ELEMENTOS DESTACADOS EN MONEDA DEL SENTIR
CALIDAD LITERARIA
Voz y Estilo Autorial
La voz poética de César Tomé en Moneda del sentir se distingue por su capacidad de fusionar densidad conceptual con urgencia emocional sin caer en el hermetismo académico ni en la confesión desnuda. Tomé construye una dicción barroca contemporánea donde cada verso acumula capas de sentido mediante metáforas compuestas, abstracciones materializadas y sintaxis compleja que replica el modo en que una conciencia madura reflexiona: con rodeos, matices y autocorrecciones.
La fusión entre tradición y contemporaneidad es orgánica. De la tradición española recupera la intensidad metafórica de la Generación del 27 y el tono reflexivo de la poesía de la experiencia de los años 80, pero los transforma mediante una dicción que rechaza tanto la claridad inmediata de García Montero como el surrealismo puro de Aleixandre. El resultado es poesía que dialoga con tradiciones sin imitarlas: “mis dedos como lápices de llama sin horario, / mi mano como iris dormido entre las suyas” (Poema 32) recupera la metáfora surrealista pero la ancla en experiencia corporal concreta.
La oscilación tonal es mínima. Tomé mantiene un registro consistentemente reflexivo-combativo durante todo el libro, evitando el contraste dramático entre confesión vulnerable y análisis distante. Cuando alterna, lo hace dentro de un mismo espectro emocional: de la afirmación imperativa (“POSICIONARSE pronto, qué solución creíble”, Anverso) a la interrogación existencial (“¿Estar donde se quiere es tenerse por mundo?”, Poema 1), pero siempre desde una intensidad sostenida.
El registro emocional se ajusta sutilmente al contenido sin grandes oscilaciones. Los poemas iniciales (1-5) tienen tono más combativo, los centrales (12-18) más sensual, los finales (26-32) más sintético, pero todos mantienen la misma densidad formal. La capacidad de autoironía existe pero es contenida: “Oh posibilidad de otra impulsión, / me enfado con mi porte, de inventiva barroca” (Poema 29) muestra distancia crítica sin romper el tono general. No es confesión sin filtro: es reflexión autocrítica que se exhibe pero no se desnuda completamente.
Recursos Estilísticos
Metáforas y lenguaje figurado
Las metáforas de Tomé son predominantemente sensoriales: materializan emociones abstractas en experiencias físicas verificables mediante los cinco sentidos. La estrategia constante es traducir estados emocionales (deseo, soledad, autenticidad) en sensaciones corporales concretas que el lector puede reconocer en su propia experiencia.
La metáfora clave del libro es estructural: “Moneda del sentir” convierte el sentimiento en objeto material con dos caras visibles (Anverso y Reverso) y un grosor olvidado (Canto). Esta metáfora no es ornamental: organiza todo el poemario. Otras metáforas destacadas incluyen: “mis dedos como lápices de llama sin horario” (Poema 32), donde el tacto se vuelve escritura luminosa que no respeta horarios; “El agua, como estampa de la curiosidad, / con su dosis de estima acorde con el riesgo” (Poema 7), donde el agua se convierte en modelo ético de conducta; “pompas de alma de la autoestima” (Poema 12), que traduce la fragilidad psicológica en burbuja táctil.
Sinestesia
Tomé usa sinestesia estratégicamente para replicar la confusión perceptiva del deseo intenso. En “música de horizonte y argumento innegable” (Poema 8), fusiona oído (música) y vista (horizonte), traduciendo la certeza emocional en experiencia donde los sentidos se mezclan. La música no se escucha: se ve como paisaje. En “Cómo se multiplican con furia de gigante / las ganas de escuchar lo que ansiamos oír” (Poema 1), fusiona oído (escuchar) con dimensión física (multiplicarse, furia de gigante), traduciendo el deseo de comunicación en experiencia simultáneamente auditiva y corporal. El efecto es de saturación sensorial controlada que replica la experiencia del deseo donde las percepciones se confunden.
