TÉCNICAS LITERARIAS EN ‘MONEDA DEL SENTIR’
- METÁFORAS SENSORIALES
Vista y luminosidad
La vista funciona como territorio de verdad en Moneda del sentir. Tomé transforma la abstracción de la autenticidad en experiencia visual mediante metáforas de luz y claridad: “custodia de apuntes de alhaja en una piel, / cada atisbo de luz” (Poema 7). La luz no es ornamento: representa conocimiento doloroso, verdad que obliga a ver. En “la materia negruzca / que se vierte deprisa sobre la claridad” (Poema 32), la oscuridad es amenaza concreta que cubre lo transparente. El color también funciona sensorialmente: “rachas de sonrisa / que tolera y socorre los traspiés del corazón” (Poema 18) traduce la alegría en cromatismo visual. La estrategia es constante: abstracciones emocionales (autenticidad, engaño, alegría) se vuelven experiencias visuales concretas (luz, oscuridad, color).
Tacto y textura
El tacto domina el poemario como sentido de verificación. Lo auténtico se comprueba mediante contacto físico: “mis dedos como lápices de llama sin horario, / mi mano como iris dormido entre las suyas” (Poema 32). El deseo no se describe abstractamente: se materializa en roce, presión, temperatura. “La piel. Tu piel. ¿Un límite?” (Poema 24) convierte el cuerpo en frontera táctil entre yo y otro. Las texturas traducen estados emocionales: “pompas de alma de la autoestima juntas” (Poema 12) transforma la fragilidad psicológica en burbuja táctil. El miedo aparece como “roca cortante” (Poema 7), el consuelo como “bálsamos” (Poema 16). Tomé construye un universo donde las emociones tienen textura física verificable mediante el tacto.
Olfato y fragancias
El olfato funciona como memoria involuntaria y presencia del otro. “Unas gotitas diarias de perfume marino, / aun quedándose en casa” (Poema 6) traduce la soledad en olor específico que evoca ausencia. Las fragancias no son decorativas: marcan territorio emocional. “Después de un aguacero, / y abierta la ventana, / el obrar de un aroma sediento de virtud” (Poema 27) convierte la renovación moral en experiencia olfativa concreta. El olor es indicio de autenticidad: “Arroja la ciudad tantas fragancias” (Poema 17) marca el mundo exterior como espacio de saturación sensorial frente a la intimidad sin artificios.
Gusto y sabor
El gusto traduce la calidad del encuentro amoroso. El deseo aparece como degustación: “ese vino rosado que desviste una boca / sin alergia a dejar escapar un suspiro” (Poema 2). El dulzor mide la autenticidad: “¿Alguna vez donamos dulzor al firmamento?” (Poema 32) pregunta si el encuentro tuvo sustancia. Los sabores contrastan autenticidad versus falsedad: donde hay encuentro genuino, “nuestro plus de azúcar” (Poema 15); donde hay simulación, “un idioma de paja” (Poema 32). Tomé usa el gusto como verificación: lo auténtico sabe, lo falso es insípido.
Oído y sonoridad
El oído registra presencia y ausencia del otro mediante sonidos y silencios. “Cómo se multiplican con furia de gigante / las ganas de escuchar lo que ansiamos oír” (Poema 1) traduce el deseo de comprensión en experiencia auditiva. El ruido marca falsedad: “limpia de tos y motes” (Poema 1) describe la autenticidad como ausencia de interferencias sonoras. El silencio tiene cualidad: “del felpudo de casa… / Sí, el impacto, las ondas, la destreza” (Poema 25) contrasta el silencio muerto con el silencio cargado de sentido. La música aparece como ideal de comunicación: “sus rizos, sus masajes, su viaje permanente; / la gozosa anestesia de la espontaneidad” (Poema 1).
