{"id":206,"date":"2026-01-03T17:22:24","date_gmt":"2026-01-03T16:22:24","guid":{"rendered":"https:\/\/nuestrosescritores.com\/angeljesusmartingonzalez\/?p=206"},"modified":"2026-01-03T17:22:24","modified_gmt":"2026-01-03T16:22:24","slug":"ensayo-de-critica-literaria-la-muerte-como-presencia-tanatologia-poetica-en-existencial-de-angel-jesus-martin-gonzalez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nuestrosescritores.com\/angeljesusmartingonzalez\/2026\/01\/03\/ensayo-de-critica-literaria-la-muerte-como-presencia-tanatologia-poetica-en-existencial-de-angel-jesus-martin-gonzalez\/","title":{"rendered":"Ensayo de cr\u00edtica literaria: la muerte como presencia. tanatolog\u00eda po\u00e9tica en &#8220;existencial&#8221; de \u00e1ngel jes\u00fas mart\u00edn gonz\u00e1lez"},"content":{"rendered":"<blockquote><p>Olivares Tom\u00e1s, Ana Mar\u00eda. \u00abEnsayo de cr\u00edtica literaria: la muerte como presencia. tanatolog\u00eda po\u00e9tica en &#8220;existencial&#8221; de \u00e1ngel jes\u00fas mart\u00edn gonz\u00e1lez\u00bb. EXISTENCIAL. Spain: Zenodo, 31 de diciembre de 2025. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.5281\/zenodo.18110178\">https:\/\/doi.org\/10.5281\/zenodo.18110178<\/a><\/p><\/blockquote>\n<p><strong>LA MUERTE COMO PRESENCIA: TANATOLOG\u00cdA PO\u00c9TICA EN EXISTENCIAL DE \u00c1NGEL JES\u00daS MART\u00cdN GONZ\u00c1LEZ<\/strong><\/p>\n<p><strong>Resumen<\/strong><\/p>\n<p>El presente ensayo analiza la representaci\u00f3n de la muerte en el poemario Existencial (2025) de \u00c1ngel Jes\u00fas Mart\u00edn Gonz\u00e1lez, demostrando que la muerte no funciona como tema puntual sino como presencia constante que estructura la mirada del yo l\u00edrico y su relaci\u00f3n con el mundo. Mediante el an\u00e1lisis de poemas clave (&#8220;Cuna vac\u00eda&#8221;, &#8220;Madre&#8221;, &#8220;Coraz\u00f3n sin latido&#8221;, &#8220;Un d\u00eda yo volar\u00e9&#8221;, &#8220;Ave F\u00e9nix&#8221;, &#8220;Dejaron de caer&#8221;), se establece que el poemario articula tres modalidades de muerte: la muerte de seres queridos (especialmente muerte infantil y materna), la muerte simb\u00f3lica del yo l\u00edrico que experimenta su coraz\u00f3n como &#8220;sin latido&#8221;, y la muerte pr\u00f3xima del yo que estructura la voz po\u00e9tica desde la aceptaci\u00f3n serena del final. La aplicaci\u00f3n del marco te\u00f3rico de Philippe Ari\u00e8s sobre las actitudes ante la muerte y de Vladimir Jank\u00e9l\u00e9vitch sobre la fenomenolog\u00eda de la muerte permite concluir que Existencial representa recuperaci\u00f3n de lo que Ari\u00e8s denomina &#8220;muerte domesticada&#8221;: la muerte como compa\u00f1era familiar, no como enemigo que debe ocultarse. Esta domesticaci\u00f3n de la muerte en contexto contempor\u00e1neo constituye la principal aportaci\u00f3n del poemario a la tradici\u00f3n eleg\u00edaca espa\u00f1ola.<\/p>\n<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>La cultura occidental contempor\u00e1nea ha convertido la muerte en tab\u00fa. Philippe Ari\u00e8s en su monumental Historia de la muerte en Occidente (1975) documenta c\u00f3mo la modernidad desplaz\u00f3 la muerte desde el centro de la vida (donde estuvo durante mil a\u00f1os) hacia los m\u00e1rgenes: hospitales donde se muere aislado, funerarias que ocultan el cad\u00e1ver, cementerios alejados de centros urbanos. La muerte contempor\u00e1nea es muerte vergonzante, obscena, que debe ocultarse como se oculta la sexualidad victoriana. Ari\u00e8s denomina esta actitud &#8220;muerte invertida&#8221; o &#8220;muerte prohibida&#8221;.<\/p>\n<p>El poemario Existencial de \u00c1ngel Jes\u00fas Mart\u00edn Gonz\u00e1lez representa movimiento contrario a esta prohibici\u00f3n cultural. La muerte no solo no se oculta sino que estructura completamente la mirada del yo l\u00edrico. El poemario est\u00e1 dedicado &#8220;a mis tres hijos \u00c1ngel, Laura y Lola \/ y a todas las personas que han sufrido, \/ se sienten solas y han perdido a un ser querido&#8221;. Esta dedicatoria establece desde el inicio que la p\u00e9rdida y la muerte son ejes centrales de la obra.<\/p>\n<p>El presente estudio parte de la hip\u00f3tesis de que la muerte en Existencial funciona como presencia constante, no como acontecimiento puntual. Esta presencia se manifiesta en tres modalidades que estructuran el an\u00e1lisis: primera, la muerte de otros (seres queridos cuya ausencia marca al yo l\u00edrico); segunda, la muerte simb\u00f3lica del yo (el coraz\u00f3n que ya no late, el alma que ya no habita plenamente el cuerpo); tercera, la muerte pr\u00f3xima del yo (la anticipaci\u00f3n serena del propio final). Estas tres modalidades no son etapas cronol\u00f3gicas sino dimensiones simult\u00e1neas de la experiencia tanatol\u00f3gica del poemario.<\/p>\n<p>El marco te\u00f3rico se articula sobre tres pilares. Primero, la historia de las actitudes ante la muerte de Philippe Ari\u00e8s, especialmente su concepto de &#8220;muerte domesticada&#8221; (la muerte familiar de la Edad Media) versus &#8220;muerte prohibida&#8221; (la muerte ocultada de la modernidad). Segundo, la fenomenolog\u00eda de la muerte de Vladimir Jank\u00e9l\u00e9vitch en La muerte (1966), especialmente su distinci\u00f3n entre muerte en tercera persona (la muerte de otros), muerte en segunda persona (la muerte del ser amado) y muerte en primera persona (mi propia muerte). Tercero, la tradici\u00f3n eleg\u00edaca espa\u00f1ola desde Jorge Manrique hasta Miguel Hern\u00e1ndez, con atenci\u00f3n especial a las Coplas por la muerte de su padre como modelo de aceptaci\u00f3n serena de la muerte.<\/p>\n<p><strong>La muerte del otro: Eleg\u00edas por los que se fueron<\/strong><\/p>\n<p><strong>&#8220;Cuna vac\u00eda&#8221;: La muerte infantil como lo indecible<\/strong><\/p>\n<p>La muerte infantil representa esc\u00e1ndalo fundamental que cuestiona cualquier sentido del orden c\u00f3smico. Si la muerte del anciano puede integrarse en ciclo natural de la vida (nacer, crecer, envejecer, morir), la muerte del ni\u00f1o rompe el ciclo, invierte el orden esperado. Philippe Ari\u00e8s documenta c\u00f3mo hasta el siglo XVIII la muerte infantil era estad\u00edsticamente com\u00fan pero culturalmente aceptada mediante resignaci\u00f3n religiosa. La modernidad ha convertido la muerte infantil en esc\u00e1ndalo insoportable: el ni\u00f1o debe sobrevivir, la medicina debe salvarlo, su muerte es fracaso que debe ocultarse.<\/p>\n<p>El poema &#8220;Cuna vac\u00eda&#8221; enfrenta directamente este esc\u00e1ndalo:<\/p>\n<p>Mam\u00e1, me acerqu\u00e9 a su cuna y estaba serena<br \/>\nCon su sonrisa quieta, me dio pena<br \/>\nQuiz\u00e1s la noche invernal le sec\u00f3 sus l\u00e1grimas fr\u00edas<br \/>\nCanci\u00f3n de cuna para mi ni\u00f1a que quiz\u00e1s en esta noche,<br \/>\nprofundo sue\u00f1a<br \/>\nLos angelitos del cielo se la llevaron para que durmiese con ellos<br \/>\ny as\u00ed siempre, entre estrellas y nubes, los acompa\u00f1asen<\/p>\n<p>El t\u00edtulo del poema enuncia lo que el cuerpo del poema no puede decir directamente: la cuna est\u00e1 vac\u00eda porque la ni\u00f1a ha muerto. Pero la palabra &#8220;muerte&#8221; no aparece en todo el poema. Esta ausencia l\u00e9xica replica la imposibilidad de nombrar lo innombrable. Vladimir Jank\u00e9l\u00e9vitch establece en La muerte que hay experiencias que exceden la capacidad del lenguaje, y la muerte del hijo es paradigma de lo inefable.<\/p>\n<p>El poema construye la escena mediante eufemismos acumulados. La ni\u00f1a &#8220;estaba serena&#8221;, tiene &#8220;sonrisa quieta&#8221;, &#8220;profundo sue\u00f1a&#8221;. Estos participios y verbos sugieren inmovilidad pero no nombran la muerte. El adjetivo &#8220;quieta&#8221; aplicado a la sonrisa es especialmente revelador: la quietud no es reposo sino cesaci\u00f3n del movimiento vital. La sonrisa que era m\u00f3vil (el ni\u00f1o que sonr\u00ede mueve los labios, los ojos) se ha fijado en expresi\u00f3n inmutable.