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Verso libre de tendencia alejandrína en la poesía amorosa española del siglo XXI: el caso de Moneda del sentir

Pérez-Ayala, Javier. «Verso Libre De Tendencia Alejandrína En La Poesía Amorosa Española Del Siglo XXI: El Caso De Moneda Del Sentir». MONEDA DEL SENTIR. 1.ª ed. Spain: Zenodo, 26 de febrero de 2026. https://doi.org/10.5281/zenodo.18786955

Verso libre de tendencia alejandrína en la poesía amorosa española del siglo XXI: el caso de Moneda del sentir

Título, objeto y planteamiento del trabajo

La presente monografía analiza el funcionamiento del verso libre de tendencia alejandrína en Moneda del sentir de César Tomé Martín, con especial atención a su papel como soporte de una poética del deseo maduro en el marco de la poesía amorosa española del siglo XXI. El objetivo principal es describir las regularidades rítmicas cuantificables del poemario, examinar el modo en que el ritmo sintáctico sustituye a la isometría tradicional como organizador de la experiencia poética y proponer un modelo descriptivo exportable a otros libros de poesía amorosa contemporánea.

El trabajo se estructura en seis apartados: contextualización del autor y del libro; descripción general del sistema formal de Moneda del sentir; análisis métrico y rítmico del verso libre de tendencia alejandrína; relación entre ritmo, sintaxis y construcción del deseo maduro; comparación con la poesía de la experiencia y ciertas tendencias neobarrocas contemporáneas; y unas conclusiones.

  1. César Tomé y Moneda del sentir en la poesía española contemporánea

1.1. Trayectoria del autor y lugar del libro

César Tomé Martín (Lerma, Burgos, 1956) pertenece a una generación que alcanza su madurez poética durante la Transición española y que desarrolla buena parte de su trayectoria en circuitos periféricos respecto a los centros editoriales hegemónicos. Desde Bajo este techo claro (1983) hasta Piedras en los bolsillos de Dios (2009), su obra se caracteriza por una fidelidad sostenida al oficio, una apuesta por la densidad reflexiva y una resistencia evidente a la productividad apresurada. La trayectoria completa del autor comprende los títulos Lunas dolientes (1985), La otra oscuridad (1991), Temperatura (2006) y el citado volumen de 2009.

Moneda del sentir aparece en 2026, tras dieciséis años de silencio editorial significativo, como un libro de madurez que condensa la experiencia vital y poética del autor. Publicado por Ediciones Rilke (Madrid), con ISBN 978-84-18566-65-3, el libro supone una apuesta estructural y conceptual que se manifiesta ya en su arquitectura tripartita.

1.2. Arquitectura del libro y pertinencia del enfoque métrico

El libro se abre con un breve epígrafe —Vivir, pensar. Sentir es diferente, atribuido a Vicente Aleixandre—, que sitúa la reflexión de Tomé en una tradición de poesía pensante donde sentir se diferencia tanto de la vida como del pensamiento abstracto.

La arquitectura se divide en tres zonas: ANVERSO, texto de apertura en verso con tono declarativo y programático; CANTO O PARTE OLVIDADA, que reúne treinta y dos poemas numerados en verso libre, escritos sin esquema de rima fijo; y REVERSO, poema de cierre que reescribe, desde la experiencia, la declaración inicial. El análisis métrico se centra en el Canto, zona de máxima densidad rítmica.

 

 

 

 

  1. Sistema formal de Moneda del sentir: rasgos generales

2.1. Verso libre de tendencia alejandrína y ausencia de rima sistemática

El rasgo formal dominante de los treinta y dos poemas del Canto es un verso libre cuyo centro de gravedad se sitúa en el alejandrino de catorce sílabas (7+7), con oscilaciones frecuentes entre las siete y las quince sílabas. Aunque el libro no sigue patrones isométricos estrictos, el oído del lector percibe una regularidad flexible que diferencia los textos de la prosa poética y de la mera escritura fragmentada. Los versos breves autónomos —con frecuencia heptasílabos, como “Expresión, no envoltura” (Poema 1) o “La valiosa justicia” (Poema 2)— conviven con versos de doce a quince sílabas, siendo el alejandrino el metro de referencia tonal del sistema.

El alejandrino en Tomé no adopta sus marcas formales clásicas —cesura fija, hemistiquios perfectamente equilibrados—, sino que aparece difuminado por los encabalgamientos y por la variación de un hemistiquio respecto al otro. Esta es precisamente la diferencia entre un metro fijo y una base métrica: el alejandrino actúa como estructura profunda, como gravedad tonal, sin imponerse de forma rígida. El lector siente el ritmo sin que este sea mecánico ni predecible.

