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TÉCNICAS LITERARIAS EN ‘EXISTENCIAL’

TÉCNICAS LITERARIAS EN ‘EXISTENCIAL’

  1. METÁFORAS SENSORIALES

Vista y cromatismo emocional

Martín González utiliza imágenes visuales para traducir estados emocionales en percepciones cromáticas concretas. El color funciona como termómetro del alma: el gris marca sufrimiento, el azul señala momentos de esperanza o pureza.

“Momentos de fuerte lucha de pensamientos grises / que se entremezclan con otros azules” — la oscilación emocional se representa mediante contraste cromático. Los pensamientos no son abstractos: tienen color visible. El gris es angustia, el azul es esperanza. El verbo “entremezclan” sugiere batalla interna donde ambos colores compiten.

“Mi corazón ya no recuerda quién soy, con quien vivimos y a quién hemos querido / Corazón sin latido” seguido por “vaga por su mundo de color gris oscuro” — el gris no es metáfora ornamental sino descripción exacta del mundo interior del corazón enfermo.

“Latido de dos almas de azul cristalino, que nadie podrá frenar en su claro destino” — el azul cristalino marca pureza de las almas gemelas. El adjetivo “cristalino” añade transparencia visual: no solo color sino textura visual.

Las imágenes visuales también incluyen contrastes luz/oscuridad: “la noche siempre oscura de mi vida” versus “el sol dorará tus puros sentidos”. La luz es transformadora pero el yo lírico habita mayormente la oscuridad.

Tacto y textura

El tacto opera como vehículo de ternura y conexión física en contexto de dolor corporal. Martín González no describe el dolor físico directamente pero contrasta con momentos de contacto suave que ofrecen alivio temporal.

“Se acurruca conmigo y siento su cálido aliento / y sus pelitos calientes en mi cara y entonces la beso” — tres sensaciones táctiles sucesivas (acurrucarse, aliento cálido, pelitos calientes) replican experiencia de abrazar a niña. El tacto es específico: no dice “la abrazo” sino que describe cada sensación separada.

“La tapo con una mantita de lana fina, / que hace frío, ya es Invierno y se resfriaría” — la textura de la lana (“fina”) contrasta con el frío externo. El tacto protector.

“Camina suave, aliento constante” — referido al perro guía. El tacto no es solo contacto físico sino presencia que se siente (“aliento constante”).

“Cogidos entre sus manitas de seda” — textura de piel infantil traducida como seda. Metáfora táctil que comunica suavidad extrema.

Las metáforas táctiles sirven para anclar momentos de ternura en experiencia física verificable. En poemario sobre dolor del cuerpo, el tacto positivo (abrazo, calor, suavidad) funciona como contrapeso.

Olfato: presencia de lo inmaterial

El olfato es el sentido menos esperado pero más revelador en Existencial. Martín González lo utiliza para dar sustancia a conceptos abstractos, especialmente al silencio y a estados de reclusión.

“Olor a silencio en los patios del convento” — sinestesia extraordinaria. El silencio, fenómeno acústico (ausencia de sonido), adquiere dimensión olfativa. El olor del silencio es olor a piedra vieja, a aire quieto, a ausencia de actividad humana. Esta imagen condensa la atmósfera completa del convento en una sola sensación olfativa.

“Olor a cerrado, a corazones vacíos” — en “Locura o cordura”, el olfato marca experiencia de internamiento psiquiátrico. “Olor a cerrado” es olor a ventanas que no se abren, a aire reciclado. La segunda parte de la metáfora (“a corazones vacíos”) es imposible físicamente pero funciona poéticamente: el olfato detecta vaciamiento emocional del lugar.

El olfato aparece menos que vista o tacto pero su función es crítica: materializa lo inmaterial. Donde la vista muestra y el tacto conecta, el olfato penetra. Es sentido involuntario que no se puede cerrar (como los ojos) ni evitar (como el tacto). El olor invade.

