) sostuvo que el valor de una obra se mide por la distancia est\u00e9tica que la separa del horizonte de su p\u00fablico; <em>Sinencuentro<\/em> reduce deliberadamente esa distancia en el plano formal y la sit\u00faa en el plano estructural, donde el libro s\u00ed propone una experiencia de lectura poco convencional.<\/p>\n<h2>5. El lector representado: la carta del Lector Empedernido<\/h2>\n<p>La tercera figura lectora es la m\u00e1s elaborada. En el apartado P.S., un personaje que firma como Un Lector Empedernido escribe al autor tras haber le\u00eddo la primera parte del libro. Su carta comienza con una declaraci\u00f3n de atenci\u00f3n: \u00abTe he le\u00eddo con buena atenci\u00f3n y he cre\u00eddo conveniente que te debo escribir\u00bb (p. 63). El lector representado es, por tanto, un lector cuidadoso, que ha le\u00eddo con detenimiento y que considera la lectura un acto que exige respuesta.<\/p>\n<p>El contenido de la carta es una cr\u00edtica de lectura. El lector reprocha al autor la parcialidad de su relato, le recomienda una obra de la coautora como contrapunto y le acusa de ver en blanco y negro lo que ella percibe en matices. Pero la carta no se limita a criticar. El lector ejerce tambi\u00e9n la opci\u00f3n que el libro le hab\u00eda ofrecido: elige uno de los cinco finales, el cuarto, por considerarlo el m\u00e1s rom\u00e1ntico, y explica las condiciones en que ese final ser\u00eda posible: un arrepentimiento sincero del autor y el abandono de las posiciones que le alejan de ella. El lector representado hace, as\u00ed, lo que el libro ped\u00eda al lector real: elegir, y razonar su elecci\u00f3n. Janet Gurkin Altman (1982) dedic\u00f3 un cap\u00edtulo de su estudio de la epistolaridad al peso del lector, es decir, a la forma en que el destinatario de una carta condiciona lo que se escribe; en el apartado P.S., ese peso se ejerce sobre el autor, que modifica su posici\u00f3n a partir de la carta recibida.<\/p>\n<p>Iser (1987) distingui\u00f3 entre el lector impl\u00edcito, entendido como estructura del texto que prefigura la actividad de la lectura, y los lectores reales que actualizan esa estructura. La carta del Lector Empedernido es un caso en el que el lector impl\u00edcito se hace expl\u00edcito: el texto representa a un lector que lee de la forma en que el texto quiere ser le\u00eddo. Eco (1981) llam\u00f3 lector modelo a la figura de lector que el texto construye mediante sus estrategias, y advirti\u00f3 que el texto puede representar a ese lector dentro de s\u00ed. El Lector Empedernido es un lector modelo representado, y su funci\u00f3n es mostrar al lector real el tipo de lectura cr\u00edtica y participativa que el libro espera.<\/p>\n<p>La respuesta del autor confirma la eficacia de esa lectura. En la \u00abCarta del autor\u00bb (p. 65), la voz autorial reconoce haber le\u00eddo con atenci\u00f3n la carta recibida: \u00abYa he le\u00eddo con atenci\u00f3n tu escrito y pienso que es mi deber escribir, contestar a tu misiva en pocas palabras\u00bb (p. 65); acepta la cr\u00edtica, declara su arrepentimiento y agradece al lector su intervenci\u00f3n: \u00abMuchas Gracias apreciado amigo por intuir que contabas conmigo.\u00bb (p. 65). La relaci\u00f3n entre autor y lector se presenta como una amistad, y la cr\u00edtica como una forma de colaboraci\u00f3n. El lector no es un juez externo, sino un interlocutor que contribuye a la obra.