POEMA 1

 

 

Nada tiene de lento, sí de rumbo que incita;

y el grosor de su honra, una llamada fiable,

repleta de matices, limpia de tos y motes.

Qué derecho, del paso airoso y conveniente.

¿Por qué no puede éste, con sus finos presagios,

pintar discursos, ser el año de los lustres?

 

Por salud, por belleza, frustremos los conflictos

que inculcan lo que ocurre en los cuartos huraños:

su embargo de miradas, un enjambre de noes.

Correr, correr y hacerse con el viento,

sus rizos, sus masajes, su viaje permanente;

la gozosa anestesia de la espontaneidad.

 

Expresión, no envoltura,

acá y en el confín. Paremos los vaivenes

que desunen, tachemos la blandura aniñada,

el puesto edulcorado, la imprecisión del gris

frente a la edad y el sexo.

Hundamos, sin apuros, cimientos de tabú,

violemos los dominios de un vuelva-usted-mañana.

¿Percibe cada uno la herida a su manera?

 

Nos enojan las máculas, las efigies de niebla,

los paisajes sin voz y hasta el humo tranquilo,

que se proclama grande del sitio inapropiado.

¿Estar donde se quiere es tenerse por mundo?

 

Que el vacío se abstenga de brindar espejismos

y que, al pie de la letra, la rutina decaiga

enganchada a tus citas de mujer o de musa.

Además, en la mesa y en el plano de siempre,

un tal acopio exento de insipidez y añicos.

 

Cómo se multiplican con furia de gigante

las ganas de escuchar lo que ansiamos oír.

 

POEMA 1 del libro MONEDA DEL SENTIR de CÉSAR TOMÉ Compartir en X

 

POEMA 7

 

 

La muerte nos deshoja, la oscuridad nos culpa.

Cuánto importa lo propio, cuánto ocupa lo ajeno.

¿Desde dónde lanzar estallidos de ánimo?

 

No superfluo, ni incómodo, ni tedioso, ni esquivo.

No discreta paleta de colores rotundos.

Como riego entusiasta que enamora a la tierra,

espacio y tiempo a juego;

y del soplo a la rúbrica, de la pizca a la entrega,

con maña de raíz que enriquece la causa.

 

¡Fuera!, roca cortante, o señuelo, o prisión.

 

Es caprichoso y fácil

perecer sobre el musgo

de los sueños perdidos sin sospecha de llaga.

En el agua de todas las crecidas refléjate:

táctica sugerente, partitura impulsiva.

El agua, como estampa de la curiosidad,

con su dosis de estima acorde con el riesgo.

 

Ningún desaire al medio que nos empuja a ser

compañía viajera, la fe de los sentidos.

Que el arrepentimiento lo promueve la vida.

Que aumenta las defensas la noble gratitud.

Que venerar las alas que colman de esperanza

nos lleva al interior de los sitios queridos.

 

¿Qué recrea el deleite?

¿Y el volteo febril de una quimera?

 

Dispuesto a ser portal de avales, el pasado;

y custodia de apuntes de alhaja en una piel,

cada atisbo de luz.

 

POEMA 7 del libro MONEDA DEL SENTIR de CÉSAR TOMÉ Compartir en X

 

 

POEMA 16

 

 

Entonces,

no con ese horizonte que navega lejísimos,

por el mar de la huida que agosta las pestañas,

sino añadiendo acordes al himno del agrado

por querer avivar la lumbre de un encuentro.

 

La dimensión que explora un haz de primaveras,

para las manos tímidas, que nunca fueron álbum,

Para lo que retorna, bálsamos, no bostezos.

Hay que prohibirle al susto sus modales de arma.

Hay que aclarar el viaje por interés de estilo:

¿captador de matices mágicos en altura?

 

Al rincón de pensar, la sorda indiferencia

con sus crueles mascotas disfrazadas de bulto;

y al revés la nostalgia porque libera oros.

Células briosas, músculos competentes, amables

órganos míos, tuyos, evadís lentitudes,

inhaláis ilusiones armadoras de oasis.

 

Del bum de la mañana, una imagen de peso,

un guiño que planea coincidencias, apoyos,

pulsaciones audaces, atributos de imán,

una red de aleteos que cautivan y elogian.

 

¿Y la superstición?, ¿fuera de cobertura?

No me quedo conforme: demos postre a la suerte.

 

 

 

 

SUEÑO DE UN ROMANCE EN CÁDIZ del libro MONEDA DEL SENTIR de CÉSAR TOMÉ Compartir en X

POEMA 32

 

 

No permito la venda que ejerce de mentora

o que tacha la hondura de lo que irradia auge.

Quien maldice se ensucia: consolida despacio

su propia pesadumbre embriagada de trampas.

Quien me ignora o desdeña no ha querido sentir

mis dedos como lápices de llama sin horario,

mi mano como iris dormido entre las suyas.

¿Cabe reverdecer en terreno insensible?

 

Si ha de ser o si quieres —¡cualquiera que me oiga!—,

firmamos una pausa —no un rezo de menhir—

al abrigo del deje de los patios glaciales,

un adiós correctivo de injusticia legal,

una separación que apadrine el reproche,

la bajada a la fosa de los juguetes rotos.

¿Alguna vez columpio de voluntades fuimos?

¿Alguna vez donamos dulzor al firmamento?

 

Yo quiero tu exigencia a punto de sumar.

El desprecio, ni en átomos de un idioma de paja,

pues dispone de un hondo carapacho perverso

y consterna, degrada, trunca más que el saludo

expectante o virtual de un verdugo en activo.

Nada, cero evasivas; ni el canal del engaño

que reparte imposibles, la materia negruzca

que se vierte deprisa sobre la claridad.

¿Tratamiento con besos, transfusiones de éxtasis?

 

Ay, cuánta complacencia, voluptuosa y sublime,

retirada del aire en un momento.

 

LA SOLEDAD del libro MONEDA DEL SENTIR de CÉSAR TOMÉ Compartir en X