Síntesis sensorial
Las metáforas sensoriales funcionan en conjunto como sistema de verificación de lo real. Tomé privilegia tacto y vista —los sentidos de comprobación directa— sobre olfato, gusto y oído. La estrategia revela la desconfianza del poeta hacia lo abstracto: solo lo que puede verse, tocarse, probarse, olerse y escucharse existe. El predominio del tacto es estratégico: es el sentido que no puede fingirse, que exige proximidad física real. La consecuencia formal es que el libro no habla “sobre” el deseo, sino que lo materializa en experiencias sensoriales concretas que el lector puede reconocer en su propio cuerpo.
- SINESTESIA Y FUSIÓN SENSORIAL
Tomé construye sinestesias estratégicas que replican la confusión perceptiva del deseo intenso. En “música de horizonte y argumento innegable” (Poema 8), fusiona oído (música) y vista (horizonte), traduciendo la certeza emocional en experiencia donde los sentidos se mezclan. La música no se escucha: se ve como paisaje.
En “mis dedos como lápices de llama sin horario” (Poema 32), fusiona tacto (dedos) y vista (llama), construyendo una imagen donde tocar es quemar visualmente. El contacto físico adquiere cualidad luminosa. En “pompas de alma de la autoestima” (Poema 12), fusiona tacto (pompas, fragilidad física de la burbuja) con abstracción psicológica (autoestima), materializando lo invisible.
La sinestesia más compleja aparece en “Cómo se multiplican con furia de gigante / las ganas de escuchar lo que ansiamos oír” (Poema 1): fusiona oído (escuchar) con dimensión física (multiplicarse, furia de gigante), traduciendo el deseo de comunicación en experiencia que es simultáneamente auditiva y corporal.
El efecto global de la sinestesia es de saturación sensorial controlada. Tomé no busca el extrañamiento surrealista, sino la precisión: cuando los sentidos se mezclan, replica la experiencia del deseo intenso donde las percepciones se confunden. La sinestesia funciona como herramienta de realismo emocional, no como artificio retórico. El poeta usa la fusión sensorial para traducir estados donde la separación entre sentidos —y entre cuerpo y emoción— se vuelve imposible.
- ANÁFORAS Y ENUMERACIONES
Anáforas como martillo emocional
La anáfora funciona como estrategia de insistencia combativa. En el Poema 4, Tomé repite “O” al inicio de cinco versos consecutivos: “O asfixiar los temores con un fular de astucia, / […] O vaguear sin otra / discusión que la injusta exactitud de todo. / […] O en el juicio continuo del entorno / el futuro pervive”. El efecto rítmico es de acumulación sin pausa: cada “O” añade una posibilidad sin cerrar la anterior, generando sensación de opciones múltiples que no se excluyen entre sí. La función emocional es de urgencia: el poeta no elige entre alternativas, las suma todas.
En el Poema 7, la anáfora “Que” estructura tres afirmaciones consecutivas: “Que el arrepentimiento lo promueve la vida. / Que aumenta las defensas la noble gratitud. / Que venerar las alas que colman de esperanza”. Aquí el efecto es de sentencias acumuladas, cada una con peso de verdad verificada. La repetición genera ritmo de decálogo, de principios que no se discuten sino que se afirman.
En el Poema Anverso, la anáfora “Es” se repite siete veces: “Es la nueva exclusiva y apetece gustar; / […] Es imperante como el plan del cielo, / […] Es la ufana discordia con cualquiera que huya. / Es humor de semilla, persuasión sin reclamo”. El efecto es de manifiesto: cada “Es” define un atributo del deseo auténtico, construyendo una identidad mediante acumulación de cualidades. Contribuye al ritmo interno del libro estableciendo desde el inicio un tono de proclama que reaparecerá en los poemas finales.
Enumeraciones acumulativas
Las enumeraciones funcionan como estrategia de saturación que replica la complejidad del deseo. En el Poema 13, Tomé enumera: “Cincuenta insinuaciones / contagiosas y lícitas. Desde el llano a la cumbre, / con bagaje sensorio, sin dejarse quitar / un reflejo a medida”. El efecto acumulativo es de inventario del deseo: no una cualidad, sino multiplicidad irreducible.