Anáforas y repeticiones
Las anáforas funcionan como estrategia de insistencia combativa. En el Poema Anverso, la anáfora “Es” se repite siete veces: “Es la nueva exclusiva y apetece gustar; / Es imperante como el plan del cielo, / Es la ufana discordia con cualquiera que huya. / Es humor de semilla, persuasión sin reclamo”. El efecto es de manifiesto: cada “Es” define un atributo del deseo auténtico, construyendo identidad mediante acumulación. En el Poema 7, la anáfora “Que” estructura tres afirmaciones: “Que el arrepentimiento lo promueve la vida. / Que aumenta las defensas la noble gratitud. / Que venerar las alas que colman de esperanza”. El efecto es de sentencias acumuladas con peso de verdad verificada.
Otros recursos destacables
Las enumeraciones acumulativas replican la complejidad irreducible del deseo. En el Poema 18, enumera: “Diferencias, manías, cumplimientos, donaires / y pasiones, en juego”. La enumeración traduce la complejidad del otro en lista concreta donde cada término añade un matiz que no puede reducirse a síntesis. El registro oscila estratégicamente entre culto (“máculas”, “inmarcesible”, “omnipresente”) y coloquial (“vuelva-usted-mañana”, “bum de la mañana”, “demos postre a la suerte”), generando una voz híbrida que es simultáneamente refinada y accesible.
Estructura y Coherencia
Arco narrativo o temático
Moneda del sentir tiene progresión emocional clara estructurada en cinco fases. Fase 1 (Anverso + Poemas 1-5): Afirmación combativa del deseo. Establece el tono beligerante: “frustremos los conflictos” (Poema 1), “Adiós inapetencia” (Poema 2). Fase 2 (Poemas 6-11): Reflexión sobre obstáculos. Introduce duda sin abandonar combatividad: “La muerte nos deshoja, la oscuridad nos culpa” (Poema 7). Fase 3 (Poemas 12-18): Profundización en el deseo. Los poemas se vuelven más sensuales: “Mira que lo deseo con vigor de montaña” (Poema 15). Fase 4 (Poemas 19-25): Confrontación con lo real. Mayor escepticismo: “Me desvivo por ser el dueño de mi historia” (Poema 22). Fase 5 (Poemas 26-32 + Reverso): Reafirmación vulnerable que integra experiencia acumulada: “No permito la venda que ejerce de mentora” (Poema 32).
Equilibrio entre autonomía y unidad
Los poemas funcionan individualmente como reflexiones autoconclusivas, pero ganan densidad al leerse en secuencia. Cada texto añade un matiz sobre el mismo asunto (tensión entre deseo y obstáculo), generando efecto acumulativo donde la repetición temática no produce monotonía sino profundización. La unidad se refuerza mediante campo semántico consistente (cuerpo, luz, agua, fuego), numeración arábiga secuencial y estructura circular que vuelve al principio pero transformado: el Reverso recupera el tono de manifiesto del Anverso pero desde la experiencia acumulada en los 32 poemas intermedios.
Ritmo de lectura
El libro alterna poemas breves de 15-20 versos (Poemas 3, 6, 8) con extensos de 30-40 versos (Poemas 1, 15, 18), generando pausas respiratorias que evitan fatiga emocional. Los breves concentran una sola idea; los extensos exploran contradicciones. No busca saturación sino acumulación de matices. La secuenciación mantiene atención mediante variación de ángulos dentro de constancia tonal: cada poema es suficientemente complejo como para exigir concentración, impidiendo percepción de repetición.
Decisiones estructurales clave
El cierre funciona como síntesis provisional, no definitiva. El Reverso retoma el tono de manifiesto del Anverso pero integra lo vivido: “Qué más da lo que nada es / si conforta acogerse, sin tapujos, / a las temperaturas o cinceles / de arrobo del deseo”. La última imagen —”como bosque que entona un derroche de embrujos”— es ambigua: invitación esperanzada o reconocimiento de que el misterio permanece. No hay elementos que rompan el pacto de lectura: el libro mantiene coherencia formal y temática de principio a fin, apostando por profundización sobre sorpresa.
ELEMENTOS TÉCNICOS ESPECÍFICOS
Aspectos Formales
Formas métricas presentes
Verso libre de base endecasilábica: La forma dominante del libro. Aparece en los 32 poemas de Canto o parte olvidada. Tomé construye versos que oscilan entre 9 y 14 sílabas, privilegiando fluidez sintáctica sobre regularidad métrica. El resultado es ritmo que no se percibe como medido pero evita la prosa: “Nada tiene de lento, sí de rumbo que incita; / y el grosor de su honra, una llamada fiable” (Poema 1). Se usa técnicamente bien: Tomé conoce la métrica clásica pero elige no someterse a ella. El propósito expresivo es dar impresión de pensamiento en curso, no de artificio retórico. La irregularidad métrica replica el tono reflexivo: el verso se adapta a la necesidad expresiva de cada frase.