<\/p>\n<p>La intervenci\u00f3n de la Redacci\u00f3n, que se dirige a ambos con la f\u00f3rmula \u00abMis muy estimados: Autor y Lector:\u00bb (p. 67), sit\u00faa al autor y al lector en un mismo plano, como corresponsales de un medio que media entre ellos. Y la nota final del apartado informa de que ambos agradecieron la excepci\u00f3n: \u00abAmbos, Lector y Autor, dieron las gracias al Redactor y a la Redacci\u00f3n por la excepci\u00f3n.\u00bb (p. 69). La simetr\u00eda de la f\u00f3rmula, que antepone al lector, refuerza la igualdad entre ambas figuras. Hutcheon (1980) se\u00f1al\u00f3 que la metaficci\u00f3n convierte al lector en cocreador del texto; el apartado P.S. de <em>Sinencuentro<\/em> dramatiza esa cocreaci\u00f3n.<\/p>\n<h2>6. La segunda lectura: la parte de ella como relectura<\/h2>\n<p>La cuarta figura lectora no est\u00e1 representada en el texto, sino que se constituye en la lectura de la segunda parte. Tras leer la cr\u00edtica del lector ficticio, el lector real llega a la prosa de Zapata Tinajero sabiendo que en ella encontrar\u00e1 la otra versi\u00f3n de la historia. Esa prosa, de algo m\u00e1s de dos p\u00e1ginas, narra la noche de la declaraci\u00f3n desde la perspectiva de ella, explica sus razones para rechazarla y describe la continuaci\u00f3n de la amistad.<\/p>\n<p>La lectura de la segunda parte obliga a releer la primera. Los mensajes que la voz masculina presentaba como expresi\u00f3n de afecto se revelan, desde la perspectiva de ella, como insistencia que hab\u00eda que contener. La tormenta, que en el poema de la primera parte era una noche de miedo vivida por una anciana, se revela como la noche de la declaraci\u00f3n. El estribillo seg\u00fan el cual todo pas\u00f3 y no fue nada se reformula en la prosa de ella como nada pas\u00f3 y pas\u00f3 tanto. El lector que llega al final del libro dispone de dos versiones y debe reconstruir la historia a partir de ambas.<\/p>\n<p>Jauss (1970) describi\u00f3 la historia de la recepci\u00f3n como una sucesi\u00f3n de lecturas en la que cada una modifica el horizonte de las siguientes. <em>Sinencuentro<\/em> reproduce esa sucesi\u00f3n dentro de un solo libro. La primera lectura, la de la parte masculina, establece un horizonte; la cr\u00edtica del lector ficticio lo cuestiona; la segunda lectura, la de la parte femenina, lo transforma. El libro est\u00e1 construido para que el lector experimente, en el curso de una sola lectura, el cambio de horizonte que la recepci\u00f3n hist\u00f3rica de una obra produce a lo largo del tiempo.<\/p>\n<p>Paul Ricoeur (1995) situ\u00f3 en la lectura el \u00faltimo momento de la configuraci\u00f3n narrativa, aquel en el que el mundo del texto se encuentra con el mundo del lector. En <em>Sinencuentro<\/em>, ese encuentro se produce dos veces, y la segunda corrige la primera. La prosa de ella no contiene apelaciones al lector: es un texto introspectivo, en el que la narradora se interroga a s\u00ed misma. La diferencia de modo enunciativo es significativa. La voz masculina necesita al lector, lo invoca, le pide indulgencia y le ofrece opciones; la voz femenina habla para s\u00ed, y el lector la escucha. La segunda parte no busca la complicidad del lector, sino que se la gana por la claridad de su razonamiento. Roland Barthes (2008) escribi\u00f3, al presentar sus fragmentos sobre el lenguaje del enamorado, que el discurso amoroso es hoy de una extrema soledad; la voz masculina de <em>Sinencuentro<\/em> habla desde esa soledad y busca en el lector el interlocutor que la destinataria no es, mientras que la voz femenina, que no est\u00e1 enamorada en el mismo grado, no lo necesita. Y la prosa de ella es, en el sentido de Mija\u00edl Bajt\u00edn (1982), un enunciado que responde a otro anterior: su sentido pleno solo se percibe en relaci\u00f3n con los poemas a los que contesta.