Oído: silencio como sonido positivo

La paradoja central del poemario opera en dimensión auditiva: el silencio no es ausencia sino presencia deseable. Martín González construye jerarquía de sonidos: ruido humano (negativo), sonidos naturales (neutros o positivos), música (nutritiva), silencio (supremo).

“Tan sólo, sonidos del aire suave y del mar quiero” — el silencio no es vacío absoluto sino ausencia de ruido humano. Los sonidos naturales (aire, mar) son compatibles con el silencio porque no agreden.

“Escuchar música en silencio, mi mejor alimento” — paradoja deliberada. La música coexiste con el silencio. El silencio es condición (escuchar música en contexto silencioso, sin ruido competidor) y resultado (música que genera paz silenciosa interior).

“Ruidos de este mundo que no puedo soportar / mundo de ruidos a destiempo” — el ruido es violencia acústica. La expresión “a destiempo” sugiere que el mundo humano suena mal, desafinado. El yo lírico tiene oído sensible que el ruido lastima.

“Cantos entrecortados” (gorriones), “Llantos de sirenas a mi mente”, “Graznido de gaviota” — Martín González diferencia entre sonidos animales (bienvenidos) y ruido humano (insoportable). Los animales suenan limpio.

Síntesis sensorial

Las metáforas sensoriales en Existencial funcionan como sistema integrado que traduce experiencia del dolor en percepciones físicas concretas. El sentido dominante es el oído (silencio como refugio, ruido como agresión) seguido por la vista (colores emocionales) y el tacto (conexión física como alivio). El olfato, menos frecuente, cumple función especializada: materializar lo abstracto.

Esta priorización de lo auditivo es coherente con el concepto central del libro: el yo lírico necesita silencio porque el ruido del mundo agrava el dolor. Las metáforas sensoriales no son ornamentales sino funcionales: replican experiencia de quien percibe el mundo de manera hipersensible debido al sufrimiento sostenido.

  1. SINESTESIA Y FUSIÓN SENSORIAL

Martín González emplea sinestesia de manera puntual pero estratégica. No satura el poemario con confusiones sensoriales sino que reserva la sinestesia para momentos clave donde necesita comunicar experiencias que desbordan un solo sentido.

Caso 1: Olfato + Audición = “Olor a silencio”

“Olor a silencio en los patios del convento” — la sinestesia más notable del poemario. El silencio (fenómeno auditivo: ausencia de sonido) adquiere dimensión olfativa. Efecto: el silencio se vuelve sustancia que impregna el espacio. No solo se escucha la ausencia de ruido sino que se respira esa quietud. El olfato es sentido involuntario, más íntimo que la audición. Al trasladar el silencio al olfato, Martín González comunica que el convento no solo suena silencioso sino que está saturado de silencio, que el silencio es su atmósfera.

Caso 2: Vista + Tacto = “Color gris oscuro”

“Vaga por su mundo de color gris oscuro” — aunque menos evidente, hay confusión sinestésica entre color (visual) y densidad emocional (táctil). El gris no solo se ve: se siente como peso, como sustancia densa que ralentiza movimiento. El verbo “vaga” refuerza esta densidad: el corazón no camina sino que vaga, se arrastra por mundo-gris que opone resistencia.

Caso 3: Oído + Tacto = “Música suave inyecto”

“Música suave inyecto en mi corazón abierto / notas que sanan con el paso del tiempo” — la música (audición) se inyecta (tacto, penetración física). La metáfora médica (inyectar) traslada música al dominio táctil-medicinal. Las notas no solo suenan: penetran el cuerpo como fármaco. Efecto: la música es tratamiento físico, no solo experiencia estética.

Caso 4: Vista + Oído = “Hojas al caer, música”

“Hojas al caer, música / para mi ser” — el movimiento visual (hojas cayendo) se traduce como música. La caída tiene sonido (crujido de hojas secas) pero también tiene ritmo visual (descenso pausado). Martín González fusiona percepción visual y auditiva: la caída es simultáneamente imagen y sonido, espectáculo y sinfonía.

