{"id":33,"date":"2026-02-20T10:40:07","date_gmt":"2026-02-20T09:40:07","guid":{"rendered":"https:\/\/nuestrosescritores.com\/cesartome\/?p=33"},"modified":"2026-02-20T10:41:16","modified_gmt":"2026-02-20T09:41:16","slug":"33","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nuestrosescritores.com\/cesartome\/2026\/02\/20\/33\/","title":{"rendered":"Deseo maduro y resistencia a la simulaci\u00f3n en Moneda del sentir: \u00e9tica del cuerpo y del encuentro"},"content":{"rendered":"<blockquote><p>Garc\u00eda P\u00e9rez-Tom\u00e1s, Andr\u00e9s. \u00abTesis de maestr\u00eda: deseo maduro y resistencia a la simulaci\u00f3n en moneda del sentir de c\u00e9sar tom\u00e9 mart\u00edn. \u00e9tica del cuerpo y del encuentro en la poes\u00eda amorosa espa\u00f1ola contempor\u00e1nea\u00bb. MONEDA DEL SENTIR. 1.\u00aa ed. Spain: Zenodo, 15 de febrero de 2026. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.5281\/zenodo.18651149\">https:\/\/doi.org\/10.5281\/zenodo.18651149<\/a><\/p><\/blockquote>\n<h1><strong>Deseo maduro y resistencia a la simulaci\u00f3n en <em>Moneda del sentir: \u00e9tica del cuerpo y del encuentro<\/em><\/strong><\/h1>\n<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>La presente tesis de maestr\u00eda analiza <em>Moneda del sentir<\/em> de C\u00e9sar Tom\u00e9 Mart\u00edn como un libro de poes\u00eda donde el tema central es la reivindicaci\u00f3n del deseo maduro como postura existencial frente a la rutina, la simulaci\u00f3n y el desencanto, con una atenci\u00f3n especial al cuerpo como territorio de verdad y a la lucha constante contra el autoenga\u00f1o. El estudio se centra en los treinta y dos poemas de la secci\u00f3n \u00abCANTO O PARTE OLVIDADA\u00bb, le\u00eddos como un laboratorio donde el sujeto po\u00e9tico somete a prueba sus propias formas de desear, su relaci\u00f3n con el tiempo y su resistencia a las m\u00e1scaras afectivas.<\/p>\n<p>El trabajo se organiza en cinco cap\u00edtulos: un marco te\u00f3rico sobre deseo, afectos y \u00e9tica del cuerpo; una definici\u00f3n interna de \u00abdeseo maduro\u00bb tal como se configura en el libro; un an\u00e1lisis de las estrategias de oposici\u00f3n a la simulaci\u00f3n y a la \u00abmoralina\u00bb; un estudio de la tensi\u00f3n entre afirmaci\u00f3n del deseo y conciencia de tiempo, soledad y muerte; y una s\u00edntesis donde se propone una conceptualizaci\u00f3n matizada del deseo maduro en <em>Moneda del sentir<\/em>, diferenci\u00e1ndolo tanto de la confesi\u00f3n juvenil como del cinismo posmoderno.<\/p>\n<ol>\n<li><strong> Marco te\u00f3rico: afectos, cuerpo y deseo maduro<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>1.1. Teor\u00eda de los afectos y \u00e9tica del cuerpo<\/strong><\/p>\n<p>Las teor\u00edas contempor\u00e1neas de los afectos han subrayado que el deseo no puede entenderse s\u00f3lo como carencia o impulso irracional, sino como fuerza que organiza el modo de estar en el mundo, cruzando cuerpo, lenguaje y contexto social. En la l\u00edrica contempor\u00e1nea, esto se traduce en po\u00e9ticas donde el cuerpo deja de ser mero motivo er\u00f3tico o decorativo y pasa a ser lugar de verificaci\u00f3n: lo que no pasa por el cuerpo, no cuenta como experiencia aut\u00e9ntica.<\/p>\n<p>En <em>Moneda del sentir<\/em>, esta \u00e9tica del cuerpo se formula de manera expl\u00edcita desde el Anverso:<\/p>\n<p>\u00abposicionarse siempre a favor de los cuerpos \/ que, sin fruto prohibido, se contemplan.\u00bb<\/p>\n<p>El verbo \u00abposicionarse\u00bb indica una decisi\u00f3n \u00e9tica y no s\u00f3lo un impulso, mientras que los cuerpos \u00absin fruto prohibido\u00bb remiten a un deseo que ha abandonado el mito de la transgresi\u00f3n adolescente y busca una forma de placer compatible con la responsabilidad y la transparencia.<\/p>\n<p><strong>1.2. Poes\u00eda del deseo y madurez l\u00edrica<\/strong><\/p>\n<p>Los estudios sobre poes\u00eda del deseo han se\u00f1alado la existencia de al menos dos grandes modelos: una l\u00edrica juvenil o de primera intensidad, centrada en el arrebato, la idealizaci\u00f3n y el descubrimiento, y una l\u00edrica de madurez, m\u00e1s atenta a la persistencia del deseo en contextos de desgaste, rutina y memoria.<\/p>\n<p><em>Moneda del sentir<\/em> se sit\u00faa con claridad en este segundo territorio. El \u00absentir\u00bb del t\u00edtulo no es el deslumbramiento inicial, sino una forma de deseo que ha conocido el desencanto y el tiempo, pero se resiste a convertirse en cinismo. El libro no narra una historia amorosa concreta, sino que explora, desde m\u00faltiples \u00e1ngulos, la pregunta por c\u00f3mo sostener el deseo en condiciones de adversidad y saturaci\u00f3n de simulacros.