<\/p>\n<p>El final de la prosa de ella deja la historia abierta, pero de otro modo que la primera parte. La narradora se pregunta si asistir\u00e1 a la pr\u00f3xima comida, si asistir\u00e1 \u00e9l, si seguir\u00e1n con el juego de la espera: \u00ab\u00bfAsistir\u00e9? \u00bfAsistir\u00e1 \u00e9l?\u00bb (p. 78). Y concluye con una frase breve que deja la decisi\u00f3n al tiempo. El lector que en la primera parte hab\u00eda sido invitado a elegir el final descubre que, en la segunda, la decisi\u00f3n no le corresponde: pertenece a la narradora, y ella la ha tomado ya en lo esencial, al negarse a cruzar la l\u00ednea de la amistad.<\/p>\n<h2>7. Itinerarios de lectura: \u00edndices, silencios y una firma<\/h2>\n<p>La construcci\u00f3n del lector en <em>Sinencuentro<\/em> no depende solo de las apelaciones expl\u00edcitas, sino tambi\u00e9n de la disposici\u00f3n material del libro, que propone itinerarios de lectura. El volumen tiene tres \u00edndices: uno para cada parte y uno general. El primero aparece despu\u00e9s de la parte de Graciani Constante (pp. 61-62); el segundo, despu\u00e9s de la de Zapata Tinajero (p. 81); el general, al final del volumen (p. 91). Esta disposici\u00f3n, poco habitual, invita a leer cada parte como una unidad cerrada, con su propio recorrido, antes de integrarla en el conjunto.<\/p>\n<p>El primer \u00edndice contiene una entrada que altera ese itinerario: registra el poema \u00abEl Duende\u00bb en la p\u00e1gina 83, es decir, fuera de la parte que indexa. El lector que consulta el \u00edndice de la primera parte encuentra una remisi\u00f3n a una p\u00e1gina situada despu\u00e9s de la segunda. La anomal\u00eda, cuyo origen el libro no explica, obliga al lector atento a preguntarse por la pertenencia del poema y, al encontrarlo despu\u00e9s de la prosa de ella, a leerlo como respuesta a esa prosa. El \u00edndice funciona, en este caso, como un indicador que dirige la lectura hacia un lugar inesperado.<\/p>\n<p>El libro contiene tambi\u00e9n silencios materiales. Varias p\u00e1ginas pares quedan en blanco, como es habitual en la maquetaci\u00f3n, pero algunas pausas tienen valor significativo: tras la pregunta por la imaginaci\u00f3n en el poema \u00abSinencuentro\u00bb, el texto deja un espacio vac\u00edo antes de la estrofa que justifica la interrupci\u00f3n del relato; en la \u00abCarta a los Reyes Magos\u00bb, un signo de interrogaci\u00f3n que encierra unos puntos suspensivos, sin palabras, marca la incapacidad del sujeto para decidir qu\u00e9 pedir (p. 25); en Un gr\u00e1cil \u00abEscusa\u00bb, una l\u00ednea de guiones separa dos cuartetas y dos momentos de la historia (p. 36). Iser (1987) consider\u00f3 que los vac\u00edos del texto no son defectos, sino condiciones de la actividad lectora; los silencios tipogr\u00e1ficos de <em>Sinencuentro<\/em> son vac\u00edos de este tipo, que el lector llena con lo que el contexto le permite inferir.<\/p>\n<p>El caso m\u00e1s notable es la palabra aislada que sigue al poema \u00ab\u00bfFin?