Efecto global de la sinestesia

La sinestesia en Existencial no busca exhibición técnica sino comunicación de experiencias que no caben en un solo sentido. El “olor a silencio” comunica inmersión total en quietud. La “música inyectada” comunica que el arte no es entretenimiento sino medicina. Las “hojas-música” comunican que la muerte (hojas que dejan de caer) tiene dimensión estética.

La economía en el uso de sinestesia (cuatro casos significativos en 35 poemas) evita saturación. Martín González no confunde sentidos constantemente sino que reserva la técnica para momentos donde la confusión sensorial replica confusión existencial o intensidad perceptiva excepcional.

  1. ANÁFORAS Y ENUMERACIONES

Anáforas como martillo emocional

Martín González emplea anáforas para generar ritmo obsesivo que replica insistencia de pensamientos recurrentes o intensidad emocional acumulativa.

Ejemplo 1: Anáfora de “Silencios”

“Silencios que en calma espero / Tan sólo, sonidos del aire suave y del mar quiero / Silencios que mi alma pequeña quiere y que por ellos muere / Silencios que duermen a la luna en noche de escarcha”

Tres apariciones de “Silencios” al inicio de verso generan efecto de letanía o rezo. La repetición no es redundante: cada verso añade nueva dimensión del silencio (esperado, deseado mortalmente, consolador de la luna). El ritmo replica respiración pausada, meditativa. La anáfora construye el silencio mediante insistencia verbal.

Ejemplo 2: Anáfora de “Mi perro”

“Mi perro ladra en la noche que acaba / ¿Será que la oscuridad hoy lo asusta? / Mi perro me llama y yo en mis sueños no escucho sus penas / ¿Qué le pasa a mi perro si es ya primavera? / Mi perro se fue y me dijo en mis sueños, que se fue sin pena”

Cuatro apariciones de “Mi perro” en cinco versos. Efecto: la repetición replica obsesión del yo lírico que no entiende por qué el perro ladra. Cada repetición aumenta inquietud hasta revelación final (el perro murió). La anáfora construye crescendo emocional que culmina en pérdida.

Ejemplo 3: Anáfora de “Almas”

“Almas gemelas que se quieren, que se anhelan / Que un día del cielo cayeron y juntas, sus almas unieron / Latido de dos almas de azul cristalino […] / Almas gemelas, almas incomprendidas que nunca su amor darán por perdido / Almas que juegan, almas que aman y almas que abrigan”

Siete apariciones de “almas” en nueve versos. Efecto acumulativo: las almas no se describen una vez sino que se multiplican mediante repetición. La anáfora genera sensación de abundancia, de desbordamiento. El poema replica fusión de dos almas mediante fusión de la palabra “almas” consigo misma.

Ejemplo 4: Anáfora de “Deja pasar”

“Deja pasar las prisas, el ruido y el mal […] / deja pasar las nubes oscuras […] / Deja pasar la avaricia, la soberbia y a la envidia […] / Deja pasar y tu alma lo agradecerá”

Imperativo repetido cuatro veces. Efecto: consejo insistente que replica tono de autoayuda o meditación budista. La repetición no es variación poética sino instrucción práctica. El verbo “dejar pasar” se convierte en mantra.

Enumeraciones acumulativas

Las enumeraciones en Existencial cumplen función de saturación: acumulan elementos hasta agotar categoría o hasta generar sensación de exceso.

Ejemplo 1: Enumeración de equivocaciones

“Al permitirme nacer si no fui deseado […] / Por no tener paciencia, tenerlo todo y vivir con exigencias / Por comer frutos del árbol prohibido […] / Al pretender que todo el mundo fuese como tú quisieras […] / Nos equivocamos al querer tocar la luna […] / Al mirar al cielo y esperar la lluvia fría […] / Al pensar y creer que sólo hay un camino […] / Y al querer ayudar al que no se deja ayudar […]”

Enumeración de siete equivocaciones. Estructura: “Al + infinitivo” o “Por + infinitivo”. Efecto: el poema replica examen de conciencia donde el yo lírico revisa errores vitales. La acumulación no busca exhaustividad sino representación de magnitud: nos equivocamos constantemente, en múltiples dimensiones.