La ausencia de rima consonante o asonante sistemática se mantiene a lo largo de toda la sección, lo que refuerza la sensación de un verso orientado a la cadencia del pensamiento más que a la musicalidad melódica tradicional.

2.2. Bloques estrófico-sintácticos como unidades de pensamiento

Los poemas del Canto se organizan en bloques de versos de extensión cambiante que funcionan más como unidades de pensamiento que como estrofas métricas en sentido clásico. En el Poema 15, una primera serie plantea la tensión entre el presente histórico y las probaturas de larga duración: la unidad estrófica concentra una interrogación existencial que se prolonga y complejiza en bloques posteriores con figuras como un enorme insensato con pus en los bolsillos o un cisne de cloaca, sin que haya cortes métricos rígidos, pero sí pausas sintácticas estratégicas.

El verso libre, en este contexto, no se concibe como ausencia de forma, sino como dispositivo que adapta la longitud de los versos a la carga conceptual y emocional de cada frase, manteniendo una regularidad de base que evita la disolución prosaica.

  1. Análisis métrico y rítmico del verso libre de tendencia alejandrína

3.1. Oscilación silábica y centro de gravedad en el alejandrino

Un recuento sistemático de versos representativos en todos los poemas del Canto confirma el predominio del alejandrino de catorce sílabas (7+7) como metro de base, con oscilaciones que van del heptasílabo autónomo hasta versos de quince sílabas, siendo la franja de doce a catorce sílabas la más frecuente. El heptasílabo (7 sílabas) es el componente natural de este sistema: aparece tanto como verso autónomo breve como hemistiquio reconocible dentro del alejandrino.

En el Poema 1, el verso Nada tiene de lento, sí de rumbo que incita se escande en dos hemistiquios exactos de siete sílabas con sinalefa natural: Na-da-tie-ne-de-len-to (7) / sí-de-rum-bo-que-in-ci-ta (7, sinalefa que-in) = 14 sílabas. Es un alejandrino perfecto que confirma la estructura 7+7 como eje del sistema. En el Poema 2, la línea ese vino rosado que desviste una boca presenta una articulación bihemistiquial igualmente próxima al alejandrino: e-se-vi-no-ro-sa-do (7) / que-des-vis-te-u-na-bo-ca (7, con sinalefa desviste-una) = 13 sílabas en lectura con sinalefa, 14 sin ella —en todo caso dentro del sistema alejandrino—, aunque liberada de acentos obligatorios en posición fija.

También en el Poema 32 los versos centrales confirman el patrón: No permito la venda que ejerce de mentora = No-per-mi-to-la-ven-da (7) / que-e-jer-ce-de-men-to-ra (7, sinalefa que-e) = 14 sílabas; y Me desvivo por ser el dueño de mi historia (Poema 22) = Me-des-vi-vo-por-ser-el (7) / due-ño-de-mi-his-to-ria (7) = 14 sílabas: alejandrinos perfectos en posiciones culminantes del libro.

3.2. El heptasílabo como verso breve autónomo

La unidad métrica mínima identificable en el sistema de Tomé es el heptasílabo, componente natural del alejandrino exhibido en estado puro. Su aparición como verso autónomo no introduce una ruptura ajena al sistema, sino que intensifica el contraste rítmico con los versos más largos que lo rodean, al tiempo que exhibe el elemento constitutivo del metro de base.

Los heptasílabos autónomos verificados en el poemario son numerosos y sistemáticos. En el Anverso: Qué calidad de rapto = qué-ca-li-dad-de-rap-to (7). En el Poema 1: Expresión, no envoltura = ex-pre-sión-no-en-vol-tu-ra (7) y frente a la edad y el sexo = fren-te-a-la-e-dad-y-el-se-xo (7, con sinalefa te-a). En el Poema 2: La valiosa justicia = la-va-lio-sa-jus-ti-cia (7). En el Poema 7: espacio y tiempo a juego = es-pa-cio-y-tiem-po-a-jue-go (7, con sinalefa po-a) y perecer sobre el musgo = pe-re-cer-so-bre-el-mus-go (7, con sinalefa bre-el). El verso Es caprichoso y fácil, también del Poema 7, admite lectura de 7 sílabas con sinalefa so-y o de 8 sin ella; el sistema apunta al heptasílabo, que es el componente hemistiquial coherente con el resto del poema.