\u00bb. Tras invitar al lector a buscar un final entre los propuestos, el texto reproduce el estribillo, que termina en dos puntos, y deja en p\u00e1gina aparte una sola palabra: \u00abYo.\u00bb (p. 59). El \u00edndice la registra como entrada propia. La palabra admite, al menos, dos lecturas. Puede ser la respuesta del autor a la paradoja del estribillo: entre todo y nada, yo. Puede ser tambi\u00e9n la firma que la opci\u00f3n B de los finales propon\u00eda al lector: que cada cual ponga su nombre. En la segunda lectura, la palabra yo deja de pertenecer al autor y pasa a pertenecer a quien lee. El lector que la pronuncia firma la historia. El libro le ofrece as\u00ed, en una p\u00e1gina casi vac\u00eda, el lugar m\u00e1s expl\u00edcito de su participaci\u00f3n.<\/p>\n<h2>8. Lector y lectora: la doble marca de g\u00e9nero<\/h2>\n<p>Se ha se\u00f1alado que el libro se dirige de manera sistem\u00e1tica a lectoras y lectores mediante la doble marca de g\u00e9nero. Conviene examinar esta caracter\u00edstica con m\u00e1s detalle, porque su funci\u00f3n excede la de una f\u00f3rmula de cortes\u00eda. Las apelaciones al lector presentan variaciones en el orden de los g\u00e9neros: la carta inicial dice \u00abLector\/a\u00bb y menciona despu\u00e9s a \u00abla lectora o lector\u00bb; la composici\u00f3n de los finales habla de \u00abLa Lectora\/Lector\u00bb; el p\u00e1rrafo final del poema largo, de \u00abestimada\/o lectora\/or\u00bb; el poema \u00ab\u00bfFin?\u00bb, de \u00ablector \/ lectora\u00bb; el ep\u00edlogo, de \u00abEstimada\/o Lectora\/or\u00bb y de \u00abLector\/ra\u00bb. El orden var\u00eda: unas veces precede el femenino, otras el masculino.<\/p>\n<p>Esta variaci\u00f3n sugiere que la doble marca no es un automatismo, sino una atenci\u00f3n consciente a la posibilidad de que el libro sea le\u00eddo por mujeres y por hombres. La cuesti\u00f3n es pertinente para un libro cuyo tema es la diferencia de perspectiva entre un hombre y una mujer. La carta del lector ficticio, que reprocha al autor su visi\u00f3n parcial, est\u00e1 firmada por un lector en masculino, Un Lector Empedernido; pero lo que defiende es la perspectiva de ella. El lector ficticio es un hombre que lee desde la posici\u00f3n de la mujer, o que al menos reconoce su existencia.<\/p>\n<p>La teor\u00eda de la recepci\u00f3n ha atendido de forma creciente a la influencia del g\u00e9nero del lector en la lectura. Sin entrar en ese debate, puede observarse que <em>Sinencuentro<\/em> parece prever dos lecturas diferenciadas de la primera parte: la de quien se identifica con la voz masculina y su espera, y la de quien percibe, como el lector ficticio, la ausencia de la otra mirada. La segunda parte del libro da la raz\u00f3n a la segunda lectura. La doble marca de g\u00e9nero en las apelaciones anticipa, por tanto, la doble estructura del libro.<\/p>\n<h2>9. Los lectores reales: el agradecimiento y la edici\u00f3n<\/h2>\n<p>El libro contiene adem\u00e1s una referencia a lectores reales, distintos del lector apelado y del representado. La p\u00e1gina de agradecimiento dice: \u00abLos Autores hacen constar su agradecimiento profundo al equipo de Editorial Poes\u00eda eres t\u00fa por su lectura atenta y sus sugerencias durante la preparaci\u00f3n de este libro.\u00bb (p. 87). Los primeros lectores del libro son, seg\u00fan esta indicaci\u00f3n, quienes participaron en su edici\u00f3n, y su lectura, calificada de atenta, se acompa\u00f1\u00f3 de sugerencias que contribuyeron a su forma final.