García Pérez-Tomás, Andrés. «Tesis de maestría: deseo maduro y resistencia a la simulación en moneda del sentir de césar tomé martín. ética del cuerpo y del encuentro en la poesía amorosa española contemporánea». MONEDA DEL SENTIR. 1.ª ed. Spain: Zenodo, 15 de febrero de 2026. https://doi.org/10.5281/zenodo.18651149
Deseo maduro y resistencia a la simulación en Moneda del sentir: ética del cuerpo y del encuentro
Introducción
La presente tesis de maestría analiza Moneda del sentir de César Tomé Martín como un libro de poesía donde el tema central es la reivindicación del deseo maduro como postura existencial frente a la rutina, la simulación y el desencanto, con una atención especial al cuerpo como territorio de verdad y a la lucha constante contra el autoengaño. El estudio se centra en los treinta y dos poemas de la sección «CANTO O PARTE OLVIDADA», leídos como un laboratorio donde el sujeto poético somete a prueba sus propias formas de desear, su relación con el tiempo y su resistencia a las máscaras afectivas.
El trabajo se organiza en cinco capítulos: un marco teórico sobre deseo, afectos y ética del cuerpo; una definición interna de «deseo maduro» tal como se configura en el libro; un análisis de las estrategias de oposición a la simulación y a la «moralina»; un estudio de la tensión entre afirmación del deseo y conciencia de tiempo, soledad y muerte; y una síntesis donde se propone una conceptualización matizada del deseo maduro en Moneda del sentir, diferenciándolo tanto de la confesión juvenil como del cinismo posmoderno.
- Marco teórico: afectos, cuerpo y deseo maduro
1.1. Teoría de los afectos y ética del cuerpo
Las teorías contemporáneas de los afectos han subrayado que el deseo no puede entenderse sólo como carencia o impulso irracional, sino como fuerza que organiza el modo de estar en el mundo, cruzando cuerpo, lenguaje y contexto social. En la lírica contemporánea, esto se traduce en poéticas donde el cuerpo deja de ser mero motivo erótico o decorativo y pasa a ser lugar de verificación: lo que no pasa por el cuerpo, no cuenta como experiencia auténtica.
En Moneda del sentir, esta ética del cuerpo se formula de manera explícita desde el Anverso:
«posicionarse siempre a favor de los cuerpos / que, sin fruto prohibido, se contemplan.»
El verbo «posicionarse» indica una decisión ética y no sólo un impulso, mientras que los cuerpos «sin fruto prohibido» remiten a un deseo que ha abandonado el mito de la transgresión adolescente y busca una forma de placer compatible con la responsabilidad y la transparencia.
1.2. Poesía del deseo y madurez lírica
Los estudios sobre poesía del deseo han señalado la existencia de al menos dos grandes modelos: una lírica juvenil o de primera intensidad, centrada en el arrebato, la idealización y el descubrimiento, y una lírica de madurez, más atenta a la persistencia del deseo en contextos de desgaste, rutina y memoria.
Moneda del sentir se sitúa con claridad en este segundo territorio. El «sentir» del título no es el deslumbramiento inicial, sino una forma de deseo que ha conocido el desencanto y el tiempo, pero se resiste a convertirse en cinismo. El libro no narra una historia amorosa concreta, sino que explora, desde múltiples ángulos, la pregunta por cómo sostener el deseo en condiciones de adversidad y saturación de simulacros.
- Definición interna de «deseo maduro» en Moneda del sentir
2.1. Afirmación programática del deseo
La definición interna de «deseo maduro» se anuncia ya en el Anverso como una postura activa frente a la vida:
«POSICIONARSE pronto, qué solución creíble.
Qué calidad de rapto,
posicionarse siempre a favor de los cuerpos
que, sin fruto prohibido, se contemplan.»
Aquí se dibujan varios rasgos esenciales. Primero, el deseo maduro implica una toma de posición rápida («pronto») frente a un entorno que tiende a la indecisión o a la inhibición. Segundo, se opone a los tabúes y al sentimentalismo culpógeno, reemplazando el mito del «fruto prohibido» por una ética de la contemplación mutua sin culpa.
El deseo maduro se presenta también como impulso que organiza el tiempo interior:
«Es impulso de tiempo hacia un gran interior,
donde tacto y palabra saben a qué atenerse.»