Prosa poética: Aparece en Anverso y Reverso, los dos textos-marco del libro. Funciona como declaración (Anverso) y cierre provisional (Reverso), no como parte de la exploración central. El Anverso abre con infinitivo sustantivado en mayúsculas —”POSICIONARSE”— que impone tono de proclama. La sintaxis es acumulativa con estructura anafórica implícita. Reverso recupera la misma estructura pero invierte el tono. El uso de la prosa marca jerarquía: hay un discurso principal (los 32 poemas numerados en verso libre) y dos textos que lo enmarcan.
Heterogeneidad vs. homogeneidad formal
El libro es formalmente homogéneo: concentra el 94% de su extensión en verso libre. La homogeneidad es estratégica, no limitación: la forma única no se agota porque Tomé varía extensión de poemas, densidad de imágenes y ángulos de aproximación al tema central. Los dos poemas en prosa (Anverso y Reverso) funcionan como umbrales que marcan inicio y cierre, reforzando la coherencia mediante contraste controlado.
Verso libre
El verso libre aparece en toda la sección central (Canto o parte olvidada, 32 poemas). Funciona como libertad expresiva estratégica que permite que el lenguaje denso —lleno de sustantivos abstractos, metáforas compuestas, giros sintácticos complejos— no se perciba como artificioso. Si estos poemas estuvieran en sonetos o silva, la tensión entre forma clásica y dicción barroca contemporánea resultaría insostenible. El verso libre absorbe la complejidad semántica sin fricciones.
Encabalgamiento
El verso libre predomina sin encabalgamientos con función expresiva específica. Las pausas métricas coinciden generalmente con las sintácticas.
Coherencia Interna
Consistencia temática
El campo semántico dominante es triple: corporal (cuerpo, piel, dedos, manos, órganos, labios, ojos), sensorial (luz, oscuridad, llama, agua, fuego, brillo) e intercambio/circulación (moneda, pago, valor, acopio, forma de cambio). Este vocabulario se sostiene durante todo el libro sin desaparecer. El campo corporal atraviesa especialmente los poemas centrales (12-25), el sensorial aparece constantemente en toda la obra, y el campo del intercambio —vinculado a la metáfora central de la moneda— estructura conceptualmente las tres secciones.
Equilibrio tensión-calma
La distribución de momentos de crisis y análisis es sutil. El libro mantiene intensidad sostenida pero varía entre afirmación combativa (Poemas 1, 4, 7, 12, 32) e interrogación existencial (Poemas 3, 5, 10, 14, 15). No hay alternancia marcada entre crisis aguda y calma: la tensión es constante pero modulada. Los poemas más breves funcionan como pausas que concentran una sola idea frente a los extensos que exploran contradicciones, generando alternancia consciente pero sin rupturas dramáticas.
Fluidez de lectura
El lenguaje es equilibrado entre accesibilidad y complejidad. No es hermético —las imágenes son comprensibles en primera lectura— pero exige concentración por la densidad sintáctica. El vocabulario culto (“máculas”, “inmarcesible”, “omnipresente”, “barullo”) se integra naturalmente mediante oscilación con registro coloquial (“vuelva-usted-mañana”, “bum de la mañana”, “demos postre a la suerte”). No hay referencias culturales o mitológicas que necesiten notas al pie: las alusiones son universales (Dios, cielo, ángel) o autoexplicativas por contexto. La complejidad deriva de la sintaxis y la acumulación metafórica, no de erudición exhibida.
ANÁLISIS DE CONTENIDO TEMÁTICO
Temas Principales y Secundarios
El tema principal de Moneda del sentir es la reivindicación del deseo maduro como postura existencial. No relata un ciclo amoroso específico, sino que explora la tensión permanente entre la pulsión vital —el “sentir” del título— y las resistencias que la vida opone: rutina, desencanto, tiempo, soledad, simulación. El libro funciona como manifiesto íntimo que registra las variaciones de esa lucha entre impulso y contención.