En el Poema 18, enumera: “Diferencias, manías, cumplimientos, donaires / y pasiones, en juego”. La enumeración traduce la complejidad del otro en lista concreta: cada término añade un matiz que no puede reducirse a síntesis. La función es realista: el deseo no se resume, se enumera.
En el Poema 25, la enumeración final sintetiza la apuesta del libro: “Sí, el impacto, las ondas, la destreza, el vislumbre / de tu comportamiento. Sí, venida, / convulsión y descifre”. La acumulación de sustantivos sin jerarquía genera efecto de simultaneidad: todo ocurre al mismo tiempo, sin posibilidad de separar un elemento de otro.
El efecto combinado de anáforas y enumeraciones es de insistencia múltiple: donde la anáfora martillea mediante repetición de estructura, la enumeración satura mediante multiplicación de contenido. Tomé construye un sistema retórico que replica formalmente la complejidad y urgencia del deseo: no puede decirse de una sola manera ni con una sola palabra.
- ENCABALGAMIENTO
El verso libre predomina sin encabalgamientos con función expresiva específica. Las pausas métricas coinciden generalmente con las sintácticas.
- REGISTRO LINGÜÍSTICO: CULTO VS. COLOQUIAL
Registro culto – Ejemplos
“Máculas” (Poema 1): “Nos enojan las máculas, las efigies de niebla” — término culto para “manchas”, marca registro elevado.
“Omnipresente” (Poema 4): “ante el omnipresente y absoluto / reloj de las esquinas” — vocabulario filosófico aplicado a lo cotidiano.
“Inmarcesible” (Poema 5): “¿Bienvenido el talante del reto inmarcesible?” — término literario que significa “que no puede marchitarse”.
“Paroxismo” implícito en “ufana” (Anverso): “Es la ufana discordia con cualquiera que huya” — adjetivo culto que significa “orgullosa”.
“Conciliábulo” sugerido en “conspiraciones” (Poema 11): vocabulario que eleva el tono.
“Barullo de auxilios” (Poema 13): “su barullo de auxilios, el mejor salvamento” — término culto para desorden.
Registro coloquial – Ejemplos
“Vuelva-usted-mañana” (Poema 1): “violemos los dominios de un vuelva-usted-mañana” — expresión coloquial española en cursivas, marca ironía.
“Qué derecho” (Poema 1): exclamación coloquial que introduce tono conversacional.
“Bum de la mañana” (Poema 16): “Del bum de la mañana, una imagen de peso” — onomatopeya coloquial que contrasta con dicción densa.
“Me desvivo” (Poema 22): “Me desvivo por ser el dueño de mi historia” — expresión coloquial española.
“Demos postre a la suerte” (Poema 16): expresión coloquial que significa “demos una oportunidad adicional”.
“Me canso y no me canso” (Poema 15): repetición coloquial que marca oralidad.
Función del contraste
La oscilación entre registro culto y coloquial genera una voz poética híbrida que es simultáneamente refinada y accesible. Tomé usa el registro culto para elevar el tono cuando necesita densidad conceptual (“máculas”, “inmarcesible”), pero introduce expresiones coloquiales para evitar la solemnidad excesiva y anclar el discurso en la oralidad contemporánea. La estrategia revela una poética que rechaza tanto el populismo (todo coloquial) como el elitismo (todo culto).
El contraste no es aleatorio: el registro culto aparece en momentos de reflexión abstracta, mientras el coloquial surge en momentos de afirmación existencial directa. Cuando el poeta teoriza sobre el deseo, usa vocabulario elevado; cuando lo reivindica, usa expresiones cotidianas. Esta dualidad construye una voz que piensa densamente pero habla directamente, replicando el modo en que una conciencia reflexiva contemporánea opera: con erudición internalizada que no necesita exhibirse constantemente.