El «gran interior» no es un refugio narcisista, sino un espacio donde cuerpo («tacto») y lenguaje («palabra») se articulan sin engaño, sabiendo «a qué atenerse». El deseo maduro es, así, una forma de orientar el tiempo hacia la profundidad compartida, no hacia la aceleración vacía.
2.2. Deseo como proyecto y no como instante
En el Canto, la definición se complejiza. El Poema 22 condensa varios elementos cruciales:
«Después de mucho,
prefiero la llegada que la paciencia gesta
o un hágase-el-fulgor-del-apasionamiento
cuando en cesión y tácto las cosas rivalizan.»
El deseo maduro aparece aquí como resultado de un «después de mucho», es decir, de un largo recorrido de pruebas y fracasos. Frente al deseo concebido como explosión instantánea, el sujeto prefiere la «llegada» que «la paciencia gesta», subrayando el valor del tiempo y de la espera activa.
La expresión «hágase-el-fulgor-del-apasionamiento» formula el deseo no como accidente, sino como acto deliberado que se produce «cuando en cesión y tácto las cosas rivalizan», es decir, cuando el encuentro se basa en la entrega recíproca y en el cuerpo. El deseo maduro es, por tanto, un proyecto de vida afectiva que exige negociación, cesión y cuidado, no sólo estallido.
2.3. Autoconciencia y autocrítica del sujeto deseante
Un rasgo decisivo del deseo maduro en Moneda del sentir es la autoconciencia crítica del sujeto. El Poema 3 lo muestra de manera paradigmática:
«Temo y en cambio olvido, dudo y en cambio soy,
pero con los enseres de otra luz,
con la dicha de abril de otro semblante.»
El hablante reconoce su temor y su duda, pero se afirma («soy») al mismo tiempo, siempre «con los enseres de otra luz», es decir, con herramientas de comprensión renovadas. El deseo maduro no elimina la vacilación, sino que la integra en una identidad que se sabe inestable pero decidida.
En el Poema 29, esta autocrítica se radicaliza:
«Oh posibilidad de otra impulsión,
me enfado con mi porte, de inventiva barroca,
que acumula dilemas sumidos en tardanza.»
El sujeto se reprocha a sí mismo su tendencia a la «inventiva barroca» y a la demora, lo que impide un movimiento más directo hacia el encuentro. Esta capacidad de autoevaluarse y de denunciar sus propias coartadas distingue el deseo maduro de la mera queja o de la victimización.
- Estrategias de oposición a la simulación, la «moralina» y la autoindulgencia
3.1. Rechazo del simulacro y de las «muchas muertes»
Una de las claves éticas del libro es la denuncia de las formas de simulación que erosionan el deseo. El Poema 22 formula la idea de las «muchas muertes»:
«No preocupa la muerte, sino las muchas muertes:
criaturas de facciones privadas de soñar
una gran pincelada atravesando el cielo
de un país infinito, con hambre de pasión.
¿Remembranzas? ¿Ajustes? ¿Brazos a la deriva?
Mucha sal en llamadas, poco azúcar en besos.»
Aquí, las «muchas muertes» no son hechos biológicos, sino situaciones de renuncia, de falta de sueño y de desproporción entre discurso y cuerpo («Mucha sal en llamadas, poco azúcar en besos»). El deseo maduro se define, en parte, por su capacidad para reconocer estas muertes parciales y combatirlas.
El rechazo del simulacro se hace explícito en el Poema 19:
«Ni en bolsitas de un gramo, el postureo.
Además de presión de parajes de moda,
su vigencia supone engominado acento
de uno mismo, conciencia fotogénica,
sacrificios de frasco.»
El «postureo» aparece como síntoma de un yo que se piensa en términos de imagen («conciencia fotogénica») y sacrifica autenticidad a cambio de visibilidad. El deseo maduro, en cambio, exige renunciar a estos maquillajes afectivos.
3.2. Crítica de la «moralina» y de la «blandura aniñada»
Desde el Poema 1, el sujeto poético se posiciona contra una moral rígida y contra una sentimentalidad cómoda. El poema reclama:
«Paremos los vaivenes
que desunen, tachemos la blandura aniñada,
el puesto edulcorado, la imprecisión del gris
frente a la edad y el sexo.
Hundamos, sin apuros, cimientos de tabú,
violemos los dominios de un vuelva-usted-mañana.»