En todos los casos se trata de heptasílabos de arte mayor, nunca de octosílabos de arte menor: la distinción es relevante porque el octosílabo pertenece a una tradición métrica completamente diferente (romancero, poesía popular), mientras que el heptasílabo es el hemistiquio natural del alejandrino culto.

3.3. Escansión del Poema 7: alejandrinos y heptasílabos en contraste

El Poema 7 ilustra con claridad el funcionamiento del sistema. Se abre con una pareja de alejandrinos perfectos cuya cesura está marcada por la coma central:

  • La muerte nos deshoja, la oscuridad nos culpa = La-muer-te-nos-des-ho-ja (7) / la-os-cu-ri-dad-nos-cul-pa (7, sinalefa la-os) = 14 sílabas.
  • Cuánto importa lo propio, cuánto ocupa lo ajeno = Cuán-to-im-por-ta-lo-pro-pio (7, sinalefa to-im) / cuán-to-o-cu-pa-lo-a-je-no (7, sinalefas to-o y lo-a) = 14 sílabas.

El paralelismo sintáctico —dos oraciones breves estructuralmente idénticas— produce un bloque inicial de alto impacto semántico y rítmico. Más adelante, los versos breves espacio y tiempo a juego (7) y perecer sobre el musgo (7) interrumpen la cadencia del alejandrino con heptasílabos autónomos, generando un efecto de corte que refuerza emocionalmente el sentido de fractura.

El verso ¡Fuera!, roca cortante, o señuelo, o prisión no es verso breve de ningún tipo, como pudiera parecer por su acumulación de pausas internas. Su escansión: ¡Fue-ra!-ro-ca-cor-tan-teo (7, sinalefa cortante-o) / se-ñue-loo-pri-sión (5+1 aguda = 6) = 13 sílabas; o bien, sin la segunda sinalefa señuelo-o: 12 + 1 aguda = 13 sílabas. En todo caso, es un verso de arte mayor que confirma la base alejandrína del poema —nunca un octosílabo de arte menor—, aunque la acumulación de comas y el final esdrújulo/agudo produzcan efecto de fragmentación rítmica interna.

 

3.4. Ritmo sintáctico y encabalgamiento funcional

La organización rítmica de Moneda del sentir depende en gran medida del ritmo sintáctico: la disposición de oraciones, incisos y encabalgamientos semánticamente motivados. Tomé privilegia períodos largos, con abundancia de subordinadas y aposiciones, distribuidas en varios versos mediante encabalgamientos que producen efectos de suspensión, aceleración o acumulación.

En el Poema 3, la secuencia Temo y en cambio olvido, dudo y en cambio soy muestra cómo el encabalgamiento entre el primer verso y los dos siguientes prolonga el gesto afirmativo hacia una serie de complementos que reorientan la frase. El ritmo se construye aquí por repetición bimembre (Temo y en cambio… dudo y en cambio…) y por una caída suave al final del tercer verso, donde otro semblante clausura el período con una cadencia conclusiva. La escansión del verso central: Te-mo-y-en-cam-bio-ol-vi-do (7+, sinalefas y-en y bio-ol) / du-do-y-en-cam-bio-soy (6+1 aguda, sinalefas y-en) = 14 sílabas métricas totales: alejandrino con hemistiquios internamente asimétricos.

3.5. Regularidades cuantificables y distribución en el conjunto

Si se examina el Canto en su totalidad, se observa una preferencia constante por versos de extensión media-larga, con abundancia de líneas que se sitúan entre las doce y las quince sílabas, y con presencia regular pero no dominante de heptasílabos autónomos como versos de contraste. Esta regularidad cuantificable sugiere una poética de la frase amplia, que evita tanto el versículo excesivamente largo como el verso breve fragmentario, salvo en los puntos de máxima tensión emocional donde el heptasílabo interviene deliberadamente.

La distribución de esta pauta a lo largo del libro se mantiene estable, con ligeras variaciones en algunos poemas donde se intensifica el uso de encabalgamientos abruptos. No hay zonas de ruptura radical del sistema: la base alejandrína y su expansión por sintaxis compleja se sostienen desde el Poema 1 hasta el Poema 32, lo que permite hablar de un subparadigma rítmico coherente en el interior del volumen.

  1. Ritmo, sintaxis y construcción del deseo maduro

4.1. Verso libre y pensamiento reflexivo

La elección de un verso libre de tendencia alejandrína permite a Tomé construir una voz que piensa el deseo sin renunciar a la intensidad emocional. Las frases largas, llenas de matices, insisten en que el deseo maduro implica decisiones, revisiones y resistencias, más que arrebatos momentáneos. El ritmo, lejos de recortar la frase para acomodarla a un molde fijo, se adapta a la complejidad de la idea.