Ejemplo 2: Enumeración de deseos utópicos

“Retener de por vida, la sonrisa de un niño en nuestras retinas / Los relojes no existieran y no tener que correr / El miedo, ausente para siempre en nuestras vidas / Ni tampoco los ruidos existiesen […] / Hambre y guerras desterradas a mejor vida / Tañer de campanas solo al nacer”

Seis deseos imposibles. Efecto: el modo subjuntivo (“sería”) combinado con enumeración genera utopía. Cada elemento añade dimensión al mundo deseado (sin tiempo, sin miedo, sin ruido, sin hambre, sin guerra, sin muerte). La enumeración construye mundo alternativo mediante acumulación de negaciones del mundo real.

Efecto combinado de anáforas y enumeraciones

Ambos recursos comparten función rítmica: generan repetición que martilla concepto o emoción. Las anáforas operan mediante insistencia en palabra clave (silencios, almas, mi perro). Las enumeraciones operan mediante acumulación de variantes de un concepto (equivocaciones, deseos).

El efecto es doble: por un lado, replica obsesión mental (pensamiento que vuelve, lista que se expande). Por otro, genera musicalidad mediante patrones recurrentes. Martín González no escribe verso métrico regular pero compensa mediante regularidades sintácticas (anáforas) y acumulaciones estructuradas (enumeraciones).

  1. ENCABALGAMIENTO

Martín González utiliza encabalgamientos estratégicos para generar efectos expresivos específicos: suspensión (información clave aparece tras pausa), fragmentación (unidad sintáctica rota replica ruptura emocional), aceleración (verso que desborda su contenedor métrico).

Ejemplo 1: Suspensión de información clave

“Y que, a mi niña, en su cuna, la arropan suaves y ella cae rendida
en sus sábanas de encaje”

El verbo “cae” cierra el primer verso pero su complemento (“en sus sábanas”) aparece en verso siguiente. Efecto: suspensión que replica el caer. El lector experimenta la caída: pausa al final del verso antes de aterrizar en “sábanas de encaje”. El encabalgamiento replica contenido (caída).

Ejemplo 2: Fragmentación emocional

“Hablo con gentes que no entienden palabras que yo quiero expresar
me interrumpen, alzan la voz y yo, sin contestar”

La frase “que yo quiero expresar” cierra verso pero continúa inmediatamente con “me interrumpen”. El encabalgamiento replica interrupción: el verso es interrumpido por pausa métrica igual que el yo lírico es interrumpido por las gentes. Forma replica contenido.

Ejemplo 3: Aceleración narrativa

“Los angelitos del cielo se la llevaron para que durmiese con ellos
y así siempre, entre estrellas y nubes, los acompañasen”

La frase completa excede la capacidad del primer verso y desborda al segundo. Efecto: velocidad. El verso no puede contener la imagen completa (angelitos llevándose a niña muerta) y se acelera hacia segundo verso. El encabalgamiento genera urgencia narrativa.

Ejemplo 4: Caída vertical

“Y entonces, caminar por valles donde flores de colores me cobijen,
sentarme y meditar”

El primer verso se expande (15 sílabas) para describir acción de caminar. El segundo verso se contrae (7 sílabas) y marca detención. El encabalgamiento marca transición movimiento → quietud. La forma replica contenido: verso largo para caminar, verso breve para sentarse.

Valoración: encabalgamientos estratégicos, no arbitrarios

Aunque Existencial está escrito en verso libre sin metro fijo, Martín González no rompe versos arbitrariamente. Los cuatro ejemplos demuestran que los encabalgamientos cumplen función expresiva: replicar caída, interrupción, velocidad o transición. No son decisiones formales decorativas sino herramientas que amplifican contenido.

Sin embargo, la frecuencia es moderada. La mayoría de versos coinciden pausa métrica con pausa sintáctica. Los encabalgamientos aparecen cuando necesarios, no como norma. Esta economía evita saturación y garantiza que cada encabalgamiento sea notable.