La «blandura aniñada» y el «puesto edulcorado» designan una forma de afectividad infantilizada, incapaz de confrontar conflictos reales y deseosa de permanecer en zonas de confort. La «moralina» aparece en el Poema 3:
«Jamás un recortable o un acertijo, el cuerpo;
ni perder la cabeza, su reposo de edén,
por una moralina decorada con borlas.»
La «moralina decorada con borlas» es una moral superficial, ornamental, que recubre el deseo con adornos, pero no lo piensa. La ética del deseo maduro se opone a esta moralina y defiende el cuerpo como «reposo de edén» que no debe sacrificarse a discursos normativos vacíos.
3.3. Autodisciplina contra la autoindulgencia sentimental
El libro no sólo critica la simulación externa, sino también la autoindulgencia del propio sujeto. En el Poema 5 se advierte contra «Confesar solamente una parte del miedo», que «nos conduce al fracaso». En varios poemas, el hablante pone en cuestión sus propias tentaciones de dramatizar o de refugiarse en la queja.
En el Poema 23, el yo reconoce:
«Pues un don sin entregas termina siendo un golpe,
un cansancio que agota el crédito del alba.»
Aquí se denuncia la tentación de convertir el propio «don» en coartada para no arriesgarse, lo que desemboca en agotamiento y pérdida de sentido. El deseo maduro exige, por el contrario, «entregas» concretas, es decir, gestos reales de apertura al otro.
En el Poema 32, la negativa a la autoindulgencia adopta forma tajante:
«No permito la venda que ejerce de mentora
o que tacha la hondura de lo que irradia auge.»
La «venda» simboliza tanto las excusas personales como las ideologías que justifican el cierre afectivo. El sujeto declara que no permitirá esa mediación engañosa que borra la «hondura» de lo que todavía está vivo.
- Cuerpo y encuentro como territorios de verdad
4.1. El cuerpo como límite contra la falsificación
Uno de los versos más programáticos del libro, ya citado, declara:
«Jamás un recortable o un acertijo, el cuerpo.»
El cuerpo no puede ser reducido ni a figura intercambiable («recortable») ni a enigma abstracto («acertijo»); es el lugar donde la verdad del deseo se verifica.
En numerosos poemas, el cuerpo se fragmenta en partes (piel, dedos, labios, órganos) que se cargan de valor ético: lo que ocurre en ellos no es simulable. El Poema 24 pregunta:
«La piel. Tu piel. ¿Un límite?
Desconexión del fondo
que discrimina al talle de mar de los momentos.»
La «piel» se presenta como «límite» entre interior y exterior, y como criterio para discriminar entre momentos auténticos y simulados.
En el Poema 32, la corporalidad se intensifica:
«Quien me ignora o desdeña no ha querido sentir
mis dedos como lápices de llama sin horario,
mi mano como iris dormido entre las suyas.»
El rechazo del otro equivale a un rechazo de esa experiencia corporal profunda; la verdad del encuentro se juega en esa proximidad.
4.2. El encuentro como ámbito de verificación ética
El deseo maduro no se limita a un trabajo interior: necesita del encuentro con otro para verificar su autenticidad. En el Poema 13, el sujeto plantea:
«¿Quién al lado de quién? ¿O dónde el rostro
fuera de los espejos?»
El «rostro fuera de los espejos» alude a una identidad que sólo se completa en la relación con el otro, no en la autoimagen.
En el Poema 25, el encuentro se describe como «llamaradas» y «grafismo de mujer» que se renueva «al ritmo del asombro en el albor del pecho»:
«Expláyate. Yo sólo me conformo
con tus intimidades, llamaradas,
grafismo de mujer que se remoza
al ritmo del asombro en el albor del pecho.»
El deseo maduro no persigue una idealización abstracta del amor, sino «intimidades» concretas que se renuevan en el cuerpo («albor del pecho»). A la vez, exige una reciprocidad que excluya la manipulación: el sujeto desea «paredes de diseño donde colgar lo nuestro», es decir, un espacio compartido, no un escenario unilateral.
4.3. El cuerpo contra la virtualización y la imagen
El Canto incluye también una crítica explícita a la virtualización de la experiencia y al predominio de la imagen. El Poema 31 diagnostica:
«Ay, cuánta irrelevancia pulula por la Red,
pues si no es un montaje, lo parece:
estridencias de araña y volubles antojos.»
