ALMU GAMBIALMU GAMBI
MARTE RETRÓGRADO, VENUS AUSENTEMARTE RETRÓGRADO, VENUS AUSENTE
GRUPO EDITORIAL PÉREZ-AYALAEditorial Poesía eres tú

ALMU GAMBI

Poeta, filóloga y viajera entre lenguas

Hay escritores que llegan a la poesía por azar. Almu Gambi llegó por todos los caminos posibles: estudiando árabe en El Cairo, enseñando subjuntivos en Tokio, traduciendo silencios entre culturas que no se entienden. Y cuando finalmente se sentó a escribir en su propia lengua, lo hizo con la precisión de quien ha aprendido que cada idioma tiene ritmos que no pueden traicionarse.

Almudena Casado —que firma como Almu Gambi— nació en Madrid en una década donde internet aún no mediaba cada conversación y el amor todavía se declaraba sin emojis de por medio. Creció viendo cómo su generación aprendía a amar a golpe de notificación, cómo las relaciones se volvieron líquidas sin que nadie les preguntara si estaban de acuerdo. Esa experiencia generacional —la de los millennials tardíos que no conocieron otro modelo— es el combustible de Marte retrógrado, Venus ausente, su primer poemario publicado en 2025 por Editorial Poesía eres tú.

Pero antes de convertirse en la poeta que escribe “Estamos a un mensaje de WhatsApp / de no volver a vernos”, Almu recorrió un camino poco convencional. Se graduó en Estudios de África y Asia especializándose en árabe, chino y japonés, lenguas que la llevaron a vivir año y medio en Tokio, donde descubrió que enseñar español a extranjeros era enseñarse a sí misma las posibilidades de su propia lengua. Continuó con un Máster en Traducción y Mediación Intercultural en la Universidad de Salamanca y una Licenciatura en Lengua y Literatura Españolas por la UNED. Durante los últimos doce años ha trabajado como profesora de español para extranjeros, experiencia que afinó su oído para los ritmos del castellano de una manera que escribir solo en él quizá no habría conseguido.

Esa formación filológica sólida —poco frecuente entre poetas que debutan en la era de las redes sociales— se percibe en cada página de Marte retrógrado, Venus ausente. Almu domina con solvencia el soneto clásico español (esquema ABBA ABBA CDC DCD, endecasílabos impecables), los octosílabos del romancero tradicional, el haiku japonés con sus diecisiete sílabas exactas, el verso libre contemporáneo y la prosa poética. Pero lo hace sin exhibicionismo académico: usa cada forma porque necesita expresar algo específico que solo esa métrica puede contener. Donde el Romancero del Cid narraba batallas con espadas, ella narra batallas amorosas con WhatsApp usando la misma música de octosílabos.

El poemario que ahora ve la luz es fruto de años escribiendo en cuadernos, en notas del móvil, en servilletas de bares donde la wifi permitía mandar mensajes que nunca obtendrían respuesta. Cincuenta y tres piezas que sostienen una sola metáfora sin agotarla: el amor contemporáneo como guerra completa, con sus fases de enamoramiento-rendición, deseo-combate, incomunicación-balas agotadas, desgaste-asedio y ruptura-armisticio sobre escombros. “Marte derritió su acero / cansado de tanta guerra”, escribe en el poema inicial, y ese dios guerrero exhausto que busca a Venus y solo encuentra nuevo fracaso es retrato exacto de cómo se ama en el siglo XXI.

Lo que diferencia a Almu de la saturación de poesía confesional en redes sociales no es solo el dominio técnico. Es la honestidad brutal sin autocomplacencia. Escribe “A nadie le satisface un vaso de agua, / cuando lo que quiere es una copa de vino. / Igual que a mí no me satisface un polvo, / cuando lo que quiero oír es un ‘te quiero’ al oído” con la misma naturalidad con que usa “obnubilada” o “ataraxia” en otros poemas. Esa oscilación entre registro culto y coloquial crudo no es descuido sino decisión estética: traduce formalmente la esquizofrenia del yo enamorado, mitad poeta que escribe sonetos perfectos, mitad persona rota que necesita decir las cosas sin eufemismos.

Pero quizá la apuesta más arriesgada del libro —y la que revela la verdadera personalidad literaria de Almu— son las seis prosas finales donde rompe deliberadamente el encanto emocional. Cuando el lector está más vulnerable, ella se habla en segunda persona y dice: “Otra vez te encierras en las ficciones de tu infancia / y te escondes tras el muro de la metáfora”. Admite que escribir también puede ser forma de no vivir, de refugiarse en literatura para no enfrentar realidad. Es estrategia brechtiana aplicada a poesía confesional: obliga al lector a pensar además de sentir. No promete catarsis reconfortante. Promete lucidez, incluso cuando duele.

Almu Gambi escribe desde Madrid pero podría estar escribiendo desde cualquier ciudad donde alguien de treinta y tantos años espere un mensaje que no llega, abra Instagram para ver historias de una vida ajena que duele, o se pregunte si el amor líquido es patología individual o condición estructural de su generación. Escribe para lectores hartos de eufemismos, para quienes valoran que la poesía les haga pensar además de consolarse, para estudiantes de literatura que quieren ver cómo se actualizan las formas clásicas sin perderlas, para profesores que buscan ejemplos de que el soneto no está muerto sino esperando contenido contemporáneo.

En conversación, Almu habla con la misma mezcla de precisión técnica y vulnerabilidad emocional que recorre su libro. Puede analizar la métrica de un soneto de Quevedo y dos frases después admitir que escribió el poema XII llorando sobre el teclado. Esa capacidad de oscilar entre análisis frío y emoción sin filtro es exactamente lo que hace que Marte retrógrado, Venus ausente funcione: es accesible sin ser simple, emocional sin ser autocomplaciente, formal sin ser académico.

Cuando le preguntan qué viene después de este primer libro, Almu sonríe con esa ironía autoconsciente que también está en las prosas finales del poemario. “Probablemente seguir documentando derrotas”, dice. Pero sabe —y sus lectores también lo sabrán— que documentar derrotas con esta precisión, con esta honestidad, con este dominio del lenguaje, ya es una forma de victoria.

Marte retrógrado, Venus ausente marca la llegada de una voz poética que demuestra que se puede escribir desde la herida sin renunciar a la inteligencia, que las formas clásicas pueden contener WhatsApp sin volverse anacrónicas, y que la poesía contemporánea puede exigir pensamiento además de ofrecer consuelo. Una voz, en definitiva, que ha aprendido en todas las lenguas que estudió que amar es combatir, y que en castellano esa batalla tiene música de octosílabos.

Almu Gambi es el seudónimo literario de Almudena Casado. Graduada en Estudios de África y Asia, máster en Traducción y Mediación Intercultural, licenciada en Lengua y Literatura Españolas. Profesora de español para extranjeros durante doce años. Marte retrógrado, Venus ausente (Editorial Poesía eres tú, 2025) es su primer poemario publicado.

 

 

 

Almu Gambi . Escritora, poeta. Compartir en X