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li><strong> Definici\u00f3n interna de \u00abdeseo maduro\u00bb en <em>Moneda del sentir<\/em><\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>2.1. Afirmaci\u00f3n program\u00e1tica del deseo<\/strong><\/p>\n<p>La definici\u00f3n interna de \u00abdeseo maduro\u00bb se anuncia ya en el Anverso como una postura activa frente a la vida:<\/p>\n<p>\u00abPOSICIONARSE pronto, qu\u00e9 soluci\u00f3n cre\u00edble.<br \/>\nQu\u00e9 calidad de rapto,<br \/>\nposicionarse siempre a favor de los cuerpos<br \/>\nque, sin fruto prohibido, se contemplan.\u00bb<\/p>\n<p>Aqu\u00ed se dibujan varios rasgos esenciales. Primero, el deseo maduro implica una toma de posici\u00f3n r\u00e1pida (\u00abpronto\u00bb) frente a un entorno que tiende a la indecisi\u00f3n o a la inhibici\u00f3n. Segundo, se opone a los tab\u00faes y al sentimentalismo culp\u00f3geno, reemplazando el mito del \u00abfruto prohibido\u00bb por una \u00e9tica de la contemplaci\u00f3n mutua sin culpa.<\/p>\n<p>El deseo maduro se presenta tambi\u00e9n como impulso que organiza el tiempo interior:<\/p>\n<p>\u00abEs impulso de tiempo hacia un gran interior,<br \/>\ndonde tacto y palabra saben a qu\u00e9 atenerse.\u00bb<\/p>\n<p>El \u00abgran interior\u00bb no es un refugio narcisista, sino un espacio donde cuerpo (\u00abtacto\u00bb) y lenguaje (\u00abpalabra\u00bb) se articulan sin enga\u00f1o, sabiendo \u00aba qu\u00e9 atenerse\u00bb. El deseo maduro es, as\u00ed, una forma de orientar el tiempo hacia la profundidad compartida, no hacia la aceleraci\u00f3n vac\u00eda.<\/p>\n<p><strong>2.2. Deseo como proyecto y no como instante<\/strong><\/p>\n<p>En el Canto, la definici\u00f3n se complejiza. El Poema 22 condensa varios elementos cruciales:<\/p>\n<p>\u00abDespu\u00e9s de mucho,<br \/>\nprefiero la llegada que la paciencia gesta<br \/>\no un h\u00e1gase-el-fulgor-del-apasionamiento<br \/>\ncuando en cesi\u00f3n y t\u00e1cto las cosas rivalizan.\u00bb<\/p>\n<p>El deseo maduro aparece aqu\u00ed como resultado de un \u00abdespu\u00e9s de mucho\u00bb, es decir, de un largo recorrido de pruebas y fracasos. Frente al deseo concebido como explosi\u00f3n instant\u00e1nea, el sujeto prefiere la \u00abllegada\u00bb que \u00abla paciencia gesta\u00bb, subrayando el valor del tiempo y de la espera activa.<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n \u00abh\u00e1gase-el-fulgor-del-apasionamiento\u00bb formula el deseo no como accidente, sino como acto deliberado que se produce \u00abcuando en cesi\u00f3n y t\u00e1cto las cosas rivalizan\u00bb, es decir, cuando el encuentro se basa en la entrega rec\u00edproca y en el cuerpo. El deseo maduro es, por tanto, un proyecto de vida afectiva que exige negociaci\u00f3n, cesi\u00f3n y cuidado, no s\u00f3lo estallido.<\/p>\n<p><strong>2.3. Autoconciencia y autocr\u00edtica del sujeto deseante<\/strong><\/p>\n<p>Un rasgo decisivo del deseo maduro en <em>Moneda del sentir<\/em> es la autoconciencia cr\u00edtica del sujeto. El Poema 3 lo muestra de manera paradigm\u00e1tica:<\/p>\n<p>\u00abTemo y en cambio olvido, dudo y en cambio soy,<br \/>\npero con los enseres de otra luz,<br \/>\ncon la dicha de abril de otro semblante.\u00bb<\/p>\n<p>El hablante reconoce su temor y su duda, pero se afirma (\u00absoy\u00bb) al mismo tiempo, siempre \u00abcon los enseres de otra luz\u00bb, es decir, con herramientas de comprensi\u00f3n renovadas. El deseo maduro no elimina la vacilaci\u00f3n, sino que la integra en una identidad que se sabe inestable pero decidida.<\/p>\n<p>En el Poema 29, esta autocr\u00edtica se radicaliza:<\/p>\n<p>\u00abOh posibilidad de otra impulsi\u00f3n,<br \/>\nme enfado con mi porte, de inventiva barroca,<br \/>\nque acumula dilemas sumidos en tardanza.\u00bb<\/p>\n<p>El sujeto se reprocha a s\u00ed mismo su tendencia a la \u00abinventiva barroca\u00bb y a la demora, lo que impide un movimiento m\u00e1s directo hacia el encuentro. Esta capacidad de autoevaluarse y de denunciar sus propias coartadas distingue el deseo maduro de la mera queja o de la victimizaci\u00f3n.<\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li><strong> Estrategias de oposici\u00f3n a la simulaci\u00f3n, la \u00abmoralina\u00bb y la autoindulgencia<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>3.1. Rechazo del simulacro y de las \u00abmuchas muertes\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Una de las claves \u00e9ticas del libro es la denuncia de las formas de simulaci\u00f3n que erosionan el deseo. El Poema 22 formula la idea de las \u00abmuchas muertes\u00bb:<\/p>\n<p>\u00abNo preocupa la muerte, sino las muchas muertes:<br \/>\ncriaturas de facciones privadas de so\u00f1ar<br \/>\nuna gran pincelada atravesando el cielo<br \/>\nde un pa\u00eds infinito, con hambre de pasi\u00f3n.