  1. REGISTRO LINGÜÍSTICO: CULTO VS. COLOQUIAL

Existencial oscila entre registro culto-literario (sintaxis invertida, léxico selecto, referencias culturales) y registro coloquial-directo (expresiones cotidianas, sintaxis simple, vocabulario reconocible). Esta dualidad genera voz híbrida: el poeta que ha leído pero que habla como persona común.

Registro culto – Ejemplos

“Latido de dos almas de azul cristalino, que nadie podrá frenar en su claro destino” — sintaxis poética con inversión. Léxico: “cristalino”, “claro destino” (expresión elevada).

“Extraña tristeza recorre por dentro de mi ser” — “recorre por dentro de mi ser” es construcción literaria. Coloquialmente se diría “siento tristeza extraña”.

“Olor a silencio en los patios del convento” — “patios del convento” marca registro culto. Evoca tradición conventual, espacios arquitectónicos históricos.

“Resurgir contigo quiero, a regazo de tus alas púrpuras y doradas” — hipérbaton (inversión sintáctica: “quiero resurgir” → “resurgir quiero”). Léxico: “púrpuras”, color literario; “regazo”, término formal para “refugio”.

“Tú sabes bien qué es el dolor y me enseñaste que hace grande el corazón” — eco bíblico/espiritual (“Tú sabes”, “me enseñaste”). Construcción de consolación religiosa.

“Transmites la paz que a los humanos les falta aún por alcanzar” — referido al ciervo. Sintaxis compleja con subordinada relativa. “Les falta aún por alcanzar” es giro literario.

Registro coloquial – Ejemplos

“¡y qué feliz me siento / cuando la cojo en mis brazos!” — exclamación coloquial. “Cojo” es verbo cotidiano (no “abrazo” o “acuno”).

“La tapo con una mantita de lana fina” — diminutivo afectivo “mantita” marca oralidad. Sintaxis directa.

“Carlos no era un ‘sin techo más'” — expresión coloquial entrecomillada (“sin techo”). Reconoce origen popular del término.

“Me han cercado y entre todos acurrucado” — sintaxis elíptica que replica habla oral. Falta sujeto explícito (“me han acurrucado”).

“Por pedir, ni pedía para sus obras maestras” — giro coloquial andaluz: “por pedir, ni pedía” (no pedía nada en absoluto). Construcción enfática popular.

“Hace frío y apenas queda leña y comida para aplacar / esas duras noches de agonía” — “hace frío”, “queda leña” son expresiones cotidianas domésticas.

Función del contraste

La oscilación entre registros no es incoherencia sino estrategia expresiva. El registro culto aparece en momentos de reflexión existencial, encuentros con lo sagrado o lo simbólico (almas gemelas, ciervo rojo, Ave Fénix, convento). El registro coloquial aparece en momentos de ternura doméstica (niña en brazos), testimonio social (Carlos “el chicharrero”, mujer en tren) o humor contenido.

Esta dualidad revela voz poética que no renuncia a cultura (el poeta conoce tradición literaria, referencias religiosas, símbolos clásicos) pero que tampoco se refugia en torre de marfil. Martín González habla como quien ha vivido: treinta años como director de hotel, tres hijos, 25 años con discapacidades físicas. Su experiencia vital es clase media trabajadora, no bohemia literaria.

El contraste también genera accesibilidad sin simplismo. Los lectores sin formación literaria pueden acceder mediante registro coloquial. Los lectores con cultura literaria reconocen ecos de tradición (san Juan de la Cruz en “noche oscura de mi alma”, referencia bíblica en “frutos del árbol prohibido”). El libro funciona en múltiples niveles sin fragmentarse.

  1. DIÁLOGOS POÉTICOS

Diálogo implícito yo-tú

Existencial incluye poemas donde el yo lírico se dirige directamente a un tú que puede ser persona amada, ser perdido, entidad superior o parte desdoblada del propio yo.