Frente a esta «irrelevancia» digital, el libro propone una ética de la presencia física y del contacto. La insistencia en el tacto, el olor, el sabor y el sonido del otro refuerza la idea de que el deseo maduro no puede satisfacerse en la superficie de la pantalla.
- Tiempo, soledad y muerte: tensión constitutiva del deseo
5.1. La muerte y las «muchas muertes»
La relación entre deseo y muerte aparece formulada de modo directo en el Poema 7:
«La muerte nos deshoja, la oscuridad nos culpa.
Cuánto importa lo propio, cuánto ocupa lo ajeno.»
La muerte «deshoja», es decir, despoja progresivamente, mientras la «oscuridad» introduce culpa. El poema no se detiene en la angustia abstracta, sino que invita a una respuesta activa:
«En el agua de todas las crecidas refléjate:
táctica sugerente, partitura impulsiva.
El agua, como estampa de la curiosidad,
con su dosis de estima acorde con el riesgo.»
La metáfora del agua propone una actitud de riesgo y curiosidad frente a la amenaza de la muerte, que se verá más tarde transformada en las «muchas muertes» del Poema 22.
En este último, como se ha visto, la preocupación se desplaza del final biológico a los procesos de apagamiento del deseo en la vida cotidiana. El deseo maduro consiente la conciencia de la finitud, pero no la acepta como coartada para la resignación.
5.2. Tiempo, rutina y desencanto
El tiempo aparece, en numerosos poemas, como adversario y como materia a la vez. En el Poema 1, el sujeto reclama:
«Que el vacío se abstenga de brindar espejismos
y que, al pie de la letra, la rutina decaiga
enganchada a tus citas de mujer o de musa.»
La «rutina» es vista como fuerza que adhiere («enganchada») a la vida afectiva, mientras el «vacío» ofrece «espejismos». El deseo maduro consiste en hacer decaer esa rutina, no mediante golpes de efecto, sino a través de una práctica sostenida del encuentro.
El Poema 20 muestra la dificultad de este propósito:
«Se retrasa el conjuro que ha de sellar el día.
Trasparencias y vítores se quedan sin prestancia.
¿Es innato adaptarse? Madrugadas al raso
con hechura de icono garante del valor.»
La sensación de que «se retrasa el conjuro» alude al desencanto: la realidad no alcanza las promesas del deseo. Sin embargo, el poema no se hunde en la queja; propone «considera los designios. Repudia las visiones / que enmarañan, que prestan aspavientos y andrajos», es decir, una actitud crítica que distingue entre visiones engañosas y valores sostenibles.
5.3. Soledad elegida y soledad de fracaso
La soledad ocupa un lugar complejo en el libro. En el Poema 3 se lee:
«De refugiada a bella, la soledad de uno
cuando puede elegir o bañarse en disfrute.»
Aquí la soledad puede transformarse de «refugiada» en «bella» cuando responde a una elección y no a un abandono. El deseo maduro incluye la capacidad de estar solo sin dramatizarlo ni idealizarlo.
En otros pasajes, sin embargo, la soledad aparece como signo de fracaso del encuentro, como en el Poema 27:
«¿Los aliados perfectos?
De la posible soledad, belleza.
En absoluto, abrojos, tatuajes, telarañas,
blancuras pesarosas, postales sin pasión,
agujas, llaves barro, ecos del lado impuro.»
La soledad aceptable es aquella que conserva «belleza» y no se convierte en «postales sin pasión» o en «ecos del lado impuro». El deseo maduro se mueve entre estos dos extremos, buscando una soledad que no anule la apertura al otro.
- Hacia una conceptualización del «deseo maduro» en Moneda del sentir
6.1. Elementos definitorios
A partir del análisis de los poemas del Canto, el «deseo maduro» en Moneda del sentir puede definirse como una postura ética y afectiva que reúne, al menos, los siguientes rasgos:
- Es un deseo que se concibe como proyecto de largo recorrido y no como instante aislado, como muestra el «Después de mucho» del Poema 22 y la preferencia por «la llegada que la paciencia gesta».
- Se fundamenta en el cuerpo como territorio de verdad, rechazando tanto la idealización abstracta como la reducción a imagen, tal como enseñan versos como «Jamás un recortable o un acertijo, el cuerpo» y «mis dedos como lápices de llama sin horario».