<\/p>\n<p>El tercer verso introduce explicaci\u00f3n que no explica: &#8220;Quiz\u00e1s la noche invernal le sec\u00f3 sus l\u00e1grimas fr\u00edas&#8221;. El &#8220;quiz\u00e1s&#8221; marca incertidumbre radical. El yo l\u00edrico no sabe qu\u00e9 pas\u00f3. Solo puede especular. La noche invernal funciona como agente que seca l\u00e1grimas, pero el verso no aclara si la ni\u00f1a llor\u00f3 antes de morir (lo que sugerir\u00eda sufrimiento) o si las l\u00e1grimas son met\u00e1fora. Esta ambig\u00fcedad preserva el misterio de la muerte: nadie sabe exactamente qu\u00e9 ocurre en el momento del tr\u00e1nsito.<\/p>\n<p>La &#8220;Canci\u00f3n de cuna para mi ni\u00f1a&#8221; del cuarto verso introduce iron\u00eda tr\u00e1gica: las canciones de cuna se cantan para dormir al ni\u00f1o vivo. Cantar canci\u00f3n de cuna a ni\u00f1a muerta es acto que niega la muerte o que la asimila al sue\u00f1o. Esta asimilaci\u00f3n muerte-sue\u00f1o es arcaica (en griego antiguo, Hypnos el sue\u00f1o y Thanatos la muerte eran hermanos gemelos) pero persiste en el lenguaje popular (&#8220;descanse en paz&#8221;, &#8220;sue\u00f1o eterno&#8221;).<\/p>\n<p>Los versos finales introducen el consuelo religioso:<\/p>\n<p>Los angelitos del cielo se la llevaron para que durmiese con ellos<br \/>\ny as\u00ed siempre, entre estrellas y nubes, los acompa\u00f1asen<\/p>\n<p>La explicaci\u00f3n teol\u00f3gica de la muerte infantil (los \u00e1ngeles que vienen a buscar al ni\u00f1o para llevarlo al cielo) pertenece a tradici\u00f3n cristiana popular. Esta explicaci\u00f3n cumple funci\u00f3n psicol\u00f3gica: transforma el esc\u00e1ndalo de la muerte infantil en elevaci\u00f3n. El ni\u00f1o no ha sido destruido sino elevado, no ha perdido sino ganado (la compa\u00f1\u00eda de \u00e1ngeles y estrellas es superior a la compa\u00f1\u00eda terrestre).<\/p>\n<p>Sin embargo, el poema no valida ni invalida esta explicaci\u00f3n. La presenta como posibilidad (&#8220;quiz\u00e1s en esta noche, profundo sue\u00f1a&#8221; ) sin confirmarla como certeza. Esta ambig\u00fcedad epistemol\u00f3gica es caracter\u00edstica de la actitud ante la muerte en todo el poemario: no hay certezas sobre qu\u00e9 hay despu\u00e9s, solo esperanzas y consuelos necesarios para soportar la p\u00e9rdida.<\/p>\n<p>Desde la perspectiva de Jank\u00e9l\u00e9vitch, este poema representa muerte en segunda persona: la muerte del ser amado que afecta directamente al yo. La muerte en segunda persona es m\u00e1s terrible que la muerte en tercera persona (la muerte an\u00f3nima, estad\u00edstica) porque implica p\u00e9rdida irreparable. El ni\u00f1o muerto no es caso estad\u00edstico sino ausencia concreta que vac\u00eda la cuna, que deja silencio donde hab\u00eda voz.<\/p>\n<p><strong>&#8220;Madre&#8221;: Eleg\u00eda por Mercedes<\/strong><\/p>\n<p>El poema &#8220;Madre&#8221; representa eleg\u00eda tradicional por figura materna:<\/p>\n<p>Mercedes,<br \/>\ntoda una vida dedicada a la ense\u00f1anza de ni\u00f1os peque\u00f1os<br \/>\nQue en alg\u00fan lugar del cielo reposas serena<br \/>\nQue a tus ni\u00f1os peque\u00f1os les ense\u00f1as all\u00ed lo bonito que es el<br \/>\nmar y las estrellas<br \/>\nQue r\u00edes y juegas con ellos hasta que las nubes se encelan<br \/>\nQue les cuentas cuentos hasta que caen rendidos dormidos en<br \/>\ntus brazos<br \/>\n\u00a1por favor sol, no te despiertes!&#8230;<br \/>\nque los ni\u00f1os ahora con ella duermen en su regazo<\/p>\n<p>El poema se estructura como letan\u00eda de relativas que describen a la madre muerta en presente continuo (&#8220;reposas&#8221;, &#8220;ense\u00f1as&#8221;, &#8220;r\u00edes&#8221;, &#8220;juegas&#8221;, &#8220;cuentas&#8221;). Este uso del presente gramatical niega la muerte en el nivel sint\u00e1ctico: la madre no ha dejado de existir sino que contin\u00faa existiendo en otro lugar (el cielo). La primera l\u00ednea de cada verso relativo (&#8220;Que&#8230;&#8221;) establece ritmo de oraci\u00f3n, de rezo.<\/p>\n<p>La identificaci\u00f3n de la madre por nombre propio (&#8220;Mercedes&#8221;) ancla el poema en referencia biogr\u00e1fica concreta. No es madre arquet\u00edpica sino madre particular con nombre, con profesi\u00f3n (&#8220;dedicada a la ense\u00f1anza de ni\u00f1os peque\u00f1os&#8221; ), con cualidades espec\u00edficas. Esta concreci\u00f3n biogr\u00e1fica distingue la eleg\u00eda martingonzaliana de la eleg\u00eda abstracta que lamenta la muerte sin especificar al muerto.<\/p>\n<p>La actividad de la madre en el cielo replica su actividad terrestre: ense\u00f1ar a ni\u00f1os. Esta continuidad entre vida terrenal y vida celestial es caracter\u00edstica de la concepci\u00f3n popular del m\u00e1s all\u00e1: cada uno contin\u00faa haciendo en el cielo lo que hac\u00eda en la tierra. El cielo no es transformaci\u00f3n radical sino prolongaci\u00f3n mejorada de la vida conocida.<\/p>\n<p>Los objetos de ense\u00f1anza celestial (&#8220;lo bonito que es el mar y las estrellas&#8221; ) son elementos naturales que tambi\u00e9n aparecen en otros poemas del poemario como fuentes de consuelo para el yo l\u00edrico. Esta coincidencia sugiere que lo que la madre ense\u00f1a a los ni\u00f1os celestes es lo mismo que el yo l\u00edrico ha aprendido: encontrar belleza en elementos naturales (mar, estrellas) que no juzgan ni lastiman.<\/p>\n<p>El verso &#8220;Que r\u00edes y juegas con ellos hasta que las nubes se encelan&#8221; introduce alegr\u00eda en el m\u00e1s all\u00e1. La risa y el juego (actividades vitales por excelencia) contin\u00faan despu\u00e9s de la muerte. Las nubes que &#8220;se encelan&#8221; (se ponen celosas) humanizan el paisaje celestial mediante prosopopeya que genera atm\u00f3sfera de intimidad familiar.<\/p>\n<p>El poema cierra con s\u00faplica al sol:<\/p>\n<p>\u00a1por favor sol, no te despiertes!&#8230;<br \/>\nque los ni\u00f1os ahora con ella duermen en su regazo<\/p>\n<p>La s\u00faplica al sol que no amanezca es t\u00f3pico literario que se remonta a las albas medievales (el amante que pide que no amanezca para prolongar la noche con la amada). Mart\u00edn Gonz\u00e1lez lo actualiza: el yo l\u00edrico pide que no amanezca para que los ni\u00f1os puedan seguir durmiendo en el regazo de la madre. El amanecer interrumpir\u00eda la reuni\u00f3n, separar\u00eda nuevamente a madre e hijos.<\/p>\n<p>Esta imagen final condensa la fantas\u00eda consolatoria del poema: la madre muerta acoge en su regazo a ni\u00f1os (\u00bfson los ni\u00f1os que ella ense\u00f1\u00f3 en vida? \u00bfson los hijos del yo l\u00edrico? \u00bfes el yo l\u00edrico mismo imagin\u00e1ndose ni\u00f1o?). El regazo materno es espacio de protecci\u00f3n absoluta. La muerte ha transformado a la madre en protectora celestial que acoge a todos los ni\u00f1os.<\/p>\n<p>Desde la perspectiva de Philippe Ari\u00e8s, este poema representa lo que \u00e9l denomina &#8220;muerte de ti&#8221; (la mort de toi): la muerte del ser querido que genera eleg\u00eda. La eleg\u00eda cumple funci\u00f3n social de integrar la muerte en la comunidad mediante el recuerdo. Al nombrar a la madre, al especificar su profesi\u00f3n y sus cualidades, el poema la salva del olvido. El muerto vive mientras es recordado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>&#8220;Ladrido en la noche&#8221;: La muerte del compa\u00f1ero animal<\/strong><\/p>\n<p>La muerte del perro en &#8220;Ladrido en la noche&#8221; introduce dimensi\u00f3n de culpa ausente en las eleg\u00edas por ni\u00f1a y madre:<\/p>\n<p>Mi perro ladra en la noche que acaba<br \/>\n\u00bfSer\u00e1 que la oscuridad hoy lo asusta?<br \/>\nMi perro me llama y yo en mis sue\u00f1os no escucho sus penas<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 le pasa a mi perro si es ya primavera?<br \/>\nMi perro se fue y me dijo en mis sue\u00f1os, que se fue sin pena<\/p>\n<p>El poema establece tres momentos: el perro que llama (verso 3), el yo l\u00edrico que no escucha (verso 3), el perro que muere (verso 5). La concatenaci\u00f3n causal es impl\u00edcita pero devastadora: el perro llam\u00f3 pidiendo ayuda, el yo l\u00edrico dorm\u00eda y no escuch\u00f3, el perro muri\u00f3. La culpa deriva de haber fallado en el momento crucial. El compa\u00f1ero fiel que siempre escuchaba, que siempre guiaba, necesit\u00f3 ayuda y no la recibi\u00f3.<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n &#8220;yo en mis sue\u00f1os no escucho sus penas&#8221; puede interpretarse literalmente (el yo l\u00edrico dorm\u00eda) o metaf\u00f3ricamente (estaba ensimismado en sus propios problemas). Ambas lecturas generan culpa. Si dorm\u00eda, la culpa es por vulnerabilidad humana (no podemos estar despiertos siempre). Si estaba ensimismado, la culpa es moral (debi\u00f3 estar atento).