Este patrón se repite en numerosos pasajes donde la voz poética se formula como sujeto que piensa la propia experiencia del deseo, el miedo y la autenticidad. La amplitud del verso y la continuidad de los períodos sintácticos encarnan un tipo de reflexión que se aleja tanto del laconismo aforístico como del derrame confesional sin estructura.

4.2. Ritmo como resistencia al sentimentalismo

El uso de un verso libre relativamente largo, de dicción densa y con alto grado de abstracción nominal, actúa también como dispositivo de control frente al riesgo del sentimentalismo. Tomé introduce imágenes sensoriales intensas, pero siempre las inscribe en frases que las contextualizan conceptualmente, introduciendo una distancia crítica que protege el poema de una deriva puramente emotiva.

En el Poema 22, la afirmación Me desvivo por ser el dueño de mi historia se inscribe en un contexto de reflexión sobre las muchas muertes y sobre la posibilidad de que los proyectos del sujeto hayan errado su tamaño. La cadencia de estos versos, con su acumulación de sustantivos y sus encabalgamientos suaves, impide la lectura de la frase como consigna simple y la reubica en un pensamiento complejo sobre la propia biografía afectiva.

4.3. Ritmo y corporalidad del deseo

El ritmo sintáctico de Moneda del sentir se entrelaza con la corporalidad del deseo de un modo particular: el cuerpo aparece nombrado una y otra vez, pero su presencia se articula en frases de cierta longitud que evitan la instantaneidad epigramática. En el Poema 3, la declaración Jamás un recortable o un acertijo, el cuerpo se ve reforzada por el período que la precede y por el que la sigue, de modo que la defensa del cuerpo aparece como parte de una ética más amplia.

El Poema 26 integra el cuerpo y la experiencia cotidiana —desde el bus al metaverso— en un ritmo que no busca golpe efectista, sino construcción progresiva de un ethos del deseo. La continuidad rítmica permite así que lo cotidiano adquiera densidad poética sin precisar ni la grandilocuencia ni la anécdota desnuda.

  1. Distancia rítmica respecto a la poesía de la experiencia y los neobarrocos

5.1. Coincidencias y rupturas con la poesía de la experiencia

La poesía de la experiencia consolidada en las décadas de 1980 y 1990 en España se caracteriza por el verso libre próximo al endecasílabo de once sílabas, un tono conversacional y una tendencia a la claridad inmediata del sentido. Moneda del sentir comparte con esa corriente la renuncia a la rima sistemática y el interés por temas como el amor, el tiempo y la vida cotidiana.

Sin embargo, Tomé se distancia de esa poesía hegemónica en su dicción y en su modo de articular el ritmo. Frente al lenguaje conversacional transparente, opta por una sintaxis más compleja, con inversiones y metáforas compuestas. Imágenes como la quietud de la llama que alborota el instante (Poema 5) o la luz hecha lienzo irritable (Poema 28) muestran una densidad metafórica que exige al lector una atención distinta de la que demandan los textos de la primera poesía de la experiencia.

Además, el metro dominante en Tomé no es el endecasílabo —tradicional en la poesía de la experiencia, de once sílabas— sino el alejandrino de catorce sílabas. Esta diferencia, aparentemente técnica, tiene consecuencias tonales: el alejandrino otorga al verso una amplitud mayor, una respiración más pausada, que coincide con la reflexión del sujeto maduro más que con la agilidad conversacional del registro experiencial. Es una diferencia de tres sílabas que representa, proporcionalmente, un cambio de tempo y de postura enunciativa.

5.2. Diferencias frente a los neobarrocos contemporáneos

La densidad metafórica y la sintaxis compleja podrían acercar a Tomé a ciertas tendencias neobarrocas de la poesía española reciente. No obstante, el ritmo de Moneda del sentir conserva un grado de legibilidad y continuidad lógica que lo separa claramente de los experimentos más extremos del neobarroco, donde la proliferación de imágenes y la dislocación sintáctica dificultan o suspenden la progresión argumentativa.

En versos del Poema 8 como Soy de quien me conquista más al amanecer / música de horizonte y argumento innegable, se aprecia un uso intenso de imágenes, pero la estructura rítmica mantiene un eje sintáctico claro. La cadencia resulta compleja pero no caótica, y el lector puede seguir el hilo de la frase. Moneda del sentir se sitúa así en una zona intermedia: una poesía de la madurez reflexiva que asume complejidad formal sin cortar el vínculo con la inteligibilidad.