“Y te quiero decir / Que mis lágrimas se secaron en el mes de Abril […] / Y te quiero decir que, gracias por lo vivido” — estructura de carta de despedida. El tú es alguien con quien se compartió vida (pareja, probablemente). El diálogo es unilateral: el yo habla pero el tú no responde. Efecto: genera intimidad. El lector se convierte en testigo de conversación privada.

“Sé que me elegiste para que con mi dolor / transmitiese a los demás amor y compasión” — el tú es entidad superior (Dios, destino, universo). No está nombrado explícitamente pero el verbo “elegiste” implica voluntad consciente que asignó dolor al yo lírico. El diálogo es teológico: el yo acepta designio sin rebelarse.

Monólogo dirigido al otro (animales, elementos naturales)

Varios poemas se dirigen a interlocutores no-humanos: estrellas, luna, animales guía. Estos monólogos generan dinamismo porque rompen soledad del yo lírico.

“Os hablo y os pregunto cómo es vivir allí / Sonrisas me devolvéis y me decís, con ellas, me vaya allí / Con pena les digo que aún es pronto para subir” — dirigido a las estrellas. Estructura de conversación: yo hablo → ellas responden → yo replico. Aunque las estrellas no tienen voz verbal, el yo lírico interpreta sus “sonrisas” como respuesta. Efecto: las estrellas se humanizan, se vuelven interlocutoras.

“¡Por favor, luna mía! que la mañana se avecina y / no podré dormir en paz y serena” — dirigido a la luna. Tono de súplica (“¡Por favor!”). El posesivo “mía” marca intimidad. Efecto: la luna es confidente, no objeto astronómico.

“Que a mis miedos ayuda disipar / que me lleva alto y enseña a volar […] / Cometamos travesuras por el más allá / Hablemos de aventuras y fusionémonos” — dirigido a la gaviota. Uso de primera persona plural (“cometamos”, “hablemos”, “fusionémonos”) marca colaboración. La gaviota no es mascota sino compañera de igual a igual.

Desdoblamiento y autointerpelación

En algunos momentos el yo lírico se habla a sí mismo en modo imperativo, generando desdoblamiento entre yo-sufriente y yo-consejero.

“Deja pasar las prisas, el ruido y el mal […] / Descansa las malas sensaciones / que pasan por tu mente / Disuelve los malos pensamientos que / rechinan en tu cerebro / Camina por senderos limpios” — serie de imperativos dirigidos a sí mismo (o a lector genérico). Efecto: el yo se desdobla en maestro y discípulo. La voz que aconseja “deja pasar” es voz de sabiduría adquirida tras años de sufrimiento.

Función global de los diálogos

Los diálogos poéticos en Existencial cumplen múltiples funciones:

Rompen soledad: el yo lírico no está completamente solo. Tiene interlocutores (estrellas, luna, gaviota, tú ausente).

Generan dinamismo: alternan con poemas puramente líricos-monológicos, evitando monotonía de voz única.

Humanizan lo no-humano: estrellas, luna, animales se vuelven confidentes. Esto es coherente con concepto central del libro: el mundo natural ofrece refugio que el mundo humano niega.

Permiten despedida: el poema “Y te quiero decir” funciona como cierre de relación. El diálogo permite decir lo no dicho.

  1. RECURSO CENTRAL SOSTENIDO O MECANISMO DE COHERENCIA

Existencial se estructura como despliegue sistemático de un tema único: el dolor existencial (físico y emocional sostenido durante 25 años) como sustancia transformadora que no destruye sino que sensibiliza, que convierte sufrimiento en compasión.

Este tema no se agota en poema inicial sino que se despliega en múltiples dimensiones a lo largo de 35 poemas. No es metáfora única (como sería “amor como guerra” en libro completo) sino tema con variaciones que exploran diferentes ángulos del mismo problema: ¿Cómo vivir con dolor permanente sin victimismo ni desesperación?