<br \/>\n\u00bfRemembranzas? \u00bfAjustes? \u00bfBrazos a la deriva?<br \/>\nMucha sal en llamadas, poco az\u00facar en besos.\u00bb<\/p>\n<p>Aqu\u00ed, las \u00abmuchas muertes\u00bb no son hechos biol\u00f3gicos, sino situaciones de renuncia, de falta de sue\u00f1o y de desproporci\u00f3n entre discurso y cuerpo (\u00abMucha sal en llamadas, poco az\u00facar en besos\u00bb). El deseo maduro se define, en parte, por su capacidad para reconocer estas muertes parciales y combatirlas.<\/p>\n<p>El rechazo del simulacro se hace expl\u00edcito en el Poema 19:<\/p>\n<p>\u00abNi en bolsitas de un gramo, el postureo.<br \/>\nAdem\u00e1s de presi\u00f3n de parajes de moda,<br \/>\nsu vigencia supone engominado acento<br \/>\nde uno mismo, conciencia fotog\u00e9nica,<br \/>\nsacrificios de frasco.\u00bb<\/p>\n<p>El \u00abpostureo\u00bb aparece como s\u00edntoma de un yo que se piensa en t\u00e9rminos de imagen (\u00abconciencia fotog\u00e9nica\u00bb) y sacrifica autenticidad a cambio de visibilidad. El deseo maduro, en cambio, exige renunciar a estos maquillajes afectivos.<\/p>\n<p><strong>3.2. Cr\u00edtica de la \u00abmoralina\u00bb y de la \u00abblandura ani\u00f1ada\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Desde el Poema 1, el sujeto po\u00e9tico se posiciona contra una moral r\u00edgida y contra una sentimentalidad c\u00f3moda. El poema reclama:<\/p>\n<p>\u00abParemos los vaivenes<br \/>\nque desunen, tachemos la blandura ani\u00f1ada,<br \/>\nel puesto edulcorado, la imprecisi\u00f3n del gris<br \/>\nfrente a la edad y el sexo.<br \/>\nHundamos, sin apuros, cimientos de tab\u00fa,<br \/>\nviolemos los dominios de un vuelva-usted-ma\u00f1ana.\u00bb<\/p>\n<p>La \u00abblandura ani\u00f1ada\u00bb y el \u00abpuesto edulcorado\u00bb designan una forma de afectividad infantilizada, incapaz de confrontar conflictos reales y deseosa de permanecer en zonas de confort. La \u00abmoralina\u00bb aparece en el Poema 3:<\/p>\n<p>\u00abJam\u00e1s un recortable o un acertijo, el cuerpo;<br \/>\nni perder la cabeza, su reposo de ed\u00e9n,<br \/>\npor una moralina decorada con borlas.\u00bb<\/p>\n<p>La \u00abmoralina decorada con borlas\u00bb es una moral superficial, ornamental, que recubre el deseo con adornos, pero no lo piensa. La \u00e9tica del deseo maduro se opone a esta moralina y defiende el cuerpo como \u00abreposo de ed\u00e9n\u00bb que no debe sacrificarse a discursos normativos vac\u00edos.<\/p>\n<p><strong>3.3. Autodisciplina contra la autoindulgencia sentimental<\/strong><\/p>\n<p>El libro no s\u00f3lo critica la simulaci\u00f3n externa, sino tambi\u00e9n la autoindulgencia del propio sujeto. En el Poema 5 se advierte contra \u00abConfesar solamente una parte del miedo\u00bb, que \u00abnos conduce al fracaso\u00bb. En varios poemas, el hablante pone en cuesti\u00f3n sus propias tentaciones de dramatizar o de refugiarse en la queja.<\/p>\n<p>En el Poema 23, el yo reconoce:<\/p>\n<p>\u00abPues un don sin entregas termina siendo un golpe,<br \/>\nun cansancio que agota el cr\u00e9dito del alba.\u00bb<\/p>\n<p>Aqu\u00ed se denuncia la tentaci\u00f3n de convertir el propio \u00abdon\u00bb en coartada para no arriesgarse, lo que desemboca en agotamiento y p\u00e9rdida de sentido. El deseo maduro exige, por el contrario, \u00abentregas\u00bb concretas, es decir, gestos reales de apertura al otro.<\/p>\n<p>En el Poema 32, la negativa a la autoindulgencia adopta forma tajante:<\/p>\n<p>\u00abNo permito la venda que ejerce de mentora<br \/>\no que tacha la hondura de lo que irradia auge.\u00bb<\/p>\n<p>La \u00abvenda\u00bb simboliza tanto las excusas personales como las ideolog\u00edas que justifican el cierre afectivo. El sujeto declara que no permitir\u00e1 esa mediaci\u00f3n enga\u00f1osa que borra la \u00abhondura\u00bb de lo que todav\u00eda est\u00e1 vivo.<\/p>\n<ol start=\"4\">\n<li><strong> Cuerpo y encuentro como territorios de verdad<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>4.1. El cuerpo como l\u00edmite contra la falsificaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Uno de los versos m\u00e1s program\u00e1ticos del libro, ya citado, declara:<\/p>\n<p>\u00abJam\u00e1s un recortable o un acertijo, el cuerpo.\u00bb<\/p>\n<p>El cuerpo no puede ser reducido ni a figura intercambiable (\u00abrecortable\u00bb) ni a enigma abstracto (\u00abacertijo\u00bb); es el lugar donde la verdad del deseo se verifica.<\/p>\n<p>En numerosos poemas, el cuerpo se fragmenta en partes (piel, dedos, labios, \u00f3rganos) que se cargan de valor \u00e9tico: lo que ocurre en ellos no es simulable. El Poema 24 pregunta:<\/p>\n<p>\u00abLa piel. Tu piel. \u00bfUn l\u00edmite?<br \/>\nDesconexi\u00f3n del fondo<br \/>\nque discrimina al talle de mar de los momentos.