<\/p>\n<p>Las dos preguntas ret\u00f3ricas expresan incomprensi\u00f3n: &#8220;\u00bfSer\u00e1 que la oscuridad hoy lo asusta?&#8221; y &#8220;\u00bfQu\u00e9 le pasa a mi perro si es ya primavera?&#8221;. La segunda pregunta contiene argumento impl\u00edcito: la primavera es tiempo de renovaci\u00f3n, no de muerte. La muerte en primavera contradice el orden natural. Esta incomprensi\u00f3n replica la incomprensi\u00f3n ante la muerte de la ni\u00f1a (ambas muertes son inoportunas, fuera de tiempo esperado).<\/p>\n<p>El verso final introduce mensaje on\u00edrico del perro muerto: &#8220;Mi perro se fue y me dijo en mis sue\u00f1os, que se fue sin pena&#8221;. El mensaje viene en sue\u00f1os, mismo territorio donde el yo l\u00edrico no escuch\u00f3 el llamado inicial. Esta simetr\u00eda sugiere que los sue\u00f1os son espacio de comunicaci\u00f3n con los muertos. El perro comunica que &#8220;se fue sin pena&#8221;, lo que podr\u00eda aliviar la culpa del yo l\u00edrico (el animal no sufri\u00f3, no guarda rencor).<\/p>\n<p>Vladimir Jank\u00e9l\u00e9vitch establece en La muerte que la culpa del superviviente es estructura fundamental de la experiencia de duelo. El que sobrevive se siente culpable por estar vivo mientras el otro est\u00e1 muerto, por no haber hecho lo suficiente, por haber fallado en el momento crucial. Esta culpa no es necesariamente racional (el yo l\u00edrico no pudo prever que esa noche el perro morir\u00eda) pero es real en el nivel emocional.<\/p>\n<p>La funci\u00f3n tanatol\u00f3gica de este poema es reconocer que la muerte del compa\u00f1ero animal genera duelo genuino, no menor que el duelo por humanos. El perro era &#8220;alma gemela&#8221; (seg\u00fan &#8220;Camino seguro&#8221;), su muerte es p\u00e9rdida irreparable que genera culpa y necesidad de reconciliaci\u00f3n mediante comunicaci\u00f3n on\u00edrica.<\/p>\n<p><strong>La muerte simb\u00f3lica del yo: El coraz\u00f3n sin latido<\/strong><\/p>\n<p><strong>&#8220;Coraz\u00f3n sin latido&#8221;: La muerte en vida<\/strong><\/p>\n<p>El poema &#8220;Coraz\u00f3n sin latido&#8221; representa modalidad de muerte distinta: no la muerte f\u00edsica sino la muerte simb\u00f3lica del yo que siente que su coraz\u00f3n ha dejado de latir aunque el cuerpo contin\u00fae viviendo:<\/p>\n<p>Que una noche se perdi\u00f3 en la noche oscura<br \/>\nde mi alma<br \/>\nAlma errante que vaga por el mundo de los vivos<br \/>\nMi coraz\u00f3n ya no late, vive s\u00f3lo relegado al olvido<br \/>\nMi coraz\u00f3n est\u00e1 enfermo, sabe de su incierto destino<br \/>\ny vaga por su mundo de color gris oscuro<br \/>\nMi coraz\u00f3n ya no recuerda qui\u00e9n soy, con quien vivimos y a<br \/>\nqui\u00e9n<br \/>\nhemos querido<br \/>\nCoraz\u00f3n sin latido<\/p>\n<p>El t\u00edtulo enuncia contradicci\u00f3n: un coraz\u00f3n que no late no puede existir en cuerpo vivo. El poema describe muerte simb\u00f3lica: el coraz\u00f3n (sede tradicional de las emociones) ha cesado de funcionar emocionalmente aunque contin\u00fae bombeando sangre f\u00edsicamente. Esta disociaci\u00f3n entre funci\u00f3n biol\u00f3gica y funci\u00f3n emocional del coraz\u00f3n establece que el yo l\u00edrico est\u00e1 vivo pero no viviente, existe pero no habita plenamente su existencia.<\/p>\n<p>El primer verso contiene eco directo de San Juan de la Cruz: &#8220;Que una noche se perdi\u00f3 en la noche oscura \/ de mi alma&#8221;. La &#8220;noche oscura&#8221; sanjuanista era tr\u00e1nsito temporal hacia uni\u00f3n m\u00edstica. La noche oscura martingonzaliana es estado permanente: el coraz\u00f3n se perdi\u00f3 en ella y no ha encontrado salida. Esta perversi\u00f3n del simbolismo m\u00edstico (la noche oscura que no conduce a luz sino que permanece oscura) establece que no hay promesa de redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>El segundo verso introduce imagen de alma separada del cuerpo: &#8220;Alma errante que vaga por el mundo de los vivos&#8221;. El yo l\u00edrico es alma que vaga entre vivos siendo ella misma no-viva. Esta figura replica las antiguas creencias en \u00e1nimas en pena: almas que no pueden descansar porque tienen asunto pendiente. El yo l\u00edrico es su propia \u00e1nima en pena, atrapada en cuerpo que sigue funcionando biol\u00f3gicamente.<\/p>\n<p>El tercer verso contiene declaraci\u00f3n central: &#8220;Mi coraz\u00f3n ya no late, vive s\u00f3lo relegado al olvido&#8221;. La paradoja gramatical (ya no late pero vive) establece distinci\u00f3n entre latir (funcionar plenamente) y vivir (existir minimalmente). El coraz\u00f3n contin\u00faa existiendo pero &#8220;relegado al olvido&#8221;: olvidado por el yo, por otros, quiz\u00e1s auto-olvidado. Este olvido es forma de muerte social: lo que nadie recuerda deja de existir socialmente aunque contin\u00fae existiendo f\u00edsicamente.<\/p>\n<p>El cuarto verso introduce conocimiento de finitud: &#8220;Mi coraz\u00f3n est\u00e1 enfermo, sabe de su incierto destino&#8221;. El coraz\u00f3n enfermo sabe que va a morir pero no sabe cu\u00e1ndo. Esta incertidumbre sobre el momento de la muerte es caracter\u00edstica fundamental de la condici\u00f3n humana seg\u00fan Jank\u00e9l\u00e9vitch: sabemos que moriremos pero no sabemos cu\u00e1ndo, y esta ignorancia genera ansiedad espec\u00edfica.<\/p>\n<p>El quinto verso describe el mundo del coraz\u00f3n enfermo: &#8220;y vaga por su mundo de color gris oscuro&#8221;. El gris oscuro no es negro absoluto (muerte completa) sino intermedio entre luz y oscuridad. Es el color de la muerte en vida, de la existencia que ha perdido vitalidad sin terminar completamente.<\/p>\n<p>El verso sexto documenta amnesia existencial: &#8220;Mi coraz\u00f3n ya no recuerda qui\u00e9n soy, con quien vivimos y a qui\u00e9n \/ hemos querido&#8221;. El coraz\u00f3n ha olvidado la identidad del yo, los compa\u00f1eros de vida, los seres amados. Esta triple amnesia (de s\u00ed, de otros presentes, de otros amados) constituye muerte de la memoria. Sin memoria no hay identidad. El yo que no recuerda qui\u00e9n es, es ya otro o es nadie.<\/p>\n<p>El verso final repite el t\u00edtulo: &#8220;Coraz\u00f3n sin latido&#8221;. Esta repetici\u00f3n cierra el poema sobre s\u00ed mismo sin ofrecer salida. No hay resoluci\u00f3n, no hay esperanza de que el coraz\u00f3n vuelva a latir. El poema documenta estado permanente de muerte en vida.<\/p>\n<p>Desde la perspectiva de la tanatolog\u00eda, este poema representa lo que algunos te\u00f3ricos denominan &#8220;muerte social&#8221;: la muerte del yo social que precede a la muerte biol\u00f3gica. La persona con dolor cr\u00f3nico severo, con depresi\u00f3n profunda, con trauma insoportable, puede experimentar muerte del yo emocional mientras el cuerpo contin\u00faa funcionando. Esta muerte social es real aunque no sea visible externamente.<\/p>\n<p><strong>&#8220;Llanto&#8221;: El llanto que no puede emanar<\/strong><\/p>\n<p>El poema &#8220;Llanto&#8221; contin\u00faa la exploraci\u00f3n de la muerte emocional mediante imagen del llanto congelado:<\/p>\n<p>Esquivo te muestras con mi coraz\u00f3n hecho pedazos<br \/>\ncruzas veredas sin llegar nunca a mi camino<br \/>\nse\u00f1ales de auxilio ca\u00eddas en el olvido<br \/>\nMis l\u00e1grimas ya no soportan m\u00e1s la espera<br \/>\ny congeladas se quedan en las puertas de mi alma<br \/>\nAngustia amarga<br \/>\nl\u00e1grimas rotas sin poder emanar<br \/>\nRezo y suplico que pronto conmigo llegues<br \/>\naunque sea al final<br \/>\nde mi sue\u00f1o eterno<\/p>\n<p>El poema est\u00e1 dirigido al llanto personificado que se muestra &#8220;esquivo&#8221; con el coraz\u00f3n del yo l\u00edrico. Esta personificaci\u00f3n del llanto como agente que cruza veredas pero nunca llega establece que el yo l\u00edrico desea llorar pero no puede. Las l\u00e1grimas est\u00e1n bloqueadas.