Los temas secundarios incluyen: la autenticidad versus simulación (“No permito la venda que ejerce de mentora / o que tacha la hondura de lo que irradia auge”, Poema 32), la corporeidad como territorio de verdad (“posicionarse siempre a favor de los cuerpos / que, sin fruto prohibido, se contemplan”, Anverso), y el tiempo como adversario y aliado (“La muerte nos deshoja, la oscuridad nos culpa”, Poema 7). Estos temas no se mencionan superficialmente: se desarrollan en profundidad mediante aproximaciones múltiples. Se despliegan en capas: literalmente (el cuerpo físico, la muerte real), simbólicamente (el cuerpo como metáfora de autenticidad, la muerte como metáfora de renuncia) y conceptualmente (el deseo como sistema de intercambio, la autenticidad como postura ética).
Originalidad temática
La originalidad no está en el tema —la poesía amorosa madura es tradición extensa en español— sino en el tratamiento. Lo que hace que Moneda del sentir no sea uno más sobre deseo y tiempo es la combinación de tres elementos: dicción barroca contemporánea que rechaza la claridad inmediata sin caer en hermetismo, metáfora arquitectónica sostenida (la moneda como sistema estructural), y tono afirmativo sin ingenuidad que rechaza tanto el cinismo como el idealismo. Donde otros poetas narran el deseo (García Montero), lo elevan místicamente (Colinas) o lo ironizan (Marzal), Tomé lo reivindica combativamente: “Me desvivo por ser el dueño de mi historia” (Poema 22).
Profundidad Emocional
La capacidad de crear conexión emocional es profunda pero no inmediata. El libro no genera identificación en primera lectura: exige trabajo del lector por la densidad sintáctica y la complejidad metafórica. Sin embargo, una vez superada la barrera de entrada, la conexión es intensa porque Tomé no ofrece consuelo fácil sino compañía reflexiva. Admite múltiples niveles de lectura: como diario reflexivo sobre el deseo maduro (nivel emocional), como ejercicio formal que dialoga con tradiciones poéticas (nivel técnico), y como sistema metafórico sostenido (nivel conceptual). El lector puede acceder desde cualquiera de estos niveles sin sentirse excluido.
Ambigüedad vs. claridad
Las imágenes finales son deliberadamente ambiguas. El Reverso cierra con “si salta el runrún del letal desamor, / volvamos a la estrella de salida, mostrémonos / como bosque que entona un derroche de embrujos”. El “bosque” es símbolo de multiplicidad, misterio, profundidad. No es imagen resolutiva: no ofrece certeza (“derroche de embrujos” puede ser positivo o ilusorio). Admite dos lecturas: optimista (siempre se puede volver a empezar) o escéptica (volver al principio es no avanzar). La ambigüedad es apertura intencional, no indecisión: Tomé cierra el libro con postura, no con respuesta.
Sentimentalismo
Tomé evita el sentimentalismo mediante múltiples estrategias: densidad formal que impide la confesión desnuda, autoironía contenida (“me enfado con mi porte, de inventiva barroca”, Poema 29), y distancia crítica que se exhibe sin romper el tono (“temo y en cambio olvido, dudo y en cambio soy”, Poema 3). No abraza lo sentimental sin pudor pero tampoco lo rechaza cínicamente: construye una postura intermedia donde la emoción existe pero filtrada por reflexión. El resultado es poesía emocionalmente intensa sin caer en melodrama.
TÉCNICAS LITERARIAS DESTACADAS
Recursos Sensoriales
Las metáforas incorporan los cinco sentidos. Vista: “custodia de apuntes de alhaja en una piel, / cada atisbo de luz” (Poema 7), “la materia negruzca / que se vierte deprisa sobre la claridad” (Poema 32). Tacto: “mis dedos como lápices de llama sin horario, / mi mano como iris dormido entre las suyas” (Poema 32), “pompas de alma de la autoestima juntas” (Poema 12). Olfato: “unas gotitas diarias de perfume marino, / aun quedándose en casa” (Poema 6), “el obrar de un aroma sediento de virtud” (Poema 27). Gusto: “ese vino rosado que desviste una boca / sin alergia a dejar escapar un suspiro” (Poema 2), “nuestro plus de azúcar” (Poema 15). Oído: “Cómo se multiplican con furia de gigante / las ganas de escuchar lo que ansiamos oír” (Poema 1), “limpia de tos y motes” (Poema 1).