\u00bb<\/p>\n<p>La \u00abpiel\u00bb se presenta como \u00abl\u00edmite\u00bb entre interior y exterior, y como criterio para discriminar entre momentos aut\u00e9nticos y simulados.<\/p>\n<p>En el Poema 32, la corporalidad se intensifica:<\/p>\n<p>\u00abQuien me ignora o desde\u00f1a no ha querido sentir<br \/>\nmis dedos como l\u00e1pices de llama sin horario,<br \/>\nmi mano como iris dormido entre las suyas.\u00bb<\/p>\n<p>El rechazo del otro equivale a un rechazo de esa experiencia corporal profunda; la verdad del encuentro se juega en esa proximidad.<\/p>\n<p><strong>4.2. El encuentro como \u00e1mbito de verificaci\u00f3n \u00e9tica<\/strong><\/p>\n<p>El deseo maduro no se limita a un trabajo interior: necesita del encuentro con otro para verificar su autenticidad. En el Poema 13, el sujeto plantea:<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfQui\u00e9n al lado de qui\u00e9n? \u00bfO d\u00f3nde el rostro<br \/>\nfuera de los espejos?\u00bb<\/p>\n<p>El \u00abrostro fuera de los espejos\u00bb alude a una identidad que s\u00f3lo se completa en la relaci\u00f3n con el otro, no en la autoimagen.<\/p>\n<p>En el Poema 25, el encuentro se describe como \u00abllamaradas\u00bb y \u00abgrafismo de mujer\u00bb que se renueva \u00abal ritmo del asombro en el albor del pecho\u00bb:<\/p>\n<p>\u00abExpl\u00e1yate. Yo s\u00f3lo me conformo<br \/>\ncon tus intimidades, llamaradas,<br \/>\ngrafismo de mujer que se remoza<br \/>\nal ritmo del asombro en el albor del pecho.\u00bb<\/p>\n<p>El deseo maduro no persigue una idealizaci\u00f3n abstracta del amor, sino \u00abintimidades\u00bb concretas que se renuevan en el cuerpo (\u00abalbor del pecho\u00bb). A la vez, exige una reciprocidad que excluya la manipulaci\u00f3n: el sujeto desea \u00abparedes de dise\u00f1o donde colgar lo nuestro\u00bb, es decir, un espacio compartido, no un escenario unilateral.<\/p>\n<p><strong>4.3. El cuerpo contra la virtualizaci\u00f3n y la imagen<\/strong><\/p>\n<p>El Canto incluye tambi\u00e9n una cr\u00edtica expl\u00edcita a la virtualizaci\u00f3n de la experiencia y al predominio de la imagen. El Poema 31 diagnostica:<\/p>\n<p>\u00abAy, cu\u00e1nta irrelevancia pulula por la Red,<br \/>\npues si no es un montaje, lo parece:<br \/>\nestridencias de ara\u00f1a y volubles antojos.\u00bb<\/p>\n<p>Frente a esta \u00abirrelevancia\u00bb digital, el libro propone una \u00e9tica de la presencia f\u00edsica y del contacto. La insistencia en el tacto, el olor, el sabor y el sonido del otro refuerza la idea de que el deseo maduro no puede satisfacerse en la superficie de la pantalla.<\/p>\n<ol start=\"5\">\n<li><strong> Tiempo, soledad y muerte: tensi\u00f3n constitutiva del deseo<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>5.1. La muerte y las \u00abmuchas muertes\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>La relaci\u00f3n entre deseo y muerte aparece formulada de modo directo en el Poema 7:<\/p>\n<p>\u00abLa muerte nos deshoja, la oscuridad nos culpa.<br \/>\nCu\u00e1nto importa lo propio, cu\u00e1nto ocupa lo ajeno.\u00bb<\/p>\n<p>La muerte \u00abdeshoja\u00bb, es decir, despoja progresivamente, mientras la \u00aboscuridad\u00bb introduce culpa. El poema no se detiene en la angustia abstracta, sino que invita a una respuesta activa:<\/p>\n<p>\u00abEn el agua de todas las crecidas refl\u00e9jate:<br \/>\nt\u00e1ctica sugerente, partitura impulsiva.<br \/>\nEl agua, como estampa de la curiosidad,<br \/>\ncon su dosis de estima acorde con el riesgo.\u00bb<\/p>\n<p>La met\u00e1fora del agua propone una actitud de riesgo y curiosidad frente a la amenaza de la muerte, que se ver\u00e1 m\u00e1s tarde transformada en las \u00abmuchas muertes\u00bb del Poema 22.<\/p>\n<p>En este \u00faltimo, como se ha visto, la preocupaci\u00f3n se desplaza del final biol\u00f3gico a los procesos de apagamiento del deseo en la vida cotidiana. El deseo maduro consiente la conciencia de la finitud, pero no la acepta como coartada para la resignaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>5.2. Tiempo, rutina y desencanto<\/strong><\/p>\n<p>El tiempo aparece, en numerosos poemas, como adversario y como materia a la vez. En el Poema 1, el sujeto reclama:<\/p>\n<p>\u00abQue el vac\u00edo se abstenga de brindar espejismos<br \/>\ny que, al pie de la letra, la rutina decaiga<br \/>\nenganchada a tus citas de mujer o de musa.\u00bb<\/p>\n<p>La \u00abrutina\u00bb es vista como fuerza que adhiere (\u00abenganchada\u00bb) a la vida afectiva, mientras el \u00abvac\u00edo\u00bb ofrece \u00abespejismos\u00bb. El deseo maduro consiste en hacer decaer esa rutina, no mediante golpes de efecto, sino a trav\u00e9s de una pr\u00e1ctica sostenida del encuentro.<\/p>\n<p>El Poema 20 muestra la dificultad de este prop\u00f3sito:<\/p>\n<p>\u00abSe retrasa el conjuro que ha de sellar el d\u00eda.