- Mantiene una autoconciencia crítica que impide la autoindulgencia, como muestran las fórmulas «Temo y en cambio olvido, dudo y en cambio soy» o «me enfado con mi porte, de inventiva barroca».
- Se opone tanto a la simulación externa (postureo, imagen, redes) como a las «muchas muertes» internas que van apagando la capacidad de soñar y de arriesgar.
6.2. Distancia frente a la confesión juvenil
El libro se distancia de la confesión juvenil en varios aspectos. No hay idealización del otro, sino reconocimiento de su complejidad («Diferencias, manías, cumplimientos, donaires / y pasiones, en juego»). No hay dramatización del fracaso como tragedia absoluta, sino lectura crítica de las causas y de las coartadas.
El lenguaje mismo, con su densidad y su tendencia a la abstracción encarnada, se aleja de la espontaneidad inmediata de la lírica juvenil. El deseo se piensa, se analiza, se discute, sin que eso suponga su enfriamiento.
6.3. Diferencia respecto al cinismo posmoderno
Frente al cinismo posmoderno, que suele resolver la tensión entre deseo y realidad mediante la ironía o la renuncia, Moneda del sentir opta por la insistencia. El sujeto no deja de señalar las trampas del entorno, pero se niega a ser definido por ellas. El verso «Me desvivo por ser el dueño de mi historia» (Poema 22) es emblemático de esta resistencia.
Además, el libro evita la ironía como solución fácil: cuando aparece cierta autoironía («me enfado con mi porte, de inventiva barroca»), no neutraliza la gravedad del deseo, sino que la refuerza al exhibir la conciencia de las propias limitaciones.
- Conclusiones
El análisis de Moneda del sentir permite proponer una conceptualización del «deseo maduro» en la poesía española actual que se sitúa en un punto intermedio entre la confesión juvenil y el cinismo posmoderno. Este deseo se define por su carácter de proyecto vital, su anclaje en el cuerpo, su autoconciencia crítica y su oposición frontal a la simulación, tanto externa como interna.
Los poemas de «CANTO O PARTE OLVIDADA» muestran cómo el sujeto poético construye, destruye y reconstruye sus formas de desear a la luz del tiempo, de la soledad y de la experiencia de las «muchas muertes», sin renunciar a la posibilidad del encuentro auténtico. La ética del cuerpo y del encuentro que propone el libro ofrece un modelo de deseo maduro que asume la complejidad de la existencia contemporánea sin refugiarse ni en la ingenuidad ni en la indiferencia.
En este sentido, Moneda del sentir aporta a la poesía española actual un ejemplo especialmente articulado de cómo la reflexión sobre el deseo puede adquirir densidad filosófica sin perder intensidad emocional, y de cómo el cuerpo puede convertirse en lugar de resistencia frente a los dispositivos de simulación que atraviesan la vida afectiva contemporánea.
- Desarrollo del análisis: campos semánticos del cuerpo, la autenticidad y la simulación
8.1. Campo semántico del cuerpo y de la sensualidad
El campo léxico del cuerpo ocupa una posición central en Moneda del sentir y resulta imprescindible para entender la ética del deseo maduro. En el Poema 6, el cuerpo aparece vinculado a una «sensualidad reverenciable»:
«Una sensualidad reverenciable
y unas gotitas diarias de perfume marino,
aun quedándose en casa.»
La «sensualidad reverenciable» implica una sensualidad que merece respeto, no por ser contenida, sino por ser plenamente asumida como parte legítima de la vida. Incluso en soledad («aun quedándose en casa»), el cuerpo mantiene su dignidad y su capacidad de producir sentido.
En el Poema 15, la sensualidad se formula como deseo explícito, pero atravesado por la reflexión:
«Mira que lo deseo con vigor de montaña,
¿pero qué puede el siglo regalarnos, tejernos
sin la paz y los gestos propios de la existencia?»
El «vigor de montaña» subraya la intensidad física del deseo, mientras la pregunta por «el siglo» remite al contexto histórico que condiciona esa experiencia. El deseo maduro no renuncia a su fuerza, pero se interroga sobre las condiciones contemporáneas que lo hacen posible o lo frustran.