- DIÁLOGOS POÉTICOS
Monólogo dirigido al otro
El libro es fundamentalmente un monólogo dirigido a un “tú” presente-ausente que atraviesa todo el poemario. En el Poema 3, Tomé interpela: “un tú que cuando ría o se inflame aparezcan / desafíos, apegos, cultos, revelaciones”. El “tú” no responde, pero estructura el discurso: el poeta habla para alguien específico cuya escucha es condición del poema. En el Poema 14, la interpelación es directa: “No me dejes dudar, con puntadas de ocaso”. El imperativo marca que el “tú” tiene poder sobre el estado emocional del hablante.
En el Poema 26, el monólogo se vuelve instructivo: “Líbrate de la crítica que remolca un tropel / de instrumentos incultos y ovaciones de lija”. El poeta aconseja, anticipa objeciones del otro, construye un diálogo unilateral donde solo una voz suena pero dos presencias existen. En el Poema 32, la interpelación es confrontativa: “Yo quiero tu exigencia a punto de sumar”. El “tú” es destinatario de una demanda, no solo de una confesión.
Desdoblamiento y autointerpelación
El poeta también se interpela a sí mismo en momentos de reflexión crítica. En el Poema 15, se pregunta: “Me asusto y no me canso de verme sorprendido / por mareas que traen impaciencias”. El desdoblamiento entre quien pregunta y quien experimenta genera distancia crítica. En el Poema 29, se increpa: “Oh posibilidad de otra impulsión, / me enfado con mi porte, de inventiva barroca”. Aquí la autocrítica es explícita: el poeta se observa desde fuera y se reprocha.
En el Poema 23, se cuestiona: “¿soy capaz de admirar bajo un rostro obsesivo?”. La pregunta no busca respuesta externa: es autoevaluación en voz alta. El desdoblamiento funciona como herramienta de honestidad: el poeta se niega a presentarse como voz monolítica y exhibe sus contradicciones internas.
El efecto global de estos diálogos es de dinamismo interno: aunque no hay diálogo real (el “tú” no responde, el yo desdoblado tampoco), la constante interpelación genera tensión dramática. El libro no es monólogo puro ni diálogo real: es soliloquio direccionado donde la presencia del otro —presente o deseado— estructura la voz poética incluso en su ausencia.
- RECURSO CENTRAL SOSTENIDO O MECANISMO DE COHERENCIA
La metáfora de la moneda funciona como arquitectura conceptual que organiza todo el poemario. No es imagen ocasional: es sistema que se despliega en tres niveles (léxico, conceptual, estructural) durante las 86 páginas del libro.
| Nivel | Descripción | Ejemplo concreto |
| Léxico | Vocabulario del intercambio, circulación, valor | “forma de pago”, “intercambio”, “acopio”, “moneda de curso legal”, “circulación”, “peso”, “valor”, “desgaste”, “reverso”, “anverso”, “canto” |
| Conceptual | El sentimiento como objeto con dos caras y un borde | Anverso = la declaración pública del deseo (“posicionarse siempre a favor de los cuerpos”) / Canto = la parte olvidada, el borde donde habita la verdad no exhibida (32 poemas de exploración interna) / Reverso = la síntesis que integra ambas caras tras la experiencia (“Qué más da lo que nada es / si conforta acogerse”) |
| Estructural | El libro replica físicamente la estructura de una moneda | Sección 1: ANVERSO (1 poema, páginas 9-12) = cara visible inicial / Sección 2: CANTO O PARTE OLVIDADA (32 poemas numerados, páginas 13-77) = el grosor olvidado / Sección 3: REVERSO (1 poema, páginas 79-81) = cara visible final |
La metáfora funciona en el nivel léxico mediante un campo semántico del intercambio que atraviesa todo el libro. Cuando Tomé escribe “O la forma de pago de quien desea” (contraportada), “un tal acopio exento de insipidez y añicos” (Poema 1), o “ese azul de ventura que se cuelga del cuello” (Poema 2, como moneda-amuleto), está activando el sistema metafórico completo: el sentimiento es moneda que circula, se intercambia, se desgasta con el uso pero mantiene su valor.