<\/p>\n<p>Genette (2001) incluy\u00f3 los agradecimientos entre los elementos del peritexto que informan al lector sobre las circunstancias de producci\u00f3n de la obra. En <em>Sinencuentro<\/em>, el agradecimiento cumple esa funci\u00f3n y, adem\u00e1s, establece una continuidad con el resto del libro. La lectura atenta del equipo editorial se corresponde con la lectura atenta del lector ficticio, que tambi\u00e9n lee con buena atenci\u00f3n y escribe al autor. En ambos casos, la lectura es un acto que interviene en la obra. La carta del lector ficticio, que pide al editor que no deje su carta en el caj\u00f3n, introduce la figura del editor como intermediario, y el agradecimiento final confirma que esa mediaci\u00f3n tuvo lugar en la realidad.<\/p>\n<p>Las notas finales ofrecen otro indicio de la relaci\u00f3n del autor con sus lectores reales. La \u00faltima de ellas corrige una errata de un libro anterior del autor y agradece al nieto que se la se\u00f1al\u00f3: \u00abGracias a mi nieto por ense\u00f1\u00e1rmela y perd\u00f3n, son cosas de la edad.\u00bb (p. 90). El lector familiar que detecta un error es otro de los lectores reales que el libro reconoce. La obra se presenta como resultado de una red de lecturas, de la familiar a la editorial, que la han acompa\u00f1ado en su elaboraci\u00f3n.<\/p>\n<h2>10. El ep\u00edlogo y la lectura contemplativa<\/h2>\n<p>El ep\u00edlogo, firmado por Enrique, cierra el libro con una \u00faltima apelaci\u00f3n al lector. Su primera estrofa plantea la ambig\u00fcedad sobre la naturaleza de lo le\u00eddo y expresa una esperanza: \u00abSe termin\u00f3 con euforia pensando que te gustar\u00e1.\u00bb (p. 85). La segunda contiene la disculpa ya comentada y la despedida: otra vez ser\u00e1. Las dos \u00faltimas declaran el prop\u00f3sito de seguir escribiendo: \u00abEs mi prop\u00f3sito seguir p\u00e1rrafos versificando,\u00bb (p. 85), y las dificultades de hacerlo. El libro termina con la promesa de una continuaci\u00f3n y, por tanto, con la previsi\u00f3n de nuevos lectores.<\/p>\n<p>Antes del ep\u00edlogo, el poema \u00abEl Duende\u00bb ofrece una imagen de otro tipo de recepci\u00f3n, la contemplaci\u00f3n est\u00e9tica compartida. El poema describe a dos personas que, en una terraza, contemplan un atardecer de invierno: \u00abcon los ojos del alma, contemplamos, sentimos, admiramos tu belleza.\u00bb (p. 83). Y precisa que esos ojos se abren solo en ocasiones: la belleza \u00abhace sentir a los ojos del alma, normalmente cerrados, su presencia.\u00bb (p. 83). Los ojos del alma son la facultad de percibir la belleza m\u00e1s all\u00e1 de la percepci\u00f3n ordinaria, y el poema los presenta como algo que se activa en una experiencia compartida.<\/p>\n<p>Esta imagen puede leerse como una figura de la lectura que el libro desea. Iser (1987) describi\u00f3 la lectura como un proceso en el que el texto se constituye en la conciencia del lector mediante la s\u00edntesis de perspectivas sucesivas. La contemplaci\u00f3n descrita en \u00abEl Duende\u00bb tiene rasgos an\u00e1logos: dos personas que miran lo mismo, cada una desde su lugar, y que comparten una experiencia que ninguna de ellas producir\u00eda sola. El libro, construido con dos perspectivas sobre una misma historia, pide al lector una lectura de ese tipo: la s\u00edntesis de dos miradas que, por separado, ofrecen versiones incompletas.