<br \/>\nTrasparencias y v\u00edtores se quedan sin prestancia.<br \/>\n\u00bfEs innato adaptarse? Madrugadas al raso<br \/>\ncon hechura de icono garante del valor.\u00bb<\/p>\n<p>La sensaci\u00f3n de que \u00abse retrasa el conjuro\u00bb alude al desencanto: la realidad no alcanza las promesas del deseo. Sin embargo, el poema no se hunde en la queja; propone \u00abconsidera los designios. Repudia las visiones \/ que enmara\u00f1an, que prestan aspavientos y andrajos\u00bb, es decir, una actitud cr\u00edtica que distingue entre visiones enga\u00f1osas y valores sostenibles.<\/p>\n<p><strong>5.3. Soledad elegida y soledad de fracaso<\/strong><\/p>\n<p>La soledad ocupa un lugar complejo en el libro. En el Poema 3 se lee:<\/p>\n<p>\u00abDe refugiada a bella, la soledad de uno<br \/>\ncuando puede elegir o ba\u00f1arse en disfrute.\u00bb<\/p>\n<p>Aqu\u00ed la soledad puede transformarse de \u00abrefugiada\u00bb en \u00abbella\u00bb cuando responde a una elecci\u00f3n y no a un abandono. El deseo maduro incluye la capacidad de estar solo sin dramatizarlo ni idealizarlo.<\/p>\n<p>En otros pasajes, sin embargo, la soledad aparece como signo de fracaso del encuentro, como en el Poema 27:<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfLos aliados perfectos?<br \/>\nDe la posible soledad, belleza.<br \/>\nEn absoluto, abrojos, tatuajes, telara\u00f1as,<br \/>\nblancuras pesarosas, postales sin pasi\u00f3n,<br \/>\nagujas, llaves barro, ecos del lado impuro.\u00bb<\/p>\n<p>La soledad aceptable es aquella que conserva \u00abbelleza\u00bb y no se convierte en \u00abpostales sin pasi\u00f3n\u00bb o en \u00abecos del lado impuro\u00bb. El deseo maduro se mueve entre estos dos extremos, buscando una soledad que no anule la apertura al otro.<\/p>\n<ol start=\"6\">\n<li><strong> Hacia una conceptualizaci\u00f3n del \u00abdeseo maduro\u00bb en <em>Moneda del sentir<\/em><\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>6.1. Elementos definitorios<\/strong><\/p>\n<p>A partir del an\u00e1lisis de los poemas del Canto, el \u00abdeseo maduro\u00bb en <em>Moneda del sentir<\/em> puede definirse como una postura \u00e9tica y afectiva que re\u00fane, al menos, los siguientes rasgos:<\/p>\n<ol>\n<li>Es un deseo que se concibe como proyecto de largo recorrido y no como instante aislado, como muestra el \u00abDespu\u00e9s de mucho\u00bb del Poema 22 y la preferencia por \u00abla llegada que la paciencia gesta\u00bb.<\/li>\n<li>Se fundamenta en el cuerpo como territorio de verdad, rechazando tanto la idealizaci\u00f3n abstracta como la reducci\u00f3n a imagen, tal como ense\u00f1an versos como \u00abJam\u00e1s un recortable o un acertijo, el cuerpo\u00bb y \u00abmis dedos como l\u00e1pices de llama sin horario\u00bb.<\/li>\n<li>Mantiene una autoconciencia cr\u00edtica que impide la autoindulgencia, como muestran las f\u00f3rmulas \u00abTemo y en cambio olvido, dudo y en cambio soy\u00bb o \u00abme enfado con mi porte, de inventiva barroca\u00bb.<\/li>\n<li>Se opone tanto a la simulaci\u00f3n externa (postureo, imagen, redes) como a las \u00abmuchas muertes\u00bb internas que van apagando la capacidad de so\u00f1ar y de arriesgar.<\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>6.2. Distancia frente a la confesi\u00f3n juvenil<\/strong><\/p>\n<p>El libro se distancia de la confesi\u00f3n juvenil en varios aspectos. No hay idealizaci\u00f3n del otro, sino reconocimiento de su complejidad (\u00abDiferencias, man\u00edas, cumplimientos, donaires \/ y pasiones, en juego\u00bb). No hay dramatizaci\u00f3n del fracaso como tragedia absoluta, sino lectura cr\u00edtica de las causas y de las coartadas.<\/p>\n<p>El lenguaje mismo, con su densidad y su tendencia a la abstracci\u00f3n encarnada, se aleja de la espontaneidad inmediata de la l\u00edrica juvenil. El deseo se piensa, se analiza, se discute, sin que eso suponga su enfriamiento.<\/p>\n<p><strong>6.3. Diferencia respecto al cinismo posmoderno<\/strong><\/p>\n<p>Frente al cinismo posmoderno, que suele resolver la tensi\u00f3n entre deseo y realidad mediante la iron\u00eda o la renuncia, <em>Moneda del sentir<\/em> opta por la insistencia. El sujeto no deja de se\u00f1alar las trampas del entorno, pero se niega a ser definido por ellas. El verso \u00abMe desvivo por ser el due\u00f1o de mi historia\u00bb (Poema 22) es emblem\u00e1tico de esta resistencia.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, el libro evita la iron\u00eda como soluci\u00f3n f\u00e1cil: cuando aparece cierta autoiron\u00eda (\u00abme enfado con mi porte, de inventiva barroca\u00bb), no neutraliza la gravedad del deseo, sino que la refuerza al exhibir la conciencia de las propias limitaciones.