Sinestesia como técnica específica
Tomé usa sinestesia con frecuencia estratégica para replicar la confusión perceptiva del deseo intenso. En “música de horizonte y argumento innegable” (Poema 8), mezcla oído (música) y vista (horizonte). La música se ve como paisaje, traduciendo certeza emocional en experiencia donde los sentidos se fusionan.
Corporalidad del lenguaje
Las emociones se anclan sistemáticamente en el cuerpo. El deseo no es abstracción: es “mis dedos como lápices de llama”, “órganos míos, tuyos”, “piel”, “labios”, “sangre”. La soledad tiene textura táctil: “pompas de alma de la autoestima”. El miedo es “roca cortante”. La estrategia es constante: todo lo emocional se verifica corporalmente. El cuerpo es territorio de verdad donde no cabe simulación: “Jamás un recortable o un acertijo, el cuerpo” (Poema 3).
Estructura Retórica
Anáforas: Frecuencia alta, efectividad estratégica. En el Anverso, la anáfora “Es” se repite siete veces construyendo definición acumulativa del deseo. En el Poema 7, la anáfora “Que” estructura tres sentencias con peso de verdad. El efecto es de insistencia combativa: el poeta no argumenta, afirma mediante repetición.
Enumeraciones: Se usan para efecto acumulativo muy efectivo. En el Poema 18, enumera: “Diferencias, manías, cumplimientos, donaires / y pasiones, en juego”. La enumeración replica la irreducibilidad del deseo: no una cualidad, sino multiplicidad. En el Poema 25, enumera: “Sí, el impacto, las ondas, la destreza, el vislumbre / de tu comportamiento. Sí, venida, / convulsión y descifre”. La acumulación genera efecto de simultaneidad.
Otros recursos: Personificaciones ocasionales (“la muerte nos deshoja”), paradojas (“la quietud de la llama que alborota el instante”), juegos conceptuales (moneda con dos caras y un canto), diálogos poéticos implícitos (monólogo dirigido a un “tú” presente-ausente).
Recurso retórico más notable
El recurso que más define el libro es la metáfora arquitectónica sostenida de la moneda desplegada en tres niveles (léxico, conceptual, estructural). No es ornamento: es el libro mismo. Esta coherencia formal coloca Moneda del sentir en diálogo con la gran tradición de libros-objeto de la poesía española donde la estructura replica conceptualmente el contenido. La moneda no es tema del libro: es su forma.
SÍNTESIS FINAL
Las cuatro fortalezas técnicas principales de Moneda del sentir son: metáfora arquitectónica sostenida que organiza todo el poemario en tres niveles (léxico, conceptual, estructural), metáforas sensoriales densas que materializan emociones abstractas en experiencias físicas verificables mediante los cinco sentidos, dicción barroca contemporánea que fusiona registro culto y coloquial generando voz única, y progresión emocional en cinco fases que estructura el libro sin narratividad lineal. Estas fortalezas se refuerzan mutuamente: la metáfora de la moneda necesita la densidad metafórica para desplegarse, y la progresión emocional necesita la coherencia formal para sostenerse.
El aspecto mejorable es la barrera de entrada. La densidad sintáctica y complejidad metafórica pueden perder lectores en las primeras páginas. El libro exige concentración y relectura, limitando su público potencial a lectores con experiencia poética previa. Sin embargo, esta dificultad es coherente con la apuesta: Tomé no busca seducir por facilidad sino por densidad reflexiva.
Lo que hace que este libro funcione es la coherencia absoluta entre concepto (sentimiento como moneda de intercambio), forma (verso libre que permite dicción compleja) y tono (afirmativo sin ingenuidad). Se diferencia de otros poemarios sobre deseo maduro por rechazar tanto la claridad narrativa inmediata como el hermetismo académico, construyendo un espacio intermedio: poesía de madurez que no renuncia a la complejidad formal ni a la intensidad emocional. Es libro para lectores dispuestos a trabajar, que ofrece compañía reflexiva sin consuelo fácil.
Informe realizado por Ana María Olivares