Nivel Descripción Ejemplo concreto
Léxico Vocabulario recurrente del campo semántico dolor/transformación alma, silencio, dolor, paz, lágrimas, corazón, herido, sanación, luz/oscuridad, viento/mar (refugios naturales)
Conceptual Cómo se traducen las fases del proceso Fase 1: alienación (“éste no es mi mundo”) → Fase 2: búsqueda refugios (silencio, animales, naturaleza) → Fase 3: testimonio dolor ajeno (Carlos, madre ucraniana) → Fase 4: transformación (“el dolor es la savia que alimenta mi corazón”) → Fase 5: aceptación muerte (“sin miedo te espero”)
Estructural Libro como desarrollo completo del proceso 35 poemas sin secciones pero con progresión clara: poemas 1-10 (declaración alienación), 11-21 (exploración refugios), 22-24 (encuentros simbólicos), 25-27 (testimonio ajeno), 28-31 (transformación dolor propio), 32-35 (preparación muerte)

 

Nivel léxico: construcción del campo semántico

El vocabulario de Existencial orbita consistentemente alrededor de cinco núcleos semánticos:

Dolor y enfermedad: “corazón herido”, “alma herida”, “mi corazón ya no late”, “corazón enfermo”, “dolor físico y emocional”, “lágrimas”, “sufrimiento”, “penas”. Este núcleo aparece en 28 de 35 poemas.

Silencio versus ruido: “silencios”, “en calma”, “ruidos de este mundo que no puedo soportar”, “mundo de ruidos a destiempo”, “olor a silencio”, “música en silencio”. Aparece en 15 poemas.

Naturaleza como refugio: “viento”, “mar”, “estrellas”, “luna”, “aves”, “gorriones”, “praderas”, “valles”, “alberca”, “ríos”. Aparece en 25 poemas.

Transformación del dolor: “savia que alimenta mi corazón”, “música suave inyecto”, “notas que sanan”, “lágrimas que purifican”, “dolor que hace grande el corazón”. Aparece explícitamente en 6 poemas pero es concepto que sostiene libro completo.

Muerte y trascendencia: “volaré algún día”, “dejaron de caer”, “Ave Fénix”, “jardín oscuro de la vida”, “fenecer”, “más allá”. Concentrado en poemas finales (32-35) pero anticipado desde “Cuna vacía” (14).

Nivel conceptual: despliegue en fases

El tema “dolor como transformación” no se declara al inicio sino que se despliega gradualmente:

Poemas 1-10 (alienación inicial): El yo lírico declara no-pertenencia al mundo humano: “A menudo pienso que éste no es mi mundo / Quizás en tarde de tormentas caí aquí por casualidad”. El dolor todavía no se nombra directamente pero se manifiesta como rechazo al ruido, búsqueda de silencio, necesidad de compañía animal (perro guía). El concepto es: sufro porque no encajo.

Poemas 11-21 (exploración de refugios): El yo lírico identifica espacios y seres que ofrecen alivio temporal: niña en brazos, estrellas como confidentes, alberca azul, convento, gorriones. El concepto evoluciona: sufro pero encuentro pausas. El dolor no desaparece pero hay refugios.

Poemas 22-27 (simbolización y testimonio ajeno): Aparecen figuras simbólicas (ciervo rojo como pureza, gaviota como libertad) y testimonios de dolor ajeno (mujer en tren, Carlos “el chicharrero”, madre ucraniana). El concepto evoluciona: mi dolor no es el único dolor; otros sufren sin victimizarse (Carlos vive libre en la playa, madre ucraniana resiste con velas).

Poemas 28-31 (transformación explícita): Aquí aparece declaración central: “Sé que me elegiste para que con mi dolor / transmitiese a los demás amor y compasión / El dolor es ya para mí, la savia que alimenta mi corazón”. El concepto culmina: el dolor no es castigo arbitrario sino sustancia transformadora que sensibiliza para el sufrimiento ajeno.

Poemas 32-35 (aceptación de muerte): El yo lírico se prepara para morir sin miedo: “Sin miedo, te espero en el jardín sin flores de la esperanza”. La muerte no es derrota sino tránsito natural. El concepto cierra: el dolor termina con la muerte pero deja legado (“dejaré bien labrado mi amor en vuestros tiernos corazones”).