<\/p>\n<p>La imagen de las l\u00e1grimas &#8220;congeladas&#8221; que &#8220;se quedan en las puertas de mi alma&#8221; sugiere obstrucci\u00f3n patol\u00f3gica. Las l\u00e1grimas han llegado hasta las puertas pero no pueden salir. Est\u00e1n congeladas (palabra que sugiere tanto fr\u00edo emocional como paralizaci\u00f3n) en el umbral. Esta imposibilidad de llorar constituye muerte del llanto, de la capacidad de expresar dolor mediante l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n &#8220;l\u00e1grimas rotas sin poder emanar&#8221; contiene ox\u00edmoron: las l\u00e1grimas se rompen antes de poder salir. Lo que deber\u00eda fluir se quiebra. Esta ruptura del flujo emocional natural constituye violencia contra el yo. El cuerpo que no puede llorar acumula dolor sin salida.<\/p>\n<p>El poema cierra con s\u00faplica ambigua: &#8220;Rezo y suplico que pronto conmigo llegues \/ aunque sea al final \/ de mi sue\u00f1o eterno&#8221;. El yo l\u00edrico suplica que el llanto llegue &#8220;aunque sea al final \/ de mi sue\u00f1o eterno&#8221;. El &#8220;sue\u00f1o eterno&#8221; es eufemismo tradicional de la muerte. El yo l\u00edrico acepta que el llanto quiz\u00e1s solo llegar\u00e1 en el momento de la muerte, cuando ya no importe.<\/p>\n<p>Esta s\u00faplica establece jerarqu\u00eda: es preferible llorar en el momento de la muerte que no llorar nunca. El llanto final ser\u00eda liberaci\u00f3n, catarsis que permitir\u00eda morir habiendo expresado el dolor acumulado durante vida entera. La imposibilidad de llorar es peor que la muerte misma.<\/p>\n<p><strong>La muerte pr\u00f3xima del yo: Preparaci\u00f3n para el tr\u00e1nsito<\/strong><\/p>\n<p><strong>&#8220;Un d\u00eda yo volar\u00e9&#8221;: La muerte como viaje con compa\u00f1eras<\/strong><\/p>\n<p>El poema &#8220;Un d\u00eda yo volar\u00e9&#8221; introduce la tercera modalidad de muerte: la muerte pr\u00f3xima del yo l\u00edrico que se prepara para el tr\u00e1nsito final:<\/p>\n<p>Con mis amigas golondrinas, volar\u00e9 alg\u00fan d\u00eda<br \/>\ncon ellas, largo y seguro camino tendr\u00e9<br \/>\nCuando llegue ese d\u00eda, dejar\u00e9 bien labrado mi amor<br \/>\nen vuestros tiernos corazones<br \/>\nCon buena tierra escogida y las mejores semillas,<br \/>\nese amor, germinar\u00e1 de por vida<br \/>\nYo seguir\u00e9 dentro de poco a las alegres golondrinas<br \/>\nque me lleven con su m\u00fasica al lugar<br \/>\nque ellas mejor elijan<br \/>\nEllas saben bien d\u00f3nde estaremos seguros<br \/>\ny bien protegidos al finalizar<br \/>\nel largo recorrido<\/p>\n<p>El poema est\u00e1 construido en futuro (&#8220;volar\u00e9&#8221;, &#8220;tendr\u00e9&#8221;, &#8220;dejar\u00e9&#8221;) lo que establece certeza sobre el acontecimiento pero incertidumbre sobre el momento. El yo l\u00edrico sabe que morir\u00e1 pero no sabe cu\u00e1ndo. Esta estructura temporal replica la condici\u00f3n humana fundamental: certeza de la muerte, incertidumbre del cu\u00e1ndo.<\/p>\n<p>Las golondrinas funcionan como psicopompas: gu\u00edas que conducen al yo l\u00edrico desde el mundo de los vivos hacia el m\u00e1s all\u00e1. La tradici\u00f3n mitol\u00f3gica de distintas culturas ha asignado a animales funci\u00f3n de guiar almas (Caronte en mitolog\u00eda griega, Anubis en egipcia). Mart\u00edn Gonz\u00e1lez actualiza la tradici\u00f3n mediante golondrinas, aves migratorias que viajan entre mundos (norte-sur) y que tradicionalmente simbolizan retorno (las golondrinas vuelven cada primavera).<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n &#8220;largo y seguro camino tendr\u00e9&#8221; elimina el miedo. El camino ser\u00e1 largo (la muerte no es salto abrupto sino viaje) pero seguro (las golondrinas conocen la ruta, no hay riesgo de perderse). Esta confianza en las gu\u00edas animales replica la confianza depositada en animales a lo largo del poemario (perro que gu\u00eda, gaviota que ense\u00f1a a volar).<\/p>\n<p>Los versos tercero y cuarto introducen preocupaci\u00f3n por los que quedan: &#8220;Cuando llegue ese d\u00eda, dejar\u00e9 bien labrado mi amor \/ en vuestros tiernos corazones&#8221;. La met\u00e1fora agr\u00edcola (&#8220;labrado&#8221;) sugiere trabajo, preparaci\u00f3n del terreno. El yo l\u00edrico no dejar\u00e1 el amor al azar sino que lo cultivar\u00e1, lo preparar\u00e1 para que germine despu\u00e9s de su partida.<\/p>\n<p>La met\u00e1fora se extiende en los versos quinto y sexto: &#8220;Con buena tierra escogida y las mejores semillas, \/ ese amor, germinar\u00e1 de por vida&#8221;. El amor del yo l\u00edrico germinar\u00e1 (crecer\u00e1, dar\u00e1 fruto) en los corazones de los que quedan &#8220;de por vida&#8221; (durante toda la vida de ellos). Esta promesa establece que la muerte no termina la relaci\u00f3n: el amor contin\u00faa actuando despu\u00e9s de la muerte del amante.<\/p>\n<p>Los versos finales expresan confianza en las golondrinas: &#8220;Ellas saben bien d\u00f3nde estaremos seguros \/ y bien protegidos al finalizar \/ el largo recorrido&#8221;. El yo l\u00edrico no sabe d\u00f3nde va pero conf\u00eda en que las golondrinas lo saben. Esta ignorancia sobre el destino combinada con confianza en las gu\u00edas establece actitud serena ante muerte: no hace falta saber todo, basta con confiar en quien gu\u00eda.<\/p>\n<p>Desde la perspectiva de Philippe Ari\u00e8s, este poema representa recuperaci\u00f3n de lo que \u00e9l denomina &#8220;muerte domesticada&#8221;: la muerte familiar de la Edad Media donde el moribundo se preparaba serenamente, se desped\u00eda de los suyos, confiaba en gu\u00edas (santos, \u00e1ngeles) que lo conducir\u00edan al m\u00e1s all\u00e1. Esta actitud contrasta radicalmente con la &#8220;muerte prohibida&#8221; contempor\u00e1nea donde el moribundo muere solo, sedado, sin poder despedirse.<\/p>\n<p><strong>&#8220;Ave F\u00e9nix&#8221;: La muerte como renacimiento<\/strong><\/p>\n<p>El poema &#8220;Ave F\u00e9nix&#8221; introduce mitolog\u00eda del renacimiento pero con ambig\u00fcedad caracter\u00edstica del poemario:<\/p>\n<p>Tu sombra alargada oscurece al cielo y se expande<br \/>\nhasta llegar a mi coraz\u00f3n<br \/>\nL\u00e1grimas derramas para ir curando mi alma, y que \u00e9sta<br \/>\nse d\u00e9 cuenta de tu inexorable llegada<br \/>\nTus l\u00e1grimas ba\u00f1an mi alma para que entre pura y limpia<br \/>\nen el jard\u00edn oscuro de la vida<br \/>\nSin miedo, te espero en el jard\u00edn sin flores de la esperanza<br \/>\nResurgir contigo quiero, a regazo de tus alas p\u00farpuras y<br \/>\ndoradas<\/p>\n<p>El ave f\u00e9nix es figura mitol\u00f3gica que muere quem\u00e1ndose y renace de sus cenizas, s\u00edmbolo tradicional de resurrecci\u00f3n, inmortalidad, renovaci\u00f3n. Mart\u00edn Gonz\u00e1lez utiliza la figura pero con modificaciones significativas.<\/p>\n<p>Primera modificaci\u00f3n: el ave f\u00e9nix derrama l\u00e1grimas. La tradici\u00f3n mitol\u00f3gica no atribuye l\u00e1grimas al f\u00e9nix. Las l\u00e1grimas &#8220;curan&#8221; el alma del yo l\u00edrico prepar\u00e1ndola para la entrada &#8220;en el jard\u00edn oscuro de la vida&#8221;. Esta expresi\u00f3n parad\u00f3jica (&#8220;jard\u00edn oscuro de la vida&#8221;) invierte el simbolismo tradicional donde la muerte es oscura y la vida es luz. Para Mart\u00edn Gonz\u00e1lez, la vida es el jard\u00edn oscuro, no la muerte.<\/p>\n<p>Segunda modificaci\u00f3n: el yo l\u00edrico espera al ave f\u00e9nix &#8220;en el jard\u00edn sin flores de la esperanza&#8221;. La expresi\u00f3n contiene contradicci\u00f3n: un jard\u00edn sin flores no es jard\u00edn esperanzador sino jard\u00edn marchito. Esta contradicci\u00f3n sugiere que la esperanza del yo l\u00edrico no es esperanza ordinaria (esperanza de vida mejor, de curaci\u00f3n) sino esperanza de muerte (esperanza de que el tr\u00e1nsito llegue, de que el sufrimiento termine).<\/p>\n<p>Tercera modificaci\u00f3n: el yo l\u00edrico quiere &#8220;Resurgir contigo&#8221;, resurgir con el ave f\u00e9nix. Pero el poema no promete resurrecci\u00f3n literal sino deseo de resurrecci\u00f3n. El &#8220;quiero&#8221; es optativo, no indicativo. El yo l\u00edrico desea renacer pero no afirma que renacer\u00e1.<\/p>\n<p>La referencia a las &#8220;alas p\u00farpuras y doradas&#8221; del ave f\u00e9nix introduce cromatismo que contrasta con el &#8220;gris oscuro&#8221; del coraz\u00f3n sin latido. El p\u00farpura y dorado son colores regios, colores de transformaci\u00f3n. El regazo de las alas sugiere protecci\u00f3n, abrazo. El yo l\u00edrico quiere morir acogido por ave que promete renacimiento.