<\/p>\n<h2>11. Conclusiones<\/h2>\n<p>El an\u00e1lisis de las figuras del lector en <em>Sinencuentro<\/em> permite extraer las siguientes conclusiones.<\/p>\n<p>En primer lugar, el libro nombra al lector con una frecuencia inusual y le asigna papeles diversos. El lector apelado de la carta inicial recibe una justificaci\u00f3n del t\u00edtulo, una petici\u00f3n de indulgencia y un deseo de esparcimiento, mediante los cuales el libro configura su horizonte de expectativas. La carta informa adem\u00e1s, mediante un plural, de que la obra es fruto de un trabajo compartido.<\/p>\n<p>En segundo lugar, el lector elector recibe la posibilidad de escoger el final entre cinco opciones, cuatro rotuladas y una impl\u00edcita, que representan actitudes lectoras distintas. La elecci\u00f3n es libre dentro de un repertorio preparado por el autor, y convierte al lector en coautor del sentido de la obra.<\/p>\n<p>En tercer lugar, el libro distribuye a lo largo de su desarrollo una serie de disculpas que funcionan como captatio benevolentiae, rebajan las expectativas formales y desplazan el juicio del lector hacia criterios de ingenio y de sinceridad.<\/p>\n<p>En cuarto lugar, la carta del Lector Empedernido representa dentro del libro al lector modelo: un lector atento, cr\u00edtico y participativo, que elige un final, razona su elecci\u00f3n y contribuye a la obra. La respuesta del autor y la intervenci\u00f3n de la Redacci\u00f3n sit\u00faan al autor y al lector en un mismo plano y dramatizan la cocreaci\u00f3n del texto.<\/p>\n<p>En quinto lugar, la segunda parte del libro obliga a releer la primera y produce, dentro de una sola lectura, el cambio de horizonte que la recepci\u00f3n hist\u00f3rica de una obra produce a lo largo del tiempo. La prosa de ella, sin apelaciones al lector, contrasta con la voz masculina, que necesita al lector y lo invoca constantemente.<\/p>\n<p>En sexto lugar, la doble marca de g\u00e9nero en todas las apelaciones al lector anticipa la doble estructura del libro y prev\u00e9 lecturas diferenciadas de la primera parte. El agradecimiento al equipo editorial y la nota sobre la errata se\u00f1alada por un familiar reconocen, por \u00faltimo, a los lectores reales que acompa\u00f1aron la elaboraci\u00f3n de la obra.<\/p>\n<p>En conjunto, <em>Sinencuentro<\/em> construye un modelo de lectura participativa, dialogada y doble, en el que el lector elige, critica, relee y sintetiza. El poema \u00abEl Duende\u00bb, con su imagen de una contemplaci\u00f3n compartida con los ojos del alma, ofrece una figura de esa lectura. El libro no se limita a ser le\u00eddo: escenifica su propia lectura, en el modo que Jos\u00e9 Mar\u00eda Pozuelo Yvancos (1993) atribu\u00eda a las ficciones que incorporan una reflexi\u00f3n sobre su estatuto, y la propone como experiencia que se comparte, al modo de la belleza que dos personas contemplan juntas desde una terraza.<\/p>\n<h2>Bibliograf\u00eda<\/h2>\n<p>Altman, J. G. (1982). <em>Epistolarity: Approaches to a Form<\/em>. Ohio State University Press. <a href=\"https:\/\/ohiostatepress.org\/books\/BookPages\/AltmanEpistolarity.html\" rel=\"noopener\" target=\"_blank\">https:\/\/ohiostatepress.org\/books\/BookPages\/AltmanEpistolarity.html<\/a><\/p>\n<p>Bajt\u00edn, M. M. (1982). <em>Est\u00e9tica de la creaci\u00f3n verbal<\/em> (T. Bubnova, Trad.). Siglo XXI Editores. ISBN 968-23-1111-X.<\/p>\n<p>Eco, U. (1981). <em>Lector in fabula. La cooperaci\u00f3n interpretativa en el texto narrativo<\/em> (R. Pochtar, Trad.). Lumen. ISBN 84-264-1122-3.