Nivel estructural: libro como trayecto completo

La estructura de 35 poemas sin divisiones formales replica trayecto continuo desde alienación hasta aceptación de muerte. No hay secciones porque no hay rupturas: es proceso gradual, no revelación súbita.

La progresión es emocional (desde angustia hasta serenidad) y conceptual (desde “éste no es mi mundo” hasta “sin miedo te espero”). El libro entero funciona como respuesta extendida a pregunta implícita: ¿Cómo vivir con dolor permanente? La respuesta se construye poema a poema: mediante silencio, mediante refugios naturales, mediante testimonio de otros que sufren, mediante transformación del dolor en compasión, mediante aceptación de muerte.

Por qué este recurso no se agota

El tema “dolor como transformación” sostiene 35 poemas sin agotarse porque:

Primero: Es tema con múltiples ángulos. No es “el dolor duele” (eso se agotaría en dos poemas) sino “cómo transformar dolor en algo que no destruya”. Cada poema explora ángulo distinto: silencio como refugio, animales como compañía, testimonio ajeno como perspectiva, muerte como liberación.

Segundo: No se declara explícitamente hasta poema 30 (“Dolor”). Los primeros 29 poemas preparan terreno: muestran experiencias concretas (alienación, refugios, testimonios) antes de formular tesis. Esta dilación evita didactismo.

Tercero: Alterna momentos de crisis con momentos de pausa. No es inmersión continua en sufrimiento sino respiración: dolor → alivio → dolor → alivio. Esta alternancia evita saturación emocional.

Qué lo hace excepcional frente a usos ocasionales

La diferencia entre Existencial y poemarios que usan dolor como tema ocasional es sostenibilidad. Muchos poemarios incluyen poemas sobre sufrimiento pero los alternan con poemas sobre amor, naturaleza, política, memoria. Existencial mantiene foco único durante 35 poemas sin desviarse.

Esta concentración temática arriesga monotonía pero la evita mediante variación formal (poemas breves/largos, líricos/narrativos, monológicos/dialógicos) y variación tonal (ternura en “Invierno en mis brazos”, felicidad puntual en “Gorriones de capuchón gris”, gravedad en “Dolor”, serenidad en “Ave Fénix”).

El tema único genera coherencia: todo poema contribuye a responder pregunta central. No hay poemas decorativos ni relleno. Cada poema es pieza necesaria del trayecto completo desde alienación hasta aceptación.

  1. REFLEXIÓN FINAL

Las técnicas literarias en Existencial se combinan para crear voz única que rechaza virtuosismo exhibicionista y apuesta por comunicación directa sin renunciar a profundidad. Metáforas sensoriales (especialmente “olor a silencio”), anáforas obsesivas (“silencios”, “mi perro”, “almas”), diálogos con lo no-humano (estrellas, luna, gaviota), oscilación entre registro culto y coloquial, y sinestesia puntual pero estratégica generan poesía accesible que no simplifica experiencia compleja. La voz resultante es reconocible: serena, sin autocompasión, capaz de ternura (“mantita de lana fina”) y gravedad (“el dolor es la savia”) sin ruptura tonal.

El recurso técnico más destacable es la sostenibilidad del tema único (dolor como transformación) a lo largo de 35 poemas mediante variación constante de ángulos, formas y tonos sin perder foco. Esta concentración temática es apuesta arriesgada en contexto de poesía contemporánea que valora multiplicidad y fragmentación. Martín González demuestra que tema único no implica monotonía si se despliega estratégicamente en fases (alienación → refugios → testimonio ajeno → transformación → muerte) y si se alterna crisis con pausa contemplativa.

El impacto en el lector opera en múltiples niveles: emocional (identificación con sufrimiento sin victimismo), sensorial (mundo percibido mediante oído hipersensible, tacto consolador, olfato que materializa abstractos), intelectual (reconocimiento de tradición poesía experiencia y lírica intimista española). El objetivo final del libro no es consuelo barato ni catarsis sino compañía: el yo lírico dice “yo también sufro y he encontrado maneras de no ser destruido por el dolor”. Es libro de resistencia, no de redención.

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