<\/p>\n<ol start=\"7\">\n<li><strong> Conclusiones<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>El an\u00e1lisis de <em>Moneda del sentir<\/em> permite proponer una conceptualizaci\u00f3n del \u00abdeseo maduro\u00bb en la poes\u00eda espa\u00f1ola actual que se sit\u00faa en un punto intermedio entre la confesi\u00f3n juvenil y el cinismo posmoderno. Este deseo se define por su car\u00e1cter de proyecto vital, su anclaje en el cuerpo, su autoconciencia cr\u00edtica y su oposici\u00f3n frontal a la simulaci\u00f3n, tanto externa como interna.<\/p>\n<p>Los poemas de \u00abCANTO O PARTE OLVIDADA\u00bb muestran c\u00f3mo el sujeto po\u00e9tico construye, destruye y reconstruye sus formas de desear a la luz del tiempo, de la soledad y de la experiencia de las \u00abmuchas muertes\u00bb, sin renunciar a la posibilidad del encuentro aut\u00e9ntico. La \u00e9tica del cuerpo y del encuentro que propone el libro ofrece un modelo de deseo maduro que asume la complejidad de la existencia contempor\u00e1nea sin refugiarse ni en la ingenuidad ni en la indiferencia.<\/p>\n<p>En este sentido, <em>Moneda del sentir<\/em> aporta a la poes\u00eda espa\u00f1ola actual un ejemplo especialmente articulado de c\u00f3mo la reflexi\u00f3n sobre el deseo puede adquirir densidad filos\u00f3fica sin perder intensidad emocional, y de c\u00f3mo el cuerpo puede convertirse en lugar de resistencia frente a los dispositivos de simulaci\u00f3n que atraviesan la vida afectiva contempor\u00e1nea.<\/p>\n<ol start=\"8\">\n<li><strong> Desarrollo del an\u00e1lisis: campos sem\u00e1nticos del cuerpo, la autenticidad y la simulaci\u00f3n<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>8.1. Campo sem\u00e1ntico del cuerpo y de la sensualidad<\/strong><\/p>\n<p>El campo l\u00e9xico del cuerpo ocupa una posici\u00f3n central en <em>Moneda del sentir<\/em> y resulta imprescindible para entender la \u00e9tica del deseo maduro. En el Poema 6, el cuerpo aparece vinculado a una \u00absensualidad reverenciable\u00bb:<\/p>\n<p>\u00abUna sensualidad reverenciable<br \/>\ny unas gotitas diarias de perfume marino,<br \/>\naun qued\u00e1ndose en casa.\u00bb<\/p>\n<p>La \u00absensualidad reverenciable\u00bb implica una sensualidad que merece respeto, no por ser contenida, sino por ser plenamente asumida como parte leg\u00edtima de la vida. Incluso en soledad (\u00abaun qued\u00e1ndose en casa\u00bb), el cuerpo mantiene su dignidad y su capacidad de producir sentido.<\/p>\n<p>En el Poema 15, la sensualidad se formula como deseo expl\u00edcito, pero atravesado por la reflexi\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abMira que lo deseo con vigor de monta\u00f1a,<br \/>\n\u00bfpero qu\u00e9 puede el siglo regalarnos, tejernos<br \/>\nsin la paz y los gestos propios de la existencia?\u00bb<\/p>\n<p>El \u00abvigor de monta\u00f1a\u00bb subraya la intensidad f\u00edsica del deseo, mientras la pregunta por \u00abel siglo\u00bb remite al contexto hist\u00f3rico que condiciona esa experiencia. El deseo maduro no renuncia a su fuerza, pero se interroga sobre las condiciones contempor\u00e1neas que lo hacen posible o lo frustran.<\/p>\n<p>La corporalidad se extiende a im\u00e1genes donde \u00f3rganos y funciones f\u00edsicas se convierten en actores de la \u00e9tica del deseo. En el Poema 16 se lee:<\/p>\n<p>\u00abC\u00e9lulas briosas, m\u00fasculos competentes, amables<br \/>\n\u00f3rganos m\u00edos, tuyos, evad\u00eds lentitudes,<br \/>\ninhal\u00e1is ilusiones armadoras de oasis.\u00bb<\/p>\n<p>Los \u00ab\u00f3rganos\u00bb del yo y del t\u00fa comparten agencia, \u00abevaden lentitudes\u00bb e \u00abinhalan ilusiones\u00bb, de modo que el cuerpo entero se convierte en territorio de resistencia frente a la apat\u00eda.<\/p>\n<p><strong>8.2. Campo sem\u00e1ntico de la autenticidad y de la verdad<\/strong><\/p>\n<p>El campo de la autenticidad se construye mediante t\u00e9rminos relacionados con la claridad, la luz y la transparencia. En el Poema 7, la autenticidad se vincula a \u00abcada atisbo de luz\u00bb:<\/p>\n<p>\u00abDispuesto a ser portal de avales, el pasado;<br \/>\ny custodia de apuntes de alhaja en una piel,<br \/>\ncada atisbo de luz.\u00bb<\/p>\n<p>La \u00abpiel\u00bb guarda \u00abapuntes de alhaja\u00bb, que son momentos de verdad preservados del olvido. La luz no representa s\u00f3lo belleza, sino conocimiento y memoria \u00e9tica.<\/p>\n<p>En el Poema 32, la autenticidad se enfrenta a una \u00abmateria negruzca\u00bb que amenaza la claridad:<\/p>\n<p>\u00abNada, cero evasivas; ni el canal del enga\u00f1o<br \/>\nque reparte imposibles, la materia negruzca<br \/>\nque se vierte deprisa sobre la claridad.