<\/p>\n<p>Eco, U. (1984). <em>Obra abierta<\/em> (R. Berdagu\u00e9, Trad.). Planeta-De Agostini. ISBN 84-395-0008-4.<\/p>\n<p>Genette, G. (2001). <em>Umbrales<\/em> (S. Lage, Trad.). Siglo XXI Editores. ISBN 968-23-2322-3.<\/p>\n<p>Graciani Constante, E. y Zapata Tinajero, E. (2026). <em>Sinencuentro<\/em>. Editorial Poes\u00eda eres t\u00fa. ISBN 979-13-87806-55-2.<\/p>\n<p>Hutcheon, L. (1980). <em>Narcissistic Narrative: The Metafictional Paradox<\/em>. Wilfrid Laurier University Press. Reed. 2013, ISBN 978-1-55458-502-1.<\/p>\n<p>Iser, W. (1987). <em>El acto de leer. Teor\u00eda del efecto est\u00e9tico<\/em> (J. A. Gimbernat y M. Barbeito, Trads.). Taurus. ISBN 84-306-2176-8.<\/p>\n<p>Jauss, H. R. (1970). Literary history as a challenge to literary theory. <em>New Literary History<\/em>, 2(1), 7-37. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.2307\/468585\" rel=\"noopener\" target=\"_blank\">https:\/\/doi.org\/10.2307\/468585<\/a><\/p>\n<p>Jauss, H. R. (2000). <em>La historia de la literatura como provocaci\u00f3n<\/em> (J. L. Gil Aristu, Trad.). Pen\u00ednsula. ISBN 84-8307-302-1.<\/p>\n<p>Lejeune, P. (1994). <em>El pacto autobiogr\u00e1fico y otros estudios<\/em> (A. Torrent, Trad.). Megazul-Endymion. ISBN 84-88803-03-6.<\/p>\n<p>Pozuelo Yvancos, J. M. (1993). <em>Po\u00e9tica de la ficci\u00f3n<\/em>. S\u00edntesis. ISBN 84-7738-192-5.<\/p>\n<p>Ricoeur, P. (1995). <em>Tiempo y narraci\u00f3n I. Configuraci\u00f3n del tiempo en el relato hist\u00f3rico<\/em>. Siglo XXI Editores. ISBN 968-23-1966-8.<\/p>\n<p>Warning, R. (Ed.). (1989). <em>Est\u00e9tica de la recepci\u00f3n<\/em>. Visor. ISBN 84-7774-529-3.<\/p>\n<p>Waugh, P. (1984). <em>Metafiction: The Theory and Practice of Self-Conscious Fiction<\/em>. Methuen. ISBN 0-416-32630-7.<\/p>\n<p>Barthes, R. (2008). <em>Fragmentos de un discurso amoroso<\/em> (E. Molina, Trad.). Siglo XXI Editores. ISBN 978-987-629-005-0.<\/p>\n<hr \/>\n<p><strong>DOI:<\/strong> <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.5281\/zenodo.23536555\" rel=\"noopener\" target=\"_blank\">10.5281\/zenodo.23536555<\/a><br \/>\nRegistro en Zenodo: <a href=\"https:\/\/zenodo.org\/records\/23536555\" rel=\"noopener\" target=\"_blank\">https:\/\/zenodo.org\/records\/23536555<\/a><br \/>\nComunidad en Zenodo: <a href=\"https:\/\/zenodo.org\/communities\/sinencuentro-graciani-zapata\" rel=\"noopener\" target=\"_blank\">https:\/\/zenodo.org\/communities\/sinencuentro-graciani-zapata<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>An\u00e1lisis acad\u00e9mico de las figuras del lector en Sinencuentro, de Enrique Graciani Constante y Elo\u00edsa Zapata Tinajero, desde la est\u00e9tica de la recepci\u00f3n: el lector apelado, el lector elector, el lector representado y la doble marca de g\u00e9nero.<\/p>\n","protected":false},"author":0,"featured_media":355,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[52],"tags":[56,55,40,73,74,75,54,60],"class_list":["post-364","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-sinencuentro-estudios-academicos","tag-editorial-poesia-eres-tu","tag-eloisa-zapata-tinajero","tag-enrique-graciani-constante","tag-estetica-de-la-recepcion","tag-lector","tag-obra-abierta","tag-sinencuentro","tag-zenodo"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v26.5 (Yoast SEO v28.7) - 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