<\/p>\n<p>Desde la perspectiva tanatol\u00f3gica, este poema representa tensi\u00f3n entre dos actitudes ante la muerte: la esperanza de continuidad despu\u00e9s de la muerte (representada por el ave f\u00e9nix) y la aceptaci\u00f3n de que la muerte puede ser final definitivo (sugerida por la ambig\u00fcedad del &#8220;quiero&#8221; que no se cumple). El poema no resuelve la tensi\u00f3n, deja ambas posibilidades abiertas.<\/p>\n<p><strong>&#8220;Dejaron de caer&#8221;: La muerte como cesaci\u00f3n final<\/strong><\/p>\n<p>El poema &#8220;Dejaron de caer&#8221; cierra el poemario con imagen de muerte como cesaci\u00f3n definitiva:<\/p>\n<p>Esas hojas dejaron de caer<br \/>\nun d\u00eda, al amanecer<br \/>\nSe las llev\u00f3 el viento al jard\u00edn<br \/>\nde los recuerdos<br \/>\nMi coraz\u00f3n se parti\u00f3 en dos y<br \/>\nmis l\u00e1grimas ba\u00f1aron ese dolor<br \/>\nHojas al caer, m\u00fasica<br \/>\npara mi ser<br \/>\nFr\u00edo viento recorre ahora mi alma<br \/>\nque ni la le\u00f1a logra calentarla<br \/>\nDejaron de caer y con ellas<br \/>\nmi alma se fue<\/p>\n<p>El t\u00edtulo y el primer verso anuncian cesaci\u00f3n: &#8220;Dejaron de caer&#8221;. Las hojas que ca\u00edan (movimiento que genera vida, cambio, m\u00fasica) han dejado de caer. La cesaci\u00f3n del movimiento es muerte. Las hojas funcionan como s\u00edmbolo de la vida que cae constantemente (cada oto\u00f1o) pero que en este poema deja de caer.<\/p>\n<p>El momento de la cesaci\u00f3n es espec\u00edfico: &#8220;un d\u00eda, al amanecer&#8221;. El amanecer tradicionalmente simboliza comienzo, renovaci\u00f3n. Pero en este poema el amanecer marca final: el momento en que las hojas dejan de caer. Esta inversi\u00f3n del simbolismo del amanecer establece que lo que otros experimentan como comienzo, el yo l\u00edrico lo experimenta como final.<\/p>\n<p>Las hojas son llevadas &#8220;al jard\u00edn \/ de los recuerdos&#8221;. El jard\u00edn de los recuerdos es espacio del pasado, de lo que ya no es presente. Las hojas han pasado de la ca\u00edda activa (presente continuo) al recuerdo (pasado fijado). Esta transici\u00f3n marca muerte de la vitalidad.<\/p>\n<p>El quinto y sexto verso documentan reacci\u00f3n emocional: &#8220;Mi coraz\u00f3n se parti\u00f3 en dos y \/ mis l\u00e1grimas ba\u00f1aron ese dolor&#8221;. El coraz\u00f3n que en &#8220;Coraz\u00f3n sin latido&#8221; ya no lat\u00eda, ahora se parte f\u00edsicamente. Esta ruptura final permite el llanto que en &#8220;Llanto&#8221; estaba congelado. Las l\u00e1grimas fluyen finalmente, ba\u00f1an el dolor. El llanto que era imposible se vuelve posible en momento de ruptura definitiva.<\/p>\n<p>Los versos s\u00e9ptimo y octavo introducen retrospectiva: &#8220;Hojas al caer, m\u00fasica \/ para mi ser&#8221;. La ca\u00edda de las hojas (que ya ha cesado) era m\u00fasica para el ser del yo l\u00edrico. La m\u00fasica es vibraci\u00f3n, movimiento, vida. Las hojas que ca\u00edan generaban banda sonora de la existencia. Ahora que han dejado de caer, la m\u00fasica ha cesado, el silencio se impone.<\/p>\n<p>Los versos finales describen estado post-cesaci\u00f3n: &#8220;Fr\u00edo viento recorre ahora mi alma \/ que ni la le\u00f1a logra calentarla&#8221;. El fr\u00edo que recorre el alma es fr\u00edo de muerte. La le\u00f1a (fuente tradicional de calor, de vida dom\u00e9stica) no logra calentar el alma. Este fracaso de los medios ordinarios de calentamiento establece que el fr\u00edo es ontol\u00f3gico, no circunstancial.<\/p>\n<p>El poema cierra con declaraci\u00f3n definitiva: &#8220;Dejaron de caer y con ellas \/ mi alma se fue&#8221;. El alma del yo l\u00edrico se fue con las hojas que dejaron de caer. Esta partida del alma es muerte simb\u00f3lica definitiva. No hay promesa de renacimiento (como en &#8220;Ave F\u00e9nix&#8221;), no hay compa\u00f1eras que gu\u00eden (como en &#8220;Un d\u00eda yo volar\u00e9&#8221;). Solo cesaci\u00f3n, fr\u00edo, ausencia.<\/p>\n<p>Esta variedad de representaciones de la muerte pr\u00f3xima del yo (viaje con golondrinas, renacimiento con ave f\u00e9nix, cesaci\u00f3n con hojas que dejan de caer) establece que el poemario no tiene doctrina \u00fanica sobre qu\u00e9 es la muerte. Mantiene m\u00faltiples posibilidades abiertas: viaje, transformaci\u00f3n, final definitivo. Esta multiplicidad replica la incertidumbre fundamental sobre la muerte: nadie sabe con certeza qu\u00e9 es, solo podemos imaginar, desear, temer.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>La muerte domesticada: Recuperaci\u00f3n de actitudes pre-modernas ante la muerte<\/strong><\/p>\n<p><strong>Philippe Ari\u00e8s: De la muerte domesticada a la muerte prohibida<\/strong><\/p>\n<p>Philippe Ari\u00e8s en Historia de la muerte en Occidente (1975) establece periodizaci\u00f3n de las actitudes ante la muerte en cultura occidental. Identifica cinco modelos principales: la muerte domesticada (Edad Media temprana), la muerte de uno mismo (Baja Edad Media), la muerte del otro (Romanticismo), la muerte de ti (siglo XIX), y la muerte prohibida (siglo XX).<\/p>\n<p>La &#8220;muerte domesticada&#8221; medieval se caracterizaba por familiaridad con la muerte. El moribundo mor\u00eda en casa, rodeado de familia y comunidad. Sab\u00eda que iba a morir y se preparaba mediante rituales (confesi\u00f3n, comuni\u00f3n, despedida). La muerte era p\u00fablica, no privada. El cad\u00e1ver permanec\u00eda en casa, era velado por la comunidad, enterrado en cementerio adyacente a iglesia en centro del pueblo. La muerte era parte visible de la vida cotidiana.<\/p>\n<p>La &#8220;muerte prohibida&#8221; contempor\u00e1nea invierte completamente esta actitud. El moribundo muere en hospital, aislado de familia (horarios de visita restringidos). No se le informa que va a morir (conspiraci\u00f3n del silencio). La muerte es privada, casi clandestina. El cad\u00e1ver es inmediatamente trasladado a funeraria, maquillado para ocultar signos de muerte, velado brevemente, enterrado en cementerio alejado de centros urbanos. La muerte se oculta como se ocultaba la sexualidad en \u00e9poca victoriana.<\/p>\n<p>Ari\u00e8s argumenta que esta transformaci\u00f3n responde a incapacidad de la cultura moderna secular de dar sentido a la muerte. Sin marco religioso que prometa continuidad despu\u00e9s de la muerte, la muerte se vuelve esc\u00e1ndalo insoportable que debe ocultarse. La muerte prohibida es muerte vergonzante.<\/p>\n<p>El poemario Existencial de Mart\u00edn Gonz\u00e1lez representa movimiento contrario a esta prohibici\u00f3n cultural. Los poemas no ocultan la muerte sino que la colocan en el centro. El yo l\u00edrico habla abiertamente de muerte de ni\u00f1a, de madre, de perro, de su propio coraz\u00f3n, de su muerte pr\u00f3xima. Esta apertura replica actitud medieval donde la muerte era tema de conversaci\u00f3n ordinaria, no tab\u00fa.<\/p>\n<p>Varios elementos del poemario replican espec\u00edficamente caracter\u00edsticas de la muerte domesticada medieval:<\/p>\n<p>Primero, la preparaci\u00f3n serena para la muerte propia. El poema &#8220;Un d\u00eda yo volar\u00e9&#8221; documenta preparaci\u00f3n deliberada: &#8220;Cuando llegue ese d\u00eda, dejar\u00e9 bien labrado mi amor \/ en vuestros tiernos corazones&#8221;. El yo l\u00edrico se prepara, anticipa, organiza su legado. Esta preparaci\u00f3n replica el ritual medieval del &#8220;ars moriendi&#8221; (arte de morir bien) donde el moribundo se preparaba para la muerte mediante oraciones, despedidas, distribuci\u00f3n de bienes.<\/p>\n<p>Segundo, la confianza en gu\u00edas (golondrinas, ave f\u00e9nix) que conducir\u00e1n al yo l\u00edrico al m\u00e1s all\u00e1. Esta confianza replica la confianza medieval en \u00e1ngeles y santos que acompa\u00f1aban al moribundo. Mart\u00edn Gonz\u00e1lez seculariza las figuras (animales en lugar de \u00e1ngeles) pero mantiene la estructura: no se muere solo sino acompa\u00f1ado por seres que conocen el camino.<\/p>\n<p>Tercero, la ausencia de terror. Los poemas sobre la muerte pr\u00f3xima del yo no expresan miedo sino aceptaci\u00f3n, incluso deseo (&#8220;Sin miedo, te espero en el jard\u00edn sin flores de la esperanza&#8221; ). Esta ausencia de terror replica actitud medieval donde la muerte era transici\u00f3n esperada, no cat\u00e1strofe imprevista.