\u00bb<\/p>\n<p>La \u00abmateria negruzca\u00bb simboliza el conjunto de discursos, actitudes y coartadas que oscurecen lo que el deseo sabe como verdad. El rechazo de \u00abevasivas\u00bb y del \u00abcanal del enga\u00f1o\u00bb muestra la voluntad de preservar esa claridad a pesar de las presiones externas e internas.<\/p>\n<p>En varios poemas, la autenticidad se asocia tambi\u00e9n con la \u00abverdad concluyente\u00bb de lo que \u00abpermanece sobre los hombros nuestros\u00bb, como se lee en el Poema 6:<\/p>\n<p>\u00abel hablar, desde el verso y en la cueva del arpa,<br \/>\nde lo que permanece sobre los hombros nuestros,<br \/>\nde lo claro y probable entre aliento y aliento.\u00bb<\/p>\n<p>La autenticidad no se sit\u00faa en un plano trascendente, sino en lo que \u00abpermanece\u00bb en el cuerpo y en la respiraci\u00f3n compartida.<\/p>\n<p><strong>8.3. Campo sem\u00e1ntico de la simulaci\u00f3n, el enga\u00f1o y el autoenga\u00f1o<\/strong><\/p>\n<p>El campo de la simulaci\u00f3n est\u00e1 poblado de im\u00e1genes de m\u00e1scara, envase y superficie. En el Poema 18, se critica \u00abel culto a los bienes con aval de inocencia\u00bb y \u00abun rol de escapismo\u00bb asociado a \u00abenvoltorios coquetos, de boutique\u00bb:<\/p>\n<p>\u00abMas las vivas tendencias que dan la vuelta al mundo,<br \/>\nya un cl\u00e1sico que intenta agitar, convertirnos;<br \/>\ny envoltorios coquetos, de boutique,<br \/>\npara redescubrirse. Ciertamente, la treta<br \/>\nde un reinado oropel, lleno de figurantes.\u00bb<\/p>\n<p>El \u00abreinado oropel\u00bb y los \u00abfigurantes\u00bb se\u00f1alan un mundo afectivo teatralizado en el que la imagen pesa m\u00e1s que la experiencia real.<\/p>\n<p>En el Poema 19, el \u00abpostureo\u00bb se describe como \u00abconciencia fotog\u00e9nica\u00bb y \u00absacrificios de frasco\u00bb:<\/p>\n<p>\u00abNi en bolsitas de un gramo, el postureo.<br \/>\nAdem\u00e1s de presi\u00f3n de parajes de moda,<br \/>\nsu vigencia supone engominado acento<br \/>\nde uno mismo, conciencia fotog\u00e9nica,<br \/>\nsacrificios de frasco.\u00bb<\/p>\n<p>Esta imagen denuncia la autoescenificaci\u00f3n permanente del yo contempor\u00e1neo, preocupado por su apariencia y dispuesto a sacrificar autenticidad en aras de visibilidad.<\/p>\n<p>El autoenga\u00f1o aparece tambi\u00e9n como \u00abvenda\u00bb y como \u00abcanal del enga\u00f1o\u00bb, tal como se ha visto en el Poema 32. El deseo maduro se configura, en consecuencia, como una pr\u00e1ctica constante de desenmascaramiento de estas formas de simulaci\u00f3n, que no son s\u00f3lo externas, sino tambi\u00e9n interiorizadas.<\/p>\n<ol start=\"9\">\n<li><strong> Metodolog\u00eda de lectura tem\u00e1tica y simb\u00f3lica aplicada al Canto<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>9.1. Selecci\u00f3n del corpus interno<\/strong><\/p>\n<p>La tesis se centra en la secci\u00f3n \u00abCANTO O PARTE OLVIDADA\u00bb, que re\u00fane treinta y dos poemas numerados del 1 al 32. Esta secci\u00f3n constituye el corpus principal porque es all\u00ed donde el deseo, la simulaci\u00f3n, el cuerpo y la muerte se exploran con mayor detalle.<\/p>\n<p>El Anverso y el Reverso se utilizan como marco conceptual: el primero define la \u00e9tica inicial del \u00abposicionarse\u00bb; el segundo ofrece una s\u00edntesis que reabre el deseo despu\u00e9s del recorrido. Sin embargo, el an\u00e1lisis textual fino y la identificaci\u00f3n de campos sem\u00e1nticos se concentran en los poemas del Canto.<\/p>\n<p><strong>9.2. Procedimiento de identificaci\u00f3n de campos sem\u00e1nticos<\/strong><\/p>\n<p>El procedimiento de lectura se ha basado en localizar, en cada poema, lexemas y expresiones vinculados a cuatro grandes campos: cuerpo, tiempo, autenticidad y simulaci\u00f3n. En el campo del cuerpo se han incluido t\u00e9rminos como \u00abpiel\u00bb, \u00ablabios\u00bb, \u00abdedos\u00bb, \u00absangre\u00bb, \u00ab\u00f3rganos\u00bb, \u00abvientre\u00bb; en el campo del tiempo, vocablos como \u00abmadrugadas\u00bb, \u00abamanecer\u00bb, \u00abfuturo\u00bb, \u00aba\u00f1os\u00bb; en el de la autenticidad, im\u00e1genes de luz, claridad, verdad, permanencia; y en el de la simulaci\u00f3n, elementos de m\u00e1scara, envoltorio, imagen y enga\u00f1o.<\/p>\n<p>Sobre esa base, se han rastreado recurrencias y variaciones, de manera que los poemas no se leen como unidades aisladas, sino como partes de un sistema de significaciones. Por ejemplo, el agua aparece en el Poema 7 (\u00abEn el agua de todas las crecidas refl\u00e9jate\u00bb) y en el Anverso (\u00abpara escribir con arte en la paciente arena \/ lo que borran y olvidan sin compasi\u00f3n las olas\u00bb), configurando una imagen de renovaci\u00f3n y riesgo que se mantiene estable a lo largo del libro.