  1. Hacia un modelo descriptivo del verso libre de tendencia alejandrína en Moneda del sentir

A partir del análisis precedente, es posible proponer, de forma sintética, los rasgos del subparadigma rítmico que construye César Tomé:

  1. Preferencia por versos de longitud media-larga (entre siete y quince sílabas), con centro de gravedad en el alejandrino (7+7) difuminado por encabalgamiento y variación hemistiquial. La franja de mayor frecuencia se sitúa entre doce y catorce sílabas.
  2. El heptasílabo (7 sílabas) como unidad mínima del sistema: aparece como verso breve autónomo —en posiciones de contraste o fractura emocional— o como hemistiquio reconocible dentro del alejandrino, nunca como octosílabo de arte menor. Los casos limítrofes, como Es caprichoso y fácil (Poema 7), admiten lectura de 7 u 8 sílabas según la sinalefa aplicada, pero el sistema señala inequívocamente el heptasílabo como componente hemistiquial de referencia.
  3. Ausencia de rima sistemática, suplida por recurrencias léxicas, paralelismos sintácticos, anáforas internas y un uso estratégico de encabalgamientos que regulan el tempo emocional.
  4. Ritmo sintáctico basado en períodos largos, con abundancia de subordinadas, incisos y aposiciones, que permiten articular un pensamiento reflexivo sobre el deseo, la autenticidad y el tiempo.
  5. Integración de imágenes sensoriales intensas en frases conceptualmente densas, de modo que el ritmo contribuye a evitar tanto la prosa llana como el sentimentalismo desnudo.
  6. Distancia respecto a la poesía de la experiencia hegemónica —al renunciar a la conversación directa, a la transparencia inmediata y al endecasílabo de once sílabas como metro dominante— y distancia respecto al neobarroco estricto, al preservar la continuidad lógica y la legibilidad de los períodos.
  7. Conclusiones

El análisis del verso libre de tendencia alejandrína en Moneda del sentir permite extraer varias conclusiones relevantes para el estudio de la poesía amorosa española del siglo XXI.

En primer lugar, el libro demuestra que el verso libre puede mantener una fuerte coherencia rítmica sin someterse a patrones isométricos rígidos, siempre que se articule alrededor de un metro de base reconocible —en este caso el alejandrino de catorce sílabas— y de unidades rítmico-sintácticas bien definidas. La etiqueta “verso libre de base endecasilábica”, empleada a veces para toda la poesía contemporánea española sin discriminación, resulta inadecuada para Moneda del sentir: el endecasílabo (11 sílabas) y el alejandrino (14 sílabas, 7+7) son metros distintos con implicaciones tonales y rítmicas fundamentalmente diferentes.

En segundo lugar, la unidad métrica mínima identificable en el sistema de Tomé es el heptasílabo, componente natural del alejandrino. Su presencia como verso autónomo breve —verificada en al menos seis casos en los poemas 1, 2, 7 y en el Anverso— intensifica el contraste rítmico sin romper la coherencia del sistema. No es, en ningún caso, el octosílabo de arte menor, que pertenece a una tradición prosódica completamente distinta.

En tercer lugar, la combinación entre amplitud sintáctica, densidad metafórica y ausencia de rima sistemática produce una prosodia adecuada para la exploración del deseo maduro, entendido como proyecto vital que exige reflexión, autocrítica y resistencia a la simulación. El ritmo acompaña la complejidad de la experiencia afectiva sin diluirla en un flujo verbal incontrolado ni reducirla a fórmulas breves de consumo rápido.

Por último, el modelo rítmico que propone César Tomé —verso libre de tendencia alejandrína aplicado a una poética del deseo maduro— se sitúa en una posición intermedia específica dentro de la poesía amorosa contemporánea española, y constituye una aportación diferenciada al estudio de la métrica española del siglo XXI.

 

 

Bibliografía

Obra analizada

Tomé Martín, César. Moneda del sentir. Madrid: Ediciones Rilke, 2026.

Referencias teóricas

Domínguez Caparrós, José. Estudios sobre verso libre y métrica española contemporánea. Madrid: CSIC.

Navarro Tomás, Tomás. Métrica española: reseña histórica y descriptiva. Barcelona: Labor, 1991.

Estudios sobre poesía española contemporánea

García Montero, Luis. Trabajos sobre poesía de la experiencia.

Marzal, Carlos. Obra poética de referencia para comparación de registros rítmicos.

 

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