<\/p>\n<p>Cuarto, la integraci\u00f3n de la muerte en la vida. El poemario no separa poemas sobre vida de poemas sobre muerte. La muerte est\u00e1 presente en poemas sobre vida cotidiana (alimentar gorriones, pasear con perro, sentarse en alberca). Esta integraci\u00f3n replica visi\u00f3n medieval donde muerte y vida coexist\u00edan en mismo espacio simb\u00f3lico.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Vladimir Jank\u00e9l\u00e9vitch: Tres modalidades de la muerte<\/strong><\/p>\n<p>Vladimir Jank\u00e9l\u00e9vitch en La muerte (1966) establece distinci\u00f3n tripartita entre modalidades de experiencia de la muerte seg\u00fan la persona gramatical:<\/p>\n<p>La muerte en tercera persona (la muerte de ellos, de otros an\u00f3nimos, la muerte estad\u00edstica) es muerte abstracta que no nos afecta directamente. Sabemos que millones mueren cada a\u00f1o pero esta informaci\u00f3n no genera duelo personal. Es muerte objetiva, observable, que podemos estudiar cient\u00edficamente.<\/p>\n<p>La muerte en segunda persona (la muerte de t\u00fa, del ser amado) es muerte que genera duelo genuino. Es muerte que afecta directamente porque implica p\u00e9rdida de relaci\u00f3n, de presencia. Jank\u00e9l\u00e9vitch argumenta que esta es la muerte m\u00e1s terrible porque combina realidad (el ser amado realmente ha muerto) con imposibilidad de comprenderla totalmente (no podemos experimentar su muerte desde dentro).<\/p>\n<p>La muerte en primera persona (mi propia muerte) es muerte que nunca experimentaremos como tal porque en el momento de morir dejaremos de existir como sujetos que experimentan. Jank\u00e9l\u00e9vitch la denomina &#8220;muerte imposible&#8221;: podemos anticiparla, temerla, desearla, pero nunca experimentarla. La muerte en primera persona es esencialmente futuro que nunca ser\u00e1 presente.<\/p>\n<p>El poemario Existencial articula las tres modalidades con claridad:<\/p>\n<p>Muerte en tercera persona aparece en poemas testimoniales (&#8220;Viajes de ida y vuelta&#8221;, &#8220;Carlos &#8216;El chicharrero'&#8221;, &#8220;Velas al anochecer&#8221;) donde el yo l\u00edrico observa sufrimiento ajeno sin poder acceder completamente a la experiencia del otro. La mujer en el tren, Carlos el sin techo, la madre ucraniana son otros cuyo dolor el yo l\u00edrico respeta sin apropiarse.<\/p>\n<p>Muerte en segunda persona aparece en eleg\u00edas (&#8220;Cuna vac\u00eda&#8221;, &#8220;Madre&#8221;, &#8220;Ladrido en la noche&#8221;) donde el yo l\u00edrico lamenta p\u00e9rdida de seres amados espec\u00edficos: ni\u00f1a, madre Mercedes, perro. Estas muertes generan duelo documentado mediante poemas que intentan preservar memoria del muerto.<\/p>\n<p>Muerte en primera persona aparece en poemas sobre muerte pr\u00f3xima del yo (&#8220;Un d\u00eda yo volar\u00e9&#8221;, &#8220;Ave F\u00e9nix&#8221;, &#8220;Dejaron de caer&#8221;) pero tambi\u00e9n en poemas sobre muerte simb\u00f3lica del yo (&#8220;Coraz\u00f3n sin latido&#8221;, &#8220;Llanto&#8221;). Esta \u00faltima categor\u00eda (muerte simb\u00f3lica) a\u00f1ade cuarta modalidad no contemplada por Jank\u00e9l\u00e9vitch: la muerte en vida, donde el sujeto experimenta su propia muerte sin morir biol\u00f3gicamente.<\/p>\n<p>La coexistencia de estas cuatro modalidades en el poemario establece que la muerte no es fen\u00f3meno \u00fanico sino multiplicidad de experiencias relacionadas. El yo l\u00edrico conoce la muerte desde m\u00faltiples perspectivas: ha perdido seres amados, observa sufrimiento ajeno, anticipa su propia muerte, experimenta muerte simb\u00f3lica de su coraz\u00f3n. Esta multiplicidad de perspectivas genera sabidur\u00eda tanatol\u00f3gica: conocimiento existencial de la muerte como estructura fundamental de la vida.<\/p>\n<p><strong>La tradici\u00f3n eleg\u00edaca espa\u00f1ola: De Manrique a Hern\u00e1ndez<\/strong><\/p>\n<p><strong>Jorge Manrique: Las Coplas como modelo de aceptaci\u00f3n serena<\/strong><\/p>\n<p>La tradici\u00f3n eleg\u00edaca espa\u00f1ola posee hito fundacional en las Coplas por la muerte de su padre (1476) de Jorge Manrique. Las Coplas establecen modelo de eleg\u00eda que combina lamento personal por muerte del padre con reflexi\u00f3n filos\u00f3fica sobre la muerte universal. La estructura tripartita (vida como r\u00edo que desemboca en mar de muerte, ejemplos de muertos ilustres que demuestran que todos mueren, elogio del padre muerto) genera movimiento desde universal hacia particular y nuevamente hacia universal.<\/p>\n<p>La actitud de Manrique ante la muerte es aceptaci\u00f3n serena fundamentada en fe cristiana. La muerte no es enemigo sino tr\u00e1nsito hacia vida eterna. El padre muerto no ha sido destruido sino que ha pasado a mejor vida. Esta consolaci\u00f3n religiosa permite a Manrique escribir eleg\u00eda sin desesperaci\u00f3n, con melancol\u00eda contenida que acepta la voluntad divina.<\/p>\n<p>El poemario Existencial de Mart\u00edn Gonz\u00e1lez comparte con Manrique la aceptaci\u00f3n serena pero sin el fundamento teol\u00f3gico expl\u00edcito. Mientras Manrique puede aceptar la muerte porque cree en inmortalidad del alma y resurrecci\u00f3n, Mart\u00edn Gonz\u00e1lez acepta la muerte sin certeza teol\u00f3gica. Los poemas mencionan \u00e1ngeles, cielo, estrellas como posible destino de los muertos pero sin afirmar dogm\u00e1ticamente que ese destino existe.<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n &#8220;Los angelitos del cielo se la llevaron para que durmiese con ellos&#8221; en &#8220;Cuna vac\u00eda&#8221; puede leerse como creencia sincera o como consuelo necesario sin compromiso ontol\u00f3gico. Esta ambig\u00fcedad marca diferencia con Manrique: el poeta medieval ten\u00eda certeza, el poeta contempor\u00e1neo tiene esperanza sin certeza.<\/p>\n<p>Sin embargo, ambos poetas comparten estructura fundamental: la muerte debe aceptarse, no rechazarse. La lucha contra la muerte es in\u00fatil. La sabidur\u00eda consiste en prepararse serenamente, despedirse bien, dejar legado (para Manrique, el honor; para Mart\u00edn Gonz\u00e1lez, el amor &#8220;bien labrado&#8221; en corazones de los que quedan).<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Miguel Hern\u00e1ndez: El dolor inasimilable<\/strong><\/p>\n<p>En el otro extremo de la tradici\u00f3n eleg\u00edaca espa\u00f1ola se encuentra Miguel Hern\u00e1ndez con su &#8220;Eleg\u00eda a Ram\u00f3n Sij\u00e9&#8221; (1936) y las nanas a su hijo muerto. Mientras Manrique acepta serenamente, Hern\u00e1ndez se rebela. La muerte del amigo y del hijo genera dolor que excede la capacidad de consuelo del lenguaje po\u00e9tico. Las eleg\u00edas de Hern\u00e1ndez son gritos de dolor m\u00e1s que meditaciones serenas.<\/p>\n<p>El verso hernandiano &#8220;Quiero escarbar la tierra con los dientes, \/ quiero apartar la tierra parte a parte \/ a dentelladas secas y calientes&#8221; expresa voluntad de resucitar al muerto mediante violencia f\u00edsica contra la tierra que lo oculta. Esta violencia contrasta radicalmente con la serenidad manrique\u00f1a.<\/p>\n<p>Mart\u00edn Gonz\u00e1lez se posiciona entre ambos extremos. Sus eleg\u00edas (&#8220;Cuna vac\u00eda&#8221;, &#8220;Madre&#8221;) contienen dolor genuino (&#8220;Mi coraz\u00f3n se parti\u00f3 en dos&#8221; ) pero no expresan rebeli\u00f3n contra la muerte. El dolor es reconocido, documentado, pero no genera voluntad de revertir la muerte. Las l\u00e1grimas ba\u00f1an el dolor pero no intentan resucitar al muerto.<\/p>\n<p>Esta posici\u00f3n intermedia (ni serenidad manrique\u00f1a fundamentada en fe ni rebeli\u00f3n hernandiana que rechaza consolaci\u00f3n) caracteriza la actitud tanatol\u00f3gica del poemario: el dolor es real e insoportable, pero la muerte es aceptada como ley inexorable. No hay consuelo teol\u00f3gico pero tampoco hay rebeli\u00f3n. Solo aceptaci\u00f3n dolida de lo inevitable.<\/p>\n<p><strong>La eleg\u00eda contempor\u00e1nea: Intimismo sin trascendencia<\/strong><\/p>\n<p>La poes\u00eda espa\u00f1ola de las \u00faltimas d\u00e9cadas ha desarrollado eleg\u00eda intimista que renuncia tanto a consuelo teol\u00f3gico (Manrique) como a rebeli\u00f3n tr\u00e1gica (Hern\u00e1ndez). Poetas como Luis Garc\u00eda Montero, Felipe Ben\u00edtez Reyes, o Luis Alberto de Cuenca escriben eleg\u00edas que documentan p\u00e9rdida sin promesa de compensaci\u00f3n. La muerte es p\u00e9rdida definitiva, el muerto no contin\u00faa en otro lugar, solo queda el recuerdo.