<\/p>\n<p><strong>9.3. Lectura simb\u00f3lica y niveles de significado<\/strong><\/p>\n<p>La lectura simb\u00f3lica se ha guiado por la constancia y la coherencia de las im\u00e1genes. As\u00ed, el s\u00edmbolo de la moneda, aunque no aparezca literal en cada poema, sostiene la arquitectura general: los movimientos de intercambio, de acopio y de gasto afectivo que el sujeto realiza con el tiempo, con el cuerpo y con el otro se interpretan como manifestaciones de ese \u00absentir\u00bb que circula.<\/p>\n<p>De manera similar, el agua, el fuego, la luz y la oscuridad se han le\u00eddo como s\u00edmbolos de actitudes frente al deseo: el agua como fluidez y riesgo, el fuego como intensidad, la luz como autenticidad y la oscuridad como amenaza o culpa. Esta lectura multicapas permite diferenciar entre constataciones literales (soledad f\u00edsica, relaciones fallidas) y su dimensi\u00f3n \u00e9tica (formas de sostener o abandonar el deseo).<\/p>\n<ol start=\"10\">\n<li><strong> Contribuci\u00f3n de <em>Moneda del sentir<\/em> a la po\u00e9tica del deseo maduro en espa\u00f1ol<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>10.1. Rasgos diferenciales frente a otras po\u00e9ticas contempor\u00e1neas<\/strong><\/p>\n<p>La conceptualizaci\u00f3n de \u00abdeseo maduro\u00bb en <em>Moneda del sentir<\/em> se distingue de otras po\u00e9ticas contempor\u00e1neas por su combinaci\u00f3n de densidad formal y claridad \u00e9tica. Frente a una l\u00edrica confesional que enfatiza la exposici\u00f3n del yo sin demasiada elaboraci\u00f3n conceptual, el libro de Tom\u00e9 presenta un sujeto que piensa su deseo y lo somete a cr\u00edtica, sin renunciar por ello a la intensidad.<\/p>\n<p>Frente al cinismo posmoderno, que tiende a ironizar el fracaso amoroso, el libro apuesta por una insistencia afirmativa que no borra la dificultad. Los versos \u00abMe desvivo por ser el due\u00f1o de mi historia\u00bb o \u00abAmbiciono blindarme y renacer\u00bb (Poema 12) muestran una voluntad de seguir apostando por el deseo a pesar de las decepciones.<\/p>\n<p><strong>10.2. Aportaci\u00f3n conceptual: deseo maduro como \u00e9tica del encuentro<\/strong><\/p>\n<p>La principal aportaci\u00f3n conceptual de <em>Moneda del sentir<\/em> reside en entender el deseo maduro como \u00e9tica del encuentro y no s\u00f3lo como gesti\u00f3n privada de emociones. El cuerpo del otro, la reciprocidad, la honestidad y la resistencia a la simulaci\u00f3n se convierten en criterios para evaluar la calidad del deseo.<\/p>\n<p>Versos como \u00ab\u00bfQui\u00e9n al lado de qui\u00e9n? \u00bfO d\u00f3nde el rostro \/ fuera de los espejos?\u00bb o \u00abYo quiero tu exigencia a punto de sumar\u00bb (Poema 32) subrayan que el deseo maduro exige un t\u00fa capaz de exigir y de devolver, no un objeto pasivo de proyecciones. El encuentro es, por tanto, un espacio donde se verifican tanto la autenticidad como la madurez del deseo.<\/p>\n<p><strong>10.3. Aportaci\u00f3n metodol\u00f3gica: lectura estructural del deseo<\/strong><\/p>\n<p>Desde una perspectiva metodol\u00f3gica, la tesis muestra c\u00f3mo una lectura estructural de un libro-objeto permite entender el deseo no como motivo aislado, sino como principio organizador del conjunto. La arquitectura Anverso \/ Canto \/ Reverso hace posible analizar el deseo maduro en tres momentos: declaraci\u00f3n program\u00e1tica, exploraci\u00f3n compleja y s\u00edntesis experiencial.<\/p>\n<p>Este enfoque puede extrapolarse a otros poemarios que trabajen con arquitecturas expl\u00edcitas, lo que abre una l\u00ednea de investigaci\u00f3n sobre c\u00f3mo la macroestructura l\u00edrica condiciona la representaci\u00f3n del deseo y de otros afectos en la poes\u00eda contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p><strong>Cierre<\/strong><\/p>\n<p>La lectura detallada de <em>Moneda del sentir<\/em> permite afirmar que C\u00e9sar Tom\u00e9 articula una po\u00e9tica del deseo maduro que se sostiene en una \u00e9tica del cuerpo, del tiempo y del encuentro, y que se distingue por su capacidad de resistir tanto la simulaci\u00f3n social como el autoenga\u00f1o subjetivo. El libro ofrece, as\u00ed, un modelo conceptual \u00fatil para pensar el deseo en la poes\u00eda espa\u00f1ola actual m\u00e1s all\u00e1 de los registros juveniles o c\u00ednicos, y abre un espacio para futuras investigaciones sobre la relaci\u00f3n entre macroestructura po\u00e9tica y construcci\u00f3n de subjetividades afectivas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Garc\u00eda P\u00e9rez-Tom\u00e1s, Andr\u00e9s. \u00abTesis de maestr\u00eda: deseo maduro y resistencia a la simulaci\u00f3n en moneda del sentir de c\u00e9sar tom\u00e9 mart\u00edn. \u00e9tica del cuerpo y del encuentro en la poes\u00eda amorosa espa\u00f1ola contempor\u00e1nea\u00bb. MONEDA DEL SENTIR. 1.\u00aa ed. 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