En el nivel conceptual, la moneda permite traducir la complejidad del deseo en imagen material precisa. El Anverso es lo que se muestra primero: la afirmación pública, el manifiesto, la cara visible que dice “esto es lo que soy”. El Canto —término técnico para el grosor de la moneda— es la parte que nadie mira pero que contiene el peso real: los 32 poemas donde el deseo se explora en sus contradicciones, dudas, afirmaciones y combates. El Reverso es la cara que solo se ve cuando se da vuelta la moneda: la síntesis que cierra pero no resuelve, porque una moneda siempre tiene dos caras que coexisten.
En el nivel estructural, el libro obliga al lector a recorrer físicamente la metáfora: entras por el Anverso (declaración), atraviesas el Canto (exploración extensa), sales por el Reverso (síntesis provisional). La arquitectura replica la experiencia de examinar una moneda: primero ves una cara, luego das la vuelta y ves la otra, y solo cuando la sostienes en la mano comprendes que ambas caras son una sola cosa con grosor y peso.
Este recurso no se agota porque funciona en tres niveles simultáneamente. No es solo una metáfora temática (nivel conceptual), ni solo un campo léxico (nivel vocabulario), ni solo una decisión estructural (división en tres partes): es las tres cosas al mismo tiempo, generando una coherencia formal donde cada decisión refuerza las demás. Lo excepcional frente a usos metafóricos ocasionales es la sostenibilidad: Tomé no menciona la moneda una vez y la abandona, sino que construye todo el libro como despliegue de esa imagen única, obligando al lector a pensar el sentimiento en términos de intercambio, circulación, materialidad, dualidad y desgaste durante todo el recorrido.
- REFLEXIÓN FINAL
Tomé construye su voz poética única mediante la combinación estratégica de metáforas sensoriales densas, anáforas combativas, enumeraciones saturadas, sinestesias precisas y oscilación controlada entre registro culto y coloquial. El efecto es de intensidad reflexiva sin hermetismo: el lector experimenta el deseo como fenómeno simultáneamente físico (las metáforas sensoriales lo materializan), intelectual (la dicción densa lo conceptualiza) y emocional (las anáforas y enumeraciones lo saturan). La voz resultante es la de una conciencia madura que piensa densamente pero no se refugia en la abstracción: ancla cada reflexión en experiencia sensorial concreta.
El recurso técnico más destacable es la metáfora arquitectónica de la moneda desplegada en tres niveles (léxico, conceptual, estructural). Esta apuesta es notable en poesía contemporánea porque rechaza tanto la poesía fragmentaria sin hilo conductor como la poesía narrativa lineal: Tomé construye un sistema donde forma y contenido son indisociables. La moneda no es tema del libro: es el libro mismo. Esta coherencia formal coloca Moneda del sentir en diálogo con la gran tradición de libros-objeto de la poesía española (como Espacio de Juan Ramón Jiménez o La realidad y el deseo de Cernuda), donde la estructura replica conceptualmente el contenido.
El objetivo final es múltiple: intelectualmente, que el lector comprenda el deseo como fenómeno complejo irreducible a idealización o cinismo; emocionalmente, que reconozca en su propio cuerpo las experiencias sensoriales que Tomé materializa; formalmente, que experimente la coherencia como valor poético. Tomé busca lectores dispuestos a concentrarse, a releer, a seguir el despliegue de un sistema. El libro no ofrece catarsis rápida ni consuelo fácil: ofrece compañía reflexiva para quienes reconocen que el deseo es territorio de complejidad donde forma y contenido no pueden separarse.
Informe realizado por Ana María Olivares.