<\/p>\n<p>Esta eleg\u00eda contempor\u00e1nea secular se caracteriza por tono conversacional, referencias biogr\u00e1ficas espec\u00edficas, ausencia de ret\u00f3rica elevada. El muerto es recordado mediante an\u00e9cdotas cotidianas, no mediante elogios de sus virtudes. El duelo es privado, no p\u00fablico.<\/p>\n<p>Mart\u00edn Gonz\u00e1lez comparte algunos elementos de esta tradici\u00f3n (tono conversacional, referencias biogr\u00e1ficas espec\u00edficas) pero se distingue por mantener posibilidad de trascendencia. Los poemas no afirman categ\u00f3ricamente que no hay nada despu\u00e9s de la muerte. Mantienen abierta posibilidad de que la madre ense\u00f1e a ni\u00f1os en el cielo, de que las golondrinas conduzcan al yo l\u00edrico a lugar seguro, de que el ave f\u00e9nix permita renacer.<\/p>\n<p>Esta apertura a la trascendencia sin afirmaci\u00f3n dogm\u00e1tica caracteriza la posici\u00f3n del poemario: agn\u00f3stico en el sentido etimol\u00f3gico (no sabe qu\u00e9 hay despu\u00e9s) pero esperanzado (desea que haya algo). Esta combinaci\u00f3n de ignorancia epistemol\u00f3gica con esperanza emocional permite escribir eleg\u00edas que no son ni triunfalistas (no hay certeza de salvaci\u00f3n) ni nihilistas (no hay certeza de aniquilaci\u00f3n).<\/p>\n<p><strong>La muerte como maestra: Lecciones existenciales del poemario<\/strong><\/p>\n<p><strong>La muerte que otorga sentido y urgencia a la vida<\/strong><\/p>\n<p>Uno de los descubrimientos fundamentales de la filosof\u00eda existencial (Heidegger, Sartre, Camus) es que la conciencia de la muerte confiere sentido a la vida. Si fu\u00e9ramos inmortales, no habr\u00eda urgencia, no habr\u00eda necesidad de elegir, no habr\u00eda responsabilidad. Es precisamente porque vamos a morir que debemos decidir qu\u00e9 hacer con el tiempo limitado que tenemos.<\/p>\n<p>Heidegger en Ser y tiempo (1927) establece que la existencia aut\u00e9ntica requiere lo que \u00e9l denomina &#8220;ser-para-la-muerte&#8221; (Sein-zum-Tode): asumir la propia finitud como estructura fundamental de la existencia. La muerte no es acontecimiento que llegar\u00e1 en el futuro sino posibilidad siempre presente que estructura todas nuestras elecciones.<\/p>\n<p>El poemario Existencial articula esta conciencia de finitud en m\u00faltiples poemas. El t\u00edtulo mismo (Existencial) sugiere que el eje del poemario es la existencia asumida en su finitud. La muerte no es tema entre otros sino horizonte que da sentido al conjunto.<\/p>\n<p>El poema &#8220;Razones para vivir&#8221; articula expl\u00edcitamente c\u00f3mo la proximidad de la muerte genera urgencia vital:<\/p>\n<p>Ahora estoy en esa l\u00ednea delgada que cruza el precipicio entre<br \/>\ndos grandes monta\u00f1as, con el cielo azul como esperanza<br \/>\nTengo fuerzas para cruzarlas, quiero cruzarlas, y estar con los que<br \/>\nm\u00e1s quiero<br \/>\nHay razones para vivir, fuertes razones para seguir y<br \/>\nseguro que la luz saldr\u00e1 alg\u00fan d\u00eda para m\u00ed y tambi\u00e9n para ti<\/p>\n<p>La imagen de estar &#8220;en esa l\u00ednea delgada que cruza el precipicio&#8221; establece proximidad extrema a la muerte (el precipicio sobre el cual se camina). Esta proximidad no genera par\u00e1lisis sino voluntad: &#8220;Tengo fuerzas para cruzarlas, quiero cruzarlas&#8221;. La muerte pr\u00f3xima no destruye las razones para vivir sino que las intensifica: &#8220;Hay razones para vivir, fuertes razones para seguir&#8221;.<\/p>\n<p>Esta paradoja (la proximidad de la muerte intensifica el deseo de vivir) replica descubrimiento existencial: la vida solo tiene sentido porque es finita. Si tuvi\u00e9ramos tiempo infinito, cruzar la l\u00ednea delgada no tendr\u00eda urgencia. Es precisamente porque el tiempo es limitado que cada momento importa.<\/p>\n<p><strong>La muerte como liberaci\u00f3n del sufrimiento<\/strong><\/p>\n<p>Una segunda lecci\u00f3n tanatol\u00f3gica del poemario es que para quien sufre dolor cr\u00f3nico insoportable, la muerte no es enemigo sino liberaci\u00f3n deseada. Esta actitud distingue radicalmente al poemario de la cultura contempor\u00e1nea que considera cualquier deseo de muerte como patol\u00f3gico (ideaci\u00f3n suicida que debe tratarse m\u00e9dicamente).<\/p>\n<p>El poema &#8220;Llanto&#8221; expresa expl\u00edcitamente deseo de que la muerte llegue: &#8220;Rezo y suplico que pronto conmigo llegues \/ aunque sea al final \/ de mi sue\u00f1o eterno&#8221;. El yo l\u00edrico reza por la llegada de la muerte. Este rezo no es desesperaci\u00f3n suicida sino cansancio existencial de quien ha sufrido durante demasiado tiempo.<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n &#8220;aunque sea al final \/ de mi sue\u00f1o eterno&#8221; establece que el yo l\u00edrico acepta esperar hasta el final natural pero desea que ese final llegue pronto. No hay voluntad de acelerar la muerte mediante suicidio sino deseo de que el proceso natural no se prolongue innecesariamente.<\/p>\n<p>Esta actitud replica debates contempor\u00e1neos sobre eutanasia y muerte digna. Mart\u00edn Gonz\u00e1lez no aboga expl\u00edcitamente por ninguna posici\u00f3n en ese debate pero articula experiencia subjetiva de quien ha llegado a punto donde la muerte es deseada como fin del sufrimiento, no temida como aniquilaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>La muerte como reuni\u00f3n con seres amados perdidos<\/strong><\/p>\n<p>Una tercera lecci\u00f3n tanatol\u00f3gica es que la muerte puede ser deseada como reuni\u00f3n con seres queridos que ya murieron. Esta motivaci\u00f3n aparece sutilmente en varios poemas.<\/p>\n<p>El poema &#8220;Hablando con las estrellas&#8221; articula fantas\u00eda de reuni\u00f3n celestial:<\/p>\n<p>Os hablo y os pregunto c\u00f3mo es vivir all\u00ed<br \/>\nSonrisas me devolv\u00e9is y me dec\u00eds, con ellas, me vaya all\u00ed<br \/>\nCon pena les digo que a\u00fan es pronto para subir<\/p>\n<p>Las estrellas (que pueden ser literales o met\u00e1fora de seres amados muertos que se han convertido en estrellas) invitan al yo l\u00edrico a subir. El yo l\u00edrico reconoce la invitaci\u00f3n pero responde que &#8220;a\u00fan es pronto&#8221;. Esta expresi\u00f3n establece que hay momento apropiado para morir: ahora es pronto, pero llegar\u00e1 momento en que ser\u00e1 apropiado aceptar la invitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El poema &#8220;Madre&#8221; sugiere que la madre muerta acoge a ni\u00f1os en su regazo celestial. Uno de esos ni\u00f1os podr\u00eda ser el yo l\u00edrico mismo, que se imagina como ni\u00f1o que dormir\u00e1 en regazo materno despu\u00e9s de morir. Esta fantas\u00eda de retorno a protecci\u00f3n materna mediante muerte replica arquetipos profundos: la muerte como retorno al origen, a la madre, a la seguridad primordial.<\/p>\n<p>Esta motivaci\u00f3n tanatol\u00f3gica (desear la muerte como reuni\u00f3n) no es suicida en sentido cl\u00ednico. No hay plan de quitarse la vida. Solo hay deseo de que cuando llegue el momento natural, la muerte implique reencuentro con seres amados perdidos. Este deseo es consolatorio: la muerte no ser\u00e1 soledad sino compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p><strong>Conclusiones<\/strong><\/p>\n<p>El an\u00e1lisis realizado permite establecer las siguientes conclusiones sobre la representaci\u00f3n y funci\u00f3n de la muerte en Existencial de \u00c1ngel Jes\u00fas Mart\u00edn Gonz\u00e1lez:<\/p>\n<p>Primera conclusi\u00f3n: La muerte en Existencial no es tema puntual sino presencia constante que estructura la totalidad del poemario. Esta presencia se manifiesta en tres modalidades interrelacionadas: la muerte de seres queridos (eleg\u00edas por ni\u00f1a, madre, perro), la muerte simb\u00f3lica del yo l\u00edrico (coraz\u00f3n sin latido, llanto congelado), y la muerte pr\u00f3xima del yo (anticipaci\u00f3n serena del tr\u00e1nsito final). Estas tres modalidades no son secuenciales sino simult\u00e1neas: el yo l\u00edrico ha perdido seres amados, experimenta muerte de su vitalidad emocional, y anticipa su propia muerte f\u00edsica.