La corporalidad se extiende a imágenes donde órganos y funciones físicas se convierten en actores de la ética del deseo. En el Poema 16 se lee:
«Células briosas, músculos competentes, amables
órganos míos, tuyos, evadís lentitudes,
inhaláis ilusiones armadoras de oasis.»
Los «órganos» del yo y del tú comparten agencia, «evaden lentitudes» e «inhalan ilusiones», de modo que el cuerpo entero se convierte en territorio de resistencia frente a la apatía.
8.2. Campo semántico de la autenticidad y de la verdad
El campo de la autenticidad se construye mediante términos relacionados con la claridad, la luz y la transparencia. En el Poema 7, la autenticidad se vincula a «cada atisbo de luz»:
«Dispuesto a ser portal de avales, el pasado;
y custodia de apuntes de alhaja en una piel,
cada atisbo de luz.»
La «piel» guarda «apuntes de alhaja», que son momentos de verdad preservados del olvido. La luz no representa sólo belleza, sino conocimiento y memoria ética.
En el Poema 32, la autenticidad se enfrenta a una «materia negruzca» que amenaza la claridad:
«Nada, cero evasivas; ni el canal del engaño
que reparte imposibles, la materia negruzca
que se vierte deprisa sobre la claridad.»
La «materia negruzca» simboliza el conjunto de discursos, actitudes y coartadas que oscurecen lo que el deseo sabe como verdad. El rechazo de «evasivas» y del «canal del engaño» muestra la voluntad de preservar esa claridad a pesar de las presiones externas e internas.
En varios poemas, la autenticidad se asocia también con la «verdad concluyente» de lo que «permanece sobre los hombros nuestros», como se lee en el Poema 6:
«el hablar, desde el verso y en la cueva del arpa,
de lo que permanece sobre los hombros nuestros,
de lo claro y probable entre aliento y aliento.»
La autenticidad no se sitúa en un plano trascendente, sino en lo que «permanece» en el cuerpo y en la respiración compartida.
8.3. Campo semántico de la simulación, el engaño y el autoengaño
El campo de la simulación está poblado de imágenes de máscara, envase y superficie. En el Poema 18, se critica «el culto a los bienes con aval de inocencia» y «un rol de escapismo» asociado a «envoltorios coquetos, de boutique»:
«Mas las vivas tendencias que dan la vuelta al mundo,
ya un clásico que intenta agitar, convertirnos;
y envoltorios coquetos, de boutique,
para redescubrirse. Ciertamente, la treta
de un reinado oropel, lleno de figurantes.»
El «reinado oropel» y los «figurantes» señalan un mundo afectivo teatralizado en el que la imagen pesa más que la experiencia real.
En el Poema 19, el «postureo» se describe como «conciencia fotogénica» y «sacrificios de frasco»:
«Ni en bolsitas de un gramo, el postureo.
Además de presión de parajes de moda,
su vigencia supone engominado acento
de uno mismo, conciencia fotogénica,
sacrificios de frasco.»
Esta imagen denuncia la autoescenificación permanente del yo contemporáneo, preocupado por su apariencia y dispuesto a sacrificar autenticidad en aras de visibilidad.
El autoengaño aparece también como «venda» y como «canal del engaño», tal como se ha visto en el Poema 32. El deseo maduro se configura, en consecuencia, como una práctica constante de desenmascaramiento de estas formas de simulación, que no son sólo externas, sino también interiorizadas.
- Metodología de lectura temática y simbólica aplicada al Canto
9.1. Selección del corpus interno
La tesis se centra en la sección «CANTO O PARTE OLVIDADA», que reúne treinta y dos poemas numerados del 1 al 32. Esta sección constituye el corpus principal porque es allí donde el deseo, la simulación, el cuerpo y la muerte se exploran con mayor detalle.
El Anverso y el Reverso se utilizan como marco conceptual: el primero define la ética inicial del «posicionarse»; el segundo ofrece una síntesis que reabre el deseo después del recorrido. Sin embargo, el análisis textual fino y la identificación de campos semánticos se concentran en los poemas del Canto.
9.2. Procedimiento de identificación de campos semánticos
El procedimiento de lectura se ha basado en localizar, en cada poema, lexemas y expresiones vinculados a cuatro grandes campos: cuerpo, tiempo, autenticidad y simulación. En el campo del cuerpo se han incluido términos como «piel», «labios», «dedos», «sangre», «órganos», «vientre»; en el campo del tiempo, vocablos como «madrugadas», «amanecer», «futuro», «años»; en el de la autenticidad, imágenes de luz, claridad, verdad, permanencia; y en el de la simulación, elementos de máscara, envoltorio, imagen y engaño.