<\/p>\n<p>Segunda conclusi\u00f3n: El poemario recupera lo que Philippe Ari\u00e8s denomina &#8220;muerte domesticada&#8221;: actitud pre-moderna que integra la muerte en la vida cotidiana sin ocultarla ni convertirla en tab\u00fa. Esta recuperaci\u00f3n se manifiesta en: preparaci\u00f3n serena para la muerte propia (dejar amor &#8220;bien labrado&#8221; en corazones de los que quedan), confianza en gu\u00edas que conducir\u00e1n al m\u00e1s all\u00e1 (golondrinas, ave f\u00e9nix), ausencia de terror ante la muerte (esperar &#8220;sin miedo&#8221; ), e integraci\u00f3n de muerte y vida en mismo espacio simb\u00f3lico (la muerte est\u00e1 presente en poemas sobre vida cotidiana).<\/p>\n<p>Tercera conclusi\u00f3n: Las eleg\u00edas del poemario se posicionan entre la serenidad manrique\u00f1a fundamentada en fe cristiana y la rebeli\u00f3n hernandiana que rechaza consolaci\u00f3n. Mart\u00edn Gonz\u00e1lez reconoce el dolor genuino de la p\u00e9rdida (&#8220;Mi coraz\u00f3n se parti\u00f3 en dos&#8221; ) pero no se rebela contra la muerte ni promete consolaci\u00f3n teol\u00f3gica cierta. Mantiene abierta posibilidad de trascendencia (\u00e1ngeles, cielo, renacimiento) sin afirmarla dogm\u00e1ticamente. Esta posici\u00f3n agn\u00f3stica-esperanzada caracteriza la actitud tanatol\u00f3gica del poemario.<\/p>\n<p>Cuarta conclusi\u00f3n: La muerte cumple funci\u00f3n existencial de otorgar sentido y urgencia a la vida. La proximidad de la muerte (estar &#8220;en esa l\u00ednea delgada que cruza el precipicio&#8221; ) no paraliza sino que intensifica las &#8220;razones para vivir&#8221;. Esta paradoja replica descubrimiento existencial: la vida solo tiene sentido porque es finita. El tiempo limitado confiere valor a cada elecci\u00f3n, a cada momento.<\/p>\n<p>Quinta conclusi\u00f3n: Para el yo l\u00edrico que ha sufrido dolor cr\u00f3nico durante veinticinco a\u00f1os, la muerte no es enemigo sino liberaci\u00f3n deseada. El rezo &#8220;que pronto conmigo llegues&#8221; expresa cansancio existencial, no ideaci\u00f3n suicida. Esta actitud cuestiona la prohibici\u00f3n cultural contempor\u00e1nea de desear la muerte: hay situaciones donde desear el final del sufrimiento es respuesta racional, no patolog\u00eda.<\/p>\n<p>Sexta conclusi\u00f3n: El poemario articula multiplicidad de representaciones de la muerte sin reducirlas a doctrina \u00fanica. La muerte es simult\u00e1neamente: viaje con compa\u00f1eras (golondrinas), renacimiento (ave f\u00e9nix), cesaci\u00f3n definitiva (hojas que dejan de caer), reuni\u00f3n con seres amados (madre en el cielo), liberaci\u00f3n del dolor (llanto que llega al final del sue\u00f1o eterno). Esta multiplicidad replica la incertidumbre fundamental sobre la muerte: nadie sabe con certeza qu\u00e9 es, solo podemos imaginar, desear, temer, esperar.<\/p>\n<p>La aportaci\u00f3n principal de este estudio es demostrar que Existencial representa recuperaci\u00f3n significativa de actitudes pre-modernas ante la muerte en contexto secular contempor\u00e1neo. Mientras la cultura contempor\u00e1nea oculta la muerte y la convierte en tab\u00fa, Mart\u00edn Gonz\u00e1lez la coloca en el centro sin recurrir a certezas teol\u00f3gicas tradicionales. El resultado es poes\u00eda tanatol\u00f3gica que acepta la muerte sin promesas de salvaci\u00f3n pero tambi\u00e9n sin desesperaci\u00f3n nihilista. La muerte es compa\u00f1era familiar cuya llegada se espera con serenidad dolida, sabiendo que pondr\u00e1 fin al sufrimiento y quiz\u00e1s (solo quiz\u00e1s) permitir\u00e1 reuni\u00f3n con seres amados perdidos.<\/p>\n<p>Futuras investigaciones podr\u00edan explorar la relaci\u00f3n entre dolor cr\u00f3nico y deseo de muerte en literatura contempor\u00e1nea, la funci\u00f3n de los animales como psicopompos seculares, y la comparaci\u00f3n entre la tanatolog\u00eda po\u00e9tica de Mart\u00edn Gonz\u00e1lez y la de otros poetas espa\u00f1oles contempor\u00e1neos que escriben desde experiencia de enfermedad cr\u00f3nica.<\/p>\n<p><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/p>\n<p><strong>Fuente primaria<\/strong><\/p>\n<p>Mart\u00edn Gonz\u00e1lez, \u00c1ngel Jes\u00fas. Existencial. Madrid: Editorial Poes\u00eda eres t\u00fa, 2025.<\/p>\n<p><strong>Teor\u00eda tanatol\u00f3gica<\/strong><\/p>\n<p>Ari\u00e8s, Philippe. Historia de la muerte en Occidente: Desde la Edad Media hasta nuestros d\u00edas. Traducido por Francisco Carbajo y Richard Perrin. Barcelona: Acantilado, 2000.<\/p>\n<p>&#8212;. El hombre ante la muerte. Traducido por Mauro Armi\u00f1o. Madrid: Taurus, 1983.<\/p>\n<p>Jank\u00e9l\u00e9vitch, Vladimir. La muerte. Traducido por Manuel Arranz. Valencia: Pre-Textos, 2002.<\/p>\n<p>&#8212;. Pensar la muerte. Traducido por Horacio Pons. Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 2006.<\/p>\n<p>Thomas, Louis-Vincent. Anthropologie de la mort. Par\u00eds: Payot, 1975.<\/p>\n<p><strong>Filosof\u00eda existencial<\/strong><\/p>\n<p>Heidegger, Martin. Ser y tiempo. Traducido por Jorge Eduardo Rivera. Madrid: Trotta, 2003.<\/p>\n<p>Sartre, Jean-Paul. El ser y la nada. Traducido por Juan Valmar. Buenos Aires: Losada, 1966.<\/p>\n<p>Camus, Albert. El mito de S\u00edsifo. Traducido por Luis Ech\u00e1varri. Buenos Aires: Losada, 1953.<\/p>\n<p><strong>Tradici\u00f3n eleg\u00edaca espa\u00f1ola<\/strong><\/p>\n<p>Manrique, Jorge. Coplas por la muerte de su padre. Editado por Vicente Beltr\u00e1n. Barcelona: Cr\u00edtica, 1991.<\/p>\n<p>Hern\u00e1ndez, Miguel. Obra completa. Editado por Agust\u00edn S\u00e1nchez Vidal y Jos\u00e9 Carlos Rovira. Madrid: Espasa-Calpe, 1992.<\/p>\n<p>Quevedo, Francisco de. Poes\u00eda original completa. Editado por Jos\u00e9 Manuel Blecua. Barcelona: Planeta, 1981.<\/p>\n<p><strong>Poes\u00eda espa\u00f1ola contempor\u00e1nea<\/strong><\/p>\n<p>Garc\u00eda Montero, Luis. Completamente viernes. Madrid: Tusquets, 1998.<\/p>\n<p>Ben\u00edtez Reyes, Felipe. Vidas improbables. Madrid: Visor, 1995.<\/p>\n<p>Cuenca, Luis Alberto de. Por fuertes y fronteras. Madrid: Visor, 1996.<\/p>\n<p><strong>Estudios sobre dolor y literatura<\/strong><\/p>\n<p>Frank, Arthur W. The Wounded Storyteller: Body, Illness, and Ethics. Chicago: University of Chicago Press, 1995.<\/p>\n<p>Hawkins, Anne Hunsaker. Reconstructing Illness: Studies in Pathography. West Lafayette: Purdue University Press, 1999.<\/p>\n<p>Morris, David B. La cultura del dolor. Traducido por Gonzalo Torn\u00e9. Santiago de Chile: Editorial Andr\u00e9s Bello, 1993.<\/p>\n<p>Scarry, Elaine. The Body in Pain: The Making and Unmaking of the World. Nueva York: Oxford University Press, 1985.<\/p>\n<p>Sontag, Susan. La enfermedad y sus met\u00e1foras. El sida y sus met\u00e1foras. Traducido por Mario Muchnik. Barcelona: Debolsillo, 2003.<\/p>\n<p><strong>Estudios sobre muerte en literatura<\/strong><\/p>\n<p>Blanchot, Maurice. El espacio literario. Traducido por Vicky Palant y Jorge Jinkis. Buenos Aires: Paid\u00f3s, 1969.<\/p>\n<p>Choron, Jacques. Death and Western Thought. Nueva York: Collier Books, 1963.<\/p>\n<p>Levinas, Emmanuel. Dios, la muerte y el tiempo. Traducido por Mar\u00eda Luisa Rodr\u00edguez Tapia. Madrid: C\u00e1tedra, 1994.<\/p>\n<p>Ricoeur, Paul. Vivo hasta la muerte. Traducido por Horacio Pons. Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 2008.<\/p>\n<p><strong>Estudios sobre eleg\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>Camacho Guizado, Eduardo. La eleg\u00eda funeral en la poes\u00eda espa\u00f1ola. Madrid: Gredos, 1969.<\/p>\n<p>Ramazani, Jahan. Poetry of Mourning: The Modern Elegy from Hardy to Heaney. Chicago: University of Chicago Press, 1994.<\/p>\n<p>Sacks, Peter M. The English Elegy: Studies in the Genre from Spenser to Yeats. Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1985.<\/p>\n<p>Schenck, Celeste. &#8220;Feminism and Deconstruction: Re-Constructing the Elegy&#8221;. Tulsa Studies in Women&#8217;s Literature 5, no. 1 (1986): 13-27.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Olivares Tom\u00e1s, Ana Mar\u00eda. \u00abEnsayo de cr\u00edtica literaria: la muerte como presencia. tanatolog\u00eda po\u00e9tica en &#8220;existencial&#8221; de \u00e1ngel jes\u00fas mart\u00edn gonz\u00e1lez\u00bb. EXISTENCIAL. 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