Sobre esa base, se han rastreado recurrencias y variaciones, de manera que los poemas no se leen como unidades aisladas, sino como partes de un sistema de significaciones. Por ejemplo, el agua aparece en el Poema 7 («En el agua de todas las crecidas refléjate») y en el Anverso («para escribir con arte en la paciente arena / lo que borran y olvidan sin compasión las olas»), configurando una imagen de renovación y riesgo que se mantiene estable a lo largo del libro.
9.3. Lectura simbólica y niveles de significado
La lectura simbólica se ha guiado por la constancia y la coherencia de las imágenes. Así, el símbolo de la moneda, aunque no aparezca literal en cada poema, sostiene la arquitectura general: los movimientos de intercambio, de acopio y de gasto afectivo que el sujeto realiza con el tiempo, con el cuerpo y con el otro se interpretan como manifestaciones de ese «sentir» que circula.
De manera similar, el agua, el fuego, la luz y la oscuridad se han leído como símbolos de actitudes frente al deseo: el agua como fluidez y riesgo, el fuego como intensidad, la luz como autenticidad y la oscuridad como amenaza o culpa. Esta lectura multicapas permite diferenciar entre constataciones literales (soledad física, relaciones fallidas) y su dimensión ética (formas de sostener o abandonar el deseo).
- Contribución de Moneda del sentir a la poética del deseo maduro en español
10.1. Rasgos diferenciales frente a otras poéticas contemporáneas
La conceptualización de «deseo maduro» en Moneda del sentir se distingue de otras poéticas contemporáneas por su combinación de densidad formal y claridad ética. Frente a una lírica confesional que enfatiza la exposición del yo sin demasiada elaboración conceptual, el libro de Tomé presenta un sujeto que piensa su deseo y lo somete a crítica, sin renunciar por ello a la intensidad.
Frente al cinismo posmoderno, que tiende a ironizar el fracaso amoroso, el libro apuesta por una insistencia afirmativa que no borra la dificultad. Los versos «Me desvivo por ser el dueño de mi historia» o «Ambiciono blindarme y renacer» (Poema 12) muestran una voluntad de seguir apostando por el deseo a pesar de las decepciones.
10.2. Aportación conceptual: deseo maduro como ética del encuentro
La principal aportación conceptual de Moneda del sentir reside en entender el deseo maduro como ética del encuentro y no sólo como gestión privada de emociones. El cuerpo del otro, la reciprocidad, la honestidad y la resistencia a la simulación se convierten en criterios para evaluar la calidad del deseo.
Versos como «¿Quién al lado de quién? ¿O dónde el rostro / fuera de los espejos?» o «Yo quiero tu exigencia a punto de sumar» (Poema 32) subrayan que el deseo maduro exige un tú capaz de exigir y de devolver, no un objeto pasivo de proyecciones. El encuentro es, por tanto, un espacio donde se verifican tanto la autenticidad como la madurez del deseo.
10.3. Aportación metodológica: lectura estructural del deseo
Desde una perspectiva metodológica, la tesis muestra cómo una lectura estructural de un libro-objeto permite entender el deseo no como motivo aislado, sino como principio organizador del conjunto. La arquitectura Anverso / Canto / Reverso hace posible analizar el deseo maduro en tres momentos: declaración programática, exploración compleja y síntesis experiencial.
Este enfoque puede extrapolarse a otros poemarios que trabajen con arquitecturas explícitas, lo que abre una línea de investigación sobre cómo la macroestructura lírica condiciona la representación del deseo y de otros afectos en la poesía contemporánea.
Cierre
La lectura detallada de Moneda del sentir permite afirmar que César Tomé articula una poética del deseo maduro que se sostiene en una ética del cuerpo, del tiempo y del encuentro, y que se distingue por su capacidad de resistir tanto la simulación social como el autoengaño subjetivo. El libro ofrece, así, un modelo conceptual útil para pensar el deseo en la poesía española actual más allá de los registros juveniles o cínicos, y abre un espacio para futuras investigaciones sobre la relación entre macroestructura poética y construcción de subjetividades afectivas.




